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La noche no había cambiado en comparación a la anterior o la anterior a esa, siempre terminaban igual, besos, caricias que llegaban a subir de tono rápidamente, no que hagan el amor todos los días, nadie tiene la fuerza necesaria ni siquiera las estrellas porno que se toman día por medio o algo así, según escuchó por ahí… además de que sus rutinas tampoco eran cosas hogareñas, entrenar, ir al taller, a veces entrevistas, que marketing que fotografía, etc… muchas cosas llegan a cansar el cuerpo y la mente… pero cuando ambos al fin se encuentran solos, no hay quién los pare.
Esta noche fue una de ellas, Max llevó a su adorado Checo a su restaurante favorito y la pasaron charlando de cosas de la vida, de la comida del taller, que faltaba esto y lo otro, que marketing tenía una nueva idea para un spot publicitario, pero también cosas sencillas como el clima, Max resaltaba y contaba mentalmente las pecas de Checo, siempre era lo mismo, cuando el moreno veía el silencio de Max y su concentración en su rostro, no podía evitar reír y así desconcentrar al contrario haciendo que este le diga que ahora va a tener que empezar de nuevo.
- Ya las has contado miles de veces… -
- Y las volveré a contar mil más, no puedes detenerme.-
- Pero sí puedo distraerte un poco~ -
Y eso bastó para que Max pidiera la cuenta ganando una vez más una carcajada de Checo, le encantaba su forma de ser, su amor por el moreno era delicioso, celoso y posesivo, recordaba en las carreras esas conferencias donde otros participantes igual se juntaban… a veces Checo jugaba y hacía enojar mucho a Max… haciendo la situación detrás de la puerta de la habitación, algo único, rudo y sucio, el rubio le recalcaba que era solo suyo no solo con palabras, con mordidas, con chupetones y con su esperma dentro, llenándolo hasta el tope y no conforme con eso, le ponía un plug para que sintiera hasta la mañana siguiente lo que es ser follado por un verdadero hombre.
Nuevamente, esta noche no era el caso, si bien ese tipo de juegos termina entre la sábanas en una noche de sexo rudo, no es lo que Checo busca hoy, además de que en cierta medida los celos son feos y prefiere dejarlos solo para juegos ocasionales… hoy quería ser follado pero por Max, solo Max, no el celoso, no el molesto o rudo… que también lo ama por supuesto, pero hoy quiere al Max detrás de todo eso… su tierno y dulce, posesivo y cuidadoso, Max…
El camino a su departamento, el de ambos, fue suave como seda, el auto de Max era justo como él, imponente, llamativo… un toque malicioso, pero suave y preciso…
A veces el rubio posaba la mano en el muslo de Checo solo para decir silenciosamente “te amo”, eso siempre hace sonreír al moreno que tararea suave una música genérica que ha aparecido en la radio, sin tomarle mucha importancia.
Max no necesitó decir nada cuando llegaron. Su silencio decía mucho más de lo que cualquier palabra podría: lo estaba deseando también, pero con paciencia, con mimo. Checo lo notó en cómo apagó el motor sin apurarse, en cómo rodeó el coche para abrirle la puerta y ofrecerle la mano, como si fueran algo más que compañeros de pista, algo más que amantes antes escondidos. Como si fueran eternos a la par de la noche.
Al subir al departamento, el ambiente se llenó de esa tibieza única que traen las noches especiales, donde todo encaja sin forzarse. Checo dejó las llaves sobre la mesita de entrada, se quitó los zapatos y caminó directo a la cocina para sacar un sacar algo de beber del refrigerador. Max, en cambio, fue por el parlante y puso una lista de reproducción suave, casi imperceptible, lo justo para llenar el fondo de murmullos melódicos.
- Ten, fría como te gusta .- el moreno le dio la botella al contrario quien de inmediato bebió un poco refrescando su garganta, Checo no sacó dos botellas, de la misma bastaba para ambos pues sabían que esto solo era para humedecer la boca antes del evento principal.
