Work Text:
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, la historia si :).
Todo comenzó de forma sencilla: una asignación del taller de teatro. Matsuda y Lawliet, dos estudiantes de diferentes personalidades fueron emparejados para interpretar a una pareja gay en una obra que exploraba el amor y la aceptación en un mundo que a menudo no los entendía. Al principio, Matsuda lo tomó como un trabajo más, un requisito académico que cumplir. Lawliet, por otro lado, parecía tomárselo con una seriedad inquietante.
Los ensayos comenzaron de manera incómoda. Matsuda, nervioso y sin experiencia en el teatro, a menudo olvidaba sus líneas o reaccionaba de forma exagerada en las escenas más intensas.
Lawliet, en cambio, se movía con una seguridad que intimidaba, era otro arriba del escenario. Pero había algo en su forma de mirar a Matsuda durante los ensayos: no era sólo profesionalismo, era intensidad, una especie de interés que el japonés no lograba descifrar.
—Deberías relajarte más —le sugirió Lawliet una tarde, después de un ensayo particularmente desastroso.
—Bueno... Nunca he estado en una relación así. Es difícil actuar algo que no tiene nada que ver con uno mismo.
Ese comentario pareció encender una chispa en Lawliet. A partir de entonces, comenzó a introducir improvisaciones en los ensayos.
Escenas que no estaban en el guión pero que, según él servían para "inspiración". A veces tomaba la mano de Matsuda sin previo aviso, otras se acercaba lo suficiente como para que sus rostros casi se tocaran.
—Esto es para ayudarte a entrar en el personaje —decía con su típica voz monótona, aunque Matsuda juraba ver una ligera sonrisa en sus labios.
Al principio, Matsuda se sintió incómodo, pero con el tiempo comenzó a acostumbrarse a la cercanía de Lawliet. Había algo en esos momentos improvisados que lo hacía sentir vivo, como si las emociones actuadas fueran reales.
Fue en uno de esos ensayos cuando Matsuda comenzó a cuestionarse. Mientras Lawliet recitaba una línea romántica, mirándolo directamente a los ojos, sintió algo que nunca había sentido antes. Su corazón latía más rápido, su piel se erizaba, y su mente se llenaba de preguntas. ¿Por qué Lawliet lo hacía sentir así? ¿Por qué no había sentido lo mismo con ninguna de las chicas con las que había salido?
Esa noche, mientras estaba acostado en su cama, los pensamientos seguían girando en su cabeza. No era el personaje el que reaccionaba a Lawliet; era él. Fue entonces cuando lo comprendió: su falta de conexión con las mujeres no era por falta de interés romántico, sino porque no eran lo que realmente deseaba.
Los ensayos continuaron sin embargo Matsuda ya no podía verlo como un simple trabajo. Cada gesto, cada palabra de Lawliet parecía cargada de significado. Y lo que más lo confundía era que Lawliet también parecía disfrutar esos momentos, incluso cuando no estaban frente a los demás.
Finalmente, llegó el día de la presentación. La escena culminante requería un beso entre sus personajes. Matsuda pensó que estaría nervioso, pero cuando llegó el momento, todo lo que sintió fue una extraña tranquilidad. Cuando sus labios se encontraron por primera vez frente al público, la realidad y la ficción se fragmentaron. Después de la obra, mientras los compañeros los felicitaban, Lawliet lo tomó del brazo y lo apartó.
—No fue solo actuación, ¿verdad?—preguntó, sus ojos fijos en los de Matsuda.
Matsuda tragó saliva, sintiendo su corazón en la garganta. En ese rato no le dió una respuesta ya que todo era confuso.
Y así lo que comenzó como una simple asignación de clase se convirtió en el inicio de algo real, algo que ninguno de los dos había esperado encontrar. Ahora, mientras se besaban por segunda vez, lejos del escenario y del guión, Matsuda entendió que esta vez no había personajes, no había libreto. Era él, era Lawliet y era verdad.
Pasaron meses para que todo fuera a otro rumbo después de tiempo de convivencia.
Matsuda no entendía el repentino comportamiento de Ryuzaki. Apenas salieron de clases cuando lo tomó del brazo con firmeza, pidiéndole que lo siguiera, el británico lo iba guiando por los pasillos de la facultad de ingeniería sin decir una sola palabra. Intrigado, Matsuda solo se limitó a seguirlo, aunque su corazón comenzó a latir más rápido al notar que se dirigían a los baños.
—¿Qué estás haciendo? — Cuestionó sin recibir respuesta.
Cuando entraron al baño, Ryuzaki procuraba a qué estuvieran completamente solos por lo que procedió a cerrar con seguro la puerta principal. Después acorraló a Matsuda contra la pared para luego besarlo.
El beso fue torpe, suave, lleno de una emoción contenida de la cual el chico no esperaba. Estaba tan sorprendido que no reaccionó y cuando Ryuzaki se apartó, sus ojos mostraban vergüenza.
—Lo siento. Debí preguntar primero si te gustan los hombres— Aunque su voz sonaba tranquila, revelaba cierta inseguridad. Bajó la mirada antes de añadir. — Creo que malinterprete las cosas.
Matsuda estuvo en un breve silencio procesando lo que había sucedido por lo que reaccionó por las palabras del británico.
—¿Esto es de verdad? — Cuestionó finalmente llevándose los dedos hacia los labios aún teniendo el sabor dulce del beso.
Lawliet lo miró con seriedad.
—Pensé que era obvio. — El silencio se alargó por un momento hasta que Matsuda volvió a hablar.
—Entonces hazlo de nuevo. — Sin dudarlo, L Lawliet o Ryuzaki se acercó de nuevo solo que esa vez posando sus manos sobre las mejillas del semi japonés.
El beso fue distinto, más profundo, más decidido y esta vez correspondido.
—Tardaste en notarlo. — Susurró Lawliet cuando se separaron. Matsuda se permitió una sonrisa.
—Bueno, tus bromas no ayudan. Me hacían pensar lo contrario. — Por fin tenía la oportunidad de decir lo que sentía.
— Solo quería tu atención, fui un idiota después de todo.— Fue sincero por lo menos. — Tendré más cuidado con mis acciones y palabras.
Matsuda incluso tenía miedo de que igual ese momento fuera una broma. Y es que no sabía qué decir o hacer, la verdad es que de un tiempo él notaba que el chico de ojos grises le coqueteaba de cierto modo pero Ryuzaki era quien mataba las ilusiones o eso parecía.
Era como si disfrutara jugar con su mente.
Antes de que pudieran decir algo más, un golpe en la puerta los sobresaltó.
—Oigan, se que están ahí ¡Necesito entrar!. —Gritó alguien del otro lado. Ambos cambiaron miradas de burla.
—Al abrir la puerta, corremos. — El semi japonés sonrió con complicidad y Lawliet asintió.
Cuando quitaron el seguro salieron disparados, dejaron atrás al desconocido sin mirar atrás. Ya antes de llegar al aula se detuvieron para recuperar el aliento.
— Mejor nos vemos en mi casa. — Dijo Matsuda.
—Será lo mejor, necesitamos privacidad. — Ryuzaki estaba de acuerdo con la sugerencia del otro.
Matsuda tomó la iniciativa está vez en besarlo una vez más. Quizás el lugar no era el ideal pero en ese momento nada más importaba.
Touta se sintió feliz por lo que solo emiti
ó un sonido de afirmación, asintiendo como era costumbre en su país.
