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Language:
Español
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Published:
2025-07-22
Words:
5,510
Chapters:
1/1
Comments:
6
Kudos:
16
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150

Un Rastro de dulce Miel

Summary:

En un mundo donde insectos viven con emociones humanas, una hormiga se infiltra en un panal ajeno para robar miel. Jamás imaginó que entre las sombras del delito encontraría una linda abeja que llamaría demasiado la atención.

Notes:

Después de un mes (y un poquito más) pude terminar el fic :) !!! Mil disculpas si hay algún error en alguna expresión chilena o peruana, revisé varias veces para estas segura de que sea entendible para la muchachada *snif*
Tenía muchas ganas de describir ambos personajes pq se me hacen preciosos juntos, la verdad que me encanta pintarlos y esta sería mi primera vez escribiendo sobre ellos (inserte grito gay***) Don´t worry porque escribí de forma sutil algunas cosillas, comparado a otros ships a este le puse mayor cuidado.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El sol irrumpía entre la vegetación dejando a su paso halos de luz en el suelo. Por suerte estaba equipado con lentes para proteger la visión, una hormiga preparada vale por cien.
Manuel siguió el camino de las flores tomando pequeños descansos en la sombra de los pétalos y prosiguiendo una vez recuperaba energía.

— ¿Cuánto más?... La necesito encontrar

Como era costumbre hoy era otro día de recolecta: Explorar en busca de provisiones para pasar uno de los inviernos más fríos.
Usualmente está tarea se hacía en grupos para mayor eficacia, además era algo habitual en el mundo de las hormigas trabajar en equipo y así llevar la mayor cantidad de carga posible.

Pero está regla... no era de su agrado. Manuel escapaba de los grupos asignados haciendo las tareas por su cuenta. Era considerado una hormiga problemática dentro de la colonia y cada día era distinto conforme a qué es lo que planeaba su rebelde cabeza.

La hormiga buscaba ahora miel, un alimento sumamente nutritivo y valioso, por cada gota de miel llevada a la colonia se era recompensado con honores y ventajas sobre el resto. Días de descanso, ingreso a áreas de comida en la colmena, reconocimiento de la reina....
Y sobre todo tener parte del dulce botín.

La pequeña hormiga se topó con un imponente arbóreo, levantó la cabeza al notar el imponente tronco que se alzaba hasta los cielos. De raíces grandes y madera rugosa, llegar hasta la copa era un completo desafío más no imposible de lograr.
Arriba en una de las ramas más altas se encontraba el panal y varias abejas revoloteando haciendo el trabajo de obreras tal y como lo hacían en la sociedad de las hormigas. La única diferencia es que ellas hacían labor aéreo y muy pocas veces tocaban tierra.

Manuel ajustó su mochila y guantes. Debía de escalar y evitar que lo vieran.
Está misión fue planeada anticipando a los peligros de robar miel. La hormiga se equipó de herramientas para escalar sumado a su vestuario oscuro para camuflarse con la madera.

Escaló tanto como pudo hasta tomar descanso una rama antes del panal. Escondido entre las hojas miró el lugar notando como abejas salían a vuelo veloz en busca de flores.
Había una pequeña entrada que no era custodiada por abejas, la hormiga se escabullo hasta ella e ingresó sigilosamente al lugar.

— Chuta! ¡Es tan dorado! Parece un palacio-

El lugar era de un color oro precioso y las paredes brillaban haciendo relucir el reflejo de la hormiga que caminó escondiéndose de abejas que se preparaban para salir. Prestó atención a la charla de aquel par.

— Esta es mi última carga para completar mi turno de hoy, estoy adolorido de la espalda.— el insecto era regordete y pequeño, este hablaba masajeándose las cervicales.

— Vuelas demasiado tiempo, te dije que estar mucho tiempo andando a esa velocidad no hace bien a tu esqueleto— el joven tenía un timbre melodioso y voz cálida sin embargo no logró verlo con claridad pues se encontraba de espaldas. Sólo notó su cabello azabache y el color canela de sus piernas.
La hormiga tragó saliva al notar un tatuaje en una de las piernas, un número de identificación.

— Lo sé! Pero ya sabes cómo es la reina, tengo que terminar mi trabajo antes de que pase lista. ¿Y que me dices tú?

