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Era una tarde lluviosa en Nueva York
Josephine, mejor conocida como Jo, tenia libros y papeles rodeándola en la parte del loft que compartía con Amy tras la ruptura tortuosa entre ésta y Theodore en Amsterdam.
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas, creando un ambiente propicio para la reflexión.
Josephine observaba el cuadro de Amy. Un paraíso si era visto de frente, pero si la dejabas la cabeza te encontrabas con el pandemonium. Así como la joven fue deslumbrada por Europa y la galantería de Teddy para después ser decepcionada por el elitismo y el hedonismo de quién todavía envía cartas a quien fue su persona más preciada por seis meses celestiales.
Amy pensó mucho tiempo en su primer hombre y Jo también; era inevitable hacerlo cuando ella ya vislumbraba a Amy casada con el joven, tal y como Margaret lo estaba con John, pese al descontento de la rubia por la vida tan lejana a su castillo de fantasía de sus años de infancia.
Jo suspiró. Ella era consciente que siempre había sido considerada una rebelde en su familia.
Su espíritu independiente y su pasión por « algo» más que la belleza efímera la distinguieron rápidamente de sus hermanas.
Sin embargo, ella no fue quien tuvo el valor de tratar de vivir de su arte o de cruzar un continente para ir más allá de las técnicas aprendidas mediante correo.
Josephine se estiró en aquel momento de soledad, mientras la olla transformaba un poco de carne y verduras en un supuesto manjar.
“A veces creo que la sociedad espera que sea alguien que no soy” La mujer expresó en voz alta, con el eco como su único interlocutor en aquel lugar que fue una fábrica de pinturas o, mejor dicho, pigmentos, porque pinturas eran los cuadros de Amy en los que ella podía quedar inmersa por días hasta conseguir que la imagen mental se plasmara en los lienzos de la mejor calidad que Theodore aún enviaba en búsqueda de una oportunidad con aquella a quien no sólo le rompió el corazón, si no — pero aún— el orgullo.
“ Debo fijarme en los hombres, casarme y vivir para siempre en mi cajón de esposa perfecta, ¿ Y eso es todo para mí?, ¿ Para nosotras las mujeres?” Jo continuó recitando su monólogo mental que la atormentaba desde años atrás.
“¿ Y si eso no es lo que quiero? ¿ Que pasaría si mi felicidad no estuviese en líneas cuadradas y vives graves?” Ella se atrevió a preguntarse por primera vez mientras sus manos recogían un vestido pomposo de Amy y ella estornudaba por la mezcla de esencias en el perfume de su hermana que antes parecía tan diferente a ella con sus ridículas cintas en la nariz y su obsesión con recordar la diferencia entre doscientas bases de fragancias.
No obstante, así como su madre murió y todo cambió; ellas también lo hicieron y justo antes de la partida de Amy a Europa, Josephine se encontró robando un poco de whisky con la rubia y riendo acerca de fantasías artísticas que se marchitaron por la falta de disciplina de la escritora. Compartieron risas al saber que Marmee se sentía demasiada vieja como para desarrollar una pasión más allá de fingir en la cama con su marido perfecto; su accesorio de una vida modesta.
Por supuesto, también hubo lágrimas y suposiciones acerca de qué hubiese sido de Elizabeth, quien murió demasiado vieja para contraer nupcias y demasiado joven para haber dejado su amado piano. ¡ Estúpidos doble estándares de la sociedad! Una niña con el corazón de oro no alcanzó a vivir, pero era etiquetada como una avecilla defectuosa en la mente de los que jamás la conocieron ni la vieron tejer con el don de Aracne
Risas, lágrimas y luego vinieron los roces tímidos que Amy propició; roces de labios y de manos por debajo de las faldas.
Entonces entre conversaciones y confesiones, fue tejiendose una conexión profunda que iba más allá de la simple fraternidad. Las risas que compartían, las confidencias en la noche y los abrazos que parecían durar una eternidad se apoderaron de su mente.
Y Josephine dejó bor a Amy a pesar de que guardó su fotografías en un camafeo en el wie todos creían que llevaba la última fotografía con Theodore, su gran amigo de labios rectos y no suaves como los de Amy.
Y ahí ella dedicó libreta tras libreta a lo que dijo que era una novela y no la búsqueda de una simple respuesta a las preguntas:
. ¿Podría ser posible que su amor por ella fuese más que fraternal? ¿Podría encontrar la felicidad a su lado, en lugar de buscarla en un hombre?"
Jo cerró los ojos, imaginando una vida en la que caminara de la mano de Amy, donde las expectativas sociales no gobernaran sus corazones.
Una vida llena de aventuras, risas y un amor que, aunque diferente, era igual de válido.
El sonido de la puerta la sacó de sus pensamientos.
Amy entró, con su cabello rubio brillante y sus ojos chispeantes.
—¡ Más te vale no haber quemado la olla de carne, es nuestra comida de esta semana— Amy arrugó la nariz con dramatismo y fue a revisar la comida y a recuperar su vestido, porque era mejor que Jo la tuviese a ella en brazos que a una prenda cualquiera.
Jo dudó al sentir el peso de Amy en su regazo y el nudo en su estómago se estrechó. ¿ Ella debería compartir sus reflexiones?
Supuso que no, porque Amy la miraba con ese aire de sabionda que la hacia tan insoportable y es que Pero la verdad es más poderosa que cualquier miedo.
A veces, siento que todo lo que anhelo está aquí, contigo. ¿Es raro pensar así?" Josephine se extrañó de escuchar su voz tan vulnerable, tan álgida por los labios de Amy recorriendo su rostro
"No es raro, Jo. El amor es amor, sin importar la forma que tome. Siempre he sentido que nuestra conexión es especial. Quizás deberíamos explorar eso."
Jo sintió que su corazón latía con fuerza. La idea de un amor entre hermanas era tabú, pero en ese momento, sentía que era la única opción que realmente resonaba con su ser. En lugar de enfrentar la vida con la presión de un matrimonio convencional, soñaba con una vida donde pudiera ser completamente ella misma, junto a la persona que más amaba.
—Entonces, ¿por qué no lo intentamos?— Jo dijo con dijo con su voz llena de esperanza— Podríamos empezar aquí en Nueva York, jamás regresar allá donde todas morimos con Beth y crear nuestro propio camino, una vida a la que nosotras podamos dar forma."
Amy tomó la mano de Jo con delicadeza, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y emoción para decir:
—Me encantaría, Jo. Solo tú y yo, construyendo nuestro propio destino—.
Y así, en esa habitación iluminada por la tenue luz de la tarde, dos almas se encontraron en un nuevo camino.
Un amor inesperado, que desafiaba las normas, pero que prometía ser auténtico y verdadero.
En un mundo donde tantas mujeres se sentían atrapadas, Jo y Amy decidieron ser libres, eligiéndose una a la otra.
La lluvia siguió cayendo, pero dentro de la habitación, un nuevo amor florecía, lleno de esperanza y de sueños compartidos.
El futuro era incierto, pero juntas, estaban listas para enfrentarlo.
