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Quiero que no me hagas ningún bien

Summary:

Eran perfectos el uno para el otro… para hacerse mal.

• Sino te gusta mi narrativa ni manera de escribir, te pido el favor que sigas de largo, si te quedaste, gracias por darle una oportunidad a la historia :)

Notes:

Bueno, hace tiempo que echaba de menos a los pookies, que mejor que volver con la era del divorcio.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

“¡Cuando renuncias a tu humanidad, estás renunciando a todo!, ¿¡Entiendes eso si quiera, Viktor!?. ¡Cosas tan naturales como sentir miedo o amor, son parte del ser humano!, ¡Si decides inhibir todo aquello con tu nuevo invento, olvídate que alguna vez fui tu compañero, es… inaceptable!”

 

Humanidad, emociones, sentimientos, lo único que hacían era conllevar el progreso al fracaso, ralentizaba la verdadera evolución, pero al parecer Giopara desde un inicio jamás estuvo preparado para esa conversación o simplemente, no era lo suficientemente listo para comprenderlo del todo, ni siquiera para darse el tiempo de escuchar.

 

Acoplaron bien entre tropiezos al conocerse, se volvieron rivales intelectuales en cada cosa que hacían, se soportaron mutuamente, crearon grandes cosas juntos y llegaron a ser los mejores compañeros, incluso ocultos a la vista de todo, talvez amantes, pero al final… sus ideales siempre fueron diferentes y, “¿qué más daba?”, pensó al final Viktor cuando Jayce lo exilió de Piltóver para volver a las fauces oscuras y decadentes de Zaun. Un niño mimado con un apellido y un futuro brillante, jamás comprendería en su totalidad las ansias de cambio y mejora de un individuo que nació en la miseria, que luchó con dientes y garras por tener su lugar en el mundo, talvez no ser reconocido, pero si escuchado.

 

Talvez esas palabras siguieron resonando en su cabeza por años, a cada momento donde con marcador dibujaba los trazos de las líneas de corte de lo que debía reemplazar en su propio cuerpo.

 

Aquello que consideraba inservible y limitativo a su vez, aquello que lo hacía vulnerable y débil.

 

Viktor siempre se sintió marchito en vida y aunque el miedo, los nervios y la desesperación formaban un torrente en su cerebro a cada modificación que así mismo se hacía, su resiliencia a soportar todo aquello siempre fue más fuerte.

 

Justo allí, en las fauces de Zaun, en el callejón más recóndito de Emberflit, las paredes oxidadas de su rudimentario laboratorio fueron los únicos testigos de sus gritos y jadeos desgarradores que presenciaron paso a paso su metamorfosis.

 

Las palabras de Jayce, aun hoy, luego de una década seguían resonando con la misma intensidad como la primera vez que las oyó, luchando porque se fueran de lo más recóndito de su psique, que los inhibidores se llevasen la sensación de aquellas palabras. Viktor aguardaba el día donde finalmente lograse reemplazar su corazón, cerebro y parte del torso por completo para pasar a la perfección de su llamada gloriosa evolución, pero había un dilema, una pequeña encrucijada que le traía remembranza y eso era: la mueca que hizo Jayce al volver a verlo luego de tiempo.

 

¿Qué esperaba realmente?, talvez si, esa mueca de sorpresa que cambió a una dolorosa en tan solo unos instantes, se le hizo muy gracioso en el fondo, a medida que su semblante inconmovible veía al otro desde arriba, luego que su máscara había sido partida en dos, dejando a relucir lo que así mismo se había hecho.

 

Talvez se le hizo, exquisito notar en Jayce Giopara otra mueca, otro semblante que no fuera esa sonrisa confiada, tonta, arrogante y ególatra.

 

Esos ojos azules conteniendo quizás lágrimas de ira y la mueca dolorida, juró ver incluso los labios de Jayce temblaron ante la sorpresa o el shock repentino, viendo como apretaba el agarre entorno a su tonto martillo, indeciso de si atacarlo con una bola de energía o no, hasta que finalmente la acción del defensor del mañana logró dejarlo perplejo, provocó en él luego de una década una reacción nuevamente humana: Giopara, ahora con las rodillas ligeramente temblorosas se giró a darle la rotunda espalda, soltando su pesado martillo para comenzar a vomitar.