— Bueno, solo me falta llenar una de las cajas de mi habitación y ya estaría terminando con mi entrega una vez completo eso— el pelinegro balanceó su cadera a un lado colocando su mano en ella. —y al fin tendré algunos días libres fiuuuu

Ambas abejas caminaron hasta la salida prosiguiendo la charla. Manuel esperó hasta que volaran para proseguir a encontrar las reservas de miel.

— Así que tiene cajas de miel en su habitación humm...

Los caminos del panal parecían laberintos espejados, nada diferente a lo que conocía en su colonia pero ahora solo necesitaba reconocer el lugar donde aquella abeja tenía mucha carga de miel.

—108...,107...,106...

Manuel camino entre puertas que tenían placas con inscripciones numéricas. Se detuvo en una de las puertas y tragó saliva antes de entrar.

— 102...

Aquella hormiga tenía el número 102. Este era su lugar íntimo de descanso y donde guardaba su carga de miel.
Si era cierto lo que había mencionado, la abeja 102 tenía su trabajo prácticamente completado y por tanto mucha miel para entregar a la reina.

Entró a la habitación y cerró la puerta con cuidado.
Observó el impactante lujo con el que descansaba el insecto, había una cama con delicadas sabanas doradas haciendo juego con muebles del mismo tono, un espejo enorme de escritorio para prepararse para salir, ropas finas y transparencias brillantes, perfumes y cremas de color sol.

Miró un camisón en la cama que tomo en sus manos para ver la textura. Era suave. La sintió con el tacto de sus dedos imaginando que con aquello la abeja dormía en su aposento.
La acercó a su nariz para oler el perfume tan fuerte que emanaba, tan dulce como la miel y tan apetitosa como solo aquel alimento.
El aroma despertaba un profundo placer en la hormiga que se acostó abrazando el camisón. Era tan delicioso que la expresión malhumorada de Manuel cambió a una relajada con tan solo oler tanto dulzor.

— ¡Señor! ¡La obrera 102 y 103 deben de entregar las cargas en la mañana!

La hormiga escuchó pasos acercándose, tiró la tela y buscó un lugar dónde esconderse.

— Bien pequeño 210, dime ¿Cuándo regresarán?

— ¡Salieron hace un momento señor! Regresarán en unas horas ¿Requiere que se les informe?

— Hazles saber de tener todo listo para la entrega de mañana, habrá una recompensa a las abejas que cumplieran el mes de carga completa— los pasos firmes y fuertes de aquella abeja empezaron a desvanecerse.

— ¡Si señor!— la abeja no se movió del lugar, pero se escucharon murmullos de aquella —Miguel saltará de felicidad al saber eso, estoy seguro...

Los pasos de esta última se desvanecieron.

— Así que 102 se llama Miguel...hm para ser un macho, de espaldas parecía una linda hembra caderona.

Manuel comenzó a buscar entre las cosas de la abeja, moviendo muebles, tirando ropa, buscando dónde diablos escondía las cajas.
Fue en ese momento que notó una perilla en la pared, la giró para abrir una puerta camuflada, allí se encontraba el dulce tesoro.

Cajas cristalinas de espesa miel.

La felicidad del ladrón se notaba en el brillo de sus ojos. Cargó su mochila con todas las cajas que pudo hasta el tope.
Para su buena suerte toda la carga de la abeja entró aunque algo de miel se derramó en sus dedos.
Este la contempló un momento. El espesor y la leve viscosidad le resultaba fascinante. La probó con miedo pues la miel era algo que las hormigas muy pocas veces en la vida lograban probar.
Lamió hasta acabarla, finalizó con un gran suspiro. Extasiado por el dulzor, sentía un subidón de energía aumentando su fuerzas para cargar tanto peso en la espalda.

Ya con la mochila en sus hombros, se dispuso a salir del panal.

..........……………………….......……………………….......……………

—¡Miguel! ¡¡Gracias por ayudarme con esa flor!! ¡Esa araña por poco y me come!

— Para eso están los amigos, sabes... Sin tu ayuda no hubiese podido terminar con mi carga hoy.

— Lo mismo digo compañero!~

La abeja 103 entró a su habitación despidiéndose de Miguel quien suspiró cansado de labor de hoy.

— Al fin en cas- la abeja entró en shock al ver que su habitación estaba patas para arriba, totalmente desordenada y viendo la falta de sus cajas. Corrió para ver qué efectivamente, robaron toda su miel.

Su corazón empezó a latir de manera rápida, apretó su pecho con las manos y respiró profundo para tranquilizarse. Necesitaba recuperar la miel, pero ¿Cómo?

El golpe de la puerta lo asustó.

