Actions

Work Header

I only threw this party 4 u

Summary:

Mediados de 2022. Julián se va a jugar a Europa y Enzo le organiza una fiesta de despedida, pero las cosas no salen exactamente como él las espera.

Notes:

Holis! Hice este os porque desde que la canción se hizo viral no dejé de pensar en que es muy julienzo coded, así que al fin me puse manos a la obra y este es el resultado!!! Ojalá les guste <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El viento frío de la madrugada le da de lleno en la cara, como tratando de despabilarlo, y es en ese momento que escucha su voz.

— Enzo… — lo llama, bajito.

Se acerca un poco más a él, puede sentirlo moverse detrás suyo. Seguramente se está acomodando el pelo porque no sabe qué hacer con las manos, como cada vez que está nervioso. Le duele lo mucho que lo conoce. Le duele lo poco que Julián lo conoce a él.

Porque si lo conociera, si realmente lo conociera, ya lo sabría. 

O puede ser qué sí lo sepa, y simplemente no le importa.

Siente una punzada en el pecho.

— Perdoname… Quería venir pero, surgió un plan con unos amigos de la familia, no- Perdón…

Siente la mirada del castaño sobre él, pero finge no notarlo. Si lo mira no sabe si va a poder controlarse. El alcohol que corre en su sangre amenaza con ser el detonante de un desastre de sentimientos. Sentimientos que no pueden ser dichos en voz alta.

— En… — cierra los ojos con fuerza ante aquel apodo, le quema el pecho de dolor sentir lástima en su voz. — Podés… ¿Podés decir algo, por favor? Creeme que ya me siento horrible… No hace falta que me castigues más, dale… — trata de aliviar el ambiente con una risa suave, pero la tensión sigue siendo palpable.

Un castigo, eso es. Eso es lo que Enzo debe estar sufriendo. 

¿Será un castigo divino sentir que le importa tan poco a la persona que más ama en el mundo? 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ヾ⁠☆゚⁠.⁠*⁠・⁠。゚⊹。♬ゞ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Unas horas antes…

 

Al parecer, la fiesta estaba siendo un éxito. Todos cantaban, bebían y bailaban. Una escena digna de película. Cada vez que posaba su mirada en una parte de la sala era como ver un plano perfectamente orquestado de un largometraje que te invita a querer estar ahí, a formar parte de semejante velada.

Y Enzo estaba orgulloso de eso, era exactamente como lo había imaginado. Había tardado varías semanas en organizar el evento: alquilar el salón, comprar los adornos, contratar al DJ, hacer las invitaciones, entre muchos etcéteras. Varias fueron las noches que pasó casi sin dormir por quedarse hasta altas horas de la madrugada ultimando detalles. 

Sin embargo no se quejaba.

¿Podría haber contratado un organizador de eventos? Obvio.

Pero esto era especial, único, y creía que sólo si él se encargaba personalmente del asunto éste resultaría tal cuál lo deseaba.

Porque su mejor amigo merecía tener una fiesta de despedida digna de él, de su paso por el club; de su paso por la vida de sus compañeros de equipo; de su paso por la vida de Enzo.

A ver, no es que ya no fueran a hablar nunca más, pero ya no lo tendría todos los días a su lado, y por eso quería hacerle este último gran regalo: una fiesta dedicada a él, a su compañero de equipo, a su mejor amigo, a, simplemente, Julián. Era lo mínimo que se merecía. Lo admiraba tanto, lo quería tanto que casi no le cabía en el pecho. Pero a partir de ahora todo sería distinto.

Y estaba bien, así eran las cosas en el fútbol. De un día para el otro tu mejor amigo y el mejor jugador del equipo está firmando contrato para irse a jugar a Europa.

Un sueño, sí, uno que se le había hecho realidad a Julián, y él no le podía reprochar nada, porque hubiera hecho lo mismo, pero también porque sabía cuánto lo había anhelado y cuánto había trabajado para poder conseguirlo.

Por lo que apenas le dio la noticia tuvo que tragarse las lágrimas junto con su egoísmo para darle un fuerte abrazo y decirle que lo felicitaba, que estaba orgulloso de él y que le iba a ir genial. Porque no iba a permitir que aquel brillo en los ojos del cordobés desapareciera por culpa de sentimientos que no sabía controlar. Se juró que haría lo que fuera para que el destello de felicidad en sus ojos favoritos no desapareciera nunca.

