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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of What Remains After
Collections:
Grimm, Grimm
Stats:
Published:
2025-06-12
Updated:
2025-07-07
Words:
22,966
Chapters:
6/?
Comments:
7
Kudos:
35
Bookmarks:
1
Hits:
939

What Remains After

Summary:

Tras la guerra, la pérdida y un regreso que cambió el destino, Nick Burkhardt intenta reconstruir algo que nunca supo que quería tanto: una familia.

Portland no ha dejado de ser peligrosa, los wesen no han desaparecido, y una nueva amenaza comienza a crecer desde las sombras. Pero por primera vez, Nick no está solo.

Esta historia retoma los momentos sueltos del final de Grimm y los teje con lo que quedó: dolor, ternura, batallas internas, crianza, y ese amor inesperado que floreció en medio del caos.

Porque después del final... todavía hay mucho por contar.

Notes:

Esta historia es el cierre que necesitaba después del final de la serie, donde se retomaran los eventos 3 meses después del final canon. Mi versión del crecimiento emocional, familiar y sobrenatural de Nick, Adalind, Diana y Kelly, y todo el grupo que conforma la historia.

Lo dividí en arcos para abarcar desde el final post-Zerstörer hasta los 20 años después, enfocándome en la vida diaria de los personajes y su desarrollo con el paso del tiempo.

Todo sigue el canon original, pero desde mi interpretación de los personajes, con la intención de expandir su mundo y, por supuesto, hacerlos sufrir un poquito más.

Para quienes se quedaron con ganas de algo más, y nunca se animaron a compartir sus ideas, esta es la historia (espero) para vos.

Chapter 1: What is not said

Chapter Text

El amanecer en Portland no era diferente, pero para Nick Burckhardt todo había cambiado, habían pasado semanas desde aquella gran batalla, pero se sentía como meses perdidos, a veces incluso como años, como si todo a su alrededor fuera el espejismo de una vida que no merecía tener. Después de tanta muerte, de lucha y resurrección, finalmente  había un silencio nuevo en su vida, una tranquilidad que lo aterraba, no porque anunciara peligro, sino por lo contrario, era profunda, casi desconocida. El silencio de la pausa, de un mundo que no exige correr para sobrevivir, una extraña paz, que pensó jamás recuperar. 

 

El alto techo de madera, el crujido de las vigas, y la suave respiración a su lado, estaba en casa. La fome como la había bautizado Adalind, ese viejo refugio entre túneles y secretos que se había convertido en su hogar, en el sentido más literal y más frágil de la palabra. Ella seguía dormida, con el cabello dorado revuelto sobre  la almohada. Aún podía sentir como su mano lo sujetaba de la ropa, como si comprobara que él seguía allí, y eso bastaba para disipar los últimos rastros de la pesadilla en donde lo perdió absolutamente todo. 

 

Se levantó de la cama con lentitud, apartando la mano de Adalind con la mayor delicadeza para no despertarla, camino por la habitación hasta la cuna de Kelly, dormía sin alteraciones, ajeno a las preocupaciones de su padre, lo arropó, hacía frío a esas horas de la mañana. Salió del cuarto, bajando lo más silenciosamente posible las escaleras, la tenue respiración de Diana era el único sonido en la penumbra, envuelta en sus mantas dormía con tranquilidad después de mucho, ya no tenía tantas pesadillas, al menos no tan a menudo como antes, los crujidos y temblores de la casa cuando soñaba demasiado se habían vuelto esporádicos. 

 

Encendió la cafetera, apoyado contra el desayunador observaba el líquido gotear dentro de la jarra, mientras su mente vagaba por esos momentos que aun seguía digiriendo. Le dolía el pecho, pero no era físico, era esa clase de dolor que deja lo irreparable:  la muerte de su madre, de su tía, de Juliette…  incluso si había vuelto como otra persona. La muerte de sus amigos, de su familia, en esa realidad que nunca existió, la pérdida de sí mismo en la oscuridad de sus decisiones y la verdad insoportable de que habría destruido el mundo entero por su dolor. 