— Señor Miguel! Soy yo! Compañero 210! Necesito hablar con usted.

Miguel se acercó a la puerta y colocando su mejor cara de alegría la abrió.

— Oe que tal todo!??

La abeja miró extrañado a Miguel evitando el paso a su habitación. Este respondió para tranquilizarlo y evitar sospechas.

—Hoy es día de limpieza sabes...estoy moviendo muebles y acomodando todo, está todo hecho una porquería allí adentro!

— Oh.. si entiendo— movió la cabeza para ver la habitación pero Miguel se movió cerrando la puerta a sus espaldas. — Debo informarte que nuestro superior requiere de las entregas mañana a la mañana.

— ¡¿¡¿¿¿¡¡MAÑANA!!!??!??

— SI LO SE! No es genial 102?? Las abejas que cumplieran este mes de cargas se les dará un premio sorpresa! Tu eres alguien responsable que genera la miel en tiempo y forma y seguro estarás entre los elegidos!

Miguel no escuchó nada de lo que dijo, disoció completamente al saber que tenía muy poco tiempo para recuperar todo lo perdido. Simplemente quedó mirando a la abeja contar lo que sea que estuviesen contando.

— Bueno era eso 102! Te veo mañana para verte triunfar!!! Realmente te lo mereces!— le dió palmadas en los hombros y luego se fue dejando a un Miguel aún atónito fingiendo alegría y entusiasmo.

¡¡¿¡¿¿¿¿¿¿¿¡¡¡QUE CHUCHA VOY HACER!!!??????!?!?!?!!

La abeja se encerró en su habitación. Comenzó a caminar pensando e ideando soluciones. Ninguna le era factible.
Nervioso y estresado se sentó en su cama y cubrió su rostro con ambas manos. Estaba perdiendo la cordura y a punto de sollozar como un bebé. Tanto trabajo tirado a la basura por un estúpido ladrón.

Levantó la mirada haciendo un esfuerzo para no llorar.

— Si no entrego la miel mañana ...la reina puede castigarme y...

Tragó saliva pensando en los escenarios catastróficos de no disponer de la miel necesaria. Ser desterrado era lo más tranquilo que podía sucederle.

Miró el camisón tirado en el suelo. Lo observó un tiempo pensando alternativas...cuando vio algo extraño.

Saltó de la cama de un brinco y quitó el camisón del suelo. Notó una gota de miel en el piso.

Miró más detenidamente y encontró un rastro de gotas de miel.

— Será tan webon de llevar una caja rota-

.......……………………….......……………………….......…………

La abeja bajó del árbol y observó el rastro de miel concordar con pequeñas huellas. Empezó a atar cabos al notar que el insecto ladrón tenía habilidades para escalar y fuerza para llevar gran carga.

— Una hormiga..

Las posibilidades de que sea una hormiga eran altas, el invierno no tardaría en llegar y lo más seguro es que buscase reserva de miel.
Miguel refunfuñó con molestia. Sabía que para encontrarlo debía de hacerlo por tierra y lo más seguro es que el hormiguero no estuviese lejos.

Desde lo alto del cielo era bastante difícil distinguir a una hormiga por lo que prosiguió el rastro a pie. El ambiente no era de su agrado, primero por la suciedad de la tierra y el asco que le daba pisar basura. Segundo, no sé sentía seguro de los insectos de tierra, para Miguel eran bestias salvajes que no dudarían en comerlo.

Y tercero y no menos importante, el miedo de ser pisado por humanos...eso sí que sería humillante para una abeja.

— Pero... ¿Qué chucha?— el rastro de gotitas de miel desapareció lo que lo desconcertó. Miró a ambos lados en busca de miel y encontró a un lado de una roca una de las cajas vacía. La tomó en sus manos para observar que era la que goteaba y que la hormiga tiró. — Ya y ahora como se supone que voy a encontrarlo...

Preguntar su paradero era su única opción.
Algunos lograron ver a un tipo extraño cargando una mochila pesada, otros lo vieron descansar mientras probaba uno de los cristales con miel y por último algunos lo vieron correr con gran prisa.

El sol se estaba ocultando, Miguel voló para notar que estaba atardeciendo. "No me queda mucho tiempo"

Volvió a tierra para preguntar la dirección del ladrón, sin embargo el ruido de hojas lo alertó.
Parecen sombras acercarse, perdiéndose con la vegetación para reaparecer más cerca de él.
Caminó lentamente hacia atrás pero tropezó y cayó anonadado por la presencia que se dejó ver.

