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Más allá del negro

Summary:

Stanley proviene de una larga línea de cazadores de vampiros, un día, recibe las súplicas de aldeanos que se encontraban aterrorizados del vampiro de la mansión Wingfield. Stanley, quien nunca ignora un trabajo, decide visitar personalmente la mansión y conocer a esta criatura, llevándose una gran impresión en su encuentro.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Primera impresión

Chapter Text

 

 

La llegada de la noche también indicaba el inicio de su llamada “jornada laboral”. Era el momento en el que el sol se ocultaba cuando diversos tipos de criaturas salían de su escondite y asechaban a la población, ya sea para alimentarse de ella o por simple diversión.

La familia Snyder pertenecía a una larga línea de cazadores de vampiros, quienes, si bien podían aniquilar a distintos tipos de criaturas, siempre se habían especializado en la caza de vampiros. Los pobladores, estando al tanto del rubro de la familia, siempre que sentían la amenaza inminente de una de estas criaturas, recurrían a los Snyder para que se encargaran de ello. Tras sufrir la pérdida de las anteriores cabezas de la familia, el nuevo líder, Stanley, era ahora quien lidiaba con las solicitudes desesperadas de la gente para liberarse de lo que ellos llamaban “monstruos chupasangre”.

Era durante el día cuando se encargaba de realizar sus rondas por los pueblos aledaños en busca de solicitudes de caza, siendo en uno de estos recorridos cuando un pequeño grupo de personas se le acercó.

“¡Señor Snyder! ¡Por dios, lo estábamos esperando!”

“¡Necesitamos su ayuda! ¡No podemos seguir viviendo así!”

“¿Cuál es el trabajo?” contesta desinteresado mientras fuma un cigarrillo.

“Ese monstruo… ¡el vampiro de la mansión Wingfield! ¡Necesitamos que se encargué de él lo más rápido posible!”

“¿Qué es lo que hizo?” Si bien en su rubro debía eliminar a cualquier tipo de vampiro, dependiendo de su nivel de peligrosidad era la rapidez con la llevaría a cabo el trabajo.

“¡Nos tiene a todos aterrados! ¡Esta última semana la mitad de los pollos de la granja de Tom han amanecido muertos! ¡Al acercarse a sus cuerpos se ve que ya no tienen sangre! ¡Como si alguien se las hubiera drenado toda!”

“No quiero mirar en menos la situación, pero…aquello que los tiene atemorizados y por lo que ya no pueden vivir, ¿es debido a unos pollos muertos?”

“¡No son solo unos pollos, señor!” Rápidamente interviene otro de los aldeanos “También hay relatos de pueblos vecinos en los que también comenzaron con las muertes misteriosas de sus animales para que luego, al poco tiempo, ¡pasara lo mismo con las personas! ¡¡Cuerpos humanos sin sangre!!...En nuestro pueblo aún no ocurre, pero en las noches hay avistamientos de extrañas sombras que siguen a los aldeanos que se atreven a caminar solos… ¡y todo esto acompañado de una aterradora risa maníaca!”

La historia más bien le parecía una especie de cuento de terror que se utilizaba para asustar a los niños y que de alguna forma se extendió entre los adultos. Debido a que nunca rechazaba un trabajo, optó por darles el beneficio de la duda y continuar indagando más sobre este caso.

“Y bien… ¿tienen alguna idea de su apariencia? Mencionaron algo sobre la mansión Wingfield”

“¡Si señor! Aunque es cierto que en nuestro pueblo no ha habido víctimas humanas, las personas a las que se les ha acercado y han logrado ver su sombra nos han entregado algunas descripciones…al parecer se trataría de una criatura de más de 2 metros, ¡¡con unos cuernos que sobresalen desde su cabeza y garras afiladas!! ¡¡Oh!! ¡Y también parece tener un aliento gélido, por lo que todo lo que se le acerca se congela!

“Mire, ¡incluso le hicimos un boceto basado en cada uno de los detalles que nos han entregado, obsérvelo por favor!”

Al tomar el boceto en sus manos, más le parecía que el personaje del dibujo era el villano de un cuento infantil. Tenía ojos enormes y negros, garras puntiagudas, unos cuernos que le hacían parecerse más a lucifer en lugar de un vampiro, todo esto acompañado de una cola larga y delgada.

