Chapter Text
Seong Gi-hun le había prometido al misterioso hombre, a través de esa llamada, que lo encontraría, que sin importar lo que sucediera, él lo encontraría.
In-ho no podría haber sentido una adrenalina más intensa que esa. Él había visto al hombre participar en los juegos, lo había seguido con una obsesión inexplicable durante esos días en los que el 456 despejaba el camino para coronarse ganador.
Y el hecho que, Gi-hun, ese lindo hombre que en un principio era todo sonrisas e ingenuidad, le prometiera que lo encontraría... Jamás habría imaginado una emoción igual.
Había una particular sensación en su pecho, y de alguna manera no podía evitar relacionar eso con el hecho que Gi-hun fuera un omega y él un alfa. Incluso antes de conocer los datos médicos del hombre, sabía que algo lo conectaba a él. No había estado cerca de Gi-hun, pero algo en su interior le decía que debía estarlo.
Nunca había ido en contra de las reglas, pero le fue imposible dejar de vigilar al omega al finalizar los juegos. Sintió un alivio al verlo bien, apunto de subir a un avión a los Estados Unidos y actuando como si no fuera ya un millonario.
La noticia le llegó unos meses después, Gi-hun no había viajado, y lo estaba buscando.
Por mucho tiempo, solo lo siguió por las sombras, recibiendo actualizaciones del ganador 456.
Muchas veces se encontraba de pie en el motel del omega, con la mano temblorosa mientras se exigía tocar la puerta, entrar por la madrugada, esconderse ahí hasta encontrarse con Gi-hun.
No sucedió. No hasta esa noche.
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No había ocasión en la que no soñara con ese hombre enmascarado. Aquel Front Man.
Por dos años, lo veía tocar la puerta del motel, llegando con las cabezas de Sang-woo y Sae-byeok, mirándolo fijamente, con la sangre y otras partes colgándoles del cuello.
Se levantaba sudoroso, con las manos temblando y el pecho acelerado. Gritando y con un ataque de pánico que no se detenía después de media hora.
Veía el rostro del hombre que jugó ddakji con él, veía los rostros de sus compañeros de juego y el momento decisivo donde perdió a Sang-woo.
Por dos años, el dinero del "premio" lo había estado usando para encontrar al sujeto que lo reclutó para el juego. Tomaba miles de medicamentos y tachaba con una fuerte determinación al finalizar cada día en el calendario colgado en su pared.
El único momento del día en el que se olvidaba de todo, de los terribles momentos que vivió en tan solo unos pocos días, era cuando tomaba tantos medicamentos que no recordaba ni su propio nombre.
Nadie sabía más que la que fue su esposa, que había en su nuca una mordida ya casi desaparecida. Una que se realizó antes que ese alfa lo dejara para irse al extranjero a endeudarse. Dejando al omega solo por tantos años. Con un hueco en el corazón.
Incluso soñaba que volvía a encontrarse con él, que lo visitaba en el motel y se disculpaba por todo lo que había hecho, lo cegado que estuvo por el dinero y la soberbia. En su sueño, le decía que estarían juntos, que no iría a ningún lado. Y Gi-hun dormía con una sonrisa en los labios, creyéndole, misma que desaparecía al amanecer el día.
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In-ho, yendo en contra de cada una de las reglas establecidas en un contrato firmado con sangre, se plantó una vez más frente a la puerta del motel cuando vio al mismo hombre de todas las noches subir a la misma camioneta de todas las noches. Los había visto beber en un bar un par de horas, y aprovechó para pedir unos cuantos tragos también. Al final, se había puesto el traje de Front Man, y con el coraje que le proporcionó el alcohol, estaba decidido.
Sabía que Gi-hun vigilaba las decenas de cámaras instaladas alrededor del edificio, había examinado por días enteros para encontrar los puntos ciegos. No había sido difícil.
Abrió las puertas como si fuera cosa de nada. Entrando con la suficiente confianza para dirigirse a la puerta de lo que sabía perfectamente era la habitación del omega, arrastrando sus zapatos.
Dio un fuerte suspiro, tratando de tranquilizar su mano temblorosa y el constante latido acelerado de su corazón. Tocó, no sabiendo exactamente qué haría a continuación.
Entonces, lo vio. Por primera vez en tanto tiempo, veía a Gi-hun de cerca y, más importante, este le devolvía la mirada. Ni siquiera se sorprendió cuando este, con los ojos adormilados, una arrastrada voz y pasos torpes, lo tomaba de la mano sonriente y lo incitaba a entrar a la habitación.
Una cálida sensación se instaló en su pecho ante el toque, a pesar de ser un contacto entre la mano libre de Gi-hun y su guante frío, sentía con gran detalle la tersa piel, podía sentir el aroma a naranja intensamente. Gi-hun lo dirigió hasta la cama, murmurando cosas sin sentido, pero con una suave y hermosa sonrisa.
Permitió que Gi-hun hiciera lo que deseara, caminando de un lado al otro de la cama, contando con entusiasmo algo que no era capaz de entender.
— ¿Hoy estás molesto conmigo?— Gi-hun se sentó al otro lado de la habitación, mirando fijamente el calendario con varias X marcadas en rojo.— ¿O por qué no has dicho nada?
Con la máscara cubriéndole el rostro, miró a través de las ranuras de la misma al omega. Este lo miraba con los ojos entrecerrados, como si estuviera tratando de no ceder ante el sueño.
