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El sabor del invierno

Summary:

En un día frío del Norte, Lady Lyarra Stark decide sorprender a su esposo Rickard con algo que nunca ha hecho antes: un pastel de limón. Con la ayuda de la cocinera de Invernalia, aprende a prepararlo para compartirlo con su familia. Entre risas, harina y afecto, Lyarra descubre que incluso los pequeños gestos pueden calentar los días más fríos.

Notes:

Un nuevo one shots de juegos de tronos.

Work Text:

Un día frío en el Norte, mientras la nieve se amontonaba delicadamente en los aleros de Invernalia, Lady Lyarra Stark caminaba por los pasillos de piedra con una idea en mente. Quería sorprender a su amado esposo Rickard, el Señor de Invernalia, con algo hecho por sus propias manos: un pastel de limón. No era una tarea común para una dama noble, pero ella sentía el impulso de hacer algo simple y dulce, no solo para Rickard, sino también para sus pequeños Brandon y Ned.

Entró en las cocinas, donde el calor del hogar la envolvió al instante. El olor a pan horneado y estofado de cordero llenaba el aire. La vieja cocinera, una mujer robusta y amable de nombre Nina, levantó la vista de una masa que estaba amasando.

—Lady Stark… ¿qué la trae por aquí? —preguntó, limpiando las manos en el delantal.

Lyarra excitante con suavidad, algo tímida.

—Quisiera aprender a hacer un pastel de limón —dijo—. Quiero prepararlo para mi esposo… y para mis hijos. ¿Podría enseñarme?

Nina parpadeó, sorprendida al principio, pero luego asintió con una sonrisa maternal.

—Claro que sí, mi señora. Será un honor. Venga, le mostraré cómo hacerlo.

La cocinera guio a Lyarra paso a paso. Le enseñó a mezclar la harina con los huevos, la manteca y el azúcar, a exprimir los limones frescos del pequeño invernadero y preparar el relleno cremoso con paciencia y cuidado. Al principio, Lyarra se sintió torpe, manchándose las manos de harina y riéndose cuando rompía los huevos con poca gracia.

—No sabía que batir esto podía ser tan cansado —dijo entre risas.

—El secreto está en el ritmo, mi señora —respondió Nina con cariño—. Y en no rendirse.

Horas después, el pastel salió del horno con un tono dorado, brillante y un aroma cítrico que llenó toda la cocina. Lyarra lo miró con asombro y orgullo.

—De verdad lo he hecho yo?

—Lo ha hecho usted, sí. Y bastante bien, si me permite decirlo —afirmó Nina, satisfecha.

Esa tarde, en los aposentos familiares, Rickard estaba sentado revisando unos informes cuando Lyarra entró con una bandeja y una sonrisa misteriosa.

—¿Qué tramas, esposa mía? —preguntó él, alzando una ceja con diversión.

—Nada grave —dijo ella con tono juguetón—. Solo pensé en darte algo que nunca antes había probado.

Brandon, de cuatro años, corrió hasta ella al oler el dulce aroma.

-¿¡Pastel!? —preguntó emocionado—. ¿Es para nosotros?

—Lo hice yo misma —respondió Lyarra, mientras servía una porción para Rickard, otra para Brandon y una más pequeña para el pequeño Ned, que ya esperaba sentada en una manta con ojos curiosos.

Rickard tomó un bocado y levantó las cejas, sorprendido.

—Esto es… delicioso. ¿Tú lo hiciste?

—Con ayuda de Nina, claro —admitió ella, aún con las mejillas rosadas del calor de la cocina.

—Ned quiere más —murmuró el niño de tres años, con la boca llena.

Brandon se acercó con entusiasmo.

—¡Mamá hace el mejor pastel de todos!

Rickard soltó una carcajada suave y abrazó a su esposa por la cintura.

—Eres una Stark de verdad… incluso mejor que yo. Gracias, Lyarra. Es un gesto que no olvidaré.

Ella apoyó la cabeza en su hombro, rodeada por sus hijos que reían con la boca manchada de limón, y susurró:

—A veces, los pequeños detalles también construyen hogares.

Esa noche, antes de dormir, Lyarra volvió a la cocina para agradecer personalmente a Nina.

—Gracias por enseñarme, y por tener tanta paciencia conmigo —le dijo.

La cocinera se inclina respetuosamente.

—Usted hizo el esfuerzo, mi señora. Los Stark no solo gobiernan con honor… también con corazón.