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El lugar al que perteneces

Summary:

Después de un pasado dificil, la vida entrega pequeños regalos que se convierten en una bendición. Esto va dirigido tanto a Till como para aquellos niños creados por el capricho de alguien más.

Notes:

AVISO: este fic es después de el último video publicado por vivinos "KARMA" así que si en el futuro sacan información de los niños. Pues bienvenido sea porque en este fic aún está en la faceta de moldear sus fichas de personaje jajaja

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Las pisadas de una mujer de largo cabello castaño y ojos tan claros como el agua resonaron en el pasillo silencioso.

La zona parecía desolada; eso se debía a que, en esa hora de la tarde, las clases regulares acababan y los niños disfrutaban de su tiempo libre.

Sin embargo, la mujer no estaba allí para dar una clase regular, su tema de enseñanza era mucho más delicado y especial.

—¡Mamá! —se escuchó la voz infantil de una niña.

Segundos después, unas pisadas ligeras y rápidas resonaron en el pasillo hasta que una niña rubia de ojos esmeralda se colocó a su lado.

—Daya —saludó la mujer con una sonrisa.

—Lo siento por tardar —dijo la menor con las mejillas enrojecidas, era evidente que la menor había corrido para llegar.

—No te preocupes, llegas justo a tiempo.

La niña asintió y ambas continuaron su camino. No pasó mucho tiempo antes de llegar a su destino: una puerta marrón, como las que se muestran por todo el pasillo.

Sin pronunciar palabra alguna, la mujer abrió la puerta, revelando un pequeño y acogedor salón de clases.

La habitación estaba diseñada para un máximo de diez niños, aunque el líder había comentado que debían ampliar los salones, ya que la cantidad de niños dentro de la organización estaba en crecimiento.

Pero, hasta ese momento, la habitación resultaba perfecta para el pequeño grupo.

—Buenos días —saludó la mujer de cabello castaño a los niños que estaban dentro del salón.

Dado que la puerta estaba ubicada al fondo, los niños tuvieron que girarse para saludarla.

Como era habitual, solo tres de los cinco niños se levantaron para hacerlo de manera educada.

—Buenos días —saludaron en sincronía armonica. La mujer les hizo un gesto para que se volvieran a sentar, y los tres niños obedecieron, regresando a sus asientos.

—Maestra Mary, ¿quién es ella? —preguntó el niño más curioso y extrovertido del grupo.

—Daya será mi pequeña asistente por hoy —respondió Mary sin decir proporcionar todos los detalles—. Me ayudará con el tema que trataremos hoy.

Los niños miraron a Daya con cierta curiosidad. Aunque no se puede decir que era simplemente curiosidad, era como si la estuvieran evaluando aunque Mary no conoce los parametros de esta evaluación.

Sin embargo, Daya pareció no notar la situación, o si lo hizo, la seguridad en sí mismo se hizo evidente al mostrar una amplia sonrisa mientras los saludaba alegremente.

—Mi nombre es Daya —se presentó.

—Estoy segura que Till les enseñó modales —observó la mujer al notar que nadie tomaba la iniciativa de presentarse.

Después de unos segundos, alguien lo hizo.

—Mi nombre es Haku.

El niño de cabello rubio y piel morena se había levantado de su asiento, su rostro se mantenía sereno y hasta un poco apático. Haku hizo una suave reverencia con una mano en el pecho y el brazo libre extendiéndose de manera elegante mientras se presentaba.

La pose sin duda es educada, un poco actoral rozando lo dramático. Las acciones de Haku eran atractivas, cautivantes.

Aunque no lo quiso, Mary pudo ver un poco de aquel tipo que en la organización no se nombra. Haku heredó su color de cabello y, por lo visto, el carisma escenico.

Con esa primera presentación, las siguientes se sucedieron en cadena.

—Me llamo Tuna.

La segunda presentación vino del segundo niño sentado al extremo de Haku, alzó la mano para llamar la atención de los presentes pero no se levantó.

Su expresión, a diferencia de Haku, era relajada. Daba la impresión que en cualquier momento se podía transformar en una sonrisa identica a la de una mujer muy querida en la organización.