- Ven conmigo un momento… antes de ir a la habitación -Susurra el rubio dejando la botella en el meson y tomando las manos de su pareja, llevándolo lento al centro de la sala y acomodando ahora sus manos en su cintura y empezando un vaivén suave al ritmo de la música de fondo.
- Pero qué romántico estás esta noche, me encanta… - musita el contrario antes de robarle un tierno beso al menor.
El baile duró minutos en la vida real, pero en sus cabezas ellos bailaron por horas llevados por el sorbo de cerveza, el vino y un whisky bebido en el restaurante.
- Max… por favor… - Susurra el mayor ya no soportando el estar sin tocarlo de otra forma, no sobre la ropa, necesitar estar piel con piel.
El rubio no necesita que su adorado le pida dos veces, de inmediato se acerca a besarlo primero de forma experimental, tierna, yendo al compás de sus pies puesto que han empezado a caminar hacia la habitación, no necesitan la vista, saben de memoria el camino a su nido de amor… pasando el umbral de su habitación, el beso deja de ser superficial y sube de nivel, Checo vuelva un poco la cabeza dando espacio a que el rubio abra la boca, este no desaprovecha la oportunidad y mete la lengua en el contrario saboreando su sabor natural mezclado con el alcohol que consumieron anteriormente.
Un pequeño quejido se ahogó en los labios de Max, proveniente de la garganta de Checo, apenas van un beso y este ya anda gimiendo, eso hace rugir a Max, me encanta hipersensibilidad del contrario.
- La… la cama… cuidado Max ¡cuidado! - apenas alcanza a advertirle antes de que ambos caigan desplomados en el colchón, Max no puede evitarlo y suelta una carcajada, este tipo de sexo era el mejor, entre risas y sin preocupaciones, ambos relajados.
- Shh mi amor, todo está bajo control… - Checo casi se viene en ese mismo momento al escuchar la forma en pronuncia ese tierno apodo, el enfoque más grave en la “r”, su piel se eriza y una punzada en su entrepierna enciende el fuego que antes solo eran leves brasas, pronto se convertirá en llamas vivas.
Max comienza a desnudarlo con cuidado, agradece que el restaurante era elegante pero no un restaurante extremadamente elegante como para llevar un traje, con un pantalón de tela, camisa y unos buenos zapatos bastaba, ahora hace lo que es usual de él hacer, dejar desnudo primero al moreno antes que él mismo, le encanta quedarse por unos segundos admirando su belleza de pies a cabeza mientras el mismo sigue vestido, le da una sensación de dominio, pero no una mala, una basada en el amor que siente por el contrario… quien ya se le ve en sus ojos que se está desesperando.
- Eres tan hermoso… eres un rollito de canela… - Sin esperar a que el otro responda algo se agacha y le da una mordida suave en su abdomen, ganando un gemido leve del moreno.
- Basta~ ya desnúdate y apresúrate ¿o tendré que usar mis juguetes? - Max alzó una ceja como queriendo retarlo pero sabiendo que era una amenaza vacía, y es que hace tiempo, a la mitad de su relación, Max encontró a Checo usando un dildo color rojo, había planeado sorprenderlo con rosas y champaña pues habían estado separados por una semana, todo por tema de negocios… pero el sorprendido fue Max… que en ese instante tomó el lugar del dildo y luego de dejar sin aliento a su pareja amenazó con tirar todo eso a la basura pues no lo necesita, lo tiene a él, pero Checo lo convenció de dejarlos para ocasiones como esa, donde uno se encuentre lejos del otro y no puedan aguantar las ganas de tocarse, Max accedió pero sólo en esos casos de emergencia, nunca cuando él esté presente.
Con una mueca que solo hizo reír a Checo, el menor se quitó la camisa dejándola en el piso al igual que su pantalón junto a la pila de ropa de su compañero, el orden era para mañana, ahora solo importaban ellos, Max se posicionó sobre el moreno y lo envolvió en sus brazos, acariciando su cintura, sus costados, sus manos no eran lo único que tocaban el cuerpo de su pareja, sus labios no fueron directo a sus labios para pesar de Checo, fueron a su cuello dejando besos húmedos y calientes, llenos de hambre y pasión, el moreno, mientras era saboreado, abría sus piernas invitando al rubio a acomodarse entre ellas sin dejar su tarea de llenarlo de besos.
