Chapter Text
Los pasillos de la UA lucían impecables, bañados por la luz cálida del atardecer. Era mediados de octubre, y el ocaso llegaba pronto para acompañar el cierre de las actividades diarias. Aunque en silencio, las paredes de la UA vibraban con el eco de una juventud soñadora, de futuros héroes que pasaban sus días buscando dar el plus ultra en todo lo que hacían. En los salones algunas libretas olvidadas daban testimonio de la vida que los habitaba.
Un par de estudiantes atravesaron el pasillo a toda prisa, sus pasos resonando sobre el suelo encerado mientras las ventanas proyectaban sus sombras alargadas sobre las paredes.
En contraste, el auditorio donde se dirigían resonaba con las voces de los estudiantes, mientras la expectación crecía y los ánimos se contagiaban. Present Mic entró al escenario, tomó aire y gritó con toda su capacidad pulmonar:
“¡BIENVENIDOS, JÓVENES, A LA PRIMERA SEMANA DEL HEROÍSMO DE LA UA!”
El estruendo que le siguió fue ensordecedor. Los estudiantes rugían emocionados, saltaban, liberaban quirks juguetones que llenaban el espacio de luces y colores. En el público, mares de uniformes escolares eran interrumpidos aquí y allá con algunos trajes de civil y héroes esparcidos por las gradas.
Entre los héroes presentes se encontraban Katsuki Bakugo y Shoto Todoroki. Como miembros del comité organizador de la semana del heroísmo, se les había solicitado asistir a la inauguración de la semana; sin embargo, al tratarse de un evento protocolario, se les pidió que lo hicieran vestidos de civil. Su presencia en la UA tenía más que ver con trámites administrativos que con presentaciones estelares.
Todoroki lucía impecable en un traje negro de diseñador, camisa blanca y corbata azul ártico, con zapatos perfectamente lustrados. Más que un héroe, parecía un joven CEO listo para tomar las riendas de un negocio multimillonario. Katsuki, en cambio, había optado por una sudadera beige de cuello alto que le cubría el mentón, jeans oscuros y calzado cómodo; aparentemente simple, pero con una calidad visible.
Estaban sentados juntos por insistencia del más alto y porque habían llegado con apenas minutos de diferencia. Katsuki lo había intentado, pero no logró convencer al otro de sentarse separados. Ninguno de los dos quería llamar demasiado la atención… lo que realmente, con su estatus, historia y ranking era una misión imposible.
La Semana del Heroísmo había nacido como una idea en las charlas informales entre exalumnos y profesores, pero no fue sino hasta este año que todos los factores se alinearon para hacerla realidad. A diferencia de un festival deportivo o estacional, su propósito era sumergir a los estudiantes en situaciones que reflejaran la vida real de un héroe. Durante la semana, los pasillos y salones de la UA se convertirían en escenarios para compartir la experiencia a voz viva de aquellos con algo recorrido el camino: antiguos alumnos, profesores y profesionales que sostenían el delicado engranaje de la sociedad heroica. Entrenamientos prácticos, talleres legales, expresiones artísticas, emprendimiento, y educación sobre el bienestar físico y mental del héroe… todo tenía lugar en el programa.
Pero el alma de la propuesta no era ser simplemente un espacio de formación profesional; seis años atrás, los estudiantes de la UA habían sido arrastrados a una guerra. Aquellos que sobrevivieron nunca olvidaron la sensación de que la paz, por más sólida que pareciera, era algo efímero. Con miedo a que su paz actual fuera amenazada de nuevo, se propusieron preparar y proteger a la siguiente generación, convencidos de que jamás debía repetirse la tragedia de ver a niños morir tratando de proteger a la sociedad. Así, cada actividad de la semana buscaba no sólo fortalecer a los futuros héroes, sino también enseñarles a cuidar de sí mismos y enfrentar lo inesperado en unión con la población civil.
En el escenario, la enorme pantalla tras el presentador cobró vida. Sobre ella, una programación detallada se desplegaba, minuto a minuto, abarcando desde el lunes hasta el sábado. Cada franja horaria revelaba un mosaico de actividades pensadas para desafiar y formar a los jóvenes héroes: entrenamientos tácticos intensivos, talleres de pensamiento crítico e investigación estratégica, sesiones de preguntas y respuestas con abogados especializados en la legislación del uso de quirks, simulacros realistas, mesas redondas para debatir sobre ética y responsabilidad, primeros auxilios tanto físicos como psicológicos en combate, y prácticas de rescate y evacuación. Todo un arsenal de conocimiento y experiencia diseñado para mejorar las probabilidades de supervivencia y éxito de quienes portaban el manto del héroe. Las actividades de esparcimiento, como conciertos y exposiciones artísticas, también estaban incluidas en la programación, distribuidas de manera equilibrada entre las sesiones formativas. El comité organizador creía firmemente que era fundamental mostrar que, más allá del uniforme y las responsabilidades, los héroes seguían siendo personas con almas creativas y corazones capaces de sentir y compartir emociones.