Y era ese mismo brillo el que esperaba ver aquella noche, cuando el agasajado apareciera por la puerta y viera, plasmado en cada rincón de esa habitación, todo lo que Enzo no se animaba a expresar con palabras. Realmente esperaba que eso fuera suficiente para que Julián supiera, sintiera, todo lo que no se animaba a decirle.

Pero el tiempo comenzaba a pasar, y Julián no aparecía.

Intentó escribirle, llamarlo, pero nada. No había rastros. Hasta trató de escribirles a sus padres, pero ellos tampoco le respondieron. Ni a él y a sus otros conocidos que estaban en la fiesta, que al igual que el anfitrión comenzaban a preocuparse porque su amigo no parecía dar señales de vida.

Estaba dando vueltas en un costado cerca del balcón, mordiéndose las uñas de los nervios, cuando sintió una mano sobre su hombro.

— Amigo, creo que ya sé por qué no apareció.

Enzo frunció el ceño, confundido, hasta que su compañero le enseñó su celular: una historia de Instagram del hermano de Julián, en la cuál se lo veía a él junto a sus padres y hermanos, pero también junto a unas cuántas personas más, entre ellas una chica muy sonriente que estaba pegada al lado del cordobés.

El ceño fruncido se le marcó aún más, y casi de manera inconsciente apretó la mandíbula. Un sentimiento de rabia comenzó a subir por su garganta.

— Bueno, al menos sabemos que está vivo, ¿no? — le dijo con una leve risa, intentando darle algo de humor a la situación.

El morocho atinó a sonreír por compromiso, pero sólo le salió una mueca inentendible.

Lucas no entendía. Nadie entendía.

Salió al balcón para poder tomar aire, porque en algún momento la respiración se le había cortado.

Contempló los múltiples edificios que adornaban el paisaje, tratando de descifrar cómo se sentía al respecto a la situación.

¿En serio su mejor amigo lo había dejado plantado?

¿Aparecería en algún momento de la noche o fingiría que la conversación en la que Enzo lo invitaba y él aceptaba nunca existió?

Quizás no era para tanto, pero sin embargo se sintió usado, como sucio, y casi sin darse cuenta las lágrimas ya le habían empapado las mejillas. Se permitió llorar porque pensó que así se le iría un poco la angustia que hacía rato le oprimía el pecho, pero al final no sirvió de mucho.

Luego de unos minutos volvió a ingresar al salón y se dirigió al baño, tratando de evitar el contacto visual con el resto de invitados.

Lavó su cara y se miró al espejo: los ojos hinchados y su nariz roja no eran una imagen agradable de ver. Observó lo vacía que se encontraba su mirada, cómo la vida y el color que hasta hacía unas horas colmaban su rostro habían desaparecido por completo.

Pasó las manos por su cara y su cabello para luego comenzar a tirar de este último, con una mezcla de decepción, tristeza y frustración en su corazón. Tenía un remolino de emociones en el pecho que no se sentía capaz de controlar, pero se apoyó sobre el lavamanos y respiró hondo, dispuesto a calmarse.

Eventualmente se incorporó, se dio un último vistazo en el espejo para peinarse y acomodar su ropa y salió por la puerta del sanitario como si nada de lo anterior hubiera sucedido.

Dirigió sus pasos hacia la barra y se pidió el primer trago de la noche, para luego introducirse en la abultada pista de baile.

Por primera vez desde que había empezado la fiesta se permitió relajarse y disfrutar. Estaba rodeado de amigos, colegas y chicas lindas; no podía seguir privándose de pasarla bien, sobre todo después del esfuerzo que había puesto en llevar a cabo el evento.

Así que eso hizo durante las horas que pasaron: fluir. Bailó, tirando algún que otro paso turro; cantó a los gritos colgado del cuello de sus compañeros; bebió todo lo que encontró y lo que siguió pidiendo en la barra, incluso cuando el bartender ya se encontraba irritado por su presencia; y hasta se chamuyó con alguna que otra chica, pero sin ir más allá.

Hizo todo lo posible para evadir sus sentimientos hasta el punto de entrar en una especie de limbo, el cuál quizás estaba gozando demasiado. Llegó al punto en el que ya no se sentía del todo real, y le agradaba la sensación, porque eso significaba que ya no tenía ese vacío horrible en el pecho, sino que ahora este era reemplazado por la placentera falta de aire producto de tanto bailar y cantar. 

