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PUERTO MADERO
JUEVES, 20:30 PM
Ayrton llevaba días masticando bronca con su novio; el motivo: los roces, las fotos y los mismos gestos que hacía el número quince con Palacios. Le brotaban los celos, como si cada vez que los veía juntos después de hacer reducidos o salir del gimnasio, quisiera agarrar a su novio y apartarlo con bronca, pero hoy explotó, como si todo lo que había acumulado lo hiciera estallar.
- Amor, ¿qué son estas fotos? - murmuró desde el sillón, viendo cómo Williams se acercaba.
- Una foto con Palacios, ¿cuál es el problema? - dijo restándole importancia y mirándolo desde la cocina.
Ayrton arqueó una ceja, entre confundido y enojado, se paró y fue hacia donde estaba su novio.
- Sabes cuál es el problema - dijo sosteniéndole la mirada y tomándolo con brusquedad del cuello, apretando el punto sensible - que me tenés las pelotas llenas con Palacios.
- Igual vos no podés hablar, pelotudo, si te lo cogiste más de una vez - murmuró bajito Williams.
Ahí fue el quiebre Ayrton se lo llevó contra la pared, haciéndolo chocar con ella y soltar un gemido ahogado.
- ¿Y qué me estás diciendo, que te lo cogiste? - murmuró Costa sin soltarlo del cuello y mirándolo fijo.
La mirada de Ayrton era oscura y firme, pero el chileno no se achicaba; no iba a ceder ante el capricho de su novio.
- Ah, encima no me respondes - murmuró, marcando sus dedos en el cuello - si querés, un día lo invitamos para que pruebes también.
Williams lo miró desafiante, sin bajar la guardia, aunque sentía cómo el corazón le latía más rápido contra el pecho.
- ¿Sabés qué, Ayrton? - susurró cerca de su oído - no es como vos creés, pero si te pone tan loco, podemos hacerlo juntos, así dejás de romper las pelotas con Palacios y te ocupás más de mí.
Ayrton sintió un escalofrío recorrerle la espalda, la tensión entre ellos era palpable, la mezcla de celos y deseo quemaba en el aire.
Sin soltarlo, lo llevó hacia el sillón y se dejó caer encima. Sus labios comenzaron a dejar besos húmedos y cálidos recorriendo la mandíbula de Williams, bajando lentamente hacia su cuello, marcando cada centímetro con una mezcla de enojo y necesidad, Williams suspiró, entregándose a esa sensación que lo hacía olvidar todo.
- Cuidado con lo que decís - le advirtió Ayrton, mordisqueando suavemente la piel - porque capaz te sorprendo y te demuestro que sos mío, y nada ni nadie se interpone.
Williams soltó una risa ronca y pasó las manos por la espalda de Ayrton, atrayéndolo más cerca.
- Solo espero que estés a la altura, porque yo no voy a aflojar.
Las manos de Williams descendieron lentamente hasta el short de Ayrton, metiendo los dedos con un movimiento audaz y seguro, recorriendo con firmeza y delicadeza al mismo tiempo, Ayrton cerró los ojos, dejándose llevar por el contacto, mientras su respiración se aceleraba.
Pero las manos de Ayrton respondieron con la misma intensidad, deslizando con firmeza hacia el short de Williams, lo tocó con decisión, subiendo y bajando, explorando cada centímetro con una mezcla de necesidad y deseo, Williams sintió el límite acercándose, el calor en su cuerpo creciendo al borde del control.
Sin apartar la mirada, Ayrton se acercó más, lo enfrentó con una sonrisa oscura y firme.
- ¿Todavía te hacés el pícaro, y no me sacás las manos de encima? - musitó, con sus dedos apretando suavemente el cuello de Williams - a ver si sos capaz de aguantar lo que viene.
Williams soltó una risa ronca, pero no retiró las manos. En cambio, las apretó un poco más, retándolo con la mirada.