— Muchachos, hoy es nuestro día de suerte, ¡encontramos comida!

Eran hormigas en un grupo de diez, asumió que el líder era quien habló por el resto, un macho con alas de color rojizo y negro.

— ¿¿¡Ustedes robaron mi miel!??— Miguel preguntó con enfado mientras se incorporaba.

Tras esto las hormigas echaron a reír.

— Aún no po, pero contigo nos será fácil tener gran cantidad de comida— el mayor tomó el rostro de la abeja y prosiguió en tono coqueto— luego de que hagas la pega y nos des toda la miel... te devoraremos en la colonia. Ya sabes que las abejas son apetitosas para las hormigas.

— Son dulces y tienen mucho de dónde agarrar!— dijo uno del grupo.

— Yaaa y piernas, caderas y mucha cola!— se sumó otra hormiga.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Miguel al notar que estaba acorralado. Intentó volar pero las 10 hormigas la tomaron apretándola con fuerza para inmovilizarla.
Estaba en el suelo y sus alas fueron pisadas para detener su vuelo. No podía moverse, preso de ellos, sintió el dolor de los mordiscos de aquellos que querían probar su apetitosa piel, con miedo de que posiblemente sea la cena del grupo, gritó más fuerte cerrando los ojos.

Sus brazos y piernas fueron liberados en unos segundos. Algo derribó a las hormigas. Abrió los ojos observando como todos fueron aplastados por lo que parecía un tallo de hoja.

La hormiga que lanzó el tallo era diferente al resto, era alto y con mirada profunda. También llevaba puesto una pañoleta roja que resaltaba llamando la atención

— ¡QUE WEA TE PASA 201! ¡¡DEFENDIENDO A UNA ABEJA!!!

— ¡Esa abeja es mía weon!— la hormiga alzó en sus brazos a la abeja que aún se encontraba en shock por la extraña secuencia. Lo observó de cerca notando su mirada amenazante hacia aquellos malhechores, los ojos color caoba casi tornándose rojos con la luz eran fascinantes. —¡yo la vi primero y me pertenece!

Las hormigas quitaron el tallo en grupo e intentaron agarrar a ambos insectos. Sin embargo Manuel echó a correr con Miguel en brazos.

— ¿¡QUIÉN SE SUPONE QUE ERES!??—dijo la abeja aferrándose al cuerpo de la hormiga

— No me conoces, pero yo a ti sí— la hormiga saltó entre ramitas para cruzar un charco que cortaba el camino— llámame MANUEL

Saltó varias ramitas haciendo que estás se movieran para evitar que los demás los siguieran. Una última ramita que flotaba en la parte más honda del charco estaba demasiado lejos, Manuel tomó impulso antes de saltar.

— Ahora sí wn, ¡agárrate como pulga!

— ¡¡¡ASUMARE NOOO ESPERA NO SALTES!!!

No escuchando esto último, Manuel ejecutó un gran salto hasta la rama haciendo que la abeja cayera primero de un sentón. Manuel dio vueltas antes de caer rendido al lado de Miguel.

Ya del otro lado observaron a las hormigas furiosas maldecir y insultar en su idioma.

—¡Eso fue heavy! Ni yo sabía que podía saltar así— se levantó sacudiéndose la cabellera y acomodándose los lentes con entusiasmo.

— Ajá si pero por poco y morimos— Miguel sacudió su ropa del polvo y tierra, se peinó con los dedos mientras miraba su reflejo en el agua. —… gracias.

Manuel se giró hacia él y asintió sin decir nada. Ajustó las hombreras de su mochila dispuesto a seguir su camino pero la abeja se interpuso frente a él.

— Necesito tu ayuda.. estoy buscando algo importante-

— ¿No te bastó con lo de recién? Ya quítate y ahórrate el show— lo empujó para seguir caminando pero, de nuevo, la abeja se colocó en frente

— Lo que pasa es que tú eres fuerte, sabes moverte por esta zona, conoces a los insectos, y ..- hizo una pausa al notar la cara de enfado de la hormiga, tragó saliva —...puedes ayudarme a encontrar lo que me robaron.

— Ya po me halagas caleta, pero con tanta ayuda ¿Qué obtengo a cambio? No hago caridad.

—Eh... un broder, amigos son los amigos pe

— ¿Amistad de una abeja? Pfff es lo mismo que nada.

Manuel siguió caminando dejándolo atrás. En un intento desesperado gritó:

—¡TE DARÉ MIEL!