Hubo un silencio tenso, con el sonido de la estática de las linternas de afuera siendo su único acompañante.
— Aaah, ¿es por qué anoche dije que eras un imbécil?— Se rió, casi como si lo que acababa de decir fuera un hecho.— Me dijiste que querías ir al extranjero después de la universidad, me dejarás aquí solo, es claro que eres un imbécil. Incluso si prometiste que me marcarías cuando te graduaras...
Nunca habría esperado algo como eso, así que se quedó atónito, con las manos apretándose en claros puños. Gi-hun continuó diciendo tanta información que no le era posible procesarla. Ni siquiera en todos los registros que ordenó encontrar de él decía algo sobre una marca.
— Dime algo...— El omega se acercó a la cama, sentándose junto a él para posar una mano sobre la suya, comenzando a jugar con su palma.— Sang-wooooo...— Arrastró la última palabra.
In-ho sintió cómo el estómago se le subía a la garganta. Ahí mismo, con el omega a un lado de él, todo pareció aclarársele en la mente. Los acercamientos extraños, la mirada feroz del alfa muerto y la falta de información en sus años universitarios. Nunca habría imaginado que Gi-hun hubiera aceptado a algo como eso con ese sujeto.
— Ya, lo siento.— Sentir la cabeza apoyada en su hombro lo sacó de su ensimismamiento.— Es solo que, la idea de que me dejes aquí... Yo realmente quisiera formar una familia contigo, Sang-woo.
— Tienes una hija.— Su voz salía distorsionada debido a la máscara, lo que no pareció llamar la atención del omega.— Sang-woo te dejó y tú tuviste una familia sin él. Murió hace más de dos años.
— No digas eso.— El hombre se tiró en la cama, estirando los brazos en ésta.— Sé que no me dejarías.
El silencio que le siguió, jamás habría dado pistas de lo que sucedería más tarde esa misma noche.
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Un soldado con vestimenta roja le abrió la puerta de la limosina, así que, con un plan en mente, accedió a subir.
No había nadie más en el auto, solo era demasiado elegante y una bocina de cerdo dejaba escuchar una profunda voz distorsionada.
Ésta le expresó su "sincero" deseo porque Gi-hun olvidara lo que sucedió y tuviera una buena vida gracias al dinero ganado. Algo que por supuesto el omega no aceptó.
— Desde ese día solo esperaba volverte a ver.— Dijo con la mandíbula apretada y una mirada clara de odio.
Solo sintió esa misma adrenalina que lo había estado inundando desde que conoció al omega, pero continuó con la conversación, intentando expresar su preocupación por él, quien no entendía lo imposible que era lo que le pedía. Detener los juegos. Eso no podría hacerlo incluso si se lo pedía entre lágrimas y él quisiera también hacerlo.
A través de la bocina de cerdo, no podía ser evidente su consternación. Incluso cuando supo del plan del hombre, el alfa solo pudo ordenar al conductor que no hiciera nada que pudiera lastimar a Gi-hun.
Lo que nunca pudo haberse esperado, es que el omega le pidiera que lo dejara volver a los juegos.
Sintió su corazón dejar de latir un par de segundos, sus manos comenzaron a temblar y la cabeza le comenzó a doler, porque no quería siquiera imaginar volver a ver al 456 dentro de ese "patio de juegos", con el riesgo de no ser el ganador.
No podía ver el rostro del omega, pero sabía que este había tomado una decisión. Y es que, a pesar de no convivir realmente con él, sabía lo terco y determinado que era. El conductor giró a verlo, aunque tenían las máscaras puestas, sabía que lo miraba con duda. Todos los soldados estaban al tanto de lo importante que ese omega parecía ser para el alfa.
Con una mano en el pecho y una extraña sensación en su interior, se vio obligado a acceder, su mente comenzando a idear maneras de beneficiar al omega dentro de los juegos.— Tus deseos son mis órdenes.— Dijo, antes de ordenar dormir al hombre al fondo de la limosina.
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Gi-hun despertó en una cama fría y dura que recordaba a la perfección. Instintivamente, se llevó una mano al vientre, respirando aliviado cuando no pareció haber nada fuera de lo usual.
Su bebé estaba bien.
Gi-hun nunca habría esperado embarazarse, nunca hasta que, una mañana, despertó con náuseas y fuertes dolores en la espalda. Cuando fue al médico, le dieron la extraña noticia de que estaba en cinta.
Inmediatamente, comenzó a revisar las grabaciones de sus cámaras, tratando de entender qué le había sucedido.
Estuvo días forzándose a recordar, mordiéndose las uñas mientras hacía lo posible por conectar los puntos. Al final, terminó concluyendo que el día que salió a tomar con varios de sus hombres, se habría ido con algún desconocido debido al nivel de alcohol en su sistema.
Cuando se enteró de la situación, y dado que ya era demasiado mayor para llevar un embarazo, muchas personas le recomendaron que detuviera el procedimiento. Simplemente, no pudo hacerlo.
El solo pensamiento de tener a un cachorro entre brazos lo hacía sonreír.
Aunque su pequeña Ga-young había sido su adoración por muchos años, lo cierto es que el hecho que no fuera su propia hija le generaba cierto rechazo, uno del que siempre se había sentido culpable.
Al haber estado en un matrimonio con otra omega, el tener hijos no era posible, por lo que la mujer había buscado su propia hija. Gi-hun la adoraba, era una de las cosas más importantes de su vida, pero no podía evitar los sentimientos contradictorios causados por el instinto omega en él.
