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La relación de Alan con Rodrigo, era muy conocida entre sus compañeros, sabían que ellos estaban por el hecho que se vivían mostrando juntos sin problemas, pero para el público eran simplemente buenos amigos y compañeros.
Pero en su interna hogareña , el ambiente era a veces pesado hasta inclusive tóxico, por parte del más grande, ya que Alan era inocente y sobre todo era muy pegote con sus amigos y eso en su pareja le causaba molestias o incluso se ponía muy celoso, pero su orgullo era más preciado y no se lo hacía saber
Ambos habían vuelto de entrenar, Rodrigo desde hace unos días venía entrenando diferenciado por una molestia y Alan venía teniendo días buenos días en los entrenamientos.
El más chico estaba más cansado que Rodrigo, apenas llegaron se fueron a dormir una siesta ya que el cuerpo de ambos estaba cansado y el clima acompañaba para dormir, estaban medios peleados pero nada que una ducha juntos no lo podria solucionar
Ya ambos se habían cambiado, pero siempre Alan tardaba un poco mas, Rodrigo estaba tirado en la cama observando minuciosamente los movimientos de su novio, pero no decía nada solo lo observaba
Alan estaba harto de que su novio lo mire entre que se bañaron, boludearon en la ducha juntos ya se les había hecho demasiado tarde y su novio no tenía mucha intención de moverse, pero ya habían quedado para ir a cenar a la casa de Ayrton y ya estaban llegando tarde
Me vas a seguir mirando o nos vamos a ir Rodrigo - dijo Alan mirando a su pareja
- Tenes un culo lindo amor que queres que haga - murmuró el más alto poniéndose a la par para salir del departamento
El más chico negó sonriendo, mientras iba al ascensor, las manos de Rodrigo se posaron en la cintura del más chico y lo observaba curioso
En qué piensas amor - murmuró Alan abrazandolo
- En las cosas que te hubiera hecho si nos quedamos en casa - expresó Battaglia mirándolo con picardía
Alan se puso todo colorado, mientras se subía al auto, cuando quería su novio era un atrevido y en ese caso lo estaba siendo, la diestra del contrario iba en el muslo de él subiendo y bajando, casi rozando la parte intima y el más chico lo miro serio
No me provoques si despues te vas a achicar - murmuro mirándolo
- Hay Alan no digas boludeces - expresó muy molesto y saco su mano automáticamente concentrándose en el viaje
El más chico lo miró confundido y no quiso decir más nada durante el viaje, sabía que si abría la boca iba a ser para problema o algún reproche por parte del contrario, antes de bajarse del auto Alan decidió romper el silencio
Te vas a poner asi de celoso por una boludes - expresó el mas chico
- Ahora le decis una boludes - haciendo comillas con sus dedos
Mejor dejemos esto acá y cuando volvemos a casa lo solucionamos - dijo el mas chico bajándose del auto y cerrando la puerta con fuerza
El mayor en cambio antes de bajar pasó sus manos por la cara en sinónimo de frustración, le cansaba pelear siempre por todo con el más chico
- El dia que ustedes dos no pelean o lleguen temprano se cae el mundo - dijo Ayrton observándose a Rodrigo que estaba serio
Prefirió no decir nada y fue a saludar a sus compañeros, quienes observaban a la pareja que estaban bastante distanciada
Alan estaba abrazado al número 32 y notaba la mirada pesada de Rodrigo, le molestaba mucho la cercanía que tenía con sus compañeros, porque el menor era así demostrativo y muy intenso a la hora de dar cariño a sus compañeros
Siento que en breve me va a tirar con algo - murmuró Ayrton sobre el cuello de Alan
- Está en pelotudo - dijo Alan seco - desde que salimos de casa anda asi, como hace días
No sera que le molesta que vos seas tan cargoso con abrazos y nosotros - se encogió de hombros Ayrton
Alan simplemente se encogió de hombros, todos sus amigos sabían lo afectivo que él era, pero Rodrigo eso nunca lo había entendido, no solamente era así con sus amigos, con el era mas intenso y más meloso
La cena fue tranquila, pero las miradas tensas entre la pareja no faltaban, ya que estaban enfrentados, el mas chico trago grueso antes de subirse al auto, ya que Rodrigo lo miraba serio
El camino al departamento que compartían, fue tenso e incluso ni se miraban, cada uno iba concentrado en el camino y los ojos de Alan en la autopista
La única mirada que cruzaron fue en el ascensor, siempre subían abrazados o de la mano, esta vez ni se miraban, ni se tocaban.
