Actions

Work Header

SOLO LEVELING:El grito de los que no murieron

Summary:

Porque mientras la mayoría estaban ocupados luchando contra monstruos...ellos lo estaban luchando contra Humanos.
Cuando le das más poder al poder las cosas tienen a salir mal
Cuando la guerra terminó, la mayoría celebró. Otros simplemente... sobrevivieron.
Ximena fue una de las figuras clave en la liberación de Latinoamérica, una cazadora de rango S que enfrentó más humanos que monstruos, y que, incluso después de la paz, continuó luchando contra las grietas que amenazaban con devorar lo poco que quedaba.
Ahora, enviada a Corea del Sur para un descanso forzado
Lejos del frente de batalla, en una tierra donde las mazmorras aún hierven y donde los cazadores tienen su propia jerarquía, deberá aprender a vivir en un mundo que no necesita salvar
Pero las cicatrices no siempre se ven. Y a veces, el enemigo más persistente no viene del otro lado de una grieta, sino de la memoria.

obra de ficción basada en el universo de Solo Leveling, creado por Chugong. Todos los personajes y conceptos originales del universo de Solo Leveling pertenecen a sus respectivos creadores y titulares de derechos. Esta historia es un trabajo de fanfiction sin fines de lucro y no busca infringir los derechos de autor

Chapter Text

Capitulo Uno-Después del rugido

El aire aún olía a sangre quemada y piedra pulverizada.
La grieta clase A en las afueras de Guatemala acababa de cerrarse, dejando tras de sí un silencio tan denso como el sudor que le cubría el rostro.

Ximena respiraba profundo. No por agotamiento. Era costumbre. Un reflejo más que le recordaba que seguía viva.

Mientras caminaba hacia la carretera, el viento agitó su abrigo cubierto de ceniza. La espada aún colgaba en su espalda, templada por el último combate. No había muchos cazadores que enfrentaran solos una grieta clase A. Ella lo había hecho en menos de una hora.

Subió al transporte sin mediar palabra. El conductor la saludó con un “gracias por tu trabajo”, pero ella solo asintió. Ya no sabía cómo sonar amable. O tal vez había olvidado que podía serlo.

El camino a la ciudad era largo. Más aún cuando los pensamientos volvían.

En otro tiempo, esa ruta estaba llena de puestos de control, barricadas improvisadas, cuerpos cubiertos con mantas de colores. Ahora había niños corriendo en los campos de cultivo.
Sonrió, apenas.
Era una victoria.

—¿Quieres que encienda la radio? —preguntó el conductor.
—No hace falta.

Un zumbido de estática flotó en el ambiente. La cúpula del cuartel de cazadores ya se veía a lo lejos. Su destino.

Al entrar en la oficina, fue recibida por el mismo escritorio de siempre, la misma recepcionista medio dormida y la misma pila de reportes de actividad mágica.

—¿Otra vez sola? —preguntó la chica con una sonrisa cansada.
—Otra vez.

La puerta al fondo se abrió de golpe.

—¡Ximena! Al fin llegas —dijo una voz grave. Era Miguel, uno de los viejos compañeros de la guerra. Su brazo izquierdo seguía siendo una prótesis de obsidiana y runas, regalo de la victoria.

Él no sonreía. No cuando hablaba con ella.

—Te estuve esperando.
—¿Una nueva grieta?

Miguel negó con la cabeza y le tendió un sobre sellado.
—No. Es tu carta de descanso.
—¿Descanso?

—Ya hiciste más que suficiente. Si sigues así, el país entero va a esperar que los salves cada vez. Y no deberías tener que hacerlo.
Ximena bajó la mirada.

—¿Y a dónde se supone que debo ir?

—A Corea. Contactamos a la Asociación. Te recibirán allá por un tiempo. Ya tienen experiencia con cazadores de alto rango. Podrás entrenar, descansar… vivir.

Ximena apretó los labios.
Vivir.
¿Qué se suponía que significaba eso ahora?

