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El lado oscuro
Aeropuerto Narita, Tokio
Año 2018
Nanami se encontraba hojeando un diario que acababa de comprar sin dejar de mirar el reloj de tanto en tanto. Comenzaba a impacientarse ya que Satoru Gojo aun no llegaba y ya iba unos quince minutos tarde. El hechicero de primer grado dejó el diario de lado sacando el teléfono móvil, odiaba los retrasos y la impuntualidad de su colega lo volvía loco.
—No puedo creer semejante falta de respeto a mi tiempo —Nanami llamo a Gojo una y otra vez ya muy molesto pues este no atendía la llamada.
—Ya, ya te escuche. Estoy aquí —Satoru Gojo apareció delante de su colega vistiendo más casual que de costumbre llevando sus ojos cubiertos por unas finas gafas oscuras, además llevaba un backpack amplio colgado en su espalda.
—Eres muy impuntual. Deberías de saber que es rudo no presentarse a tiempo —repitió el rubio mirando a Satoru duramente bajo sus gafas.
—¿Ah?
Los dos se dirigieron al mostrador correspondiente y, tras pasar exitosamente todos los puntos de inspección designados, se dirigieron a su sala de espera. El vuelo saldría en hora y media mas o menos, lo que les dio suficiente tiempo para buscar algo para desayunar.
—Al final pensé que no aceptarías esta invitación —comentó Satoru tomando asiento al lado de su colega en una fila de sillas frente a una amplia ventana que les permitía ver los aviones en el exterior—. Como te oías tan molesto cuando lo puse sobre la mesa, creí que no estarías aquí hoy.
—No planeaba aceptar una salida tuya —respondió Nanami honesto—. Aún me queda la duda del por qué me invitaste a ese destino en particular, aunque creo que es porque yo estuve ahí en aquella ocasión.
—Así es.
—Honestamente, pensé que preferirías llevar a esa playa a alguna cara bonita que hubieras conocido en alguna salida nocturna
—¿Qué?
Satoru lo miró desagradablemente sorprendido.
—Me sorprende el concepto que tienes de mi. Admito que a veces me doy la oportunidad de conocer personas ajenas a nuestro mundo, sin embargo no compartiría esta experiencia con alguna de ellas.
—¿De verdad?
—Vaya, me siento popular al notar como las actividades del gran Satoru Gojo son del interés de todos. No obstante, apenas si tengo tiempo de dormir en mi propia cama, menos lo tengo para andar tonteando por ahí.
—Ya veo —Nanami lo tenia en mente, pese a conocer la frivolidad de su colega sabia que no era ese tipo de persona—. Bien, pues me sorprende que hayas decidido tomarte un par de días de descanso.
—Todo lo ocurrido antes del evento de intercambio fue agotador. Yaga me aconsejo tomar un descanso y debo decir que ya me hacia falta.
—Es verdad, casi no hemos tenido tiempo para desconectarnos del trabajo. Como sea esta salida tuya me ayudara tambien a relajarme un poco.
El vuelo despegó puntual y ambos no charlaron durante el trayecto pues prefirieron dormir un poco aterrizando en su destino un rato después.
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Okinawa
Llegaron a un hotel moderno y lujoso apenas aterrizaron en aquella bella isla del pacifico. Un rato mas tarde, ambos se tendieron en dos sillas de playa colocadas una al lado de la otra. Nanami no solía aceptar ese tipo de salidas, y menos a una playa, sin embargo debía reconocer que lo estaba pasando realmente bien bebiendo algo suave mientras escuchaba el golpear de las olas más allá.
Aquel día había pocos turistas yendo de aquí para allá lo que les dio la oportunidad de gozar del silencio que los rodeaba. De hecho, incluso el escandaloso Satoru parecía gozar de la paz y tranquilidad pues, apenas si había dicho palabra alguna, desde que se sentaron en esa bonita y solitaria terraza.
—Debo admitir que esta fue una gran idea —dijo a Gojo quien también se mantenía en silencio bebiendo una soda con helado—, había olvidado lo hermoso que es aquí.
—Si, Okinawa me trae grandes recuerdos —comenzó a decir Satoru—, es el último lugar donde lo pase realmente bien antes de aquella tragedia.
—¿Te refieres a lo ocurrido con la chica elegida como cuerpo de plasma estelar? —preguntó Nanami reacomodandose en la silla.