 

Viktor recordó que ante aquello solo fue capaz de soltar una carcajada gruesa, talvez forzosa, con una mueca fanfarrona en su semblante.

 

“Parece que ese nudo en la garganta que te acabas de tragar al volver a verme te pasó la factura, defensor~”

 

Y aunque usó esas palabras, ¿porqué muy en el fondo sentía una punzada en su pecho?, no tenía ninguna herida, no sangraba, su armadura tenía abolladuras menores, pero su corazón tan humano resguardado entre metal y aumentos, dolía.

 

Talvez una burla suave para amortiguar que realmente ese gesto en el otro lo hizo sentir… ¿mal? O a su misma vez, en shock. Jayce luchando por mantener la compostura terminó solo por mostrarse vulnerable, como en aquellos años, como solo con su compañero se dejaba ver, tan jodido. Adquiriendo otro matiz en su personalidad, como en la época de la academia, aún así solo fue capaz de soltar.

 

“¡Qué has… hecho!”

 

Y para muy en los interiores del heraldo mecánico, lo había logrado talvez; el gran defensor del mañana lo repudiaba. Entonces… ¿debía de olvidarse ahora que tuvo un compañero?, ¿Qué trabajaron juntos?, ¿Qué muchas veces compartieron lecho?, como hace tiempo le había dicho.

 

Y Viktor recuerda finalmente que aquella tarde solo fue una desastrosa batalla que quedó en un feroz empate cuando Jayce ya no tuvo fuerzas para volver a ponerse de pie, con la gravedad de sus heridas y él mismo, con la Hexclaw hecha añicos y parte de su cuerpo robótico haciendo corto circuito sin permitirle buena estabilidad. Dejaron ese primer encuentro como una tregua silenciosa, ambos volviendo a sus respectivos laboratorios sintiendo por igual el sabor amargo de la derrota en el paladar.

 

También en el estómago y el corazón.

 

Pero Viktor sin saberlo, fue Jayce quien había sufrido más en aquel primer encuentro luego de tiempo, donde llegando al piso de su laboratorio se dejó caer al suelo comenzando a llorar, sintiendo todo el peso de la culpa pasada caerle sobre los hombros. Su error pasado, pensando una y otra vez que pudo haber pensado mejor antes de exiliar a Viktor de la academia, de la cuidad o haber sido un mejor compañero, menos egoísta y haberlo escuchado más, ahora la realidad de verlo convertido en una semi máquina lo rompió tanto, aunque agradecía conservaba aquel rostro que recordaba, el cual creía ya no tenía, pero no era suficiente, su compañero ya no existía.

 

El Viktor que alguna vez conoció, murió ese día, con aquella afilada última mirada dolorosa que le dio, misma que le recordó a la pintura del Ángel Caído.

 

Odió pensar que había olvidado el rostro de Viktor, su voz, hasta que lo vio de nuevo, aún así, muy a sus adentros, no era la cara que recordaba. La memoria vívida que yacía en su retina y con ello tantos recuerdos más. Las pocas risas que le consiguió alguna vez sacar, la mueca que se curvaba en sus labios apretados en aquel semblante sereno, pálido y delgado que se negaba a sonreír, haciendo resaltar el par de lunares que decoraban su rostro.

 

Por parte de Viktor, al llegar finalmente a su recóndito escondite entre las Pavesas, se dejó caer cansado sobre su mesa de trabajo, alzando su brazo derecho aun de carne y hueso, magullado bajo la armadura y con cortadas para comenzar a reparar la Hexclaw y teniéndola nuevamente en funcionamiento, se centró en reparar su brazo mecánico, con la paciencia y diligencia que siempre lo caracterizó.

 

Largas horas de trabajo donde su mente seguía repasando imágenes de la lucha temprana y en su imagen solo el rostro de Jayce como el de un niño llorón, aquel que usaba antaño cuando algo no le salía tal como quería volviéndolo más impaciente de lo que ya era. Talvez en un berrinche que se preguntaba porque se hizo algo que no estaba permitido, pero que no era de su incumbencia y aún peor, cuando las emociones talvez lo golpearon tan fuerte que su estómago lanzó espasmos por la sorpresa y lo hizo vomitar y Viktor al recordar aquello arrugó el ceño, molesto, iracundo, dolido, ¿Cómo se atrevía a haber hecho eso después de tiempo sin verse?, definitivamente Giopara seguía siendo el mismo imbécil e insensible de siempre.