 

Lo único que lo anclaba a esta realidad, con la seguridad de que todo eso no se volvería a repetir, eran esas pequeñas risas que sonaban a veces por los pasillos de la casa. Cuando Kelly  perseguía a su hermana con un calcetín en la mano, con sus pasitos torpes y caídas involuntarias, los gritos de emoción de esos niños que se habían vuelto el centro de su vida. 

 

Y Adalind. 

 

A veces aún le costaba creerlo. Ella, que había sido su enemiga, el centro de su odio, la traición y la manipulación personificada, la bruja, la Hexenbiest, y luego…todo lo contrario. No hablaban mucho de lo que eran ahora, pero había algo tácito en la forma que él la abrazaba por la espalda cuando ella lavaba los platos, en cómo ella le pasaba una taza de café antes de que él se lo pidiera, en la coordinación desarrollada para evitar desastres mientras los juguetes levitaban por un berrinche, en las bromas sutiles, en las conversaciones antes de dormir, en la ayuda silenciosa. Un entendimiento mutuo ganado a pulso, a base de lágrimas y decisiones difíciles. 

 

Nick sabía que necesitaba un cambio, no solo sobrevivir a lo que viniese, sino a reconstruir una vida con su familia , quería que sus hijos tuvieran una vida distinta a la suya, un lugar donde crecer seguros. Quería que Kelly no creciera con la espada del deber sobre su cabeza, sea lo que fuese en el futuro, que Diana supiera que ser diferente no significaba ser peligrosa, donde sus poderes no fueran una interferencia para una vida relativamente tranquila. Quería una existencia donde no tuviera que ocultar una herida nueva cada semana. 

 

Para eso, algo debía cambiar. Prepararse, entrenar, proteger, elegir en quién confiar; había cometido errores que le costaron demasiado en el pasado, y no pensaba repetirlos. Había tomado una decisión, haría todo lo posible para proteger lo que había conseguido, a cualquier costo. 



— ¿Nick? —el suave susurro lo sacó de la ensoñación—. Te levantaste muy temprano, ¿volviste a tener pesadillas?

 

Adalind se acercaba con pasos suaves, aún adormilada, le dedicó una sonrisa en cuanto se posicionó al otro lado del desayunador. Le pasó una taza de café antes de responder. 

 

—Algo así, ¿te desperté? —preguntó él, con el mismo tono que ella había utilizado, le dió un sorbo a su taza. 

 

—El olor a café me despertó —respondió, dándole un pequeño sorbo antes de alejar la humeante taza con el ceño fruncido—. Está muy caliente. Puedes hablar conmigo, ya lo sabes, tal vez verbalizando lo que te molesta, podamos encontrar una solución. O siempre está la segunda opción, rehacer el hechizo para que olvides esos recuerdos.

 

—Sabes que no es realista —negó con la cabeza—. No puedo hacer de cuenta que no existió, que todo lo que vivimos con el Zestörer no pasó —se quejó. 

 

Adalind dejó la taza sobre la mesa, su ceño fruncido denotaba preocupación, él también bajó la suya, ella tomó la mano de Nick con suavidad, él no podía apartar la mirada de esos ojos azules, esa magnética aura que siempre lo atrajo, incluso cuando no quería reconocerlo.

 

—Esa cosa ya no existe, no en este plano —declaró Adalind, con firmeza—. No volverá, nunca. Te aseguraste de eso. 

 

—No puedo dejar sola a Diana en esto, que sea la única que recuerde lo que sucedió en ese "otro lado" —Nick colocó su manos sobre la de ella, aferrándose a su calidez—. No es justo. 

—Si pudiera, lo haría por ella —un suave suspiro escapó de los labios de Adalind, se veía tan consternada como su voz anunciaba, su mirada se desvió hacia la niña dormida—. Pero su poder es tan impredecible, no puedo asegurar que funcione. Y no quiero lastimarla.

 

—Lo sé —comentó él—, debemos protegerla, pero no impedir que conozca este mundo, Adalind. La vida que tengo...que tenemos…es peligrosa, los niños deben aprender a cuidarse.  

 

—Para tener una vida normal —concluyó ella, soltando su mano para tomar la taza de nuevo—. Lo más normal que puede ser para una pequeña Hexenbiast.

 

Ella tenía razón, nunca serían una familia normal, pero Nick haría lo imposible para darles la seguridad y comodidad que merecen, para que puedan crecer en ese mundo como niños normales, el tipo de vida que él no pudo tener.