La hormiga se detuvo y giró para escuchar la tentadora propuesta. ¿Más miel de la que ya tenía en sus hombros? Aceptaría sin dudarlo pero no demostraría su emoción ante la abeja. Con la cara de póker que mejor podía poner respondió "te escucho"

— Bueno...si me ayudas.. trabajaría horas extras para darte una ración de miel solo para ti.

—¿Por cuánto tiempo estamos hablando?

— Hasta que llegue la temporada de invierno lo que sería...una semana.

Los ojos de Manuel se iluminaron, estaba gritando internamente pues una semana en miel equivalía a varios días de caminatas extensas para buscar comida, lo que significaba vacaciones. Algo que las hormigas nunca tenían.

Miguel extendió su mano para cerrar un trato. Manuel tardo unos segundos pero le estrechó la mano con seguridad.

........................................................................

— ¿Así que entraron al panal y te chorearon la miel?! La media perso los ctm, qué rabia...

— ¡Y encima destrozaron mi cuarto! ¡Estaba todo hecho un desastre! Cuando lo agarre va a rogar por su vida, te lo juro.

Manuel empezó a reír al notar la expresión de enfado caricaturesco del pelinegro. Las abejas no eran intimidantes en absoluto y tampoco es que sean peligrosas salvo por la picadura de su aguijón (que más que ataque era una carta de suicidio)

— No te rías webon que hablo enserio.

— Ya po es que me causa risa.

Estaba anocheciendo y caminaban en una dirección inventada por Manuel. De hecho no tenía un plan, se le ocurriría algo en la marcha o eso creía.

Miguel no estaba acostumbrado a la noche por lo que su visión disminuyó. Agarró del brazo a la hormiga para evitar tropiezos.

— No sé cómo haces tú pero yo no puedo ver en la noche.

— Mis lentes me facilitan la visión cuando hay demasiada luz u oscuridad, aunque sin ellos también puedo guiarme—sus mejillas tomaron color cuando sintió el calor tan cercano de la abeja quien apretaba su brazo— es una de las ventajas de ser hormiga...

Agradecía que no pudiese verlo pues estaba seguro que su cara estaba toda roja.

— Ser abeja también tiene sus ventajas, volar y hacer miel por ejemplo

— Esas ventajas igual son súper llamativas para un depredador. Si te pillan mal parado, cualquier bicho te come si te descuidai

—Puede ser... pero al menos se va a ir lleno de picaduras. Si uno de los nuestros está en peligro, el resto responde. Nosotros chambeamos en equipo.

— Ya nosotros igual. No solo para atacar, también nos ponemos las pilas cuando hay que juntar caleta de comida

Manuel sacó un cuchillo del bolsillo para cortar las hierbas que se interponían. Una vez despejado, rayos brillantes alumbraron el lugar.

Varias luciérnagas facilitaron la visualización. Miguel sonrió mirando el espectáculo de luces y sonidos del anochecer, el canto de ranas y grillos daban un tinte romántico a la situación.

—Podemos descansar aquí si gustas.. tus piernas deben dolerte después de tanto caminar

Miguel no respondió, quedó fascinado con el paisaje pero su sonrisa era la respuesta que necesitaba. La hormiga se acomodó en un hongo dejando su mochila a un lado para descansar y estirar las piernas.

Colocó los brazos en su nuca y miró a Miguel. Para ser una abeja obrera era pequeña, con hombros pequeños al igual que manos. No entendía su anatomía... Ni el por qué de su gran trasero ¿Cómo podía volar con esa cola? No era funcional.

El traje contorneaba sus atributos. Tenía cinturones que acentuaban su cintura y un pantaloncillo esponjoso que parecía una nube apetitosa...

Tranquilo Manolo, si te lo comes no tendrás miel.

—Manuel hay que seguir.

—Hm? Ah sí eso, deja que me acomode y vamos.

Se abrochó los bolsos a la cintura y ajustó su mochila con brusquedad haciendo que la tapa que la cubría se abriera...

Y una de las cajas cayó.

— AaaaA jajaja eso es algo que encontré tirado por ahí y-

La abeja tiró de la mochila dejando ver todas las cajas robadas en su interior. Fue entonces que se desconocieron completamente, empujándose e intentando recuperar la miel.

— OE ESAS CAJAS SON MIAS! DAMELAS!!

— ES MI ALIMENTO! QUÍTATE WN!!