Bakugo se acomodó en su asiento con evidente fastidio. El bullicio a su alrededor le resultaba insoportable. No era ningún fanático de los ambientes escolares; aunque había disfrutado de su juventud en la UA y sentía un respeto profundo por la institución y un afecto genuino por los recuerdos que allí forjó, socializar con la juventud actual se le hacía una tarea titánica. Era totalmente capaz de lidiar con cualquier misión que se le asignara, pero si de preferencias hablábamos sólo valía la pena conectar con quienes demostraban verdadera fuerza. Daría su vida para protegerlos, pero el mayor castigo que le podían dar es quedarse como profesor, preferiría tragarse una de sus granadas y detonarla dentro de su estómago.
La programación era clara y detallada: cada recuadro describía la actividad, quién la impartiría y los temas a tratar. Sin embargo, el espacio del viernes por la tarde despertó la curiosidad de Katsuki: simplemente decía MASTERCLASS, sin más explicación.
“¡COMO PUEDEN VER, mis talentosos estudiantes! El viernes tendremos un evento especial: una conferencia sorpresa con un invitado que les cambiará su forma de pensar sobre lo que realmente significa ser un héroe. ¡No se lo pueden perder!” anunció Present Mic con su habitual energía.
La pantalla cambió a una imagen con todos los invitados destacados de la semana.
“El registro para las conferencias y charlas con los héroes abre en dos horas. Aseguren su lugar registrándose a tiempo”, agregó con una sonrisa amplia.
Los estudiantes vitorearon de nuevo, el profesor hizo una reverencia corta pero pomposa y se despidió del escenario mientras las luces se encendían y la pantalla de detrás de él se apagaba. A las afueras del auditorio, estudiantes de grados superiores organizaban mesas de registro con los talleres que esperaban más interés, mientras que otros simplemente estaban anunciados en panfletos pegados en las paredes de los pasillos.
Al salir del escenario, Present Mic se cruzó con el profesor Aizawa, que llevaba un parche en el ojo y hojeaba un librero repleto de información sobre los eventos.
“Shota, ¿estás seguro de que mantener en secreto al invitado del viernes es lo correcto? ¿Qué pasa si nadie aparece?” preguntó Hizashi, con una mueca de preocupación.
“No pasa nada, Hizashi, la Masterclass del viernes es enriquecedora y un evento sin precedentes, pero en realidad su presencia no es la prioridad de la semana. Entre menos estudiantes vengan, a menos problemas nos exponemos, me interesa más que nuestros héroes observadores asistan ya que influirá directamente en la forma en que trabajan allá afuera. Si los estudiantes no confían en el criterio de sus profesores, me parece perfecto que se pierdan de este tipo de oportunidades. Además, es peligroso que se sepa con anticipación dónde estará. No sabemos qué podría pasar si algún resentido se entera de su visita”, respondió con firmeza, sin perder la calma.
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De regreso en las gradas, los estudiantes empezaban a dispersarse; muchos iban directamente a los pasillos para registrarse y otros corrieron a los jardines. La inauguración de la semana continuaría con un concierto en uno de los pequeños estadios, donde un grupo idol integrado por varias heroínas con quirks musicales haría su presentación. De camino a la salida, algunos alumnos no podían evitar lanzar miradas insistentes al par de héroes que permanecían sentados.
“¿Un invitado extranjero? No creí que la UA tuviera tan poca memoria, hace 6 años que el gobierno pidió apoyo del exterior, no quisieron venir. Es asqueroso que ahora les den espacio en un evento como este” Refunfuñó Katsuki.
“Tendremos que esperar para saber de quién se trata” Comentó Shoto mientras tecleaba en su celular con una mano. “¿Vas a estar aquí el viernes?”
“Si. Llegaré el miércoles por la mañana y me iré hasta el sábado después de la clausura.”
“Oh, estarás bastantes días, te quedarás en el dormitorio de profesores?”
“Así es. Estaré aquí desde el miércoles por la tarde ya que me pidieron apoyar a Uraraka con un par de asesorías especiales. Esa cara-redonda se está haciendo un nombre con su negocio, pero sigue pidiendo ayuda cuando no puede manejar algo, heh” Sonrió sarcásticamente mientras hablaba. “El viernes seré parte de los observadores de un nuevo circuito de entrenamiento, me tocará juzgar que tan perdedores son los estudiantes de la generación actual”
Todoroki se quedó mirándolo un rato.
“¿Asesorías especiales?”
“Así es. Para estudiantes cuyos quirks son peligrosos, mal vistos o problemáticos, y para los que han tenido o están en peligro de tener conductas de riesgo”
No era ningún secreto para Todoroki que Katsuki había atravesado un momento muy oscuro tras la guerra. Una baja temporal por sus heridas, el miedo a quedarse atrás y la posibilidad de perder la movilidad en su brazo lo habían empujado a tomar terribles decisiones. A eso se sumaba la muerte del héroe que admiraba desde niño, All Might, ocurrida poco antes de terminar tercer año, lo que lo hundió en un pozo profundo que terminó con un diagnóstico de alcoholismo antes de cumplir 20 años.
