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Español
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2025-08-18
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2,550
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EL PRIMER GOL

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Esos casi seis meses habían sido un verdadero infierno para Alan, desde aquel penal errado, las críticas no paraban “¿Para qué lo trajeron?”, “Valió diez palos y no sirve para nada”, aún arrastraba la recuperación de la rodilla con la que había llegado a Boca, lo que lo había condicionado, porque no estaba en su mejor momento y para colmo, había jugado ese partido ante Alianza Lima infiltrado, sabiendo los riesgos, sabiendo lo que podía pasar pero aun así había decidido ser él quien ejecutara ese penal que terminó fallando.

 

En medio de ese derrumbe interno, Rodrigo apenas terminó el partido lo abrazó fuerte y le susurró “Lo hiciste bien, a todos nos puede pasar”.

 

Era llegar a su casa y romper en llanto por la frustración, partido tras partido, era demasiado insoportable no alcanzaba con que le repitieran “Tranquilo, ya va a llegar el gol”, porque él sabía que en algún momento llegaría, pero lo quería ya. Estaba agotado de las críticas, y cada vez que prendía los programas de deporte y escuchaba siempre lo mismo “Velasco, el jugador que vale diez palos”, o “¿Cómo va a seguir jugando en Boca?”

 

Sin embargo, cuando todo terminaba, siempre estaba Rodrigo con esa calma tan suya, siempre le repetía "Confiá en vos y en tu capacidad, que todo llega"

 

Y aunque esas palabras lo mantenían en pie, por dentro Alan se moría de ganas de gritar un gol y festejarlo abrazado a él.

 

Hacía meses que esa sensación lo carcomía la de "No servis para nada" la frase se repetía en su cabeza una y otra vez, al punto de plantearse dejar el fútbol por tanta presión externa pero en el fondo, había una vocecita que seguía intacta, recordándole “Dale, Alan. Vos podés ser muy capaz y voy a estar acá con vos en las buenas, pero en las malas mucho más, para sostenerte.”

 

Rodrigo lo miraba y veía mucho más que un jugador presionado por un gol para él, Alan era garra, talento y corazón aunque estuviera roto por dentro, nunca dejaba de intentarlo y eso lo hacía admirar todavía más.

 

Le dolía verlo tan frágil, con los ojos hinchados después de cada partido, preguntándose si valía la pena seguir en esos momentos, Rodrigo deseaba tener la fórmula para sacarle de encima todo esa presión, pero lo único que podía ofrecerle era estar ahí.

 

"Vos no sos un pase fallido ni un título de noticiero, Alan siempre se lo decía con firmeza, sosteniéndole la mirada, sos mucho más que eso, y algún día todos lo van a ver"

 

Para Rodrigo, no importaba cuántos goles hiciera Alan ni qué dijeran los programas él lo quería igual, tal como era, incluso en esos días donde ni el propio Alan podría quererse.

 

Pero en el Mundial de Clubes algo había cambiado Alan empezó a animarse otra vez, a hacer cosas que el miedo a fallar le había arrebatado pases filtrados, llegadas al arco, intentos una y otra vez.

 

Una de esas noches en Miami, los dos estaban en la terraza del hotel contemplando las estrellas, cada uno perdido en sus pensamientos. Rodrigo lo tenía abrazado, llenándole el cuello de besos.

 

— Vas a ver, amor, que cuando menos lo pienses se te va a dar — murmuró contra su cuello

 

— ¿Y si no se da, Rodri? — preguntó Alan, bajando la mirada.

 

Rodrigo lo giró hacia él, levantándole con suavidad el rostro con la yema de los dedos le secó una lágrima antes de hablar.

 

— ¿Dónde está mi Alan? — susurró, acunando sus mejillas— ese que no se rinde y le mete para adelante pese a todo, el que yo conocí.

 

— Ese Alan está cansado, Rodri las críticas me duelen — confesó con un suspiro.

 

— Ya sé que duele, amor pero todo llega cuando menos lo esperás — dijo Rodrigo, abrazándolo fuerte y besándole la frente.

