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Las bodas suelen ser eventos de mucho estrés, por algo no era una casualidad que a los participantes se les ofreciera una copa para relajarse horas antes. Aquel día, los novios no recibieron tal cortesía, pero sus padres la estaban aprovechando en cantidades generosas.
Con algo de alcohol en la sangre, el reservado jefe familiar de los Viper lograba intercambiar pequeñas bromas y cumplidos con sus consuegros. Su esposa no se quedaba atrás, alabando las decoraciones del hogar en donde la boda sucedería al cabo de dos horas.
Se había necesitado una inversión dadivosa para convertir el exterior de la casa Ashengrotto en el lugar ideal, pero estaba garantizado que valdría la pena. Al final de una corta, pero elegante, ceremonia, ambas familias serían gratamente beneficiadas. Los Viper escalaría peldaños, colocando a su primogénito como consejero del heredero y los Ashengrotto lograrían consolidar sus lazos con los Asim al unirse a una de sus familias en servicio más leales. Todas las complicaciones de estar uniendo a dos jóvenes adultos extraños valdrían la pena.
La charla era lo suficientemente sonora como para lograr filtrarse por las paredes, una lástima que la alegría y emoción fueran exclusivas de ese cuarto. En el exterior, lo poco que lograban escuchar los novios bastaba para ponerlos de los nervios. En distintos extremos y habitaciones de la casa, cada uno asimilaba a su manera que pronto sus vidas estarían entrelazadas.
Jamil había intentado que el asunto permaneciera en el fondo de su mente la mayor cantidad de tiempo posible. Si no reconocía lo que estaba a su alrededor, eso no estaba sucediendo. No quiso mirar las fotos que sus padres le ofrecieron de su prometido, ni tampoco escuchar cada una de las cosas que tenían que decir sobre él. No tenía necesidad de escucharlos si ellos se dedicaban a besar el suelo por el que pisaran los ricos; cualquier cosa que pudieran decir estaría maquillada en dulzura y halagos, con el fin de que no diera problemas.
Las risas en la habitación contigua hacían crecer una rabia silenciosa en el interior del novio, que no logró resistir mucho más estar ahí. A pasos apresurados, Jamil se dejó perder en uno de los múltiples pasillos. Su mirada evitaba cualquier cuadro de la familia en donde pudiera encontrarse su heredero. Azul era alguien a quien vería, por el resto de sus días, así que no sentía prisa en adelantar la revelación.
El ir sin un rumbo en específico, con el único objetivo de encontrar paz, lo llevó a encontrarse con la habitación ideal. Un espacio claramente insonorizado para una mejor experiencia auditiva. Se mencionaba que los Ashengrotto combinaban su elegancia con un exquisito gusto musical, pero lo que veía en aquella habitación seguía resultando sorprendente.
Instrumentos varios cuidadosamente descansando en cada pared, una amplia colección de álbumes almacenados en distintos tipos de formatos y sin duda la joya de la corona: Un elegante piano de cola. El objeto resultaba tan magnético, que cuando Viper logró acordar, ya se encontraba admirando sentado en el banquillo correspondiente.
Desde el tamaño, hasta los múltiples detalles que decoraban su madera, aquel piano imponía respeto. Jamil, no podía evitar sentir curiosidad sobre qué miembro de la familia era el encargado de manipularlo.
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Al igual que el otro novio, Azul no estaba teniendo un tiempo fácil con la idea de su futuro casamiento, pero estuvo más receptivo a saber algunos datos sobre su futuro esposo que le fueron proporcionados por su madre y padrastro. Lo que supo no fue muy prometedor: una personalidad difícil. Era una publicidad extraña.
Al parecer, a su prometido, al igual que a él mismo, no le había gustado la noticia. No lo podía culpar, tampoco estaba emocionado por volver el resto de su vida una transacción. Un suspiro escapó de sus labios al pensar en esa idea.
Otra cosa llamativa respecto a este desconocido resultaba en su apariencia. Se le mencionó que su familia era de una modesta clase media, personas sencillas. El cabello que observaba en la imagen desentonaba mucho con esa declaración: Largo, cuidado y meticulosamente trenzado, parecía que recibía un tratamiento que no veía ni siquiera en los amos (incluso en sí mismo, que se consideraba una persona bastante vanidosa).
No es que las conversaciones que también se filtraban en su habitación ayudaran con el asunto de la boda, o que tuviera cierta prisa, pero no podía permanecer en su habitación por siempre. Estando listo, al menos en apariencia, salió del cuarto. No iba hacia la conversación, pero en su camino a la planta baja cruzaba cerca del salón de música familiar.
Fue entonces que lo vio.
Por el cabello, que en ese momento se encontraba recogido en una trenza suelta con adornos intercalados entre las hebras, supo de quién se trataba.
—¿Te gusta la música? —cuestionó en tono amable, manteniéndose en el marco de la puerta.
No se sentía con el derecho de invadir el espacio personal contrario, sin embargo, quería creer que, siendo prometidos, tenía derecho a hablarle.
El hijo de los Viper, que hasta el momento había estado bastante distraído apreciando el instrumento, se giró hacia la voz que lo había sobresaltado. Para él tampoco fueron necesarias las presentaciones.
