Actions

Work Header

Recuerdos de Otoño

Summary:

Hyoga y Shun emprenden un viaje de pareja, aunque no todo saldrá exactamente como lo planearon.

Notes:

Para Koma ♡

Happy B-day!!! ٩( ᐛ )و

Work Text:

Hyoga tocó el claxon tres veces para indicarle a su novio que estaba afuera esperándolo. Llevaba más de veinte minutos y no había rastro de Shun —y eso que Hyoga se había retrasado poco más de quince minutos—. Volvió a tocar la bocina del auto precipitadamente, haciendo voltear a uno que otro transeúnte molesto por el horroroso chillido del auto.

—¡CÁLLATE! —El grito que provenía del balcón del quinto piso era inconfundible, al menos ahora tenía la atención de Ikki—. ¡Ahora baja! —bramó el Fénix encolerizado. Si algo odiaba en la vida era atravesar su mañana sin una apropiada taza de café, pero tener que aguantar además el barullo ensordecedor del auto de Hyoga era demasiado.

Pocos minutos después del alarido del Fénix, Shun salió corriendo por el portón del edificio. La messenger que siempre llevaba con él —negra, con el color diluido y la tela desgastada por el uso, atiborrada de pines de sus bandas preferidas—, prácticamente volaba detrás de él de la velocidad que traía, el pavimento era golpeado sonoramente por la suela de sus botas, mientras el peliverde recibía a Hyoga con su encantadora sonrisa.

—¡Gomen, Hyo-chan! —se disculpó, arreglando algunos cabellos rebeldes que habían caído sobre su rostro. Luego se inclinó sobre la ventana abierta del automóvil para besar fugazmente los labios de su novio.

Hyoga sonrió. —Tú no eres de llegar tarde, ¿qué te ocurrió?

—Nii-san quemó el desayuno y activó la alarma contra incendios —suspiró Shun mientras se acomodaba en el asiento del copiloto—. Ahora todo el departamento está mojado, me tuve que cambiar.

Hyoga trató de contener una carcajada al imaginar el desastre en el departamento de su novio, Ikki seguramente estaría más molesto porque no podía culpar a nadie más que a él que por la situación en sí.

—Lo siento por los muebles —agregó Hyoga después de reír—. Eran feos, pero los compraron con su esfuerzo.

Shun soltó una risita, una que se desvaneció casi al instante. Los muebles eran lo de menos, su prioridad estaba en otras posesiones, a su parecer, mucho más valiosas.

—Me preocupan más los cassettes. ¡Toda mi colección de Van Halen estaba ahí!

—¿No dejaste algunos en casa de Saori?

—¡Sí, pero mis favoritos estaban acá, Hyoga-chan! —le reprochó, desparramándose en el asiento, luego se enderezó abruptamente, haciendo a Hyoga brincar—. ¡Los vinilos! ¡Lo mato!

—¿Quieres dejar esto para otra ocasión? —inquirió Hyoga arqueando una ceja, su corazón aún acelerado por el repentino alarido de Shun.

Shun suspiró ruidosamente. —No... ya que. Lo veré cuando volvamos. Además ya rentaste el auto.

—¡Eso es lo de menos! Podemos ir en moto —respondió con una sonrisa pícara.

—Hay una razón por la que rentaste esto... —declaró Shun—. No me subiré en esa cosa.

Hyoga rió. —Entonces, ¿vamos?

Shun asintió emocionado. —¡Hai!

El recorrido inició, su destino era un parque ecológico en la Prefectura de Saitama, en los suburbios de Tokio. Un destino turístico popular, pero que ninguno de los dos había visitado jamás. Después de una larga charla en la que los dos cayeron en la cuenta de que no sabían actuar como una pareja normal —pues su estilo de vida como Caballeros de Athena no se los había permitido— Hyoga había buscado una lista de cosas cursis y clichés para hacer en pareja; desde citas en cafeterías artesanales hasta idas al cine, ambos habían tenido todo tipo de citas "normales" a lo largo del año. Nada de misiones peligrosas a lugares remotos, o desayunos desabridos en el hospital acompañados de un buen maratón de alguna sitcom; simplemente citas inofensivas en las que no había que golpear a nadie, y donde la siguiente no dependía de si salían vivos o no.

Entre las principales atracciones de aquel parque, estaban los campos de muhlenbergia, o pink muhly, plantas gramíneas que eran más vistosas en otoño, cuando sus flores esponjosas se tormaban de un rosa intenso y parecía como si uno caminara entre nubes coloradas. Un destino perfecto para disfrutar en pareja una tarde de otoño, donde los cálidos colores de las flores le daban un toque acogedor al clima, otorgándole una estética romántica y colorida al ambiente.

