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How to introduce your parents to your BF (and survive the process)

Summary:

Rin solo quería un momento de paz... pero todo se vino abajo cuando su madre leyó un mensaje comprometedor en su teléfono. Ahora, entre interrogatorios, sospechas y una cena familiar en proceso, no le queda más opción que preparar a Hiori… sin imaginar el caos oculto que le espera a él.

O tambien

¿Qué podría salir mal de una cena familiar con los Itoshi?

Notes:

Day 4: Free space

inspirational music:
Gen Hoshino – Comedy

Work Text:

Rin estaba sentado al borde de la silla con los codos bajo la mesa y las manos entrelazadas. Su mirada estaba  mirada fija en el objeto traidor que reposaba entre él y su madre sobre la mesa de comedor: 

El iphone. 

El aparato no se movía, no brillaba, ni siquiera emitía ningún sonido, pero allí estaba. Como un testigo silencioso del crimen que aún no se confesaba.

Frente a él, su madre se mantenía estoica, brazos cruzados, una ceja rojiza arqueada con esa precisión que solo las madres saben usar cuando están por descifrar todos tus secretos. Rin podía sentir el peso de su mirada turquesa clavado en su cara, pero él no tenía el valor de levantar los ojos. No porque tuviera vergüenza... 

Bueno, tal vez sí.

Pero no de lo que él sentía, solo para aclarar, sino estaba preocupado del lío que sabía que se avecinaba. Su madre era una mujer tranquila como un capibara durmiendo a plena luz del día, pero, cuando algo la inquietaba, solo entonces se podía volverse un poco intensa, más aun cuando se trataba de sus hijos. Su preocupación era lo equivalente a un meticuloso entrenador de fútbol en una final: atenta, exigente, pero sobre todo difícil de engañar.  Y ahora, frente a ella, se encontraba el maldito teléfono, el que había sonado en el momento más inoportuno, cuando él la estaba ayudando a lavar los platos. 

Su mamá en realidad no era chismosa como la mayoría de las vecinas, no tenía esas malas costumbres de fisgonear cómo otros padres que no conocían el concepto de la privacidad. Ella solo quería ayudarlo a leer el mensaje ya que era la única con las manos secas. El problema era que el mensaje no era de la línea principal, claro. 

Era la otra

Esa que tenía guardada como una excusa para “cosas del equipo”, pero que últimamente solo usaba para hablar con una sola persona. Desde enviarse memes, fotos de desayunos, recordatorios cursis de "toma agua, idiota", y sobre todo, y la razón de todo esto, mensajes "melosos" y demasiado comprometedores.

Como la que acababa de leer la madre de este muchacho destructivo.

La escena era tan silenciosa que él podía oír el leve zumbido del refrigerador y el clic del reloj de búho que había colgado en la pared de la cocina. Sin embargo, no fue para siempre y cuando levantó su vista, ella le habló.

—Rin Itoshi.

Nada de mi niño ni bebé, su madre se refería a él por su nombre completo, lo cual era más intimidante que cualquier asesino de una película de terror. Cuando ella lo llamaba por su nombre solo podía significar una cosa:

Ella quería ir al punto.

— ¿Sí? — Fue todo el valor que él pudo reunir para responder.

— Me puedes explicar esto — Dijo ella, alzando el teléfono para leer el texto de forma muy pausada. — ¿Te extraño, cariño no puedo esperar más para verte en el mismo punto de encuentro? 

Las orejas de Rin tenían una sombra roja.

— ¡No es lo que parece! — Él trató de explicarse sin morir en el intento. — Mamá, escúchame. No es nada malo.

— ¿Entonces por qué ocultas un número secundario?

Rin quiso desaparecer. Miró a los lados como si pudiera encontrar una salida de emergencia, pero su madre lo tenía acorralado con mirada de halcón.

— ¿Te metiste en problemas? ¿Es por apuestas? ¿Drogas? ¿Te uniste a una secta satánica? — Su madre estaba pensando en los peores lugares posibles en los que él podía estar.

Por un lado, él se tranquilizó porque su madre había dejado en evidencia que ella todavía no sabía la verdad detrás del mensaje, pero por otro lado Rin no sabía si sentirse ofendido o no de que su madre lo crea ser capaz de tantos crímenes de odio.

— ¡¿Qué?! ¡No! Mamá. No es nada de eso, solo... — Rin estaba procurando no sudar en frio a pesar de el sentía como su corazón se iba a salir de su garganta. 

"Quizás a Hiori le hubiera gustado ver eso."

