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- El momento de la verdad. La vida de una persona va a cambiar por completo.- Dice el castaño mientras mira sus cartas en la mano con una sonrisa de oreja a oreja, específicamente cartas de póker en el contexto de una apuesta, en un juego que le ha llevado unas cuentas horas: ¿la razón? El premio es gigante y claramente no se va a retirar por nada en el mundo. Aparte de unos quinientos dólares, están en juego tres pasajes de clase baja para la atracción más aclamada y famosa del año: el crucero RMS Titanic; de lo único que se habla en Londres de 1912 es de la mega inversión que se ha creado por los ingenieros navales Alexander Carlisle y Thomas Andrews, como algunos la llaman: “el objeto móvil más grande jamás creado”.
El deseo de embarcarse en el crucero proviene tanto de la clase alta, media y sorpresivamente baja, es una codicia que abarca todas las clases sociales y eso no lo ignora el gran Titanic: tiene entradas para cada una de ellas: los ricos, modestos y pobres. Por lo mismo es que Alastor no iba a dejar pasar una oportunidad como aquella: tres pasajes de clase baja para el Titanic, y los encontró nada más ni nada menos que un bar de mala muerte cerca del puerto de Souhampton (UK) una ciudad modesta (no tan grande como Londres) en donde zarparía el crucero, a pocas hora de que la embarcación comience su viaje. Específicamente faltan 45 minutos para que zarpe a tierras estadounidenses.
Alastor jugaba como si no hubiera un mañana, y la verdad para él, perder un premio como ese sí significaba que no habría más días para seguir viviendo. Husk y Niffty miraban en completo silencio y nerviosismo cómo se llevaba a cabo el juego, al fin y al cabo confiaban en su amigo para conseguir los tres pasajes (por nada en el mundo se estaban aprovechando, no no no).
(…)
- ¡Más rápido! ¡Corran o perderemos el barco! - Grita el castaño mientras se arregla sus anteojos que por la manera en que se encuentra corriendo casi salen disparadas. Lo único que lleva Alastor es su maleta con sus pertenencias y algunas mudas de ropa, además de su gorro/boina que va sosteniendo mientras corre lo más rápido que sus piernas puedan. No mira hacia atrás, solamente alienta a Husk y Niffty que se apresuren o sino perderán el Titanic. Así es, el castaño acaba de ganar la apuesta de póker y supo que desde ese momento su vida no iba a a ser la misma. Lo espera la ciudad de las oportunidades, Nueva York, y lo mejor es que no iba solo, sino con sus dos cómplices favoritos: el bartender Husk y la tejedora Niffty, quién sabe qué cosas pueden llegar a hacer esos tres en tierras americanas o peor aún, qué planes tendría Alastor allá.
- ¡Ya cállate, con toda esta gente es más difícil seguirte el paso! - Le responde Husk gritando con enojo y exasperación, mientras que Niffty a su lado reía de manera maniática, encantada con lo que estaba pasando. El puerto era un desastre de gente, no se podía caminar ni un paso sin que se chocara con otra persona, era un caos, parecía que toda Inglaterra se había despoblado por la gran atracción que es el Titanic, y así era: miles de personas se reunieron en donde iba a zarpar el barco más grande jamás creado y no solo estaba la gente que pretendía embarcar, sino que también los ojos curiosos no se iban a perder de la atracción.-¡ ALASTOR, PUEDES POR FAVOR CALMARTE! - Grita el bartender de mediana edad, afroamericano y con algunas canas asomándose en su cabello negro lo cual le daba un toque a su apariencia atractiva.-¡Aún nos quedan 15 minutos!- Dice el hombre al revisar su reloj en su muñeca.
- ¡Poco tiempo, mi querido Husker! - Le responde Alastor mirando hacia atrás unos milisegundos, volviendo su mirada hacia adelante para no perder el rumbo. Husk solamente gruñe por el apodo y por la negativa de su “jefe”. Sí, Alastor es el jefe de Husk por cosas del destino (malas apuestas) y amenazas del castaño así que no tiene otra opción más que acatar sus ordenes.- ¡Mira, ya veo la entrada a la clase baja!- Grita el de anteojos mirando con emoción las escaleras de madera que llevan hacia la entrada de la clase baja del Titanic.