En un baile de tirones y golpes, rodaron hasta quedar cerca de agua estancada y en un movimiento brusco, la mochila se abrió dejando caer las cajas de cristal al agua.
Y la dulce miel se perdió en el agua oscura y solo un poco se entremezcló con la tierra.

Ambos gritaron al unísono, la preciada miel ahora era parte de la naturaleza.

— Fiuuuu por la Pachamama— dijo un mosquito que pasaba.

— YA CÁLLATE CHUPASANGRE!— la hormiga tomó su cabeza con ambas manos furioso de perder tanto alimento nutritivo.
Por otro lado, la abeja cayó rendida en el suelo cubriendo su rostro para ocultar las lágrimas que caían.

¿Qué se supone que haría ahora? No podía generar tanta miel para mañana temprano. Ese era el trabajo de un mes entero.
La frustración se apoderó de él pues no veía ninguna solución a su problema. La ira de confiar en el que en realidad era el ladrón solo aumentaba sus ganas de llorar.

Pelear ahora era inútil, Miguel se sentó ocultando su cara en sus rodillas sin ánimos de ampliar una discusión que no arreglaría nada.

— Perdón- se acercó despacio— esto no era parte del plan.

— ¿O sea que tu plan era hacerme perder el tiempo, dándome vueltas por todos lados buscando miel que tú tenías encima todo este rato?

— ¡No! O sea... sí, pero era solo por un rato, hasta cachar cómo convencerte de que no ibai a ver tu miel nunca más.

Miguel se levantó para estar frente a frente. El descaro no lo soportaba.

—Además de mentiroso, aprovechado. ¿¿¡¡No te fue suficiente con lo que me quitaste y aún querías más miel!!??

El ambiente era tenso. Aquellos sonidos del lugar se desvanecieron y los insectos y animales que se encontraban allí miraban la escena con atención.

El pelinegro se fue hasta una roca y se sentó para cubrirse otra vez. Ya no había nada que hacer y su vida estaba sentenciada.
La hormiga se quedó allí observándolo desde lejos, se sentía culpable y a medida que pensaba soluciones caía en cuenta del desastre y de lo difícil que sería arreglar la situación en poco tiempo.

De todas formas, se acercó para intentar remediar aquello entre ambos.

— Si hay cómo conseguir esa miel... te ayudaré— se cruzó de brazos mirando el suelo—contái conmigo.

La abeja levantó la mirada hacia la hormiga. Sus ojos dorados brillaban con la luz de la luna, como si intentara comunicarse a través de ellos.

— Pues ...si que hay una forma

.................................................................................

— ¡No te muevas!

Miguel sostenía de las manos a Manuel en un intento por volar hasta el panal. El peso de la hormiga no era el problema, el real problema venía de su inquietud por llegar arriba pues este se movía y balanceaba desestabilizando el vuelo del insecto.

— ¡La adrenalina acá arriba es brígida! ¡Apura Miguel! ¡vuela más alto!

Solo faltaba pasar una rama más pero el balanceo de la hormiga los hizo girar hasta estrellarse con el tronco.

Ambos cayeron en un tallo sobresaliente.

— ¡Te dije que te quedarás quieto!

Ahora que estaban cerca del panal, debían entrar sin ser descubiertos. Esto no era problema para Manuel que indicó la forma de entrar.
Y así, siguiendo la viveza de la hormiga entraron escondiéndose entre las hojas.

Caminaron por los pasillos hasta encontrar la puerta 102. Miguel la abrió con cuidado e ingresaron a la habitación.

El mayor lo miró confundido luego de ver cómo la abeja buscaba en su placard con nerviosismo.
La ropa salía volando, trajes, medias, camisones, botas, hasta que muy en lo profundo Miguel sacó un envase cristalino.

— ¿Para qué o qué wea es...?

— Es Néctar— suspiró nervioso al notar que la hormiga seguía confundida intentando entender a que se refería— hay...una forma de hacer miel de manera casera pero implica acciones que la reina no acepta en la actualidad.

— No cacho.. —colocó las manos en la cintura, procesando que rayos quería decir con "hacerla de forma casera"

Miguel se sentó en la cama, avergonzado de explicarse. El castaño lo siguió sentándose a su lado escuchando con atención lo que este tenía para decir.