 

Pero quería que eso ya no le afectara en lo más mínimo, no ahora, entonces fue que, guiando su mano derecha hacia su nuca, presionando un poco los tubos que hacían circular aquel inhibidor de color naranjo neón por su médula espinal y sintió el escalofrío que le dio cuando aquel líquido pareció circular con más fuerza hacia su cerebro, llegando a su lóbulo temporal. Se tuvo que quedar quieto un momento cesando el arreglo con la Hexclaw en su brazo mecánico y una vez se sintió libre de esos pensamientos, de esas crudas emociones, continuó con su trabajo.

 

Cuando un mes pasó, Viktor tuvo que subir a Piltóver, en búsqueda de una pieza faltante para un experimento que llevaba a cabo y supo donde debía buscar; claro que aquel viejo lugar, donde gran parte de su intelecto permitió avanzar a sus anchas, aquel lugar de paredes de mármol blanco, tan liso y pulido con detalles dorados en toda la edificación; la gran academia de Piltóver.

 

Y claro que no le importó en subir a plena luz del día, donde el sol parecía hacer resaltar la belleza de la siempre ostentosa cuidad dorada, claro que no. Pasar desapercibido y burlar a los guardias de alrededor siempre fue pan comido para su aguda mente y astucia, y, para cuando llegó al balcón que conocía tan bien, justamente a aquel pasillo, para cuando acercó la Hexclaw al cerrojo y con un diminuto toque de su rayo hizo caer la cerradura, se adentró de a poco a aquel viejo laboratorio.

 

Viktor no evitó mirar a su alrededor, dando pasos firmes, pero a la par suaves. Sus pies recubiertos con botas metálicas hacían un eco pesado contra el piso. El sitio se mantenía en una penumbra tenue, a medida que su respiración parecía sisear a través del metal de su pesada máscara, sus ojos anaranjados y brillantes bajo esta tenían una vista completa del lugar y finalmente el heraldo notó que… nada en aquel lugar había cambiado, estaba tal cual lo recordaba: las amplias mesas de trabajo ubicadas donde siempre, contra la pared a contra luz del enorme ventanal que ahora permanecía cubierto por la pesada cortina azul marino. Papeles y planos algo desgastados, las manchas de café con la forma circular de la taza justo en aquel borde donde él, solía apoyarse despreocupado cuando miraba por sobre su hombro.

 

Era odioso, siempre sintió que lo odiaba, a aquel hombre que jamás conoció lo que significaba espacio personal y ahora rememorando aquello, lo aborrecía aún más.

 

Avanzó un poco más y no evitó acercar la mano izquierda a lo que alguna vez fue su lugar, acariciando talvez con nostalgia el borde de la mesa, tantos recuerdos y memorias, como si aquel laboratorio hubiera quedado detenido en el tiempo y Viktor simplemente reafirmó que, estar allí ahora mismo no le hacía ningún bien, nada referente a la parte de su vida que compartió con Giopara le hacía ningún bien. Lo desestabilizaba, el solo hecho si quiera de pensar en Jayce Giopara, desestabilizaba sus circuitos, hacía al inhibidor que siempre lo mantenía inconmovible vacilar, su lóbulo temporal se veía afectado por esos recuerdos y volvía a él ese dolor en el pecho, el dolor de la traición y de saber que siempre estuvo solo, que ni siquiera haberse apoyado en su compañero, sirvió de algo.

 

Un hombre cruel que simplemente lo abandonó, el orgullo por sobre el amor pudo más aquel día.

 

Cuando el pesado escalofrío de memoria lo abandonó, Viktor solo suspiró, ahora centrándose en lo que había irrumpido allí en primer lugar: un engranaje de mili metraje en específico, uno que no encuentras fácilmente en Zaun y que es escaso, además que, de material cuestionable, pero que en laboratorios de buena manufactura en Piltóver, abundan.