El más bajo al entrar al departamento, dejó sus cosas en la mesada y observaba los movimientos de Rodrigo que estaba tenso y enojado, lo notaba porque tenía tensa la mandíbula y llevaba sus manos en el bolsillo y dejó las llaves del auto con cierta bronca en la mesada haciéndolo exaltar Alan que seguia mirandolo
Como te gusta a vos que otros te toquen o miren eh - murmuró Rodrigo en un tono enojado y arrinconando contra la mesada
Alan se tenso al escuchar ese tono, ya que hacia mucho no lo veia asi de molesto por el hecho que sabía que a Rodrigo le molestaba que sea así, pero no iba a cambiarlo porque él no era asi, no sabia que contestarle ya que estaba muy tenso
- Rodrigo me estas lastimando - murmuró al sentir la mano del número cinco en su cintura ya que estaba ejerciendo bastante presión
Pero el mayor hizo oídos sordos ante esas palabras, ya que era la intención de marcar un poco no iba a negarlo y lo tomó con brusquedad del cuello para que lo mire
Vos sos mio y de nadie mas me entendiste - murmuro sobre los labios de Alan
Alan como pudo asentir ya que las manos del contrario seguían en su cuello, y este sonrió con victoria, ya que era lo unico que queria ver o escuchar
Lo soltó intentando no ser brusco, y rodeo con sus manos la cintura, pegando hacia más hacia el, a veces Alan no lo entendía porque era tan posesivo muchas veces y termina reaccionando así y lo confundia bastante
Tímidamente se escondió en el cuello del contrario intentando buscar algo de tranquilidad pero no estaba en los planes del número cinco, ya que estaba medio enojado por la situación de hace un rato
Sabes que me voy a dormir mañana tenemos un dia largo y vos deberías hacer lo mismo - murmuro Rodrigo yendose y dejandolo mas confundido aun
Alan se quedó parado mirando como su pareja se iba a la habitación que compartían, se quedó quieto unos segundos más, con la mirada fija en la puerta cerrada.
El silencio en la cocina se volvió más pesado que cualquier palabra no dicha, sentía el calor de donde Rodrigo había estado todavía en su piel, pero también el frío de la distancia que ahora los separaba.
El más chico suspiró, no era la primera vez que Rodrigo se cerraba así, cada vez que algo lo molestaba, se iba, se encerraba, y él se quedaba con las preguntas.
Se sentó en el sillón y se abrazó las rodillas, como si de alguna forma pudiera contener todo lo que le temblaba por dentro.
Esas preguntas volvían a su cabeza ¿Qué hice mal? ¿De verdad fue para tanto? ¿O hay algo más que no me está diciendo?
La conversación de hace un rato volvía a su mente en partes borrosas, como un sueño del que solo recordaba las emociones, la incomodidad, el enojo, el vacío que deja alguien cuando se va sin explicar.
Alan soltó al aire, estoy cansado de adivinarlo todo, de tener que caminar sobre puntas de pie para no molestar y se volvió a preguntar ¿No se supone que amar era un lugar seguro?
Pasó las manos por su rostro, intentando despejarse, pero el nudo en el pecho no se iba.
Pensó en ir a acostarse, en seguir el consejo de Rodrigo, pero sabía que no iba a poder dormir así.
Entonces decidió quedarse ahí un rato más, dejarse sentir todo eso, porque si bien no tenía respuestas, al menos necesitaba entenderse a sí mismo antes de intentar entender a los demás.
Las luces del departamento estaban apagadas, salvo por la tenue luz del pasillo que se filtraba desde la cocina, Alan no se movía, como si su quietud pudiera detener también lo que sentía adentro, pero no lo que llevaba en el pecho seguía latiendo con fuerza la frustración, la tristeza, esa sensación molesta de no saber dónde estaba parado en la vida de alguien más.
Se levantó con lentitud, caminó perezosamente hasta la ventana y corrió apenas la cortina, la ciudad seguía despierta, indiferente, las personas caminando, autos pasando, tanta vida afuera y, sin embargo, él se sentía solo en su propia casa.
Apoyó la frente contra el vidrio frío y esa inseguridad volvió a nacer , ¿Y si ya no me quiere igual? ¿Y si está esperando que yo me canse? Tal vez esa es su forma de empujarme lejos sin tener que decirlo
Se mordió el labio para no dejar salir las lágrimas que ya estaban en el borde. No por debilidad, sino por orgullo, porque estaba cansado de ser el que siempre insistía, el que daba el primer paso, pero aun así, algo en él no quería rendirse todavía.