En esa especie de ensoñación en la que se encontraba se visualizó como un personaje más dentro de la película que se había imaginado al principio de la noche. Pero en esa clase de películas los protagonistas también tenían sub-tramas de romance, y desafortunadamente el interés romántico de Enzo había sido descartado del guion.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ヾ⁠☆゚⁠.⁠*⁠・⁠。゚⊹。♬ゞ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Será un castigo divino sentir que le importa tan poco a la persona que más ama en el mundo? 

 

— Enzo, por favor, hablemos…— el castaño atinó a poner una mano en su hombro, pero justo en ese momento el más alto se da vuelta de golpe, enfrentándolo al fin.

Julián pareció sorprendido ante el movimiento tan brusco, y Enzo percibió que algo cambió en la mirada del contrario al ver su rostro. ¿Qué habrá sido lo que notó? ¿La formidable borrachera que se cargaba, o sus ojos hinchados adornados con lágrimas secas? 

¿Ambos, quizá? No importaba, porque no hizo ningún comentario al respecto.

No le sorprendía, no era raro que el cordobés se hiciera el tonto ante cosas evidentes.

— ¿Y? — fue Enzo quién rompió el silencio que se había instalado entre los dos.

— Eh… — el castaño se encontraba visiblemente confundido.

El morocho bufó, fastidiado.

— ¿No querías hablar? Hablemos, entonces — le dijo, serio.

Julián no lograba salir de su asombro. Sólo balbuceaba, incapaz de encontrar las palabras.

Una vez más, Enzo largó un fuerte suspiro, hastiado, y esquivó a su amigo para adentrarse en el salón, ahora vacío. Necesitaba un trago, por lo que fue hasta la barra a buscar algún resto de alcohol que hubiera quedado. Cualquier cosa le serviría.

El eco de la voz de Julián lo hizo detenerse.

— Enzo, ¿me podés decir qué te pasa?

Se tomó un segundo para respirar, calmarse; pero su estado de ebriedad lo inclinaba a desinhibirse por completo de cualquier control que pudiera tener sobre sus verdaderas emociones. No podía más.

— ¿Vos me estás hablando en serio? ¿De verdad te lo tengo que explicar? — volteó a verlo. Aunque el lugar sólo estuviera iluminado por la tenue luz del amanecer quería mirarlo a los ojos, descubrir si verdaderamente era tan ingenuo. — ¡Me dejaste plantado, Julián!

— ¡Ya sé! ¡Y ya te pedí perdón! ¡Perdoname! ¡Te juro que no dependía de mí! ¡No fue mi intención!

— No jures… — negó con la cabeza. — ¿Qué no dependía de vos? ¿Qué? ¿Te pusieron un arma en la cabeza para que vayas con ellos?

— Estás siendo muy injusto… Vos sabés muy bien que en unos días ya me voy. ¡Tengo que despedirme de todos! Y bueno… Algunos planes se pueden llegar a superponer… — mientras decía esa última parte comenzó a juguetear con sus dedos, algo nervioso.

Enzo entrecerró los ojos. Eso no sonaba a algo que Julián diría.

— Fue ella, ¿no?

— ¿Qué?

— La mina que estaba en la foto que subió tu hermano, la vi. ¿Ella fue la que te invitó al restaurante?

— ¿Eh? ¿De qué estás hablando, Enzo? No- No es así, no sé… No sé de dónde sacaste eso…

— Sí fue ella — la actitud del castaño se lo confirmó, era claro cómo el agua. — ¿Es tu novia? — tener que utilizar ese término casi lo hace vomitar. — Nunca me la mencionaste…

— ¿Novia? No, nada que ver, no- Igual, ¿Desde cuándo te importa saber esas cosas a vos?

Era tan obvio que le estaba mintiendo, pero decidió evitar ese tema por el bien de su estómago y enfocarse en la furia que le empezaba a correr por las venas, acompañando al alcohol.

— ¿Desde cuándo? ¿De verdad? — la conversación lo estaba llevando al límite. — ¿Julián vos me estás hablando en serio? ¡¿Cómo qué desde cuándo?! ¡Somos amigos hace años! Desde que te conozco no hay un día en el que no me interese qué es lo que pasa en tu vida, ¿Y ahora me hacés este planteo?