 

Comenzó con su búsqueda donde recordaba en aquellos días guardaban piezas varias en un estante mientras la Hexclaw sobre su hombro daba movimientos circulares ligeros, como si fuera otra cabeza, una que estaba alerta a cualquier presencia y cuando se oyeron ligeros pasos venir del pasillo, Viktor con su audición aumentada se quedó estático, descifrando el peso de esos pasos; no eran cortos, no podían ser del profesor Heimerdinger, tampoco picaban el pulido piso, no eran de la agente Camille, ni mucho menos oía tacones bajos a pasos sutiles, no era la oficial de policía Caitlyn. La Hexclaw se activó por si misma ahora y de un giro disparó un rayo, Viktor se giró y para cuando se dio cuenta de quien parecía ahora cubrirse parte del rostro con el antebrazo, los pistones de sus rodillas se tensaron emitiendo aquel peculiar sonido metálico.

 

El siseo del vapor escapando por las diminutas vías de ventilación que tenía a cada lado de su máscara tras el suspiro se oyó tenue y Jayce solo lo miraba perplejo, cubriéndose parte de la cabeza donde aquel rayo le dio de repente, habiéndole rozado tenuemente la mejilla y chamuscándole algunos cabellos sueltos del fleco, pero para cuando reaccionó de nuevo trató de estirar la mano hacia una palanca que estaba junto a la puerta y Viktor pensó que aquello era nuevo. La Hexclaw nuevamente giró y atacó lanzando su rayo impidiéndole al defensor hacer ese movimiento y ahora permanecieron allí, viéndose fijamente.

 

—¡¡¿VIKTOR, QU—?!!

 

Y la Hexclaw de nueva cuenta lanzó un rayo, ahora cerca de los pies del otro haciéndole dar un brinco, la mirada azulina de Giopara miró con reproche a quien fue alguna vez su compañero, mientras Viktor comenzó a caminar de a poco, buscando rodear al otro.

 

—¿Qué me dirás, defensor?, ¿reprocharme el por qué estoy de repente aquí?, ¿el por qué allané propiedad privada como un ladrón?, o…— La voz que distorsionaba la propia ahora no evitó oírse más apagada y venenosa. — …¿se te revolverá de nuevo el estómago por verme y vomitarás? —Sentenció ahora con recelo.

 

Aquello último fue un golpe bajo para Jayce, quien al escuchar eso desvió la mirada de lleno. Apretando los dientes buscaba pensar rápido, necesitaba su martillo o algo con qué defenderse, quien pensaría que Viktor, su ex compañero y ahora némesis irrumpiría una mañana cualquiera en su laboratorio. Lo miró mal, pero finalmente sabiendo su posición desarmada, suspiró alzando las manos de a poco, en señal de rendición.

 

—¡Bien, lo que sea!, ¡me tienes rodeado y a tu merced, llévate lo que quieras y lárgate, bien!?

 

La voz de Giopara se oyó tosca y con evidentes signos de impotencia, ¿pero que más podía hacer?. Desvió la mirada del otro hacia el suelo aun con las manos en alto, teniendo esa sensación como aquel día, con su estómago revuelto y sus labios ligeramente temblorosos. Viktor al notar aquello, al notar cada movimiento, cada gesticulación que malditamente recordaba con detalle del otro, era tan fácil de leer; incomodidad, repelús, ansias. Sintió como ahora su ira o quizás, dolor comenzaron a nublar su propio juicio…

 

Talvez Jayce Giopara era el único que siempre ocasionaba que el inhibidor que circulaba hacia su lóbulo temporal se bloqueara, dándole a sentir cada maldita emoción como si hubiera pisado una trampa para osos.

 

—¡Es eso, y ya!?, ¡¿Será solo así y ya?!, ¡¡Sigues siendo el mismo imbécil de siempre Jayce Giopara!!

 

La voz distorsionada y robótica salió como un torrente, se escuchó con eco por el laboratorio como si las olas rompieran directamente en las rocas. Jayce lo miró de repente a medida que la Hexclaw de acorde a las emociones de su portador daba movimientos erráticos emitiendo aquel sonido metálico, siempre apuntando a su posible objetivo. Viktor apretaba los puños con tanta fuerza que el cuero grueso que cubría sus manos emitían un sonido y hacía a sus extremidades temblar.

 

—¡Dejar que tome lo que quiera para luego largarme!?, ¡Para retirarme de tu vista lo antes posible porque te doy asco al grado de vomitar!?

 

Giopara oyendo aquello no evitó hacer una mueca afligida, bajando de a poco las manos, aun así no bajando del todo la guardia, su mirada azulina se mantenía en aquella garra a la par que veía la cara ajena o más bien, a su máscara.