Así que ahí estaba, con un vientre apenas prominente a pesar de tener ya ocho meses y algo. Miró alrededor de él a todos los jugadores despertando tan confundidos como lo estuvo tres años atrás. Incluso tuvo un extraño encuentro con una mujer de delineado demasiado marcado.
Buscaba las cámaras en todo momento, sabiendo que ese hombre lo estaba viendo, disfrutando de verlos competir como si fueran caballos. Estando ahí para su mera diversión, cual piezas de ajedrez.
Intentó examinar toda la sala, con los 455 jugadores bajando de sus camas y comenzando a platicar entre ellos, curiosos y completamente ignorantes ante el tema. Todas las conversaciones le daban completamente igual, y cuando los soldados rosas entraron al lugar, fue como si los traumáticos momentos lo golpearan como un balde de agua fría. Estaba estático, asustado, pero sobre todo con un enojo que le subía de pies a cabeza.
— Tenemos una regla especial.— Habló el hombre con máscara de cuadrado.— Cuando lo deseen, pueden retirarse del juego, y el premio será dividido entre ustedes. Cada vez que terminen un juego, haremos la votación.
Sintió una bofetada en el rostro, sorprendido porque esa no era una regla que recordara haber escuchado en los juegos anteriores. Aún así, no bajó la guardia, apretó los puños mientras todos los jugadores seguían las reglas para enfilarse y firmar las hojas de consentimiento.
Tuvo un escalofrío cuando el soldado volvió a aclarar que podrían decir si no querían jugar antes del primer juego, "mirándolo" fijamente.
Sonrió para sus adentros, hipócritas. Si él les hacía saber que estaba arrepentido, no dudarían en matarlo. Como si fueran a dejarlo ir como si nada. Firmó.
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El primer juego había sido más interesante de lo que habría imaginado. Gi-hun había tomado la batuta del juego y había guiado a los jugadores. Hubo una baja de casi 100 jugadores, probablemente de las más bajas en toda la historia de los juegos.
In-ho había visto que el omega se había pegado con un hombre del que no sabía nada, mas que su nombre y que solía ser amigo de Gi-hun. El nombre no lo recordaba, no era demasiado importante.
Mientras todos los jugadores eran regresados a la habitación, In-ho aprovechó para llevar a cabo su plan. Uno que ni los VIPs conocían.
Todos habían estado demasiado aterrados y sumidos en salvarse a sí mismos que no recordarían que el jugador 001 había muerto en el primer juego. Así que, con ayuda de los soldados rosas, el alfa entró junto al montón de asustadizos jugadores.
Se rió desde su posición cuando vio a una mujer ya anciana ponerse de rodillas a pedir que perdonaran la vida de su hijo.
Su hijo había decidido, señora. Deberían dar gracias porque siquiera se le ofreciera una oportunidad más al bueno para nada.
No se sorprendió cuando Gi-hun recordó la 3ra regla, un poco frustrado porque recordaba que aquel alfa muerto había hecho lo mismo durante los juegos donde Gi-hun participó anteriormente. No dudaba que lo estaba recordando. Eso lo enojaba tanto, pero no tenía prueba alguna de que el alfa tuvo algo que ver con el omega.
Cuando comenzó la votación, no esperó que quedaran empatados, siendo él el que debiera decidir por todos.
Pensó en presionar la X y liberar al omega, pero su parte más irracional y egoísta, le hizo darse cuenta que podría ser la última vez que viera a Gi-hun. Una rabia instalada en su pecho se hizo más evidente cuando al pasar para votar, vio a Gi-hun murmurando algo con ese supuesto amigo.
Apretó los puños por un segundo antes de quedarse frente a la X y a la O. Finalmente, presionando el botón azul.
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— Los huevos son buenos durante el embarazo.— Le susurró la mujer adulta, poniendo el huevo estrellado en su plato de comida.— Come, por favor.
Gi-hun la miró fijamente, ella solo le guiñó un ojo, incitándolo a comer. Él entonces se vio obligado a aceptar, ignorando las náuseas mientras agradecía por la comida.
Todo iba tranquilamente bien, aún estaba preocupado por el siguiente juego, pero, de alguna manera, el gesto de la anciana señora provocó una calidez en su cuerpo, su hijo había llegado por ella para regresarla a su cama.
— ¿Entonces tú sabes cuál es el siguiente juego?— Le preguntó su amigo, Jung-bae, mientras devoraba de su arroz con entusiasmo.— Si dices que anteriormente ganaste, debiste haber pasado por el segundo.
Gi-hun miró alrededor, unos cuantos jugadores estaban junto a ellos, escuchando. Y de pronto, vio al 001 acercarse a ellos. Una extraña sensación se instaló en su vientre y pecho, miró fijamente al hombre, mientras sus manos sudorosas intentaban sujetar con seguridad su plato de comida y tenedor. In-ho le devolvió la mirada, esos fríos ojos, llenos de cansancio y odio dirigiendo toda su atención en él.
— ¿Por qué volviste?— Le preguntó después de una charla trivial, donde Gi-hun le reclamó por haber votado por el círculo en vez de dejarle a todos escapar.
Sonrió discretamente cuando Seong Gi-hun le habló con una fuerte y prepotente voz. De una manera que lo hizo temblar y desear por más. Aún así, tenía un claro plan en mente, por lo que hizo todo lo posible por fingir indiferencia.
