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BOCA PREDIO
MIERCOLES, 12:00 AM
Estaban en el receso antes de ir a almorzar, tenían solamente diez minutos antes de juntarse todos. Williams y Ayrton estaban algo alejados del resto, como solían hacer siempre que podían robarse un rato a solas, Williams le contaba lo que había hecho durante el entrenamiento, mientras Ayrton le hablaba de su recuperación y los trabajos de fuerza que había hecho esa mañana.
- Amor ¿me enseñas a hacer la pistolita que hacés siempre en las fotos? - murmuró Alarcón, pasándole un mate con una sonrisa pícara.
Ayrton soltó una risita contagiosa y se sintió encantado.
- Así, con los dedos, tenés que hacer, gordo - dijo mientras le mostraba cómo los posiciona él.
Williams lo imitó con concentración, los ojos fijos en sus propios dedos al lograrlo, levantó la mano con orgullo y le sonrió de oreja a oreja.
- ¿Así, gordo? - pregunto curioso
Ayrton lo miró con ternura, se rió bajito y le acarició la nuca.
- Igualito te sale amor
Williams rió también, encantado con la aprobación, y después se dejó caer un poco sobre su hombro, disfrutando esos minutos robados de calma y complicidad.
- Ahora cada vez que te saques una foto te vas a acordar de mí - murmuró el chileno, escondiéndose en el cuello de Ayrton, con esa voz ronca que usaba solo cuando estaba completamente relajado.
Ayrton sonrió y lo abrazó más fuerte, como si pudiera guardarlo ahí, pegado a él, todo el día.
A lo lejos, el mundo seguía los compañeros charlaban, las risas se mezclaban con el ruido de pelotas picando y botines arrastrándose por el pasto pero para ellos dos, en ese rincón, el tiempo parecía pausarse
Aunque vivieran juntos, aunque durmieran abrazados todas las noches, nunca les alcanzaban los momentos a solas.
Williams cerró los ojos, respirando su perfume, como si pudiera quedarse ahí para siempre.
- ¿ Interrumpo mucho o me meto nomás? - la voz de Palacios los sobresaltó, rompiendo la burbuja.
Ayrton levantó la vista con una sonrisa resignada, mientras Williams soltaba una carcajada bajita, sin despegarse del todo.
- Justo estábamos por hablar de vos - bromeó Williams, acomodándose sin soltarle la mano a Ayrton.
Palacios los observaba curiosos ya que siempre los molestaba cuando se trataba de sus amigos y levantó las manos en señal de paz pero antes de girar del todo, frunció el ceño, mirando la mano de Williams que aún estaba medio levantada.
- Che, ¿y eso qué era? ¿Qué le estabas enseñando, Ayrton? ¿Qué estaban haciendo con los dedos? - preguntó con curiosidad, señalando el gesto que había quedado a medio terminar.
Williams, divertido, volvió a hacer la pistolita con los dedos y le sonrió como si hubiera ganado un premio.
- Esto me enseñó el gesto ese que hace siempre en las fotos - dijo demasiado feliz Alarcon - mirá qué fachero me sale.
Ayrton soltó una carcajada mientras le tiraba el brazo por encima del hombro a Williams.
Empezaron a caminar para el comedor y lentamente se separaron, como si costara por demás estar separados, pero si les costaba y mucho más de lo que se imaginaban
- Uy los tortolitos ahora se van a separar - murmuró Palacios con esa tonada chilena que a veces irritaba por demás
- Eso en zona sur se llaman celos - dijo Alan acercándose
Tanto Ayrton como Williams estallaron en risas, ya que ambos sospechaban que a Palacios su relación le daba celos
Muy pocas veces se separaban y hoy era un dia de esos, donde se sentaron alejados pero lo suficientemente cerca
Ayrton estaba tenso toda esa tranquilidad que solía tener se transformaba en incomodidad cada vez que veía a su novio cerca de Palacios, siempre volvía ese pensamiento molesto, como una alarma interna verlos juntos lo sacudía, como si fueran competencia, aunque supiera que no tenía sentido.
- Che ¿estás bien? - murmuró Alan, al lado de él.
- Sí - respondió Ayrton, con la mandíbula tensa y un tono seco.
