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Español
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2025-07-13
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TODO ESO QUE NO SABEMOS ARREGLAR

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El torso desnudo de Williams descansaba sobre la cama del número treinta y dos, que llevaba un buen rato despierto la noche había sido extraña discutieron, salieron de joda, y todo se desbarrancó cuando el mayor se puso a hablar con Palacios ahí fue donde explotó todo celos, gritos y una pelea que terminó en sexo áspero, casi sin palabras, cargado de rabia.

 

Ayrton, aún despierto, contemplaba en la penumbra la espalda tatuada de Alarcón con una mezcla de bronca y devoción entre los trazos negros del diseño, se notaban pequeñas marcas que él mismo había dejado la noche anterior no sabía bien si eran huellas de deseo o de furia, pero ahí estaban, como prueba de lo que todavía no podían decirse.

 

El lunes empezaba a asomar, gris y frío, como la relación de ellos dos después de esa discusión absurda habían llegado pasadas las cuatro y media de la mañana.

 

No se hablaron solo se besaron con furia y cogieron con una mezcla de rabia, orgullo herido y alcohol en sangre el silencio pesaba incluso en el cuerpo. Ayrton no pudo dormir, tenía la mente encendida, girando en círculos en cambio, el chileno se había rendido rápido al sueño, como si nada hubiera pasado.

 

Ayrton seguía despierto, de costado, con los ojos clavados en su espalda el tatuaje del león se dibujaba con claridad bajo la luz azulada que se filtraba por la persiana pero Ayrton no miraba solo eso. Se detenía en las marcas que él mismo le había dejado rasguños profundos, mordidas apenas cicatrizando, líneas rojas que recorrían la piel como un mapa de la noche anterior no sabía si sentirse culpable o satisfecho lo quería, sí pero a veces no sabía cómo.

 

De pronto, el cuerpo de Williams se movió apenas medio dormido, soltó un suspiro y, sin girar del todo, murmuró con la voz ronca, arrastrada por el sueño y el cansancio

 

- Dejá de mirarme así y dormite mañana vamos a hablar.

 

Antes de que Ayrton pudiera responder, Williams se dio vuelta y lo abrazó por la cintura, atrayéndolo contra su pecho con un gesto más instintivo que racional pese al enojo, pese al cansancio, lo envolvió en ese calor familiar que siempre lo desarmaba.

 

Ayrton cerró los ojos en silencio, con la frente apoyada en su hombro no entendía nada, pero al menos ahí, por un rato, pudo descansar.

 

Williams se removió incómodo, ya que tenía la diestra de Ayrton sobre su espalda baja soltó un suspiro largo, mientras recuerdos vagos empezaban a colarse en su mente: lo recordaba tomándolo del cuello, besándolo con furia, con esa bronca cargada de deseo que lo desarmaba por dentro y también se acordaba de cómo lo tenía, dándole sin piedad, haciéndolo temblar entre gemidos y jadeos. Mordió su labio inferior al recordar aquella noche, la forma en que su cuerpo se arqueaba bajo el otro, rogando más aunque no dijera una palabra.

 

Se quedó quieto, con la mirada perdida en la oscuridad de la habitación, cuando la voz ronca de Ayrton lo sacó de golpe de sus pensamientos.

 

- Podés dormir, boludo - murmuró Ayrton, medio molesto, sin abrir los ojos - es temprano y hace frío.

 

Williams no respondió, se acercó apenas, como buscando refugio, y le acarició la espalda con una suavidad inesperada.

 

Era su forma de decir “perdón” o tal vez “quédate”, sin usar palabras Ayrton no dijo nada más, pero tampoco se apartó se quedaron así, entre silencios cargados y caricias tibias, compartiendo el calor de las sábanas y todo lo que aún no sabían cómo decirse.

 

Se giró apenas y se pegó más a él, más a su bulto, haciéndolo soltar un suspiro contenido la mano del defensor se posó firme, rodeando la cintura del chileno, como si toda esa bronca se hubiera esfumado en un instante.

