Work Text:
Los preparativos para el viaje habían sido organizados con mucha antelación. Ambos querían evitar cualquier contratiempo que pudiera arruinar esas vacaciones que llevaban tanto tiempo planeando, deseosos de tomarse un breve respiro de su carrera futbolística o las criticas de algún incompetente que no sabia hacer su trabajo. Este era su momento de disfrutar, por fin, de un verano tranquilo. Aunque no lo mostraron abiertamente, tanto Rin como Hiori estaban emocionados, ya que muy en el fondo, la idea de ir al mar solos era una de las cosas que querían hacer como primera escapada como pareja.
Cuando el auto se detuvo finalmente en el estacionamiento reservado del hotel, Hiori no pudo evitar abrir la puerta con apuro y bajar de un salto. Una sonrisa brillante se dibujó en su rostro mientras él se acomodaba los lentes de sol, contemplando la inmensidad del mar azul que destellaba bajo la luz de un cielo completamente despejado.
— ¡Wahh! El cielo está tan despejado, es estupendo para un día en la playa. — Festejó Hiori sintiendo la frescura de la marea que soplaba directamente a la ropa de verano celeste que él había comparado con tanta ilusión. — Por un momento me preocupaba que la época de lluvia pudiera haber arruinado el viaje. Agradezco al de arriba por cumplir mi petición de un cielo libre de cualquier nube.
Por poco Hiori termina rezando en medio de la acera caliente.
— Aunque estés emocionado por la playa, no olvides que primero debemos registrarnos en el hotel para guardar nuestras cosas. — Le recordó Rin abriendo la maletera y comenzando a sacar las maletas.
— ¡Lo sé, lo sé! — Respondió Hiori, aunque él no podía dejar de mirar el mar, como si fuera a escaparse si apartaba la vista por un segundo. Tomó su mochila con una sola mano y giró sobre sus talones para mirar a Rin con una sonrisa. — Pero prométeme que después iremos directo a poner los pies en la arena, ¿sí?
El azabache solo lo miró de reojo con sus gafas oscuras por suerte ocultaban lo mucho que a le gustaba verlo así de feliz. Así que, él solo asintió con un pequeño “hn” y cerró la maletera.
— Prometido, pero si te resfrías por no secarte bien después de meterte al agua, no me hagas cuidarte toda la noche.
— Entonces también prométeme que me vas a cuidar si eso pasa — Soltó Hiori con picardía, mientras él se adelantaba hacia la entrada del hotel.
— Ni hablar, si te enfermas te dejaré solo en el hotel. — Rin le pellizco a Hiori brevemente la nariz mientras él cerraba el maletero y caminaban hacia la entrada.
— Hmp mentiroso. — Bromeó Hiori alcanzado su lado para juntos ingresar al edificio de 5 estrellas.
Formar parte de un equipo reconocido de fútbol tenía sus ventajas monetarias.
︿︿︿︿︿•°((⚘)) °•︿︿︿︿︿
Una vez instalados y con sus pertenencias en orden, Rin y Hiori, se dirigieron hacia la playa privada que el hotel ofrecía a sus huéspedes más exclusivos. Caminaban uno al lado del otro, ambos vestidos con ropa de baño ligera y sandalias, llevando una mochila con toallas, bloqueador y algunas bebidas frías. El sol ya comenzaba a calentar con más intensidad, y la brisa marina les revolvía el cabello con suavidad.
El acceso a la playa estaba casi desierto. Un camino de madera los llevó hasta una extensión de arena blanca y suave, protegida por palmeras y rodeada de formaciones rocosas que ofrecían sombra natural. El sonido de las olas rompían con calma en la orilla, y todo el lugar olía a sal y libertad.
— Es mejor que las montañas y la nieve. — Comentó Hiori, mientras él se quitaba las sandalias para hundir los pies en la arena caliente. — Y lo mejor de todo, es que no hay nadie más.
Rin dejó la mochila de ambos al igual que una sombrilla de palma.
— Es perfecto. Así no tendrás que contenerte con tus ideas caóticas para aprovechar la playa.
— ¿Ideas caóticas? — Hiori fingió estar ofendido. — Lo dice quien es más propenso al caos. Además tengo mis ideas perfectamente estructuradas. Primero, nadar un rato. Dos, construir el castillo de arena. Tres, tumbarme a tu lado mientras vemos el atardecer. Cuatro ir a las aguas termales y cinco f…
— Ya entendí — Interrumpió el azabache, sentándose sobre la toalla y estirando las piernas. — Si gustas puedes iniciar nadando por allí. El agua aún está fría y no pienso meterme ahora.
— Así que chiste — Los brazos de Hiori se cruzaron mientras él manifestaba una expresión de decepción. — No es lo mismo sin el novio.
Rin soltó un bufido, apoyando un brazo sobre la toalla para mirar a Hiori con una ceja alzada.