—Entre otras razones —añadió el hechicero de los ojos azules—, creo que este sitio fue el último donde me sentí realmente feliz… aunque haya sido una misión para cuidar a una niña, fue una gran experiencia.
—Vamos, ¿qué ocurre contigo? Hablas como si tuvieras remordimientos en vez de recordar todo con una sonrisa.
Satoru Gojo rio socarronamente esbozando una sonrisa en sus labios.
—Claro que aun tengo remordimientos. Pero, imagina lo que sería vivir llorando sin parar por cada misión que salió mal, lo pasaría bañado en lágrimas y eso no sirve para resolver las cosas.
—Bien, bien. Ya entiendo. Veo que debajo de tu frivolidad aún tienes algunos pesares.
—¿Sabes por que decidi invitarte a Okinawa?
—Creo que puedo suponerlo.
—Es porque estuviste presente en aquella ocasión, aunque solo fuiste un equipo de apoyo en el aeropuerto, fuiste parte de la misión.
—Creo que puedo entender el significado de tu visita y el que yo haya venido. Su muerte es uno de los tantos fantasmas que te persiguen, ¿no? —Nanami bebió un poco mas observando a Satoru por debajo de sus gafas de sol.
—Ya no como antes, pero algo hay de cierto.
Se quedaron callados por un momento. Nanami se dio cuenta de que Gojo parecía sumirse en una especie de melancolía que no le había visto antes. Quizas no quería que nadie mas lo viera en ese estado, quizás no deseaba la compañía de nadie que no hubiera estado en Okinawa aquel día.
Quizás no deseaba mostrarse vulnerable delante de nadie más.
El rostro de Haibara se dejo ver en la mente de Nanami. Su buen y alegre amigo, siempre con una sonrisa para todos, siempre dispuesto y con una gran actitud. Debí cuidar mejor de el, pensó el hechicero de primer grado, su fantasma aun me persigue y también estoy lleno de remordimientos por su pérdida.
—Haibara —dijo de pronto haciendo que Gojo se girara para mirarlo—, él me acompañó en esa ocasión. Una misión no adecuada para dos chicos de primer año.
—Lo sé, su pérdida fue terrible para todos. ¿También te atormenta?
—A veces. Hay días en los que aun lo veo en sueños, hay días que no. Le gustaba Shoko, sabes. Varias veces planeó decirle sus sentimientos, sin embargo jamás se armó de valor.
Satoru lo observó dibujando una sonrisa discreta. Claro que sabia lo de Yuu, es más, todos lo sabían menos ella. Shoko estaba interesada en otra persona.
—Pensé que la invitarías —comentó Nanami ordenando mas bebidas al mesero que se acerco oportunamente.
—Lo considere, pero Utahime la visitara por estos días y, siendo honestos, no quiero interrumpir su momento entre chicas.
—Nunca eres tan considerado —Nanami le acercó otra soda apenas las trajeron—, pero entiendo que no hayas querido invitarla.
—Honestamente es cansado ser el cuida borrachos cada que salimos. Esas dos beben y beben y beben como si fueran un contenedor sin fondo. Como no saben controlarse, es mejor que se hayan quedado en casa. Ijichi las cuidara de ser necesario.
—Es una excusa —pensó Nanami—, Gojo no quería cerca a nadie que no entienda lo mucho que aun le mortifica la muerte de Riko Amanai y la pérdida de Suguru. Yo tampoco podría estar ahora mismo cerca de alguien que no entendiera la muerte de Haibara.
Lo que aún me pesa la muerte de Haibara, su fantasma esta en mi cabeza y mi corazón, se dijo abatido.
Nanami se sumergió un momento en sus reflexiones, un minuto después miro a su amigo de reojo confirmando que aun se le veía disperso. El rubio levanto la mirada observando un grupo de gaviotas que revoloteaban en la cercanía, sus sombras apenas eran visibles en medio de las nubes y el potente sol sobre sus cabezas.
—Nanami… —Satoru lo saco de sus pensamientos instantes después— Gracias por aceptar acompañarme.
—No es nada —Nanami pensó un poco antes de continuar—. No quiero sonar impertinente, pero te noto ausente desde que llegamos. ¿Está todo bien?
—Digamos que si, solo tengo varias cosas en la cabeza. Pendientes de trabajo, los reportes de las misiones que se llevaron a cabo; el asunto del categoría especial y lo ocurrido en la casa de los Yoshino.