Alastor se hacía paso hacia la escalera de madera con leves empujones a las personas que se congregaban alrededor, Husk y Niffty lo seguían de cerca. Una vez en la fila, los tres se acomodan sus ropas lo más prolijamente posible para dar una buena impresión, porque a pesar de que viajarían con la peor clase que cataloga el Titanic, eso no significa que deban llegar con la peor pinta, y para eso Alastor es un experto. El castaño nunca ha dejado las cosas al azar, y menos su vestimenta, él intenta a cada segundo tener una presentación aceptable y digna de un caballero, no por nada era nombrado como uno de los solteros más aclamados en su barrio porque además de tratar a las mujeres con delicadeza, se vestía como si cada día atendiera a las tertulias más famosas de la ciudad. Es un hombre que busca ser reconocido y sabe que con esta oportunidad que se le ha presentado ese objetivo está en la palma de su mano.
- Pasajes.- Dice el recepcionista de la entrada de clase baja al Titanic. Alastor entrega las tres y el recepcionista las marca con un plumón negro para indicar que están oficialmente a bordo del Titanic.- ¿Equipaje?- pregunta con aburrimiento.
- Solamente dos maletas.- Responde Alastor, las cuales corresponden a las de él y Niffty, Husk no tuvo tiempo de empacar todo solamente porque no confiaba en que el moreno ganaría la partida de póker. Una vez que el oficial las revisa, los deja pasar. Alastor toma una última mirada al puerto: era un día precioso para zarpar, lleno de gente gritando con alegría, algunos despidiendo a sus seres queridos y otros disfrutando de la vista que el gran barco entregaba. El castaño tomó un último aliento y, con una gran sonrisa en su rostro, se adentró al barco.
[…]
-¿Emocionado?
- Un poco.- Responde el joven con desgana.- dicen que el Titanic es la atracción más sorprendente que existirá ahora y en 50 años más… muero de ganas por verlo.- finaliza con un tono irónico.
Sera ríe bajito de una forma desanimada y mira hacia la ventana: estaban a minutos de llegar al puerto donde se encontraba el Titanic. Lucifer imita la acción, pero no con tanta alegría como le gustaría tener ahora mismo que iban a embarcarse al barco más famoso del mundo.
- Deja de ser un aguafiestas y compórtate Lucifer.- Se dice a sí mismo y acto seguido entrelaza sus dedos con los de Sera en un acto de darse ánimos tanto a él como a la mujer enfrente suyo.- No tengo dudas que será un viaje inolvidable, además el destino del barco es excitante, ¿Nueva York? ¿Puedes creerlo? Es literalmente cambiar todo lo que es Londres.- dice lo último con una sonrisa traviesa.
Sera deja de mirar a la ventana para enfocarse en Lucifer y luego en sus manos entrelazadas. Acepta el gesto y suspira con diversión.- ¿Lo dices por los modales? - pregunta con una mueca. Lucifer encorva los hombros.
- Probablemente.- Lucifer deshace la unión de sus manos.
- Solo espero que tengas en cuenta que este viaje, aparte de que sea recreativo.- Lucifer ríe bajito por la expresión.- también es para afianzar tu compromiso con Lilith, no lo olvides.- termina la frase Sera, con el ceño un poco fruncido y preocupado.
Serafín es la prima de Lucifer Morningstar y aquél joven de 27 años es el único heredero de la familia Morningstar, una de las familias más reconocidas y antiguas de Londres, con un prestigio que cualquiera querría tener en un ambiente tan competitivo como lo es la clase alta londinense. Sin embargo, los Morningstar, como toda familia con una reputación que proteger, no estaban en sus mejores momentos, todo por las pésimas inversiones que se han llevado a cabo con el capital de la familia; ahora solamente les queda el apellido como un recordatorio de lo que eran. Por lo mismo es que la madre de Lucifer no encontró otra solución que comprometerlo con la primera hija (de dos hermanas) de la familia Haynes: Lilith Haynes, los cuales están en el pináculo de la riqueza y prestigio en Londres. Su suerte no pudo ser mejor al considerar que Lucifer y Lilith siempre han tenido una relación más que amigos, desde que eran unos adolescentes, y eso ayudó que el compromiso no se vea tan “forzado”.
La cabeza de la familia Haynes, el padre de Lilith, no pudo haber estado más feliz con el arreglo matrimonial, después de todo él considera que Lucifer es “un ángel caído del cielo” por su belleza y modales que posee. Lucifer no está disgustado al respecto, de hecho no niega que tiene sentimientos por Lilith, pero él no los catalogaría como “enamoramiento”, sino como una atracción que ha experimentado desde que son adolescentes. No sabe muy bien qué pensar de ella luego de que se ausentara 7 años de su vida por los estudios universitarios que cursó en Harvard, Estados Unidos; él no tendría problema de ello si no fuera porque no le respondió absolutamente ninguna carta que él le envió, y ahora se verán luego de esos largos 7 años nada más ni nada menos que en el Titanic.
- Parece ser la excusa perfecta de Lilith para llevarme a conocer Estados Unidos.- Piensa Lucifer.- No Sera, no lo olvido. ¿Cómo podría olvidarlo si no me respondió ninguna carta en los 7 años que intenté comunicarme con ella?- Dice lo último con un poco de frustración.
- Luci…
- No me compadezcas, está bien. Probablemente tenía mejores cosas que hacer allá en vez de responder mis cartas. La verdad pueden llegar a ser aburridas, no la culpo.
- Como sea, ahora mismo la verás.- Sera alza una mano y la posa en la barbilla de Lucifer con delicadeza para que sus miradas se conecten.- y tendrán 2 semana enteras para llenar ese vacío de 7 años.- le sonríe en un gesto de apoyo.
- Aún no concibo el hecho de que pasemos 2 semanas bajo la mirada de nuestras familias, qué remedio.- Suspira Lucifer.
- Es verdad.- Sera baja la mano.- Pero quién sabe qué sorpresas nos depara el Titanic.
Finalmente, y con aviso de su chófer, llegan al esperado puerto de Southampton, específicamente a la zona de clase alta. Allí, las personas se distinguían de aquellas que se aglomeraban en la zona de clase baja, ya que solo se veían grandes equipajes, autos y vestimentas que dejaban en claro la clase social adinerada. Lucifer y Sera se bajan del auto mirando con asombro al buque, mientras que el chófer lleva sus equipajes (que eran bastantes) a la zona de embarque. Unos segundos después logran divisar a Lilith, su hermana y a una mujer con un gran sombrero en su cabeza, la cual le daba órdenes a su chófer que estaba esperando llevar sus equipajes. A Lucifer se le corta por unos segundos la respiración al ver a Lilith… está igual de hermosa que cuando decidió zarpar hacia tierras Norteamericanas, y nuevamente se encuentra en Inglaterra. Qué ironía volver a su país para zarpar nuevamente hacia Estados Unidos piensa a sí mismo Lucifer.
Lo primero que nota Lucifer es que Lilith está más alta de lo que ya era, lo cual afianza un poco más su inseguridad de la estatura, él no era muy alto que digamos, pero muchas veces su familia y el Sr. Haynes le restaban importancia a ello diciendo que la belleza que posee es más que suficiente o sino “serías perfecto muchacho, y nadie es perfecto en este mundo, jaja” como dice el Sr. Haynes. El cabello de Lilith es largo y sedoso, con un color rubio/castaño pero no tan amarillo como el de él. Piel blanquecina, ojos filosos de color castaño y una nariz perfilada que quedaban hermosos cuando se complementaban con sus labios finos. La mirada de Lilith pareciera que podría acabar con cualquier persona que se le interponga en su camino, y eso Lucifer siempre lo tomó en cuenta.
Sera y Lucifer se acercan con cautela. El primero en hablar es el joven rubio.
- Lilith.- Saluda, con una sonrisa sincera sintiendo su corazón bombear rápidamente pero no por amor, sino por nerviosismo y miedo al rechazo.- Al fin nos encontramos.
La mujer se da vuelta y admira a Lucifer. Se queda helada unos segundos y sonríe igualmente de manera cálida y afectuosa.- Lucifer, tanto tiempo.- La mujer se agacha un poco para abrazarlo, lo cual sorprende al joven. Su boca queda a la altura de sus oídos y le dice bajito.- Lamento mucho no haber entablado comunicación contigo, perdóname.
Wow
Qué rápido se resuelven las cosas para ella.
- Le he aclarado las cosas a tu madre, y espero también hacerlo contigo en la travesía.- Lilith se separa de Lucifer y le entrega una sonrisa débil con ánimos de resolver todo entre ellos. Lo único que captó la atención del rubio fue el hecho de que Lilith hablara con su madre ¿no se supone que ella está en Londres?
- Lilith.- Lucifer la ve con un poco de consternación y ve a Sera como buscando apoyo, a lo que su prima saluda a la castaña/rubia con formalidad; Lilith responde al saludo y continua su charla con el joven.- Entiendo que tendremos dos semanas para ponernos al tanto… pero ¿a qué te refieres con que ya hablaste con mi madre?
- ¡Sí! La invité al crucero.- Dice Lilith con alegría y se da la vuelta para llamar a la señora con el gran sombrero que estaba dándole órdenes al chofer.- ¡Señora Morningstar mire quién llegó!
La mujer se da vuelta, y también lo hace la hermana de Lilith, Eva, que estaba al lado de la mujer intentando darle más indicaciones al chofer y que tenga cuidado con los equipajes. La Sra. Morningstar, de unos 55 años de edad, sonríe inmediatamente y se acerca a pasos apresurados hacia su hijo. El chófer suspira con alivio y finalmente lleva los equipajes hacia el embarque.
- ¡Mi niño precioso! - Grita la mujer, acunando su rostro con sus manos y dándole un afectuoso abrazo.- Llegaron justo a tiempo, nosotras arribamos hace 5 minutos. ¿Habías visto tanta gente en un solo lugar? ¡Es sorprendente! Creo que Inglaterra se acaba de despoblar; tu padre ha pesando que es buena idea que los acompañe en este viaje, es imperdible. Además la hermosa Lilith me ha invitado.- Sonríe hacia la interpelada y ella le devuelve la sonrisa.- Obviamente no podía negarme, lo siento por no avisarte pero tú comprendes ¿cierto? - su madre le acaricia la mejilla.
- Sí madre… comprendo.- le responde Lucifer con resignación, siempre lo han pasado a llevar de esa manera, asumiendo que él siempre comprende y no es necesario preguntarle sobre asuntos que sí le conciernen en donde tiene voz y voto.
- Lo sé mi amor, siempre comprendes.- Su madre sonríe y concentra su atención en Sera.- Mi querida sobrina-. Dice y le da un abrazo afectuoso.- ¿Qué tal todo? - Sera y la Sra. Morningstar conversan afectuosamente y Eva toma la oportunidad para saludar a su futuro cuñado.
- Hola Lucifer, qué gusto me da verte.- Sonríe de manera sincera, al menos Lucifer agradece eso y le responde de la misma manera. Conversan un poco sobre el viaje desde Londres hacia Southampton y cómo es que el puerto de aquella ciudad está tan lleno. Lilith también se une a la conversación y empieza a entablar conversa con Lucifer como si no lo hubiera ignorado 7 largos años. A Lucifer le urge decirle algo o al menos reclamarle su actitud, pero en palabras de la misma Lilith tienen dos semanas para resolver todo ese asunto y ella parece estar muy normal con toda la situación. El joven le da una mirada a Sera y esta le responde la mirada, como intentando evitar las conversaciones de su madre, el chico ríe bajito.
Luego de las introducciones todos se dirigen hacia la escalera de hierro (nada que ver a la de madera de clase baja) en donde es el embarque hacia el Titanic. Una vez del chequeo que realiza el recepcionista y hayan entrado la Sra. Morningstar, Sera, Eva y Lilith, Lucifer mira hacia el puerto una vez más: la gente gritando, celebrando y asombrada por el barco más grande del mundo. Respira hondo y con un semblante pensativo entra al Titanic.
