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El sol estaba saliendo, pintando con sus rayos las calles vacías junto con el sonido de los pájaros apenas despertando.
Mezclado con el murmullo de las personas no se hizo esperar entre los pasillos del mercado, los vendedores se encontraban limpiando, iniciando una nueva semana de venta.
Una joven de cabello corto que llevaba un vestido largo y blanco con un estampado de flores, caminaba entre los puestos; HyunJu saludaba con amabilidad a todas las personas que pasaban. Llevaba una canasta tejida de caña y estaba repleta de flores coloridas, entre ellas: margaritas, lirios y orquídeas.
El hecho de dar flores dejando más que una sonrisa hacía amar su trabajo, aunque ganara poco.
Cerca del mercado, entre el vapor que desprendía el caldero junto al olor agridulce se encontraba DaeHo; frente a su carrito ambulante, preparaba con mucho cariño tteokbokki. Su delantal tenía algunas manchas viejas, al igual que sus manos con quemaduras pero eso no impedía que vendiera aquel aperitivo.
Aunque a veces el clima le jugaba en su contra, la lluvia lo obligaba a esconder y proteger su carrito con lonas antiguas. Pero eso no le quitaba el ánimo a la hora de vender y sacar sonrisas a sus clientes.
Todos los días a la hora del almuerzo HyunJu y DaeHo se reunían en su puesto compartiendo algo de té y bollos de arroz, les gustaba hablar un poco del transcurso de su venta junto a sus bromas tontas, a veces besos discretos detrás de los puestos cuando nadie miraba.
Si bien no tenían tantos recursos y sus cuentas eran justas, ellos son realmente felices juntos porque en su corazón lo único que necesitaban era el uno al otro, ellos eran la única promesa que necesitaban.
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En el departamento donde vivían era pequeño, muy pequeño a decir verdad ya que era todo en una sola habitación era dormitorio, sala y comedor a diferencia que el baño tenía un cuarto apartado.. Cuando llovía fuerte, el techo goteaba y solía mojar muchas de sus cosas. Pero para HyunJu y DaeHo… seguía siendo su hogar.
—¿Sabes qué es lo mejor de vivir contigo? —preguntó HyunJu una noche, mientras se acomodaba en el futón que compartían.
—Hmm… ¿Qué podemos comer tteokbokki cuando queramos? —dijo DaeHo en tono de broma
—No cariño.. aunque vivamos muy apretados como sardinas… me gusta vivir junto a ti y poder sentir tus besos de cada mañana —
DaeHo se acostó al lado de ella para quedarse mirando el rostro de su amada, admiro la belleza de su novia, tenía ojos pequeños junto a unos pelos desordenados, para él, era la cosa más hermosa que había visto jamás.
—Podríamos incluso vivir en una caja de cartón y aún así harías que se sintiera cálido porque estarás tú —susurró él besando su frente.
Habían pasado ocho años siguiendo una rutina, levantarse temprano, preparar la canasta de flores y la comida para ir al mercado, compartiendo la misma comida, durmiendo en un futón algunas veces con frío; pero nunca, jamás, se habían sentido incompletos.
A veces DaeHo se preguntaba si era necesario algo más.. Tal vez el “matrimonio” cambia realmente el amor. Solo de imaginar la emoción de ella al elegir los preparativos, la boda… su vestido.
Cada día HyunJu se lo aclaraba, ella era feliz con él, no necesitaba algo más porque ya tenían una vida tranquila con su única preocupación del clima.. aunque en él fondo, una semilla empezaba a brotar, una pequeña duda, una pregunta que aún no había encontrado palabras para salir.
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Era una mañana como tantas, DaeHo iba empujando su carrito con los brazos cansados y la frente llena de sudor. Se detuvo en una esquina del mercado, justo donde YoungMi vendía algunos dulces caseros en una pequeña mesita.
—¡DaeHo!, Que gusto verte, no te he visto desde hace días —saludaba YoungMi que estaba sentada en una silla que tenía su puesto
—Lamento no haberte visitado antes, la venta hace que esté dando vueltas.. —se disculpó DaeHo con una leve inclinación
—No tienes porque disculparte DaeHo —YoungMi rió de su puesto le ofreció un pequeño dulce de leche envuelto en papel transparente, algo simple pero delicioso
—Gracias YoungMi.. tal vez lo guarde para después o debería dárselo a HyunJu —
—¿Y HyunJu? ¿No vino hoy a vender? —dijo ella volteando en todas partes para buscar a su amiga
—Sí, solo fue más temprano que yo, quería buscar girasoles para algunos ramos… —
—Ay el amor… por cierto, ¿Ya han pensando.. ya sabes… formalizar? —mencionó mordiéndose los labios con una sonrisa traviesa
DaeHo se quedó unos segundos quieto, pensando una respuesta, no es que le incomodara la pregunta... simplemente estos días había tenido esa pequeña duda creciendo dentro de él.
—¿Formalizar? —
—Sí, ya sabes casarse, tener una boda. Ya llevan... ¿Qué? ¿Ocho años? SeMi y yo no duramos ni un año de novias cuando me propuso matrimonio —dijo con mucho entusiasmo enseñando su mano, justo en el dedo anular había un anillo dorado con una joya preciosa en medio.
—Ustedes son raras —se intentó defender DaeHo
—No, simplemente tenemos decisiones claras y sabemos que nos queremos para el futuro, ¿Y tú? ¿Qué esperas? ¿Acaso no quieres tener toda una vida con ella? —
—No es que no quiera.. Es... que no tengo nada que ofrecerle. No hay anillo, no hay boda, ni tengo una casa propia que ofrecerle. Solo tengo muchas deudas y poco dinero.. —respondió bajando la voz, sus dedos apretaron el envoltorio del dulce.
YoungMi lo miró con ternura, sabía que el amor de ellos era tan puro, tan delicado, tan hermoso, que solo contar su historia de amor hacía llorar a muchas personas, era impresionante que sin importar los problemas ellos sigan firmes ante su amor.
—¿Y crees que ella se quedó contigo por eso?... Sabes perfectamente que ella podría buscarse a alguien más pero no lo hizo porque HyunJu te ama DaeHo… —
—A veces siento que ella merece algo más… alguien que pueda cuidarla mejor y darle todo lo que merece.. no simplemente unos bollos de arroz diarios —respondió él, su voz se empezó a entrecortar y soltó una pequeña lágrima que se limpió rápidamente.
—La mayor riqueza que tiene ella eres tú, DaeHo, su hogar has sido tú durante mucho tiempo, ella te ha elegido desde siempre y cada que hablamos siempre me recuerda lo totalmente enamorada que la tienes… Piénsalo, tal vez un anillo hará que piense el amor incondicional que le tienes —
Las palabras de su YoungMi se le quedaron grabadas en su corazón, sabía que debía actuar… pero todavía tenía ese tonto miedo de hace ocho años.
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Cuando regresó a casa, HyunJu lo estaba esperando en la escalera con su canasta y un par de ramen instantáneo, estaba realmente agotada por el día pero quería permanecer despierta para cuando llegará él.
—¿Cómo estuvo tu día, cariño? —estaba un poco adormilada pero su energía subió cuando vio a su amado llegar
—Casi todo se fue, ¿Y a ti como te fue mi pequeña flor? —
—Solo vendí cinco ramos… pero uno era para una pareja de ancianos que cumplía cincuenta años juntos… —
Daeho no pudo evitar notar el brillo de los ojos de su amada al decir eso.. como si ella estuviera pensando en vivir eternamente junto a él, el poder llegar incluso estará por cincuenta años. ¿Podría ser…?
Esa noche, mientras HyunJu dormía abrazada a su brazo, DaeHo la miró en la poca luz de la luna que iluminaba su rostro.
En su mente, empezó a hacer cuentas, tal vez si trabajaba más, si quitaba algunos horarios de comida, tal vez le alcanzaría para comprar el anillo, aunque fuera pequeño.
Porque ella lo merecía, merece ver un anillo donde tenían una promesa de amor cerrada, algo eterno que ella pudiera presumir. No sabía cuánto tardaría pero estaba seguro que lo lograría.
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La rutina seguía su transcurso HyunJu recorriendo el mercado con su canasta de flores envueltas en ramos y DaeHo llegaba más tarde, arrastrando su carrito de tteokbokki.
Pero durante las últimas semanas, HyunJu notó algo extraño en él, lo conocía perfectamente que el patrón que ha tomado con su rutina hizo que sospechara algo…
Durante su hora de almuerzo, ella estaba en el puesto de su amado esperando que él comprara la comida de ese día pero en esta ocasión solo traía una bolsa.. un bollo de arroz junto a un jugo.
HyunJu miró la escena preocupada, pensó en primera instancia en tal vez había bajado su ganancia y debían compartir la comida pero viendo en la forma de actuar de él, era todo lo contrario de lo pensado.
—¿No vas a comer algo, cariño? —preguntó ella, dándole una mirada de tristeza y preocupación
—Hace un momento JunHee me ofreció algo de arroz.. tú no te preocupes por mí —mintió, no quería hacerlo pero si quería demostrar su amor debía cumplir su objetivo.
—Si algo va mal… no tienes que esconderlo… si estamos volviendo a pasar por problemas con el dinero, podría buscar otro trabajo para ayudarte —susurró intentando ocultar aquella tristeza que tenía por verlo a él algo desgastado de lo normal.
—¡NO!.. Digo no no, todo va perfectamente bien puedes seguir con tu trabajo, no tienes porqué preocuparte —sintió un nudo en el estómago, le seguía mintiendo aunque fuera con la mejor de las intenciones.
Ella no insistió más… Por su parte DaeHo apartando su fleco del rostro de ella, dándole un beso en su frente, para demostrar la seguridad de ésas palabras.. pero HyunJu no estaba totalmente segura de lo que dijo, su corazón lo decía.
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HyunJu empezó a observar con más atención sus acciones; cuando pasaban cerca de la panadería, ya no compraba su pan favorito. Cuando le ofrecían algún dulce, se lo daba a ella diciendo que no tenía hambre.
Incluso noto que se esforzaba más de lo habitual a la hora de vender, pero seguía diciendo que no le alcanzaba para comprar algunas cosas.
Esa noche, mientras lavaban los platos juntos, HyunJu lo observó en silencio, empezaba a bajar muy rápido de peso, había intentado de todo para que comiera pero simplemente lo rechazaba con excusas tontas.
—Lo siento mucho mi flor... —murmuró él apenas audible, dándole un abrazo, escondiendo su cabeza en el hombro de su amada, dejando aún lado los platos
—¿Por qué te disculpas, cariño? —empezó acariciando el cabello de su novio con sus manos húmedas, intentó calmarlo de algo que ella no sabía.
—Por hacerte preocupar.. solo he estado distraído, lo siento demasiado… —
—Sólo prométeme.. que si algo sucede me lo dirás, ¿Sí? —
—Prometido —otra mentira. Tapada por un beso lleno de tanta promesa que lo estaba rompiendo por esconderle algo tan puro pero los estaba dañando a ambos.
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El día más esperado había llegado, después de hacer algunos sacrificios silenciosos había reunido lo suficiente para intentarlo. Hoy cerraría su puesto muy temprano de lo usual, después del almuerzo iría directo a la joyería que había visto días atrás.
Quería elegirlo con calma, algo perfecto para ella, estaba emocionado de tan solo imaginar el día que ponga el anillo en el dedo de HyunJu mientras diga “acepto”.
Pero el destino tenía otros planes para él, una pequeña jugada que cambiara todo el rumbo. Tenía consigo una pequeña mochila donde estaba una bolsa donde se encontraba el dinero, en realidad no era mucho pero creía que era lo suficiente.
Pasaba por donde los puestos estaban cerrando, el sol comenzaba a quedarse dormido. Justo cuando dobló la esquina de una calle vacía, donde no había alguna luz.. solo sintió un tirón brusco.
Eran dos hombres que tenían ropa sucia junto a rostros escondidos por una máscara de triángulos, ambos se abalanzaron; uno lo sujetó del brazo, poniendo un cuchillo debajo de su cuello y otro le arrebató su mochila con fuerza.
—¡No! ¡Por favor suéltenme! —gritó DaeHo, desesperado, forcejeando..
Uno de los hombres lo empujó contra la pared con fuerza, dejando que DaeHo soltara un jadeo por el dolor cayendo al suelo, intentó protegerse con sus brazos en la cara pero fue inevitable; entre los ladrones empezaron a patearlo y escupirlo como si fuera basura.
El mundo se había vuelto confuso, entre los gritos, burlas y forcejeos de los hombres, sabía que todo su esfuerzo se había ido en un simple descuido que tuvo, por ser cobarde.
Cuando despertó, tenía sangre seca en la boca, su cuerpo lleno de moretones.. junto a su corazón destrozado. Pudo notar que los ladrones algo despistados dejaron un poco de dinero tirando.
DaeHo se arrastró hacia el pequeño montón de billetes arrugados y lo abrazó como si eso fuera a tranquilizarlo después de pasar un asalto.
Su cuerpo temblaba del miedo y la rabia que se sentía a sí mismo, ¿Era tan inútil que no podía protegerse?
El cielo empezó a llorar, dejando caer gotas finas y silenciosas como si entendiera lo que pasaba, lamentando el momento.
Con lágrimas contenidas, se levantó, se había rendido, sabía que nunca podría conseguirle el anillo a HyunJu.. no podría enseñarle su amor en verdad.
Cuando llegó a casa mojado, con el labio roto y cojeando por el dolor; noto que HyunJu no estaba, recordando que había dicho de estar un rato con YoungMi para algunos encargos.
DaeHo aprovechó para esconder su estado débil, lavarse las sangre y curarse un poco los moretones, debía calmarse porque sus ojos estaban rojos e hinchados de tanto derramar lágrimas.
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Durante los siguientes días fue un montaña rusa de emociones porque no había escondido en su totalidad el dolor, incluso se notaba triste, dejó de sonreír y claramente HyunJu no era tonta se dió cuenta, al igual que los golpes en su cuerpo.
En el almuerzo del día, se habían vuelto a reunir pero en esta ocasión HyunJu se encontraba algo pensativa. Su mente jugaba con él “Tal vez la posibilidad de cortar.. Aún peor.. tal vez ella está cansada de la vida que tiene junto a él”
—¿Cariño…? ¿Podemos hablar? —su voz sonaba tensa, como si fuera a soltar algo amargo para su corazón.
—Claro que sí, mi flor, ¿Pasa algo? —dijo él, dándole su típica comida de arroz junto a un poco de ramen para acompañar
HyunJu aparto la comida, dejándola a un costado, llevó sus manos al rostro de DaeHo; con ternura, le levantó el mentón, acariciando con sus pulgares las mejillas. Lo miró y analizo todo de él con esa mezcla de amor y dolor.
—Ya no finjas conmigo, note los moretones que tienes en el cuerpo.. —había soltado la bomba, lo más temido que no querría haber escuchado.
Por unos minutos DaeHo abrió la boca, pero no salió ninguna palabra. Solo bajó la mirada… y volvió a soltar algunas lágrimas. Esta vez no solo por el miedo, sino por la culpa, por todas las mentiras que le había dicho.
—Lo siento… no quería que te preocuparas de más… —su voz en cada palabra bajaba de tono como si se quisiera esconder.
—¿Te hicieron daño por mi culpa? ¿Por qué no me dijiste? ¿No me tienes confianza acaso? —él odiaba ver el rostro de ella soltar lágrimas, sabía que no merecía el trató cruel que le daba, lleno de mentiras.
—No, mi flor. No fue tu culpa. Fue… porque.. durante la venta me asaltaron, pero no perdí tantas cosas —mintió, de nuevo.
—Lamento no haber estado ahí ese día, tal vez te hubiera protegido, fui una tonta al no haberme dado cuenta antes y ayudarte a curarte… —tragó saliva, como si realmente ella tuviera la culpa del asalto.
—No fue tu culpa mi corazón, son cosas que pasan a diario —
Entonces ella lo abrazó, fuerte, soltando lágrimas y manchando el pecho de DaeHo, como si intentara pegar los pedazos de su corazón herido y golpeado.
—DaeHo… si te pasa algo.. yo no sabría qué hacer.. me da miedo pensar en un mundo sin ti, en estar sola porque te perdería a ti... —
Entre esa tarde habían olvidado almorzar, solo fueron abrazos llenos de lágrimas, como un perdón por algo que ni ellos lograban entender en su totalidad.
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Le había tomado una semana para poder tomar el valor de ir a la joyería. Aún conservaba menos de la mitad del dinero que había ahorrado y su cuerpo tenía algunas vendas que se había encargado de curar su novia.
Su corazón palpitaba rápido, otra vez por miedo no quería volver a ser cobarde y esconderse. Pero sabía que debía buscar el anillo para HyunJu, tenía esa esperanza.
Al llegar a la tienda sonó una pequeña campana que estaba arriba de la puerta, con el suave olor a madera vieja y perfume floral que usaba siempre la señora GeumJa, pero en esta ocasión en el mostrador había una joven con uniforme azul marino perfectamente planchado con una coleta. Desde primera instancia noto alguna vibra extraña.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó SeonNyeo, la empleada con tono seco evaluando su aspecto de pies a cabeza.
—Quisiera ver… algunos anillos de compromiso —murmuró DaeHo, sacando sus pocos billetes con timidez
—¿Tú? ¿Aquí? Si quieres algo para jugar al compromiso, tal vez deberías ir afuera y podrás encontrar algo de plástico —SeonNyeo soltó una risita entre dientes más fuerte de lo necesario
DaeHo apretó la mandíbula, sintiendo una vergüenza en su rostro; las palabras de la trabajadora solo lo apuñalaban justo en la parte que más temía.
—Con ese dinero… ni te alcanza para el estuche. ¿De verdad piensas darle eso a alguien? Tu compromiso es tan inútil que crees que tú futura prometida merece una baratija así.. Hasta mando mis consuelos sea quien sea ella —dijo SeonNyeo en burla
—¡SeonNyeo! —interrumpió una voz que venía dentro de los almacenes de la tienda
Había aparecido una mujer mayor con el mismo uniforme, solo con la diferencia que ella se notaba su edad debido a su pelo canoso junto a las arrugas en su cara.
—Ve a ordenar el almacén, ahora mismo —dió una orden con un ceño fruncido.
SeonNyeo miró con desprecio y como si ella hubiera sido la ofendida, le dirigió la última cara de asco a DaeHo y se marchó para el almacén.
—Le pido una disculpa ante la actitud que le dió la empleada, ella es algo agresiva con nuevos rostros.. —le dió una reverencia la abuelita a DaeHo como si susurrara un perdón.
La señora GeumJa caminó hacia DaeHo, observando algunas partes de cuerpo vendadas y su expresión agotada. Pero veía en su alma el amor que le tenía a ella, incluso si no la conocía sentía la pureza del alma.
—Notando por tu actitud, ¿Ella es muy valiosa para ti? —preguntó suavemente, sabía que la respuesta solo quería escucharla para reafirmar lo visto..
—Sí, ella realmente lo es, hemos estado juntos por ocho años juntos pero yo no tengo mucho, señora… pero la amo, desde el primer día que la conocí mi corazón no ha dejado de latir por su presencia. Lamentablemente nunca le he podido darle nada de valor, ni siquiera una casa digna para ella; pero tampoco quiero atarla con menos de lo que merece… —
La señora GeumJa lo miró por unos segundos largos, como si analizará cuál sería el anillo perfecto para la pareja.
—¿Sabes qué es lo curioso del amor?, Que no necesita algún anillo de oro para expresar su amor, con tan solo escuchar lo que dices de ella, noto el amor tan dulce que le tienes —dijo la señora, mientras abría un cajón cercano, de ahí sacó una pequeña cajita de terciopelo rojo.
Al abrir la cajita, dentro había un anillo sencillo de plata sin alguna señal de alguna piedra preciosa, era un anillo común y simple tenía un grabado de una flor.
—Se que este anillo le encantará a tú futura prometida, algo de mi corazón lo dice —dijo mientras cerraba la cajita y se la ponía entre las manos de él.
—¿Cuánto cuesta? —dejó la cajita en el mostrador, empezando a sacar algunos billetes rotos.
—Por está ocasión te la regalo.. tómalo como una disculpa por el mal rato con mi empleada… tus ojos reflejan el amor que tienen.. hace que vuelva a pensar en que todo el amor no se haya acabado en este mundo. —
La mente de DaeHo se quedó pensando, parpadeó; luego, asintió con los ojos húmedos y el alma hecha nudo, dio una reverencia antes de salir, agradeciéndole a la señora una y otra vez... Ese anillo, aunque pequeño, era ahora el peso dulce de todo su amor.
Ahora solo quedaba lo más difícil, tener el valor para pedirle a HyunJu… para que sus almas finalmente quedarán juntas.
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El cielo parecía haber estado de acuerdo con él, sus tonos naranjas, lilas y rosados se deslizaban entre las nubes como pinceladas suaves, el aire cálido pasaba.
Era un día especial, dónde DaeHo no sabía si era miedo o esperanza.
Había preparado todo con la sencillez pero tomando con delicadeza cada detalle; sobre el pequeño mirador del edificio, un mantel viejo extendido , una caja de cartón como una pequeña mesa improvisada, dos platos de tteokbokki recién hecho, un par de girasoles tomadas de la canasta de HyunJu, y dos botellas de soju.
Intentó ponerse su mejor ropa, sencillamente era la misma ropa de tonos oscuros que había usado durante días pero lo que lo hacía especial estaba en su bolsillo, el anillo de plata.
Ella llegó unos minutos después, aún con su característico vestido de flores y el cabello suelto, desordenado por el poco viento.
—¿Aquí está la cita especial? —preguntó sonriendo, con los ojos brillosos por el sol.
—Aquí es, mi flor —respondió DaeHo, y se quedó mirándola, por unos segundos más de lo normal.
Comieron entre algunas bromas, recuerdos de sus vidas en el mercado, incluso volvieron a la nostalgia al pensar el día en que se conocieron, entre risas nerviosas estaban arriba del edificio.
Por su parte HyunJu lo notaba… diferente, sus manos temblorosas, los ojos más cálidos y felices como si algo especial estuviera pasando.
—¿Pasa algo, cariño? —preguntó, limpiándose los labios por la suciedad roja del caldo
—Sí… pasa algo, corazón.. —DaeHo dejó su platillo sobre la caja que usaban como mesa.
Se preparó para este día, incluso práctico el discurso varias veces en el día, no podía dar vuelta atrás, todo estaba listo, incluso el anillo.
—Lo que sucede es que llevo ocho años estando a tu lado… y todavía siento que no te he dado nada más que problemas —
—Cariño, sabes que eso no es verdad… —frunció el ceño.. odiaba la idea de que DaeHo se bajara mucho en su nivel.
—Lo siento, apenas he logrado darte un departamento compartido... pero el amor que tenemos a diario aumenta cada día; nuestra rutina de levantarnos temprano, tu preparas las flores más bonitas mientras yo preparo la comida… Aún así amo esta rutina que tenemos que me gustaría repetir para siempre.… Porque tengo ganas de escuchar tu risa a diario, quiero cocinar tu comida preferida cada mañana, y este corazón tonto que tengo se llena cada vez que me miras, me das un beso o nos prometemos algo más.. —su voz se quebró apenas
Con sus manos temblorosas sacó la pequeña cajita del bolsillo y la abrió con torpeza. Se inclinó ante HyunJu; el anillo de plata brilló como si el sol lo hubiera estado esperando
—Se que no es de oro o tiene alguna piedra preciosa que tanto te gusta… Ni siquiera estoy seguro de que sea de tu media.. Pero de lo que estoy seguro es que lo compré con mucho sacrificio porque en cada paso que daba seguía pensando en ti. Entiendo que sea algo simple.. tiene mucho valor como anillo ya que es una promesa de seguir contigo por toda la eternidad… —suspiró, luego soltó la propuesta más deseada para ambos
—Tú… ¿Quieres casarte conmigo? —preguntó con voz suave, las palabras salieron con toda sinceridad de su corazón.
HyunJu no dijo nada, observaba la escena con silencio, se agachó frente a él, poniendo su mano frente a él, para que DaeHo terminará de sellar la promesa, lo deslizó con cuidado en su dedo anular; le quedaba perfecto.
Con dulzura, con fuerza, con los años de amor contenido, se dieron un beso; un beso lleno de promesa, junto a un anillo cerrando un pacto de amor eterno entre ellos, jurando más de lo que decían.
—Yo pensé que jamás me lo pedirías… aunque si no lo hubieras hecho tal vez no cambiaría tanto porque nuestro amor sigue creciendo cada día y tú estando a mi lado, es perfecto. —susurró, siendo el único testigo del pacto de amor con el sol escondiéndose.
—Pensé que no era suficiente para ti —dijo DaeHo con lágrimas en el rostro.
—Tú eres más que suficiente, eres todo el mundo que espere. —después de decir aquellas palabras no pudieron evitar darse otro beso.
Y en el silencio que siguió, el sol bajó del cielo, dejando su luz sobre ellos como una bendición silenciosa. Dejando que la luna también viera la escena tan hermosa de un amor prometedor.
Ese anillo… sellaba más que una promesa. Ya que no necesitaba ser bañada en oro o ser algo caro, porque incluso así cerraba su amor, tan dulce como el tteokbokki y tan hermoso como una flor con sus colores vivos, al final eran dos personas que se amaban con tanta intensidad.
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