— Ese dinero estaba sucio.
El resto de la conversación, se empeñó en provocar a Gi-hun, queriendo volver a ver esos ojos de furia y la marca de sus venas en su cuello. Sentía satisfacción por ser algo tan notorio en la vida del omega que el mínimo comentario lo hacía salirse de sus cabales.
Le dijo que había votado por él, logrando que Gi-hun sintiera absoluta responsabilidad porque se hayan quedado para un juego más. Eso lo hizo sonreír mientras veía fijamente al omega, examinándolo de pies a cabeza. Subió de peso, qué lindo, la vida de un millonario ha de ser tan satisfactoria.
La conversación habría continuado de no ser por un par de sujetos que comenzaron a pelear contra otro pobre joven.
Gi-hun los miró notablemente consternado, y eso llamó la atención de In-ho.
Determinado, se interpuso entre los tres, pidiendo que se detuvieran para no perturbar más al emocional omega.
— ¡Regresa a cuidar a tus propios hijos!— Ese comentario enfrió al hombre, que solo lo miró con una clara molestia, pidiéndole que lo repitiera.— ¡Dije que te regreses a cuidar a tus propios hijos!
Ni siquiera se dio cuenta cuando se estaba enfrentando con dos jóvenes a golpes, incluso tomó a uno de ellos del cuello, totalmente ensimismado en la idea de matarlo. Nadie debería molestar ni por un segundo al omega que lo miraba del otro lado, gritándole.
— ¡Hey!— Detuvo de inmediato sus golpes, escuchando el temblor en la voz del hombre. Levantó la mirada, buscando al dueño de aquellos gritos. Gi-hun estaba de pie, con una mano en puño y la otra sobre su estómago. In-ho soltó al joven, alejándose de ellos sin decir una palabra.
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A la noche de ese día, In-ho vio a Gi-hun sentado en la cama, sin aparente ánimo por dormir. Se acercó, con ánimos de platicar con él, disfrutar de su cercanía y sentir su aroma a naranja. En silencio, caminó hasta llegar a él.
— ¿Te molesta si platicamos?— Preguntó suavemente, mirando a los ojos a Gi-hun, con un poco de dificultad por la falta de iluminación adecuada.— Yo... perdí un poco el control hace un rato. Te pido una disculpa.
— No, está bien.— Susurró el omega.— No debí culparte así, yo también te pido una disculpa.
Esa misma noche, In-ho le contó la historia de su esposa que había muerto años atrás. Algo que Gi-hun no necesitaba saber, era que fue un matrimonio arreglado, uno que le había sido obligado a cumplir, un matrimonio para asegurar su linaje. Lamentablemente, ella sufrió de cirrosis a medio embarazo y, con su último aliento, maldijo a In-ho antes de confesarle en qué grandes deudas lo había dejado.
Aun si sentía un profundo rencor por la mujer, sabía que de esta manera podía ganarse la confianza y lástima de Gi-hun.
Por más que actuara como lo hacía, podía sentir que él seguía creyendo en la gente, confiando en la bondad de cada una de las personas. Ingenuo y adorable.
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Despertó con el pecho acelerado, pues había visto en ese terrible sueño como todos le reclamaban por haberlos engañado en el siguiente juego. Vio la mirada de decepción y enojo del 001 y sintió unas profundas ganas de vomitar, queriendo que no lo viera más así. Trató de regular su respiración, sobando suavemente su vientre y con la otra mano limpiando un par de lágrimas traicioneras.
Dio un profundo suspiro, viendo fijamente entre las camas a todos los jugadores durmiendo tranquilamente, envidiando su estado. Debería estar descansando por su bebé, pero no se sentía capaz. No cuando miró fijamente a las cámaras, sabiendo que ese maldito seguramente los estaba vigilando.
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— El siguiente juego lo harán en equipos de 5.— La voz de la mujer de siempre resonó por la habitación. Todos entonces miraron a Gi-hun, tratando de pedir una explicación.
— ¿Es el juego de dalgona o no?
— Tranquilos, es nuestra culpa por creerle a este demente.— Comentaban varios hombres, alejándose de ellos mientras buscaban sus propios equipos.
— ¿Qué hacemos ahora?— Preguntó el amigo de Gi-hun, mirándolo fijamente. Beta fastidioso, In-ho lo estaba matando con la mirada.
— Yo aún creo en ti.— Se dirigió a 456, sintiendo ese dulce aroma a naranja y disfrutando de su mirada de cachorro perdido. Cada día era más miserable y eso lo hacía querer morderle las mejillas.— Si me permites... Quisiera estar en tu equipo.
— Si somos 4, necesitaremos de alguien más.— Jung-bae palmeó el hombro de Gi-hun antes de alejarse junto a Dae-ho, aquel otro joven que jugaba a ser marinero con su amigo.— Iremos a buscar a alguien.
Aunque no hablaron mientras los otros dos trataban de acompletar el equipo, In-ho no se perdió de la manera en la que el omega jugaba con sus manos, aparentemente nervioso, a veces se sostenía del estómago con claras intenciones de vomitar, o se mordía las uñas, respirando pesadamente. Le podría haber dicho que no importara lo que pasara, ellos estarían bien, pero le gustaba más ver la desesperación de Gi-hun.
Al final, Jung-bae y Dae-ho regresaron con una jovencita pequeñita y delgada, de mechones rubios y cara angelical. No le importó demasiado, al menos por esta vez se salvaría.