Miguel la miró con una mezcla de respeto y preocupación. No mencionó la noche en que la encontró en silencio, frente a la tumba sin nombre del teletransportador. Tampoco habló de los sueños agitados ni del entrenamiento sin pausas. Él entendía.

—Está bien —dijo ella al fin. Guardó el sobre sin abrirlo—. Iré.

Miguel sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Te lo ganaste.

 

Y así, sin ceremonia ni gloria, la cazadora de los campos rotos del sur se marchó hacia una tierra ajena.
No en busca de enemigos.
Sino de sí misma.

 

(°)
Capitulo Uno con sabor a prólogo,ñam ñam

No di mucha información,ya saben,se vuelve pesado todo de golpe ,¿Verdad?

Chapter 2: Capítulo 2 - Dulce promesa

Summary:

La ruptura de mazmorra en la escuela de la hermana del cazador Sung Jin Woo

(Aproximadamente abarca los capítulos 118-120 del Manhwa )

Chapter Text

El vehículo serpenteaba por Seúl como si no existiera el caos del mundo. A su lado, edificios brillaban como torres de vidrio; gente elegante cruzaba la calle en orden, sin necesidad de escoltas ni verificación mágica. Solo vida normal.

El conductor, al principio, intentó hablarle.

—¿Primera vez en Corea?

—Ajá.

—¿Vacaciones?

—Algo así.

La voz del chofer se perdió tras la ventanilla.

Ximena bajó en el apartamento que habían arreglado para ella. Subió las escaleras, abrió la puerta.
Interior sencillo. Sofá, televisión, cocina minimalista, dormitorio, balcón.

Silencio. Demasiado.

Colocó su mochila sobre el sofá. No tenía mucho. Armas personales selladas, ropa de civil, su cuaderno… y una vieja foto. Ella, Raúl, y cuatro más, en un campamento improvisado, cubiertos de sangre seca, sonriendo como idiotas.

—Técnicamente estoy de descanso —se dijo a sí misma, dejando caer la cabeza hacia atrás—. ¿Y ahora qué?

El cielo sobre Seúl estaba despejado, como si nada pudiera alterar su quietud de mediodía. El bullicio de la ciudad, los pasos cruzados de ejecutivos, estudiantes y turistas flotaban en el aire con una normalidad que resultaba ajena. Ximena observó por la ventana del apartamento alquilado cómo el viento agitaba los toldos de los negocios. Respiró profundo.

Habían pasado cuatro días desde su llegada a Corea del Sur. Cuatro días sin patrullar, sin escuchar gritos, sin sangre en los dedos. Y aún así, el silencio le pesaba más que la alarma de una grieta activa.

Había salido esa mañana por una sola razón: dulces.

—No me lo vas a creer —había dicho Raúl entre risas amargas mientras limpiaba sangre de su abrigo, hace un par de años atrás—, pero siempre quise visitar Corea por sus tiendas de dulces. ¿Te imaginas? Morir sin probar esos pastelitos ridículos con forma de oso.

Ella no se rió. Solo lo miró de reojo, como solía hacer. No hacía falta decirle que no dijera tonterías. Ya lo sabía.

Ahora caminaba sola por una calle estrecha, con una bolsa de papel medio arrugada en las manos. Macarons de colores chillones, galletas con caras de dibujos, dulces de arroz con azúcar. Todo lo que a Raúl le habría gustado probar.

—Al final llegaste… —susurró, como si él pudiera oírla desde alguna parte del mundo o de su memoria.

Y entonces lo sintió.

Una sacudida apenas perceptible, pero que caló hasta la columna. Como una ola invisible que despeinaba el aire. El maná del entorno vibró, cambió de densidad. La gente a su alrededor no notó nada, pero los cazadores sensibles… sí. Un crujido en el tejido mismo de la realidad.

Ximena se giró instintivamente hacia el norte. Una presión se acumulaba en el pecho, casi como si alguien estuviera tirando de ella por una cuerda invisible. Una grieta… no, una ruptura. Una fuerte. Muy cerca.

Abrió su celular, buscó el canal de alertas mágicas. Silencio. ¿Aún no era oficial?

