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El sol se ocultaba tras las montañas, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras. Era una tarde cualquiera en el pequeño pueblo donde Hikaru pasaba sus días, pero hoy era diferente.
Hoy, el aire estaba cargado de resentimiento y tristeza.
En su escritorio, una hoja de papel en blanco aguardaba la explosión de emociones que Hikaru estaba a punto de desatar.
Con la pluma en la mano, su mente se llenó de recuerdos de Yoshiki, su mejor amigo de la infancia,quien había decidido mudarse a Tokio para comenzar una nueva vida, dejando atrás no sólo el pueblo, sino también a él.
Por lo que la rabia crecía en su interior a medida que las palabras comenzaban a fluir.
Inútil Yoshiki,
Es curioso cómo un verano puede desvanecerse en un instante, como el último rayo de sol que se esconde detrás del horizonte.
Desde que te fuiste, este pueblo se siente más vacío que nunca.
No puedo evitar sentirme abandonado, como si todos los momentos que compartimos fueran solo un espejismo.
Te recuerdo prometiendo que siempre estarías a mi lado, que nuestros sueños se entrelazarían en este rincón del mundo. Pero, claro, eso era antes de que decidieras empacar tus cosas y marcharte a la ciudad, donde parece que encontraste algo mejor. O, más bien, a alguien mejor. ¿Quién es ese chico que te hace sonreír en fotos que llegan a mi vista, una y otra vez? No puedo evitar sentir un asco profundo al pensar que has encontrado felicidad a costa de dejarme atrás.
Te has convertido en un extraño, Yoshiki. El niño que juró que nunca me dejaría atrás se ha transformado en un hombre que busca un futuro en Tokio, lejos de mí, lejos de nuestro hogar.
¿Qué me queda ahora?
Este pueblo es un recordatorio constante de tu traición.
Cada rincón, cada árbol, cada canción que solíamos escuchar, ahora es un eco de la tristeza que me consume.
Te gustaría que entendiera, que estuviera feliz por ti.
Pero es difícil, muy difícil, cuando no puedo dejar de pensar en cómo me dejaste.
No se siente bien verte sonreír con alguien más, mientras mis propios días se oscurecen con la soledad que me has arrastrado a aceptar.
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Hikaru se detuvo un momento, sintiendo el peso de la pluma en su mano.
Sus ojos se llenaron de lágrimas que eran tanto de tristeza como de rabia.
Sin embargo, en su mente, había una parte de él que deseaba que Yoshiki supiera lo que realmente sentía. Con un suspiro, continuó escribiendo.
No quiero que pienses que estoy enojado porque no me elegiste.
Estoy enojado porque siento que nunca significamos lo que creímos.
Si realmente me hubieras amado, ¿cómo pudiste marcharte tan fácilmente? Quizás esta carta no cambiará nada, pero necesito que sepas lo que ha estado pasando en mi corazón.
Quizás algún día regreses, y cuando lo hagas, espero que encuentres a un Hikaru que no necesite de tu aprobación para seguir adelante.
Hasta entonces, seguiré atrapado en este pueblo, recordando el verano en que decidiste que un futuro en Tokio era más brillante que cualquier cosa que pudiéramos haber construido juntos.
Con rencor, Hikaru.
Con un último golpe de pluma, Hikaru dejó caer la hoja sobre la mesa, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza.
Él sabía que esta carta nunca llegaría a manos de Yoshiki y sus estúpidos lunares , pero al menos había puesto en palabras el dolor que había estado guardando.
Y a medida que la noche caía, él se preguntó si alguna vez podría dejar ir el pasado y si, en algún momento, podría volver a encontrar la luz en su propio verano.
