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La torre

Summary:

Fic corto detallando los eventos de la torre torcida, el día en el que Lune y Sciel se conocieron.

Notes:

Esto es mi primer intento de escribir algo, así que no se muy bien como va nada, pero necesitaba sacármelo de encima porque me están volviendo loca estas dos...

Work Text:

La torre

La noche había llegado, y con ella, daba fin el Gommage. Las personas que aún quedaban en el puerto se estaban marchando ya. El gris del pavimento había quedado cubierto por una multitud de pétalos.

- Supongo que eso es un “hasta siempre” -suspiró Lune mientras se alejaba de la ventana.

Mañana haría un año desde que sus padres partieron junto con la expedición 46: otro intento de parar a la Paintress. Tanto ella como sus padres se habían pasado la mayor parte de su vida investigando el Croma y cómo afectaba al tejido de la realidad. La oficina estaba plagada de notas, dibujos y diagramas de una multitud de pictos.

Se sentó en la butaca y cogió la libreta con sus notas. Ahora que sus padres no iban a volver, le tocaba a ella seguir adelante con la investigación y la preparación de las siguientes expediciones. Miró a su alrededor: toda la oficina estaba llena de objetos y detalles de sus padres.

Dejó la libreta sin anotar nada y se levantó para recoger y dejar la oficina lista para ponerse a trabajar al día siguiente sin distracciones. Ahí estaba la taza favorita de su padre, la guitarra de su madre, la mesa llena de papeles donde ponían en práctica los pictos.

A medida que iba pasando de rincón en rincón guardando cosas, notaba que le costaba un poco más de lo normal respirar.

- La verdad -pensó-, debería airear y limpiar a fondo. Tanto polvo le estaba dando alergia.

Se dispuso a abrir las ventanas cuando, por accidente, golpeó una de las mesas auxiliares. Un pequeño gestral, que había hecho para su padre cuando era pequeña, se rompió al caer al suelo.

Lune empezó a llorar.

Merde.

Se quedó de pie, con los ojos cerrados, haciendo mentalmente una cuenta atrás. En las últimas semanas, a medida que el Gommage se acercaba y no tenía noticias de sus padres, esta misma situación se había repetido unas cuantas veces. Solo tenía que ocupar su cabeza con algo: eventualmente se calmaría y podría continuar. Si no se calmaba, quedaba la torre.

Unos años atrás, su curiosidad hacia la torre torcida la había llevado a escalarla más de una vez, siempre dentro de sus capacidades. En una de sus expediciones había encontrado una habitación relativamente elevada, de fácil acceso pero difícil de encontrar. Desde esa habitación había vistas a casi toda la ciudad, y para acceder solo había que cruzar un par de vigas torcidas. Para la joven Lune, era el lugar perfecto para escaparse y pensar. Se podía ver parte del cielo, y al mismo tiempo, había un par de agujeros desde los que se veía el monolito a un lado y el océano al otro.

A Lune le gustaba estar sola. Le ayudaba a poner en orden sus pensamientos, y la distancia al suelo le permitía tener un poco más de perspectiva. Un efecto puramente psicológico, pero le funcionaba.

Pensar en la torre torcida le alivió un poco los síntomas de la ansiedad, así que decidió coger sus cosas y pasar la noche allí.

Para llegar a la torre tenía que cruzar medio Lumière, y notaba aún cómo los ojos le quemaban. Por suerte, a esa hora, y después de un Gommage, la ciudad tenía otros asuntos que atender y se encontraba completamente vacía.

Mientras avanzaba por las laberínticas calles, recordó las crónicas que había leído antes de la Fractura. Decían que la torre se elevaba recta y presidía una enorme avenida verde que cruzaba gran parte de la ciudad. Hoy solo quedaban edificios que se apilaban de manera desordenada, apenas dejando una abertura para llegar a la torre: un amasijo de hierro y metal que parecía a punto de desmoronarse.

Encontró la entrada de siempre, desde la cual era fácil trepar hacia su refugio. Notaba que el pecho le quemaba.

Te ha dado fuerte esta vez, Lune. Estás bien jodida...

Gracias, no me había dado cuenta de ello. Lo aprecio mucho.

Lune se rió para sus adentros.

Unos minutos más tarde, las dos vigas cruzadas que marcaban el acceso a la habitación: solo tenía que arrastrarse un poco y podría descansar.

El espacio era relativamente estrecho y tenía que pasar gateando por el agujero. Resoplando y llena de polvo llegó al otro lado, y cuando se disponía a levantar la mirada del suelo para ponerse de pie, una voz la interrumpió.

- No esperaba visitas hoy.

Lune no llegó a incorporarse. A gatas y con los ojos abiertos de par en par apenas atinó a balbucear un par de preguntas.

- ¿Quién eres y cómo has llegado aquí?

Al instante se dio cuenta de lo ridículo de la imagen que estaba dando y se apresuró a levantarse y sacudirse el polvo.

- Me refiero... disculpa, no esperaba encontrar a nadie. ¿Puedo ayudarte con algo?

Fantástico, Lune, muchísimo mejor. ¿Qué tal si le ofreces una taza de té y una silla?

Intentó adoptar la apariencia más digna posible. Al otro lado de la estancia, estaba la chica más confusa que había visto en su vida.

- Sciel. Me llamo Sciel - la chica estaba visiblemente haciendo esfuerzos para contener la risa-. Encantada de conocerte, ¿con quién tengo el placer de hablar?

