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Déjate caer

Summary:

Hipo nunca se ha sentido parte de nada y a veces solo es necesario un pequeño empujón para tomar las peores decisiones.

Así es como todo termina, todo me muere y se pudre. Pero uno nunca espera ver las consecuencias de su propia muerte, Hipo nunca ha tenido suerte así que ahora solo puede observar el dolor que sus acciones han traído.

Notes:

Contiene una escena de suicidio. Si quieres un final más optimista revisa las notas finales.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Todo siempre comienza con la absoluta certeza de que hoy no sería el día porque aunque el pensamiento está siempre presente la cobardía le gana, el que pasará después siempre le puede y de momento eso ha funcionado, el miedo lo ha mantenido vivo.

 

Después de 15 años distribuidos en diferentes secciones por fin se puede decir que ha concluido con la parte de la educación que es denominada como esencial. Desde el preescolar hasta la preparatoria. 

 

En muchos lugares la celebración sería más sobria, por no decir que solo sería una fiesta formal que terminaría con absolutamente nada especial. Solo regresar a tu casa para tener que pasar otra hora cambiandote de ropa y quitando todo el supuesto lujo de vestidos rentados y trajes viejos.

 

Pero como siempre sus compañeros habían querido un poco más y el salón de fiestas lo había permitido, una pequeña fiesta sin formalidades unos días antes del evento de verdad. Un último adiós para muchos que no querían asistir al evento principal pero que sí querían pasar un buen rato con las personas con las que crecieron después de 15 años no se volverían a ver.

 

Como siempre Hipo nunca había encontrado la forma de encajar, no de verdad, solo con conocidos pero nunca con amigos. En general esto no era una molestia pues cuando iba a esos eventos le era fácil perderse en cualquier distracción mundana, a veces evitar a su familia y sus peculiaridades era distracción suficiente. 

 

Por el contrario esta es la ocasión que debería resaltar, en general ya todos se despidieron de formas que dejan en evidencia la percepción que tenían de todos a su alrededor y eso dolió más, saber que a nadie le importaba lo suficiente para que el mensaje no haya sido solo una cortesía. Entonces ir a la fiesta había sido más un compromiso que un deseo.

 

Hasta que alguien empezó una discusión y escaló y ahora Hipo estaba huyendo de absolutamente nadie a ningún lado, sabía que se sentía solo, que debía salir de casa más a menudo, hacer algo de su vida pero simplemente no podía y que su padre no le permitiera hacer nada sin él no ayudaba, lo aislaba sin saberlo y eso era peor. Culposo no doloso.  Entonces después de una cachetada decidió retirarse con unos miseros veinte pesos en su bolsillo.

 

Justo le alcanzó para pagar el transporte público que había incluido una combi y la entrada al metro, no había revisado su celular desde que se había ido pero aun así estaba bastante seguro de que a la fiesta todavía le quedaba un rato, tendría libertad de andar de vago hasta que dieran las 6pm, hora en la cual Estoico iba a esperarlo afuera del salon de fiestas para llevarlo a casa, una cómoda prisión de su elección.

 

Anduvo rondando por las líneas del metro. La Azul como siempre concurrida, la naranja un poco menos llena, la amarilla con sus pequeñas sospechas y finalmente la verde llevando a ningún sitio de interés. Si ya hubieran dado los resultados de la admisión a universidades rondar por la línea verde seria mas normal pues la que suele estar llena de estudiantes pero Hipo no iba a ser uno de ellos ni hoy ni nunca. 

 

Para las 5 y media ya había recorrido la mitad de las líneas, ya había pensado y observado. Ningún guardia le prestaba mucha atención pues la ropa que traía era lo más normal de su armario, lo menos roto y más decente. Finalmente se decidió por una estación donde los únicos guardias hablaban entre ellos y solo otra persona, una mujer que no parecía interesada en nada, esperaba el tren.

 

Gracias a historias viejas y nuevas de familiares o podcasts sabía lo difícil que era para el personal identificar a alguien en específico, aún peor después de un mal día lleno de intenciones severas. Como último regalo a un desconocido se aseguró de tener su identificación a la mano, en unos segundos la dejaría caer y él la seguiría sin dudar. Misma acción, distinta trayectoria.

 

Los retrasos de los trenes son comunes, uno nunca sabe porque fue esta vez. Pero siempre tardan aún así eso no le daba esperanzas de nada, ni una vida diferente ni un carácter diferente pero lo que si le daba era un último momento para reconciliarse no con otros sino con su destino. Uno que desde hace años era evidente e inevitable, uno al que se debería haber apegado esa noche a los 12 años cuando ya estaba listo y tenía las pastillas listas.

 

Pronto avistó la luz que producían los faroles que lleva al frente el carruaje, aquel que ahora lo conduciría a lo que muchos llaman un mejor lugar, sin dolor ni presiones, un sitio de absoluta libertad que nadie nunca ha cuestionado. Ya le pesaba la conciencia, que haría su padre sin él, aunque nunca lo diga seguro lo quiere pero no acaso esto sería lo mejor para todos, un ultimátum del que nadie huye es la mejor solución a todo problema.

 

Pero el tren ya llegó, la credencial tocó el suelo y su cuerpo se deformó de la forma única que la alta velocidad y poca capacidad  de frenado que el metro puede proporcionar. Y el golpe dolió al principio pero después ya ni lo sintió, al abrir los ojos notó que seguía en el mismo lugar, atravesando las paredes de los vagones que pronto se detuvieron y desalojaron.

 

En poco tiempo ya estaba la ambulancia llevando su cuerpo, o lo que quedaba, al Ministerio Público. Su credencial ya había sido recogida y el identificado, aún así iban a llamar a alguien más para que identifique lo que queda de él.

 

Pero aquello de esperar que lo llevaran y reconocieran, otra vez, no era lo suyo entonces aprovechando su nuevo talento de atravesar paredes se puso a mirar alrededor. Dentro de cualquier lugar al que nunca había podido accesar y todo cuarto en el que no debería estar, pero nada le pareció interesante pero para cuando se volvio a aburrir su cuerpo ya estaba siendo transportado hacia la ambulancia que lo esperaba justo afuera de las estación, cuyo nombre ni siquiera le había interesado pero ahora parecía un insulto.

 

Línea rosa estación Salto del agua. Y vaya que había saltado, pero sino como lo hubiera hecho seguramente sus lágrimas lo hubieran hundido pero siendo honestos hubiera sido lo mismo de siempre si tan solo no se hubiera acercado a su primo, un molestoso de primera, que siempre empieza una pelea y luego lo usa de escudo pero ahora ya no importa la ambulancia ya partió y si no la quiere perder Hipo también debería marcharse.

 

Sorprendentemente el tráfico no fue tan malo como de costumbre o tal vez por primera vez no le pareció una necesidad distraerse, la ciudad puede ser bonita si uno así lo decide. La ilusión se rompió gracias a la burocracia que era tan eficiente como siempre pues para cuando encontraron un contacto de emergencia ya eran las 10 de la noche, su padre por otro lado había llegado en el menor tiempo posible, 17 minutos, y tomando en cuenta el tiempo que en teoría llevaba desaparecido todo tenía sentido.

 

Lo de reconocerlo era debatible pues los restos eran eso simples pedazos de lo que alguna vez fue su cuerpo, pedazos sin vida que fueron desgarrados por una máquina a gran velocidad, un ejecutor de su elección. Uno que no dejó ni rastros ni testigos.

 

Hasta ahora que su padre pudo atestiguar lo que de él quedaba, un cuerpo roto y una expresión que hasta a él le dio miedo. Sus lágrimas podían justificarse en absolutamente todas las partes de esta experiencia pero las de su padre tenían más peso, al menos para él. Su hijo, la única parte de su esposa que le quedaba estaba ahora en una mesa de acero inoxidable y por piezas, sin vida.

 

A partir de ahí el tiempo pasaba rápido por momentos pero se sentía eterno en otros. Los trámites son lentos, los traslados también pero lo que no sentía suficiente eran las personas. Nunca había esperado una reacción así de ninguno de sus conocidos que de hecho lo consideraban más que eso, lo veían como un amigo. 

 

Su padre había informado solamente a sus cercanos y claro Astrid y los gemelos habían aparecido en su casa para acompañar a Estoico simples minutos después de haber recibido la noticia. Después aparecieron más personas pero su completa atención estaba en su padre quien se veía mal, nunca había visto esa expresión en la cara de nadie.

 

Los preparativos para el funeral estaban en sus manos hasta que simplemente no pudo más y se los dejó a Bocón. Su padre se encerró en su habitación por un rato hasta que los gemelos lo obligaron a salir y gracias a su evidente invisibilidad pudo oír el razonamiento, evitar más funerales. Nadie podía culparlos por pensar eso, después de todo ahora Estoico era un viudo cuyo hijo se mató en el metro.

 

La ceremonia fue algo pequeña, solo para personas cercanas y el entierro fue un poco más pequeño. Astrid había llevado flores a ambos eventos y tal vez si había tenido una oportunidad no solo con ella sino con los demás, al parecer ellos si lo querían pero él no había podido verlo nunca.

 

Tampoco tenía muchos detalles de su funeral pues en cuanto Estoico empezó a llorar Hipo, o su fantasma, salió de la habitación. Y cuando su cuerpo fue sepultado ya no había nada más que hacer, de verdad estaba muerto, nunca tendría otra oportunidad de sentir. Sudecision había sido radical y aunque ya no sentía dolor se arrepentía profundamente de todo lo que había hecho y no había hecho.

Notes:

Y al final todo parece un mal sueño pero finalmente despertó, tal vez estaba mal todo aquello. Necesitar ver, imaginar, su muerte y sus consecuencias pero había logrado algo invaluable. Viviría hasta que algo más se encargará de evitarlo.

Saco su celular de su bolsillo e ignorando las llamadas perdidas le llamó a su padre. "Puedes recogerme?"

Seguramente su tono le ahorró el regaño y después de contarle a su padre sus intenciones y localización las cosas ya no tenían sentido. Pronto Estoico estaba a su lado, abrazándolo y llevándolo hacia su hogar, en unos días lo llevaría con un terapeuta pero de momento no lo dejaría fuera de su vista.