— ¿Entonces por qué estás nervioso? ¿No me estás ocultando nada grave verdad? — Ella se cruzó de brazos en su pecho.

No tenía idea de cómo abordar la conversación y más aún si estaba muy relacionada con sus emociones. Normalmente él no era de darle explicaciones a nadie sobre lo que le pasaba, a todos ellos los mandaba a la mierda. Pero su mamá es otra historia, que nadie más que él y Sae conocen. A ella no se le podía mentir o faltarle el respeto, porque tarde o temprano iba a terminar enterándose por todos los medios y eso era mil veces peor a comparación de tener la oportunidad de confesarte y enfrentarte a una explosión menor. 

Por una vez, el muchacho hizo caso su cabeza y finalmente decidió que era la hora de finalmente derramar el frasco de frijoles sobre la mesa.

— ¡Bien! Te lo diré — Rin, con una cara hecha un tomate, estaba apunto de confesar. — ¡El contacto es mi novio! ¿Eso es lo que querías oír? ¡Es un chico! y sí, me gusta un hombre, y no voy a cambiar solo porque nunca estas de acuerdo con mis gustos!

Un silencio denso cayó en la cocina.

Su madre lo miró y luego parpadeó lentamente para procesar el mensaje de su hijo. Fueron poco segundos, para luego suspirar y cambiar su cara a una más tranquila

— Ay, Rin... cariño… — Ella dejó el celular de Rin sobre la mesa y lo miró como si lo que acababa de decir era la cosa más obvia del mundo. — Lo de tus gustos ya me lo intuia.

Automáticamente los ojos de Rin se volvieron blancos ante esas palabras.

— ¿Qué? —  La voz de Rin se mostraba confundida como inesperada.

¿En verdad a su madre no le molestaba?

— Por favor, te he criado desde que eras un pequeño gremlin. — Ella rió suave. — Mi niño, tengo la certeza de que eres la persona con cero interés en las relaciones humanas. Lo único que te interesaba era estar siempre con tu hermano, el fútbol, las películas de terror y a veces los búhos. Ni siquiera les hacías caso a las chicas que se te confesaban en la secundaria. Conozco cuando un hombre se siente atraído por una mujer. Por ejemplo, tu padre cuando tenía tu edad y todavía no nos conocíamos ya tenía guardadas revistas de mujeres cuando era más joven y….

— ¡No me quiero imaginar eso! — Rin trató de borrar horrible imagen mental.

— El punto es que había una probabilidad de que te gustaran los hombres mi niño y eso normal, hijo. No hay que sentir vergüenza…

Rin por un momento se tranquilizó, al menos por ese lado ya no tenía que dar muchas explicaciones, pero…

— Pero ese no es el problema aquí.  — Su madre lo miró con intensidad renovada. —  ¡Lo que me molesta es que no me hayas dicho que tienes novio ! ¡¿Desde cuándo inicio?! ¡¿Es alguien que conocemos?! ¡¿Ya lo invitaste a la casa?! ¡¿Por qué no lo traes a comer hoy?! ¡Podemos tener una cena familiar, la primera para conocer a tu pareja! ¡Quiero conocer al niño que logró que mi hijo con corazón de piedra se ablandara!

EL joven se llevó una mano a la cara.

— No puede ser…

— ¡Dime! ¿Es el mismo con el que ibas a clases particulares? aunque es imposible que sea del colegio. Esto es reciente ¡¿Quizás fue durante el proyecto al que asististe?! — La madre de Rin empezó a recordar los partidos que vió de su hijo en el partido contra la sub-20. — Actuabas como de costumbre con tus compañeros, pero creo que hubo alguien… — Entonces su cabeza se le iluminó. — ¡Ahh! ¡¿Es el chico lindo que te ayudó a levantarte cuando fuiste golpeado en la cara?!

— ¡MAMÁ! — Exclamó Rin, aún más sonrojado.

La cara abochornada de Rin es una obvia respuesta a la pregunta.

— ¿Cuál era su nombre? Oh, no me acuerdo, pero… ¿Qué tan lejos llegaste con él? ¿Se llaman por sus nombres? ¿Ya diste tu primer beso? ¿Te aseguraste de tener los dientes limpios para eso? — Insistió emocionada la pelirroja.

— ¡MAMÁÁ! — La cara de Rin era un poema, una remolacha quedaba pendeja al lado de la cara de Rin.

— ¡¿Cuántas citas tuvieron?! 

El pobre muchacho solo se llevó otra mano faltante a la cara y se hundió en la silla, esperando que de esa forma se disimulara aún más el tono rojo de su piel.