 

Sin decir nada, empezó a dejar un camino húmedo de besos por el cuello de Williams, mientras su mano izquierda se perdía dentro del boxer, acariciándole el miembro con suavidad que pronto se volvió más urgente los jadeos y las puteadas de Williams aumentaban al compás del ritmo que marcaba, cada movimiento despertando más deseo entre los dos.

 

De la nada, Ayrton le sacó la mano, dejándolo entre confundido y molesto sabía perfectamente que se lo estaba haciendo a propósito, dejándolo así, duro, caliente, con las ganas latentes en la piel.

 

- No me parece que hagas esto y después actúas como si nada - espetó el chileno, enojado, cuando se molestaba, la tonada se le marcaba más fuerte

 

Ayrton sonrió de lado, con malicia en la mirada y voz arrastrada.

 

- Me gusta hacerte enojar se te marca más el acento - murmuró, con esa sonrisa que lo sacaba aún más de quicio.

 

Williams apretó la mandíbula, se removió entre las sábanas y quiso apartarse, pero el brazo de Ayrton lo retuvo con firmeza, enredado en su cintura.

 

- Soltame me voy a bañar - dijo, sin mirarlo, con la voz áspera y cargada.

 

- No quiero - susurró Ayrton, pegando su cuerpo aún más al de él - estás calentito, y me gusta cómo te respirás el enojo.

 

- No soy tu juego, Ayrton - espetó, girando apenas el rostro, lo justo para que sus miradas se encontraran - no me podés calentar y después hacerte el boludo o me soltás, o bancate lo que sigue.

 

La sonrisa del defensor se aflojó un poco no del todo. Su mano le aflojó la presión apenas, pero no lo soltó del todo.

 

- Está bien andá, si quieres pero no hace falta que te vayas tan enojado - dijo en voz baja, y su dedo trazó apenas la línea de la cintura del otro, como si no pudiera evitarlo.

 

Williams resopló, giró con fuerza el torso y finalmente logró que lo soltara se sentó al borde de la cama, con la espalda tensa, sin decir nada más, se pasó las manos por la cara, tratando de enfriar la cabeza y se masajeo un poco el bulto como si pudiera hacer algo

 

Detrás de él, Ayrton no dijo nada pero su mirada seguía fija en esa espalda que se alejaba.

 

Williams se levantó de la cama sin mirar atrás, arrastrando los pies con algo de bronca y mucho calor todavía en el cuerpo, caminó hasta el baño y cerró la puerta sin trabarla, como si una parte de él esperará lo que siguiera.

 

Encendió la luz y el reflejo del espejo lo recibió sin piedad quedó frente al vidrio, solo en boxer, con el torso desnudo y la respiración aún un poco acelerada cuando se giró de costado, lo vio tenía varias marcas.

 

Moretones suaves en la cintura, rojeces en la espalda baja, un chupón apenas disimulado cerca del omóplato y varias líneas rojizas, como arañazos frescos, que se extendían por la parte alta de la espalda pasó la mano por una de ellas y soltó un suspiro entre dientes.

 

- La concha de tu madre - murmuró para sí mismo, sin rabia real, más como si le hablara a lo que sentía en el pecho.

 

Entonces sintió esa presencia detrás y esa voz desde la puerta entreabierta.

 

- Te dejé linda la espalda che - dijo Ayrton, apoyado contra el marco, con la sonrisa torcida y los ojos clavados en él.

 

Williams lo miró por el espejo, sin girarse.

 

- Estás loco - le dijo, pero el tono le salió bajo, más cargado de calor que de enojo.

 

Ayrton sonrió con tranquilidad.

 

- Puede ser pero te encanta.

 

Sin más aviso, Ayrton se acercó rápido y apoyó las manos firmes en la cintura de Williams, atrayéndolo hacia él y besó en la boca con rabia contenida, un beso intenso, voraz, y pedía más.

 

Williams respondió al instante, el cuerpo reaccionando antes que la mente, mientras Ayrton lo empujó con brusquedad contra el lavamanos frío.

