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Deep blue, but you painted me golden

Summary:

Después de ser mordido por un hombre lobo, Harry desaparece del mundo mágico. No esperaba encontrarse nuevamente con Malfoy después de siete años, mucho menos que el amor floreciera entre ellos.
Y entonces todos lo descubren.

Notes:

Este mini fic es un regalo de para una persona maravillosa, muchas gracias por, básicamente, existir <3 Te deseo lo mejor hoy y siempre, te mando un abrazo a la distancia ): ¡Feliz cumpleaños! Te quiero muchísimo!! <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando Hermione sugirió que se mudara, Harry había estado renuente. 

Después de casi cinco meses del ataque ya se había acostumbrado a no salir de Grimmauld Place y estaba realmente bien con eso. 

¿Cuál era el sentido de mudarse a Francia?

Claro, Hermione había mencionado que eso le ayudaría a sobrellevar la situación y a dejar de aislarse, dado que el lugar donde iría sería muggle y podría comenzar a salir sin ser abordado por la prensa o fanáticos locos. Ron, como buen esposo, había estado de acuerdo con ella, aunque no consideraba necesario que Harry tuviera que irse a otro país . Después de una mirada penetrante por parte de su esposa, se corrigió a sí mismo y se encaminó a buscar las cosas de Harry para armar la maleta. 

Fue así como Harry terminó en un pequeño pueblo muggle en Francia.

El lugar era hermoso a la vista, los vecinos eran agradables y su nuevo hogar era cómodo. Rápidamente Harry se adaptó a su nueva vida, a pesar de las molestias de su actual condición. 

Ron y Hermione lo visitaban cada luna llena para ayudarlo en lo que necesitará. Harry estaba demasiado agradecido con ellos por esta nueva libertad lejos de los prejuicios y las miradas de decepción. 

Todo iba de maravilla. Su día era una mezcla de caminatas largas, cuidar su jardín, leer algún libro de la lista de recomendaciones de Hermione, responder las cartas de Luna sobre sus expediciones con Rolf, preparar la comida y empezar a aprender sobre repostería.

Sin embargo, Harry, conociendo lo mala que podía ser su suerte, debió ser más cuidadoso.

‧₊˚✩彡

—¿Es usted Harry Potter? ¡Se parece demasiado! Oh, espere, déjeme ver —la mujer se acercó a Harry con ímpetu tratando de ver más allá de la sudadera con capucha que lo cubría—. ¡Es usted, señor Potter! Tiene la cicatriz por la maldición asesina y aparte…

Harry se alejó abruptamente, tomando a la mujer de la muñeca para detener su avance. Tal vez por el nerviosismo recorriendo su cuerpo no calculó su fuerza y la soltó cuando la mujer emitió un sonido quejoso.

Después, trató de huir.

En ninguna de las veces anteriores en las cuales visitó la panadería cerca de casa fue reconocido. Harry no entendía cómo alguien pudo reconocerlo. Había sido tan descuidado. Era completamente su culpa.

No debió confiarse. Tampoco debió ser tan ingenuo al creer que la mujer lo dejaría ir. 

Con pasos apresurados tomó el camino de regreso a casa, ni siquiera había tenido tiempo de comprar algo para desayunar y la sensación de vacío en su estómago se acentuo. Faltaban un par de días para la luna llena, pero Harry sentía la misma ansiedad que cuando faltaban horas para su transformación. 

La voz de la mujer que lo seguía se convirtió en un murmullo comparado con el zumbido en los oídos.

Harry apresuró el paso aún más. Dobló por una calle lateral, luego otra. Pero ella lo seguía. La voz de la mujer llamándolo por su nombre lo alcanzaba como un eco, como si empezara a gritarlo sin importar la discreción. La gente volteaba a mirar.

El corazón de Harry martillaba contra sus costillas. Tenía que salir de ahí. Había huido de Londres para esto, para no ser mirado con extrañeza, como un raro.

Fue entonces que sintió una mano en su brazo.

Antes de que pudiera reaccionar, fue arrastrado dentro de una casa. Harry tropezó ligeramente hacia atrás, hasta que su espalda chocó con el pecho de quien lo había tironeado.

