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El día estaba tan soleado que el aire se sentía mucho mas caliente de lo usual. Draco no lo estaba tomando con calma, el calor lo desesperaba aun más estando en su estado de lo que normalmente lo hacia. No se había quejado con Harry porque el moreno entendió que estaba teniendo un mal día cuando regañó a James por haber dejado abierta la botella de la mermelada.
El pequeño James de cuatro años era muy independiente así que cuando él y Albus querían una merienda subía sin problemas a la cubierta por el pan y sacaba la mermelada de la despensa. Ni Harry conocía la forma en que su pequeño lo lograba, pero era usual verlos al medio día un sandwich de mermelada, siempre sobre su plato porque sabían que Draco odiaba el desorden.
Por eso agacho la cabeza al escuchar el regaño de su padre el rubio y luego subió a su cuarto de juegos a esparcir el mensaje entre sus hermanos, nadie podía dejar nada abierto y fuera de su lugar de ahora en adelante. Como castigo no iría al sábado de quidditch con Harry y sus hermanos, se quedaría en casa, bajo la supervisión de Draco tomando lecciones extras de francés, y claro también en compañía del próximo miembro de la familia.
Draco tenia al menos los ocho meses de gestación cumplidos, se estaba poniendo muy irritable. El pequeño sabía que esa lección de francés seria la mas larga de toda su vida.
El sábado en cuestión a James le pareció injusto que hasta Lily quien a penas estaba en sus dos años de vida tuviera derecho a ir al sábado de quidditch, ella no podía ni subir a una escoba de entrenamiento. Pero igual acepto u destino. Su hermano mayor, Scorpius le dio una mirada de pena antes de meterse a la chimenea junto con Albus. Orion se despidió de él como si nada hubiera, hasta le sonrió. Él no veía lo gracioso.
Y ahí estaba su fin de semana estaba arruinado por un sándwich de mermelada. Al menos albus hubiera compartido el castigo con él.
—Bien, ¿estas listo? —le preguntó Draco una vez que su esposo y sus hijos se fueron.
—No.
—Pues ve a preparar un pergamino y la tinta.
—Papi, yo te quiero mucho y no necesito más francés.
—Sabes por qué tomaras la clase extra. Así que no refunfuñes y ve por lo que te pedí. Y También te quiero mucho.
El pequeño fue hacia lo que conocían como el despacho de sus papás y tomó pergamino y tinta, intencionalmente olvido la pluma para perder tiempo. Bajó las escaleras con toda la calma del mundo, del mismo modo en que había subido, paso a paso, dos pies por escalón.
—James, olvidaste con que escribirás —le señalo Draco cuando regresó a la sala de estar.
—Iré por la pluma.
—No, volverás a tardarte mas de cinco minutos. Escribe con los dedos como en la época de las cavernas —ordeno el rubio. Se acomodó mejor en el sillón y acercó la mesa de centro donde James tomaría sus apuntes.
—¿Con los dedos? Pero ensuciare mis manos.
—Para que veas el trabajo que cuesta limpiar. Y no quiero salpicaduras de tinta sobre la mesa.
—¡Papiiiiiiiii!
—¿Ahora entiendes lo cansado que es poner orden y que alguien mas haga lo contrario?
—Sí.
—Bien. Entonces escribe diez oraciones describiendo la casa, si tienes mas de dos errores, escribirías otras diez.
—¿Y si no me equivoco?
—Ahí se termina la lección.
—¿Y podré ir al quidditch con papá?
—No, pero podrás ver ese cacharro muggle.
El niño algo decaído contestó —esta bien.
Habían pasado unos minutos en completo silencio cuando Draco cambió de posición sobre el sillón y habló hacia su hijo.
—¿Quieres saber qué será el bebe?
James lo miro extrañado mientras dejaba de escribir —papá dijo que nadie sabía, que lo veríamos cuando naciera.
—Yo lo sé. Y como eres el único que me esta haciendo compañía, podría decírtelo. Con la condición de que no le dirás a nadie.
—Lo prometo.
—Es niña.
—Lily tendrá con quien jugar como yo con Scorpius, Albus y Orión. Seremos —contando con los dedos— tres contra dos.
—Así es.
—No importa, ganaremos. Scorpius es mas grande y esta de nuestro lado.
—Bueno, yo no estaría tan seguro.
—Yo sí. Los niños mandan.
Tres años después
Era un viernes por la tarde. Draco se encontraba haciendo la cena cuando Orión apareció detrás de él.
—Papi, Scorpius no ha soltado el control del Box y dijimos que era por turnos.
Maldita sea la hora en la que Potter les compró esa maquina muggle del mal, todos sus hijos varones estaban perdidos en esa cosa, ya no salían ni al jardín a perseguir gnomos como antes. Ahora solo tenían tiempo para mover carros con controles o Merlín sabe qué.