Haku miró con indiferencia a Tuna, tomando asiento con movimientos refindos y mantiendo el silencio. Pero era evidente el disgusto hacía Tuna.

—Mi nombre es Asula.

El niño sentado a lado de Haku no se levantó como Tuna, en cambio, agitó la mano como saludo y se notaba que Asul heredó la misma elegancia que Haku al hacer un simple saludo.

—¿Asula? —preguntó Daya un poco confundida.

Daya no quería mencionar lo obvio, Mary elogió en su mente la educación y conciencia de la menor.

—También me llaman Asul —añadió el niño de cabello oscuro con una sonrisa—. Sé que Asula se escucha como un nombre para niñas, no te preocupes por preguntar.

Aunque en su rostro había una sonrisa, Mary sentía un vacío al verla, como si fuera una máscara perfecta a la que le faltara algo.

Era extraño de ver.

—Mi nombre es Sila.

La niña ubicada en el centro de los cinco niños se levantó, pero no hizo una reverencia al igual que Haku y simplemente dijo su nombre.

Sin nada más que agregar, la niña de cabello grisaceo se volvió a sentar.

—Soy Izan —terminó el último en presentarse.

El ambiente antes de la última presentación no era malo, no se sintió incomodidad ni molestia de ninguna parte.

Pero cuando el niño de cabello rosa se levantó y dijo su nombre… bueno, incluso Mary se sintió un poco incómoda.

No había motivo para sentirse así, de verdad, el niño había esperado hasta que Sila se volviera a sentar para levantarse de manera tranquila y decir su nombre.

¿Pero cómo decirlo? Era como si la misma presencia del niño causara incomodidad. Hay algunas veces que Mary se siente una mala maestra ya que sigue sintiendo esta incomodidad instintiva incluso si ya se han visto muchas veces.

El resto de niños no se siente así, Till tampoco, pero ella…

—Ho-hola —Daya agitó su mano con mucha rapidez hacía Izan.

Por algún motivo Mary se sintió bien que Daya haya sentido la misma incomodidad que ella, no debería haber ningún tipo de alivio en eso pero…

—Espero que puedan llevarse bien con Daya —dijo la mujer, alejando esos pensamientos de su mente. También hizo señas a Daya para que fuera a sentarse y así iniciar la clase.

Daya se acomodó, y Mary comenzó la lección.

—Hoy vamos a ver un término importante y, a la vez, un poco complejo de comprender —comentó la mujer a los niños—. Si no entienden algo de la explicación, levanten la mano y con gusto aclararé cualquier duda que tengan.

Los cinco niños asintieron con la cabeza. La mujer castaña les sonrió de vuelta antes de girarse hacía el pizarrón. Con un lápiz, comenzó a escribir y a dibujar algunas cosas en el pizarrón digital.

—La familia es un grupo de personas relacionadas entre sí por un vínculo de amor —dijo, señalando la palabra "familia", que estaba escrita en lo más alto del pizarrón—. ¿Alguno de ustedes puede recordarme qué significaba el amor?

Cuatro de los cinco niños alzaron la mano. A Mary no le sorprendió que cierto niño casi nunca participara en clase, pero de igual manera tomó nota mental para informar a Till sobre su comportamiento. Ese momento no era para mostrar su preocupación, en cambio, señaló la niña de cabello grisáceo y ojos violeta.

—Amor es un sentimiento de atracción hacía otra persona —respondió de memoria, exactamente como estaba escrito en el libro que la mujer mayor les había dado cuando les enseñó sobre los sentimientos.

—Muy bien —felicitó la mujer antes de hacer un gesto de necesitar más—, pero falta un poco más de explicación.

Luego, señaló a Asul.

—El amor hace que las personas quieran saber más sobre las personas a las que aman —dijo el niño con su habitual tranquilidad.

—Como Till —respondió Tuna con entusiasmo—. Y también el amor hace que la persona se preocupe por la salud de la persona que ama.

—Como Till —repitió Haku de manera contundente—. El amor también hace que la persona quiera ver una sonrisa en la persona que amas.

—Como Till —dijeron todos los niños y rieron.

A Mary se le llenó el pecho de ternura al saber que Till los cuidaba con tanto esfuerzo, que los niños aprendieron con facilidad sobre el complejo sentimiento del amor.