El juego era demasiado simple, 5 actividades para niños que todos deberían dominar a la perfección, así que cuando llegó la repartición, Gi-hun lo miró con expectativa y una pequeñísima sonrisa en el rostro, preguntándole en qué juego era bueno.
— Yo soy bueno... en el que tú prefieras, Gi-hun.— Antes de darse cuenta, lo había llamado por su nombre. No se suponía que supiera su nombre y el omega era consciente de ello, así que tragó duro cuando este le preguntó cómo sabía dicha información.— Es que... he escuchado como tu amigo te llama. ¿Te molesta?— El contacto visual con el hombre más alto podía hacer temblar al líder; aquel Front Man que imponía respeto y, entre algunos, miedo, temió por la respuesta del omega.
— Claro que no...— Le sonrió discretamente.— Puedes decirme así.
Cuando los encadenaron juntos, In-ho solo pudo sonreír para sus adentros, imaginándose quedarse así con aquel omega de mejillas rellenas por haber engordado un poco, con el ceño fruncido y su usual expresión de miseria.
Durante las primeras rondas, se dejó llevar en cada celebración, tomándolo fuertemente del hombro mientras gritaban y vitoreaban, aunque siempre había disfrutado de ver a Gi-hun como si un constante dolor lo persiguiera, encontró más reconfortante el verlo brincando y riéndose por ver a los demás equipos completar los retos.
— A muchos les fue bien.— Murmuró uno de los hombres a su lado. Por más que lo mirara tantas veces como fuera posible, no lograba recordar sus facciones, por lo que le era más imposible saber su nombre.— Podemos ganar.
— Además, ya tenemos a un ganador.— Le sonrió al omega, quien, aparentemente un poco más relajado, le devolvió el gesto.
Los primeros tres lograron pasar sus retos a la primera, y 456 sonrió tanto que al líder no le parecía posible. Cuando llegó su turno, se sintió demasiado convencido de que, así como provocaba lo peor del hombre, también podría hacerlo sentirse emocionado. Sin siquiera imaginarlo, recordó las veces que ya había visto al omega sonreír a través de la cámara, y de alguna manera siempre era cuando estaba junto a cierto inútil alfa que al final solo pensaba en traicionarlo con su último aliento. Sintió tanto enojo porque un hombre así hubiera estado tan cerca de Gi-hun que inevitablemente falló en su intento con el trompo.
El silencio que le siguió a su tiro tan patético le quemó en la garganta. Miró a Gi-hun, quien comenzó a murmurarle que no se preocupara y que había tiempo suficiente para un tiro más.
Lo que le siguió a eso, no podía recordarlo. Se sintió tan avergonzado y enojado consigo mismo que falló otros intentos más; incluso se las ingenió para lanzar el trompo hacia atrás que temió porque se les acabara el tiempo. Gi-hun no moriría por su culpa.
Un par de gritos de desesperación le siguieron después, pero el omega solo seguía apoyándolo, aunque los demás de su equipo también lo hacían, lo único que resonaba en su mente era la cálida voz de Gi-hun.
Se tomó un segundo para relajarse, recordándose la razón por la que había entrado a los juegos en primer lugar.
Un tiro victorioso, y celebraciones de todos.
Sin detenerse a pensarlo demasiado, comenzaron a avanzar hacia el último juego con pocos segundos restantes. Gi-hun entonces continuó con su propio reto, logrando 4 patadas correctas y 1 que tuvo un poco de ayuda del líder. Entre la emoción, ninguno reparó en que prácticamente había sido trampa. Pero ganaron, eso era lo más importante.
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La misma mujer mayor que le había regalado algo de su comida el primer día lo saludó con emoción al entrar, siendo la única que les sonrió mientras se dirigían a sus camas. Gi-hun se sostuvo del vientre, preocupado porque se había agitado demasiado en el segundo juego, había hecho muchos movimientos bruscos que podrían haber molestado a su bebé.
Todos bromeaban y se reían cuando el chico más joven les recordó que no conocían sus nombres. Se presentó como Kang Dae-ho, y entre todos comenzaron a presentarse también.
— Yo soy Oh Young-il...— Dijo lo primero que se le ocurrió.— Como mi número.
Siguieron riendo hasta que los soldados rosas entraron, anunciando el resultado del segundo juego. Viendo los billetes caer, muchos se dieron cuenta que la cantidad por cabeza no era suficiente para saldar sus deudas, todos se veían tan necesitados de dinero que In-ho solo examinaba a cada persona que poco a poco perdía la cordura. El dinero era tan poderoso que no les importaba quejarse porque suficientes personas no habían muerto.
Anunciaron que harían la votación establecida después de cada juego, y Gi-hun se sintió preocupado, aunque tenía la idea de un plan en mente, cada vez se sentía más urgido por salir de ahí y mejor ocuparse de su cachorro. Estaba ya en los últimos días y no se imaginaba perdiéndolo o dándolo a luz en un lugar tan horrible como ese.
Miró a Young-il, examinando sus facciones, sintiendo un muy ligero aroma a cedro, uno que sin poder evitarlo le recordaba a Sang-woo y su peculiar olor a pino. Su bebé, que siempre era tranquilo y muy apenas lo molestaba, se removía cada vez que hacía contacto visual con el 001. No de una manera preocupante, era como si tuviera la necesidad de hacerse notar, pero no era algo que quisiera que el hombre supiera. Nadie tendría que saber su estado, por protección y porque podrían verlo como un blanco fácil. Su mirada bajó al gafete que marcaba una O. Lo vio llevarse una mano a él y le sonrió, diciéndole que esta vez votaría por la X.
