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PUERTO MADERO
VIERNES, 22:30 PM
Ayrton no venía teniendo las mejores semanas. Para el ojo público, estaba soltero, pero para sus más íntimos, hacía más o menos seis meses que venía intentando estar con Williams. Su relación era casi ejemplar: detallista, silenciosa, y por sobre todo, profundamente romántica.
A los rumores que circulaban que él estaba con alguien del ambiente, se sumaba una lesión que arrastraba en el gemelo derecho. A veces dolía más, otras menos, pero su gran sostén ese último mes había sido Williams. Era él quien lo cuidaba y mimaba en cada detalle. Siempre atento a que tomara sus analgésicos, a que entrenara bien, que no hiciera esfuerzos innecesarios. No porque desconfiara, sino porque quería que estuviera bien, que no se lastimara más.
Lo acompañaba como “amigo” a las sesiones de kinesiología, y vigilaba con dedicación que no se saltará ningún ejercicio de los que le mandaban los profes. Algunos compañeros le decían “pesado”, pero él, genuinamente, estaba preocupado por Ayrton.
Esa noche Ayrton estaba serio, más de lo normal, le dolía el gemelo y quería evitar que Williams se de cuenta pero fue al pedo, estaba en el sillón con las piernas arriba
- Te pusiste hielo - pregunto desde la cocina sabiendo la respuesta
- Si - contesto rápido y volvió la vista al celular
Williams negó desde la cocina, sabía que hoy después de volver del predio se baño y ni se puso hielo, sacó del freezer una bolsita con hielo y fue a su lado
- No me mientas - murmuró extendiendo el hielo - llegaste te bañaste y ni lo agarraste
- Sos peor que mi mama vos - dijo acariciándole la cintura
- No solamente te cuido - expresó Williams encogiéndose de hombros - aparte es raro estar entrenando y no tenerte al lado y fumarme a Palacios
Ayrton soltó una risita y lo agarró de la cintura para atraerlo más a él y Williams ni se opuso
- Falta poco para las doce - murmuró Williams
A Ayrton se le dibujó una sonrisa suave no era fanático de festejar sus cumpleaños, de hecho, solía esquivar sus cumpleaños, pero esta vez sabía que su día iba a empezar distinto, y eso lo tenía más sensible de lo que quería admitir.
- ¿Y qué pasa con eso, gordi? - murmuró Ayrton con voz ronca, acariciándole la cintura con una ternura
- Que va a ser tu cumpleaños, bobo - dijo Williams, apoyando la frente contra la de él - y esta vez no te vas a escapar
- Con que estés vos, ya estoy hecho - respondió Ayrton bajito, cerrando los ojos por un momento mientras dejaba un beso lento en la sien de su novio.
Williams se soltó despacio del abrazo, dándole un último beso en el hombro antes de incorporarse lo miró con ternura al notar el suspiro que soltó Ayrton, casi como si le costara dejarlo solo unos segundos.
- ¿A dónde vas? - murmuró Ayrton, sin moverse del sillón, con la voz todavía algo ronca
- Tengo hambre, gordo - dijo Williams, ya caminando hacia la cocina - preparo algo para comer y vengo, igual tampoco me voy tan lejos, pero vos quedate quieto que yo cocino.
Ayrton lo siguió con la mirada, apoyando la cabeza contra el respaldo mientras lo observaba alejarse sus ojos recorrieron la espalda tatuada de su chico, bajando lentamente hasta detenerse en donde inevitablemente siempre terminaban.
- Qué pedazo de orto me estoy comiendo amor - murmuró Costa, mordiéndose el labio inferior
Williams se detuvo en seco, sin girarse del todo, pero lo suficiente como para que su sonrisa
- Siempre tan sutil vos, amor - respondió con una risita, abriendo la heladera mientras negaba con la cabeza.
Williams sacó unas milanesas de la heladera para hacerlas al horno, con una ensalada rápida al costado. Era su comida de rutina cuando volvían reventados del entrenamiento.