Los mismos ojos azulados, piel pálida y cabello platinado de la mujer que los recibió. Con la diferencia de una cantidad menor de años y una mirada que reflejaba cierta calidez. Aun diciéndose a sí mismo en un inicio que las apariencias no deberían importarle, su futuro esposo era realmente encantador a la vista.
Aunque los segundos de reflexión se sintieron eternos, se recordó a sí mismo que debía responder. Carraspeó en un inicio.
—Sí, pero me especializo más en canto y baile que en instrumentos —eran cosas gratuitas, algo más fáciles de pulir incluso en el trabajo.
—Debe ser así, tienes una voz agradable —Y, a su parecer, también bonita, pero evitaría hacer comentarios que resultasen incómodos.
—Gracias —un halago como ese parecía tener más peso cuando provenía de alguien con entrenamiento musical y quien, Jamil sospechaba, también tenía preparación en canto.
Ahora que se habían conocido, lo apropiado sería una pequeña charla para comenzar a dejar de ser desconocidos. Jamil se hizo a un costado, dejando un espacio libre en el banquillo a manera de invitación. Su prometido aceptó ese gesto, tomando el lugar.
—Supongo que es tuyo. ¿Tienes gusto por algún tipo de música en particular… Azul? —la última parte de la pregunta se hizo esperar un poco, había dudado sobre si pronunciar el nombre de su prometido.
A Azul le brindó cierto alivio que la conversación fuera por buen camino. Si Jamil hubiera contestado de forma más dura, dándole razón a la información que se le había otorgado sobre su carácter, se habría puesto de mal humor.
—Es mío. Me gusta todo lo que pueda tocarse en un piano —los gustos de Azul eran complicados de explicar. Si le gustaba, debía tocarlo, de no ser así, llegaba a ser un poco frustrante.
—Suena a que tienes tiempo practicando —tal vez incluso una vida, por la manera en que a esa familia parecía importarle la música y que ese instrumento no tuviera el típico ligero manto de polvo, muestra de su uso constante.
—Desde pequeño. ¿Tienes un tipo de música favorita, Jamil? —El regresar aquel gesto de llamar a la otra persona en la habitación por su nombre, sirvió para eliminar parte de la tensión en el ambiente.
—Creo que hasta el momento no. ¿Te importa si pido que toques algo? —sentía una gran curiosidad por ese talento. A su vez, todo el asunto de la música lo llevaba a cuestionarse si llevarían ese instrumento a donde vivirían juntos, aunque, ahora que lo pensaba, ¿dónde vivirían juntos? Sus padres no habían sacado el tema.
—¿Mhn? Por supuesto —Ashengrotto pasó su mano por sobre las teclas, acariciándolas, pero sin provocar algún sonido aún.
Se mostró un tanto tímido ante la petición tan directa, pero a la vez, el interés le provocó cierto entusiasmo. Pensó un poco respecto a qué melodía tocar, antes de iniciar con una melodía triste y melancólica, pero bastante hermosa. Una de sus favoritas.
Los ojos de Jamil, antes centrados en el rostro de su acompañante, se terminaron desviando hacía sus manos. Sus dedos recorrían el camino con la maestría de quien había repetido la misma acción cientos de veces, pero la dedicación de alguien que aun después de ello, seguía amando cada parte del proceso. La imagen mental de una versión más joven de Azul practicando era tierna, pero a su vez, también le llevaba a preguntarse si la elección de melodía era un mensaje del Azul actual.
¿También estaba conflictuado por ese matrimonio? Algo en todo eso le decía que a Azul tampoco le habían dejado opinar mucho respecto a la boda.
Ese extraño sentimiento de estar en la misma situación forzada generaba una unión bastante irónica. El tono de la canción pasó a ser más alegre, casi anunciando el final y el moreno se sintió con mayor confianza para acercarse más a su prometido. Los halagos que iba a hacer respecto a la interpretación de Ashengrotto o el final de ésta se vieron interrumpidos cuando una preadolescente abrió la puerta de golpe.
—¡Jaaaaamil! Mamá te está buscando, dice que debe arreglar algunas cosas mientras el minis… —la pequeña en vestido morado interrumpió su discurso. Algo le decía que su llegada había sido un obstáculo para algo más— Oh.
Ninguno de los dos se tomó mal aquella interrupción, que anunciaba el acercamiento al momento de su unión. Esa pequeña charla había aligerado ambas mentes tensas y encendido una chispa de interés mutuo, respecto a sus futuros cónyuges.
—Ya es la hora —mencionó Azul, mas para sí mismo que para su acompañante. Se giró hacía Jamil, ofreciéndole su mano—. ¿Nos vamos?
Viper no dijo nada más, pero tomó la mano contraria, estrechándola suavemente. El gesto de Azul parecía una muestra de apoyo, lo que pasaría más adelante sería un asunto entre los dos, algo en lo que estaba dispuesto a cooperar y en lo que Jamil también pondría de su parte.
Con esa unión establecida entre ambos es que se dirigieron a la habitación de los preparativos.