Shoto había estado ahí, era parte de los compañeros de la clase 1A que irrumpieron en el departamento de Katsuki cuando éste dejó de responder a sus llamadas. Fue uno de los que lo llevaron al hospital después de que colapsó en una misión debido al desgaste de su cuerpo, el cual no podía sanar correctamente debido a su consumo de alcohol. Atestiguó cómo Denki y Kirishima lo arrastraron a su primera sesión de terapia, uno de los requerimientos para devolverle su licencia de héroe, y fingió no ver el rastro de las lágrimas en sus mejillas al terminarla, protegiendo así el orgullo del héroe.
El Bakugo de ahora era muy distinto al que Shoto había conocido cuando ambos entraron a la UA, y también muy diferente al que había visto hace tres años, en medio de aquella crisis profunda.
No pudo evitar sonreír ligeramente, con una mezcla de orgullo y alivio que sólo un amigo puede sentir al recordar los baches en el camino.
“¿Qué mierda ves para sonreír así?” Katsuki no soportaba ese tipo de miradas, lo hacían sentirse persona, vulnerable.
“Nada... solo pienso que los chicos tienen suerte de contar con asesorías como las que tú y Uraraka brindan.”
Katsuki respondió con una risa burlona.
“Veremos si después de escuchar lo que tengo que decir se consideran a sí mismo como suertudos”
Katsuki se levantó, tomó el maletín de su traje de héroe y salió del recinto. Shoto permaneció un instante más, suspirando para soltar la tensión que venía presionando su pecho desde el anuncio de la Masterclass del viernes.
Todoroki había mentido: sabía exactamente quién sería el invitado especial del viernes, pero no podía decir nada por petición de Yaomomo. Aquella presentación en sí misma era una misión de alto riesgo y, aunque Bakugo era uno de los héroes más confiables, su temperamento explosivo representaba un riesgo que no podían correr.
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Katsuki llegó al dormitorio de profesores el miércoles a las 7 am, se instaló en una habitación sencilla y se acostó en la cama, con una almohada entre la cabecera y su cabeza a revisar en una tableta el archivo de la lista de asesorados que Uraraka le había mandado por e-mail unas horas antes. Él esperaba que hubiera alrededor de 5, 10 estudiantes a los que tendría que asesorar, pero mientras iba leyendo los nombres y las razones básicas para buscar asesoramiento pasó una página, y otra, y otra…
“Tiene que ser una jodida broma” a la quinta página estuvo a punto de arrojar su tablet por la ventana. 40. 40 niños se habían registrado para tener una charla personal con él. No había forma de cubrirlo todo en las 48 horas que planeaba estar en activo dentro de la UA.
Salió del archivo y fue directamente a su aplicación de llamadas, tecleando rápidamente el teléfono de Uraraka. No tardó en responder, su rostro redondete con una expresión de picardía y algo de vergüenza.
“Bakugo, asumo que estás revisando el archivo que te envié jejeje…”
“Oye cara-redonda, sabes cómo funcionan las horas?” Katsuki seguía acostado en la cama, sosteniendo la tablet con las manos en altura a unos 60 cm de su rostro.
“Eh… claro que lo sé”
“Entonces entiendes que en un día sólo tenemos 24 horas, menos las 8 horas en las que cualquier ser humano necesita dormir”
Uraraka asintió a la cámara, sin estar muy segura de hacia dónde iba. Principalmente porque ella tenía años sin dormir 8 horas diarias, no sabía cómo el rubio lo lograba.
“Entonces, nos quedan 16 horas útiles en el día. Una sesión de asesoramiento con tu agencia… ¿Cuánto dura, usualmente?”
“Entre 60 y 90 minutos…” a pesar de ser una videollamada, Uraraka parecía sentir cómo la presión aumentaba.
“Entonces, dejando de lado las necesidades básicas como el aseo y alimentarse… cómo piensas que puedo meter 40 sesiónes en 32 HORAS?”
Una risa nerviosa fue la respuesta.
“NO TE RÍAS, VOY A DERRUMBAR TU OFICINA”
“Nooooo Bakugo, me costó mucho construirla! Espera!” Levantó las manos frente a ella como si se fuera a defender de un ataque físico “Usualmente, menos de la mitad de las solicitudes se concretan. Muchos jóvenes no están listos, aunque ya tienen la inquietud de buscar ayuda. Entonces, no te preocupes, recuerda las sugerencias que te di cuando hablamos: ellos llegarán, sólo mantén tu puerta abierta. Previo al registro no sabían quién les daría la asesoría, pero ya se les notificó el nombre del héroe que los asesorará. Los jóvenes ya saben que eres tú, así que algunos simplemente no van a llegar”
“Y eso por qué? No están listos para lo que tengo qué decirles?”
“No”
Uraraka se puso seria de repente, pero sin dejar de sonreír.
“Cuando los jóvenes piden una asesoría, es porque están desesperados. Sin embargo, pueden elegir de quién reciben ayuda. Nuestras vidas han sido de dominio público desde aquel primer ataque a la escuela, y desde entonces estamos expuestos al ojo público. Hay cosas de nuestra historia que pueden resonar con ellos, y hay otras que, pues… puede que los intimide un poco. Pero hey, no te lo tomes a pecho, cuando Iida se ofreció a dar un par de asesorías, sólo 2 de sus 24 citas programadas llegaron.”
“HHAH” No pudo evitar reírse en voz alta. Eso le pasa por estirado.