Desde el marco de la cocina, Ayrton lo observó en silencio unos segundos, con esa media sonrisa que aparecía cuando quería comérselo todo
- Veo que te esmeraste mucho cocinando, amor - dijo rodeándolo con los brazos.
- Chupala - respondió Williams, entre risas, acariciándole la mano mientras seguía cortando los tomates.
Ayrton arqueó una ceja, divertido apoyó el mentón en su hombro desnudo y comenzó a dejar un rastro lento de besos por su mandíbula, hasta llegar al cuello, donde se detuvo, lo besó despacio, firme, húmedo hasta que lo sintió estremecerse.
- Pará me vas a hacer cortar un dedo boludo - murmuró Williams, cerrando apenas los ojos.
- Entonces dejá el cuchillo - susurró Ayrton, bajando una mano por su torso mientras con la otra se aferraba a su cintura, cuando llegó a la zona baja del abdomen, no fue por debajo del short fue por encima, mirándolo directo por arriba del short, con una lentitud que era puro juego.
El roce fue suave, pero intencional, la palma se deslizó por encima, presionando apenas, justo donde sabía que lo hacía perder el control.
Williams soltó aire por la nariz, apoyando ambas manos en la mesada la tensión en su cuerpo habló por él.
- ¿No tenías hambre vos? - preguntó, con la voz ronca, sabiendo perfectamente lo que estaba provocando.
- Tengo hambre de vos - susurró Ayrton, sin moverse del cuello, mientras su mano seguía acariciando sobre la tela fina, con movimientos circulares, lentos, cada vez un poco más atrevidos.
La presión era perfecta ni demasiado, ni poco justo lo suficiente para hacerlo reaccionar, para que su respiración cambiará, para que el cuerpo le respondiera sin que pudiera frenarlo.
- Si se queman las milas - empezó Williams, pero la frase se le cortó cuando Ayrton apretó un poco más, justo ahí.
- Que se quemen - murmuró Ayrton en su oído - yo ahora quiero otra cosa.
Williams giró apenas el rostro, buscándolo con la mirada sus ojos hablaban más que cualquier palabra.
Ayrton lo besó ahí, contra la mesada, sin soltarlo ni un segundo y mientras la cocina se llenaba del aroma de las milanesas al horno, lo único que importaba era ese roce, esa mano, y el calor que les nacía en la piel.
La mano de Ayrton seguía sobre el pantalón, acariciando con movimientos lentos, precisos, sin apuro pero con una intensidad que le quemaba la piel. Williams apoyó las dos manos en la mesada, como si necesitara afirmarse para no ceder del todo.
- Si se queman las milas - murmuró, con la voz rota, pero apenas logró terminar la frase, Ayrton apretó un poco más, con la palma bien firme sobre él, y la respiración se le cortó.
- Que se quemen - susurró Ayrton contra su oído, dejando otro beso húmedo en el cuello—. Yo ahora quiero otra cosa.
Williams giró apenas la cara, encontrándose con esa mirada oscura y decidida que conocía bien, la que lo volvía loco. Sus labios se rozaron sin terminar de encontrarse.
- Esperá que saco las milanesas - dijo, pero sin moverse, con la respiración agitada
- No, dejalas después vemos si están comibles vos ahora sos mío - murmuró Ayrton, llevándolo hacia él, pegando todo su cuerpo contra la espalda de Williams.
La mano que estaba sobre el pantalón no se detuvo empezó a trazar líneas lentas, de arriba abajo, presionando justo lo necesario y aunque lo tocaba por encima de la tela, la intención era tan clara que el cuerpo de Williams ya no respondía a otra cosa.
- ¿Esto te gusta así? - susurró Ayrton con voz grave, mordiéndole despacio el cuello, mientras con la otra mano le acariciaba el abdomen y lo mantenía bien cerca, sintiendo cada reacción.
Williams asintió con un suspiro ahogado, la cabeza hacia atrás apoyada en el hombro de Ayrton, los labios entreabiertos, dejando que lo guiara.