Lo cumplió, y eso lo hizo suspirar de alivio. Aunque solo era un voto, podía hacer la diferencia para irse a casa. Muy, muy en el fondo, por primera vez pensó en no querer irse cuando volvió a hacer contacto visual con Young-il. ¿Y si no lo volvía a ver?
Aunque solo lo conocía desde hace dos días, había algo en el hombre que lo atraía como un imán, llamaba su atención y tenía la necesidad de conocerlo mejor.
Tal vez... Si salieran hoy, Young-il y él podrían ser tan cercanos como anhelaba. ¿Sería capaz de encontrarlo de nuevo? ¿Qué tal si salían y se separaban para siempre?
¿Y si se quedaran, qué tal si ambos fueran finalistas y tuvieran que matarse entre ellos? No se sentía capaz de repetir el ciclo, pues cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro del hombre que por muchos años en su juventud fue su alfa. Sintió las lágrimas acumularse en sus ojos cuando estuvo dispuesto a volver a dar un discurso para convencer a todos de irse. No pasaría por lo mismo.
Ni siquiera cuando Young-il le quitó las palabras de la boca e intentó que los demás jugadores cambiaran de opinión hicieron una diferencia. Al final, por mucha diferencia ganó el lado de la O.
In-ho miró a Gi-hun regresar a su cama con aire derrotado, después de escuchar como todos pedían jugar un juego más, esperaba que el omega se diera cuenta cómo era la gente cuando había dinero de por medio. Quería destruir toda esa fe que aún sentía por la gente. Quería que recordara que ese alfa muerto era igual al resto de gente con la que se encontraban encerrados. Aunque no pensaba que sí se quedarían para un juego más, el cómo resultaron las cosas pareció beneficioso para él. La gente podía ser deshumanizada por el egoísmo y la avaricia, Gi-hun debería perder toda la confianza en las personas, quería que pensara que el único con suficiente criterio era él. Se sentó junto a él, viendo cómo se perdía entre sus pensamientos. ¿Estaba perdiendo la esperanza? Porque esperaba que sí.
Disfrutó demasiado el reclamarle al amigo de Gi-hun, quien traicionó terriblemente al omega y eso evidentemente le había afectado. Cada vez, In-ho podría ser la única persona en la que el hombre confiara, en la que se apoyara. Eso era lo que más deseaba.
Trató de animarlo un poco, regalándole de su propia comida al tener un sentimiento que le exigía cuidar de él. Algo que iba más allá de sus propios deseos, como un instinto más primitivo. El aroma a naranja iba endulzándose más, aumentaba su intensidad y le preocupaba que alguien más lo sintiera, aún si a todos antes de ingresar a los juegos les inyectaran supresores y les pusieran inhibidores en cada uno de sus alimentos. Internamente negó, tratando de no preocuparse por eso, nadie realmente parecía sentir las fuertes feromonas.
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Gi-hun, cada vez más paranoico, pidió a todos que estuvieran alerta durante la noche, creando una barrera con varios colchones para estar protegidos.
In-ho lo provocó un poco, acusándolo de exagerado e intenso, y una adrenalina se encendió en su pecho cuando este le levantó la voz, hablando desde su propia experiencia por los juegos anteriores. Solo sonrió un poco antes de disculparse, recordándose a sí mismo que no se sobrepasara con él cuando apenas se estaba ganando su confianza.
Vio a Gi-hun tomar asiento en una de las camas, asignándose a sí mismo la primera guardia.
Solo se quedó ahí, recostado en su propia cama, cuidando del omega en caso que los demás se alteraran y comenzara un ataque. Apretó los puños con enojo, su mandíbula se tensó y trató de no moverse ni un poco cuando escucho al omega hablar con el otro hombre, aquel que se proclamaba mejor amigo de Seong Gi-hun. Escuchar la voz de ese sujeto lo sacaba de sus cabales en sobremanera, le molestaba la manera tan confianzuda en la que hablaba, se susurraban y se reían por alguna conversación que no le era muy interesante. Solo quería levantarse de la cama y ahorcar hasta la muerte al otro hombre, alejarlo de Gi-hun.
Tenía una risa tan chillona que solo pensaba en patearlo, golpearlo en la cara y presionar sus manos alrededor de su cuello hasta que dejara de escucharla.
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El tercer juego fue más demandante de lo que se habría imaginado. Cada vez se preocupaba más por su cachorro, el tener que estar corriendo para ocupar una habitación lo alteró demasiado. Cuando la plataforma se detuvo y la voz femenina anunció el número, Young-il lo agarró de la muñeca y se ofreció como soporte para que no perdiera el equilibrio cuando vio lo difícil que le estaba siendo correr. Aunque era claro que estaban en una situación de estrés y adrenalina, algo lo hizo sentirse tranquilo al saber que 001 y él estaban en la misma habitación.
Exhaló fuertemente cuando los seguros de la puerta se activaron y estuvieron a salvo por completar las 10 personas. Vio por la ranura de la puerta como los que no se salvaron eran brutalmente asesinados, por cada balazo que resonaba en sus oídos, su corazón se aceleraba más y más. Tuvo un extraño pensamiento, durante este juego, no debería separarse de Young-il si no quería que este se quedara fuera y tuviera el mismo destino que aquellos. Suspiró, apartando la mirada de la puerta para ver a las otras 9 personas dentro de la habitación.