 

—V… eso no es…

 

—¡Mientes!, ¿¡Por qué te debería de escuchar justamente ahora!?, ¡una maldita década donde me exiliaste al olvido, donde te convertiste en el chico de oro de Piltóver a costillas de mi trabajo, de mi investigación también!, ¡¡me desechaste como si nada, Jayce y eso es imperdonable!!... ¡¡tú.!!... ¡¡maldito oportunista!!

 

Comenzó a lanzar su veneno, Viktor jamás sintió que su cuerpo metálico ahora pesara tanto, le dolía el pecho, sentía el inhibidor no llegar a su cerebro, su respiración agitada salía en forma de vapor de sus respiraderos y sentía sus mejillas húmedas bajo su máscara sin saber por qué.

 

Jayce en cambio solo miraba al otro, al que alguna vez fue su compañero a detalle, su cuerpo, sus extremidades, a sabiendas no había talvez nada humano ahí, a excepción de su rostro y avanzó, de a poco, como quien busca acercarse a una bestia salvaje y peligrosa. Cada paso sutil y lento, un pie delante del otro acortando cada vez más la distancia que los separaba, pero sin apartar su mirada de Viktor ni de aquella garra que había visto nacer en una noche de tantos desvelos en el laboratorio en aquella época dorada de la juventud de ambos.

 

Y llegó finalmente hacia él, estirando sus manos de a poco con el semblante que luchaba por ser firme, pero que terminaba en una mueca dolorida, quiso tocar su máscara mientras que debajo la respiración de Viktor parecía acelerarse, el condensador interno de su armadura comenzó a trabajar tiempo extra para regularizar la temperatura de su cuerpo ante el estrés que le estaba provocando el momento y se movió un poco, Viktor alejó su cabeza, pero Jayce fue más rápido en alcanzar a posar ambas manos a cada lado de su quijada y solo lo miró.

 

Se quedó observando esos ojos ámbar mecánicos, sabiendo que debajo estarían aquellos reales, talvez aquellos que recordaba. Giopara lo veía ahora ligeramente hacia arriba, pensando cuantos aumentos tuvo que adaptar para que ahora Viktor fuera una cabeza más alto que él y poco a poco moviendo sus dedos bajo la pesada máscara, buscando algún seguro para soltar, hasta finalmente encontrarlo, lo hizo. De a poco y con los dedos temblorosos se oyó el sutil “click” y el siseo que liberó el vapor a cada lado permitió que la máscara fuera retirada despacio.

 

Para cuando el rostro fue revelado aquel, medio humano, Jayce soltó un suspiro, no uno afligido o molesto, sonó más bien a uno de alivio mientras que Viktor, tan quieto y con el semblante sereno, pero que terminaba siendo un gesto dolorido lo miraba.

 

Los ojos ámbar ahora relucían de brillo, modificados ligeramente dándole ese negro a la esclerótica y sus mejillas pálidas aún estaban ahí, lo demás era metal y sin duda modificaciones, pero Jayce solo se centró en sus ojos y en aquellos dos lunares que recordaba bien.

 

Finalmente dejó caer la pesada máscara al suelo, esta emitió un sonido tan pesado contra el pavimento y hubo silencio de nuevo, nada más que el sutil movimiento de la Hexclaw y el funcionamiento interno de la armadura de Viktor emitían ruido y luego de tantos minutos de silencio, Giopara habló.

 

—¿Sigues… ahí?... ¿mi compañero?

 

Viktor al escucharlo desvió la mirada ahora hacia el suelo, apretando los puños sin evitar sonar mordaz.

 

—Lo dijiste ese día hace diez años, ¿no?, si lograba inhibir las emociones de la gente que me olvidara que alguna vez fuiste mi compañero

 

Y escuchar la voz real de Viktor después de tanto tiempo, sin aquella máscara que modificaba el sonido de sus cuerdas le trajo a Jayce un alivio inmenso, un relajo, acercando su mano hacia su mejilla un momento tuvo la confianza para sostenerlo firme.

 

—Hace una década que no veía tu cara hasta hace un mes donde ambos nos hicimos daño, aún así, yo… no esperaba que te convirtieras… en esto, Viktor

 

Las palabras de Giopara dolían porque se oían mas como un reproche, Viktor arrugó el ceño y ahora lo miró, con esos ojos brillantes que parecían contener un borde de lágrimas negras, aceite y agua por igual.