Lune intentó recomponerse.

- Lune. Ese es mi nombre. Disculpa de nuevo, sinceramente me has cogido por sorpresa. Hace años que subo aquí y pensaba que nadie conocía el lugar. Ya te dejo estar.

Se dio la vuelta dispuesta a volver a su oficina; al menos la sorpresa parecía haber aminorado la sensación de ahogo.

- Estás hecha un cromo, ¿eh? ¿Tú también vienes de la playa?

Aun con el chascarrillo, la voz de Sciel sonaba amable.

- No... Bueno, no exactamente. Es complicado. Solo vine a pensar.

- No creo que sea solo eso -replicó Sciel, sin perder la suavidad en la voz-. Estamos aquí por lo mismo. Y no pasa nada. Podemos sentarnos y llorar en silencio.

Se acercó a ella.

Sciel le tocó el brazo con delicadeza. Al sentir el contacto, sin poder evitarlo, Lune se derrumbó. Las lágrimas brotaron de nuevo, descontroladas, como si aquel gesto hubiera sido el catalizador de lo que llevaba rato intentando contener. Sciel, al verla llorar, empezó también.

Sin pensarlo, ambas se abrazaron. Y durante un largo rato, lloraron en silencio.

Lune fue la primera en separarse del abrazo. Necesitaba espacio para procesar todo lo que estaba ocurriendo. Mientras se alejaba un poco, notó que en la ropa de Sciel había rastros de pétalos.

Todo la había tomado tan por sorpresa que ni se había preguntado por qué Sciel estaba allí, sola y llorando.

Merde.

- Vienes del puerto, ¿no? ¿Tenías algún conocido en el Gommage?

Lune se dio cuenta de que quizá no era la mejor manera de preguntar si alguien había muerto.

Sciel asintió y se alejó de ella, dándole la espalda y volviendo a sentarse donde la había encontrado.

- A mis padres - dijo. Su tono se había vuelto sombrío- A ambos.

Lune visualizó a los suyos, siendo borrados, y se estremeció. Estaba claro que tenía que decir algo, pero ¿qué? “Siento mucho tu pérdida”, “Te acompaño en el sentimiento”… todo le sonaba vacío.

No encontraba las palabras, así que decidió seguir su instinto. Se sentó a su lado, le tomó la mano y apoyó la cabeza en su hombro.

- Lo siento.

Notó cómo la cabeza de su compañera se apoyaba ahora en la suya. Sciel le apretó ligeramente la mano.

- No es culpa tuya que mis padres se hayan ido -suspiró y la miró-. No te vi en la playa. ¿Has perdido a alguien también hoy?

-Algo así. Mis padres salieron con la expedición 46. Hoy ha sido simplemente la confirmación del fracaso -Lune suspiró-. Una cosa es sospecharlo, pero siempre queda ese rayo de esperanza, ¿no? Que en cualquier momento volverán y todo estará bien. Ilusa de mí... si las anteriores 45 expediciones fracasaron, ¿por qué esta iba a ser distinta?

- Tenías fe. No hay nada de malo en ello.

- Lo sé. Es simplemente... - Lune se giró hacia ella-. Toda mi vida he estado centrada en las expediciones, en ayudarles cuando llegara el momento. Se siente tanto fracaso suyo como mío. Siento que os hemos fallado.

Sciel le agarró la cara y la miró a los ojos.

- No, no, no, no. No eres responsable del Gommage. No tienes ninguna culpa.

Lune apartó la mirada. Notaba de nuevo esa sensación en el pecho, pero esta vez era distinta. Notaba cómo su cara se calentaba, se estaba sonrojando. La reacción la había descolocado, y no sabía muy bien cómo actuar.

Sciel se dio cuenta al instante del efecto que había tenido sobre su compañera y retrocedió un poco, dándole espacio.

Se quedaron un rato largo en silencio. Ninguna de las dos se apartó. Permanecían sentadas, una junto a la otra, mirando en direcciones opuestas, pero sin querer alejarse demasiado.

La mente de Lune había pasado de repasar mentalmente todas las tareas pendientes que debía llevar a cabo, a intentar pensar en mil formas de retomar la conversación. Se moría por volver a tocar la mano de Sciel, pero por muchas vueltas que le daba, no sabía cómo hacerlo sin parecer torpe.

- Gracias por hacerme compañía esta noche, Lune. Me alegro de que estés aquí conmigo.

Sciel la miró, y Lune olvidó cómo pensar, hablar o tener cualquier tipo de reacción normal. Intentó decir algo, pero solo consiguió balbucear un “a ti”.

Sintió cómo le tomaba de la mano, y decidió dejarse llevar. Estas últimas horas habían sido extrañas, sí, pero agradecía la compañía. Sciel era cálida. Su presencia la tranquilizaba y la alteraba al mismo tiempo.

Lune se atrevió un poco más, y acarició con suavidad la mano de Sciel. Ella respondió dejando caer la cabeza en su hombro. El corazón le latía con una fuerza descomunal. Cerró los ojos e intentó hacer una cuenta atrás mental para calmarse.

- Lune... si te beso, ¿te irás?

La miró, sin decir nada. Cerró los ojos y dejó que Sciel la besara.

Fuera, la noche avanzaba. La ciudad seguía con su rutina, con la tristeza habitual que envolvía cada Gommage. En la torre torcida, por unas horas, dos personas consiguieron olvidarse del mundo.