— ¡Ay no, estoy llorando! ¡Mi bebé está creciendo!

Justo cuando Rin pensaba que las cosas no podían ir peor, porque claramente su madre estaba al borde de hacer un altar con velas y su primer peluche como ofrenda de sacrificio, la puerta corrediza del comedor se abrió.

— ¿Qué pasa aquí? — Preguntó su padre, un hombre alto, de cabellos oscuros como el de Rin, porte tranquilo y voz grave que siempre llegaba en el momento exacto para meter el dedo en la llaga con toda la calma del mundo.

Llevaba la chaqueta de jogging colgada sobre un hombro y una toalla en el cuello, claramente acababa de volver de correr. Rin deseó que hubiera dado una vuelta más o quizás cinco más.

— ¡Nuestro hijo tiene novio! — Soltó la madre con una sonrisa brillante y los ojos llenos de lágrimas. — ¡Y no me lo dijo! ¡¿Puedes creerlo?!

El señor Itoshi alzó una ceja, se quedó mirando a su hijo, quien parecía encogerse más en la silla, y luego simplemente asintió.

— Ah. ¿Y es guapo?

— “¡¿Qué clase de pregunta es esa papá?!” — Exclamó Rin en pensamientos.

Aunque no lo diría en voz alta, para Rin, Hiori era el chico más lindo de este horrible mundo.

 — ¡Lo es! — Dijo la madre antes de que Rin pudiera protestar. — ¡Creo que lo vimos una vez en el partidos de nuestros hijos! ¡Es tan educado! Lo ayudó a levantarse cuando lo golpearon, ¿te acuerdas?

— Oh, ¿era ese? que tierno. — El padre asintió de nuevo, como si estuvieran hablando del clima. Se sirvió agua con total naturalidad. — Entonces, ¿cuándo lo traes a cenar?

— ¡NO HAY CENA! — Estalló Rin, levantando la cabeza, completamente colapsado. — ¡Mamá, papá, por favor, basta! ¡No es necesario hacer un escándalo!  

— ¡¿Cómo que no?! — Protestó su madre, ofendida. — ¡Esto es importante! ¡Es tu primera relación formal! ¡Merece una celebración! ¿Qué tal algo temático? ¿Comida italiana? ¿Sashimi? ¡Ay, deberíamos usar la vajilla buena!

— ¡No! 

— ¡¿Cómo qué no?! ¡A las parejas se les da la mejor atención de todas! ¡¿Qué diría de nosotros si no le damos una cálida bienvenida?!

— ¡No me refiero a eso!

Esto se estaba saliendo de las manos, lo que él más temía que está cumpliendo y conociendo a su madre va estar insistiendo hasta que Rin ceda y su papá como siempre meterá más presión a favor de su madre.

— ¡Rin, por favor! Solo llámalo — Suplicó su madre, llevándose las manos al pecho y con un ferviente deseo de ser una celestina. — ¿Qué te cuesta? Mira, los años pasan volando, me estoy volviendo cada vez más vieja, y luego te vas a acordar de esto como un recuerdo hermoso, ¿no sería lindo? Tu primera cena en casa con tu novio. ¡Yo me encargo de todo! ¡Solo necesito saber si tiene alguna alergia!

— ¡Mamá, no! ¡Te estás volviendo loca! —Rin, exasperado, parecía al borde de explotar . — No es tan sencillo, ¿sí? ¡No puedo simplemente llamarlo y decirle “oye, Hiori, ven a cenar con mis padres”! ¡Sus papás son un par de lunáticos estrictos! ¡Apenas lo dejan respirar! Si se enteran que viene acá, sin su permiso, lo encerraran de por vida.

— ¿Y si lo llamamos nosotros? — Sugirió ella, con una esperanza que brillaba en sus ojos.

Rin se alarmó aún más

— ¡No, peor aún! ¡Si saben que anda saliendo con alguien, lo van a poner a hacer alguna clase de entrenamiento ascético o algo por el estilo! 

— Podemos decir que es una cena de amigos, o que somos su familia anfitriona en un intercambio hogareño. ¿Qué tal eso? — La mamá de Rin busco otra alternativa.

— ¡Mamá, no estamos en un dorama! ¡Por favor, sé seria!

Madre e hijo seguían en su tira y afloja, con uno argumentando y la otra contraatacando, totalmente enfrascados en su batalla verbal. Rin apenas escuchaba lo que ella decía, él solo trataba de no colapsar por la ansiedad que le generaba la simple idea de meter en problemas a Hiori.

Y fue justo entonces, que en medio del griterío surgió otra conversación más pausada y amena.