—Y recuerden, el amor no hace llorar a las personas que aman —añadió la mujer, sabiendo el contexto de los progenitores de estos niños.

Fue un enredo tan grande que se convirtió en problema de todos, así que, sí, esos niños no debían repetir los errores de sus progenitores.

Los niños asintieron con entusiasmo; probablemente Till ya les había enseñado lo que es amar sin dolor.

—Son muy listos, niños —celebró Mary—. Una familia es eso: personas que se aman y se cuidan entre sí. Hay diferentes tipos de familia y son estas.

La mujer señaló los dibujos que había hecho en el pizarrón.

—-Cuando sólo estábamos nosotros, los humanos, la familia más común que tenía un papá, una mamá y los hijos —encerró con un círculo un poco deforme a todos los humanitos que mencionó—. Un papá y una mamá son un hombre y una mujer que cuidan de los más pequeños —hizo una pausa para permitir que los niños procesaran la información—. Daya, ven aquí por favor.

La niña que se había mantenido callada durante la clase, asintió de inmediato y se acercó a Mary.

—Con un ejemplo es más sencillo —explicó la mujer castaña—. Yo soy la mamá de Daya —la niña agitó la mano como saludo—. Cuando rescatamos a Daya, decidí que quería cuidarla personalmente, así que nosotras somos una pequeña familia. ¿Hasta aquí alguna pregunta?

Como la mujer esperaba, uno de los niños alzó la mano.

—Dijiste pequeña familia, ¿entonces existen las familias grandes?

—Si —asintió con entusiasmo—, gracias por haberlo mencionado, Haku.

El niño de cabello rubio y piel morena asintió con la cabeza, bajó su mano y formó una sonrisa al ver que sus compañeros lo miraban con los ojos entrecerrados. Estaba satisfecho de haberse llevado un cumplido de la maestra.

—Como dije, Daya y yo somos una pequeña familia —continuó la mujer—. Pero aquí, en la organización, somos una gran familia. Nosotros los adultos, nos preocupamos por la seguridad de ustedes, los niños, así que, si no quieren formar una pequeña familia, pueden considerar a todos como su familia.

—Pero creo que es más sencillo llamar a alguien “mamá”, es por eso que tenemos un adulto que está a cargo de responder por nosotros, ¿verdad?

—Así es, brillante observación, Asul —señaló Mary.

El niño de cabello oscuro y ojos dorados sacó la lengua cuando el resto de los niños lo miró mal. Quien hable primero se lleva el halago.

—Pueden llamar a su cuidador designado papá o mamá —explicó—. Pero si no se sienten con la confianza de llamar así a un adulto, pueden referirse a un niño más grande que ustedes como "hermano mayor".

—¿”Hermano mayor” forma parte de la familia? —preguntó Sila.

—Sí, hermano mayor, es el término que se le da al niño más grande de la familia —dijo—. Por ejemplo, si Daya y yo decidiéramos adoptar a un niño más pequeño que Daya en nuestra pequeña familia, Daya se convertiría en hermana mayor para ese niño o niña.

—¿Entonces Haku es hermano mayor? —Sila señaló al niño rubio de piel morena.

—Exacto. Haku es el mayor de ustedes, así que él sería su hermano mayor —asintió Mary.

—Yo también soy mayor —Tuna alzó la mano, haciendo un puchero.

—También eres hermano mayor —dijo la maestra—. Todos pueden llamarte así, excepto Haku que es mayor a ti.

El niño de cabello marrón oscuro y ojos grises frunció el ceño al ver que Haku la mirada siempre indiferente del niño ahora era de burla.

—Niños, no comiencen a pelear, por favor —habló la maestra, anticipándose la fricción habitual entre Tuna y Haku.

—¿Podemos llamar “hermano mayor” a cualquier persona grande y “papá” o “mamá” a nuestro cuidador? —preguntó Asul, el niño más pequeño del grupo.

La maestra hizo una mueca un poco dubitativa; el concepto estaba claro, pero no del todo a quien se debía aplicar.

Sin embargo, era de esperarse, ya que el término se presentaba por primera vez en ese momento así que ese tipo de errores estaba bien.