 

Y así, llenos de ilusiones y promesas, los días continuaron, algo dentro de Alan le repetía que no podía rendirse, no solo por él mismo, sino por Rodrigo que era el único capaz de impulsarlo siempre a ser mejor y a seguir adelante.

 

Sin embargo, Alan muchas veces seguía fallando, y con cada intento frustrado la angustia crecía un poco más. Los silbidos en la cancha eran su peor pesadilla, un eco que lo perseguía incluso después de los partidos pero aún así, salía con la cabeza en alto, aplaudiendo, mostrando que por más críticas él iba a seguir intentándolo.

 

Rodrigo lo sabía, lo veía y cuando llegaban a casa, más de una vez sentía ese llanto ahogado en su hombro o sobre su pecho cada lágrima le rompía el alma, porque conocía el esfuerzo que había detrás.

 

En algún punto también lo frustraba no por el gol en sí, no por sumar puntos, sino porque lo único que deseaba era ver a su novio liberado de esa presión, sin esa angustia que lo consumía partido tras partido para Rodrigo, ese primer gol de Alan significaba mucho más que un festejo era la llave para que su amor pudiera volver a sentirse en paz consigo mismo

 

Ese fin de semana todo era distinto, el plantel viajaba a Mendoza para enfrentarse a Independiente Rivadavia, y la presión sobre Boca era enorme había que ganarlo sí o sí.

 

En el avión, Alan iba sumido en sus pensamientos, mientras Rodrigo dormía en su hombro era demasiado típico de ellos uno disociado de la realidad y el otro se la pasaba durmiendo. Esa mezcla los caracterizaba y los hacía inseparables.

 

Al llegar al hotel, solían dormir en habitaciones separadas a veces por una especie de “cábala”, otras para tener espacio entre ellos y otras simplemente porque pasar tiempo con sus amigos por separado también era bueno pero ese día, algo en Rodrigo había cambiado su opinión

 

— Solo por este partido cambiamos de pieza — le pidió en voz baja a Ayrton, quien siempre compartía habitación con Alan — Paredes es copado

 

— Dejame pensarlo — dudó Ayrton, arqueando una ceja.

 

— Dale, boludo, solo por este partido —insistió Rodrigo, casi en súplica.

 

Ayrton terminó asintiendo, aunque no demasiado convencido, un fin de semana no le iba a cambiar la vida Alan que se había quedado charlando con Belmonte en el lobby, jamás se imaginó la sorpresa que lo esperaba arriba.

 

Cuando abrió la puerta de la habitación y vio a Rodrigo en su cama, la sonrisa se le escapó de inmediato.

 

— ¿No te alcanza con verme en casa que ahora también le cambiaste a Ayrton? —ironizó, arqueando una ceja.

 

Rodrigo se levantó enseguida de la cama y lo abrazó con fuerza.

 

— Es que te extrañaba — se excusó, enterrando su rostro en el cuello de Alan.

 

Alan suspiró, dejándose envolver por esos brazos que siempre lo calmaban.

 

— Mentís mal, Battaglia — murmuró contra su pecho — pero te voy a creer porque te necesitaba más cerca que nunca.

 

Alan se dejó caer en la cama, todavía con la mochila sin desarmar Rodrigo lo siguió y se acomodó a su lado, mirándolo con esa sonrisa tranquila que siempre parecía tener la respuesta a todo.

 

— ¿Sabés lo que pensé en el avión? — preguntó Alan, tirado en la cama, mirando el techo.

 

— ¿Qué pensaste? — dijo Rodrigo, jugando con su mano.

 

— Que capaz este partido es mi última chance y me da miedo arruinarla — soltó Alan de la nada jugando con el borde del buzo

 

—Amor escuchame bien — lo interrumpió Rodrigo con firmeza — ningún partido define lo que sos como jugador y mucho menos lo que sos como persona.

 

—Es fácil decirlo, Rodri, pero cuando escucho los silbidos siento que me quieren afuera y no sé si aguanto otra vez - murmuró bajo Alan

 

— Yo aguanto con vos — murmuró Rodrigo, acercándose hasta apoyar la frente contra la suya — si vos caes, yo caigo al lado tuyo y si vos te levantás, voy a estar ahí festejando como un loco.

 

— ¿Y si la rompo? — preguntó Alan, intentando sonreír.

 

— Entonces me vas a tener que aguantar gritándote el gol en la cara y corriéndote por toda la cancha — rió Rodrigo dándole un beso en la mejilla.

 

—Gracias por estar, siempre — soltó mirándolo a los ojos

 

— Siempre amor — respondió Rodrigo, acariciándole el pelo— mañana vas a demostrarte lo que yo ya sé que sos gigante.

 

Esa noche Alan durmió con una tranquilidad que hacía mucho no la tenia como si algo en el sintiera paz y por un momento callando las voces en su cabeza sintiéndose en paz por un rato, abrazado a Rodrigo y siendo por un rato feliz

 

Pero ese domingo fue distinto, se levanto y tenía a Rodrigo observandolo con una sonrisa y un dejo de tranquilidad que le daba demasiada paz

 

—Buen día, amor — sonrió Rodrigo en un tono ronco

 

Rodrigo besó suavemente la frente de Alan, observándolo con esa sonrisa tranquila que siempre lo hacía sentirse seguro.

 

— Buen día gordito — dijo Alan aun medio dormido

 

Alan se estiró un poco, sintiendo la paz que todavía lo envolvía tras la noche.

 

— Dormiste bien, ¿no? — preguntó curioso Battaglia

 

— Más o menos pero estando cerca tuyo, por un rato, fue como si todo se callara en mi cabeza — sé sincero Alan mientras lo abrazaba mas fuerte

 

— Eso es lo que quiero, amor — susurró Rodrigo, acariciándole el cabello — que por un momento puedas olvidarte de todo lo demás y simplemente sentir paz.

 

— Gracias Rodri — respondió el más chico

 

Alan cerró los ojos un instante, disfrutando del abrazo, dejando que esa tranquilidad lo llenara un poco más.

 

Pasaron la mañana en plena calma, aunque los nervios previos al partido se hacían sentir. Alan sabía que hoy no iba en el once inicial, pero su novio sí, volviendo a su posición habitual de cinco junto con Paredes.

 

— Rompela toda hoy, amor — murmuró Alan antes de salir de la pieza dándole un abrazo.

 

— Confiá que hoy entrás y convertís — respondió Rodrigo bajito, lo suficiente para robarle una sonrisa.

 

— Te amo tanto Battaglia — soltó Alan de repente.

 

— Yo también y mucho más de lo que vos te imaginás — murmuró Rodrigo, sonriendo.

 

Se fundieron en un beso tranquilo, cargado de calma con esa sensación de estar en casa.

 

El camino al estadio estuvo lleno de nervios, la presión era enorme, necesitaban ganar sí o sí. El primer tiempo fue reñido, pero se fueron al descanso con un gol de Paredes.

 

Sin embargo, en el último minuto del segundo tiempo, tras el gol de Zeballos, todo cambió.

 

El tan ansiado primer gol de Alan llegó después de un pase perfecto de Giménez.

 

El llanto del desahogo, seguido por el abrazo de Rodrigo y las palabras entrecortadas que apenas se entendían, lo dijeron todo Alan había convertido su primer gol esas lágrimas no dejaban de salir, y ese abrazo de Rodrigo era distinto, cargado de orgullo y ternura, como diciendo “yo sabía que esto iba a pasar”.

 

El festejo y la felicidad parecían de otro planeta después de casi seis meses, Alan había logrado convertir su primer gol con constancia y esfuerzo, y sobre todo con la alegría que lo desbordaba en ese momento.

 

La vuelta esa noche fue distinta, Rodrigo estaba demasiado feliz por Alan y no se separaba de él en ningún momento.

 

Todo cambió al poner un pie en el departamento, agotados del vuelo chárter, bastó cerrar la puerta para que Rodrigo lo abrazara y lo levantara a upa haciendo que endara sus piernas en la cintura de él

 

— ¿Yo qué te dije, amor? — murmuró Rodrigo, apoyando su frente contra la de Alan — te dije que era hoy.