—Mierda —masculló. Apretó la bolsa con dulces. Los macarons temblaron.

Y entonces, como un presagio, vio una figura correr por la acera opuesta, uniformada: una estudiante. Más allá, otras. El rumor de una sirena comenzó a llenar el aire.

Sus pasos comenzaron a moverse por reflejo. Sin pensarlo. No había plan, no había equipo. Solo ella.

Solo una promesa.

Para cuando llegó a la entrada del instituto la ruptura ya era visible a simple vista: una grieta ondulante se retorcía sobre el suelo del patio. La barrera de emergencia no se había activado aún, y ya se escuchaban los gritos de los estudiantes atrapados dentro.

El campo mágico explotó hacia afuera. Los civiles se empezaron a acercar ,incluso habían algunos cazadores de bajo rango que comenzaban a llegar, todos visiblemente nerviosos. Ninguno de ellos era Rango A o superior. Nadie se atrevía a entrar aún.

Ximena dejó la bolsa de dulces en el suelo con velocidad. Se quitó el abrigo,que estaba reforzado con magia para sellar su pesada aura de cazora,con suerte sería lo suficientemente fuerte para llamar la atención de los Orcos,dejando a la vista su uniforme reforzado, marcado con el emblema latino de defensa mágica. Algunos reconocieron el símbolo. Uno incluso retrocedió.

—¿Quién eres? —preguntó uno de los cazadores.

—La que sí va a entrar —respondió.

Y sin más palabras, corrió a la escuela.

El interior era un caos desdibujado.

El aura púrpura de la grieta lo teñía todo. Bestias retorcidas, de piel brillante y ojos sin vida, se arrastraban por los pasillos. El aire era más denso, saturado de magia podrida. Pero para ella, era familiar. El horror era rutina.

Sus manos se encendieron con energía roja mientras se deslizaba entre sombras, golpeando con fuerza física cruda, sin magia elaborada. Rodilla al rostro de una criatura; codo al cuello de otra. La sangre salpicaba, pero cada movimiento era limpio, calculado.

Una niña con uniforme escolar y una herida en la pierna temblaba cerca de las escaleras. Con un gesto, Ximena activó Latido de la Última Línea, estabilizándola.

—Aguanta —murmuró, colocándola contra la pared.

A sus espaldas, las criaturas chillaban. Ximena cerró los puños. El aire se contrajo.

Pulso Carmesí.

Una onda expansiva roja brotó de su cuerpo, como un latido brutal, mandando a volar a los enemigos cercanos y sanando a los estudiantes que alcanzaron la onda. Sus ojos brillaban. No era ira. Era enfoque.

No tardó en acabar con una buena parte de ellos , los estudiantes asustados y heridos fueron tratados con velocidad por las ondas.

—Emm…su cuerpo era de humano,apestaban,su rostro ...era horrible— Murmura con una voz temblorosa la estudiante escondida—ah,verde,la piel era verde.

Un golpe de comprensión llega a la operadora soltando el nombre de orco  cuando la bestia queda clara.

No pasa mucho tiempo antes de que la joven empiece a gritar cuando los monstruos la encuentran ,gritando que aún no quiere morir.

El dolor llega Pero pronto se detiene.

El siguiente grito no es humano ,la sangre salpica al rostro de la joven Pero al menos no es el suyo...

Una figura algo robusta estaba detrás de los Orcos , su cadena los mantenia frenados. Los grilletes los relentizaban mientras sentían el mana dejar sus cuerpos antes de que finalmente cayera muerto.

Ojo del penitente le permitió encontrar más estudiantes con vida.

Para ese momento la mitad de los estudiantes ya habían logrado salir de la escuela Pero aún no todos,tenía que ir por ellos aún.

Pronto escucho como el aire se llenaba de miedo y sangre de estudiantes. No tardó en llegar a un salón que por alguna razón había atraído la atención de los Orcos,no solo por los estudiantes.

Ella también lo sentía

Se podía sentir una fuerza mágica de una estudiante.