— Hacer miel es una tarea que data de muchos años... En la antigüedad las abejas ingerían el néctar de las flores el cual quedaba en su organismo. Para metabolizarla requerían de un macho para expulsar ese néctar en forma de miel.— tragó saliva— esta forma de hacer miel fue prohibida por generaciones de reinas por ser considerada inmoral para insectos obreros. Es por ello que en la actualidad al recolectar el néctar debemos de traerlo al panal para ser cocinado en un proceso que tarda más tiempo...

— Estás diciendo que …¿aparearte hace que produzcas mucha miel? ¿y rápido?

— Básicamente... Si

Manuel quedó en silencio, anonadado, sus mejillas empezaron a enrojecerse por la obvia invitación.
Se levantó para caminar y despabilarse un poco, sentía calor en toda la cara (seguramente era un tomate en ese momento)

— Pero- ya si soy una hormiga no una abeja po- además... somos dos machos! Es imposible que nosotros-

Giró para ver al azabache. Estaba tomando todo el néctar que contenía el frasco quedando en una especie de embriaguez extraña. La hormiga trató de evitarlo pero no dejó ni una gota en el recipiente.

— No pierdo nada intentándolo, después de todo moriré al amanecer— el rubor pintaba el rostro fino de la abeja que se dejó caer en brazos del castaño.
Completamente relajado por el néctar, Miguel sonrió antes de cerrar los ojos y acurrucarse en él.
Acarició el pecho de Manuel de arriba abajo hasta llegar a su cuello, luego se abalanzó para darle un abrazo.

El olor de Miguel era... dulce. Tentador para el insecto que lo sostenía. Acercó su rostro para sentir el aroma cuando de forma inesperada, el pequeño enlazó sus labios con los suyos en un profundo beso.

Algo instintivo despertó en él, empujándolo contra el colchón para empezar a morder cada centímetro de piel descubierta.
La abeja volvió a aferrarse de sus hombros acariciando la espalda, desabrochando los bolsos y cinturones para tener vía libre para tocar.

La sensación era inexplicable para Miguel, el néctar despertó un instinto de reproducción que ni siquiera sabía que tenía. De echo, hasta ese momento pensaba que era asexual.
Lo mismo para Manuel, era su primera vez con otro insecto y tenía ansias por tocar y comer.

Las mordidas se intensificaron generando suspiros entremezclados con risas coquetas. La hormiga arrancó todas las prendas que se interponían a la tarea de explorar el cuerpo del azabache, dejando solo las medias negro-amarillas y las joyas doradas que lo adornaban.
Este tiró la bufanda y la ropa que cubría la parte superior del torso. Manuel tenía una piel áspera y vellos en los brazos, ello provocaba sensaciones en Miguel que acariciaba todo su cuerpo.
Los besos eran dolorosos por esto mismo, el picor del contacto entre pieles le dolía pues su barba raspaba con el roce.

Pero como se imaginan... eso no evitó que siguiera el apareamiento.
Tosco, brusco y haciendo silencio, Manuel comenzó la tarea de ayudar a Miguel... Una y otra vez hasta que pudiese metabolizar y expulsar miel de su interior.
Y más temprano que tarde la miel brotó de él. El líquido espeso y dorado cubrió su abdomen.

Manuel olió las feromonas de aquella miel y comenzó a lamerla con ansiedad. Preso de su más bajo instinto como hormiga jugueteó con su lengua lamiendo y limpiando el abdomen cubierto de pegajoso alimento.

Miguel por su parte intentaba quitarlo. No debía de tragarse esa miel, ese no era el plan.
La escena era asquerosa sin embargo el sonido de la lengua le generaba cierto morbo. Manuel se detuvo para responder.

— Tranquilo podemos hacer más miel— eso sonrojó al moreno— me dejé llevar caleta po

— Ajá ya, si vuelves a hacerlo te golpeo— la hormiga sonrió maliciosamente ante eso y prosiguió con los besos— Pucha en serio! ya deja de reírte!

......................................................….................

Miguel salió del baño encontrando a Manuel secando su cabello luego de la ducha. Ambos se limpiaron para quitar el rastro de olor que dejó el encuentro. Las pequeñas cajas de cristal estaban cargadas y la hormiga las contemplaba mientras se preparaba para marchar.

Ajustó los cinturones y cargó su mochila en los hombros. El silencio en la habitación comunicaba emociones fuertes en ambos, sobre todo en Manuel que no sabía que decir después de tremenda aventura que pasó a su lado. Podía salir sin decir nada y no volver jamás pero la sola idea le generaba dolor en el pecho. Fue entonces que el castaño se giró para despedirse como un caballero, un macho y un valiente (aunque por dentro estuviese full nervioso)

—Lamento hacerte pasar por tanto, la verdad… la cagué, robé tu miel y me dio igual lo que sintierai. Fui un careraja que solo pensaba en si mismo— fue sincero y miró a la abeja a los ojos— no busco que me perdones ni que vuelvas a confiar en mí y no te estoy hablando para justificarme. Solo quiero que sepai que lo siento de verdad.