— ¿Y eso qué significa? ¿Que no puedes disfrutar del agua sin mí?
— No es que no pueda — Replicó Hiori, dándole una mirada de soslayo mientras él se acercaba con una botella de bloqueador solar en la mano. — Pero si voy a disfrutar del mar, mínimo tiene que ser después de cumplir los rituales de pareja veraniega. Como, por ejemplo… — se agachó junto a Rin, sonriendo de forma algo traviesa. — aplicarte bloqueador.
Rin frunció el ceño con ligera sospecha, aunque sin dejar de observarlo.
— ¿"Rituales de pareja"? No me suena a nada oficial. ¿Y desde cuándo te interesa tanto seguir normas?
— Desde ahora. — Hiori le guiñó un ojo mientras destapaba la botella. — Anda, recuéstate bien. No querrás quemarte la espalda por negligencia.
Rin suspiró, pero él terminó por acomodarse boca abajo, apoyando la cabeza sobre sus brazos cruzados.
— Te estoy dejando hacer esto solo porque no quiero que luego me digas que fue mi culpa si me despellejo.
— Eso, o en el fondo disfrutas que me preocupe por ti. — Dijo Hiori en voz baja, presionando suavemente el envase para verter un poco de la crema sobre la piel descubierta de Rin.
El frescor de la loción contrastó con el calor del sol, y pronto las manos de Hiori comenzaron a extenderla con movimientos lentos y atentos, cubriendo con delicadeza desde los hombros hasta la parte baja de la espalda. A pesar del gesto inocente, Rin pudo notar cómo, de vez en cuando, Hiori dejaba que sus dedos trazaron círculos más largos de lo necesario.
— ¿Estás seguro de que estás echando bloqueador? Porque parece que te estás aprovechando de la situación. — Murmuró el joven azabache sin llegar a abrir los ojos relajados.
— ¡No! ¡¿Cómo crees?! — Respondió Hiori, sin perder el ritmo en sus manos. — No es como si me estuviera aprovechando de tocar tus atractivos músculos de la espalda.
A pesar de la lentitud, las manos de Hiori eran tan suaves como las patas de un gato amasando la piel de su dueño.
— ¿Te vas a poner cursi ahora? Porque te están saliendo fatal. — Rin soltó un murmullo apagado por los brazos que él mismo cubría.
— Ya es tarde para detenerme. — Confesó Hiori con una sonrisa más suave esta vez. — Me gustas demasiado como para actuar como si esto fuera algo normal.
Hubo un momento de silencio. El tipo de silencio que no es incómodo, sino lleno de entendimiento y complicidad. El rostro de Rin se gira un poco, lo justo para poder verlo desde donde estaba.
— Termina de una vez, o me voy a quedar dormido aquí.
— Como desees, dormilón. — Hiori bromeó mientras él terminaba de aplicar la loción con una última pasada suave en la parte baja de la espalda.
— Eres incorregible — Fue lo que murmuró Rin, acomodándose boca arriba ahora, con esa expresión relajada y para nada sorprendido.
Apenas Rin se recostó boca arriba, Hiori aprovechó para inclinarse sobre él con la botella aún en mano, sonriendo como si nada.
— Bien, ahora la parte delantera — Anunció el de cabellos celeste, aplicando un poco más de loción en sus manos.
Pero justo cuando iba a tocarle tan solo un músculo, Rin le sujetó la muñeca con firmeza y sin abrir los ojos le advirtió:
— Alto ahí
— ¿Eh? ¿Qué pasa? — Hiori ladeó la cabeza, fingiendo confusión.
— Sé lo que estás haciendo — Rin abrió lentamente un ojo para mirarlo. — Te estás divirtiendo demasiado con esto. Si dejas que tus manos suban más, vas a obligarme a meterme al agua fría para calmarte, y sinceramente, no estoy dispuesto a que te salgas con la tuya tan fácilmente.
Hiori soltó una carcajada, sabiendo que había sido descubierto. Dejó caer su frente suavemente contra el hombro de Rin mientras reía.
— Maldición, eres bueno leyendo mis intenciones.
— Siempre lo he sido. Especialmente cuando son tan obvias — Respondió Rin, aunque él no apartó su mano de la muñeca de Hiori, como si aún necesitara asegurarse de que no haría alguna otra “travesura”. — Al menos espera a que sea de noche.
Hiori se enderezó de nuevo, todavía sonriendo, pero antes de levantarse, frotó rápidamente un poco de bloqueador… justo en la punta de la nariz de Rin.
— Pues toma esto, por aguafiestas — Dijo triunfante el de ojos celestes.
Rin parpadeó lentamente, sintiendo la textura frialdad de la crema en su nariz. Luego él lo miró con la expresión más neutral que pudo conseguir y como todo un joven maduro le dijo:
— Acabas de firmar tu sentencia de muerte.