- Cariño… - susurra el moreno, ese apodo que está reservado para la intimidad de su hogar, ahora en la vulnerabilidad de hacer el amor, adora decir el nombre de Max, pero igual ser dulce por su naturaleza latina, tenía miles de sobrenombres dulces y llenos de cariños para su pareja.
- Lo sé… tranquilo, creo que te dije hace un segundo, que yo tengo el control… - le dijo con su voz ronca de deseo y poder, Checo no pudo hacer más que asentir con un movimiento de cabeza mientras el menor bajaba sus besos hacia su pecho un lugar sensible en el moreno, que con el leve contacto del aliento caliente del rubio sus vellos se erizaron.
La boca de Max no se hizo esperar sabiendo lo desesperado que se encontraba el mayor por algo más que besos en el cuello, por eso decidió ser benevolente y bajar hacia sus pezones, lugar que Checo adora que le toquen, una vez incluso Max experimentó y logró que el moreno terminara solo con chuparle esos botones sensibles… por eso le encantaba estimularlo en esa zona erógena, los lamía y succionaba como si se tratara de un dulce, como si fuera ambrosía y no solo se deleitaba en el sentido del gusto, sus oídos eran bendecidos con el sonido angelical de los gemidos del moreno.
Checo no pensaba, su mente comenzaba a nublarse y era algo que sucedía cuando hacían el amor de forma lenta y apasionada, luego de haber mezclado los sentimientos con una cena de lujo y alcohol de la mejor marca que solo ellos, bueno, en esta noche, Max, podía costear. Su corazón rebosaba de felicidad y pasión, su pecho estaba siento estimulado de forma brutal y deliciosa, no podía callar sus sonidos, pero no sólo era la sensación en sus pezones, mierda… Max… desde su punto de vista Max no se separaba y seguía chupando, era tan salvaje, tan sucio, su pecho lleno de saliva caliente, llegaba a resplandecer por la luz tenue de la habitación.
El rubio no estuvo mucho tiempo en el pecho del contrario, suficiente solo para dejarlos erectos y sensibles ante incluso una brisa, pues tenía otras cosas en mente, algo más importante en qué usar su boca… pero primero se alejó y dejó a Checo perdido y solo… aunque sea por un instante el moreno se sentía incompleto.
- Max… - se quejó como niño pequeño al que le quitan un dulce o su manta favorita la ponen a lavar, lo necesita en este instante e incluso gimoteaba de necesidad un escenario tierno y a la vez sucio para el rubio, Checo rogaba por sexo.
- Si, no me he ido… solo necesito esto, amor…- le muestra de reojo lo que ha tomado de su mesa de noche, un lubricante ya consumido por la mitad, necesita tenerlo a mano para preparar bien a su pareja aunque eso signifique hacerlo esperar pues también debía poner una almohada bajo el moreno para mejor comodidad y conseguir un ángulo perfecto para cuando vaya a embestirlo.
Al fin se acomoda entre sus piernas, acomodando las del moreno en sus propios muslos para más comodidad y luego moja sus dedos largos con el lubricante dándole un pequeño show al moreno, pues sabe que este se enfoca en cómo esos dedos se mojan para su comodidad, para su placer y el de nadie más, no puede evitar morderse el labio inferior en señal de anticipación y hambre.
- Mírame a los ojos… - comanda el rubio y Checo obedece de inmediato, si, hay un tinte de timidez pero este no le evita el hacer caso y se topa con esos ojos claros tan hermosos… pero cubiertos por una capa de lujuria y amor… como los ojos de un depredador enfocados en su presa, babeando y con el estómago rugiendo.
- Aah… - Checo, sin apartar la mirada, respira hondo en sorpresa, un dedo, ha iniciado su camino a su interior, si, necesita ser estirado pero no tanto, lo han hecho tantas veces que su cuerpo sabe qué pasa y para quien se está preparando, su entrada pulsa en anticipación contrayéndose en el dedo medio del menor.