Sintió un escalofrío subirle desde la parte baja de la espalda hasta los hombros cuando aquella mujer que proclamaba estar en contacto con los dioses lo miró fijamente, bajando la mirada hacia su vientre.
Alzó una ceja, y sin decir nada, le sonrió como si de una loca se tratara.
In-ho siguió la mirada de la mujer, un poco extrañado por el gesto.
Lo distrajo la chicharra, así que salieron del cuarto y avanzaron a la plataforma, listos para la segunda ronda.
Cuando anunciaron el número, In-ho inmediatamente cedió su lugar, sabiendo que así estaría asegurando la sobrevivencia del 456.
Aunque habría podido quitar del camino a alguno de las tres lacras que no se habían separado de Gi-hun, tenía un mejor plan para más adelante.
El omega vio a Young-il desaparecer entre todos los jugadores desesperados, desesperado por ver que entrara a una habitación a salvo. Alguien desde la habitación le exigió que entrara, y por varios minutos se quedó mirando a la nada, con una extraña sensación el pecho y miedo porque el 001 no fuera lo suficiente rápido y ágil.
El silencio después de todos los disparos fue todavía más tenso, y Gi-hun salió dando pasos temerosos, viendo entre todos los cuerpos si lograba reconocer alguno.
Sentía la garganta seca, incapaz de gritar por él. Consternado, escuchó a la lejanía cómo gritaban su nombre, y siguió con la mirada a Jung-bae que corría a abrazar a alguien. Era Young-il.
Suspiró tan aliviado que todas sus preocupaciones desaparecieron por un momento.— Me... me alegra que estés bien.— Dijo con la voz temblorosa, tratando que no fuera tan evidente su desesperación.
En la tercera ronda, el número fue el 3. Así que, sin pensarlo, Gi-hun se pegó al otro hombre, asustado porque volvieran a separarse. Incitó a Jung-bae, Dae-ho y Jun-hee para ponerse a salvo, Young-il y él encontrarían a alguien más y pasarían la ronda. Pasó un brazo por el del 001 y comenzaron a correr, buscando a su tercera persona.
Vio a la mujer mayor parada en medio de la plataforma, aparentemente paralizada y se lo hizo saber al otro hombre. Corrieron para sostenerla cada uno de los brazos y corrieron hasta la habitación más cercana. Él, víctima del cansancio y el sobreesfuerzo, se dejó caer en el piso un par de segundos.
— Señora... ¿está usted bien?— La anciana salió de lo que parecía un trance, y comenzó a hacer reverencias en el suelo, agradeciendo porque la habían salvado.— No, no...
— Gracias, mi hijo y yo nos separamos sin querer pero- Bueno, no- no importa, muchas gracias.— Hizo una última reverencia antes de incorporarse, pareció reconocer a Gi-hun y suspiró aliviada.— ¿Cómo alguien en tu estado pudo terminar así? Por favor cuídate mucho y... Estoy segura que saldremos de esto, en la siguiente votación nos iremos y tu bebé y tú estarán bien, te lo prometo.— Habló tan rápido que el omega solo sonrió, recordando un poco a su madre y al mismo tiempo sintiendo alivio porque alguien más aparte de él se preocupara por su cachorro.— Cuando- cuando salgamos de aquí debes ir a consultar, ¿sí?
La voz femenina, que a este punto no sabían si se trataba de una persona o una máquina, avisó a través de los altavoces que regresaran a la plataforma, y Gi-hun solamente hizo contacto visual con esa fría y aguda mirada, asintiendo ligeramente antes de salir del lugar. Ahora caía en cuenta que el hombre lo había escuchado todo, sintiéndose un poco preocupado por cómo se tomaría la noticia. ¿Lo vería como un estorbo? ¿Qué tal si se alejaba de él por su cachorro? Aun si se repetía una y otra vez que llevaba un par de días conociendo a Young-il, sentía un tirón en el pecho al imaginarse lejos de él. En pocas horas, se había ganado su confianza y sabía que podía creer en él.
( . . . )
La manera en la que su corazón comenzó a correr más rápido que sus pensamientos lo dejó en un trance mucho peor al que vivió durante el final de los juegos de hace tres años, cuando no sabía si 456 sería capaz de salvarse. Nada lo sacó de ese estado por la siguiente ronda, ni siquiera el tembloroso y fuerte agarre en su muñeca que lo llevaba con prisa hasta una de las coloridas habitaciones. No dijo nada. Nada cuando el silencio era demasiado ruidoso, lo más tenso que había estado. No fue ni capaz de advertirle a todos que la última ronda sería de a dos.
Había tantas cosas rondando en su cabeza que tenía ganas de golpear a cualquiera que se atravesara en su camino en esa última ronda. Y lo hizo, empujó a todo aquel que le estorbara a la habitación, y se sintió todavía más errático cuando no vio a Gi-hun por ningún lado, estaba tan absorto en una pregunta que rondaba en su mente que no le importó ahorcar hasta matar al tercer hombre que estaba en la habitación. No le importaba ir en contra de las reglas, tenía que estar seguro que el omega y él pasarían la ronda. El amigo de Gi-hun se fijó en su oscura mirada, en cómo apretaba los colmillos y sus manos hacían más evidentes sus venas. No dijo nada, ni siquiera cuando el otro sujeto ya estaba muerto y Young-il seguía apretando más y más. Incluso retrocedió unos pasos, sintiendo la fría puerta cuando los dedos del 001 empezaban a penetrar la piel del cadáver. Tembló, aterrado por el estado del que evidentemente, era algo más que un alfa.