— ¿Eh? ¿Qué? ¡No! ¡Espera! ¡Era una muestra de cariño! — Hiori intentó retroceder, pero Rin ya se estaba incorporando, con la determinación de quien no piensa perdonar ese tipo de ofensa.
— Vas directo a dormir con los tiburones. Fría o no.
— ¡¡Rin, Esperaaaa!!— Él gritó entre risas mientras dejaba la botella en la toalla y salía corriendo por la arena, con Rin pisándole los talones.
Rin no tardó en alcanzarlo y con un movimiento limpio, y casi sin esfuerzo nulo debido a sus habilidades deportivas, él lo atrapó por la cintura y lo cargó como si fuera un saco de papas revoltoso.
— ¡¡Ahhh, Rin!! ¡¡Suéltameee!! — Chilló Hiori entre carcajadas, pataleando en el aire.
— Has cometido un crimen imperdonable — Declaró Rin, avanzando con paso decidido hacia el mar. — Tu castigo es claro.
— ¡¡Nooo!! ¡¡Tengo derechos!! ¡¡Soy un ciudadano con voz!! — Protestó Hiori, aunque su risa lo traicionaba en cada palabra.
Las olas rompían suavemente cerca de los pies de Rin mientras él se internaba con Hiori sobre el hombro. El agua fría rozó sus tobillos y luego sus rodillas, pero no se detuvo. Justo cuando una ola se alzaba detrás de ellos Rin, de forma precisa, soltó a Hiori justo cuando la ola rompía.
— ¡¡GYAHHH!! — Fue lo único que se escuchó antes del chapoteo estrepitoso.
Un par de segundos después, Hiori salió a flote con el cabello empapado y la expresión de un cachorro mojado.
— ¡Eres cruel! — Dijo el joven de cabello celeste con un puchero, frotándose los brazos. — ¡Fría! ¡Está helada! ¡Esto es abuso!
Rin se encogió de hombros, pero al final él termino por esbozar un media sonrisa mientras lo observaba desde un poco más arriba en la orilla.
— A mí me pareció equitativo.
— ¡¡Mentiroso!! Tú dijiste que no ibas a meterte al agua aún. ¡Me usaste de sacrificio!
Para colmo, el muy descarado de Rin giró el rostro levemente, distraído por algo en el cielo. Dando a suponer que no entendía lo que decía Hiori.
Sin embargo, ese fue su error.
— ¡Ha! — Exclamó Hiori con una sonrisa traviesa, aprovechando el momento. Se impulsó con fuerza y lo agarró de la muñeca, jalándolo con él justo cuando una nueva ola venía en camino. — ¡Si yo me hundo, tú también!
— ¡Oye—!
Pero fue demasiado tarde.
Ambos fueron engullidos por la espuma blanca, cayendo juntos al agua con una risa ahogada entre burbujas. Cuando emergieron, Hiori estaba carcajeándose con fuerza, mientras Rin se quitaba el cabello mojado de los ojos con resignación.
— Te odio mucho. — Murmuró Rin, aunque sus labios no podían ocultar la invisible sonrisa que lo traicionaba.
— Aww, yo también te amo. — Corrigió Hiori, acercándose con su cara empapada y ojos brillantes. — Y lo sabes.
Rin le dio un leve chapuzón con el agua.
— Idiota.
Ambos se quedaron allí, dejándose balancear por las olas tranquilas que rompían con suavidad a su alrededor. El sol brillaba alto, pintando reflejos dorados en la superficie del agua, y la risa de Hiori aún flotaba en el aire como una melodía ligera.
Rin lo miró un momento en silencio, observando cómo las gotas de agua se deslizaban por su rostro, cómo sus ojos celestes brillaban más que el mar. No era justo lo bonito que podía verse incluso empapado y despeinado.
—¿Qué? — Preguntó Hiori, notando la intensidad en su mirada turquesa.
—Nada. — Rin negó con la cabeza, pero no apartó los ojos. — Solo te ves como una rata mojada.
—¡Rin!
En un movimiento que no necesitó más palabras, Rin inesperadamente se inclinó hacia él. El agua apenas les llegaba a la cintura cuando Rin posó una mano en la mejilla de Hiori, acercándolo con suavidad, y sus labios se encontraron en un beso cálido y lento, uno que sabía a sal marina y a sol de verano. Hiori suspiró contra su boca, hundiendo los dedos en su musculosa espalda de Rin, queriendo quedarse así un poco más, porque a pesar de que el agua estaba fría, el beso era todo lo contrario.
Cuando se separaron, apenas unos centímetros, Hiori apoyó la frente contra la de Rin, sonriendo con dulzura.
— No es justo, así no me puedo enojar contigo.
Rin soltó un suspiro fingidamente dramático.
— Entonces estás perdido contra cosa tan tibias.
—Lo estoy — El sonrojo de Hiori fue muy notorio, pero menos cohibido.
Las olas rompieron a su alrededor otra vez, salpicando espuma entre sus pieles.
Fin.