- Tan caliente… tan apretado y ansioso por mí…- Susurra el rubio mientras lo embiste de forma suave con ese único dedo, solo por unos segundos pues luego ve los ojos de Checo y su gemido ahogado sabe que esa es la señal de “más” y no iba a negarle nada a su precioso hombre…
Su mano libre no se queda sin hacer nada, después de que el primer dedo ya lo embestía con más libertad, más resbaloso, su mano izquierda fue hacia el falo del contrario para bombearlo, lento, con una presión constante pues si bien quería darle placer no quería que se viniera todavía, por lo menos quería que lo haga con el tercer dedo ya dentro… los cuales ya va entrando el segundo sacando más ruidos deliciosos de la garganta del moreno quien menea sus cabezas ahora al ritmo de las embestidas.
- ¡Oh! -
- Ahí es… - Max dice con un rugido, complacido por ver como Checo se retuerce de placer al haber encontrado su próstata, la yema de sus dos dedos no dejan de rozar aquel nudo de nervios que envían señales eléctricas a todo su cuerpo desde la cabeza a la punta de los pies, al ver y sentir en sus yemas como pulsa con más insistencia, inserta el tercer dedo en su interior completando el ciclo de placer que Checo buscaba… El menor no apartó la vista ni un segundo, como si el mundo se hubiera reducido a ese instante.
Su mano izquierda no paraba en ningún momento, lento y preciso, sin apuro mientras los dedos dentro de él marcaban un ritmo pausado, constante, como un secreto compartido que se iba escribiendo en su cuerpo nuevamente. El moreno soltó un gemido bajo, apretó los puños contra las sábanas, y por un momento dejó de pensar, solo sintió, cerró sus ojos y todo quedaba en negro y lo que escuchaba en su mente era la voz de Max haciendolo volver a la realidad, si estaba en el cielo el rubio lo bajó a las sabanas… Max retiró lentamente los dedos, con una delicadeza que contrastaba con la forma en que Checo respiraba: entrecortado, desesperado, casi molesto por la pausa. El mayor mantenía los ojos cerrados, pero su cuerpo hablaba por él, lo pedía, lo necesitaba, lo ansiaba, con cada músculo tembloroso y cada jadeo sostenido como si intentara no romperse.
- Max… mi amor… -
- Eres tan hermoso… - y es que el rubio tenía una obsesión con el gesto y la forma en la que Checo terminaba, sus cejas fruncidas como una expresión de dolor pero totalmente lo contrario, el sudor cayendo por su frente, sus mejillas teñidas por un rojo hermoso recordando a una rosa y su boca entreabierta buscando aire o algo que lo ayude a sobrevivir el orgasmo… sus manos apretaron las sábanas sólo en busca de un ancla a tierra y saber que todo esto no es un sueño.
El moreno estiró sus brazos llamando a su amor y este no se hizo esperar, de inmediato lo apresó como una pitón a su presa, sólo suya, poseyéndola y marcándole como propia… propinó besos mariposas (suaves y tiernos) por las mejillas calientes del mayor, en su cuello y barbilla… luego de unos minutos bajó su mano para afirmar la base de su miembro erecto y alinearlo con la caliente y estirada entrada del contrario.
- Oh… Max… ah… - ni siquiera había entrado completamente y ya sentía que se elevaba de nuevo, iba a morir por culpa del pene de Max…
- Tan… tan apretado y caliente, tan perfecto, es como… mmh como si estuvieras hecho solo para mí -susurra ronco el menor sintiendo y saboreando cada centímetro que entra en su amor, hasta que llega al tope, se queda ahí unos segundos disfrutando de cómo las paredes del contrario lo abrazan.
Pero luego de esos segundos no pudo esperar más y empezó con un ritmo lento pero constante, saliendo casi hasta la punta y volviendo a entrar de golpe arrancando un grito relativamente agudo al moreno y un estremecimiento que le recorría todo el cuerpo ya sensible por el anterior orgasmo.