Y para hacer el día más emocionante, Hyoga había matado dos pájaros de un tiro: Sabía que Shun no se subiría a su motocicleta mientras tuviera consciencia —aunque el rubio no se imaginaba nada más romántico que ir uno atrás del otro abrazados en la moto—, así que le propuso a Shun rentar un auto y tener un ameno viaje por carretera, otro acontecimiento en su lista de citas normales. Ventanas abajo y un bonito panorama, con el viento otoñal chocando en su rostros e invadiendo el interior del auto con su aroma húmedo y acogedor, acompañados por una selección musical ideal para la carretera —y con un poco de suerte— del gusto de ambos.

—¿Qué quieres escuchar primero? —preguntó Hyoga sonriente.

—¡Oh! —exclamó Shun buscando rápidamente dentro de su messenger—. ¡Hice un mixtape para la ocasión!

Hyoga suspiró. —¿De tu música ruidosa? —El comentario fue recibido con un juguetón golpe en su brazo.

Van Halen, Iron Maiden, MAKE-UP y Metallica eran sólo un puñado de grupos que Shun adoraba, un gusto que compartía con su hermano, aunque no del todo con Hyoga. Su pasión por el hard rock la demsotraba con su basta colección de CD's, cassettes y vinilos; además del sinfín de pines que decoraban su messenger.

—También incluí tu pop femenino que te gusta —agregó Shun con una sonrisa, agitando el cassette divertidamente.

—¡Hey! No es femenino, ¡son éxitos!

Ambos rieron, risas sonoras que cesaron cuando Shun introdujo la cinta en el reproductor y esta comenzó a sonar. El mixtape inició con Livin' On a Prayer, y mientras Shun cerraba los ojos para disfrutar el profundo sonido del bajo que le erizaba la piel a la vez que comenzaba a menearse en su lugar, Hyoga sonrió. De rock pesado no sabía nada, menos si era occidental, conocía un par de canciones de MAKE-UP que le gustaban y otras cuantas de Night Hawks, pero fuera de ahí todo le sonaba igual y no le encontraba el atractivo que claramente su novio disfrutaba en demasía —un tremendo contraste considerando su apariencia física y modo de vestir—. Él prefería algo más romántico y vanilla: Princess Princess, Maddona, Kome Kome Club, ¡o Rick Astley! ¡Cómo amaba a ese hombre! Aún así, como todo en su relación, había momentos para dar y recibir, y ambos solían disfrutar tanto las cosas de su agrado como las del otro; había algo fascinante en experimentar los gustos del otro, algo que los hacía estar más en contacto, conocerse mejor y amarse todavía más.

—♪ Ooooooooh! We're halfway there Whoaaa!! Livin' on a prayer! Take my hand, we'll make it, I swear WHOAAAA!! Livin' on a prayer! ♪ —Hyoga sonrió. Por esa razón toleraba el hard rock y sus acordes ruidosos, para poder atestiguar de primera mano la plenitud de su novio, escucharlo cantar aquella letra que se sabía al derecho y al revés, tararear la aguda melodía de la guitarra eléctrica mientras el mundo se desvanecía a su alrededor—. ♪ We've gotta hooold on to what we've got, it doesn't make a difference if we make it or not! Mira al frente o-va-mos-a chocaaaaaaaaar WE'VE GIVE IT A SHOT!! ♪

Hyoga volvió la mirada hacia el camino de nuevo con un ligero rubor en sus mejillas, la coloración aumentó cuando escuchó a Shun riéndose de su actitud.

—Si sigues así nos saltamos las tuyas, ¿eh? —agregó el peliverde entre risas.

—Eres un tirano con la música, ¿sabías?

Shun se carcajeó. —Esto te alegrará —dijo al momento que la canción de Bon Jovi terminaba y comenzaba la siguiente.

Al escuchar las primeras notas, Hyoga abrió los ojos extasiado y en contra de toda regla de seguridad comenzó a rebotar en su lugar.

Diamonds de Princess Princess era su canción, su más grande hit desde que la había escuchado una tarde en la Mansión Kido. Una melodía que no se cansaba de escuchar y que hacía vibrar cada fibra de su ser.