Entonces, Ayrton bajó la cabeza y dejó un chupón marcado en el cuello de Williams, la piel húmeda y caliente bajo sus labios al mismo tiempo, con una mano firme y decidida, agarró la muñeca de Williams, apretándola con fuerza.
- Así que no te hagas el malo - susurró con voz ronca - porque acá mando yo.
Williams gimió bajo ese gesto, entregándose sin miedo a esa mezcla de dominio y deseo, Ayrton aflojó la presión y, con una sonrisa ladeada, le sacó la mano del short.
- Te puede ayudar Palacios si querés - dijo con tono provocador.
Williams, enojado y desafiante, intensificó los movimientos con las manos, apretando más fuerte, dejando claro que nadie más iba a tocarlo ni provocarlo como Ayrton.
- Olvídate de Palacios - murmuró con voz firme - acá sos vos o nadie.
Ayrton rió con complicidad y, finalmente, se separó un poco, haciendo que su novio saque las manos de su glande y lo observó con la respiración agitada
- Mejor vamos a dormir - dijo, levantándose del sillón y ofreciéndole la mano.
Williams la tomó sin dudar y juntos se dirigieron hacia la habitación se acomodaron en la cama, abrazados, dejando que el cansancio y la calma los envolviera.
Juntos se acomodaron en la cama, los cuerpos encajando con naturalidad. Ayrton no tardó en abrazarlo con más fuerza, pegándome aún más a sí mismo, como queriendo que Williams sintiera su presencia en cada latido.
Sus manos recorrieron la espalda de Williams mientras sus labios no perdían oportunidad para dejar una camino de besos cálidos y húmedos sobre su cuello, marcando territorio con ternura y deseo.
Williams cerró los ojos, entregándose al calor de ese abrazo y a la caricia suave que le hacía olvidar todo
- Decime - susurró Ayrton entre un beso, rozando la piel marcada - ¿de quién sos y de quien es este cuello?
Williams sonrió divertido y giró un poco la cabeza para mirarlo.
- Es de Palacios - dijo con tono desafiante, jugueteando con la voz - ¿Querés que te lo confirme?
Ayrton no pudo aguantar la provocación. Con un gesto rápido y firme, mordió el cuello de Williams con intensidad, dejando una marca clara y un gemido escapó de los labios de Williams.
- Acá solo mando yo - susurró Ayrton contra la piel - y este cuello es mío.
Williams río entrecortado, deleitado por la mezcla de dolor y placer.
- Está bien amor - admitió, acostándose más sobre Ayrton - sos el único dueño
El calor de la noche los envolvió mientras se fundían en un abrazo que decía todo lo que las palabras no podían.
Después de la mordida, ambos se quedaron en silencio por un momento, dejándose llevar por la calma que seguía a la tormenta de sensaciones
Ayrton deslizó sus manos por la espalda de Williams, apretándolo contra él con suavidad pero con firmeza, como si quisiera que nunca se escape.
Williams apoyó la cabeza en el pecho de Ayrton, respirando su calor, y cerró los ojos lentamente.
- Buenas noches, gordi - susurró Ayrton con voz baja y cálida.
- Buenas noches, amor - respondió Williams, con una sonrisa tranquila.
Ayrton lo sintió aflojarse en sus brazos, la respiración se hacía más lenta y profunda. Ya estaba dormido lo miró unos segundos en silencio, como si necesitara grabarse esa imagen la paz en su cara, el cuerpo pegado al suyo, la certeza de tenerlo.
- A veces no sé cómo cuidarte, te quiero solo para mí —murmuró mientras le acariciaba el pelo - pero a veces los celos me ganan pero no te imaginás cuánto te amo, chileno.
Lo abrazó con más fuerza, como si quisiera fundirse en él, protegerlo incluso de sus propias contradicciones.
Y entonces, recién ahí, cuando lo sintió seguro y tranquilo en sus brazos, Ayrton cerró los ojos también, se dejó llevar por el sueño, con el corazón todavía latiendo por todo lo que sentía, afuera podía temblar el mundo, pero ahí, en esa cama, siempre iban a ser ellos dos.