— …Entiendo, sí. Pero dime ¿crees que podrías convencer a tus padres si les decimos que es una cena de integración? Algo como una reunión de una familia que quiere reforzar los lazos sociales de los seleccionados del programa.

La sangre de Rin se congeló en un santiamén que lo dejó quieto en su lugar. Con los ojos bien abiertos, su cabeza giró lentamente hacia el comedor, y ahí estaba su padre, sentado con una pierna cruzada, hablando con su maldito teléfono con total naturalidad.

"¿porque a todos les dio la necesidad de agarrar ese teléfono?"

— Ellos valoran mucho la disciplina y la reputación, ¿no? Podemos decir que es una cena promovida por algunos familiares del equipo para fortalecer la cohesión fuera del campo. Solo una actividad complementaria. Incluso puedo escribirles un correo formal si eso ayuda — Dijo el señor Itoshi, con el mismo tono relajado de alguien pidiendo pan.

A Rin casi se lo lleva el mismo diablo mientras que su madre tenía sus manos sobre la boca. Una clara señal de que ella estaba emocionada, como si estuviera viendo el desenlace de su novela favorita.

— Ajá. sí. entiendo — Siguió el padre de Rin. — Exacto. No tienen por qué saber más de lo necesario. Si quieres puedo también redactar este tipo de invitaciones, así que sonará más creíble.

Pausa.

— ¿Sí? ¿Te sentirías más tranquilo así? Genial. Entonces haremos eso. Y para que no tengas que preocuparte por transportes ni horarios, ¿te parece si te recogemos en la estación? Así nos vamos conociendo en el camino.  

Otra pausa.

— ¿Eres alérgico a algo? ¿Maní, pescado o mariscos? Perfecto. Entonces te esperamos, la próxima semana entonces campeón. Fue un gusto hablar contigo. Nos vemos pronto. Adiós.

Click .

Silencio absoluto.

El padre colocó el teléfono de Rin sobre la mesa con una serenidad inquebrantable, como si acabara de terminar una llamada con su jefe para confirmar el reporte de ventas. Cuando alzó la mirada, Rin y su madre lo estaban observando como si acabara de invocar al mismo diablo en medio de la cocina.

Rin, pálido, temblando y con el alma escapándose por los poros, apenas logró balbucear:

— Papá, ¿Qué acabas de hacer?

El señor Itoshi se encogió de hombros con total calma.

— Lo convencí para que venga a cenar. Lo recogemos en la estación. ¿Viste? No era tan complicado.

La madre de Rin aplaudió con emoción contenida y los ojos humedecidos.

— ¡Cariño te amo tanto! ¡Estoy tan orgullosa de ti! — Dijo dirigiéndose a su esposo para abrazarlo como una colegiala enamorada, y luego ella se dirigió a su hijo. — ¡Y tú, bebé! ¡Tienes que agradecerle a tu padre! ¡Eso fue brillante!

Rin solo pudo sentarse, mirando al vacío, procesando lentamente la idea de que Hiori vendría a cenar a conocer a sus padres. 

No se hagan una idea equivocada, a Rin no le desagrada la idea de que Hiori viniera, esa es la parte genial. El problema era lo demás, involucrando actitudes y situaciones bochornosas que sus padres serían capaces de hacer para avergonzarlo a él.

Porque no vamos a mentir, los padres tienden a sacar una naturaleza extraña cuando los descendientes atraen a sus parejas a la reunión.

— Mierda… — Rin maldijo en un susurro de tan solo imaginar algunas de ellas.

❈─────•✦•❅•✦•──────❈

El tren se detuvo con un silbido largo y mecánico. Hiori bajó con paso medido, llevando su mochila en un hombro y con el corazón palpitando con fuerza bajo la camiseta. A un par de metros frente a él ahí estaba la familia de su novio: el padre de Rin de pie, elegante y sereno, junto a su esposa, que agitaba un pequeño cartel con su nombre escrito en hiragana.

Hasta ahora todo estaba tranquilo por parte de Rin, o al menos lo estuvo hasta que él vio a las dos siluetas familiares detrás de Hiori.

— ¿Q-qué? — Fue lo único que alcanzó a decir Rin, ya que él no sabe cómo o porqué , pero al cabo de unos pocos segundos las dos familias Itoshi y Hiori estaban una frente a la otra. 

Porqué sí, los padres de Yō también vinieron con él a la estación.

 — ¿Qué hacen ellos aquí? ¿Por qué vinieron? — Rin susurró manteniendo los ojos analíticos de un deportista profesional a punto de fulminar a alguien, con una voz tan baja como tensa que apenas contenida entre los dientes.