—¡Mi amor! ¡Te amo! —gritó Hyoga emocionado, inclinándose a su izquierda para estampar un beso en cualquier parte del rostro de Shun. Ahora era su turno de cantar hasta cansar su garganta.

Así recorrieron las calles de Tokio, con sus ritmos desiguales y notas desafinadas; de vez en cuando una canción que ambos adoraban, y entonces no eran capaces de escuchar la cinta, sólo sus voces. Después de un rato la música quedó de fondo nada más, mientras se sumergían en una diversión de otra clase, pláticas sin sentido, pero que resaltaban esos pequeños detalles que amaban del otro, y uno que otro secreto que no conocían aún.

Conforme se iban acercando a Saitama, la plática giró en torno a las actividades que harían al llegar al parque. Shun llevaba su bien conocida cámara instantánea, y había empacado un par de sodas y algunos tentempiés.

—Podemos ir a comer a algún lado después —sugirió Hyoga—. Seguro tendremos hambre después de ver tantas flores.

—Bueno, estamos de acuerdo que las fotos son nuestra prioridad, entonces.

—¡Seguro! —convino Hyoga, más concentrado en el camino que en vislumbrar el futuro cercano—. Creo que es aquí.

Shun asintió. —Hay un letrero allá —indicó. En el letrero se podía leer el nombre del parque, aunque si aquella era la entrada que veían en el mapa o no era un misterio. El lugar era demasiado grande y por ende tenía más de un acceso, en todo caso habían llegado y era lo importante... ¿o no?

Hyoga estacionó el auto y ambos se dirigieron a la entrada.

—Disculpe, ¿para ver las pink muhlys? —preguntó Shun al guardia de seguridad a la entrada del parque.

El hombre levantó las cejas en sorpresa y luego de un largo suspiró señaló el camino.

—Por allá, hay unas escaleras, todo el camino hasta arriba.

—¡De acuerdo! ¡Arigato gozaimasu!

Ambos caminaron en la dirección indicada, hasta que lograron vislumbar una enorme escalera en zigzag que subía alrededor del cerro en el que estaba situado el campo de las muhlenbergias. Según la rápida búsqueda que Shun había realizado antes de su excursión en una guía de turistas, la forma más fácil de llegar a la cima era tomando las escaleras en zigzag, un total de 291 escalones que prometían un idílico paisaje en la punta. La otra alternativa era ir por un sendero montañoso ya fuera en un vehículo del parque por un módico precio adicional, o caminando. Pero el dinero lo querían reservar para la comida al término de su viaje, y la experiencia se disfrutaba mejor si hacían el recorrido a pie. Las escaleras eran su mejor opción. 

Excepto que aquella escalinata que tenían frente a ellos no era la indicada. Si Shun no hubiese sido interrumpido por el pitído de la alarma de incendios en su departamento, habría leído hasta el final la información, y se hubiera dado cuenta que del otro lado del parque había otra escalera similar que los llevaba al campo de pink muhlys, justamente del lado por el que ellos habían accedido y donde se encontraban actualmente, el único detalle era que aquella escalinata era casi el doble de larga y empinada, con cerca de 425 escalones.

Shun admiró la escalera de arriba a abajo, era mucho más larga de lo que había imaginado. Hyoga levantó las cejas completamente anonadado, su mente retrocedió inmediatamente a su lucha en los Doce Templos, se había prometido nunca subir tantas escaleras jamás, y sin embargo, ahí estaba.

—Bueno... pues vamos...

Comenzaron la subida amenamente, con sonrisas inocentes y una charla entretenida, avanzaban a buen ritmo, estaban prácticamente solos —pues no habían visto una sola alma en aquella parte del parque— y nadie los estaba correteando para llegar a la cima en tiempo récord, en esta ocasión podían tomarse su tiempo, aunque esperaban que no les fuera a tomar doce horas. Comenzaron a hablar de la universidad y sus trabajos; el bar y las residencias de Shun, el peliverde le compartió una anécdota en la que había calmado a un niño al tararear Nothing Else Matters de Metallica antes de ponerle una inyección, y Hyoga le platicó de la vez que se quedaron sin hielo en el bar y tuvo que improvisar con su Cosmo. Sin embargo, el sol bajaba con cada minuto, y el fin no se veía cerca ni por asomo.

A Hyoga le molestaba un poco el hecho de que no hubiera absolutamente nadie, ni al principio ni en lo que llevaban recorrido. Tal vez no les tomaría doce horas llegar a la cima, pero así parecía.

—¿Cuánto falta? —preguntó Hyoga en medio de un suspiro, después de permanecer en silencio un rato una vez que la conversación había muerto.