—Sí, eso es posible —asintió al final.

—Entonces Till es nuestra mamá —mencionó Sila, ladeando ligeramente la cabeza.

—”Mamá” es el término para las mujeres —corrigió la maestra—. “Papá” es el término para los hombres.

—Papá... —los niños probaron la palabra en sus bocas.

—Papá —dijo con voz clara Sila.

—Papá Till —siguió Aqua a su lado.

—¡Till papá! —exclamó Tuna sonriendo ampliamente.

La mujer dejó que los niños experimentaran con la palabra; no había una forma única de decirlo e incluso hubo discusiones sobre quién la usó de manera correcta. Ella les explicó que podían decir el término como ellos quieran.

—El término “familia” dice que está relacionada con sangre —dijo una voz suave y a la vez calmada.

Normalmente, una voz así es agradable de escuchar, pero la ausencia de emoción en ella resulta algo inquietante proviniendo de un niño. La mujer tuvo que ocultar el estremecimiento que le provocó.

Esa voz rara vez se escuchaba, y cuando lo hacía, todos se callaban y lo miraban.

—Izan... —dijo Tuna, quen estaba sentado a su lado.

El niño de cabello rosa no miró a su compañero; en su lugar, dirigió su mirada a la maestra, que le devolvió el gesto.

—Bueno, pocas veces usamos esa definición —explicó la mayor, recuperándose—. La mayoría de nosotros no conocimos a quienes nos dieron sus genes para crearnos. Solo los más mayores de la rebelión tienen "familias" relacionadas de esa manera, y, claro, con algunas excepciones.

—Como Till —agregó Sila.

—Exacto, Sila, como Till —asintió—. Él es una de las pocas excepciones, ya que lo encontramos a él y él encontró a su mamá.

Y, en verdad, es un caso bastante extraño y afortunado. Se nota que Io quiere mucho a Till, así como Till quiere a la mujer que lo cuidó de pequeño.

—¿Es visible cuando son relacionados de sangre? —siguió Izan.

—Sí, normalmente los hijos heredan características de su papá y su mamá

El niño asintió y se quedó en silencio, de verdad que la mujer no lo entiende.

De hecho, nadie lo entiende, siempre la pasa callado y pegado a Till. Los niños o Till hablan por él ya que parecen entenderlo aunque el niño apenas se expresa.

—¡YO TENGO EL CABELLO DE PAPÁ! —chilló la niña, muy emocionada al tomar su cabello—. Soy su primera familia.

—Yo tengo los ojos de papá Till y soy mayor que tú —señaló Tuna a la menor—. Yo soy su primera familia, y tú la segunda.

—¿Se olvidan de que Io es la mamá de papá Till? —preguntó Haku, alzando una ceja mirando como si ambos niños fueran idiotas—. Ustedes no son nada.

Pero, en lugar de centrarse en las palabras hirientes de Haku, ambos niños continuaron con su pelea.

—Yo soy grande, soy su primer hijo.

—Pero no te pareces en nada a papá, yo soy su primera hija —insistió Sila, frunciendo ligeramente el ceño.

—Oigan, las familias no se determinan sólo por sangre —Asul hizo un puchero.

Mary agradeció que al menos uno de ellos hubiera entendido que es familia.

—Y yo soy más lindo, obviamente papá Till me querrá a mi como su primer hijo —agregó Asul, agregando leña al fuego.

Y con esas palabras su esperanza se fue.

Mientras los niños discutían sobre quién era el primero de Till, la puerta del salón se abrió, revelando dos figuras.

Izan fue el primero en notarlo y no tardó ni medio segundo en correr hacía la figura masculina en la puerta, alzando los brazos en su dirección.

—[¿Quieres que te cargue?] —sonó una voz robótica.

Izan asintió con la cabeza y, segundos después, fue alzado por el hombre y colocado comodamente en sus brazos. El niño de cabello rosa no perdió el tiempo en abrazarlo por el cuello.

—Eso es trampa —se quejaron los demás niños al darse cuenta de que Izan había ganado el privilegio de estar en los brazos de Till.

Como espectador, la imagen era muy linda, un pequeño grupo de niños intentando llamar la atención de Till. Asul escaló al hombre como si fuera un árbol hasta colgarse de su cuello.