Harry giró con violencia, sacando la varita por reflejo, pero una voz familiar lo detuvo en seco.

—No me ataques, Potter. No sería muy cortés de tu parte, aunque admito que me lo merezco un poco.

Malfoy.

Era Draco Malfoy.

Alto, delgado, con la piel perfecta y una elegancia natural que Harry encontró irritantemente atractiva. Llevaba ropa muggle, específicamente una camisa negra y unos pantalones bien entallados. Harry, en cambio, se sintió como una versión deprimente de sí mismo: sudadera arrugada, jeans viejos, barba a medio crecer, una nueva cicatriz en el lado derecho de su rostro. También había crecido y era casi tan alto como su ex némesis, pero en ese momento se sentía fuera de lugar.

Harry retrocedió instintivamente. Habían pasado años sin verlo. Años sin pensar siquiera que volvería a cruzarse con él, y ahora lo tenía enfrente. Y lo miraba con una mezcla de cautela y, para su sorpresa, comprensión. 

—¿Qué… qué haces aquí? —preguntó Harry, con la varita aún temblando en la mano.

—Vivo aquí —respondió Draco con tranquilidad, levantando las manos, mostrándole el lugar y que no tenía su varita a la mano—. Estamos a unas cuadras de tu casa. Y, bueno… supongo que ahora también trabajo para ti.

Harry lo miró confundido.

—Granger me contactó. Me dijo que necesitaba un pocionista de confianza.

—No sabía que ella confiara en ti…

—Yo tampoco lo esperaría, pero firmé un contrato vinculante y es bueno que vivamos en el mismo barrio—dijo Draco con una pequeña sonrisa ladeada asomando en sus labios—. No te preocupes, no tienes que fingir que no estás incómodo. Sé que no esperabas verme.

Harry bajó la varita, muy despacio. Aún tenía conflictos en confiar por completo en Malfoy. Había algo de dolor y temor al verse expuesto. No había sido el mismo desde el accidente.

—No es eso. Es solo que… han pasado muchas cosas.

—Lo sé —asintió Draco, sin burla—. No tienes que tener miedo, Potter. Ya no soy idiota como antes.

—¿En serio vas a… ayudarme? —preguntó con voz baja.

Draco dio un paso más cerca. 

—Justo ahora acabo de salvarte de una fanática loca, ¿tú qué crees?

Harry lo miró, todavía a la defensiva, pero algo en su interior empezó a ceder.

—Sí aún no estás seguro, entonces anda, vamos a desayunar —propuso Draco, indicándole a Harry que avanzara dentro de su casa.

Por un instante Harry quiso negarse, pero su estómago vacío estaba de acuerdo con la propuesta y siguió a Malfoy.

‧₊˚✩彡

A partir de ese encuentro, los días de Harry comenzaron a estar repletos de Malfoy. 

Al principio, Malfoy aparecía con la excusa de revisar que las dosis de pociones hicieran efecto adecuado. 

Después, empezó a aparecer en la casa de Harry con algún plato de comida o postre.

—Me mudé y no tengo elfos, ¿recuerdas? —decía, entrando sin esperar invitación—. Vine aquí no por generoso, sino que hice demasiado para mi.

Harry no lo creía. No cuando la pasta estaba hecha exactamente de la forma en que le gustaba o cuando las galletas estaban decoradas de forma casi perfecta, pero no se atrevía a señalarlo. Los días eran más tranquilos cuando Malfoy aparecía en su puerta.

A veces se quedaban charlando en el pequeño comedor y otras estaban en el jardín. Aunque realmente no había muchos temas de conversación, Harry se negaba a dejar ir a Malfoy y Malfoy se negaba a irse. 

Entonces, un día Harry compró una televisión con la esperanza de poder tener más tiempo al lado de Malfoy y poder hablar más sobre los programas o películas. Fue una decisión acertada dado que Malfoy se convirtió en Draco y comenzó a visitarlo a diario.