Miguel se acercó para tomar sus manos, suspiró antes de responderle.

—Estás loco, pero por alguna razón… te creo. No del todo, pero te creo un poco—las manos de moreno acariciaron las mejillas coloradas de la hormiga— pero si vuelves a fallarme, te pico sin pensarlo, ¿ya?

— Pero eso te mataría y moriríamos los dos— lo dijo serio.

— Es el riesgo que tomas al hacerme enfadar y mi riesgo inminente por dejarme llevar...—lo dijo jugando con sus manos, tocando los mechones en punta de su nuca y acercándose peligrosamente a sus labios.

Manuel sonrió uniéndose a la broma coqueta, aunque odiaba admitirlo, le gustaba más y más con el paso de las horas. "Este weon me descoloca harto… me transforma, y no sé ni quién soy cuando estoy cerca de él, pero puta que me encanta" Si pudiese quedarse allí lo haría pero ya era hora de volver.

Miguel acercó su frente a la de Manuel. Estaban tan cerca que el leve zumbido de sus alas era un susurro tierno e intimo que demostraba algo más que cercanía: No quería que esa despedida fuese la última.

—No eres tan malo como pensaba. Al menos ya no...

—No soy bueno tampoco —respondió Manuel, como si la verdad le pesara en la garganta— Y eso es lo que me tiene mal. Porque quiero ser distinto, al menos contigo.

Miguel cerró los ojos, dejando que el momento se alargara un poco más.

El castaño enlazó sus manos con las del insecto dorado para besarlas y sentir la cercanía una ultima vez. Las emociones fueron encerradas otra vez en su interior pues, se alejó de él para abrir la puerta de la habitación. Ello no era una película romántica y guardó ese ultimo beso para protegerse. Sintiéndole esta acción como galopes en su diminuto corazón.

Manuel tomó el picaporte con decisión. No porque quisiera, sino porque ya no podía quedarse más. Si una abeja lo encontraba ahí, todo lo vivido se iría a la mierda.

Giró la perilla con una lentitud ridícula, como si darle más tiempo al momento fuera a cambiar algo. Un último suspiro. Un último vistazo al suelo. Y abrió.

Pero no alcanzó a dar un solo paso.

—Oye... —la voz de Miguel lo detuvo, suave, casi como un eco que no quería apagarse.

Manuel se giró apenas, sin querer mirarlo demasiado, por miedo a quebrarse justo al final.

—¿Qué? —respondió, disimulando con tono rasposo su nerviosismo.

Miguel seguía en el mismo lugar, con las alas levemente abiertas, como si no supiera si quedarse o alcanzarlo. Sus ojos brillaban con esa intensidad que solo aparece cuando algo no se quiere perder.

—No sé cuánto tiempo va a pasar… ni si esto fue lo correcto o si estoy igual de loco que tú —dijo Miguel, bajando un poco la mirada— pero si quieres volver...

Te voy a estar esperando.

Manuel se quedó helado.

—¿Qué...? —alcanzó a decir, incrédulo.

Miguel lo miró de nuevo, más firme esta vez, como si las palabras salieran desde el fondo de su pequeño cuerpo:

—Esto no fue un error. Y no quiero que sea una despedida. Si vuelves, aquí voy a estar. Así que… vuelve. Aunque sea solo para verme otra vez.

El silencio no duró más de tres segundos, pero para Manuel fue una eternidad. Sintió que el corazón se le apretaba de a poquito y explotaría en ese preciso momento.

No dijo nada. Solo sonrió, mordiéndose el labio para que no se le escapara nada más. Cerró la puerta con cuidado, como si cerrar fuerte le fuera a romper algo por dentro.

Y mientras caminaba por el pasillo estrecho del panal, cargando el peso de su mochila y un poco menos el de su culpa, pensó:

"Ya no es solo miel lo que me robé..."

Notes:

UYYYY bueno eso es todo (o no) :D <33 Pienso que la sola idea de ser descubiertos generaba esa adrenalina que tanto sintieron la primera vez. Y bueno ya saben, una hormiga es adicta a la miel ¿Cómo no volver?