—Mamá Io —dijo Sila, abrazando a la mujer que estaba al lado de Till.

—¿Mamá? —repitió Io, parpadeando confundida.

—Pero Io es mamá de papá Till —comentó Asul desde su posición.

—¿Papá Till? —Io se veía más confundida conforme los niños hablaban.

Pero, sumidos en su mundo, los niños no le respondieron a su duda.

—Entonces, es una mamá superior —Haku abrazó a Io, sumando su comentario a la conversación.

—[El término es “abuela”.]

—¿Abuela? —dijeron los niños al unísono, mirando a Till, que estaba tranquilo a diferencia de su progenitora.

—Abuela.

—Abuela Io.

—Abuelaaaa.

Y toda la atención se centró en la mujer, que seguía confundida, pero aceptaba a los niños que se arremolinaban a su alrededor y la abrazaban.

—Nuestra clase de hoy fue sobre la familia —por fin, alguien: la maestra, contestó a la duda de Io.

Al escucharlo, Io asintió, haciendo una mueca recordando los términos que a ella también le enseñaron cuando fue traída a la organización.

—[¿Se portaron bien con Mary?] —una voz robótica salió de un pequeño dispositivo en la muñeca de Till.

—Sí —respondieron los niños al unísono.

—¿Ya nos vamos? —preguntó Asul impaciente.

—[Despídanse de Mary de manera adecuada.]

—Oh, Daya está conmigo hoy también —recordò Mary, trayendo a su hija con ella.

—Hola, Daya —Io formó una suave y linda sonrisa dirigiéndose a la niña.

—Hola, señora Io y señor Till —saludó la niña, radiante como siempre.

—[Has crecido, Daya.]

—Un centímetro —alzó el dedo índice con orgullo.

—Yo también crecí —se quejó Tuna, inflando las mejillas.

—Y yo, pero mucho más que Tuna —Sila alzó la mano en su cómodo abrazo con Io.

—Sigues siendo más pequeña que yo.

—Pero crecí dos centímetros y medio, tú solo dos; yo gano —Sila le sacó la lengua.

Antes de que se formara una pelea, Till llamó la atención de todos.

—[Niños.]

Su voz era robótica, pero su presencia misma hace el trabajo que la voz no tiene: imponer respeto.

—[Les dije que se despidieran de Mary y Daya de manera adecuada.]

El grupo de niños asintió con la cabeza; Izan y Asul se bajaron de Till, mientras que Sila soltó su abrazo con Io. Los cinco niños hicieron una ligera reverencia a las dos mujeres, despidiéndose al unísono.

Son tan educados todos, pensó Mary, reprimiendo sus ganas de llorar, porque solo son educados cuando Till está presente.

Mary y Daya se despidieron de igual manera.

—Oh, niños, lo olvidaba —la mujer castaña llamó la atención del grupo—. Como tarea, pediré que dibujen a su familia, con nombres señalando quién es quién.

Los niños asintieron; la mujer esperaba que realmente la hayan escuchado porque parecían más interesados en Till.

Y Till es consciente de eso, aunque obedecen las órdenes del mayor, no puede imponer una forma de actuar en niños de entre cinco y siete años.

—[Se los haré recordar] —prometió Till, inclinando la cabeza a modo de disculpa.

Y con eso, la clase terminó.

...

Los profesores de la organización existen para enseñar, lo cual está implicito en el mismo título.

Se dividen por temas, y uno de ellos es el tema de "términos", donde se les explica a los niños (y también a los adultos) rescatados de diferentes lugares y no conocen los conceptos básicos sobre los humanos.

Después de apenas cinco semanas en la organización, Till sabía que sus protegidos aún recibían clases sobre los términos antes de pasar a estudios generales. No era un secreto para nadie que estaba orgulloso de que sus protegidos aprendieran con rapidez los términos que se les enseñaba, sin duda son niños muy inteligentes.

(Defintivamente sabe de quienes heredaron la capacidad.)

Los profesores pedían a los tutores que reforzaran los temas con los niños, de modo que pudieran internalizar mejor las enseñanzas. Aunque sus niños fueran muy inteligentes, Till se tomaba el tiempo en reforzar lo que aprendieron en clase.