También Harry comenzó a visitar a Draco. Especialmente disfrutaba de verlo trabajar en su laboratorio. Se notaba que Draco amaba su trabajo, lo hacía con precisión y dedicación. A Harry le gustaba observar y observar. Este Draco era especial.

‧₊˚✩彡

Cuando se acercaban los días peligrosos , Harry se alejaba. No quería que Draco lo viera así, entonces fingía no estar en casa y no contestaba las cartas que aparecían debajo de su puerta. 

Pero a pesar de todo eso, Draco comenzó a ir todos los días después de la luna llena. Llegaba al amanecer del día siguiente. Ron era quien lo recibía y Draco subía en silencio hasta el dormitorio. Allí curaba sus heridas con manos firmes y cuidadosas. Harry no decía nada, simplemente se dejaba cuidar.

Una noche, después de una luna especialmente difícil, Ron y Hermione decidieron ayudar a Draco cuando sanaba las heridas de Harry. Había sido agradable tener a sus personas favoritas a su lado, pero no fue tan divertido cuando Draco salió de la habitación y Hermione levantó una ceja mientras Ron preguntaba qué tan cerca estaba de Draco actualmente. Harry los ignoró y cerró los ojos para fingir dormir, pero no pudo evitar la calidez que invadió su pecho al pensar en que Draco seguiría más tarde a su lado.

A partir de la siguiente luna llena, Harry permitió que Draco se uniera a Ron y Hermione para cuidarlo durante la transformación.

‧₊˚✩彡

Pasaron los días. Luego las semanas. 

Una noche, mientras Draco estaba lavando los trastes y Harry secándolos, empezó una canción en la radio que Draco reconoció al instante.

Draco se giró, con una sonrisa casi imperceptible.

—Quiero bailar —dijo de pronto, extendiendo la mano—. Vamos, Potter. No seas cobarde.

Harry soltó el trapo y lo miró con incredulidad.

—¿En serio?

—¿Temes pisar mis pies?

—Temo muchas cosas —murmuró Harry, pero le tomó la mano de todos modos.

Draco lo jaló suavemente. Se movieron torpemente al principio, chocando entre ellos y riéndose entre dientes. Pero luego se dejaron llevar. 

Y sin pensar, Harry se inclinó y lo besó. Fue un beso breve, inseguro. Apenas se separaron, el arrepentimiento cayó en Harry.

—Lo siento, no debí-

Draco lo interrumpió besándolo de nuevo. Esta vez con seguridad, anhelo y fiereza. Cuando se separaron, sus labios aún rozando los de Harry, susurró: —Llévame a tu cuarto.

Y Harry lo hizo. No podía negarse a tal petición.

‧₊˚✩彡 

Era un hecho que Harry no tuvo demasiadas parejas, sin embargo, definitivamente nunca se había sentido tan feliz de estar en una relación hasta que Draco y él formalizaron.

A partir del primer beso y algo más que compartieron juntos, Draco no le quitaba las manos de encima a Harry. No era una queja ni mucho menos, simplemente era enloquecedor cómo Draco siempre parecía entusiasmado de poder tocar a Harry. 

Y Harry, después de haber sido mordido, nuevamente se sentía complacido con su cuerpo. Draco se había encargado de hacer sentir bien a Harry al besar incontables veces la cicatriz en su rostro, aquella cicatriz ubicada en el lado derecho de su rostro, aquella cicatriz que Harry maldijo decenas de veces porque era el recordatorio visible de que era alguien diferente. 

Por su parte, Harry también se encargó de adorar cada parte de Draco. Cuando vio las cicatrices en el pecho de Draco, quiso pedirle perdón de rodillas, pero Draco no lo permitió.

Draco le recordó que, en el pasado, ambos se habían lastimado demasiado, pero que ahora tenían una nueva oportunidad y que no había nadie en el mundo que pudiera detenerlo.

‧₊˚✩彡

Harry sabía que la opresión que sentía en su pecho desde hace semanas era el indicador de que algo malo sucedería pronto. 

Draco le dijo que no pasaría nada, Hermione comentó que no había motivo alguno para temer y Ron le dio la razón a su esposa.