“En fin. Sé perfectamente que es tu primera vez haciendo este tipo de cosas, pero también sé de primera mano que tú no sueles hacer las cosas a medias. No dudo ni un poquito que estás completamente preparado para esta tarea”
Bakugo estaba preparado para la tarea.
Durante las largas sesiones de terapia a las que tuvo que acceder para mantener su licencia de héroe, se dió cuenta de que una de las maneras de obtener control sobre lo que vives es hablar de ello, apoderarse de la narración. Hacer lo mejor de la situación, le había dicho una vez uno de sus terapeutas. Sabía que había un par de temas en específico que los jóvenes podrían preguntar, por lo cual ya estaba preparando una serie de respuestas en su mente para ello. Las asesorías no eran ninguna terapia, sólo un espacio de orientación para los que no sabían qué hacer con sus quirks. No todos querían ser héroes, pero todos necesitaban aprender a convivir con lo que sus poderes les exigían o les arrebataban.
Lo que no se esperaba, es que la primera sesión fuera con una chica que no tenía ningún problema con su quirk.
Un par de horas después de la llamada, Katsuki se encontraba en la oficina que prepararon para él: un sillón amplio de 2 piezas cómodo y grande para los estudiantes, una pequeña mesa que sirviera para marcar distancia y otro sillón de una sola pieza para él, vestía ropa de civil color negro y zapatos cómodos.
La joven, la primera en llegar a las sesiones, llevaba su uniforme. Estaba sentada en uno de los extremos del sillón y miraba fijamente a Bakugo.
La estudiante, uniformada, se sentaba en la orilla del sillón como si quisiera desaparecer en él. Lo miraba fijo, con más nervio que decisión.
“Tu…” empezó, y enseguida corrigió, “quiero decir, usted…”
No logró sostenerle la mirada y bajó los ojos, jugando con sus manos. Katsuki aprovechó para revisar de nuevo el archivo.
Maki Inosuke. 17 años. Segundo año en la UA.
Quirk: Wild Rush. Tipo: Transformación.
Al correr, su masa muscular se densificaba sin alterar su volumen, multiplicando su peso y fuerza de impacto hasta las 6,000 kilogramos-fuerza. Una bestia en movimiento.
Como todo quirk de fuerza bruta, las desventajas eran obvias: difícil de usar en emboscadas, vulnerable en espacios cerrados, una carga para las articulaciones. Aun así, Bakugo podía pensar en decenas de escenarios donde sería útil.
Entonces encontró la parte importante:
Razón de la asesoría: sobreviviente de secuestro.
Había sido capturada en su primer año por villanos que la identificaron por el uniforme de la UA. Seis horas de cautiverio. En el operativo de rescate, un héroe perdió un ojo y con él, su carrera. Ahora enseñaba en otra escuela.
Síntomas: culpa, agresión, incapacidad de relacionarse.
Katsuki suspiró. Era entendible que la joven hubiera tomado la oportunidad de buscar su asesoría. Katsuki había sido privado de la libertad en 3 ocasiones, lo cual no era exagerado tomando en cuenta su carrera.
“Oye” A pesar de que Katsuki trató de modular su voz, la joven se sobresaltó al escucharlo. “¿Por qué estás aquí? Si llenaste está hoja de registro tan terriblemente diseñada quiere decir que en verdad necesitas hablar con alguien, así que empieza.”
Uraraka se arrancaría el cabello si lo escuchara hablarle así a un estudiante, pero Uraraka no estaba aquí.
La joven tragó saliva. Se preparó para hablar, y Katsuki para escuchar lo que ya sabía que venía.
“Cuando All Might…”
La fuerza mental que necesitó Katsuki para no hacer explotar la tablet en sus manos fue inmensa. Apretó los dientes como si esperara un puñetazo en la cara.
“... Quedó discapacitado después de rescatarlo… ¿Cómo pudo seguir con su vida?” La joven temblaba.“Cada vez que voy a prácticas y veo la foto del héroe que me rescató en los carteles, me siento… culpable. Por mí perdió su carrera. ¿De verdad valía tanto mi vida?”
Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas, y miraba al héroe como si éste contuviera las respuestas a todas las dudas que habían surgido en su corazón a partir de aquel incidente.
Katsuki tomó un momento para responder. No tenía, de ninguna manera, la respuesta a esa última pregunta. No había forma real de medir la valía de la vida de las personas, independientemente de la manera en que contribuyan a la sociedad. Sin embargo, conocía la carga de sentirse responsable por la caída del símbolo de la paz. Habían Sido año extremadamente dolorosos, en los que la única forma en que tenía de expresar cómo se sentía era la violencia. Estuvo a nada de perderlo todo por la desesperación. Con el tiempo y mucha ayuda entendió que la culpa no era de él, y que hasta los héroes más poderosos terminan por caer, ya sea frente a un enemigo, la naturaleza o el tiempo. La rueda de la vida y la muerte no se detiene por nadie.
“Supongo que tienes acceso a internet.”
La joven asintió.