 

A Alan se le llenaron los ojos de lágrimas; era imposible no emocionarse no era solo por convertir su primer gol, sino por callar todas esas críticas, por silenciar las voces internas que lo habían perseguido durante meses.

 

Las manos de Rodrigo se aferraban a la cintura de Alan, y sus frentes seguían unidas, ninguno de los dos decía nada; solo disfrutaban del momento.

 

— Gracias por no soltarme, por no dejarme cuando me caía una y otra vez, por ser el que me impulsó a tener constancia, por decirme que iba a poder y hacerme seguir confiando en mí cuando ni yo mismo creía — murmuró Alan entre sollozos.

 

A Rodrigo se le rompió el corazón al escucharlo tan frágil y vulnerable, sabía que las críticas lo habían roto, que cada silbido y comentario negativo le dolía un poco más hoy, después de tanto, ese gol había callado muchas de esas voces.

 

— Te amo, Alan siempre voy a estar con vos, porque te lo prometí desde el primer día que te vi y siempre voy a estar para vos, en las malas todavía más, porque te amo y sos mi mundo entero — murmuró Rodrigo, muy cerca de los labios de Alan.

 

Alan estaba demasiado emocionado con las lágrimas todavía rodando por sus mejillas. Rodrigo lo abrazaba con fuerza, como si quisiera transmitirle todo el orgullo y el amor que sentía en ese momento.

 

— No puedo creer que haya pasado — murmuró Alan, entre sollozos y risas — después de tanto finalmente se dio

 

— Te dije que iba a llegar — respondió Rodrigo, acariciándole la espalda y apoyando otra vez la frente contra la suya — pero no por el gol sino por vos, por todo lo que aguantaste, por todo lo que sos.

 

Alan apoyó su cabeza en el pecho de Rodrigo, respirando hondo, sintiendo que todo el peso de los meses se desvanecía en ese abrazo.

 

— Gracias por no soltarme nunca — susurró— por ser el que me impulsó a seguir, incluso cuando yo mismo dudaba.

 

Rodrigo le sonrió, con los ojos brillantes, y bajó sus labios para un beso suave, lleno de ternura y celebración silenciosa.

 

— Te amo, Alan sos mi orgullo, mi mundo y hoy, más que nunca, te merecés esto — dijo Rodrigo, aferrándose a él.

 

Se quedaron así, abrazados, dejando que la felicidad y el alivio llenaran el espacio entre ellos. Ninguno necesitaba hablar más; la emoción hablaba por los dos, y por un rato, solo por un rato, todo estaba bien.

 

Rodrigo lo bajó despacio, secando con cuidado esas lágrimas que todavía se escapaban y le dio un beso suave, cargado de todo lo que sentía.

 

— Vamos a dormir, amor, que hoy fue tu día  — dijo, tomando su mano y guiándolo hacia la pieza.

 

Alan se dejó llevar, todavía con el corazón latiendo a mil, y cuando entraron, Rodrigo cerró la puerta con suavidad.

 

— Acá estamos, tranquilos — murmuró Rodrigo, abrazándolo y apoyando la frente contra la de Alan.

 

— Gracias por estar siempre — susurró Alan, apoyando la cabeza en su pecho y respirando hondo.

 

— Siempre, amor mío — respondió Rodrigo, acariciándole el pelo

 

Se acostaron en la cama y automáticamente se volvieron a abrazar, ahora mas piel con piel ya que ambos solamente tenían el short de boca, ese que solían usar para dor.ir

 

— Descansa mi amor que hoy más que mereces soñar lindo y descansar te amo — murmuró besándole la frente

 

Alan cerró los ojos, dejando que la calidez y la cercanía de Rodrigo lo envolvieron por completo por primera vez en mucho tiempo, se sintió en paz, abrazado a quien siempre lo había sostenido.

 

— Buenas noches gordi — murmuró Alan, aún con una sonrisa entre lágrimas.

 

— Buenas noches, amor mío — contestó Rodrigo, besándole la cabeza y ajustando el abrazo — te amo.

 

Se quedaron así, acurrucados, disfrutando del silencio y la calma, hasta que el sueño los venció a ambos, dejando que la felicidad y el amor llenarán la habitación.