Justo como lo estaba haciendo en ese momento.

—Papá, ya terminé —avisó Sila, dejando el lápiz de color sobre la mesa.

Till tomó la hoja que Sila había estado coloreando y, como recompensa, acariciò su cabeza suavemente. En el proces, desordenó su cabello, pero a ella le gustaban las caricias en la cabeza, así que no le importó.

—[Ahora que todos han terminado, vamos a hablar] —la voz robótica en la muñeca de Till habló.

Los niños, que antes estaban jugando hasta que todos terminaran la tarea, regresaron a sus asientos y miraron a Till con calma.

—[Sus dibujos son muy bonitos] —comenzó, hojeando todos los dibujos—. [Veo que comprenden el tema sobre la familia y los títulos que se les da a cada uno.]

—Somos niños muy inteligentes —repitiò Haku lo que los adultos solían decir de ellos.

—[Me gusta su dedicación al hacer la tarea, valoro mucho que se esfuercen por aprender lo que se les enseña] —dijo Till—. [Sin embargo, debo hablar sobre un detalle que noté en sus dibujos.]

—¿Están mal? —preguntó Asul, ladeando la cabeza.

Till dejó los dibujos en la mesa para que todos lo pudieran ver.

—[Sus tareas no están mal, pero me llamó la atención que solo me dibujaran a mí] —señaló al hombre etiquetado como "papá/papá Till"  en cada dibujo—, [a abuela Io] —su dedo viajó solo un poco para señalar a la mujer con la etiqueta de "abuela/abuela Io" en cada hoja—. [Y a ustedes, de manera individual.]

Por último, señaló en cada dibujo que solo habían tres personas: aquel que representaba a Till, Io y al dueño del dibujo.

—La tarea era que dibujaramos a nuestra familia —Asul ladeó la cabeza al otro lado sin entender todavía.

Parece que los otros niños compartían el mismo pensamiento, y Till suspiró.

—[Está bien] —comenzó despacio, pensando en cómo explicarse—. [Me honra saber que todos me ven como su papá, pero antes de mi llegada, ustedes se tenían entre sí.]

Los niños asintieron. Aunque los aliens no les habían dicho que se cuidaran entre sí, Till notó que lo hacían. Los dos mayores estaban pendientes de los más pequeños, y los pequeños confiaban en los grandes. Aunque no sabían cómo llamarlo, Till percibía que eran muy cercanos.

—Pero no quiero compartir a papá y abuela con ellos —Sila infló las mejillas en un puchero.

—Yo tampoco quiero compartir a papá Till y abuela Io —Asul le sacò la lengua a la niña.

—No puedes pelear por papá Till si no es tu papá de sangre —intervino Tuna.

—Que las familias no son solo de sangre —repitió Haku con fastidio.

—Defiendes esa postura porque no tendrías otro motivo para llamar papá a papá Till.

Eso dio inició a una pequeña pelea, todos contra todos, donde las palabras más recurrentes eran "Papá Till es mío", "Abuela Io no es tuya" y similares.

Till dejó que pelearan un rato; mientras no pasara a mayores, estaba bien que liberaran energía de esa manera. Luego notó que alguien tiró de la manga de su chaqueta. Al bajar la mirada, se dio cuenta que era Izan.

Izan era el único que no había hablado hasta el momento, y aunque su dibujo reflejaba el mismo pensamiento que el resto, en sus manos había otra hoja.

Till revisó el dibujo, esta vez, todos los niños estaban unidos por líneas y eso reconforto al mayor, al menos uno entendió el problema.

Pero al prestar más atención, no todos tenían líneas, y aquellos que sí las tenían era porque estaban relacionados de sangre.

En la parte más alta estaba Io, y justo abajo estaba Till. Tuna, Haku, Asul y Sila estaban dibujados en ese orden, debajo del dibujo de Till.

Había una línea uniendo a Io y Till, pero de Till salìan sólo dos líneas que conectaban con Tuna y Sila, quienes a su vez, estaban conectados con el niño que tenían al lado, cerrando el círculo con una línea entre Haku y Asul.

Y en ningún lado estaba Izan.