Estaba a una vena de explotar como géiser volcánico.

Había cosas que Rin toleraba, pero esta no era una de ellas. Había muchos crímenes de odio que él deseaba cometer, y enterrar vivos a los dos sujetos que le hacían miserable la vida de su novio estaba peligrosamente en lo alto en la lista.

Hiori, igualmente nervioso, murmuró:

— Dijeron que querían conocer a la “familia anfitriona” — Murmuró Hiori, tan pálido como un suéter viejo. — No les pude decir que no. Ya estaban en el tren cuando me avisaron.

— ¿Crees que se den cuenta? —Susurró el joven azabache, tratando de respirar profundamente, como si así pudiera tapar también su destino.

— Yo… espero que no — Dijo Hiori, derrotado, deseando tener el valor para tomar la mano de Rin y huir corriendo a otro país y cambiarse los nombres para nunca más ser encontrados.

Pero, para sorpresa de ambos, El padre de Rin dio un paso al frente, impecable, con una sonrisa afable y una reverencia digna de un embajador.

— Un placer conocerlos, señores Hiori. Gracias por permitir que su hijo nos acompañe esta noche. Como mencionamos en nuestra carta, es una pequeña iniciativa para fomentar el compañerismo entre los jugadores — Dijo con voz pausada y perfectamente neutra.

La madre de Rin no se quedó atrás. Avanzó dos pasos, con un brillo elegante en los ojos y una sonrisa suave, encantadora, calculada.

— Consideren esta cena como una oportunidad para compartir valores y fortalecer vínculos. Siempre es un honor conocer a los compañeros de equipo de nuestros hijos, y más aún cuando se trata de alguien tan centrado y talentoso como Hiori.

Los señores Hiori mantuvieron su postura, rígidos. Junko, impecable en su blazer perfectamente planchado, fue la primera en hablar.

— Velamos estrictamente por el entorno de nuestro hijo. Esperamos que no haya distracciones innecesarias esta noche — Dijo Junko con una voz suave, pero cargada de filo.

La madre de Rin no parpadeó.

— Por supuesto. Cuidamos mucho esos detalles. Esta será una velada breve, tranquila. Sin distracciones — Dijo la pelirroja como si fuera ella quien estuviera imponiendo las reglas.

Junko afinó la puntería.

— Tiene entrenamiento temprano. Nada pesado para cenar y que afecte su digestión.

— Y sin postres con azúcar refinada — Agregó su esposo, Ginji, firme como estatua de granito.

El padre de Rin asintió con perfecta cortesía.

— Tengan la seguridad de que lo mantendremos dentro de todos los parámetros alimenticios saludables — Él respondió sin perder la sonrisa. — Si él intenta pasarse de listo, no dudaremos en llamarlos para que estén al tanto.

Una exhalación escapó del pecho de Hiori. Él no se había dado cuenta de cuánto había estado conteniendo el aire.

— Bien — Dijo Junko, asintiendo con lentitud. — Confiamos en su palabra. Espero no tener motivos para lamentarlo.

— Su hijo está en buenas manos. — Aseguró la señora Itoshi, con una confianza que no se compraba ni se fingía. — Como madre de dos deportistas, conozco mejor que nadie la importancia de cuidar la dieta y el entrenamiento.

Los señores Hiori asintieron una última vez y se giraron hacia su hijo.

— Yō-chan, nada de distracciones emocionales. Mantén la mente clara y si algo cambia, nos llamas de inmediato.

— Sí, mamá — Respondió Hiori casi de forma automática.

— Regresa pronto a casa para ponerte al día con el entrenamiento. — Agregó su padre, antes de alejarse con su esposa rumbo al tren.

Rin no respiró hasta que ellos desaparecieron por completo de su vista.

— Dios… — Exhaló Hiori al fin, dejándose caer en el asiento trasero del auto de los Itoshi como si hubiera corrido una maratón con el alma en los talones.

— No puedo creer que eso los convenciera. — Suspiró Rin, dejándose caer a su lado.

— Sigo sin creerlo — Murmuró Hiori, masajeandose las sienes. — Lo siento mucho, señor y señora Itoshi. No quería ponerlos en esta situación tan complicada.

La madre de Rin giró el rostro desde el asiento del copiloto y le tomó la mano con calidez maternal.

— No te preocupes. Fue un placer ayudarte. Rin no nos traía a nadie a casa desde casi nunca, así que esto es muy especial para nosotros.

El padre de Rin soltó una suave risa mientras arrancaba el coche.