“Entonces sabrás que nunca ‘seguí con mi vida’. Independientemente del valor de tu vida, cuando nos convertimos en héroes nos comprometemos a proteger a las personas. ¿Son héroes o civiles? Cuando te pones el uniforme eso no importa. La diferencia es que la vida de un civil y las cosas que puede hacer son limitadas, en cambio tú, tú tienes la oportunidad de llenar ese hueco. No necesitas quedarte en un cuarto oscuro a llorar por los que cayeron al rescatarte, ni en lo insignificante es tu vida si lo comparas con lo que se perdió a cambio de ella.”
Soltó la tableta sobre la mesa, convenientemente mostrando una fotografía de la joven estudiante en el festival deportivo del año anterior, justo cuando atravesaba una serie de murallas de concreto: sonriendo, victoriosa, fuerte.
“¿Conoces el nombre de esta heroína?”
La chica se sonrojó ligeramente al ver su fotografía.
“M-Maki”
“No, su nombre de heroína”
“Stampede…”
Katsuki no pudo contener una ligera sonrisa.
“¿Qué vas a hacer al respecto, Stampede?”
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El viernes por la mañana, Katsuki estaba mentalmente destrozado. Lo más parecido que recordaba era aquella tortura de dar presentaciones en preescolares para completar su servicio social en la UA, jamás habría hecho algo así por su cuenta, pero era uno de los requisitos para graduarse.
De los 40 estudiantes que se habían inscrito a sus asesorías, aparecieron 23… y cada uno logró sacarle de quicio al menos en una ocasión. Algunas sesiones duraron quince minutos, otras superaron la marca de una hora, y para cuando terminó estaba tan cansado que su brazo derecho dolía como si hubiera entrenado por horas sin parar a pesar de que todo el trabajo fue mental. El hecho de que el cansancio emocional y mental se presentará de forma física le parecía una burla de la naturaleza. Afortunadamente ahora mismo estaba como observador del nuevo circuito de entrenamiento y podía llevar su traje de héroe, el cual estaba diseñado para comprimir sus músculos de manera adecuada para reducir el dolor de sus heridas crónicas. Sin darse cuenta, estiró el brazo un par de veces, más por costumbre que por necesidad.
El entrenamiento de ese día no era como los habituales. Los héroes observadores no estaban en una plataforma elevada y distante; se habían desplegado a lo largo del circuito, listos para intervenir si algo salía mal. Uno de los objetivos de la semana era exponer a los estudiantes a situaciones realistas, por lo que la dificultad superaba con creces la de un entrenamiento estándar.
“¿Qué pasa, Dynamight? ¿Te aburres solo mirando? “ La voz llegó a unos metros de distancia.
Katsuki no necesitó girarse para saber quién hablaba. El héroe número uno durante los últimos tres años: Legacy, Mirio Togata, siempre sonriente y molesto a partes iguales. Fue su senpai en la UA, y aunque no habían coincidido mucho, Bakugo conocía su historial: heredero del quirk de All Might, sobreviviente de una batalla que lo dejó sin poder, y lo suficientemente terco como para seguir peleando. Admirable para algunos, irritante para él; especialmente por esa estúpida necesidad de hacer sonreír a todos.
No respondió. En su lugar, fijó la vista en el circuito montado sobre Ground Beta. El objetivo era claro: recuperar seis artefactos explosivos antes de que se acabara el tiempo. Los cuatro estudiantes de primer año se movían con cautela por las calles falsas, siguiendo pistas y esquivando robots humanoides programados para imitar quirks de héroes profesionales.
Al frente avanzaba una chica de cabello largo y desordenado que le cubría media cara. Para Bakugo, más que heroína, parecía un obstáculo más para sus compañeros. Su quirk, del tipo emisor, le permitía cargar proyectiles en compartimentos dentro de los brazos y dispararlos mediante micro explosiones internas. Nada mal… si supieras manejarlo. Pero la joven lucía agitada y agotada, con pasos torpes. Ese tipo de quirks requerían un estilo de vida óptimo: descanso suficiente, hidratación y alimentación suplementaria, porque cada disparo drenaba los recursos del propio cuerpo. En este caso era evidente que la joven estaba deshidratada y agotada, lo que muy seguramente entorpecía su habilidad.
Katsuki entrecerró los ojos y saltó hacia un edificio más bajo; algo no estaba bien. La joven parecía tener problemas para disparar: sus compañeros la presionaban para avanzar, pero ella agitaba el brazo como si algo estuviera atorado. El proyectil no salía, y la desesperación se reflejaba en su rostro.
Gritando de frustración, forzó de nuevo su quirk. El proyectil salió con una fuerza impresionante, destrozando parte de su propio brazo y fallando el tiro, chocando contra una pared que colapsó sobre ella.
“TSUBAKI” gritaron sus compañeros.
Los estudiantes reaccionaron con terror, y en menos de un segundo Katsuki se lanzó usando sus explosiones, cargando a la chica y sacándola del peligro. Los escombros volaban por los aires y él no pudo calcular del todo la trayectoria; estuvo a punto de rebotar contra el suelo si no fuera porque Legacy se interpuso y detuvo su caída con su cuerpo, sostuvo a Bakugo por los hombros y ayudó a que ambos pusieran los pies sobre tierra firme.
“Dynamight, jovencita, ¿se encuentran bien?”