Checo no callaba y Max no daba tregua, el moreno llevaba sus manos a la pálida espalda del contrario y la usa como lienzo para pintarla de líneas rojas al arañar esta, la cama crujía por la fuerza de las embestidas y el mayor sentía el orgasmo formarse nuevamente como un nudo de placer en su vientre, no sabe cuánto tiempo estaba siendo follado por Max pero no cree poder aguantar mucho.
- Amor… mi amor… ¡Ngh! -
- Hazlo… hazlo precioso… no te preocupes por mí, aún no he terminado contigo - Le dice embistiendo como un animal moviendo completamente el cuerpo de Checo sin piedad ni pausa y no pudo aguantarlo más.
Su piel morena brillaba de sudor bajo la luz tenue, los músculos tensos, marcando cada movimiento como una coreografía brutalmente hermosa. Checo no podía hacer otra cosa que rendirse, dejarse llevar por el ritmo que el menor imponía, con una precisión que solo alguien que ha aprendido a dominar todos sus impulsos sabe ejecutar y bueno, que con el tiempo ha aprendido igual todos sus puntos débiles.
El aire era espeso, caliente, lleno de jadeos rotos, palabras entrecortadas en dos idiomas que se deshacían apenas eran pronunciadas. Cada embestida lo hacía arquearse, y cuando Max le sostuvo la cara con una mano firme, los pulgares acariciando sus mejillas con ternura contrastante, Checo entendió que estaba perdido una vez más en las manos del amor de su vida.
El clímax llegó como un relámpago. Fue un grito ahogado contra el cuello del otro, fue su cuerpo temblando bajo él, fue su espalda buscando apoyo en unas sábanas ya húmedas de todo lo que habían compartido. Max lo sintió todo: el apretón, el gemido ronco, ese estremecimiento que lo dejó sin aliento… se detuvo más no terminó, respiraba agitado mirando una obra de arte al vivo… debe ponerse un recordatorio de poner una cámara en la habitación para captar momentos como este.
Una vez la bruma del clímax bajó Checo quedó confundido, no sentía el esperma de Max como lo era usualmente luego de terminar… y lo miró como un cachorro pateado, esa era la mejor parte y no la tenía.
- No me mires así… te dije que no había terminado contigo… - Advirtió Max no con un tono abusivo, sino con amor en exceso y dominación completa.
El rubio le afirmó las piernas para que no escapara y las embestidas volvieron al mismo ritmo que antes, brutales, profundas y sin pausa alguna, Checo solo atinó a gritar.
El cuerpo del moreno ya no sabía distinguir entre placer y agotamiento. Cada roce, por mínimo que fuera, lo hacía temblar. La piel parecía más delgada, como si cada terminación nerviosa estuviera al rojo vivo, saturada de estímulos que no se detenían, aunque el clímax hubiera pasado… o mejor dicho, los clímax, con el que viene van a ser tres y morirá empalado por Max.
Los músculos le temblaban con cada espasmo residual, involuntarios, intensos, como ecos del terremoto que acababan de atravesar. Cada vez que respiraba, el aire le rozaba el pecho como si fuera demasiado, como si incluso el oxígeno supiera a más. Estaba abierto, expuesto, derramado entre las sábanas con los labios entreabiertos y los ojos entornados, aún navegando en esa bruma tibia post orgasmica que se alargaba hasta lo insoportable… pero Max no paraba igual estaba cerca y no pensaba dejar sin satisfacer a su pareja que sabe que ansía su semen… que le bañe sus paredes internas con su semilla. Quería verlo explotar una vez más. Quería ser la razón de ese gemido que apenas podía salir. Quería que su nombre se le quedara pegado en la garganta, mezclado con la respiración, con el temblor, con todo.
Y así fue, con un grito ahogado termina una vez más con apenas un chorro lastimoso de semen en su abdomen, por el otro lado Max terminó como una bestia, rugiendo y sus muslos temblando sus manos apretando con fuerza los de Checo sabiendo que ahí quedará una que otra marca, su pene al fin se liberaba dentro del contrario y lo llenaba hasta el tope… fue tan intenso que quedó rendido sobre el mayor, ambos respirando con dificultad pero llenos de felicidad, de eso no cabía duda.