—Pareces niño chiquito, Hyoga-chan.

—¡Pues llevamos una eternidad subiendo estas malditas escaleras!

—¡No inventes! Apenas llevamos... —Shun levantó su mueñeca izquierda para ver su reloj—, como quince minutos... ¡pero seguro que casi llegamos!

No estaban ni cerca.

El ambiente comenzó a tensarse entre ellos, ninguno estaba disfrutando la cita. Era lindo caminar al aire libre un rato en compañía del otro, ¡pero no de subida! Con cada escalón que subían parecían aparecer diez más. Y la falta de personas sólo resaltaba más el evidente error. Decir que la conversación estaba muerta era poco, sus mentes estaban concentradas únicamente en llegar a su destino lo antes posible. Shun era mejor en aquel aspecto, su hermano le había dicho muchas veces en su niñez que "si al hablar no has de agradar, te será mejor callar", y en esos momentos no tenía nada amable que compartir con su novio, así que se limitó a obsevar el paisaje boscoso con los interminables escalones de frente. Hyoga por otro lado no era muy bueno manejando su frustración y soltaba ocasionalmente algún bufido fastidiado; Shun sabía que ese era su modo de hacer berrinche, entonces lo ignoraba, aquello sólo hacía que Hyoga perdiera los estribos más rápido.

Así continuaron durante los siguientes diez minutos, hasta que simplemente Hyoga no lo soportó más y explotó. El cansancio de subir tantas escaleras sin ningún final aparente, la frustración de darse cuenta que efectivamente habían tomado el camino equivocado, y la desilusión de no estar disfrutando su cita por completo le abrumaron.

—¡Esto es ridículo! ¡Llevamos media hora subiendo estas condenadas escaleras!

Shun puso los ojos en blanco, ¡eso ya lo sabía! No ayudaba en nada quejarse sobre ello. Se sentía culpable, no había revisado bien la información del parque y ahora todo estaba arruinado, ¿pero acaso Hyoga no tenía cabeza para investigar él mismo? No hacía más que quejarse, pero no había propuesto ninguna solución, y eso le molestaba demasiado. Podía amarlo con todo su corazón, pero había momentos en los que lo sacaba de sus casillas.

—¿Y qué? ¿Quieres regresar? —espetó Shun, Hyoga lo miró sorprendido, no esperaba ser atacado por su novio de esa manera.

—¡No sé ni en dónde diablos estamos! ¡Estamos en medio de la nada!

—¡El guardia dijo que era por aquí! Ya debemos estar cerca, Hyoga. ¿Quieres dejar de quejarte?

—¡Es obvio que no! ¡Hay puras escaleras en frente y detrás de nosotros!

—Si sabes tanto, ¿por qué no me muestras el camino correcto, entonces?

—¡Yo qué voy a saber! ¡Jamás había venido!

—¡Yo menos!

—¿No se supone que tú ibas a investigar?

—¿Estás diciendo que es mi culpa?

Hyoga calló, pero su silencio fue suficiente para que Shun entendiera que la respuesta era «sí». —No... pero...

—¡Pero qué! —gritó Shun fuera de sí.

—¡Esta cita debía ser perfecta! ¡Y ahora está arruinada!

El silencio se hizo nuevamente, solo se podía escuchar el aire mover las hojas secas. Shun miró a Hyoga con detenimiento, esperando que tal vez se retractara de todo lo que había insinuado; no obstante, ninguno dijo una palabra.

—Está arruinada gracias a ti —declaró Shun tajantemente. Después de dedicarle a Hyoga una mirada molesta continuó el camino de subida. La cita podía estar arruinada, pero ya estaban ahí, más les valía terminarla.

Hyoga permaneció sin moverse durante unos minutos. Su mal temperamento y poca paciencia raramente enfadaban a Shun, esta vez había exagerado. Suspiró ruidosamente, sus deseos de borrar los últimos minutos se amontonaron en su pecho y lo oprimieron. Seguramente Shun entendería, siempre lo hacía, más si se trataba de él; no obstante, debía disculparse. Lo haría después, una vez que llegaran al campo de las pink muhlys, un momento a solas no les vendría mal a ninguno de los dos.