—¿Estás seguro que solo es eso? —insistió un poco mas ya que le parecía que Gojo no le decía toda la verdad.
—Vaya, no me conoces desde hace tantos años por nada, ¿verdad? —Satoru sonrió mirando a su colega por debajo de sus gafas— Claro que hay mas en mi cabeza, solo quería despejarme un poco de todo.
Unos turistas se dejaron ver más allá, se bañaban en el mar disfrutando de su tiempo libre. Otros estaban en la playa tirados bajo el sol y nadie prestaba atención a los dos hechiceros que los miraban desde la zona privada del hotel.
—Satoru —Nanami lo miro de reojo hablando despacio—, ¿podría decirte algo de forma personal? No quisiera que te molestaras.
—¿Qué es? —le resultó rara la pregunta ya que Nanami jamás lo llamaba por su nombre de pila.
—Creo que no soy el único que ha hecho mención a tus malos modos para pedir las cosas.
—No fui grosero al pedirte venir aquí —respondió Gojo un tanto contrariado por el comentario repentino.
—No me refiero a eso. Siempre eres demasiado directo y, aunque estoy de acuerdo en que debemos ser claros al hablar, también aprecio que se mantengan las formas. ¿Comprendes?
—Nunca he sido de los que creen que la forma es mas importante que el fondo. Aunque me sorprenden tus palabras.
—¿Por que te sorprenden?
Gojo pensó un poco antes de hablar, no porque fuera a ofender a Nanami, si no porque quería ordenar sus pensamientos antes de soltarlos.
—Tienes muchos años de conocerme, creí que a estas alturas sabrías por qué soy como soy.
—Satoru, a pesar de lo frívolo y maleducado que eres, siempre has sido transparente y honesto. Sabes cómo potenciar las habilidades de tus alumnos y también sé que no muestras respeto a quien no lo merezca.
—Muy bien, es verdad.
—Sin embargo, insisto: deberías mostrar un poco más de humildad y moderar tu forma de hablar. No a todos les gusta recibir la información de manera tan directa.
Satoru lo miro por un momento. Nanami se veía pensativo y serio mirando al frente. Suguru le había hecho la misma observacion en alguna ocasión en el pasado, Nanami era la segunda persona de quien aceptaba semejante consejo, de nadie mas. Sin más continuó hablando.
—Cuando le digo a alguien que es débil o cobarde, es porque es verdad. Sin embargo, lo hago porque sé que esa persona puede dar más.
Nanami se giro para mirarlo de frente. Ya lo sabia aunque no pensó que su colega fuera a decirlo con esas palabras.
—Lo digo de esa forma para motivarlos a callarme la boca y restregarme en la cara que no son débiles, que no son cobardes y que pueden estar por encima de mí —los ojos de Satoru parecían echar chispas por debajo de las lentes de sus gafas.
—Lo sé…
—En cambio, a todos solo les preocupa la forma. El maldito modo en que digo las cosas y no el mensaje que trato de decir. Muy pocas personas, incluyéndote, lo entienden. Eso me molesta mucho y, con más razones, soy como soy.
—No te imagino siendo de otro modo —concluyó Nanami echando la cabeza atrás sobre la silla de playa —, tienes una forma muy única de incentivar a los demás a ser mejores.
La amplia sombrilla sobre sus cabezas comenzaba a ser insuficiente para cubrirlos de la fuerza del permanente sol de Okinawa, pues este amenazaba con lanzar sus potentes rayos por debajo de esta.
—Te sorprendería saber que también tengo mi lado oscuro —dijo Satoru de pronto lento y en voz baja.
—¿Qué lado oscuro? Ya te dije que eres la persona más transparente que conozco —dijo Nanami sin entender.
—No siempre fui asi —Satoru pidió otra soda con helado al mesero que se acercó a dejarles algunos bocadillos—. De niño me educaron con toda la ceremonia y protocolos habidos y por haber.
—¿De verdad? Eso es una sorpresa.
—Si. Antes de hacer la ceremonia de mayoría de edad, a los quince años, era otra persona: respetuosa y modelo de virtud a la fuerza. A pesar de que mis padres eran figuras mas bien ausentes, siempre que me reunía con ellos era con todo el protocolo y etiqueta posible.