Abrió un cajón y sacó una libreta, esa era su forma de calmar la cabeza y a su corazón cuando todo se volvía ruido, comenzó a escribir, sin pensar demasiado, como si necesitara vomitar las palabras:
“Siento que a veces somos dos extraños con recuerdos en común. Que me hablás desde lejos, como si quisieras que entendiera algo sin decirlo. Pero no soy adivino, Rodrigo. Y aunque te quiero, no sé si puedo con este silencio todo el tiempo.”
Cerró el cuaderno con tristeza pero el aire pesaba un poco menos ahora, decidió finalmente ir a la habitación, aunque no con la intención de dormir, simplemente quería estar cerca, saber si aún había un lugar para él, incluso en medio del enojo.
Rodrigo estaba acostado de espaldas a la puerta, con la luz del velador encendida. No dormía, ni siquiera lo intentaba, estaba mirando fijamente la pared, como si ahí pudiera ver reflejada la respuesta que no sabía dar.
La escena de antes le daba vueltas en la cabeza, por sus celos sabía que se había ido bruscamente, que lo había dejado a Alan en el aire, pero había algo en él que no podía manejar esa mezcla de orgullo y miedo que le cerraba la boca justo cuando más tenía que abrirla.
Se estaba reprochando a sí mismo ¿Por qué me cuesta tanto hablar con él cuando más lo necesita? ¿Por qué me sale el enojo antes que la ternura?
Se sintió muy culpable, claro que sí, no por el hecho de haberse enojado, sino por cómo había reaccionado, porque, aunque no lo decía, veía cómo Alan se esforzaba por no incomodarlo, por acercarse sin invadir. Y él, se escondía detrás del silencio.
Y se volvió a hacer esa pregunta que siempre se hacía tengo miedo de romper esto, de decir algo que no tenga arreglo, pero lo que no digo también duele, ¿no?
Entonces escuchó pasos suaves del otro lado de la puerta y por un segundo, se le apretó el pecho, esperaba que fuera el más chico, parte de él deseaba que abriera la puerta, y otra parte deseaba tener el valor para ir a buscarlo primero.
Por su parte Alan se fue a la habitación de huéspedes donde solía ser su lugar en momentos así, apagó la luz, y la oscuridad llenó la habitación con esa calma densa que sólo conocen los que están tristes en silencio.
Se acomodó en la cama como quien ya lo ha hecho otras veces, porque sí, esa no era la primera vez que dormía ahí, ese cuarto se había convertido, casi sin quererlo, en su lugar seguro cuando el vínculo con Rodrigo se volvía demasiado áspero, cuando el orgullo de uno y la sensibilidad del otro chocaban con más fuerza que de costumbre.
La primera vez que se había ido ahí fue después de una discusión fuerte, meses atrás, Rodrigo no lo había ido a buscar, no esa noche, pero a la mañana siguiente, se había sentado en el borde de la cama y le había dicho "Odio que duermas lejos mio, pero entiendo por qué lo hacés.”
Desde entonces, Alan sabía que si terminaba en esa habitación, era porque algo le dolía más de lo que podía decir en voz alta.
Se tapó con la frazada, sin llorar esta vez, solo con una tristeza serena, casi resignada, pero su pecho y corazón dolían más de lo que él pensaba, como quien sabe que está cediendo, pero también protegiéndose.
En la habitación principal, Rodrigo seguía despierto, no había cerrado los ojos desde que escuchó el paso contenido de Alan alejándose. Sabía dónde había ido. No necesitaba verlo para entenderlo.
A esa pieza otra vez - murmuró en voz alta
Sintió una punzada en el estómago y en su pecho, porque ese cuarto no era sólo una cama vacía era un mensaje, era el refugio al que el más chico solo iba cuando ya no encontraba cómo quedarse cerca sin lastimarse y él lo había empujado ahí, otra vez.
Rodrigo se sentó en la cama, los codos sobre las rodillas, la cabeza entre las manos, se odiaba por cómo maneja sus emociones, por la manera en que se cerraba justo cuando más necesitaban abrirse, pero sobre todo, se odiaba por reconocer ese patrón y seguir cayendo en él.
Se volvió a reprochar una y otra vez ¿Cuánto más va a aguantar esto? ¿Cuánto más va a seguir volviendo si yo no aprendo a sostenerlo?
Se levantó de golpe y dio un par de pasos hacia la puerta, dudó, quería ir a verlo, decirle algo pero también tenía ese miedo de que ya fuera tarde para esa noche.
Apoyó la frente contra la puerta cerrada del cuarto de huéspedes, no golpeó, no entró, solo se quedó ahí, en ese silencio espeso, como alguien que reconoce su error pero aún no encuentra el coraje para remediarlo.
