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Era una tarde cálida, la habitación en matices naranja y rosas por la luz del atardecer, las cortinas medio cerradas, las respiraciones pausadas.
Aemond está recostado sobre la espalda sudorosa de Luke, se siente especialmente cansado y especialmente satisfecho, y es que hoy fue… diferente.
Normalmente, tienen la manía de arrancarse las ropas y tener polvos rápidos e intensos. Si la ocasión no era en un lugar público, como la biblioteca o el baño del cine o del restaurant, se dedicaban a tener sus encuentros bautizando con su esencia y sudor los muebles del departamento: la mesa, el sillón, la alfombra, alguna ocasión fue montado en las jodidas escaleras, incómodo pero muy bueno.
Así de intensos eran sus encuentros, que al llegar a la cama era para una siesta reparadora.
Pero hoy fue diferente.
Lucerys estuvo pensativo, no respondió la charla con su humor incisivo y al preguntar por lo que pasaba, Lu dijo que quería hacer el amor. Primero tuvo por reflejo una risa lobuna, pero al ver la seriedad de su sobrino, borró esa cara de depredador.
No dijo mucho. Le tomó de la mano, llegaron al auto, condujo a su departamento.
Ya en el departamento lo llevó hasta la habitación tomados de la mano. Los besos fueron hasta tímidos y la ropa salió de a poco, con más besos de mariposa por toda la piel.
En su unión también fue distinto. Lo tomo con calma, disfrutando la nueva sensación de ir saboreando cada centímetro que entraba y salía. Pausado. Lucerys aferrado a su espalda con brazos y piernas con gemidos bajos y suspiros melodiosos.
Si, hubo cambio de posición. Cuando lo tuvo encima, las caderas se movían sin prisa, dejando que sus manos llevaran el ritmo, todo entre besos profundos.
Y luego cuando lo tomó en cucharita, habían dormido así, pero poseerlo en esa posición lo hizo abrazar la vulnerabilidad y entrega de Luke. Los besos no se detenía hasta que no quedaba aire y terminaron juntos en una explosión tranquila pero creciente, alargando la sensación.
Fue íntimo en un nuevo nivel.
Haciendo que la vista que tenía, estando recostado sobre la espalda de Lu, escuchando su respiración tranquila con las sábanas apenas cubriendo una parte de su cadera y piernas, con la luz del atardecer bañando su piel, fuera etérea. Recorría su suave piel con la yema de sus dedos, ya sin urgencia, solo apreciando la forma, la calidez, los ángulos de la luz que resaltan ese altar que adora, reverenciando la celebración que tuvo lugar.
Solo hacía falta un pequeño detalle para que esta nueva experiencia tuviera un cierre digno. Y así sin más, Aemond deslizó un poco la sábana índigo, se acercó a ese trasero respingón y pego su boca a dejar un beso, luego abrió la boca para dar un mordisco, que fue apretando de a poco, para no espantar el medio sueño de su amante.
Aunque para dejar constancia, fue necesaria aplicar más presión. No se detuvo hasta que Luke trata de enderezarse por el dolor.
— ¡¡Qué carajos!!
