Chapter Text
Fragmento del diario de la Hermana Al..
(día y hora desconocidos)
Señor...
Dios Santo, perdona a este pecador.
Perdóname todos mis pecados.
No busco la salvación, pero pido tu comprensión.
He estado intentando hacer lo correcto, lo juro. Me levanto con el rezo entre los labios, finjo un nombre que no me pertenece, me arrodillo con los huesos temblorosos y la culpa tatuada en la espalda. Quiero que me mires. Quiero que veas que estoy cambiando. ¿Es eso tan difícil de notar? ¿Por qué tus ojos me pasan por alto como si no mereciera siquiera tu desprecio?..
¿No lo ves? Que estoy sangrando...
¿No ves? Que estoy llorando por mi madre...
No tengo otro lugar donde ir. No tengo otro nombre que decir. Mi cruz es una mentira , Sí.. Mi hábito, un disfraz. Sé que no soy digno ni del silencio de este convento, mucho menos de tus puertas doradas. Pero estoy aquí… porque no tengo otro lugar donde caer.
He matado.. He huido..He mentido. Y sin embargo, cada noche, beso el crucifijo con los labios temblorosos y repito tus salmos como si pudieran salvarme...pero no me escuchas...
La cruz en mi pecho está quemada con fuego eterno.
Mi alma está condenada.. Merezco el infierno.. y sé que ahí no me aguarda ninguna sorpresa...
Y aun así, te escribo.. aún no se ni el por qué..pero supongo que estoy tratando de comprender.
No recuerdo mi hogar, ni el calor de mi infancia, pero a ella sí. A mi madre. Su voz era como el pan tibio en la mañana. Su risa, el único cielo que conocí en la tierra.
¿Dónde está ahora? Quiero creer que contigo, Señor. Porque ella era bondad. Era fe sin fanatismo. Era luz sin precio.
Yo solo la amo a ella. A esa madre que ya no está. A esa mujer que nunca dejó de creer que yo aún tenía redención..y parte de esto lo hago por ella.
Beso el vacío y este me besa de vuelta.
Solo amo a los que no me aman..
Y tú… tú no me amas, ¿verdad? O al menos no puedes. Porque si me amaras, ¿no me habrías quitado esta angustia? ¿No me habrías impedido soñar con ese hombre rubio cuya presencia me quema como un segundo castigo? ¿Quién es ese hombre?¿Por qué me atormenta en mis sueños? ¿Qué quiere de mi?
¿Puedo salvarme, Padre Celestial?
¿Crees que existe el perdón para mí?
¿Crees que, detrás de esta máscara de monja, aún queda un alma?
¿Crees que merezco la redención?
Te dejo estas palabras, no como súplica, sino como confesión.
La salvación no la merezco… pero la deseo. Bueno al menos un poquito...
Y ese deseo, ¿cuenta como un primer paso? O ¿No?..
Amén.