—¡Scorpius, tienes un minuto para apagar esa cosa! —odiaba tener que gritar, pero desde que habían vuelto a vivir en Grimmauld Place ya no tenían la cercanía entre habitaciones como para no hacerlo, podía utilizar un hechizo, eso pondría en alerta a los vecinos —¡Te dije que si no vas a compartir entonces nadie lo usara!
—¡Pero papiiiiii!
—¡Si para cuando yo me pare en la sala de estar no se encuentra apagada esa máquina, se quedarán sin ella un año!
—¡Está bien!
Segundos después escucho las pisadas de sus hijos dispersándose por la casa. Y volvió a sentir la calma que el silencio le otorgaba, privilegio que no era muy frecuente en una casa con seis niños menores y dos adultos.
Scorpius que era el mayor, estaba a días de cumplir nueve años, fue a buscar a su papá para que abogara por ellos y los dejaran jugar un poco más con ese juego muggle que les había comprado. No lo vio en su despacho, ni en el jardín, seguramente estaba jugando con sus hermanas.
Cuando abrió la puerta de la habitación de Cassiopeia, en efecto, ambas estaban de pie frente a Harry, a quien por cierto tenían sentado en el suelo, estaba prisionero por una soga y Cassie le estaba dando una galleta en la boca, que al parecer también había estado cubierta con cinta.
—¡Un Hombre! Guerrera del Amazonas número dos, aprisione al intruso.
—Soy Guerrera tres —señaló con sus deditos de la mano izquierda. Mientras volvía a poner la cinta sobre la boca de Harry.
—Pero solo somos dos, no puedes ser guerrera tres. No importa, tenemos otro prisionero.
—¿Están jugando Guerreras del Amazonas otra vez?
—Sí. Papá es el prisionero número uno. Ahora eres nuestro prisionero número dos.
—Antes de que me amarres... ¿si te traigo más prisioneros prometes que seré un prisionero con beneficios?
—El consejo decidirá.
Lily y Cassie tomaron sus pequeñas lanzas, un regalo del abuelo Lucius y aligeradas con un hechizo cortesía de la abuela Cissa. Y se juntaron al otro lado de la habitación a deliberar, tanto Harry como Scorpius podían oír su junta secreta, pero se limitaron a mirarse entre sí y reír.
—Está bien, no te pondremos cinta en la boca. Y te tocará doble ración de comida.
—De acuerdo, ya vuelvo con tus prisioneros —prometió Scorpius.
Inmediatamente fue por todos sus hermanos, uno por uno los convenció de que irían a hablar con sus papá Harry para que los deje seguir jugando con el Xbox. Y todos fueron tomados prisioneros por Lily y Cassie.
Para cuando la cena estaba terminada, Draco sintió un silencio en extremo. De esos que dan escalofríos sobre todo en lugares con niños, porque son dos cosas que juntas no presagian nada bueno.
Fue hacia la sala de estar y se encontraba vacía, por suerte la máquina infernal esa estaba apagada. Después fue a la biblioteca, donde siempre solía están estar Albus y Orión, nada, ni alma. ¿Dónde estaban todos? ¿Y Potter? ¿Habrá logrado sacar a todos su hijos a jugar al jardín? No, entonces no habría tanto silencio. Seguramente estaba con las niñas de la familia, Harry disfrutaba mucho jugar con ellas.
En la habitación de Lily no había nadie. Cuando probó en la habitación de Cassie fue ahí donde se sorprendió de encontrar a todos sus hijos y su esposo.
—La cena está lis... ¿Qué está pasando aquí? Harry qué...
Harry y todos sus hijos se encontraban en el suelo de la habitación, amarrados y la mayoría de ellos amordazados. Scorpius quién era el único sin cinta en la boca le respondió.
—Jugamos Guerreras del amazonas, nosotros somos prisioneros porque en el amazonas las mujeres gobiernan.
Draco no entendía de dónde sus hijas sacaron tal idea —Lily, Cassie ¿por qué los tienen amordazados? Entiendo por qué son prisioneros... pero ¿por qué juegan así?
—Papá es un buen prisionero, siempre jugamos así con él, luego vino Scorp y se ofreció a traernos más prisioneros. No los lastimamos, lo prometemos —contestó Lily con inocencia.
—¿Y para qué son las lanzas?
—Para que sientan miedo —dijo Cassie al mismo tiempo mientras acerba la lanza a la cara de James.
La mayor de sus hijas se acerco y lo tomo de la mano, de hecho la acariciaba. Iba a pedirle algo —. Tú también eres hombre ¿quieres ser nuestro prisionero? Si eres voluntario no te pondremos cinta en la boca —Lily intentó convencerlo.
El único rubio entre sus hijos hizo un ruido con la garganta que no identifico y habló —. Guerrera tres, quiero comer.
Cassie sacó una galleta de las cajas que habían llegado esa mañana y se la dio a Scorpius en la boca. Las galletas eran un regalo de Molly Weasley, mandaba dos cajas para cada una casi cada semana, con la excusa de que las niñas necesitaban bocadillos para jugar al té. Ella no sabía que sus niñas jugaban a todo menos a tomar el té. No las culpaba. Crecieron entre hombres, probablemente solo Ginny Weasley las entendía.