- Bueno, decíselo a tu cara, porque tus expresiones no dicen lo mismo - dijo Rodrigo, alzando una ceja.
- Es que me rompe las pelotas - soltó Ayrton de la nada, mirando a sus amigos.
- ¿Que Palacios esté cerca de Williams? - murmuró Brian esta vez, con una media sonrisa, como si hubiera leído su mente.
Ayrton giró la cabeza, clavando la mirada en el grupo, sin negar nada.
Rodrigo y Alan intercambiaron una mirada rápida, esa típica complicidad de amigos que sabían más de lo que decían.
- Che, pero no pasa nada - insistió Alan, dándole un codazo suave - Palacios jode con todos es así tiene ese humor que irrita, pero no se lo toma en serio nadie salvo vos
- No es joda que cuando lo mira como si fuera suyo no se —respondió Ayrton al fin cruzándose de brazos con el ceño marcado.
Rodrigo soltó una carcajada corta, sin malicia.
- ¿Y cómo lo mira, entonces? ¿Con amor? ¿Con hambre? - bromeó, exagerando cada palabra para aligerar el ambiente.
- Con cara de pelotudo enamorado - murmuró Ayrton, provocando una carcajada general.
- Bueno, eso no es exclusivo de Williams - tiró Brian, entre risas.
Ayrton sonrió apenas, pero por dentro seguía incómodo, no era celos exactamente o quizás sí de esos que no se gritan, pero que pican silenciosos, como una espina.
Y lo peor era saber que si Williams se daba cuenta, seguro se reía, le hacía un gesto de paz y lo abrazaba como si nada, como si no tuviera idea del nudo que a veces le provocaba verlo tan cerca de alguien más.
Mientras los chicos seguían entre bromas, Williams se acercó despacito con una botella de agua en la mano y se dejó caer al lado de Ayrton, como si nada. Pero lo conocía demasiado bien como para no notar la tensión en su cuerpo.
- ¿Qué te pasa? - preguntó en voz baja, apenas para él, mientras apoyaba la botella entre las piernas y lo miraba de costado.
Williams lo conocía demasiado, y sabía que cuando tenía la mandíbula tensa y la vista perdida significaba una cosa solamente estaba celoso
Ayrton tardó en responder tragó saliva y mantuvo la mirada fija al frente, como si concentrarse en cualquier otra cosa pudiera disimular lo evidente.
- Nada - dijo al fin, pero el tono le salió tan seco que ni él se lo creyó.
Williams arqueó una ceja, ladeando un poco la cabeza.
- ¿Nada? ¿Seguro? - dijo curioso - porque tenés la misma cara que cuando te gané al FIFA y dijiste que no te importaba.
Ayrton giró apenas la cabeza para mirarlo, y aunque quiso mantener la fachada, algo en la expresión tranquila de Williams, en su cercanía, le aflojó un poco la coraza.
- Me da celos que Palacios te mire tanto - murmuro bajito pero bastó para que el lo escuchara
- Admitiste que estas celoso que clase de milagro es este - dijo Williams riendo
- Anda a cagar - murmuro serio
- Quedas tierno enojadito - dijo Williams riendo
Ayrton le saco el dedo del medio y lo miro mal, en cambio Williams posó su mano en la nuca y le hizo mimitos logrando que su novio se relaje y le de esa sonrisa que tanto le gustaba
Los entrenamientos habían terminado y el frío del invierno ya pegaba un poco más, la vuelta a casa era silenciosa pero cómoda, la mano de Ayrton iba una en el volante y otra en el muslo de Williams
- Como te sentis que quizás seas titular el domingo - murmuró Ayrton
Williams desvió la mirada de la ventanilla para observar con ternura Ayrton lo conocía mejor que nadie cuánto deseaba ser titular no era solo un partido más era el primero de la fecha, y el técnico lo había estado observando de cerca toda la semana pero también sabía que su novio no estaría en la cancha y eso le pesaba.
- Nervioso no sé todavía, no quiero pensar en eso, recién viernes - dijo, encogiéndose de hombros - y además, vos no vas a estar, y eso no me gusta.