— ¡Vos sos el que me está haciendo un planteo! ¡Enojándote porque no pude venir a una fiesta! ¿Qué sos, mi novia, boludo?

Julián se cruzó de brazos, indignado, y evitaba mirar al contrario a los ojos. Pero levantó la vista, completamente descolocado, al escuchar una risa que provenía del otro lado del salón.

Al principio fue sutil, casi imperceptible, pero con cada segundo que pasaba se volvía más fuerte y más ¿ desgarradora ?

Enzo se reía a los gritos, de manera casi grotesca, cómo si acabara de escuchar el chiste más gracioso del mundo.

— ¿Qué…?

— Ay no tenés ni idea, ¿no? ¡No tenés ni idea! — se rio un poco más, limpiándose las lágrimas de risa que se mezclaban con las de tristeza. — ¡No te la puedo creer! — se agarraba la cabeza ante la mirada atónita de Julián. Se sentía un desquiciado. — ¡Tanto tiempo pensando que vos estabas ciego y al final era yo! ¡Yo era el que no quería ver! Era yo…

La habitación todavía estaba parcialmente a oscuras, sin embargo nunca vio las cosas con tanta claridad como en ese instante. Cómo si hubiera estado con los ojos tapados todo este tiempo y ahora al fin se hubiera quitado la venda que los cubría.

Aún así, su visión comenzó a nublarse producto de las lágrimas, a la vez que aumentaba ese dolor en el pecho que había estado acompañándolo durante toda la noche. Sus latidos se aceleraban cada vez más y luchaba porque el aire llegara a sus pulmones. De un momento a otro se encontraba en el piso, todo daba vueltas a su alrededor y no podía oír con claridad. 

Escuchaba la voz de Julián en la lejanía, como si estuviera a cientos de kilómetros de distancia. Sólo fue consciente de lo cerca que estaba cuando sintió cómo lo tomó de las manos y le pidió que respiraran a la par para poder calmarse. 

Al cabo de unos minutos su ritmo cardíaco volvió a la normalidad y Enzo fue capaz de recuperar la claridad en su visión, sólo para encontrarse en primer plano con el rostro preocupado del cordobés.

— En, ¿estás bien? — lo llamaba con la voz temblorosa, mientras inspeccionaba con la mirada cada parte de su rostro, buscando algún indicio de que ya se encontraba mejor. — ¿Querés que llame a un médico?

No eran las circunstancias adecuadas, claro estaba, pero a pesar de que el rostro de Julián estaba contraído en una expresión de temor, el morocho no pudo evitar pensar que en ese preciso instante se veía hermosísimo. Posó sus ojos en su cabellera llena de rulos y de un impulso comenzó a acariciarlos delicadamente con una mano. El castaño no se apartó.

Ahora sí se sentía mejor, y se lo hizo saber. El contrario suspiró aliviado.

— Creo que tomaste demasiado, ¿puede ser…? — habló el cordobés, con una risa dulce.

Aquella sonrisa le provocaba una nueva clase de ebriedad. Lo mareaba de la manera más bella.

— Me encanta… — habló al fin, con un tono calmo en su voz.

— ¿Qué cosa? — Julián enarcó una ceja.

— Que estés acá… pendiente de mí…

— Enzo tuviste un ataque de pánico, boludo. Más vale que me voy a preocupar.

— Me gusta cuando estás pendiente de mí — el morocho ignoró por completo las palabras del contrario. — Podrías hacerlo más seguido… eso me gustaría todavía más.

— Enzo…

El menor había retirado su mano del cabello de su amigo, y ahora sólo observaba a través de la ventana como el sol se asomaba, tímido, en el horizonte, listo para comenzar un nuevo día.

— Me hubiera encantado que vinieras a la fiesta. Posta quería que saliéramos de joda una vez más antes de que te vayas. Como hacíamos antes, ¿te acordás? — confesó con una risita suave, y el cordobés asintió, también sonriendo. — Voy a extrañar demasiado esos momentos, pero también voy a extrañar estar todos los días con vos, cebarte mates, que seas mi dupla en el truco y compartir pieza en las concentraciones. Ni hablar de nuestras charlas, nuestros festejos juntos, nuestros abrazos… — una lágrima se escapó por su mejilla. — Te voy a extrañar muchísimo, Juli…

El castaño se mordía el labio inferior tratando de contener las lágrimas que adornaban sus ojos, haciéndolos ver más brillosos de lo normal.