Sin embargo, Harry no estaba equivocado. 

El día había comenzado normal. Draco lo besó en la mejilla mientras le decía que era momento de levantarse. Harry, como todas las mañanas, se aferró a la cintura de su novio y pidió dormir cinco minutos más. Draco siempre aceptaba. 

Posteriormente, Harry bajó a preparar el desayuno mientras Draco se dirigía a su oficina para verificar el envío de los lotes de pociones para San Mungo. Recientemente Hermione lo habia recomendado como pocionista y ahora se encargaba de la producción de las pociones necesarias para el hospital, era un avance para su carrera y Harry estaba orgulloso de ello.

Así fue cómo lo encontró Harry.

Draco estaba acomodando los lotes, murmurando la canción francesa que había sonado en la radio la noche anterior cuando compartieron una copa de vino antes de dormir.

—Ahí estás —dijo Draco—. ¿Podrías revisar la carta de Hermione, por favor, cariño? Creo llegó ayer.

Harry asintió con la cabeza y tomó la carta de su mejor amiga.

La sensación de malestar que sentía desde hace tiempo se acentuó cuando leyó el breve mensaje de Hermione.

“Chicos, Ron y yo hablamos al respecto y consideramos importante avisarles que El Profeta ha publicado un artículo sobre ustedes. Más allá de palabras maliciosas y teorías sobre su relación no tienen nada de información, así que no se preocupen. Yo me encargaré de que Skeeter no vuelva a hablar.

Con cariño, Hermione.”

—¿Hugo hizo alguna travesura? —preguntó Draco divertido, pero su semblante cambió cuándo notó que Harry permanecía inmóvil con la mirada fija en la carta—. ¿Harry? ¿Pasa algo?

Harry no respondió, simplemente le dio a Draco la edición del Profeta del día anterior.

En primera plana estaba una foto de ellos durante sus vacaciones en Italia la semana pasada. Ambos estaban almorzando en un balcón, la felicidad era visible en ambos. Sin embargo, contrario a la foto, el título sembrada malicia:

《EL ELEGIDO Y EL MORTIFAGO: ¿ROMANCE O MANIPULACIÓN?》

Draco hojeó el artículo con rapidez, sus ojos recorriendo las palabras llenas de insinuaciones crueles. Sin decir nada, lo arrugó y lo lanzó directamente al cesto de basura.

—Idiotas —murmuró con frialdad—. No valen la pena, son como buitres hambrientos. Saben que necesitan inventar algo para que la gente los siga leyendo.

Harry no respondió, se limitó a ayudar a Draco con los últimos lotes y posteriormente bajaron a desayunar.

Draco comenzó a desayunar con aparente tranquilidad, pero Harry podía ver a través de él y sabía que su novio estaba demasiado molesto casi a punto de explotar. Por su parte, a Harry la molestia y la tristeza lo inundaron, ya no tenía apetito, aunque se obligó a comer un poco para no preocupar a Draco.

Después de varios minutos en silencio un poco incómodo, Draco se levantó con aparente normalidad.

—Será mejor que vaya a dejar los lotes a la paquetería, no tardare.

Harry asintió sin mirarlo. La puerta se cerró y el silencio lo envolvió.

Pasaron varios minutos antes de que, impulsado por algo que no quería nombrar, se levantó, volvió a la oficina, recuperó el periódico arrugado y comenzó a leer con detenimiento. 

Draco tenía razón, eran unos imbéciles.

"¿Y si Malfoy solo lo está utilizando para limpiar su imagen?"

"¿No es Potter un hombre lobo ahora? ¿Quién en su sano juicio saldría con alguien así?"

"No olvidemos que los mortífagos saben manipular."

“Apuesto que como hombre lobo no puede controlarse y Malfoy tarde o temprano saldrá herido”.

Poco a poco, contrario a lo que Draco dijo, Harry comenzó a pensar en que ellos podrían tener razón. Claro que se había adaptado a su nueva condición y con el apoyo que había tenido desde el inicio fue aceptándose a sí mismo. Pero la verdad era qué cada palabra dolía más que la anterior. ¿Quién le aseguraba que nunca lastimaría a Draco? ¿Y qué haría si un fan loco los encuentra y busca dañar a Draco? ¿Podría evitarlo? ¿Draco lo odiaría? 

