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"Holaa Itadori, llegaré en 15 minutos.¡nos vemos! <3"
El mensaje apareció iluminando la pantalla de Yūji, haciendo que su corazón latiera un poco más rápido. Una pequeña sonrisita podía apreciarse en su cara. La última vez que había visto a Yūko no pudo ni atreverse a decirle lo que sentía, pero había sido lo suficientemente audaz como para darle su número él mismo y no depender del buen humor de Nobara.
Desde ese entonces habían estado hablando casi todos los días por mensajes de texto. siendo Yūko la primera en mandarle un mensaje.
"Avísanos cuando llegues a tu casa ¡espero poder volver a vernos!" le había dicho él. Se había quedado pensando luego en si no había sido un poco intenso y sobreprotector, pero con Nobara y Megumi actuaba de la misma manera cuando salían. Quizás se le habían pegado un poco los hábitos de su hermano.
Rememoraba esos recuerdos mientras volvía a su casa con las compras de la tienda de conveniencia. Casi llegando a su departamento, que hace poco había empezado a compartir con Chōsō, vislumbró a lo lejos a Yūko que bajaba del transporte. Automáticamente empezó a acelerar el paso para alcanzarla. No pudo evitar sentir una calidez y agitó su brazo para saludarla mientras se acercaban.
— ¡Itadori! Lo siento ¿me estabas esperando? —llegó a donde él estaba mientras le sonreía.
Las ganas de entrelazar sus manos mientras caminaban a su casa lo asaltaron, pero se las tuvo que guardar, así que solo optó por sonreírle y responderle.
— No, no te preocupes. Justo volvía de hacer las compras para cocinar. ¡Ah, hoy te ves muy linda Ozawa!
Y tenía razón, pelearía con cualquiera que le dijera lo contrario. La chica llevaba un vestido largo y el cabello adornado con algunas hebillas. Sin embargo Yūji notó como ella se puso rígida y se dio cuenta de lo que acababa de decir.
— ¡Quiero decir! No es que hoy te veas linda, o sea ¡sí te ves linda! Me refiero a que siempre te ves linda. Pero no se, hoy te ves hermosa. ¡Lo siento si te puse incómoda, no fue mi inten... —estaba por seguir cuando la delicada risa de su chica, ¿Su chica? Ni siquiera habían tenido su primera cita, ni siquiera sabía de sus sentimientos e igual osaba llamarla así en su mente. En cualquier otro momento Sukuna se le habría reído, pero hoy estaba sospechosamente callado.
— Gracias Itadori, en serio. Tú también te ves guapo hoy, como siempre.
Yūji no pudo suprimir su sonrisa frente a tal cumplido y estaba seguro de que sus mejillas estaban un poco rosas.
— ¿Y qué tenemos pensado cocinar?
— Uhh estaba pensando que podíamos comer ramen, pero de verdad. Quiero decir, con todos los ingredientes, no sólo hervir los fideos y ya.—dijo con un poco de nerviosismo. No sabía si la comida era de su agrado, o si no era lo suficientemente bueno. Dios, sí que se ponía como un estúpido en situaciones como estas. Bueno, más de lo que ya era.
— ¿Me estás invitando a tu casa a comer ramen Itadori? —Yūji podía ver como Yūko lo miraba por primera vez de una manera particular, casi como si estuviera coqueteándole. No, no te hagas ilusiones. Y aunque él quería también responderle de la misma manera, no sabía muy bien a lo que se refería. Ni que tenía que responder a eso.
— Eh...sí.
Se quedó parado en el medio de la acera asegurándose de que ya la había cagado. Seguro a Ozawa no le gusta el ramen. Probablemente piense que no quiero esforzarme. Ay carajo, los ingredientes que compré solo eran para esa comida en específico. No había pensado en otra cosa.
Yūko se quedó viendo como Yūji disociaba de la actual conversación con una cara que no sabía si demostraba felicidad o temor...así que a eso se refería Kugisaki cuando dijo que su amigo tenía cara de papa. Mierda, quizás me pasé un poco con la indirecta.
— ¡Ah, lo siento Itadori! Era un chiste, no quería incomodarte. —Creo que quedó claro que no quiere ser algo más que un amigo...
— ¿Eh? ¿Cual chiste? No entendí ¿entonces no tienes problema en comer ramen? Pensé que quizás no te gustaba...
Nota mental nº1 Yuko: Itadori no parece muy bueno con las indirectas. La mejor manera de coquetearle sería con cumplidos directos y específicos.
— Si, si me gusta...en fin, yo traje para preparar el postre. —dijo muy alegremente mientras ya se acercaban a la casa del chico.
— Tadaa, y este es mi hogar. -dijo con una pequeña sonrisa. Estaba feliz de por fin poder llamar así a su casa teniendo en cuenta cómo se había construido el vínculo con Chōsō.
—¡Es muy linda Itadori! ¿Vives con tu hermano? —se percató de que solo habían zapatos de hombre en el genkan.
—Sip, él insistió en que viviéramos juntos y me gustó la idea. Además de que podía quedarme en Tokio.
—Ya veo. Me alegro que haya sido así, sería más difícil vernos de otra forma.
La casa de Itadori y Chōsō era bastante acogedora, se veía familiar. Era lo esperable de personas como Yūji y su hermano.
Todos los cuadros que estaban colgados en las paredes -que no eran muchos- incluían a ambos. También estaban Megumi y Nobara en algunos de ellos. Había una foto de su graduación en las que también los acompañaba un hombre albino y otro rubio. En los pequeños marcos que adornaban la estantería se veía a un Yūji chiquito con su abuelo. Yūko no podía no morirse de ternura al ver a su crush siendo un pequeño niño ¡Awwwww, Itadori era muy tierno de pequeño! La verdad es que había cambiado mucho. Incluso desde la última vez que lo vio.
— ¿Quieres algo de tomar Ozawa?
— Ah, quizás algo de agua ¡Gracias!
La sopa ya estaba hecha. Ambos jóvenes se encontraban sentados uno frente al otro en la mesa. El vapor caliente de la comida se elevaba casi hasta sus caras. Yūji apreciaba cómo algo tan doméstico hacía lucir a Yūko aún más hermosa.
—¡Salió muy rico Itadori! No sabía que se te daba tan bien cocinar —Yūji se sonrojó un poco al ver a la chica sonreír y halagar su comida, más sabiendo y recordando el por qué ella le gustaba tanto—. Tanto como los que se comen afuera en los restaurantes.
—¡Muchas gracias Ozawa! Aunque tampoco creo que sea tan rico como la comida de restaurante —dijo riendo con un poco de pena— suelo salir a comer afuera con uno de mis ex-mentores de cuando estudiaba. Se que sueña extraño pero...no, no hay forma de explicarlo bien. Si es extraño, pero son momentos agradables.
Yūko rió mientras miraba los hacía las paredes de la casa.
—¿Es el hombre rubio de aquel cuadro?
—¡Si! Su nombre es Nanami ¿Cómo sabías que era él de quién hablaba?
—Están en una cafetería y él está sosteniendo un sándwich Yūji.
El pelirrosa se habría reído por su estupidez de no ser por el hecho de que se quedó sorprendido. Era la primera vez que ella lo llamaba por su nombre. Parecía que se había quedado estático por bastante tiempo porque pudo notar la cara de preocupación de Yūko al ver que el chico no tenía reacción.
—¡Lo siento Itadori! Me sentí muy cómoda y...
—No no no, está bien —tomo un poco de tiempo para expresar lo que quería decir— solo me tomó por sorpresa. Sigue llamándome así, me gusta cuando me llamas por mi nombre.
Su voz es hermosa y ella se ve tan bien cuando lo pronuncia. Me gustaría escucharla gimiéndolo mientras la hago sentir bien. PERO QUÉ HORMONAL ITADORI YŪJI, NI SIQUIERA SABE DE TUS SENTIMIENTOS. NO PIENSES EN ELLA DE ESA MANERA.
— Esas fueron tus propias palabras mocoso, responsabilízate de tus pensamientos y no me culpes como siempre lo haces.
Ay no, y yo que pensé que hoy iba a estar callado.
Hubo varias veces en que Yūko sentía la mirada penetrante de Yūji, y cada vez que levantaba la vista para verlo se encontraba con sus ojos marrones que la miraban intensamente mientras se inclinaba un poco para comer. Casi como si la mirara desde abajo. Ay dios, me encantaría que me mirase desde abajo. CONTROLATE YUKO. Por el amor a dios, no puedes pensar esas cosas en un contexto tan casual. Aunque quizás era eso lo que tanto le encantaba.
Estaban lado a lado riendo mientras escuchaban música de fondo. Itadori estaba contando de aquella vez que Nobara los intoxicó a él y a Megumi, lo que hizo reír a Ozawa.
—Tienes que amasar bien para que la masa quede homogénea.