 

Lo que lo llevaba a aquella idea que había estado dando vueltas en su cabeza las últimas semanas, quizá deberían mudarse, no porque la fome no fuera un hogar, sino porque el pasado aún caminaba por esos túneles, en las paredes manchadas con violencia, en los ecos que de alguna forma, los niños percibían. No quería que sus fantasmas siguieran a sus hijos. 

 

—Creo que deberíamos mudarnos —soltó el comentario sin pensarlo dos veces, despegando la mirada de la pequeña durmiente para enfrentarse a la expresión sorprendida de Adalind. 

 

—¿Ahora? —la sorpresa dio pasó a una confusión genuina—. No digo que está sea la casa de mis sueños, pero eso fue precipitado, pensé que estábamos seguros aquí...hasta que yo dí la dirección —añadió, con una mueca de disgusto. 

 

Nick sonrió.

 

—Todos los que saben nuestra dirección son de confianza, y los que no...—se encogió de hombros, dándole un sorbo a su bebida que ya empezaba a enfriarse. 

 

—Están muertos —terminó ella. Luego alzó una ceja—. Bien,  no es como que nos sobrará espacio aquí, pero ¿cuál es el plan? ¿Otra super fortaleza blindada? 

 

—Muy graciosa —murmuró con un tono tajante, la sonrisa divertida asomó en sus labios—. No, una casa de verdad, un lugar donde puedan crecer seguros.

 

La semilla de la duda se había plantado, la idea de irse lo más lejos posible de ese lugar era tan tentadora como lo fue en el momento que perdió sus poderes como Grimm, pero esta vez no era solo por él, sino lo que sería mejor para su familia. 

 

Adalind dudaba, como si no terminase de contemplar tan repentina declaración, bebió de su café, lo analizo por un momento, él estaba casi seguro que podía escuchar el dilema interno de ella, cuando el llanto repentino de un pequeño Kelly terminó con el silencio y con la conversación de los adultos.  

 

—Esa es mi señal —dijo ella con una sonrisa, mientras dejaba la taza vacía en la mesa—. Hablemos de esto después, voy a necesitar que me ayudes con el desayuno del niño gruñón. 

 

La vio irse hasta el cuarto, hablándole al pequeño que había despertado sin ver a su madre alrededor, poco después la pequeña figura escondida entre las mantas se incorporó, con apenas un ojo abierto. El llanto se hizo más fuerte mientras Adalind llevaba a un molesto Kelly al baño, dando indicaciones rápidas  mientras pasaba apresurada. 

 

 —¿Cómo te acostumbras a esto? —preguntó una somnolienta Diana, con los ojos brillando en un violeta pálido. 

 

Eso fue suficiente para que los sonidos amortiguados que provenían del baño desaparecieran. 

 

—No lo haces, solo aprendes a vivir con eso —respondió Nick, mientras le dedicaba una divertida sonrisa a Diana, quien tenía la mirada perdida por el sueño. 

 

A veces, tener una hijastra cómo ella, hacía más fácil algunas cosas cotidianas, como soportar llantos de bebé tan temprano en la mañana. 

 

—¿Quieres panqueques para desayunar? —preguntó, girándose hacia el refrigerador—. Hay fresas, sería una buena combinación. 

 

—¿Le pondrás chispitas de chocolate? —preguntó Diana, levantándose de la cama de un salto para acercarse al desayunador, donde había estado su madre minutos antes. 

 

—Un precio justo por tu ayuda.  Hecho.

 

Una mañana tranquila, sin llamadas de emergencia, sin complicaciones de último momento, sin ataques sorpresa o derramamiento de sangre. Casi podían aparentar ser una familia como cualquier otra, casi podía olvidar los sucesos que lo habían despertado con una asfixiante sensación de peligro, casi podía ignorar la verdadera naturaleza de las personas sentadas a su alrededor y la suya propia. 

 

Pero la verdad es abrasadora, siempre consigue filtrarse en las grietas de nuestros engaños, y la suya  era tan demoledora  que no había forma de huir de ella.

 

Nick era un Grimm. Esa era su esencia.