 

El beso se volvió más profundo, los labios de Ayrton mordiendo con suavidad, apretando su boca con necesidad.

 

Mientras lo besaba, una mano se deslizó por la cintura de Williams hasta meterse con descaro dentro del boxer, palmeando y apretando con ritmo y firmeza.

 

Williams gimió bajo el beso, apoyando las manos en el lavamanos, tratando de contenerse mientras la otra mano de Ayrton seguía explorando.

 

Cuando Ayrton se separó un poco, sus labios bajaron hacia el cuello de Williams, donde hundió un chupón, dejando una marca clara y caliente en su piel.

 

El suspiro de Williams llenó el baño, mezclando la sorpresa con el deseo y la promesa de lo que vendría.

 

- Si no te molesta - dijo Williams, con voz ronca - me voy a bañar.

 

Ayrton dio un paso hacia atrás y lo observó de reojo mientras entraba al baño se quedó quieto unos segundos, como si algo lo retuviera, y luego volvió a la cama.

 

Se sentó al borde, con los codos sobre las rodillas y la mirada clavada en el suelo, hoy era su último día libre, pero no lograba relajarse la habitación estaba en silencio, apenas interrumpido por el sonido del agua corriendo detrás de la puerta entreabierta.

 

Williams, del otro lado, intentaba recomponerse, el agua caliente caía sobre su cuerpo, deslizándose por su espalda y sus hombros, arrastrando el cansancio y la tensión de todo lo que había pasado. Cerró los ojos, dejando que el vapor lo envolviera, no se movía mucho, solo respiraba, como si ese momento fuera su única forma de mantenerse en pie.

 

Cuando salió del baño, el vapor lo siguió unos segundos, arrastrándose por el aire hasta disiparse, tenía una toalla atada a la cintura, el torso todavía húmedo y la piel enrojecida por el calor.

 

Caminó hasta la pieza sin decir una palabra, con el pelo chorreando y los pies descalzos dejando huellas en el piso abrió el cajón, sacó un short y se lo puso sin apuro, como si necesitara volver a su cuerpo de a poco.

 

Se acostó al lado de Ayrton, sin tocarlo ambos estaban mirando el techo, compartiendo el mismo aire espeso

 

Por primera vez en un rato, Williams rompió el silencio, con la voz más baja y tranquila que antes.

 

- ¿Cómo vas con la lesión?

 

Pero Ayrton tardó un poco en responder como intentando buscar palabras

 

- Un poco mejor pero todavía duele  - murmuró y luego, sin mirarlo directamente - me da bronca que siempre terminemos peleando por lo mismo, vivimos juntos, estamos juntos y aun así pareciera que no aprendemos nada - hizo una pausa como buscando alguna palabra - esta escapada a Cariló parecía otra cosa pero lo de ayer a la noche pensé que habíamos tocado fondo, que no se podía seguir así y ahora es como si todo se hubiera esfumado.

 

Williams se giró apenas, apoyando el brazo debajo de la cabeza para mirarlo.

 

- No se esfumó solo no sé si sabemos qué hacer con eso.

 

Ayrton bajó la mirada sin decir nada, y casi por inercia, estiró la mano y le acarició el muslo, despacio, con el pulgar rozándole la piel, no fue un gesto cargado, fue más una necesidad de contacto, de cercanía. Williams se tensó apenas al sentirlo, no lo apartó, pero se notó el impacto de ese toque.

 

El silencio pesaba entre los dos, pero no dolía era necesario como si por fin estuvieran diciendo algo sin decirlo.

 

- Vamos a intentar mejorar - dijo Ayrton, ahora sí mirándolo directo - no quiero terminar con vos.

 

Williams cerró los ojos un momento esa frase le aflojó algo en el pecho cuando volvió a abrirlos, Ayrton ya estaba más cerca y entonces, simplemente se besaron sin apuro, sin esa urgencia cargada que a veces los desbordaba fue uno de esos besos tranquilos, sinceros pero sobre todo con una calidez distinta más honesto.