Yūko trataba de concentrarse en explicarle bien la receta a Yūji, pero no podía concentrarse. Trataba de actuar madura, pero el chico tenía una camiseta de mangas cortas y cada vez que se inclinaba para amasar, sus músculos se notaban. Y no solo eso, sino que el sol que entraba por la ventana lo hacía ver todavía más hermoso. Casi que podría babear. Ay Yūko, estás perdida. ¡Concéntrate, concéntrate! No sirve de nada imaginar cosas si ni siquiera sabe lo que sientes por él.
—¿Lo estoy haciendo bien?
—Lo estás haciendo perfecto— rogaba por poder decirle eso en un contexto totalmente diferente y más atrevido, pero por ahora se tenía que conformar con esto.
—¿Le falta algo?
—Ah sí, espera que saco las chispas de chocolates.
Ozawa sacó destapó el recipiente en el que estaba el ingrediente restante y puso lo que faltaba a la mezcla.
—¿No vamos a ponerle todas?
—Nop, sino va a ser más chocolate que otra cosa y no saldrá bien.
—Ay qué lástima —dijo Yūji antojado de ponerle todo lo dulce.
—Si quieres —empezó a hablar atrayendo la mirada del joven— podemos hacer galletas de chocolate la próxima vez.
Ambos se quedaron pensando en lo que acababa de decir. Yūko por una parte esperando la respuesta de Yūji, e Itadori pensando en que ya habría una próxima vez.
—¡Si, hagamos eso la próxima!
La joven sonrió dejando salir el nerviosismo que tenía, cada expresión sugiriendo un paso en su relación era como una mina a punto de explotar. Era un sentimiento que la desesperaba pero que no podía evitar lo bien que la hacía sentir. Pero eso también la incentivaba a seguir.
—La siguiente será en mi casa entonces, es lo justo.
—Está bien, aunque no me molesta que vengas, la casa es muy silenciosa cuando estoy solo. —y la verdad, le hacía acordar un poco a cuando tenía que quedarse solo de niño.
Metieron la masa de las galletitas en el horno y sólo quedaba esperar a que se cocinaran. Itadori no pudo evitar llevarse rápidamente a la boca un par de chispas de chocolate que habían quedado.
—¿Están ricas? —dijo Ozawa mientras veía al chico con las mejillas casi llenas. Itadori asintió mientras apuntaba a la comida para que también comiera.
Yūko se llevó un par a la boca y saboreó. No le gustaba mucho el chocolate sólo.
—Puedes terminártelas si quieres Yūji.
—¿No te gusta el chocolate?
—No cuando está solo.
—Ah ya veo. —ahora ya sabía que no debería regalarle chocolates solos en alguna ocasión, como quizás su aniversario, el cual todavía no había ocurrido porque ni siquiera se le había confesado.
—Espera, entonces ¿por qué haríamos galletas de chocolate la próxima vez?
—Porque a ti te gustan.
—Ya se, hagamos algo que a ti también te guste.
—Entonces hagamos eso. —dijo feliz Yūko, le encantaba planear cuándo se verían nuevamente, le daba la seguridad de que pasaría.
Siguieron hablando de qué podrían hacer en su próximo encuentro mientras limpiaban los utensilios que habían usado y esperaban que las galletas estén listas.
Ozawa observó a Itadori que se había terminado el chocolate y notó que sus labios estaban manchados con la comida. Era muy tierno y atractivo a la vez, el cómo se llevaba los dedos a la boca mientras la miraba a los ojos. Podría quedar así hipnotizada para siempre y no le importaría. Casi inconscientemente llevó su mano al rostro de Yūji para sacar un poco del chocolate que tenía, pasó delicadamente el pulgar por la comisura de su labio. Ahí se dio cuenta de que la piel y los labios del chico eran tan suaves como se lo imaginaba, al mismo tiempo que Itadori pudo confirmar que tan suave es el tacto de Ozawa.
—Gracias Yūko —dijo sorprendido mencionando su nombre, mirándola mientras se lamía los labios para asegurarse de no tener más chocolate en sus labios. Aunque si eso hace que Ozawa tenga sus manos sobre él, saltaría a una piscina de chocolate con tal de sentirla.
—No es nada Yūji —dijo mientras llevaba su pulgar a su boca.