“Oye…” Bakugo no estaba feliz al ser rescatado por Legacy. Sonrió de forma sarcástica. “Un poco tarde para intervenir, héroe #1. Un colchón de espuma habría sido más eficiente que tú”
Mirio lo ignoró de la misma forma que Bakugo lo había ignorado previamente.
“Y tu” Bakugo soltó a la chica, la cual además de la herida de su brazo, parecía estar intacta. “¿Te golpeaste la cabeza o algo?”
“Eh? Ah? N-no…”
“Entonces por qué hiciste esa estupidez? Si eso te hubiera sucedido en una operación real, posiblemente tú y tus compañeros estarían muertos! Tenías héroes alrededor a los cuales pedir ayuda, por qué seguiste adelante si tu brazo estaba bloqueado? ¡Pasaste de ser un héroe a ser la víctima!”
“Oye, oye…” Legacy seguía con las manos en los hombros de Bakugo, en los cuales le dio un par de palmaditas. “Creo que lo puede entender sin ser tan duros con ella”
“Y una mierda” Bakugo movió sus brazos hacia atrás para liberarse del agarre de Togata. “Alguien les tiene que decir las cosas con firmeza!”
Una de las compañeras de la estudiante herida, aquella que gritó cuando sucedió el accidente y también la primera estudiante en acercarse a ellos después de la caída tenía un quirk que podía suspender el flujo de sangre, lo cual le ayudó a detener la hemorragia mientras la llevaban a la enfermería.
“¿Qué demonios están haciendo sus profesores? La chica llevaba medio circuito utilizando su quirk de manera extraña, debieron detenerla”
“No me culpes a mí” respondió Mirio con una sonrisa fingida “estoy aquí en la misma calidad que tu, Dynamight, sólo estamos observando”
Bakugo lo miró con rabia. ¿Por qué siendo el número 1 actuaba de forma tan despreocupada?
El equipo de emergencia revisó a Tsubaki y determinó que estaba en condiciones de llegar por su cuenta a la enfermería. Mientras su compañera la tomaba de su brazo no-herido y comenzaba a dirigirla hacia el puesto de socorro, la chica miró a Bakugo como si quisiera decir algo.
Bakugo mostró los dientes.
“Si quieres decir algo, dilo ahora”.
“¡Ah! Este…” La voz de la joven era temblorosa, miró hacia el suelo para esconder un evidente sonrojo. “M-muchas gracias… seré más cuidadosa de ahora en adelante”
Bakugo bufó y miró hacia otro lado. “Es lo mínimo que podrías hacer. Este tipo de circuitos tienen el objetivo de que comiencen a utilizar sus quirks en un ambiente práctico. Identifica qué causó el fallo en tu brazo y adecua tus técnicas para que no suceda de nuevo.”
“¡S-SI!”
Cellophane y Chargebolt, quienes también habían estado observando el circuito, se acercaron sonriendo.
“Bakugo, ya no la regañes, seguramente sus profesores le harán ver sus errores cuando vuelvan a clases” dijo Sero mientras se detenía a un par de metros. “La vas a traumatizar”
“Yo no tendría el corazón para regañarla de nuevo después de ver cómo la trató el gran Dynamight” complementó Denki sonriendo.
“Ustedes guarden silencio, para de idiotas” respondió Katsuki. Sabía que la intención de ese par era de relajar las cosas, así que no tomó ofensa en su intervención pero no podía perder la fachada ahora mismo. En su opinión, los niños debían hacerse más conscientes de lo que el uso irresponsable de sus habilidades podría causar.
“Tsubaki-chan, vamos…”su compañera la sostuvo de la cintura para ayudarla a caminar hacia la enfermería. Había varios puestos de socorro a lo largo del circuito y el más cercano estaba a unos 100 metros de distancia.
No estaban ni a 4 metros de distancia cuando comenzaron a reír por lo bajo y a susurrar.
“¿Tsubaki-chan? ¿Qué pasa? “
“Sus hombros son tan anchos…”
Los cuatro héroes no pudieron evitar escuchar la conversación.
“Y sus brazos son tan fuertes, Mirai… es, es sólido como una roca…”
Las mejillas de Bakugo se tiñeron de un color rojizo. Las jovencitas parecían haber olvidado que la distancia era realmente poca, además de que se alejaban a paso lento de la escena.
“Mirai… huele, huele delicioso”
La compañera soltó una risita cómplice.
“Felicidades, Tsubaki-chan, parece que casi morir en una actividad escolar valió la pena”
“Ojalá no me hubiera soltado nunca…”
Una explosión sobresaltó a las chicas, quienes giraron para encontrarse más cerca de lo que recordaban del grupo de héroes. Tres de ellos las miraban con diversión, mientras que uno de ellos mostraba pura furia. Las chicas sintieron su rostro hervir con un violento sonrojo al descubrir que todos, incluído el mencionado por ellas, las habían estado escuchando.
“LARGO DE AQUÍ”
“S-SIII”
“Y APRENDAN A MURMURAR”
Las chicas se retiraron velozmente entre risitas y gritos de vergüenza. Denki y Sero se le acercaron a Bakugo por los costados y lo atraparon entre sus hombros, presionándolo entre ellos de forma coordinada. Bakugo podría jurar que ensayaban sus estupideces.