El número cinco se quedó frente a la puerta cerrada, sin moverse, el marco de madera, liso y simple, ahora se sentía como una barrera imposible de cruzar, apoyó la mano contra él, como si pudiera tocar a Alan a través de ese límite invisible que ellos mismos habían construido con sus palabras no dichas y sus gestos duros.
No se animaba a tocar a romper la distancia, no porque no quisiera sino porque tenía miedo de no saber qué decir si Alan lo miraba con esos ojos cargados de decepción.
Así que se quedó ahí, parado en silencio como quien espera que el otro entienda lo que no se anima a decir.
Pero por dentro, le ardía la garganta no por el llanto, sino por todo lo que venía conteniéndose desde hacía semanas sus celos y sus reproches sin sentido muchas veces tenía ganas de pedir perdón, porque sabía que él era culpable de eso, de decirle que lo amaba, que no sabía cómo manejar ciertas cosas pero que estaba intentando, que lo necesitaba, que le dolía cuando se iba a dormir a esa habitación porque era el recordatorio de su propia torpeza emocional.
Pero no lo dijo, solo bajó la cabeza y apoyó la frente contra la puerta, derrotado por su propia cobardía.
Del otro lado, Alan seguía despierto, no se había dormido, sintió esos pasos, el peso leve al otro lado de la madera, ese silencio que compartían sin siquiera estar en la misma habitación.
No dijo nada. No se movió, solo cerró los ojos con fuerza y pensó ¿Por qué siempre llegamos a esto?
Y así pasaron los minutos, largos, dolorosos, dos cuerpos separados por una puerta, pero mucho más por todo lo que aún no sabían cómo decirse.
La luz de la mañana se filtró por la ventana sin pedir permiso, como si el sol ignorara que la casa estaba rota en susurros no dichos, Alan se despertó temprano, no porque hubiera dormido bien, sino porque su cuerpo, agotado por la tensión, ya no necesitaba más horas de silencio.
Se levantó, se lavó la cara y caminó hacia la cocina, lo hizo en automático, como tantas veces, encendió la pava, no había enojo en sus movimientos, solo una calma contenida, casi resignada.
Preparó el mate, puso la tostadora en marcha y empezó a preparar el desayuno de siempre, dos platos, dos vasos con jugo aunque la noche anterior lo hubiera empujado a la habitación de al lado, aunque no se hubieran dicho ni una sola palabra de lo que dolía.
No era una tregua, era costumbre o quizás, una forma silenciosa de decir "Todavía estoy acá."
Rodrigo apareció minutos después, con la cara marcada por la almohada y los ojos hinchados de no dormir, entró a la cocina en silencio, con un short nada más y el pelo desordenado, sus ojos se cruzaron apenas con los de Alan, pero no se dijeron nada se dijeron.
Rodrigo se sentó en su lugar habitual. Alan le dio un mate sin mirarlo demasiado, se sentó enfrente, masticando el pan tostado con palta, pero todo sabía a poco todo estaba cargado.
Ninguno hablaba, pero el aire entre ellos estaba lleno de palabras que no se atrevían a decirse, cuando terminaron de desayunar, sin más que un cruce de miradas breves, cada uno fue a prepararse.
La rutina los llamaba, como si la vida no tuviera tiempo para pausas emocionales.
En el auto, el silencio seguía firme. Solo el ruido del motor, un rock ligero de fondo y alguna que otra señal de tránsito rompiendo el momento. Ni una palabra, ni un reproche pero tampoco distancia física, seguían al lado, juntos. En el mismo camino, aunque no supieran bien hacia dónde iban.
Llegaron al predio a entrenar, como cualquier otro día, saludaron a los compañeros con sonrisas forzadas, ensayadas, nadie notaba nada, y si lo hacían, nadie preguntaba.
Como tantas veces, se pusieron la pechera pero debajo de ella, seguían siendo dos corazones llenos de cosas por decirse, sin saber cómo empezar.
El entrenamiento comenzó como todos los demás: entrada en calor, trote, estiramientos, ambos actuaban con naturalidad frente a los demás, pero los que los conocían bien y eran varios, podían notar esa leve tensión en el aire.
No estaban peleados de forma evidente, pero tampoco estaban como siempre. Alan se mantenía concentrado, enfocado daba las indicaciones con claridad, como si su manera de desconectarse fuera volverse más técnico, más preciso.
Rodrigo, en cambio, se mostraba más callado de lo habitual, respondía cuando le hablaban, pero su mirada se perdía a veces en puntos lejanos del campo.