Ayrton apretó suavemente su muslo. Le dolía no poder estar, su lesión lo había dejado afuera justo cuando más ganas tenía de jugar pero no quería que su propia bronca opacara lo que Williams estaba por vivir.
- Pero voy a estar desde casa, mirándote a vos y a los chicos - dijo finalmente, esforzándose por sonreír - y si metés un gol, mínimo dedicamelo.
Williams lo miró y sonrió, esa sonrisa auténtica que Ayrton tanto amaba, llegaron al edificio que compartían en Puerto Madero, tomaron sus cosas y apenas se encontraron se tomaron la mano
En el ascensor no había nadie, pero cada uno iba en la suya, con las manos enlazadas y un silencio cómodo que decía más que cualquier palabra
La jornada había sido larga, el frío pesaba, pero el simple hecho de estar juntos bastaba para alivianar todo.
Al entrar al departamento, fueron recibidos por Lua, la perrita que habían rescatado hacía unos meses apenas los vio, empezó a mover la cola con entusiasmo, corriendo primero hacia Williams.
- Hola, princesa - murmuró él, soltándose de la mano de Ayrton para agacharse y acariciarla con ternura - ¿Nos estuviste esperando?
Ayrton cerró la puerta con una sonrisa suave, apoyando la espalda contra ella por un momento lo observó desde ahí, en silencio le gustaba verlo así, con esa dulzura tan suya, esa forma de entregarse incluso en los gestos más simples, le gustaba sentir que, incluso después de un día agotador, Williams seguía siendo todo lo que lo hacía sentir en casa.
Cuando su novio se incorporó, Ayrton se le acercó por detrás y lo rodeó con los brazos, apoyando el mentón en su hombro. Williams apoyó una de sus manos sobre las suyas, cerrando los ojos al sentirlo tan cerca.
- Gracias por ser siempre mi lugar - susurró Ayrton
Le dejó un beso suave en la mejilla, lento, tierno, de esos que no apuraba nada pero lo decían todo. Williams giró un poco el rostro, como buscando más, y Ayrton no dudó lo giró con cuidado, con las manos aún rodeando su cintura, y cuando estuvieron frente a frente, lo miró a los ojos un segundo más.
Entonces, sin decir nada, se inclinó y le dio un beso en la boca era distintos a los de siempre era uno lento, sentido, de esos que no necesitaban apuro ni intención más allá de estar ahí, juntos en esos labios se encontraron con familiaridad y calidez, como si todo el día hubiera llevado a ese momento exacto.
Cuando se separaron apenas, Williams apoyó la frente contra la de él, y sonrió con los ojos entrecerrados.
Después del beso, se quedaron unos segundos así, con las frentes juntas, respirando el mismo aire, sin necesidad de decir más y cuando el silencio se volvió cómodo otra vez, Ayrton tomó su mano y lo guió hasta el sillón.
Se acomodaron como tantas otras veces: Williams entre sus brazos, con la cabeza apoyada en su pecho, y Ayrton rodeándolo con un brazo mientras con la otra mano acariciaba distraído su hombro.
La tele estaba encendida, pero el volumen bajo, como mero acompañamiento más que mirar algo, simplemente estaban juntos en paz.
Lua, que hasta ese momento había estado tranquila en su cama, decidió que ya era suficiente de mimos entre ellos dos sin incluirla se acercó con paso decidido y empezó a empujar con el hocico el brazo de Ayrton, luego el de Williams, hasta que logró meterse en el medio.
- Dale, Lua, en serio - protestó Williams entre risas, tratando de hacerle espacio mientras la perrita insistía en subirse.
- Está celosa - dijo Ayrton, sin poder evitar reírse también mientras Lua se acomodaba sobre los dos, como si tuviera todo el derecho del mundo.
Williams la miró y le acarició la cabeza, resignado.
- Bueno, vení pero mínimo compartí el luga - solto Alarcon sonriendo
Ayrton lo abrazó por detrás, como pudo, pasando el brazo por encima de Lua, que ya se había echado, victoriosa.
Y así, entre mimos, risas y una perrita que no pensaba ceder su lugar, terminó la noche, el frío seguía afuera, pero adentro, entre los tres, no faltaba nada.