Till miró a Izan, por un momento, los recuerdos de alguien de su pasado se superpusieron en su mente, pero rápidamente lo quitó.

No era el momento; su prioridad era Izan.

Soltando un suspiro, Till se sentó en el asiento que le correspondía en la mesa de trabajo de los niños. Las sillas eran deliberadamente más pequeñas, adecuadas para los niños; para un adulto como Till la altura era un poco incómoda así que el mayor optó por tener un cojín cuando ayudaba a los niños con sus tareas.

—[¿Comprendes que eres parte de nuestra familia, aún si no estás relacionado con sangre?] —Till miró a Izan a los ojos. Unos ojos muy familiares le regresaron la mirada pero no la apartó.

Era Izan, solo era Izan quien lo miraba.

Lejos de la lucha interna, Izan asintió con la cabeza. El niño no pudo más y bajó la mirada abatido.

Till lo atrajo en un abrazo, e Izan se aferró al mayor con fuerza.

Los otros niños de alguna manera se dieron cuenta de este intercambio, vieron el abrazo de Till e Izan y también se acercaron. Luego notaron el dibujo de Izan.

—Oh, todos estamos conectados —mencionó Tuna, mirando el dibujo.

—No todos —replicó Haku.

Till le dio un suave golpe en el hombro al niño, una advertencia para que no fuera grosero.

La comprensión social de los niños estaba más desarrollada, así que notaron el ambiente lúgubre.

Sila miró el dibujo y, sin decir nada, tomó un lápiz de color rojo e hizo algunas lineas en el dibujo.

—Ya entendí —la niña de cabello gris llamó la atención de todos—. Todos estamos conectados —alzando el papel para que Till lo viera.

Eso atrajo también la atención de Izan, quien levantó la vista hacía el dibujo notando los cambios.

Sila había trazado numerosas líneas rojas que nacían de Till e Io; todas esas líneas estaban conectadas con cada uno de ellos. La niña también había dibujado a Izan, situado a un lado, entre Till e Io, y había añadido líneas rojas que los unía a ellos.

El detalle más lindo eran los corazones rojos en todo el papel.

—El rojo y los corazones significan amor —explicó la niña—. Io y Till nos aman mucho, así que eso significa que todos somos familia.

—Oh, entonces todos debemos estar en el dibujo del otro —afirmó Tuna, comprendiendo la idea.

—Eso tiene sentido —confirmó Haku, pensativo.

Con eso dicho, todos los niños regresaron a sus asientos y tomaron otra hoja. Ahora los lápices de colores estaban aún más dispersos sobre la mesa, moviéndose de un lado a otro mientras los niños realizaban sus nuevos dibujos.

—[Leíste mucho para hacer ese pequeño árbol de familias, ¿verdad?]

Izan no se separó de Till, y este tampoco lo soltó, observando como el resto de niños dibujaba.

Tras unos segundos de silencio, Izan asintió con la cabeza.

—[Me gusta que siempre busques información por ti mismo, pero recuerda que puedes preguntar a tu maestra, a la abuela Io o a mi.] —Till abrazó con fuerza al niño—. [Ve a hacer un nuevo dibujo, no olvides de incluirte en él también.]

Izan asintió en silencio de nuevo y fue a su lugar en la mesa. Los niños estuvieron un buen rato dibujando con esmero hasta que todos terminaron.

Cuando terminaron, sus dibujos eran incluso más hermosos que los primeros que habían hecho.

Un remolino de emociones invadió a Till, sabía que sus niños aprendían rápido.

—[Lo hicieron muy bien] —dijo apenas conteniendo su emoción.

Y los niños se lanzaron a abrazar a su papá.

Notes:

Muchas gracias por leer, prometo que reviso muchas veces mis escritos para eliminar la mayor cantidad de errores pero se me siguen escapando jajaja

El nombre de los niños es curiosito, de verdad traté que sea la combinación de sus padres pero no suenan tan bien como lo pienso. No soy buena dando nombres, sorry

Hace mucho quería escribir un fic de niños y es extraño de tantas propuestas que tengo en borrador, la de Till criando a los niños de sus amigos salió primero.

Gracioso, pero no gracioso de risa.
Gracioso de raro.