Albus levantó uno de sus pies. Y Lily corrió por otros galleta, quitó la cinta de la boca de su hermano y lo alimentó. Ya entendía por qué todos estaban ahí sin quejarse o intentar gritar. Sus hijos y marido básicamente se sentaban a ser alimentados con las ricas galletas sin tener que decir palabra.
—Esta bien, seré prisionero voluntario, pero con la condición de que me sienten con mi esposo y que le quiten la cinta de la boca.
Ambas niñas se miraron a distancia y hablaron al mismo tiempo —. Aceptamos.
Ambas niñas desamarraron a Harry y le quitaron la cinta de la boca.
—Hola amor —saludó Harry con culpabilidad.
—Hola, ahora entiendo por qué a veces no tienes hambre en la cena.
El ojiverde se encogió de hambros mientras le estiraba la mano a Draco —. Me atrapaste.
Draco se acercó y se sentó entre las piernas de su esposo quien lo rodeó con los brazos y Lily los envolvió a ambos juntos con la cuerda.
—Guerrera tres, tengo hambre.
Cassie sacó una galleta más y se la dio a Draco en la boca. Al menos ya no tendría que cocinar la cena cuando las guerreras del amazonas estuvieran de turno.
🌴🌴
Cuando los Granger-Weasley pisaron la sala de GP junto con sus pequeños Rose y Hugo no se imaginaron que encontrarían la cena sin tocar en la cocina y casi completo silencio.
—¿Harry? ¿Draco? ¿Están en casa? —Hermione intento alzar la voz sin gritar.
—En el cuarto de Cassie —se escucho lo que parecía ser la voz de Harry.
Los niños se apresuraron a subir al encuentro con los que consideraban sus primos. Al subir no imaginaban lo que verían. Años y años en el mundo mágico, habían visto de todo, pero jamás a toda una familia siendo secuestrada por sus dos miembros menores.
Ron frunció el ceño antes de cuestionar la situación —Rose y Hugo querían venir a jugar, pero... ¿qué están haciendo?
—Somos prisioneros de las Guerreras del amazonas. Es divertido —dijo Harry, quien acaba de tragar un pedazo de galleta.
Lily soltó su lanza y se acerco a la mayor de los Granger-Weasley —¿Rose, quieres ser la guerrera numero dos? Cassie todavía no entiende que ella no puede ser la guerrera numero tres porque solo somos dos, pero tú puedes ser la numero dos, y la tia Mione puede ser la numero cuatro. Tenemos pastelillos para nosotras.
Rose dio un recorrido con la mirada a todos los prisioneros que ambas niñas ya tenían. Sostenía sus dos cajas con ambas manos —. Yo quería jugar a que era la hora del te, no sé como se juega eso que dices Lily.
Cassie se acercó a Rose para ayudarla con sus cajas y déjaselas junto a las de ellas —.Es fácil, solo cuidas que no se vayan los prisioneros, y los alimentas. Si la abuela Molly te mandó galletas, esas son para los prisioneros, nosotras comemos los pastelitos.
Todos sus hermanos hicieron sonidos de indignación —. Lily, no dijiste que tenías pastelitos, las aletas son envíales pero tambien quiero uno de esos —replicó Scorpius.
—¡No! Son sólo para las guerreras —dijo Cassi con enfado.
—¿Entonces solo se sientan a comer galletas? —preguntó Hermione quien seguía parada en el umbral de la puerta.
—Y te las dan en la boca, a veces tambien nos dan algo de leche —respondió Harry.
—Yo juego —y dicho eso, Ron se sentó justo detrás de Harry.
—Otro prisionero. Guerrera numero tres, ate al prisionero —ordenó Lily.
—Ya no tenemos sogas —respondió Cassi con tristeza. Luego su carita se iluminó —, pero tenemos lianas de la selva —y procedió sacar de su caja de juguetes lianas de plástico con las que enredo sin mucho éxito a Ron.
—Tío Ron tienes que avisarle a las guerreras que quieres comer —le recomendó Scorpius.
Ron se aguantó las ganas de reírse antes de dirigirse a las dos pequeñas niñas —. Guerreras no pueden dejar a su nuevo prisionero con hambre, eso es inhumano.
Lily tomo una galleta, se acercó a su tío y dejó que Ron la mordiera. Cuando el pelirrojo hizo cara de satisfacción por el sabor de las galletas de su madre Hugo se sentó a su lado. Hermione y Rose se miraron una a la otra.
—Bueno yo si quiero jugar —admitió la pequeña pelirroja.
Hermione suspiro con resignación —. Bien, sere la guerrera numero cuatro.
—¡Ya somos muchas mas guerreras del amazonas! —gritó Lily mientras Rose alimentaba a Hugo.
Todos los adultos rieron. Y James pensaba que al ser mayoría de hombres, las pequeñas niñas de la familia harían lo que ellos dijeran, que equivocado estaba.
Un típico día para la familia Potter-Malfoy.