El calor alcanzó a Checo de golpe, como si el aire se hubiera espesado de pronto a su alrededor. El sudor ya no caía solo por el esfuerzo, sino por esa sensación densa que le subía desde el pecho hasta las sienes. Tenía la piel morena perlada de gotas que no daban tregua, y el corazón aún galopaba como si no quisiera soltar del todo la carrera que acababa de dar… aunque no había sido precisamente en la pista.
Se dejó caer de espaldas sobre las sábanas revueltas, con el pecho subiendo y bajando, el calor arremolinándose en su cuerpo como si no bastara lo que acababa de arder minutos antes. Sentía las mejillas encendidas, no solo por el esfuerzo, sino por esa ola de calor que se le había trepado por la espalda sin avisar además de tener a Max encima. El cuarto, antes cómplice y lugar de calor pasional, ahora parecía un sauna echado llave.
El mayor tenia la boca seca, la garganta pastosa, y una gota de sudor le resbaló por la sien hasta la oreja. Checo intentó reírse de sí mismo, pero solo le salió un suspiro ronco, como quien reconoce que el cuerpo ya no responde como a los veinte, le había dicho miles de veces a Max que ya estaba viejo como para estas cosas. Le dolía un poco la cabeza, no tanto como para asustarse, pero sí lo suficiente para recordar que había olvidado el agua… otra vez.
- Cariño… ah Max… -
- ¿Si? ¿Fue mucho? ¿Te lastimé? - es que la forma en la que Checo llamó su nombre le preocupó y de inmediato se alzó para verlo y la imagen era hermosa pero había algo raro en ella.
- Creo… creo que tengo un golpe de calor… Amh… necesito agua… aire… -le dice un poco cansado y con la fuerza que le queda.
- Si si… lo siento, enseguida, amor - con cuidado sale de él causando un pequeño gemido del contrario, cuya entrada derrama la preciada semilla caliente de Max y palpita un poco en señal de vacío… pero satisfecho.
El rubio de inmediato fue por una botella de agua al mini freezer y se la destapó, ayudando al mayor a sentarse y que sostenga el agua que ahora refresca su cuerpo, sus labios y su garganta con el primer sorbo.
Mientras Max fue por toallas húmedas con acción calmante y refrescante, perfectas para la situación, se sienta al lado del mayor con delicadeza viendo como la vida vuelve a sus ojos luego de semejante sesión, con cuidado comienza a pasar una toallita por su frente, por su rostro y luego cuello, refrescando estas zonas y repitiendo el mismo proceso con el resto de su cuerpo, dando besos de adoración de vez en cuando y susurrando palabras y promesas de amor eterno que solo la luz de la habitación escucha como testigo de peculiar unión… lo ideal era un baño pero ambos estaban exhaustos, solo cambiaría la sábana de encima, la que ensuciaron sin molestar a Checo que por obvias razones no podía ponerse de pie.
- Ya me siento mejor… -
- Lo siento quizás fue mu- y Checo le cortó la oración con un beso suave y tierno.
- No… fue perfecto, maravilloso, me encantó- le confirma y reafirma que todo está bien… con tener a Max a su lado todo está perfecto.
Ya con la sábana limpia Max también se asea con el resto de las toallitas húmedas, no iba a ir a ducharse pues dejaría a Checo solo y no lo piensa permitir, ademas es su cama, su hogar, ambos pueden dormirse sudados sin molestar a nadie, mañana el baño seguirá ahí y podrán estar en la tina en un baño de burbujas relajante, desayunando y charlando, por ahora… solo necesitaban dormir.
Como era de costumbre, Max acurruca al mayor quien planta besos suaves y de buenas noches desde la mandíbula del menor hasta su pecho, más exacto, en su corazón.
- Te amo Max… muchísimo…
- Y yo a ti, mi amor… mi precioso Checo… solo mío…
- Por siempre
Ambos recitando votos de amor iban cayendo en los brazos de Morfeo, en una nube de sueño y relajación, mañana Checo apenas podría ponerse de pie y Max dudaría en ir al gimnasio, pero eso ya es problema del mañana… por ahora solo se dedican a dormir bañados en el amor más intenso que podrían llegar a conocer.