Durante un ejercicio de pases, Alan se ubicó justo frente a Rodrigo, la pelota fue de un lado a otro sin problemas, como si el cuerpo recordara una confianza que la mente estaba cuestionando, pero no se miraban demasiado, pero había una coordinación automática entre ellos esa conexión que no se apaga ni siquiera en días grises.
En una jugada rápida, Rodrigo casi se resbala, y Alan, sin pensarlo, dio un paso adelante para sostenerlo del brazo.
¿Estás bien? - le preguntó, por reflejo.
Rodrigo asintió con un movimiento leve, se miraron por un segundo, apenas eso pero fue suficiente para que ambos sintieran ese nudo incómodo en el pecho, esa sensación de que el otro todavía importa, aunque no se estén hablando.
Después, todo siguió como antes, las risas de fondo de otros compañeros, las órdenes del cuerpo técnico, el mundo no se detenía pero entre ellos, ese mínimo roce de piel, esa mirada fugaz, había sido como una grieta en el muro del silencio. No era reconciliación, pero tampoco indiferencia.
Era ese momento donde el corazón empieza a empujar despacio, buscando un camino para salir.
En el vestuario se respiraba una tensión entre Rodrigo y Alan, ya que Alan estaba muy cariñoso con Ayrton como siempre, eran muy amigos, pero le daba a desconfiar
RODRIGO ME TENES HARTO DE MIRARME ASÍ - murmuró un Alan cansado de la cara de orto - ENTENDE QUE NO ME LO GARCHO A EL
Ayrton, Williams y Palacios que eran los únicos que estaban ahí se quedaron sorprendidos, Rodrigo frunció el ceño, apretando la mandíbula con fuerza, sus ojos no solo mostraban enojo, sino un miedo profundo que intentaba ocultar.
- No es que te mire así para pelear, Alan - murmuró, bajando un poco la voz - es que me duele verte tan cerca de otro cuando siento que te estoy perdiendo.
Alan suspiró, cansado de la situación que parecía no tener fin miró a Ayrton, Williams y Palacios, quienes permanecían en silencio, conscientes de que aquello no era una discusión cualquiera.
No te estoy perdiendo - dijo firme, pero sin gritos - pero si seguís así, te vas a encargar de eso vos mismo
El silencio que siguió fue denso y palpable Rodrigo bajó la mirada, mientras los chicos intercambiaron miradas incómodas, entendiendo que estaban siendo testigos de algo mucho más profundo que un simple roce de celos. al
El más grande sintió cómo un nudo se le formaba en la garganta, las palabras de Alan le dolían, pero también le mostraban una verdad que no podía seguir ignorando.
- No quería lastimarte - dijo con voz áspera, como si fuera un esfuerzo enorme sacar esas palabras - pero a veces me siento tan inseguro que no sé cómo manejarlo - empezó a jugar con sus manos nervioso - no es que no confíe en vos es que no confío en mí mismo - se llevó una mano a la cara, frotándose los ojos cansados - me da miedo perderte porque sos todo para mí y eso me hace actuar mal, a veces tóxico, a veces distante, no es que no te ame, Alan - seco esas lágrimas que se asomaban - te amo más de lo que puedo explicar.
Miró a Alan a los ojos, con una mezcla de arrepentimiento y necesidad de ser comprendido.
- Quiero cambiar, quiero aprender, pero necesito que me tengas paciencia y que no te vayas - murmuró bajito en tono de suplica
Alan lo miró con suavidad, entendiendo ese torbellino interno que Rodrigo enfrentaba cada día.
No me voy a ir - respondió, acercándose lentamente - pero tenemos que encontrar un modo mejor de estar juntos, uno donde no nos lastimemos tanto
Rodrigo asintió, y por primera vez en mucho tiempo, sus manos se buscaron, encontrándose en un gesto tímido pero sincero, justo cuando Rodrigo y Alan comenzaron a entrelazar sus manos tímidamente, la voz estruendosa de Ayrton irrumpió en el vestuario.
- Pueden no ser tan melosos ustedes dos - murmuró el morocho
Williams y Palacios se rieron mientras se acercaban, mirando la escena con complicidad.
Rodrigo soltó una risa nerviosa y separó las manos de Alan, él rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.
Bueno, parece que el pelotudo de Ayrton y sus novias decidió que ya fue suficiente - dijo Alan con ironía y soltando una risita - volvamos a lo nuestro.
Los tres amigos se despidieron con gestos y risas mientras salían del vestuario, Alan y Rodrigo intercambiaron una mirada cómplice antes de prepararse para irse a su casa
Al llegar a la casa que estaba en silencio cuando Rodrigo y Alan llegaron después del entrenamiento, la luz del atardecer se filtraba por las cortinas, tiñendo todo de un tono cálido y tranquilo, como si el mundo exterior por fin diera un respiro.