“Así que este es nuestro vampiro…” Decía mientras intentaba ocultar la ridiculez que le parecía todo esto. En su experiencia, los vampiros usualmente podían ser fácilmente confundidos por un humano normal, salvo por algunas peculiaridades como los colmillos afilados y las orejas levemente puntiagudas. En algunos casos, los más longevos o que padecían de alguna maldición, podían llegar a mostrar un aspecto más excéntrico dependiendo de las fases de la luna, pero esos eran escasos y que ni por asomo se asemejaban al personaje que le describían.

“Entendemos que usted es muy solicitado para estos casos y que es posible no pueda atendernos a la brevedad, pero…” el primero de los aldeanos que se acercó a él para hablar, sacó del bolsillo de su pantalón un pequeño saco con monedas “créanos cuando le decimos que estamos desesperados, además, si nos ayuda ahora, no será mal recompensado” procede a abrir el saco y en su interior se logra apreciar el brillo de las monedas de oro.

El sentido del deber que había forjado a lo largo de su vida, junto con sus ansias de dinero, lo vieron obligado a aceptar este absurdo encargo, siendo por ello el motivo por el cual se encontraba a medianoche en frente de la rumoreada mansión de los Wingfield. La mansión, tal y como cabe de esperar, era una construcción de gran tamaño, con un diseño que se asemejaba más a la apariencia de un castillo abandonado, de color negro y sin ni una sola luz en su interior que pudiera indicar que dentro existía vida humana.

Sin querer perder más tiempo, procede a acercarse y dirigirse hacia la enorme puerta de entrada, la cual contaba con una albada de bronce. Al sostener con una de sus manos la argolla, da un leve empujón a la puerta y esta se abre lentamente.
Lo primero que nota es que sus ojos son absorbidos por un gran manto de oscuridad, siendo incapaz incluso de ver sus propias manos, tampoco se escuchaban ruidos, tal pareciera que el lugar estaba en total abandono. Al cabo de unos pocos minutos, sus ojos comienzan a acostumbrarse a la oscuridad, percatándose del lugar en donde se encontraba, vislumbrando lo que parecía ser una gran escalera que tenía en frente.

Debido a lo habituado que estaba a realizar su trabajo en las noches, el estar en la oscuridad no suponía una desventaja para él, pero de todos modos se mantenía alerta ante cualquier eventualidad. Continúa caminando unos pasos, encaminándose en dirección hacia la derecha, lo que parecía conducirlo a un gran salón. Antes de que continuara con su recorrido, nota una especie de bulto en el suelo, a pocos pasos de donde se encontraba. Con una de sus manos sosteniendo el arma que cargaba en el bolsillo del pantalón, se acerca sigilosamente, atento ante el más mínimo movimiento. La figura en el suelo se encontraba quieta, sin darle signos de que se trataba de algo peligroso, pero de todos modos prefirió actuar con precaución. De un segundo a otro, la inerte figura se mueve y emite lo que parecen ser leves quejidos.

Lo que hace unos segundos parecía no ser otra cosa que un extraño bulto sin vida, ahora se estaba moviendo y realizando susurros indescifrables. Intrigado por la escena que estaba presenciando, y sin dejar de sostener su arma, se agacha para quedar cerca de la altura del bulto, el cual, viéndolo más de cerca, ya no era un bulto, sino que se apreciaba la forma de una persona.

“Oye… ¿Estás bien?” Se atreve a preguntar, más por curiosidad que por preocupación.

“Hmm…aún no es suficiente…glucosa…oxígeno…agua en un 90%...”

No entendía nada de lo que la persona decía, pero por su voz, podía asumir que se trataba de un hombre. Sin querer permanecer por más tiempo agachado, decide tomar por el brazo a la persona para ayudarlo a levantarse “No entiendo lo que dices, pero primero ponte en pie”.

“Déjame en paz” decía el otro con total desgana, como si todo el cuerpo le pesara. Con algo de molestia, desvía su mirada y logra notar a poca distancia la figura de lo que parecía ser un farol. Se pone en pie, toma el farol con sus manos y con ayuda del cigarrillo que llevaba en su boca es que logra prenderlo, creando una fuente de luz en medio de la oscuridad.
Se acerca con el farol hacia el lugar en el que se encontraba recostado el hombre, y es allí cuando logra notar ciertos detalles. Lo primero que nota son las orejas levemente puntiagudas del hombre, además, debido a que constantemente estaba murmurando, podía ver su boca abrirse y ver unos colmillos, los que no eran grandes ni sobresalían, pero aun así eran más notables que los de un ser humano normal, lo que le confirmaba su sospecha respecto a la identidad del hombre.

Podría aprovechar la oportunidad y deshacerse del vampiro al instante, tomando ventaja del estado en el que se encontraba, pero, por otro lado, su código moral no le permitía obtener una victoria cuando el otro bando ni siquiera estaba en posición para defenderse, siendo por ello que pensó una idea que para cualquiera sonaría descabellada.

“Oye…” Comienza a arremangarse la camisa de uno de sus brazos para dejarlo al descubierto “Es esto lo que quieres, ¿no? Por eso estás en esta posición tan débil”.

Abriendo los ojos con cuidado, el vampiro comenta “Oh~ así que eres un estúpido, ofreciéndome tu propia carne, ¿acaso no le temes a lo que te podría pasar? ¿A lo que podría hacerte?”

“Ya lo veremos, por ahora, en el estado en que te encuentras no eres capaz de dañar a nadie” Acerca aún más su brazo al rostro del vampiro.

“Bueno, si tú lo dices” dice, mientras lleva su boca al brazo del otro.

A vista de cualquiera, la escena podría considerarse como un acto noble o de estupidez, pero se encontraba completamente alerta, sosteniendo firmemente el arma con su otra mano, preparado para dispararle en la cabeza en el momento en que se volviera salvaje luego del primer contacto con su sangre.

En solo unos pocos segundos, el vampiro termino de alimentarse y se alejó del brazo.

“Gracias por la comida” comentó, haciendo un gesto de limpiarse la boca con su mano.

“¿Eh, eso era todo?” Sorprendido ante lo breve de la alimentación del vampiro, además de que en ningún momento perdió la cordura ni se volvió salvaje.

“Si, eso es suficiente, ya estoy satisfecho “responde, poniéndose de pie con energía, como si el hecho de estar desmayado en el piso hace unos pocos minutos nunca hubiera pasado.

Siguiendo el ejemplo del otro, también se pone de pie, mostrando muchas dudas en su rostro “No entiendo… ¿acaso la sangre sabe mal?”

“¿Hm?  No es eso, a pesar del olor a gas venenoso que desprendes, tu sangre sabe bastante bien, siéntete orgulloso por ello”

“¿Entonces…?”

“Pues…es solo…que ya no puedo comer más”

Se encontraba de pie, en frente de este temible vampiro, el cual era descrito como una criatura de dos metros con semejanza a lucifer, pero lo que encontró era un vampiro con un estómago diminuto. Ahora que había algo de luz y ambos estaban de pie es que podía observar mejor al otro. El vampiro no media dos metros, era alto, quizá unos pocos centímetros por debajo de él, de constitución delgada, llevando puesto un largo abrigo negro ajustado que acentuaba su figura. Hasta el momento lo más extravagante de su apariencia era su peinado y una extraña cicatriz en su frente.

“Y bien, poniéndonos serios…un humano como tu en mi castillo, estás aquí para matarme, ¿no?” el vampiro le muestra una sonrisa arrogante, pero con seriedad en su mirada. “¿Pero lo que no entiendo es… ¿por qué me ayudaste? ¿Ansiabas el dolor de ser mordido? Si es así, no se si llamarte psicópata o pervertido”

“Digamos que tengo mi propio juicio al momento de decidir si debo matar o no, supongo que no quería que murieras de hambre antes de descubrir mi veredicto”

“Oh, interesante razonamiento, creo que podríamos llevarnos muy bien” la sonrisa que le dedicó en esta ocasión mostraba levemente sus colmillos “Bueno, si aún no has tomado una decisión, puedes tomarte tu tiempo” se da media vuelta y comienza a alejarse en dirección hacia la escalera.

Con la espalda del vampiro a su vista, era su oportunidad perfecta para cumplir su misión y deshacerse de él, sin embargo, se encontraba siguiéndolo en dirección que desconocía, subiendo por las escaleras mientras sostenía el pequeño farol en su mano. Al llegar al segundo piso, el vampiro lo condujo hacia un largo pasillo, deteniéndose en la última puerta.

“¿Estás preparado para lo que verás?” le dice el vampiro.

Con sus sentidos en máxima alerta, nuevamente lleva una de sus manos hacia su arma, preparado para enfrentarse a cualquier amenaza.

Una vez abierta la puerta, lo que se encontró no era una carnicería ni una escena del crimen como esperaba, sino más bien una habitación compuesta de muchos elementos que desconocía, como frascos de vidrio de diferentes formas y tamaños, algunos de ellos con líquidos de diferentes colores, también creía oír el sonido de lo que parecía ser una máquina.

“Bienvenido a mi laboratorio, señor Snyder”

“¿Sabes quién soy?” Lo mira con seriedad ya que nunca le mencionó su identidad.

“Eres un humano armado con la suficiente valentía para entrar en la guarida de un vampiro temido como yo, la mayoría de las personas simplemente me evitan, mientras que los más tontos que se atreven a merodear mi castillo, terminan huyendo luego de escucharme reír”.

“Entonces los rumores de su risa maníaca eran ciertos” pensaba mientras recordaba los relatos de los aldeanos.

“Pero tu caso es diferente, el solo hecho de verte me hace dar cuenta de que debes tener experiencia cazando, incluso, pudiendo pertenecer a una larga línea de cazadores de vampiros, y entre ellos, los más conocidos y respetados desde hace cientos de años, son los Snyder”

Nada de lo que el otro decía era mentira, y era por ello por lo que cada cosa que salía de su boca lo hacía sentir algo expuesto.

“Bueno, volviendo a lo importante…” da unos cuantos pasos más dentro de la habitación que él llamaba laboratorio “¿Qué te parece este lugar?”

“¿Hm? Pues más allá de los extraños elementos que hay aquí…parece una habitación normal” no negaría que todo el espacio emanaba una sensación de rareza, pero aún así, no lo consideraba un peligro o algo de lo que debiese estar alerta.

“Oh, entiendo, tal parece que este lugar es demasiado avanzado para la mente de los aldeanos corrientes, pero no te preocupes, con gusto te daré una clase detallada sobre todo lo que compone este lugar”

“No es necesario”. A pesar de sus palabras, el otro pareció ignorarlo. Siendo fiel a sus palabras, el vampiro procedió a dar un largo discurso sobre la historia de loque el llamaba “ciencia”, nombrando distintos tipos de autores, inventos y compuestos cuyos nombres no se molestaría en recordar. Sin parecer ser consciente de ello, el vampiro se pone en marcha, saliendo de la habitación, dando un recorrido por la inmensidad del castillo, todo esto sin dejar de hablar ni un segundo.

Podía notar como se iluminaba el rostro del otro mientras hablaba. Sus ojos, que eran de un color negro intenso, ahora parecían mostrar cierto brillo.  Aquella criatura horrenda y fea que le era descrita por los aldeanos ahora más bien parecía un joven normal, diría incluso que no consideraba para nada fea su apariencia, sino todo lo contrario.

Mientras tanto, el vampiro se encontraba absorto en su monólogo, viéndose incapaz de detenerse, después de todo, era la primera vez que podía hablar con alguien tan abiertamente sobre todos sus descubrimientos, el sentimiento que lo embargaba era de una increíble satisfacción.
De pronto, es interrumpido por el cazador, quien le muestra una mirada que parecía albergar confusión.

“Me das la espalda y de la nada comienzas a caminar y parlotear sin parar, dime, ¿tanta confianza tienes en que no te mataré?”

“Señor Snyder, si quisiera matarme, supongo que ya lo hubiera hecho” responde dedicándole una tenue sonrisa. Ates de disponerse a continuar con su caminata, es interrumpido por el otro.

“Stanley”

“¿Hm?”

“Ese es mi nombre”

“Oh…Stanley…Stan…lo recordaré” con algo de recelo, decide también compartir su nombre. “Me imagino que al igual que todos en la aldea, ya conoces mi apellido” hace una leve pausa “Xeno Houston Wingfield” menciona levantando la cabeza y sonriendo con suficiencia, para luego nuevamente voltearse y continuar con su recorrido por el castillo.

 

La noche se había tornado de un matiz intrigante, con resultados fuera de lo común de sus habituales cacerías. Si bien había decidido no matar a Xeno aún, lo mantendría bajo vigilancia para asegurarse si su existencia era un peligro para el resto de la población y además que tan verídicos eran todos los rumores que existían a su alrededor. Para ello, es que llega a la conclusión de que la mejor manera de mantener a Xeno vigilado, era que el mismo continuara visitándolo a su castillo por las noches.