 

Cuando se separaron, Ayrton apoyó la frente contra la de él.

 

- Mañana vuelvo a arrancar con la recuperación - susurró.

 

Williams lo miró en silencio.

 

- Extraño estar en los entrenamientos con vos - dijo Ayrton - extraño el vestuario, las risas boludas, el picante entre nosotros, estar en cancha, verte jugar

 

Williams bajó la mirada.

 

- Yo también te extraño ahí - respondió - no es lo mismo sin vos.

 

Y aunque nada estaba del todo resuelto, en esa cama, compartiendo ese momento tan simple y tan íntimo, parecía que al menos los dos querían seguir intentándolo.

 

El lunes siguió como si nada algunos roces entre ellos, miradas que evitaban cruzarse demasiado, pero sin decirse mucho, como si todo lo de la mañana se hubiera desvanecido como si nada hubiera pasado.

 

El martes fue distinto o al menos eso creían ellos ambos volvían al predio y la tensión no había desaparecido tenían que fingir, actuar como si todo estuviera bien, como si nada estuviera en crisis.

 

Almorzaron temprano, como era rutina los días que entrenaban por la tarde, Ayrton revisaba su celular en silencio, mientras Williams tenía la vista fija en el televisor, donde pasaban un resumen deportivo.

 

- ¿Vamos a hacer de cuenta que estamos bien o cómo es la cosa? - murmuró el chileno, sin despegar los ojos de la pantalla - digo, a la madrugada de ayer me la metiste hasta el fondo y después ayer y hoy, ni hablamos.

 

Ayrton tragó saliva y suspiró no sabía en qué momento lo empezó a tratar así o sí lo sabía.

 

Todo se les había ido de las manos y al mismo tiempo, no podía negar que moría de celos cada vez que lo veía con Palacios.

 

- Podemos intentar estar bien - respondió finalmente, en un suspiro, sin mirarlo del todo.

 

El chileno asintió sin responder, se levantó despacio y caminó hacia la pieza Ayrton lo miró alejarse y, sin pensarlo demasiado, se levantó también y lo siguió.

 

Williams ya se había sacado la remera y buscaba el pantalón deportivo cuando lo sintió entrar no dijo nada, ni siquiera se giró él sabía que estaba ahí, lo sentía en la espalda, en el aire tenso que se filtraba entre ellos como una electricidad muda.

 

Ayrton se acercó despacio ya no lo observaba desde lejos esta vez, simplemente lo hizo.

 

En vez de mirarlo, lo besó, apoyó los labios en su cuello desnudo, justo donde la piel se tensaba entre el trapecio y la mandíbula un beso suave, lento, como una pregunta sin palabras

 

Williams se quedó quieto, cerró los ojos, contuvo el aliento y el corazón le golpeaba fuerte en el pecho.

 

Ayrton apoyó una mano en su cintura, sin parar, sin empujarlo como si el silencio valiera más que cualquier excusa, como si todavía pudieran salvar algo entre tanto caos.

 

- Tenés que cambiarte vos también o vamos a llegar tarde - murmuró finalmente Williams, con la voz ronca, sin voltearse, pero con una sonrisa apenas dibujada en la comisura de los labios.

 

Ayrton apoyó su mentón en su hombro y soltó una risa seca, corta, cargada de todo lo que no sabía cómo decir.

 

- Sos un forro - susurró, medio en broma, medio en serio.

 

- Lo sé - respondió Williams, esta vez girando la cara apenas para buscarle la mirada por encima del hombro - pero uno que te gusta.

 

Ayrton no respondió solo se quedó ahí, con su mentón aún apoyado en su hombro, respirando contra su piel caliente sus manos, como si tuvieran voluntad propia, se deslizaron despacio por el torso del chileno primero por la cintura, después bajando un poco más, bordeando la línea del pantalón que todavía no se había terminado de poner.

 

Williams se tensó, no por rechazo sino por todo lo contrario, porque sabía que si no lo frenaba, no iba a querer hacerlo más.