— Además, en mi juventud, yo también hacía este tipo de cosas para salirme con la mía. Cartas falsas, llamadas fingidas, hasta simulé un certificado de club escolar para justificar una escapada a un concierto. Esto ha sido nostálgico.

Hiori no pudo evitar reír, una risa real, sincera, que le aflojó los hombros por primera vez en todo el día.

— Entonces ¿es usted un experto en escapes?

— Una leyenda niño. — Respondió con una sonrisa orgullosa.

Rin solo suspiró, ocultando la cara en su bufanda.

— Estoy rodeado de locos… — Murmuró el azabache joven, aunque no pudo evitar sentirse agradecido con sus padres de lograr algo que parecía imposible.

Entre risas nerviosas y el alivio compartido que flotaba en el auto como un suspiro contenido, Rin se permitió mirar de reojo a Hiori. Lo vio sonreír de verdad por primera vez en todo el día, con los hombros relajados y la mirada brillante. Tal vez, solo tal vez, esta cena no sería una idea tan terrible después de todo. Si lograba traerle un poco de paz a Hiori, si podía hacerlo sentir aceptado y cuidado… entonces valía cada segundo.

❈─────•✦•❅•✦•──────❈

De hecho no, ¡Rin se retracta de todo lo bueno que él había dicho en el carro!

La cena aún no había empezado oficialmente, pero para Rin ya era el fin del mundo.

— ¡Y aquí está mi favorito! — Exclamó la señora Itoshi con los ojos brillosos, colocando con teatralidad un álbum fotográfico sobre la mesa como si revelara la fórmula de la felicidad.

Hiori observó la tapa del álbum con letras doradas que decían: "Años salvajes" .

— ¿Años salvajes? —Preguntó el muchacho con una sonrisa que ya amenazaba con malicia contenida.

— ¡Claro! Rin siempre fue un pequeño terremoto. — La madre pasó la primera página y reveló una imagen del pequeño Rin, de unos cinco años, levantando un pie como si estuviera a punto de destruir una caja de arena en el parque. — Siempre se creía un kaiju de la serie esa… cómo se llamaba… Evolmen! ¿La has visto?

— Creo que lo escuchaba de mis compañeros de salón, era la serie de un héroe si mi memoria no me falla. — Preguntó Hiori, acercándose más con interés.

— ¡Esa misma! —La señora Itoshi rió con una mezcla de ternura y horror nostálgico. — Rin salía al parque y gritaba “¡Raw!” antes de empezar a patear las cajas de arena de los otros niños. Yo tenía que pedir disculpas cada tarde. Algunos padres pensaban que tenía un trastorno explosivo. Pero no, era solo mi hijo siendo él mismo.

— ¡Yo solo era un niño! ¿Quién no haría eso a su edad? — Replicó Rin, completamente rojo y con la voz al borde del colapso.

— Aquí otra joya. — La señora pasó la página. — Rin nunca tuvo un juguete que sobreviviera más de una semana.

La siguiente foto mostraba a un pequeño Rin, rodeado de piezas de plástico rotas como si hubiese sobrevivido a una explosión, con varias tiritas en las mejillas, la mejilla y la nariz. Aun así, estaba mirando fijamente a la cámara como si hubiera sido atrapado en el acto.

— Los partía con tanta fuerza que a veces terminaba lastimándose, pero jamás se quejaba. Siempre decía: “¡no fue un juego, fue mi pelea! ¡El heroe no estuvo mi altura!”

Hiori miró la foto, luego a Rin, y él se tapó la boca para no reír fuerte, pero un sonido se escapó igual. Una mezcla entre un suspiro adorable y un intento de no atragantarse de risa.

— Estoy viendo toda una nueva dimensión de ti. — Dijo el joven con cabellos celeste. Los ojos le brillaban por la felicidad sádica de tener tanto material para molestar a su novio.

— Yo estoy viendo mi vida desmoronarse en tiempo real. — Murmuró Rin, mirando al techo como si rezara para que el techo le cayera encima y terminará con su miseria.

— Ay, Rin-chan. — Suspiró su madre con nostalgia. — A pesar de ser un torbellino andante, era tan lindo cuando estaba al lado de su hermano.

Listo, él ya no podía más.

— ¿Podemos quemar ese álbum cuando terminemos de comer? — Preguntó Rin sin emoción, con la cara hundida entre sus manos.

— Definitivamente no. — Respondió Hiori con una sonrisita que ya prometía venganza futura.