━━━━━━━━━※━━━━━━━━━

 

Aquella tarde se encontraba sentado en la mesa de trabajo del sótano de la tienda de especias, tenía un caso particular de un Dickfellig desaparecido en circunstâncias extrañas, su primer instinto lo llevó a pensar en peleas de gladiadores, pero la escena que encontraron en la casa de la víctima no concordaba con ese modus operandi.

 

—¿Encontraste algo? —Monroe bajaba las escaleras con una taza en la mano, dejando el recipiente en la mesa se inclinó para mirar los libros que Nick tenía abiertos y esparcidos por el lugar— No entiendo que estás buscando exactamente, estos tipos se meten en peleas constantemente, son muy territoriales, pudo haber hecho enojar a la persona incorrecta. 

 

—No entiendes, la casa estaba hecha un desastre —explicó Nick, dejando el pesado libro a un lado mientras se giraba hacia su amigo—. Alguien se peleó allí, pero no hay sangre, no hay huellas que no sean de la víctima, y está esa marca en la puerta, la tacharon, con una “x”.

 

—Hmmm, la “x” marca el lugar. 

 

El sutil comentario de Monroe expresaba lo que había discutido con Hank aquella mañana, alguien había puesto a Richard Chase como blanco, y lo habían llevado de su casa a la fuerza, fueron cuidadosos con los detalles, con amenazas previas e incluso una denuncia por acoso de parte de Chase, pero sin ninguna de las notas que supuestamente recibía en la escena, solo la marca pintada en su puerta delantera. 

 

—He estado revisando símbolos wesen, pero no encuentro qué sentido tendría una simple “x” —la frustración palpable en su voz, las malas experiencias con la simbología en el mundo wesen lo habían marcado bastante. 

 

—Amigo, puede que no signifique nada y solo sea un asesino Kehrseiten —Moroe se cruzó de brazos mientras Nick seguía batallando con los libros, visiblemente molesto con la implicación— No creo que todo tenga que girar en base a algún grupo terrorista o un gran misterio. 

 

—Pero, ¿y si lo hace? 

 

Monroe  intentó responder, pero el sonido de la puerta de la tienda abriéndose llamó la atención de ambos hombres, a esas horas el lugar estaba cerrado, la campanita que tenían en el mostrador fue  presionada con desesperación, denotando que no era Hank el que había llegado. Se miraron curiosos durante un segundo antes que Monroe de media vuelta subiendo las escaleras de a dos, con Nick siguiendo sus pasos rápidamente. 

 

—¿Puedo ayudarle? Ya hemos cerrado…—la voz pausada de Monroe fue lo primero en romper el silencio de la tienda de especias. 

 

Un hombre bajito y robusto los miraba por detrás del mostrador, visiblemente alterado, su camisa se veía desprolija y mal acomodada debajo del abrigo, parecía que había salido disparado de casa y corrido hasta allí. Se secaba el sudor con un pañuelito, con las manos temblorosas, articulando con los labios durante unos segundos hasta que las palabras empezaron a salir atropelladas una tras otra. 

 

—No sabía a quién más acudir, me dijeron que  podían ayudarme —volvió a secarse el sudor de la frente, tropezando con sus propios balbuceos—. El Consejo…ya no está, ustedes…ustedes son los únicos que pueden frenar esto, ¿verdad? 

 

—¿Qué es exactamente lo que quiere  frenar? —interrogó Nick, su instinto de policía le decía que había algo extremadamente extraño en el comportamiento del hombre. 

 

—Nick, creo que este tipo es… —argumentó Monroe, siendo interrumpido por el repentino woge del hombre desconocido, era un Bauerschwein, uno lo suficientemente audaz o estupido para mostrarse frente a un Blutbad .

 

Antes que pudieran hacer algún movimiento, el hombre dio un paso atrás, temblando en su abultado abrigo, parecía que iba a echarse a llorar  en cualquier momento, pero con un esfuerzo monumental volvió a acercarse a ellos, tartamudeando con nerviosismo. 

 

—Tu eres el Grimm, vine aquí a buscarte porque necesito tu ayuda —estaba aterrado de Nick, pero la desesperación de sus palabras eran por otra cosa—. Mis vecinos…dos Coyotls y un Schakal. Me están presionando para unirme a un extraño grupo, dicen…dicen que quieren recuperar la identidad wesen. 