 

Cerró los ojos un segundo, como buscando fuerza, como si ese simple contacto lo desarmaba por completo.

 

- Ayrton - murmuró, bajo, casi en advertencia, pero sin convicción.

 

Los dedos del otro se quedaron quietos, apenas apretando contra su cadera, no se alejaba, pero tampoco avanzaba, quedaron en un limbo incómodo, caliente, demasiado íntimo para un martes antes del entrenamiento.

 

- Decime que pare - susurró Ayrton, con voz grave, contra su nuca.

 

Williams tragó saliva sentía el corazón latiendole en la garganta.

 

- Tenés que cambiarte - repitió, pero esta vez sonó más a súplica que a reproche.

 

Ayrton bufó, frustrado, y se apartó de golpe, como si al soltarlo necesitará también soltar todo lo que le estaba pasando por dentro.

 

Se quitó la remera con un tirón y la tiró sobre la cama caminó hasta el placard, agarró su pantalón del club y empezó a cambiarse con movimientos bruscos, tensos, como si cada prenda que se ponía le pesara el doble

 

Ambos salieron del departamento en silencio, con sus botineros en mano y Williams cargando el set de mate.

 

El camino hacia el predio transcurrió en un mutismo cómodo; Ayrton manejaba mientras su mano reposaba con naturalidad en el muslo del chileno sin necesidad de palabras, ese gesto marcaba su territorio, un silencioso reclamo de cercanía

 

Entre sorbos de mate, fingían no recordar todo lo que había pasado, como si la rutina pudiera borrar la tormenta.

 

Al llegar, el silencio se mantuvo, pero no era incómodo: era un silencio tranquilo, de confianza antes de bajarse del auto, se miraron y se dieron un beso pausado, suave, que decía más que cualquier conversación.

 

Ya en el gimnasio, saludaron a sus compañeros y allí estaba el tercero, el que traía todas sus preocupaciones en la mirada, conversando con Alan, como buscando refugio en palabras.

 

Ayrton se tensó, pero dejó pasar el momento, no quería desconfiar de Williams, ni de él mismo, porque ya con Palacios habían pasado cosas, pero jamás su pareja se enteró.

 

- Si cambiás la cara queda mejor - murmuró Alan, mirándolo con media sonrisa.

 

Ayrton negó con una sonrisa forzada por su cabeza pasaban demasiadas cosas sin decir nada más, se fue a entrenar

 

Estaba en plena recuperación del desgarro y necesitaba enfocarse, aunque su cabeza estuviera en cualquier lado menos ahí.

 

Los días siguientes pasaron tranquilos o al menos eso creía él pero el jueves, mientras se concentraban antes del entrenamiento, Palacios subió una foto en redes. En la imagen, sin que Ayrton se diera cuenta, se veía claramente sobre la mesa su segundo celular, uno que nunca había mencionado, mientras en su mano tenía el habitual cuando lo notó, ya era tarde: la foto estaba publicada, visible para todos.

 

La vuelta a casa ese jueves fue tensa Williams iba con el ceño fruncido, en silencio, conteniéndose para no estallar ahí mismo, en el auto, en el ascensor, en cualquier lugar.

 

Ayrton intentó tocarle la cintura en el ascensor, como un gesto de paz, pero Williams apartó la mano con enojo, sin mirarlo siquiera.

 

Al entrar al departamento, Williams dejó sus cosas con brusquedad en el piso y tiró el celular sobre la mesa estaba molesto, con la rabia acumulada desde hacía horas.

 

- Dame una explicación sin dejarme como un pelotudo - murmuró el chileno, clavando los ojos en él, Ayrton se quedó inmóvil, apoyado contra la pared - ¿Desde cuándo tenés dos celulares? Mejor dicho ¿con uno me hablás a mí y con el otro a Palacios o a Alan? Porque tengo cara de boludo, sí, pero me doy cuenta de cada gesto, cada detalle, cada roce que tenés con ellos - escupió, con la voz cargada de enojo y el acento más marcado que nunca.