Habían atravesado la cabeza de un estudiante y activo nuevamente el latido de la última línea para mantenerlo vivo el tiempo suficiente para poder activar un círculo carmesí para sanar a todos los estudiantes heridos cercanos.

No les daría una muerte amable.

Aunque estaban sorprendidos no dudaron en volver hacia jin-ah ,tomándola con sus grandes brazos Pero logro con su fuerza física conectar un pulso carmesí ,canalizandolo en su puño para atravesar al orco salpicando el rostro de la joven estudiante,quien cayó para ser auxilizada por su amiga ,las ondas fueron más fuertes y Orcos que ya estaban heridos terminaron cayendo por ellas.

La zona de reverberación termino con el trabajo. Con los Orcos derrotados el jefe no fue difícil de derrotar.

Cuando se volteo hacia los estudiantes sus rostros se volvieron más pálidos debido al cuerpo ensangrentado de la cazadora ,quien solo aparto fríamente la mirada ante las miradas de miedo de los jóvenes y simplemente se fue sin decir nada luego de saber que todos estaban al menos físicamente a salvo...

Fuera del edificio, la bolsa con dulces seguía en el suelo, intacta.

Una galleta de oso asomaba por un lado, como si esperara pacientemente el fin del mundo.

(🐕)
No sé escribir acción,no sé rían glu glu glu.

Chapter Text

📺 Última hora: se confirma que la ruptura mágica registrada esta tarde en el interior de una escuela secundaria dejó múltiples heridos, aunque, milagrosamente, sin víctimas fatales.

📺 La rápida intervención de una figura aún no identificada evitó una tragedia mayor. Testigos describen a la persona como una mujer extranjera, portando un uniforme con un emblema no coreano, posiblemente latinoamericano.

📺 Hasta el momento, ni la Asociación de Cazadores ni los gremios locales han declarado relación con la operadora. Se especula que podría tratarse de una cazadora extranjera actuando por cuenta propia.

 

Jin-Ah temblaba bajo una manta térmica mientras los sanadores revisaban por tercera vez sus signos vitales. No hablaba. Solo apretaba la mano de su amiga herida, con el rostro pálido y los ojos muy abiertos, como si aún viera la silueta ensangrentada de aquella mujer atravesando a los orcos de un solo golpe.

Alguien gritó su nombre desde la distancia. Las cámaras captaron la reacción.

—¡Jin-Ah!

Un aura oscura se materializó antes de que él siquiera alcanzara al grupo de rescatistas. La temperatura descendió un par de grados.

Sung Jin-Woo había llegado tarde.

El aire aún olía a maná quemado. La sangre seguía húmeda en el suelo. Pero lo peor ya había pasado.

Jin-Ah lo recibió entre lágrimas, aferrándose a su chaqueta sin decir palabra. Él la sostuvo sin preguntas. Ya hablarían más tarde.

Los cazadores de la Asociación se acercaron con informes preliminares. La grieta se había abierto de forma irregular; los sistemas no la detectaron hasta que ya era demasiado tarde.

Una cazadora no registrada había intervenido.

—¿Rango confirmado?

—Sin identificación oficial, señor Sung.

—¿Grabaciones?

—Las cámaras sufrieron interferencias mágicas.

Sung Jin-Woo guardó silencio. Algo no encajaba. Su hermana estaba viva gracias a alguien… y ese alguien se había marchado antes de que él pudiera agradecerle —o interrogarla.

Activó sus sombras.

No dio órdenes verbales. Los soldados emergieron como grietas oscuras en el suelo, escurriéndose por cada rincón del edificio.

 

Esa noche, las sombras de Jin-Woo se desplegaron por Seúl. Infiltrándose en callejones, cruzando techos, deslizándose entre campos mágicos residenciales. Buscaban una presencia específica.

Y aunque él era el Monarca de las Sombras… no pasó desapercibido.

Ximena se despertó segundos después de que la primera sombra cruzara la pared de su apartamento.

No abrió los ojos, no aún. Solo se sentó lentamente sobre la cama.

El aire había cambiado.