Harry odiaba pensar demasiado, pero eso fue lo que hizo hasta que Draco llegó. 

‧₊˚✩彡

Una hora después, Draco regresó con una pequeña bolsa de plástico en la mano.

—Pasé por la heladería que te gusta y traje un poco de helado para ambos.

Harry lo miró, de pie en la cocina, con el periódico aún sobre la mesa.

—Tenemos que terminar, Draco.

El silencio cayó de golpe, Draco no frunció el ceño ni hizo preguntas. Solo lo miró.

—No puedo permitir que te hagan esto —siguió Harry—. Te están atacando por estar conmigo y no lo mereces, por años te esforzaste para salir adelante, no deberías arriesgar todo por mi. No quiero que vuelvas a salir a la calle con miedo de lo que puedan decir. Creen que podría hacerte daño, que soy un peligro. Y tal vez...

—No —interrumpió Draco con calma. Se acercó al congelador y guardó el helado como si Harry no hubiera dicho nada importante.

—Draco... —intentó Harry, frustrado.

—Dije que no —repitió él, sin alzar la voz—. No vamos a terminar porque un montón de cobardes que se hacen llamar periodistas creen tener derecho a juzgar algo que ni entienden ni les pertenece.

Harry tragó saliva, buscando las palabras adecuadas. 

—Solo quiero protegerte.

—¿Y quién te protege a ti? —preguntó Draco, más bajo, más dolido que molesto—. ¿Quién te dice que no mereces esto? Porque lo mereces, Harry. Mereces una vida tranquila a mi lado, merecemos esto. Déjame protegerte, amarte y estar para ti. Sé que harás lo mismo por mi.

Draco se acercó y Harry lo dejó porque era débil a su toque. Cuando Draco acarició su rostro, Harry quiso pedirle que nunca dejará de hacerlo, pero tenía que ser firme en su decisión. 

—No me vas a perder solo porque otros no soportan ver que somos felices.

Y luego, cuando Harry estaba a punto de protestar, Draco salió de la cocina y se dirigió a su oficina.

‧₊˚✩彡

Harry había tratado de actuar normal, pero la verdad era qué parecía más una sombra de sí mismo que solo vagaba por la casa. No ayudaba que faltaba una semana para la luna llena.

Quería decirle a Draco algo, pero no sabía qué. Si bien la firmeza de Draco lo sorprendió e hizo que su corazón se calentara, aún persistía en su cabeza la idea de que Draco no tendría ni un día de paz a su lado. Harry quería que Draco comprendiera eso.

Draco, por su parte, trataba a Harry con normalidad y trataba de entenderlo, pero Harry sabía que Draco también estaba librando su propio caos interior. 

 —Harry —dijo finalmente, en la mañana del tercer día—. Creo que… creo que necesitamos estar solos un momento.

Harry alzó la vista de la revista de quidditch qué estaba leyendo.

—¿Te vas? —preguntó con un tono de voz bajo, el miedo comenzó a fluir en él.

—Solo un par de días —respondió Draco—. De igual forma lo hago porque tengo trabajo que realizar, volveré antes de la luna llena.

Y Harry no pudo decir nada. No pudo formular aquellas palabras que le pedían acompañar a Draco. En teoría, no era una ruptura. Aún no. Draco había sido firme en seguir con su relación, pero el silencio que dejó con su partida temporal dolía igual.

‧₊˚✩彡

Harry intentó distraerse. Salió a correr, limpió la alacena, cuidó el jardín, preparó un postre. Sin embargo, no importaba que estuviera haciendo, su mente regresaba siempre a Draco.

Esa tarde, se sentó frente a la chimenea y, mirando el fuego, por primera vez se permitió decirlo, aunque fuera en voz baja y a nadie en particular 

—Lo amo.

Habían pasado nueve meses desde que se reencontró con Draco y cinco meses desde que comenzaron una relación. 

Lo amaba. 