- Estás re caliente que te tiembla la respiración - murmuró Ayrton, deslizando la mano con más firmeza, marcando el ritmo.
- Segui asi y vas a ver lo que pasa - alcanzó a decir Williams, casi sin aire, con la voz completamente entregado
Ayrton sonrió contra su cuello y le dio un último beso antes de girarlo con suavidad para que quedara frente a él.
- Amor vamos a comer y despues te comes el postre - murmuró ronco Williams intentando poner un límite
Ayrton rió bajito y se separó, dejándole un sonoro beso en el cuello seguido de una mordida, y Williams suspiró.
El defensor se alejó e hizo como si nada, puso los vasos y los cubiertos en la mesita ratona, mientras miraba a Williams divertido, que estaba entre molesto y con ganas de matarlo.
Sirvió las milanesas y la ensalada, y se sentaron a comer. Algunos roces se daban más por el lado de Williams que por Ayrton, que ahora lo torturaba silenciosamente.
Al terminar de comer, Williams llevó los platos para lavar y volvió al sillón, miró su celular y faltaba media hora todavía.
- ¿Se te perdió algo? - murmuró sonriendo Ayrton, ya que las manos del chileno subían y bajaban por su muslo.
- Sí - contestó Williams sin apartar la vista del muslo que acariciaba - pero creo que lo estoy encontrando
Ayrton arqueó una ceja, divertido, dejando que sus labios dibujaron una sonrisa pícara.
- ¿Y qué sería eso que estás buscando con tanta dedicación? - preguntó, aunque su voz sonaba más grave, más baja, como si el roce de esos dedos ya le estuviera afectando.
Williams no respondió enseguida subió un poco más la mano, los dedos jugueteando con el elástico del short de Ayrton, presionando apenas, lo justo para provocar se inclinó despacio, su voz fue un susurro pegado a su oído
- Tu paciencia, me parece que la perdiste por algún lado o capaz querés que te la haga perder del todo.
Ayrton se removió apenas en el sillón, apretando la mandíbula iba a decir algo, pero el calor de la palma de Williams subiendo por su muslo le borró las palabras.
- Estás jugando con fuego - murmuró, entrecerrando los ojos.
- ¿Y vos no empezaste primero? - dijo Williams, besándole el cuello - ¿O te pensaste que eso quedaba así nomás?
Ayrton soltó una risa suave, rendido por ese tono cargado de intención, mientras una de sus manos se deslizaba sin pensar por la nuca de Williams, acercándose más.
- Sos un hijo de puta - le dijo bajito, pero sin un rastro de enojo.
Williams sonrió contra su piel ya no quedaba ni rastro de la molestia de antes ahora lo tenía justo como quería.
Williams sonrió con malicia contra su cuello y no se detuvo sus labios bajaron apenas, besando lento, con una mezcla de ternura y deseo que lo volvía loco a Ayrton, su lengua marcaba el ritmo, trazando un camino húmedo por la piel Ayrton cerró los ojos, exhalando apenas, y fue entonces que Williams bajó la mano sin aviso, metiéndola por debajo del elástico del short, no llevaba boxer como si supiera lo que iba a pasar, Ayrton tensó las piernas, un quejido contenido escapó de su garganta.
—No tenés nada abajo - murmuró Williams contra su cuello, divertido, con la voz rasposa
Ayrton intentó responder, pero Williams ya había comenzado a mover la mano con calma, tocándolo con una lentitud deliberada, cruel, que lo hacía perder el aire.
- Sabías que iba a hacer esto, ¿no? -siguió él, mordiéndole despacio el cuello - por eso no te pusiste nada.
Ayrton giró la cabeza hacia él, los ojos cargados de deseo, la respiración alterada, le costaba sostener la mirada, pero aun así no quiso perder el control del todo.
- Capaz quería ver si tenías hambre en serio - dijo con una sonrisa, pero la voz le salió temblorosa.