Rin, con ya con una nula pizca de dignidad colgándose de un hilo, tuvo que tomar medidas desesperadas y se giró hacia la última esperanza que él quizás podría usar a su favor.

— Papá… — Le susurró en tono dolorosamente suplicante. — …detén a tu esposa.

El señor Itoshi, que hasta ese momento había permanecido tranquilamente comiendo unos aperitivos, lanzó una mirada pensativa a su hijo como si estuviera considerando seriamente el ruego.

Luego, con toda la calma del mundo, se dirigió a Hiori:

— Hiori-kun, ¿No te gustaría ver algunos videos que grabamos de Rin? Tenemos unos muy buenos: su primer torneo, cuando quiso volar saltando del tobogán más alto cuando fuimos a la piscina juntos.

Rin lo miró como si acabara de ser apuñalado por la espalda. Literalmente sintió el crack de su alma partiéndose a la mitad ante tal traición.

— ¡PAPÁ! — Exclamó él, traicionado en cuerpo y espíritu.

Hiori, por su parte, estaba más entusiasmado que nunca.  

— ¡Me encantaría verlo! — Logró decir Yō, con la mejor expresión inocente que él pudo reunir.

— Democracia, Rin. — Replicó su padre encogiéndose de hombros, sacando su celular del bolsillo y empezando a buscar en la galería. — Tres contra uno.

Justo en ese instante, cuando Rin creía que la situación no podía hundirse más abajo, se oyó el sonido de la puerta principal abriéndose.

— Ya llegué. — Dijo una voz monótona y segura, casi con desdén.

Todos se giraron hacia la entrada, y ahí estaba.

Sae Itoshi, el hermano mayor, de pie con su porte de estrella de fútbol mundial, quitándose la bufanda con aire de haber conquistado otro país antes de llegar.

— ¿Qué está pasando aquí? — Preguntó Sae, arqueando una ceja al ver la mesa llena de álbumes de fotos abierta, a Rin hecho un ovillo de sufrimiento, y a sus padres con un muchacho de cabello celeste al borde del colapso de risa.

—Estamos compartiendo recuerdos los recuerdos de tu hermano a su novio.— Dijo la señora Itoshi con una dulzura peligrosísima.

La cabeza de Sae ladeó a un lado, inspeccionando la escena con esa expresión suya que parecía estar evaluando si lo que él veía era real o solo un sueño muy raro.

— ¿Un novio? — Repitió el pelirrojo en voz baja, como si estuviera asimilando la información. — ¿Quién en su sano juicio saldría con él?

Hiori se quedó paralizado con la sonrisa ahora una línea tensa porque:

— “Ay no, lo dijo en serio”.

Rin, por su parte, ni se molestó en levantar la cabeza del sofá. Él solo extendió un dedo medio en dirección a su hermano y dijo con voz apagada:

— Jódete Sae. vete a la mierda.

— ¡Lenguaje! ¡Y no molestes a tu hermano pequeño Sae! — Exclamó la madre a sus dos hijos.

— No, lo digo en serio. Dios eres tan delicado. — Añadió Sae, mientras dejó el abrigo que él traía puesto en el perchero con toda la calma del mundo. — De hecho niño... ¿Alguna vez lo has visto jugar de chiquito? Era como si Godzilla tuviera un déficit de atención.

— ¡Sae! — Exclamó su madre en un tono que era un tanto reproche por la brutal precisión de su hijo.

— Bueno, alguien tiene que decirlo. — Sae se encogió de hombros, acomodándose en el sofá con una soltura insoportable. — De todos aquí, soy el que conoce mejor cada una de sus versiones. Rin prime, Rin kaiju, Rin disociativo, Rin etapa rebelde… todas y cada una de ellas.

El hermanos de Rin sacó su celular del bolsillo e inclino su pantalla hacia Hiori con una expresión de total neutralidad.

— Igual tengo cosas que él nunca se atrevería a decirte. — Murmuró Sae mostrando finalmente la foto de Rin pequeño mirando hacia un costado mientras que un arcoíris a la distancia salía de su boca. — Dime niño, ¿No te gustaría saber lo que pasó después de esta foto?

— ¡NO! — Gritó Rin levantándose de golpe, pero ya era muy tarde.

— Awww. — Fue todo lo que pudo decir Hiori, cubriéndose la boca mientras sus ojos brillaban de emoción. — ¡Es tan precioso! ¡Mira tu carita!

Dejando caer la frente contra la mesa con un golpe sordo Rin solo pudo llegar a decir:

— Estoy rodeado de traidores.