—¿Entonces tu lado oscuro es que eres observador de la etiqueta y las normas sociales? Debes estar bromeando —Nanami rio un poco al inicio y mas escandalosamente después dejando a Gojo sorprendido, hacía mucho tiempo que no lo escuchaba reir.
Satoru sonrió, ver y escuchar a Nanami reír de esa forma lo hizo sentir bien. No había sido su intención, pero ese giro en su conducta lo motivó a hablar un poco mas. No habría aceptado esa reacción de nadie mas, quizás de Ijichi, sin embargo este jamas se reiria asi.
—Aunque no lo creas, mi lado oscuro es ser un firme observador del protocolo. Mi educación fue tal que, bien podría ser más elocuente que el mejor de nuestros diplomáticos.
—Perdóname, no debí reír así. ¿Puedo saber por qué cambiaste, que te sucedió?
Satoru sonrió antes de hablar, era la primera vez que confiaba esos secretos a alguien. Suguru se alejó de su lado tan pronto, que jamás pudo decírselo. Shoko era importante era cierto, sin embargo había cierta barrera entre ambos que ninguno quería derribar.
—Porque me di cuenta que la forma no servía para nada. Conforme iba creciendo, notaba que la gente era lo que era no importando que tanta etiqueta hubiera de por medio. Un día decidí que no inclinaría la cabeza ante nadie que no tuviera mi respeto.
—...
—Y luego de entrar a la escuela de hechicería, decidí que mostraría mi respeto de otra forma que no fuera con la hipocresía del protocolo. Conforme pasaron los años se volvió parte de mi y, poco a poco, dejé de hacer uso de la etiqueta.
—Ya veo.
—Me volví un descarado, grosero y rudo como bien dices. Tienes razón, sin embargo si decidiera volver al mundo de “la etiqueta” nadie me tomaría en serio. Todos creerían que hay algo malo en mi.
—Eso es verdad. No serías auténtico, no serías Satoru Gojo. La mala educación es tu carta de presentación desde hace muchos años.
—¡Oyeme…!
La charla fue interrumpida por un zumbido que parecía venir de la camisa de playa que Satoru usaba. El hechicero hizo una pausa sacando el teléfono para ver quien lo molestaba en sus días libres.
—Si es Ijichi, lo pagara muy caro apenas vuelva a Tokio —masculló entre dientes.
Nanami se mantuvo en silencio hasta que ocurrió algo inesperado, su colega miro el teléfono dibujando una leve expresión de urgencia. Se puso de pie de un salto excusándose por un momento pues tenia que tomar la llamada. Nanami lo observo alejarse quedandose varios minutos en el mismo lugar, como estaba de espaldas no podía ver las expresiones de su rostro. No obstante, al finalizar la llamada, Satoru se rasco la cabeza lanzando un largo suspiro.
—Una mala noticia —pensó Nanami manteniéndose en silencio.
Satoru se quedo donde estaba un momento mas antes de volver a su sitio en la silla de playa. Estaba pensativo y silencioso. Una cuestión en su cabeza parecía no tener solución o se había solucionado de forma inesperada.
—¿Está todo bien, alguna emergencia por la que debamos volver enseguida? —preguntó el rubio tras varios minutos mas.
—Okinawa, siempre es el preludio de la tragedia… —susurro Gojo mirando al frente perdido en sus reflexiones antes de decir palabra.
Se quedaron en silencio un rato mas bebiendo un poco.
—Mi padre, mi progenitor, el señor Gojo acaba de morir.
—Que mala noticia, lo lamento mucho —Nanami no sabia que decir ya que, de todo lo que su colega podía decir, eso era lo más inesperado— ¿Ocurrió de la nada o se esperaba que sucediera en cualquier momento?
—Llevaba un par de años enfermo, sabia que moriría por estas fechas.
El silencio se volvió a hacer entre ambos escuchando las olas golpear la costa, a los turistas hablar en voz alta, a los meseros yendo a otras mesas más alejadas a tomar la orden. Todo ese ruido parecía provenir de un sitio muy lejano y ajeno a ambos.
—Soy una mala persona… —dijo Satoru de pronto— En vez de quedarme en Tokio para estar disponible en caso de que esto ocurriera, Vine a Okinawa y estoy tirado en una bonita silla de playa —luego dibujo una sonrisa irónica en su rostro—. Soy una mala persona.
—Algo me dice que la relación con tu padre no era buena, ¿es verdad?