Amaba a Draco con el cansancio de quien ha visto lo peor del mundo y aún elige quedarse. Con la calma de quien encuentra un refugio en medio de la tormenta. 

Harry siempre había visto la vida con tonalidades de azul profundo, pero Draco llegó a cambiar eso con su sonrisa burlona y sus manos escurridizas. Draco era radiante y poco a poco comenzó a cambiar la vida de Harry. Cada parte de Draco eran pizcas de color dorado que llenaron la vida de Harry de un nuevo esplendor, de un nuevo comienzo.

El Harry de antes no creería que su yo de veinticinco años amaba a Draco. Su versión adolescente odiaba a Malfoy con todo su ser. El Harry después de la mordedura temía ser un peligro, pensaba que no merecía nada más que soledad. 

Pero el Harry de ahora... el Harry de ahora estaba dispuesto a luchar por su relación. Por Draco, por todo lo que habían construido.

Entonces Harry se levantó decidido del sofá, iba a buscar a Draco. 

No importaba si eran las once de la noche, si ya estaba cansado, si aún no tenía las palabras adecuadas. Le bastaba con llegar y decirle a Draco que lo eligió, que eligió su relación por encima de lo que opinara la gente.

Harry fue hacia la puerta y tomó su abrigo con torpeza. Estaba a punto de girar la perilla cuando la puerta se abrió desde el otro lado.

Draco.

Estaba empapado por la lluvia, con el cabello pegado a la frente, los labios temblando y los ojos brillando como si hubiera corrido todo el camino hasta allí.

Y sin pensarlo, sin decir ni una palabra, Draco se lanzó a sus brazos.

—Lo siento —murmuró contra su pecho, aferrándose a su cuerpo como si el mundo pudiera separarlos en cualquier momento—. Fui un idiota, no debí irme así. 

Harry lo abrazó con fuerza. Lo sintió, vivo y tibio contra su cuerpo, y le acarició el pelo mojado con ternura.

—No —susurró Harry—. Lo más tonto fue lo que yo dije. ¿Cómo podría romper lo nuestro?

Draco levantó el rostro con una expresión vulnerable y su aliento entrecortado. 

—Prométeme que no volverás a decir eso. Nunca más.

Harry asintió. Y lo besó.

Fue un beso desesperado, húmedo por la lluvia y torpe por la necesidad de sentirse uno mismo.

Un beso que sabía a reencuentro, que sabía a hogar. 

Harry tenía la certeza de que el mundo entero podía irse a la mierda, nunca dejaría a Draco. Nunca.

‧₊˚✩彡

Habían pasado al menos dos meses desde que El Profeta publicó sobre su relación cuando decidieron volver a Gran Bretaña y contarle a su familia y amigos al respecto.

Sin embargo, su relación era demasiado privada. Se amaban casi en secreto en la comodidad del nuevo apartamento que rentaron para vivir juntos.

Nadie podía ver cómo Draco pasaba los dedos por su espalda cuando creía que Harry dormía o cuando Harry le colocaba una manta a Draco cuando se quedaba dormido leyendo.

Una tarde, mientras Harry cocinaba, Draco entró solo con una camiseta de Harry como ropa. Lo abrazó por la espalda, apoyó la mejilla en su hombro y murmuró:

—Baila conmigo.

Harry soltó el cuchillo y sonrió.

—Estoy cocinando, cariño.

—Y yo estoy teniendo un impulso romántico. Anda, antes de que se me pase.

Eso era mentira. Draco siempre le pedía bailar mientras la radio sonaba de fondo y estaban cocinando o limpiando. Era algo común en ellos.

Cuando comenzaron a bailar, Harry pensó, como lo hacía a menudo últimamente, que podría pasar toda su vida así. 

Harry observó a Draco y pensó en que podría pasar el resto de su vida con él y no sería suficiente.

Notes:

Posiblemente debí empezar a escribir este fic hace muchoooo, pero por varias cuestiones tuve que escribir en tiempo record /: Igual espero que sea agradable de leer, he dejado de hacer esto por un tiempo y borre cualquier avance al menos cuatro veces /: