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Minho utilizó más fuerza de la que probablemente era necesaria para digitar los números del código de entrada en la puerta del departamento de Taemin. No podía controlar su molestia, lo había estado esperando tres horas enteras, el más joven ni siquiera se había dignado a responder sus llamadas o mensajes. Más le valía que tuviera una excusa decente, porque si no, iba a patearle el culo por dejarlo plantado.
No, no lo haría en realidad, aunque tuviera ganas. Porque también sabía que si existía la posibilidad de que Taemin lo hubiese dejado plantado por algo, existía dentro de esta la posibilidad de que fuera por una situación accidentada. Y pensar que quizás Taemin estaba accidentado lo hacía sentirse un poco menos enojado con él, pero igual de urgido por encontrarle y saber por qué rayos no se había aparecido en el centro comercial como lo acordado.
—¡Lee Taemin!— Bufó, casi tirando la puerta en lo que entraba al lugar. Sólo tuvo que rodear un corto pasillo para encontrarse en el área de estar, donde Taemin solía pasar sus tardes.
Y justo como era de esperar, Taemin se encontraba acurrucado en su sofá, control del televisor apretado entre su pecho y su mano, su mirada sin despegarse del televisor encendido.
—Hola hyung, pasa—. No volteó a ver a Minho, ni siquiera se inmutó por la manera agresiva en que el hombre había llegado. Simplemente le dio una bienvenida y continuó viendo su programa.
Minho maldijo para si mismo antes de poder decir algo. Irremediablemente, terminó maldiciendo en voz alta, acercándose un par de pasos a Taemin, hasta quedar en un mejor ángulo en el rango de visión de Taemin.
—Taemin…,— insistió. —Quedamos de vernos en el centro comercial.
Taemin frunció el ceño, luciendo un poco confundido con la noticia. Colocó en mute el televisor, buscando debajo de su cojín por su celular para revisar la hora.
—Oh, ya es tarde—. Comentó con sorpresa, también repasando rápidamente las notificaciones que le habían llegado. En su mayoría, si no es que todas, eran de Minho cuestionándole por qué se demoraba.
Minho volvió a maldecir, exhalando su frustración. Se talló el rostro con fuerza, dejando ir un poco del enfado. Al menos sabía que Taemin estaba bien, sólo estaba siendo demasiado Taemin, como siempre.
—Taemin, es más que tarde. Se supone que íbamos a comer en el centro comercial y comprar los muebles que me ayudaste a elegir. Después nos íbamos a pasar al gimnasio. Falté a mi sesión de entrenamiento, por esperar una señal tuya de vida.
Taemin soltó una pequeña risa, encontrando divertido el dramatismo de Minho.
—Minho, todavía puedes ir al gimnasio, no es tan tarde. De cualquier modo, siempre entrenas sin mi. No debiste esperarme—. Desestimó rápidamente, aprovechando que había dado por finalizado el tema para también volver a subir el volúmen del televisor.
Minho hizo un puchero, cruzándose de brazos. No estaba feliz, Taemin no se había disculpado, y acababa de desestimarlo. No se parecía en nada a la cita que había imaginado. Aunque debía también admitir, no le había informado a Taemin que pensaba de esta salida como una cita. Exhaló de nuevo, obligándose a soltar otro poco más de su enfado. Dio un paso más cerca, esperando volver a captar la atención de Taemin.
—¿Al menos puedo saber qué te entretuvo lo suficiente como para olvidar que íbamos a vernos?
Taemin suspiró, alzando un poco el rostro para señalar con su mentón el televisor. Entonces sonrió.
—Me topé sin querer con un maratón de un programa de faraones del antiguo Egipto. No pensaba ver más que uno o dos capítulos—. Señaló, sus ojos dirigiéndose hacia Minho por un momento, luciendo traviesos. —Pero tienen recreaciones de lo que están diciendo.
Minho alzó una ceja, preguntándose qué rayos significaba eso. Se giró un poco, dirigiendo su mirada al televisor, y entonces lo vio. Las recreaciones que Taemin había referenciado alegremente. En la pantalla había un hombre vestido de faraón, siendo atendido por sus personales sacerdotes para limpiarlo de impurezas mundanas. Conocía demasiado bien a Taemin como para saber qué era exactamente lo que le había llamado la atención de ese tipo de escenas.
—Minho, ¿crees que los faraones si hayan estado así de fuertes como el actor que eligieron?— Soltó con picardía. —En las típicas representaciones egipcias se ven más bien delgados. Pero él,— señaló descaradamente al actor que estaba ahora siendo cubierto de su desnudez,— él no tiene nada de delgado. Que chichotas, creo que estoy enamorado.
Minho soltó un pisotón contra el suelo, sabiendo que lucía ridículo haciendo una rabieta. Infló las mejillas, para evitar hablar antes de pensar. La idea de Taemin babeando por cualquier hombre musculoso le era insoportable. Aunque…
Debía admitir que también adoraba esa parte de la personalidad de Taemin, actuando como un cabeza hueca que babea por todo lo que le gusta. Porque eso le hacía ser totalmente transparente. Y Minho encontraba deleitable encontrarse siendo el receptor de tal mirada. Así que dejando su enfurruñamiento de lado, decidió sacar provecho de la situación.
—Taemin—. Le llamó, sabiendo que quizás iba a tener que insistir para que Taemin dejara de ver el televisor. —Taemin, podrías voltear.
Taemin soltó una risilla, girando su rostro para prestarle atención.
—¿Si hyung?
Minho no se dejó engañar por la palabra hyung, esta vez no sería él quien caería rendido. Iba a atrapar a Taemin de una vez por todas.
Sin mayor demoras, sostuvo la orilla de su camisa, alzándola por encima de su cabeza en un movimiento rápido. Taemin podría ver todo lo que quisiera, y a diferencia del televisor, podía tocarlo.
—Minho…
Minho sonrió, deleitándose con la mirada centellante que Taemin le dio. Sus ojos abiertos de par en par, y su boca abierta en una sonrisa de sorpresa. Haría lo que fuera por siempre tenerlo mirándole así. Y eso estaba haciendo.
—Entonces Taem, aún puedo ir a entrenar. ¿Me acompañas?
Taemin saltó fuera del sofá rápidamente, sosteniéndose del brazo del mayor. Apretó su biceps, soltando una risa complacida por haberlo tocado.
—Por supuesto hyung. Me cambio de ropa y nos vamos.
Minho suspiró con satisfacción. Esta vez lo consideraba una victoria. Le había ganado al cuerpo del faraón.
Fin