Tuvo sus dudas desde el primer momento que lo vio. Aunque era un beta, el aura imponente del hombre dejaba en claro su casta, pero con estas actitudes que incluso a un sujeto que no era capaz de sentir feromonas paralizaba, prendió varias alertas en la mente de Jung-bae.
Al finalizar el juego, todos platicaban en las probabilidades que tenían de irse en la siguiente votación. El 456 había estado evitando dirigirse al 001, y este estaba tan alterado que solo se sentó un poco alejado de ellos, con las manos ensangrentadas y temblorosas.
Había tanto en su mente que ningún pensamiento se concretaba. ¿De quién sería el bebé? ¿Por qué Gi-hun se pondría en riesgo en ese estado? ¿Cómo haría para salvarlo? No concebía la idea de que el cachorro fuera de algún alfa que formara parte de la vida del omega. Se sintió tan desesperado porque no tuviera información al respecto. Tal vez era del hombre que lo visitaba cada noche, ese que sabía que era jefe de varios hombres que habían estado buscando al reclutador por tres años. ¿Querría que un bebé que fuera de Gi-hun pero no suyo existiera? Solo podía pensar que el omega debía estar en sus últimas semanas por la forma en la que lo analizó mejor después de escuchar lo que la anciana dijo. Entonces había tomado la decisión de tenerlo.
Tal vez podría dejarlo tenerlo y más adelante deshacerse de él. Podrían tener uno juntos cuando salieran de los juegos. Subiendo y bajando una de sus piernas, comenzaba a idear cuál sería el siguiente paso para sacarlos de ahí. Si votaban más de 7 por la X, serían libres. Podría quedarse con Gi-hun y engañarlo con que su bebé estaría bien. No estaba muy seguro que la mayoría votara por irse, después de todo, muchos de ellos necesitaban más dinero del que se repartiría si terminaran los juegos en ese momento.
La votación comenzó desde el 456, In-ho solo seguía sintiendo el sabor de la sangre seca entre sus uñas mientras miraba a todos y cada uno de los bastardos en el lugar, celebrando cada vez que uno de los dos bandos tenía un voto más. Si se iban, si quedaban libres, Gi-hun sería solo suyo. Ni siquiera su propia sangre le arrebataría al omega de sus manos. Una ferviente ira seguía en aumento cuando veía a ese hombre susurrarle algo. ¿Y si era de él? Desde que habían entrado al juego aquel no se le separaba, rondaba y hostigaba a Gi-hun con una intensidad que ya lo había cansado.
— En la habitación del último juego... Él...— Jung-bae se escuchaba algo dudoso, Gi-hun levantó las cejas, expectante. El sonido del voto rojo interrumpió a su amigo, y este simplemente suspiró aliviado y se miraron fijamente. Aunque no había ganado la X, estaban empatados.
Aún había posibilidades de irse.
Young-il se acercó al omega y, sin decir nada, simplemente le extendió su plato de comida. Lo miró tan serio que provocó un extraño escalofrío en todo su sistema. Le dio un ligero asentimiento de cabeza y se alejó de ellos, acercándose a uno de los soldados rosas para pedir algo, este simplemente caminó hasta la puerta y lo dejaron salir. Durante esas horas los dejaban salir al baño en el momento que quisieran. Gi-hun lo vio salir de la habitación, dando un largo suspiro antes de girarse hacia las personas que lo rodeaban, quienes intentaban convencer a todos los del lado azul para que votaran por la X a gritos.
— Cuando salgamos, te invito a comer, Gi-hun.— Le sonrió la mujer mayor.— Puedes traer a quien quieras.— El omega rió nervioso, agradecido por la sutileza no tan sutil de la mujer que tanto le recordaba a su madre, que le recordaba su propio arrepentimiento por no haber sido el mejor de los hijos. Tan desagradecido, grosero y desconsiderado con ella.— ¿Qué te gusta?
Trató de ignorar el peso en su pecho y el extraño dolor en su vientre, porque nada podía hacerlo olvidarse del hecho que Young-il había estado raro con él desde que asumió su embarazo. Aunque quisiera ignorarlo, le generaba una desagradable desesperación que el hombre se alejara de él. ¿Por qué hasta su bebé sentía el rechazo? Fingía tranquilidad cuando la manera en la que pateaban su estómago le estaba provocando náuseas.
In-ho regresó siendo escoltado por un par de soldados, así que antes que comenzaran a entregar los almuerzos, aprovechó a tomar su lugar claramente destinado junto a Gi-hun. No le dijo nada, pero con la pequeña sonrisa que le regaló pudo ver como los tensos hombros del más alto se relajaban. Cada vez era más evidente lo fácil que podía cambiar su estado de ánimo.
Esperaba que pronto pensaran qué posibilidades tenía cada uno con los tenedores que había exigido que implementaran en cada plato. Esperaba, que los X decidieran reducir el número de los O, que Gi-hun se pusiera, por al menos una vez más, por encima de todos. Quería provocar los instintos más protectores y salvajes del omega, pues aunque no le agradaba la idea de que cargara con un cachorro que no era suyo, podría serle de gran ayuda por ahora. Luego encontraría la forma más discreta para deshacerse de él con sus propias manos.