Se sostuvieron la mirada durante unos segundos, tomando consciencia de que de verdad se separarían por un largo tiempo. Años, quizás.

Y en medio de todo el dolor que esa certeza traía consigo, Enzo se dio cuenta de que era su última oportunidad, así que respiró hondo e hizo algo que nunca creyó que se animaría a hacer: atrajo a Julián por las mejillas y unió sus labios en un delicado beso.

Al principio lo único que pudo notar fue el sabor salado en los labios del cordobés debido a las lágrimas, pero con el pasar de los segundos también confirmó algo de lo que siempre había tenido sospechas: sus labios eran igual de suaves que sus rulos. No obstante, sentir la mano del castaño en su nuca, como tratando de atraerlo más hacia él, fue lo que terminó por perfeccionar aquel beso que en el fondo sabía a amor, a despedida, y que era tan frágil como los límites de su relación.

Enzo quiso detener el tiempo porque en ese instante todo se sintió correcto, y en su lugar.

Pero cuando sintió que Julián se separaba con un leve empujón cayó nuevamente en la realidad, y en que posiblemente las cosas nunca serían como él las deseaba.

— Enzo, yo no- no…

— Shh… no hace falta que digas nada…

El morocho le dio un pequeño beso en la frente, y alcanzó a escuchar un sollozo entrecortado.

— Perdón… — el mayor se cubrió el rostro con las manos, pero rápidamente Enzo las tomó entre las suyas, obligándolo a que lo mire.

— Juli, ya está… no hay tiempo para lamentos ni rencores, ¿sabés? — lo miró directamente a los ojos, buscando que su amigo comprendiera que lo que le decía era en serio. — Espero que seas muy feliz en tu nueva vida, te lo merecés. Y siempre vas a contar conmigo para lo que necesites.

Esta vez unió sus cuerpos en un cálido abrazo, marcando su despedida. Probablemente era la última vez que se darían uno en un largo tiempo.

Se separaron y sus miradas se encontraron una vez más. Enzo trató de grabarse en la memoria cada detalle del rostro del castaño, dispuesto a soñar con él todas las noches hasta que se reunieran otra vez.

— Te amo, Juli.

Lo dijo como si le hubiera sido necesario para poder seguir respirando, le salió de lo profundo de su corazón porque ya no podía estar un segundo más sin hacérselo saber. Y como sello final de aquella velada que nunca fue, le depositó un ligero beso en los labios antes de incorporarse y retirarse del salón sin mirar atrás. 

Porque lo amaba, sí, con cada fibra de su cuerpo, pero no podía soportar seguir viendo el sufrimiento en su expresión. No quería seguir lastimandolo con sus sentimientos, y no podía evitar sentirlos, pero sabía cuál era su lugar. Sabía que Julián no era suyo, y lo respetaba.

Sólo había necesitado confesarse para poder seguir adelante, para que la distancia y el corazón le dolieran un poco menos. No esperaba que nada cambie, porque sabía que Julián nunca lo querría de la misma forma en que él lo hacía, pero ahora comprendía que estaba bien, porque uno no elige a quien amar.

Y porque de todos modos nada más importaba, porque una partecita del corazón de Enzo siempre le pertenecería a aquel cordobés medio petiso, que parecía tímido pero que con las personas correctas se permitía ser él mismo, a aquel que tenía los ojos castaños más brillantes que alguna vez hubiera visto, y que por sobre todo era el mejor amigo y la mejor persona que alguna vez podría llegar a conocer.

Y por primera vez, aquella verdad no le resultó agobiante, sino liberadora.

 

Notes:

Aparezcoo
Perdón, juro que voy a actualizar el fic, pero realmente no me podía sacar de la cabeza esta idea, ahora sí me puedo enfocar en escribir los próximos caps y el os de la dinámica :D
pd: esta es mi primera vez escribiendo angst sin final feliz, la verdad me gustó bastante, creo que voy a tener que seguir haciéndolo jeje
pd 2: gracias a mis beta readers por darme sus opiniones, las tkm <3
Gracias por leer!! <3