 

El pequeño hombre seguía temblando en su lugar, movía las manos nerviosamente mientras secaba el sudor de su rostro, cada vez más rojo, volvió a articular palabras inteligibles, tragando profundo antes de formular una oración completa. 

 

—Ellos quieren reclamar lo que nos fue arrebatado por los traidores y los cruzados Grimm —volvió a tropezar con sus palabras—. Soy contador, no me interesa nada de eso, ellos quieren lastimarme. 

 

—Eso suena desagradablemente familiar —comentó Monroe, cruzándose de brazos en su sitio, incómodo ante la noción de un evento ya vivido.

 

—¿Te han amenazado directamente? —indagó Nick, empezando a hilar posibilidades con el caso que había cubierto ese día, la rareza de lo que estaba escuchando sólo podía ponerse aún más extraño.

 

—Sí, si, por eso vine…—anunció alterado el hombre, asintiendo frenéticamente con la cabeza—. Intentaron convencerme con charlas de vecinos, cosas normales, pero cada vez se volvían más intrusivos y enojados —el hombre  bajaba la mirada mientras hablaba, alternando  la vista en el Grimm, luego al suelo nuevamente—. Anoche, anoche las cosas se pusieron feas, tiraron una gallina sin cabeza en mi puerta, hoy…hoy encontré las ventanas reventadas, y una “x” grabada  en mi buzón con sangre de cerdo…

 

El tintineo de la puerta mató el silencio helado que se instaló en la habitación, Hank entraba con una naturalidad ajena al tenso momento que se estaba desarrollando, quedándose de pie  a pocos metros de la puerta, sin comprender la escena que estaba presenciando. Miro a Nick en busca de  respuestas, pero lo único que consiguió fueron más dudas al ver su expresión, aquella que significaba que había encontrado un caso wesen en progreso. 

 

—Vamos a ocuparnos de esto —anunció con determinación Nick—. Este es el detective Griffin, lo acompañara a la estación y tomará su declaración, pondremos una patrulla frente a su casa. 

 

Se fue acercando a Hank mientras daba las indicaciones al pobre hombrecillo, dándole una mirada cómplice cuando estuvieron lo suficientemente cerca. 

 

—Está ligado al caso Chase, te lo explicaré después —murmuró Nick, recibiendo una mirada inquisitiva  de su compañero —. Asegúrate que envíen una patrulla  a su casa, podría estar en peligro. 

 

—Quiero una buena explicación de esto —respondió Hank con el mismo tono cómplice antes de girarse hacia el hombre y hacerle un gesto con la mano—. Acompañeme.  

 

Hubo un momento de duda del hombre antes de caminar hacia la salida, seguido de un Hank bastante confundido. Los hombres salieron de la tienda y esta fue cerrada con precipitado apuro por parte de Monroe, colocando el cartel de cerrado antes de asegurarlo con llave, volteando hacia Nick, tan consternado como estaba. 

 

—¿La “x” tiene una implicación en todo esto?¿En serio? —las dudas de Monroe hacían eco en las de Nick, como todo se había proyectado de manera tan lineal, tan extrañamente conectado. 

 

No era una casualidad que haya llegado hasta ese lugar, hasta la tienda de té y especias, buscando precisamente al Grimm, como si supiera que iba a estar ahí, además de un comentario que no se le pasó desapercibido, había dicho que “ le recomendaron acudir a él ”. Demasiadas implicaciones, demasiadas coincidencias para no ser sospechoso, y después de lo vivido con Garra Negra, sabía que las coincidencias alrededor suyo solo podían implicar peligro para sus seres queridos. 

 

—Mencionó al Consejo —en su autoanálisis los pensamientos pasaron a palabras rápidamente, prosiguió mirando a Monroe con ansiedad creciente—. El Consejo Wesen desapareció después de la masacre que anunció Alexander, Garra Negra se deshizo de ellos.

 

—Amigo, si esto son remanentes de Garra Negra, entonces es solo el principio —Monroe se veía tan preocupado como sonaba—. Traer viejas tradiciones wesen…no es por un remanente cultural, es político, estos tipos son peligrosos. 