❈─────•✦•❅•✦•──────❈

La noche ya había caído cuando Rin y Hiori caminaban juntos por las calles silenciosas de Kamakura rumbo a la estación. La brisa fresca agitaba levemente sus bufandas, y aunque los faroles iluminaban el camino, todavía había una sombra de vergüenza que colgaba como una nube sobre la cabeza de Rin.

— No digas nada. — Gruñó él, las manos enterradas en los bolsillos y con la mirada clavada en el asfalto.

— No dije nada. — Replicó Hiori, aunque la curvatura en la comisura de sus labios lo delataba.

Un silencio cómodo, pero cargado de recientes recuerdos traumáticos, se mantuvo por unos segundos antes de que Hiori rompiera la contención con una risita ahogada.

"Dazaku"… "Dazaku"… "super dazaku~"

Una vena aparece en la frente de Rin.

— Lo voy a matar. A todos. A Sae, a mi mamá, a mi papá… tú vas a ser el único testigo. — Dijo el azabache, con un tono de voz grave, como si realmente recitara una maldición.

— Lo dices como si yo no fuera parte del crimen. — Hiori entrelazó suavemente su mano con la de Rin, lo cual ayudó mucho a que el joven enojado se relajara un poco.

Caminaron así unos metros, y finalmente Rin se detuvo frente a los asientos de espera, justo cerca de los rieles del tren.

— Siento que… eso fue un desastre. — Dijo de pronto Rin, sin mirarlo. — No era así como imaginaba que conocieras a mis padres. Ni que Sae apareciera.

Hiori lo miró en silencio por un momento y luego, con una expresión serena, le apretó la mano.

— ¿Sabes? a mi me gustó. — Ante esa respuesta, Rin lo miró incrédulo. — No la parte en la que todos sacaron pruebas de tu pasado caótico, claro. Pero vi algo totalmente desconocido de tí. Cómo tus padres te miran. El cómo te recuerdan con cariño, incluso Sae, aunque no lo parezca, te aman mucho.

Rin frunció el ceño, como si él le costara aceptar que algo bueno pudiera haber salido de ese caos.

— Parecía más un documental de desastres naturales.

— ¿Y que si lo fue? Me pareció el más tierno. —Hiori rió suavemente y se acercó un poco más, apoyando la frente contra el hombro de Rin. — Me gustó conocer a tu familia, ver de dónde vienes y ser bien recibido en tu casa, nunca había sentido tanta familiaridad desde… nunca. Me gustó conocer al niño que eras y entender un poco más al que es ahora.  

Rin resopló, la vergüenza aún ardiendo por dentro, pero esa calidez que Hiori siempre traía consigo empezaba a suavizar las grietas.

— Fue un infierno, pero si tú lo disfrutaste, entonces tal vez… —  La cara de Rin se desvió a un lado. — …no fue tan malo.

— Tal vez. — Repitió Hiori con una sonrisa, levantando la mirada hacia él. — Pero la próxima vez, tráeme cuando no estés en riesgo de combustión social espontánea.

— Prometo menos fotos vergonzosas, si tu controlas a tu curioso sádico interno. — Murmuró Rin, aunque ambos sabían que eso era una mentira descarada.

— Mmh. No. Ahora quiero ver todos los álbumes, los videos y entrevistar a tus vecinos si es posible. — Respondió Hiori con la serenidad de quien ya planeaba una investigación a fondo.

Rin soltó un largo gemido, mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás con dramatismo mientras alzaba los ojos al cielo como si él pudiera implorar piedad divina en silencio.

— ¿Por qué me gustas?

— Porque nadie más querría besar a un kaiju atractivo por voluntad propia. — Le guiñó Hiori de forma descarada. — Soy voluntario.

Rin apenas pudo abrir la boca para protestar cuando el tren llegó a la estación, frenando con un suave zumbido. Antes de que el azabache pudiera decir algo, Hiori se inclinó y le plantó un beso rápido en la boca que lo dejó congelado en su lugar, sin aire ni dignidad.

— ¡Nos vemos en Discord! —Dijo Hiori, con una risa traviesa de sádico, girósobre los talones para subir al vagón del tren.

Rin lo siguió con la mirada, atónito, como si acabara de ser noqueado en un partido sin siquiera ver venir el balón.

Desde la puerta, Hiori le dedicó una última sonrisa y le agitó la mano justo antes de que las puertas se cerraran.

Y aunque Rin estaba convencido de que no sobreviviría una segunda cena como aquella, también supo, con ese calor molesto en el pecho que no se iba,  que si Hiori estaba ahí, entonces sí lo haría otra vez.

Porque por él, siempre lo haría.

 

Fin.