 

Ayrton tragó saliva, cada palabra que pudiera decir ahora tenía el peso de una traición se separó de la pared lentamente, buscando cómo armar una frase que no sonara a excusa.

 

- No es lo que pensás, Williams - empezó, sabiendo que esa frase ya lo condenaba.

 

El chileno soltó una risa seca, dolida.

 

- ¿Y qué carajo pienso entonces? ¿Me vas a decir que el segundo celular es del club? ¿Que lo usás para entrenar? ¿Que justo te olvidaste de avisarme?

 

- Lo tengo desde antes, es viejo, lo usaba para hablar con mi vieja, para cosas personales - balbuceó Ayrton, con poca convicción.

 

- ¿Y Palacios es personal? ¿Alan también? - insistió Williams, alzando la voz - te vi, Ayrton no hablo de lo físico, te vi mirarlo, te vi cómo le hablabas yo estuve ahí y, aún así, te salía solo, como si no importara que yo estuviera al lado.

 

Ayrton bajó la cabeza y caminó hacia él con pasos lentos, pero Williams retrocedió.

 

- No hay nada con ellos - dijo en voz baja - con Palacios no pasa nada desde hace mucho y con Alan me escucha, nada más - soltó un suspiro largo y siguió hablando- a veces me cuesta hablar con vos porque siento que, si te cuento que me siento una mierda, vas a pensar que es porque no me alcanzás, pero no es eso soy yo el que está roto el que no sabe ni qué siente a veces.

 

Williams parpadeó, sacudido por esa confesión, pero aún herido.

 

- ¿Y a mí no me das la chance de escucharte? ¿Te abrís con todos menos conmigo, el que duerme con vos todas las noches?

 

- No quería que me veas peor de lo que ya me ves cuando me lesioné, cuando me quiebro, cuando no puedo jugar sentía que si te contaba todo, te ibas a ir.

 

- ¿Y preferís que me quede creyendo que me estás cagando?

 

Ayrton lo miró, pero no dijo nada solo caminó hasta el sillón y se dejó caer, derrotado.

 

- No te estoy cagando, Williams pero sí te fallé y si eso hace que quieras irte lo entiendo.

 

El chileno lo observó en silencio,respiró hondo, agarró su celular y se fue al balcón, cerró la puerta corrediza con suavidad, como quien necesita aire para no decir algo de lo que después se arrepienta.

 

Ayrton se quedó solo, con su culpa y su miedo pero no aguantó mucho a los pocos minutos, se levantó y fue hacia el balcón. Abrió la puerta con cuidado y salió la brisa nocturna lo golpeó en la cara, pero le hizo bien.

 

Williams seguía apoyado en la baranda, mirando la ciudad.

 

- No me importa que me putees - dijo Ayrton con voz baja - preferiría mil veces que me grites antes que este silencio.

 

- ¿Y qué querés que diga, Ayrton? - respondió Williams, sin mirarlo - me partís al medio, no sé si me duele más la mentira o que no confíes en mí.

 

Ayrton se apoyó a su lado, sin tocarlo.

 

- No sé cómo hacerlo hablar, siento que si te cuento todo lo que me pasa, te vas a ir porque a veces yo mismo quiero hacerlo salir corriendo de mí.

 

Williams giró apenas el rostro, y por fin lo miró.

 

- ¿Pensás que no me doy cuenta cuando estás mal? Te conozco más de lo que pensás, te elijo igual, con todo eso solo te pido que no me dejes afuera.

 

Y entonces Ayrton se giró y lo abrazó, no con fuerza, sino con una necesidad desesperada, Williams tardó unos segundos, pero lo abrazó también, bajando la guardia.

 

- No sé cómo arreglarlo todo - susurró Ayrton.

 

- Empezá por no esconderme nada - le respondió Williams - después vemos cómo sigue todo.

 

En ese instante, Williams giró apenas el rostro y le dejó un besito suave en el cuello casi imperceptible, pero tan cargado de ternura que a Ayrton se le cerraron los ojos