No era un intruso cualquiera. Era una presencia vasta, densa como el fondo del océano, pero que se deslizaba con la delicadeza de una pluma. Una contradicción mágica.

No era un asesino.

Era un cazador.

Y la estaba buscando.

Abrió los ojos, sin moverse más.

—Puedes irte —dijo al aire, sin dureza—. Estoy demasiado cansada para jugar a los espías.

La sombra no respondió. Solo se deshizo en silencio, dejando la atmósfera tranquila una vez más.

Ximena suspiró.

—Tarde o temprano, nos vamos a encontrar —murmuró.

 

Y no tardó tanto.

La Asociación de Cazadores convocó una reunión de emergencia al día siguiente. No fue pública, pero tampoco del todo secreta. Era evidente que querían ponerle rostro al héroe anónimo. Y también, medirlo.

Ximena se presentó sin uniforme, con una blusa formal, el cabello atado y expresión neutra. Nada llamativo. Nada que delatara lo peligrosa que era.

Al entrar en la sala, varios líderes de gremio giraron la cabeza. Algunos la reconocieron de inmediato.

La sala de juntas era blanca, fría, cubierta de pantallas flotantes y barreras de seguridad mágica. Allí esperaban rostros conocidos: Choi Jong-In, Baek Yoon-Ho, y otros representantes de alto nivel.

Uno de ellos se levantó al verla entrar.

—Tú eres la cazadora extranjera que intervino.

—No pertenezco a ningún gremio, ni he firmado contrato —respondió Ximena con calma—. Pero sí, estuve allí.

Baek Yoon-Ho la observó con atención. Podía ver el maná adherido a su piel. No era reciente. Era persistente. Curación y daño al mismo tiempo. Como si su cuerpo no supiera si estaba vivo… o desmoronándose.

—¿Sabes que entraste en una grieta clase A sin autorización?

—¿Y ustedes saben que había estudiantes muriendo?

Silencio.

Choi Jong-In esbozó una leve sonrisa.

—Queremos agradecerte. Oficialmente. Y saber si estarías interesada en colaborar con nosotros. Podemos ofrecerte entrenamiento, posición, recursos…

—No vine a quedarme. Estoy de paso.

—Aun así… tu nombre.

Ximena alzó la mirada.

—Ximena.

Un escalofrío recorrió la sala. Ese nombre no era nuevo. Sonaba a viejo informe, a rumores mal enterrados.

Uno de los representantes deslizó una carpeta. Adentro, una ficha descolorida con sellos internacionales, notas dispersas y recortes de misiones antiguas.

—Nivel S. Sanadora.
Sospechosa de haber derrotado jefes de mazmorra sola.
Participante en la Guerra del Pacífico.
Estado: sin gremio. Sin país.

 

—Correcto —respondió ella, sin alzar la voz.

—Hay interés en que colabores con nosotros. O al menos, que no te muevas sin supervisión.

Ximena sonrió, apenas.

—No sabía que rescatar estudiantes se consideraba una amenaza a la seguridad nacional.

—No lo es —dijo una voz más profunda.

La puerta lateral se abrió sin previo aviso. No llevaba traje. Ni asistentes. Solo sombras, que parecían flotar alrededor de él como si fueran parte de su ser.

Sung Jin-Woo.

Sus miradas se encontraron.

Él la analizó con la serenidad de un depredador que no necesita atacar para dominar. Ella no se inmutó. Había visto cosas peores. Mucho peores.

Pero sí lo reconoció.

No por su rostro, ni por la fama.

Por su maná.

Era la energía que había buscado su firma la noche anterior.

Él también lo supo.

—Gracias —dijo él, simplemente.

Ella alzó una ceja.

—¿Por?

—Mi hermana.

No hizo falta explicar más.

Él no añadió nada. Ella no preguntó más.

El silencio volvió a asentarse en la sala antes de que otro representante retomara la conversación, nervioso. Jin-Woo ya no miraba los papeles.

Solo la miraba a ella.

Y Ximena, al salir, supo que el encuentro no había terminado.

Solo acababa de comenzar.