“Ahhh señor Dynamight, sus hombros son tan anchos”
“Señor Katsuki, huele tan bien, quisiera que me sostuviera en sus brazos por siempre”
“Burlense todo lo que quieran, de cualquier modo no son más que extras. Y tomen un baño, no es tan difícil”
Katsuki se alejó entre las protestas de sus ex compañeros y amigos, y sonrió discretamente. La verdad es que no le molestaba saber que cuidar su aspecto e higiene causaba un impacto en la gente, aunque no necesitaba la validación de nadie, saberse mejor que otros siempre era un boost para su estado de ánimo.
“Ese Bakugo…” habló Togata cuando Dynamight estaba ya lejos de ellos “a pesar de su cara dura, es un muy buen héroe, incluso es bueno con los estudiantes. Es muy diferente a lo que recuerdo de la preparatoria”
Sero y Denki dejaron de jugar para girarse hacia él con un rostro de orgullo.
“Así es, nuestro pequeño Katsuki ha crecido mucho” respondió Denki, fingiendo limpiarse una lágrima. “Sigue siendo un idiota en muchas cosas, pero jamás dudaría de la calidad que tiene como héroe y como persona”
“¿Además qué clase de genio sería si no tuviera un par de defectos? Si fuera perfecto todos los demás estaríamos en desventaja”
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“Dynamigh!”
Alguien llamó a Katsuki mientras se dirigía al auditorio de la UA. Ya habían pasado un par de horas y comenzaba a oscurecer, el cansancio de la semana se acumulaba y la cara dura de Katsuki había perdido, si es que la había tenido en algún momento, la habilidad de fingir que tenía energía para fingir cortesías. De cualquier modo se giró para encontrarse con Momo Yaoyorozu, quien vestía un elegante traje sastre de dos piezas color borgoña, una blusa de satín blanca, zapatillas y medias negras cubriendo las piernas, pues la falda era considerablemente corta. El hecho de que vistiera tan cubierta sólo podía significar que estaba llevando a cabo labores escolares y no planeaba utilizar su quirk. Katsuki pensó que seguramente estaba vestida de ese modo para dotar de formalidad uno de los eventos de clausura, esa masterclass secreta a la que él también se dirigía.
“Creati”
“¿Cómo estás? ¿Qué te ha parecido la semana? Supe que sucedió algo en uno de los circuitos y tuviste que intervenir, muchas gracias”
“Hah, tienes mucho trabajo que hacer. Los profesores actuales son una basura, estos chicos no sobrevivirían un día con nosotros en la preparatoria”
Yaomomo, como le llamaban la mayoría de sus amigos, había decidido complementar su trabajo de heroína con la docencia, era la única de su generación que había tomado ese camino. También era la única que podía darse el lujo de reducir sus horas en activo, puesto que la paga como docente y como Pro Héroe era inmensamente distinta. Yaomomo tenía el sustento de su herencia familiar y no escatimaba en compartir su fortuna cada que era necesario. Todos sus ex compañeros estaban involucrados con la creación de la semana del heroísmo, pero la única que tenía un lugar permanente en la UA era Yaomomo. Apenas comenzaba su segundo año como profesora.
“Te agradezco tus comentarios, como profesora novata no puedo hacer mucho, aquí el rating de héroe no vale tanto como la experiencia jejeje, pero aún así me esforzaré por lograr nuestro objetivo”
Con “nuestro objetivo”, hablaba de los sobrevivientes de la clase 1-A. Aunque sonara increíble, Katsuki no era al que peor le había ido. Hubo fallecidos, tanto en el momento de la guerra, como compañeros de la clase 1-A y 1-B que sucumbieron a la depresión justo como él, pero no lograron salir a tiempo. Cada año recibían por lo menos una notificación, no siempre de sus compañeros directos, pero siempre alguien que había participado junto a ellos en la guerra y no había logrado vencer en sus propias batallas, esas que se viven a solas.
También por eso era importante involucrar a los héroes sobrevivientes en la semana del heroísmo, era importante que se mantuvieran a la vista, y que recordaran que no eran los únicos que seguían arrastrando las consecuencias de aquella guerra.
Siguieron el camino hasta el auditorio en silencio, le parecía que Yaomomo estaba nerviosa, lucía como si quisiera decirle algo más pero no encontraba las palabras. A Katsuki no le interesaba preguntar, estaba listo para presenciar la dichosa Masterclass e irse a dormir.
Una vez entrando al auditorio, Yaomomo se disculpó para ir detrás del escenario. Katsuki estaba presente como público, pero a lo largo del recinto había varios héroes repartidos en cada puerta. Bakugo se acercó a una puerta del lado derecho, la cual custodiaba Red Riot. El pelirrojo le sonrió y le señaló una butaca vacía a unos metros de él. Bakugo no se molestó en sonreír de vuelta ni de responder el saludo, sabía que con él no era necesario fingir. Se sentó y suspiró, viendo cómo se llenaba el recinto. Por la poca información que habían revelado sobre la presentación estelar supuso que irían pocos estudiantes, pero todo lo contrario; casi toda la UA estaba ahí. A los pocos minutos, las puertas se cerraron.