Alan se dejó caer en el sofá, agotado pero con la cabeza llena de pensamientos, Rodrigo más lento, se quedó parado unos segundos, mirando el cansancio en el rostro de Alan.
¿Querés que hablemos? —preguntó Rodrigo, con la voz baja, casi dudosa.
Alan levantó la mirada, sorprendido por la invitación
- Sí - respondió, dejando escapar un suspiro - creo que ya no podemos seguir así.
Rodrigo se acercó, sentándose al lado de Alan, sin invadir su espacio, solo presente.
Te prometo que voy a intentar cambiar - dijo él mirándolo - no quiero que te sientas atrapado entre lo que soy y lo que necesito ser para vos.
Alan asintió lentamente y trataba de hilar alguna frase coherente
- Y yo voy a tratar de entenderte más - confesó suspirando - pero también necesito que sepas que a veces necesito que seas menos duro conmigo, que me dejes ser intenso y cariñoso sin sentir que te amenazo.
Rodrigo tomó la mano de Alan con delicadeza, sosteniéndola.
Lo voy a intentar, porque vos sos lo que más quiero - soltó con suma sinceridad el número cinco
Se miraron largo rato, sin prisa, como si en ese silencio se estuviera construyendo algo nuevo, algo que aún no tenían palabras para definir, pero que ambos sentían, Rodrigo apretó suavemente la mano de Alan, como buscando anclarse a esa conexión que necesitaban.
A veces siento que me pierdo en todo esto - confesó Battaglia, con la voz quebrada - no solo en vos, sino en mí mismo, me da miedo que si me dejo llevar por lo que siento, voy a salir lastimado o a lastimarte a vos.
Alan lo miró fijamente, con ternura, intentando transmitirle confianza.
- Entiendo ese miedo - respondió seguro el número veinte - yo también tengo miedo, pero esconder lo que nos pasa es lastimarnos más
Rodrigo asintió, tragándose una emoción que no quería soltar.
Quiero que me muestres cómo hacer para confiar más, para no sentir que estoy perdiendo el control - musito el más alto
Alan sonrió con suavidad, recorriendo con la mirada cada detalle del rostro de Rodrigo, como queriendo memorizar.
- Vamos a tener que ser pacientes, los dos, por ser honestos entre nosotros e incluso cuando duela - soltó un Velasco suspirando
Rodrigo inhaló profundo, sintiendo que esas palabras calaban hondo.
Me gusta la idea de ser honestos - expresó Rodrigo - no siempre sepamos cómo.
Alan se acercó un poco más, apoyando la cabeza en el hombro de Rodrigo.
- No tenemos que tenerlo todo resuelto ahora - susurró Alan - solo tenemos que empezar.
Y en ese instante, entre los silencios y las palabras, se abrió un espacio pequeño pero verdadero para los dos.
Alan fue quien tomó la iniciativa no cualquier beso uno cálido y suave. Después de separarse del beso suave, Alan se quedó un instante mirando a Rodrigo con una mezcla de ternura y deseo contenida.
Sin pensarlo demasiado, subió con cuidado, apoyándose sobre Rodrigo, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo.
Sus labios volvieron a encontrarse, esta vez con más intensidad, un beso que ardía con ganas reprimidas y promesas silenciosas.
Alan deslizó una mano por el cuello de Rodrigo, bajando hacia su hombro, donde dejó una marca, un beso más profundo
Rodrigo jadeó suavemente, sorprendido por esa muestra tan directa de cariño, y rodeó la cintura de Alan con fuerza, como para asegurarse de que ese momento no se escapara.
No solo sos mío - murmuró Rodrigo entre besos - sos lo que más quiero.
Alan sonrió contra sus labios, dejando que esa certeza los envolviera mientras el mundo desaparecía, y solo existía ese instante de amor y reconciliación.
Después de que Alan dejará su marca en el cuello de Rodrigo, este sonrió con complicidad, sus ojos brillando con esa mezcla de amor y deseo.
Con suavidad, Rodrigo tomó el rostro de Alan entre sus manos y lo acercó lentamente. Sus labios buscaron sobre el torso desnudo, la piel de Alan, dejando un beso marcado en la clavícula
Alan cerró los ojos, disfrutando ese contacto, sintiendo que no estaban solos en ese querer intenso.
Y finalmente, se acomodaron juntos, con las manos entrelazadas y las respiraciones sincronizadas. Rodrigo murmuró, con voz dulce y firm
Somos de los dos, y nada nos va a separar - expresó acariciando la cintura del más chico
Alan sonrió, apoyando la cabeza en su hombro.