Quince minutos después por fin habían logrado llegar a la cima del parque, y una vez allí, encontrar las pink muhlys fue relativamente sencillo. El campo de flores esponjosas se desenvolvía frente a ellos. Sus tonos rosados combinaban a la perfección con el atardecer que comenzaba a colorear el cielo, desdibujando el horizonte; un cielo rosa con nubes rosas, un paraíso hermoso, una galería donde la belleza de la naturaleza quedaba expuesta de la manera más artística que cualquiera de los dos hubiera imaginado. No se comparaba con las fotografías que aparecían en la guías turísticas.

Shun caminó a través del campo esponjoso, pasando sus manos sobre las flores tupidas, el aire del crepúsculo se mezclaba con la fragancia que desprendían las plantas, de verdad que era una vista maravillosa, y en su color favorito, además. Cerró los ojos un momento y respiró profundamente, dejando que sus pulmones se llenaran de aquella exquisita fragancia. Podía permanecer así para siempre, ahí ya nada importaba y todo parecía poca cosa a esa altura, ya ni siquiera le importaba el fiasco de la mañana y la posible pérdida de su colección musical. Ni siquiera la pelea con Hyoga de hacía unos minutos. Bufó una risita. El Cisne no sería él si no sacara a relucir su mal humor de vez en cuando, y no era precisamente el mejor al tratar de manejar sus emociones, pero a veces era tan terco que lo sacaba de sus casillas. Pensó en alcanzarlo, probablemente seguía en las infinitas escaleras, correría tras él y lo tomaría del brazo, le diría con esa sonrisa habitual y buen humor que ya estaba cerca, que no tenía que subir mucho más, y no mencionaría el asunto a menos que Hyoga lo trajera a colación.

Justo cuando terminaba de pensar aquello, sintió una presencia junto a él.

Familiar, discreta y ligeramente avergonzada.

Se volvió y encontró a Hyoga a su lado, anonadado por el paisaje que el campo rosado ofrecía. Shun esbozó una ligera sonrisa y desvió su mirada al horizonte.

—Es muy bonito —susurró Hyoga—. Valieron la pena tantas escaleras.

Shun rió por lo bajo, luego asintió con la cabeza.

—Perdona por lo de hace rato... —aclaró el rubio después de un rato—. No... no fue justo que me desquitara contigo.

Shun lo miró y esbozó una sonrisa. —Yo también lo siento. No debí gritarte así —agregó, desviando su mirada de nuevo al horizonte—. Es que... sigo molesto por lo de en la mañana. —La risa de Hyoga lo hizo voltear de nuevo.

—Reponer tus discos y cassettes dañados será lo primero que hagamos cuando volvamos, ¿te parece? —sugirió el rubio, rodeando a Shun con su brazo y atrayéndolo hacia él; luego estampó sus labios contra la sien del peliverde, provocando en él una ligera risita.

—¿Con tus ahorros?

—Con los de Ikki —ambos soltaron una carcajada—. Fue su culpa.

—Suerte con eso.

—Hazle puchero, no te puede negar nada. —Hyoga se giró para quedar frente a su novio y chocó su frente contra la suya. Acarició las níveas mejillas con sus manos, dejándose encantar por esos ojos verdes que tanto adoraba—. Y yo tampoco.

—¿Nada de nada? —inquirió Shun con picardía, mordiendo sutilmente sus labios.

—Pónme a prueba.

—Bésame.

Ambos rieron. Acto seguido, Hyoga se aproximó a atrapar los labios de Shun con los suyos. Lo único que faltaba para que aquel edén estuviera completo era aquella caricia húmeda, la exquisita sensación de sus labios chocando, buscándose para poder deleitarse con el sabor del otro, erizando su piel y haciendo palpitar sus corazones. Con eso todo quedaba olvidado y perdonado.

—Te amo, Hyo-chan —susurró Shun, cuando se separaron.

Tras dejar un beso sobre su frente, Hyoga respondió: —Yo más.

Permanecieron abrazados, admirando el paisaje un rato más, por la hora, ya casi no había nadie en el parque, resultando en una paz reconfortante y hermosa; hasta que el gruñido del estómago de Shun interrumpió el momento.

Hyoga intentó disimular su risa, pero falló.

—¿Vamos a casa? —preguntó el peliverde enrojecido de vergüenza—. Muero de hambre.

—De venida pasamos por un lugar que se veía rico. ¿Probamos?

Shun asintió emocionado.

Después de preguntarle a varias personas por el paradero de la escalera correcta, Hyoga y Shun emprendieron el camino de regreso, discutiendo cuál sería el próximo destino en su lista de citas "normales".

 

 

 

FIN

 

  ‧₊˚ ┊ ₊˚⊹ ❀