Williams soltó una risa ronca, la mano ya completamente dentro, tocándolo sin apuro, solo con intención. Su boca se movió hasta la oreja de Ayrton, donde murmuró:
- Y vos capaz no sabés lo que provocás cuando caminas así por la casa, pero quedate tranquilo, yo sí tengo hambre.
- Arrodíllate - soltó Ayrton en un tono ronco y posesivo
Williams no dudó, bajó lentamente hasta quedar de rodillas frente a él, mirando fijo sus ojos, mientras la respiración de Ayrton se volvía más pesada no hacía falta que dijera nada más.
Williams deslizó las manos por la cintura de Ayrton, bajando con calma el short, sin romper el contacto visual lo hizo lento y tortuoso disfrutando de cada segundo, hasta que el pantalón cayó al suelo, dejando al descubierto lo que ya había sentido antes.
Lo miró un segundo más, con esa mezcla de deseo y poder en los ojos, y se inclinó.
Abrió la boca y lo tomó entero, profundo, sin pausa, haciéndolo gemir al instante.
Ayrton soltó un gemido ahogado, tiro la cabeza hacia atrás, los dedos aferrándose al sillón y luego a la nuca de Williams, guiando, sujetando, temblando su cuerpo entero se estremeció con la calidez y la forma en que él se movía, lento al principio, solo para provocarlo, para desesperarlo.
Williams sabía exactamente lo que hacía cada vez que bajaba, lo hacía más profundo y cada vez que subía, dejaba la lengua en un juego suave que lo enloquecía y lo miraba, cada tanto levantaba la vista desde ahí abajo, con esos ojos cargados de fuego, orgulloso de verlo rendido.
Ayrton no podía hablar solo gemía, respiraba agitado, completamente entregado, mientras Williams le devolvía todo lo que había provocado antes y más.
Williams no se detenía, su boca se movía con precisión, con hambre, con esa entrega silenciosa que lo volvía completamente irresistible cada vez lo tomaba más profundo, cada vez lo apretaba un poco más con los labios, con la lengua, hasta que Ayrton no pudo más.
- W-Williams - jadeó, intentando avisar, pero su voz se rompía, temblaba, igual que sus piernas
Pero Williams no se detuvo al contrario, lo sostuvo con más fuerza por la cadera, lo acercó un poco más y se lo tragó entero, profundo, hasta que sintió cómo el cuerpo de Ayrton se tensaba por completo, acabó en su boca con un gemido ronco, largo, desarmado, los dedos apretados en la nuca de él, los ojos cerrados y la respiración agitada. Todo su cuerpo vibraba.
Williams lo sostuvo ahí hasta el final, sin soltarlo, sin apartarse, solo cuando sintió que el cuerpo de Ayrton se aflojaba un poco, se retiró lento, tragando todo sin decir palabra, con una calma oscura, sensual
Se pasó la lengua por los labios, mirándolo desde abajo con una sonrisa de puro orgullo. Ayrton, todavía jadeando, bajó la mirada y le sostuvo el rostro entre las manos.
- Estás completamente enfermo - murmuró, pero le salió una risa rota, vencido.
Williams sonrió más.
- Y vos me hiciste así
Se acomodó a su lado en el sillón, todavía con esa sonrisa satisfecha y el brillo travieso en los ojos, tomó el celular con calma, desbloqueó la pantalla y lo mostró suavemente a Ayrton
- Son las doce - dijo con voz baja y dulce - Feliz cumple, amor.
Luego, sin esperar respuesta, rozó sus labios con ternura en los de Ayrton, un beso suave, cálido, que transmitía mucho más que palabras.
Ayrton sonrió, todavía con el corazón latiendo rápido, y apoyó una mano en el cuello de Williams, acercándose con delicadeza.
- Así da gusto arrancar un cumpleaños - susurró con voz queda, mientras deposita un beso lento y cálido en su cuello, justo donde aún quedaban los rastros de sus caricias.
Williams cerró los ojos por un instante, disfrutando de ese momento simple y perfecto, con la sensación de que todo estaba justo donde tenía que estar.