- Siempre juntos - susurró Alan escondiéndose en su cuello para volver a besarlo
La mano del número veinte jugueteaba con el elástico del short de Rodrigo, rozando su piel con lentitud, como si no supiera exactamente lo que hacía pero lo sabía, y lo disfrutaba lo miró con una sonrisa ladeada, insolente, mientras sus dedos se deslizaban por debajo, sin apuro pero con una dirección clara.
Alan bajó la mano hasta rozar la base de su erección, firme y caliente contra su palma, no lo agarró del todo, solo lo tocó apenas, jugando con los límites de la paciencia de Rodrigo. Sus dedos se movieron despacio, dibujando un trazo ascendente que hizo que Rodrigo soltara el aire en un suspiro profundo y tirara la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados, la mandíbula tensa.
- Mirá cómo te ponés - murmuró Alan, casi en una risa ronca, pegando su boca al cuello expuesto - todo por un poquito de atención.
Siguió acariciándolo, más osado ahora, presionando lo justo, Rodrigo apretó los puños contra el sillón, su respiración ya entrecortada, las caderas reaccionando solas al roce lento, insuficiente, pero ya resultaba devastador.
Alan - alcanzó a decir en un tono que era más súplica que advertencia.
Pero Alan, con los labios aún pegados a su piel, detuvo la mano, se quedó quieto, sonriendo contra su cuello y sin decir una palabra más, retiró lentamente los dedos, saliendo del short como si nada. Rodrigo volvió a mirarlo, los ojos nublados, la cabeza todavía recostada hacia atrás, todo el cuerpo latiendo al ritmo de la frustración.
QUE HACES - soltó Rodrigo ronco e incrédulo
- ¿Qué? ¿Querías algo más? - musito Alan fingiendo sorpresa.
Sos un forro - murmuró Rodrigo
- Quizás - dijo Alan sonriendo y subiendo una pierna sobre él, abrazándolo como si fuera su almohada favorita - pero soy tu forro.
Rodrigo negó con la cabeza, sin poder evitar sonreír.
Esto no va a quedar así - dijo Rodrigo serio
- Espero que no - susurró Alan contra su cuello, con la voz llena de promesas - pero vas a tener que esperar un ratito más.
El número cinco lo miró fijo, sin decir una palabra. Solo lo rodeó con el brazo, y con un movimiento rápido lo giró, haciéndolo quedar sentado a horcajadas sobre él.
- ¿Y esto? - curioso Alan, con una sonrisa desafiante.
Vos empezaste - soltó Rodrigo, con voz baja, la mirada clavada en la suya - ahora aguantá.
Sin esperar respuesta, lo atrajo hacia sí y lo besó con fuerza, tomándolo por la cintura con ambas manos, el beso fue profundo, decidido, de esos que hacen que se olvide todo lo demás.
Sus labios se movían con hambre, y Alan respondió encantado, aferrándose a sus hombros. Rodrigo bajó una mano por su espalda, lenta pero firme, deteniéndose justo donde la camiseta se encontraba con la piel se posó por debajo, acariciando su cintura, su espalda, su cadera.
Alan se movía sobre él, instintivamente, dejando escapar pequeños suspiros contra su boca.
De la nada Rodrigo se separó, bajó las manos, se reclinó en el sillón con una sonrisa burlona, y le dio un par de suaves palmadas en el muslo.
Listo amor - murmuró sonriendo con malicia
- ¿Cómo que "listo"? - Alan lo miró, confundido, con la respiración agitada.
Y ya me desquité - dijo Rodrigo, cruzando los brazos detrás de la cabeza, como si estuviera totalmente cómodo con Alan todavía sentado encima de él - me parece justo.
- Sos un hijo de puta - murmuró Alan, entre dientes, mordiéndose el labio, visiblemente frustrado.
Alan lo fulminó con la mirada pero no se bajó de encima solo apoyó las manos en su pecho y se inclinó despacio, hasta rozar su boca con la de él.
- Esto no va a quedar así - soltó el más chico
Eso espero - dijo Rodrigo, con una sonrisa
Alan lo miró fijamente por un segundo, sin decir nada luego, inclinó la cabeza y lo besó, no un beso cualquiera fue lento, profundo, con intención. Suavemente al principio, pero cargado de una provocación peligrosa.
Sus labios jugaban con los de Rodrigo, sus caderas se movieron apenas, lo justo para volver a encenderlo. Rodrigo soltó un gemido ahogado, sus manos volvieron a la cintura de Alan, pero él lo detuvo con una presión sutil sobre el pecho.