—Era inexistente. Apenas si llegue a intercambiar una que otra palabra con él o con mi progenitora. La gente del clan me manda reportes sobre su estado de salud, pero lo cierto es que no he hablado con ellos directamente en años.
Se sacó las gafas mirando el mar azul frente a ambos como si quisiera penetrar los misterios de este, como si quisiera lanzarse a lo profundo y no pensar en nada más.
—En vez de ser padres, se dedicaron a meterme protocolos en la cabeza. A ordenar a las cuidadoras a educarme en cuanta arte y ciencia se les ocurriera. Cuando alcance la edad adecuada, me dejaron con maestros y tutores que me mostraron lo que es el mundo de la hechicería.
—Satoru…
—Yo solo quería pasar mis tardes corriendo por el jardín sin preocuparme por nada. En vez de eso, pasaba mi tiempo leyendo el maldito “ Cantar de Heike ”, en interminables lecciones de shodo y aprendiendo a ejecutar protocolos de etiqueta con precisión matemática.
—Ahora entiendo porque detestas todo eso y lo consideras inutil —dijo Nanami con pesar comiendo la última pieza de los bocadillos.
—” Aunque en vano ato mis poemas de papel a los árboles sagrados, nunca dejó de entregar mi corazón a los dioses ”.
—Si ya estas recitando poesía, entonces es un hecho que estas demasiado afectado.
Ambos rieron un poco. Satoru no lo tomó a mal viniendo de Nanami. Tanto él como Ijichi, eran las únicas dos personas en quienes confiaba a ese nivel.
—Jamás me escuchaste recitar un poema de Josei, ¿entendiste?
—Mis labios estan sellados —la tensión inicial entre ambos disminuyó considerablemente al intercambiar esas confidencias—. Entonces asistirás al servicio funerario, ¿es correcto?
—No lo sé. Mi presencia no aportaría nada a esa situación y poner un pie en la casa del clan solo por esa razón.... Nada tengo que hacer ahí —dicho eso se dejo caer perezosamente en la silla de playa.
—Es solo mi opinión, pero considero que debes asistir. Hacer acto de presencia en un momento tan solemne, no te hara ver mal, creeme. ¿Recuerdas el funeral de Haibara?
—Claro que lo recuerdo. Yaga nos pidió asistir como cortesía a la familia de Yuu. Nadie se negó pues era un amigo excepcional.
—Asi es. Yo no quería ir, me sentía terriblemente culpable. El director hablo conmigo y me hizo ver que asistir al funeral era una muestra de respeto a la memoria de mi único amigo.
—Nanami…
Satoru no habia dimensionado el dolor de su colega hasta esos momentos. Ambos eran tan unidos como lo fueron Geto y el en su momento, los remordimientos de Nanami eran algo que este mantenía muy en el fondo de su persona. A pesar de su aspecto formal, Nanami era un hombre lleno de remordimientos.
—No soy quien para decirte que hacer, pero acudir a un servicio funerario no te vuelve menos fuerte como hechicero. Es una muestra de respeto a la memoria del difunto.
—Comprendo…
No dijeron mas acerca del tema, Satoru se sumió en sus reflexiones pensando que hacer.
Desde el inicio había decidido no acudir, ya que su padre no era alguien por quien mostrará algún tipo de respeto pues su desdén e indiferencia dolían. El heredero de los seis ojos del infinito era muy parecido al fallecido Shigeru Gojo, la única diferencia eran el color de ojos y cabellos; fuera de eso, tanto hijo como padre tenían los mismos rasgos faciales. La forma del rostro, de la nariz y el menton eran iguales.
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Al dia siguiente, ambos se encaminaron al aeropuerto sin embargo Satoru Gojo cambio su pase de vuelta a Tokio por un destino diferente.
—Ire a Kioto al servicio funerario, tengo que oficiar la ceremonia como cabeza del clan.
—Espero que todo vaya bien y puedas mantener las formas a pesar de tus ideas arraigadas. Creo que es un evento que lo amerita.
—Tendré en mente tus palabras, Nanami. El Satoru rígido del protocolo saldrá a la luz una vez mas, una última vez. Volveré a Tokio dentro de varios días.
—Tomate tu tiempo. Estaré disponible por si necesitas algo.
—Te agradezco.
Se despidieron tomando cada uno su camino.
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FIN