Itadori podía ser un poco lento, pero a estas alturas estaba casi seguro de que Ozawa estaba sugiriendo ser algo más. No podía despegar su vista de ella. Cómo podía ser tan elegante y sensual a la vez. No supo en qué momento se pusieron tan cerca el uno del otro, hasta que notó como ella lo miraba a los ojos con la misma intensidad que él. La posibilidad de acariciar su mejilla y pegar sus labios a los de ella estaba tan cerca de no ser por el timbre del horno que sonó por haber pasado ya el tiempo suficiente.
Las galletas salieron muy ricas aunque lamentablemente el ambiente luego se puso tenso y ninguno sabía cómo salir de la incomodidad de la situación. Yūko le dijo a Itadori que se quedara con todas las galletas, así podía compartirlas con su hermano. Además de que fue ella quien había invadido su casa.
Yūji le había ofrecido acompañarla a su casa ya que se estaba haciendo oscuro, además de que quería pasar más tiempo con ella. Pero Yūko se negó, no queriéndolo molestar, aunque igualmente el chico la acompañó a tomar el bus. Se habían quedado un rato esperándolo, mientras hacían plática.
La proximidad de sus cuerpos en la que habían estado hace un par de horas todavía rondaba en los pensamientos de ambos, que se debatían en sí debían de confesarse o no. Las posibilidades de hacerlo disminuyeron porque vieron como el bus doblaba a un par de cuadras.
—La pasé muy bien hoy Itadori. Nos vemos el próximo fin de semana —dijo mientras rápidamente se acercó al chico y le dio un pequeño besito en la mejilla. Sin embargo no pudo separarse rápido de él porque el joven posó su mano acunando su rostro. Yūko estaba segura de tener la cara rojísima, pero ni siquiera eso la hizo retroceder del tacto del chico que le gustaba.
—Llámame Yūji por favor, no vuelvas a llamarme por mi apellido —dijo mientras acercaba su rostro al de la chica y por fin, por fin le daba un beso en sus suaves labios. Un suspiro y un sonido bastante sugestivo se le escapó durante el beso al notar como Yūko le correspondía mientras se aferraba a su cuello. Y si bien fue un beso inocente, no pudo evitar sonreír de felicidad al besarla, mientras al mismo tiempo acariciaba el rostro de, ahora sí: su chica.
Inevitablemente tuvieron que separarse ya que el bus se acercaba. Yūji la habría invitado a quedarse en su casa tan solo para tenerla un tiempo más junto a él, sabía que a su hermano no le molestaría, pero pensó que quizás era muy rápido y no quería incomodar a su chica. Si, no iba a parar de referirse a ella de esa manera a partir de ahora.
—Avísame cuando llegues, ten cuidado y nos vemos la próxima semana. —dijo Yūji mientras la saludaba.
Yūko no pudo evitar viajar todo el camino a su casa con una sonrisa en su cara. Estaba tan feliz que podría gritar en medio de la calle que Yūji Itadori la había besado.
Mientras tanto, Itadori se encontraba en su casa, cuando Chōsō y su novia llegaron y Yūji no dudó en contarles todo lo que había ocurrido en la tarde. Charlas como esas no eran extrañas, su hermano amaba escuchar las cosas que tenía para contarle. Chōsō casi se larga a llorar de la emoción cuando escuchó a su hermano y Tsukumo no esperó a felicitar al chico dándole un saludo de puño.
—¿Y?¿Cómo es ella? ¿Es tu tipo? ¿Es alta y tiene un trasero grande?
—¡YUKI!
Los sermones de Chōsō no tardaron en escucharse al regañar a su novia por hacerle a su hermanito semejantes preguntas. La noche estuvo llena de risas y anécdotas de lo que había pasado durante su día.
Yūko entró a su departamento y lo primero que hizo luego de sacarse los zapatos fue tirarse al sofá y mandarle un mensaje a Yūji.
Ya llegué a mi casaa. Espero que hoy la hayas pasado tan bien como yo Yūji.
La respuesta de su chico no tardó en aparecer:
Fue perfecto, no puedo esperar al próximo fin de semana <3
Ozawa suspiró, hacía mucho que no se iba a dormir con una sonrisa en su cara, pero estaba segura de que esa noche lo haría.
BONUS:
Yūji no pudo ocultar su sonrisa caminando de vuelta a casa.
— Que patético .
— Cállate, que tu seguro no coqueteas con alguien desde hace mil años.
— La próxima vez me apareceré en tu mejilla y seré yo quien robe un beso de tu chica.
Podría pasar toda la noche discutiendo con la maldición, pero se calló y sonrió al darse cuenta de que incluso él, su enemigo mortal más odioso, la había llamado su chica.