- Shh - susurró Alan contra su boca - tranquilo, amor nadie nos corre
Lo miró desde arriba, con esa sonrisa de medio lado que sabía exactamente lo que hacía, se inclinó otra vez
Y sin más, le dejó un beso en el cuello y se bajó de su regazo con una calma irritante, se acomodó a su lado en el sillón como si nada hubiera pasado, tomando el control total del silencio que dejó atrás.
Rodrigo lo miraba, con los labios entreabiertos, el pulso acelerado y la mandíbula tensa.
Alan - suspiro Rodrigo
- Mmmh - respondió Alan cerrando los ojos como si estuviera demasiado cómodo para seguir hablando - ¿Qué?
Rodrigo no respondió solo resopló, apoyando la cabeza hacia atrás, intentando calmar el fuego que todavía le ardía en el cuerpo.
Rodrigo seguía con la cabeza recostada hacia atrás, tratando de controlar su respiración aun sentía el cuerpo al rojo vivo, la piel sensible en cada rincón que Alan había tocado y más en los que no.
Alan, a su lado, fingía estar tranquilo, jugueteando con una costura su short, como si no notará la tensión que flotaba en el aire, pero Rodrigo no era de dejar las cosas así.
Sin decir nada, giró un poco y lo atrajo hacia sí su mano bajó con decisión hasta el borde del pantalón corto de Alan y, sin rodeos, le dio un apretón firme en el culo no agresivo, pero con toda la intención del mundo.
Alan soltó un pequeño quejido, sorprendido, y se retorció apenas.
- ¡Rodrigo! - protestó con una mezcla de risa y mordida en la voz - estás jugando re sucio.
- ¿Te molesta? - preguntó Rodrigo, mirándolo de reojo, como quien sabe perfectamente que no.
Alan no respondió enseguida solo se inclinó hacia él, acercando el rostro con una lentitud y apoyó su mano sobre el muslo de Rodrigo, bajó con calma, sin apuro, hasta llegar justo entre sus piernas no lo agarró, no lo apretó, solo dejó la mano ahí, firme, con la palma abierta, como una promesa suspendida.
- No me molesta - susurró, su boca rozando la de Rodrigo - pero no te creas que no sé responder.
Sus dedos no se movieron, pero la calidez de su palma lo envolvía todo, provocando más que cualquier roce. Rodrigo tragó saliva, esta vez el que se quedó quieto fue él.
Alan sonrió, satisfecho, y retiró la mano con la misma calma con la que la había puesto.
- ¿Seguimos así toda la noche o vas a rendirte de una vez? - dijo Alan con un tono ronco
Rodrigo soltó una risa seca, sacudiendo la cabeza.
Vos no sabés lo que es rendirse, ¿no? - dijo el mayor
- Tampoco me interesa aprender - respondió Alan, mordiéndose el labio mientras volvía a acurrucarse en su pecho, como si no acabara de dejarlo en llamas otra vez.
Rodrigo lo miró con los ojos entrecerrados, la respiración aún agitada, sintiendo el calor de Alan contra su pecho como una invitación que no podía ignorar, pero que tampoco estaba dispuesto a aceptar tan fácil.
¿En serio querés seguir jugando? - pregunto Rodri, con voz ronca,
- ¿Y vos? ¿Vas a rendirte o seguís en esta pelea inútil? - dijo Alan levantando la cabeza y clavándole una mirada intensa con una sonrisa pícara dibujada en los labios.
Rodrigo apretó la mandíbula, bajó la mano y le rozó la espalda con un dedo, apenas un roce, pero cargado de intención.
No sé quién va ganando - confesó con una media sonrisa - pero sé que ninguno de los dos está dispuesto a perder.
Alan cerró los ojos un instante, disfrutando el contacto, pero sin dejar de jugar se acomodó mejor, acurrucándose sin dejar de rozar su cuerpo contra el de Rodrigo, como si fuera un roce inocente, pero que quemaba por dentro.
Rodrigo sintió un estremecimiento recorrerlo y tiró la cabeza hacia atrás, suspirando pesado pero no respondió sólo lo miró con esa mezcla entre rendición y desafío que los volvía locos a ambos.
La tensión en el aire era casi palpable, un hilo invisible que los mantenía unidos y al borde del precipicio.
Alan sonrió, dejó un beso fugaz en la mandíbula de Rodrigo y, sin más, apoyó la cabeza en su pecho, dejando que sus corazones latieran al mismo ritmo, en silencio, con el deseo retenido y la promesa de que esa batalla apenas comenzaba.