 

—Y sin un Consejo que los mantenga al margen —continuó Nick, con el reconocimiento oscureciendo su semblante—. Van a probar que tan lejos pueden llegar. 

 

La tensión se volvió palpable, no había pasado mucho desde la última gran amenaza que había amenazado su tranquilidad y la de sus amigos, Garra Negra había desaparecido de sus vidas después que evitaron la candidatura de Renard, y con la confirmación de Trubel que  las cosas se habían terminado, Nick se confió. Había aceptado ese espejismo de paz, se había quedado al margen hasta que el peligro volvió a buscarlo, pero esta vez sería diferente, ya sabía a lo que se enfrentaba y estaba listo para  hacerle frente. 

 

—Llamaré a Trubel —anunció, dirigiéndose hacia la  puerta, listo para  marcharse, no sin antes voltear hacia su amigo, con un cansino suspiro— Te avisare que descubra. 

 

Con esa última frase abandonó la tienda, con la errónea idea de que aquello era algo que podía controlar. Pero Nick es un Grimm, y su futuro es tan incierto como su presente. 




━━━━━━━━━※━━━━━━━━━



El interrogatorio fue lento, el hombre, que se presentó después como Erwin Krause, estaba tan alterado que fue difícil sacarle información concisa de cómo había llegado hasta Nick. Según su declaración, había rumores circulando por la ciudad, un policía Grimm que frecuentaba la tienda de Té y Especias, conocido para la mayoría como el lugar donde encontrar al contacto del Consejo Wesen. 

 

Pese al pavor que tenía de encontrarse con el gran villano de todos las historias wesen, había llegado allí por la desesperación, la amenaza inminente de muerte fue un buen motor para tomar esa decisión.  Se le tomó declaración, identificó a sus acosadores y se le asignó una patrulla para reconocimiento en caso que algo más volviera a pasar. Nick no podía tomarse demasiadas libertades, aún menos sin una agresión directa a la víctima, la situación le dejaba un mal sabor de boca, era la segunda vez que sucedía esto en menos de un mes, con un caso de desaparición de por medio. 

 

—Acoso, amenazas de muerte y luego qué…¿secuestro y homicidio? —Hank daba vueltas en su silla mientras miraba a Nick—. Richard Chase podría estar muerto a estas alturas. 

 

—No tenemos un cuerpo, no había sangre en la escena…no podemos precipitarnos —comentó Nick, moviendo con ansiedad el lápiz que llevaba en mano, mientras estudiaba el pizarrón con las fotos de la escena y los pocos detalles que habían recolectado. 

 

—Quiero ser positivo, pero tres días después de su desaparición se hizo la denuncia, permíteme dudar —dijo Hank, seguido de un largo suspiro—. ¿Pudiste hablar con Trubel? 

 

—No atiende el teléfono —Nick se pasó una mano por el rostro, visiblemente agotado ante la situación— Le deje un mensaje, me contactara cuando pueda. 

 

—Bien, mantenme al tanto —concluyó su compañero, estirándose en su silla antes de agregar, con ese tono preocupado que solía venir acompañado de un regaño— Ve a casa y duerme un poco, terminaré este informe y también me iré. 

 

—¿Estás seguro? —preguntó Nick, saliendo de aquella burbuja de preocupación que lo había perseguido desde que salió de la tienda de Rosalee. 

 

—Hazlo antes que me arrepienta —la insinuación de Hank le saco una sonrisa. 

 

Haciendo caso a su amenaza tomó su chaqueta y se despidió, eras pasadas las once de la noche cuando se subió a su auto, el estrés lo había mantenido alerta todo el tiempo que estuvo en la oficina, pero ahora, en la comodidad de su espacio, la fatiga lo arrasó completamente. 

 

Había olvidado bajar el archivo del auto, descansaba en el asiento del acompañante la carpeta con el símbolo tachado, recordatorio constante de lo que sucedía, del peligro que se empezaba a arrastrar por las sombras de su vida. Pero su mente vagaba directamente a un lugar, el sonido de risas en la cocina, la taza de café a medio terminar, manos pequeñas que le abrazaba las piernas y una sonrisa cargada de cariño. Arranco el auto con ese pensamiento. 

 

No importa lo que pasara, solo quería llegar a casa. A su hogar. A ellos.