 

—¡¿Y qué esperabas entonces?!, ¿¡Que muriera, ehh!?, ¡eso hubiera sido lo más viable para ti, no!?, ¡tu asombrosa “humanidad”! —Le replicó ahora alejando la cara de su toque, dando un paso hacia atrás, reacio a aquel contacto tan cálido. — ¡Nací débil y enfermo, Jayce y eso fue algo que jamás entendiste!, ¡¡nunca me entendiste ni fuiste capaz de escucharme porque todo ese tiempo que trabajamos juntos solo importabas tú y tu maldito egocentrismo!!, ¿¡qué iba a entender un imbécil que nació en cuna de oro en la cuidad del progreso!? ¡los pilties jamás serán capaces de entender nada!

 

Jayce miraba a Viktor con aflicción, dolido, talvez tan arrepentido de no haber podido hacer más, aun así, se acercó nuevamente y tomando el rostro ajeno ahora con ambas manos, sintiendo ese cuerpo metálico ahora tan pesado contra el suelo, se pegó hacia él, juntando su frente con la ajena como pudo.

 

—Siempre pude construir y arreglar lo que sea… desde niño… lamento tanto no haber podido… arreglarte, Viktor —Cerrando los ojos con fuerza y comenzando a sentir como las lágrimas brotaban de sus zafiros. Giopara apretó los labios y murmuró. —Cuando volví a verte, cuando vi al nuevo tú bajo la máscara ese día cuando se rompió yo… colapsé… no supe que sentir, mi estómago se revolvió y solo imágenes de ti gritando y sufriendo en medio de un charco de sangre, solo, en algún laboratorio oscuro vinieron a mí, es por eso, que yo… el shock fue demasiado, Viktor…

 

Reveló con sinceridad y acongojo, frotando tan ligero su frente contra la contraria.

 

—…lamento haberte abandonado, exiliado, necesitabas apoyo y fui todo lo contrario

 

Le dijo y las perlas saladas brotaban. Viktor estaba estático, en shock, podía sentir el calor de Giopara contra su frente y no sabía qué hacer, el agua y aceite mezclados por igual que se desbordaba de sus ojos como lágrimas era algo que no podía controlar, involuntario, como el manojo de sentimientos y emociones que ahora sentía. El pecho le pesaba, el corazón le dolía y lo odiaba tanto, siempre supo que Jayce no le haría ningún bien, ni hoy, ni nunca. Aun así, permaneció allí, estático, sollozando.

 

Mostrando su lado más humano con la persona que más juraba odiar.

 

Hasta que las manos de Giopara rozaron sus mejillas y sus miradas se encontraron, tristes, arrepentidas, cansadas de tantos años de pesares y encuentros desastrosos.

 

—Jayce… tú eres… un hombre c-cruel

 

Y su voz titubeó ante esa mirada zafiro, tan azul como el cristal Shurimano que Jayce tenía en su posesión, en cambio Giopara, solo fue capaz de regalarle una sonrisa dolorosa, rota, ser cruel era algo en el corazón de Viktor que jamás podría remediar.

 

—Lamento ser un hombre cruel, yo… no te hago bien, ni antes ni…mucho menos ahora

 

Expresó con genuino dolor en su voz, pero aún así, no soltaba el agarre aquel, de las mejillas de Viktor, acariciando con los pulgares los pómulos aun de carne, limpiando las lágrimas de aceite negro que no dejaban de desbordar de esos ojos ahora ámbar neón.

 

Y Viktor, preso de aquellos sentimientos, de ese dolor que el inhibidor jamás podría quitar, rendido siempre ante las palabras sinceras de Giopara, pese a que siempre fue un hombre cruel… cayó de nuevo, como seguramente haría más de una vez…

 

—Quiero que no me hagas ningún bien… Jayce

Notes:

Gracias por leer, siempre es bueno un toque de angustia agridulce para seguir el día a día~

Esta historia va dedicada a una persona especial, que desde hace tiempo ha estado ahí para mi, me ha apoyado y consolado cuando lo he necesitado, no es mucho, pero es trabajo honesto.

Gracias por los momentos, las risas y las ocurrencias, talvez no sepa como animarte, ni como acompañarte en tus procesos, pero siempre puedo escribirte y al menos hacer un poco mas llevadero tus días.