El director Nezu no tardó en aparecer en el escenario, acompañado por Silent Zone, una heroína famosa por su quirk que inhabilitaba las señales electrónicas como el wifi, el bluetooth, y algunos quirks de comunicación telepática. Era famosa por muchas cosas, pero algunas personas se sentían inseguras por el uso de su habilidad en operativos grandes debido a que daba pie a que los héroes actuaran sin miedo a consecuencias mediáticas. La mera presencia de aquella heroína despertó la curiosidad del rubio y la incertidumbre de muchos de los asistentes. Al fondo, un poco escondida, estaba también otra heroína que Bakugo reconocía como Blurry Bits, una heroína que también podía distorsionar información, interviniendo grabaciones de sonido y video. Tanto secretismo comenzaba a ponerle los pelos de punta.
“Buenas tardes, estudiantes, ex alumnos, y héroes profesionales. Gracias por su presencia en la primera gran semana del heroísmo. Hemos tenido resultados increíbles, y la mayoría han expresado lo mucho que esta semana ha aportado a su vida escolar. ¿Lo han disfrutado, chicos?”
Pocas voces respondieron vitoreando al director. A diferencia del primer día, los estudiantes estaban agotados por todas las actividades, y el hecho de que este último gran evento fuera catalogado como una “clase” no era muy inspirador para la juventud. Aún así, la curiosidad los había llevado a presentarse en el recinto. Katsuki quería burlarse de la poco emoción del público, pero honestamente no tenía las energías para hacerlo.
“Muy bien… para cerrar la semana, quisiera que escucháramos con mucha atención a nuestro invitado estelar. Este joven ha vivido fuera de Japón durante los últimos años, y ha colaborado en el trabajo de los héroes por más de seis años de forma anónima. Ahora mismo, eligió la UA para revelar el siguiente paso en su carrera y seguir ayudando de forma local a su país. Les pido por favor que respondan a su confianza con sinceridad, y evitemos tomar fotografía o video de lo que verán a continuación. Guardenlo en su corazón y en sus recuerdos.”
Silent Zone activó su quirk, el cual consistía en materializar una orbe dorada que emitía ondas electromagnéticas que recorrían el espacio semi-dirigidamente, y tanto ella como el director salieron del escenario. Las luces se apagaron y la pantalla en el escenario se prendió, mostrando una lista de casos, informes, videos y fotografías de una serie de eventos que habían importunado a la sociedad durante los últimos años .
Caso “Fénix” : Patrón de comportamiento del villano identificado 72 horas antes del ataque. Alerta emitida. Víctimas: cero.
Caso “Catarsis” : Análisis de rutas de escape optimizadas en incendios estructurales. 36 rescatados en menos de seis minutos.
Caso “Full Moon” : Identificación de riesgos ambientales causados por el enfrentamiento de usuarios no autorizados de quirk en zonas marítimas. Intervención y de-escalación exitosas.
Caso “Aurora Borealis” : Rastreo de un cartel dedicado al tráfico ilegal de quirks en Escandinavia. 12 menores rescatados.
Caso “Sahara” : Apoyo logístico en un operativo de evacuación masiva tras un ataque villano en el desierto. Ninguna baja civil registrada.
Caso “Oni” : Análisis predictivo que permitió la captura de un villano fugitivo en Osaka antes de que desatara una masacre.
Caso “Atlas” : Coordinación con héroes de EE. UU. y Canadá para desmantelar una red internacional de drogas potenciadoras de quirks.
Caso “Equinox” : Infiltración encubierta que evitó un ataque durante el foro mundial de héroes en Bruselas.
Caso “Summer scape” : Detección temprana de riesgos en una represa tras la batalla de dos villanos acuáticos. Miles de evacuados sin incidentes.
Caso “Bastión” : Asesoría en un operativo de contención durante un motín en una prisión de máxima seguridad de villanos.
Caso “Oracle” : Predicción de movimientos financieros que permitió congelar las cuentas de una organización criminal con alcance multinacional.
Caso “Helios”: Intervención en Grecia tras un desastre provocado por un quirk incendiario; diseño de rutas de escape que salvó a 200 civiles.
Y así, muchos más. Bakugo reconocía estos casos, pero no había participado en ninguno. Sabía que eran colaboraciones entre las fuerzas policiacas y algunos héroes profesionales.
Una figura emergió entre las cortinas, con pasos inseguros que apenas hacían eco en el escenario. Vestía un traje negro que intentaba darle seriedad, aunque la corbata verde oscuro ligeramente torcida delataba su torpeza habitual. Su cabello, rebelde como siempre, parecía incapaz de someterse al peinado formal que seguramente había intentado, y sus ojos verdes, enormes e inquietos, recorrían el auditorio con una mezcla de asombro y pánico.
A Katsuki se le detuvo el corazón un momento cuando lo reconoció. La única gran diferencia era una cicatriz enorme que cubría un 10% de su rostro y comenzaba debajo de su ojo derecho.
“Buenas…” carraspeó, acomodándose la corbata a la vez que se llevaba el micrófono a la boca. “Buenas noches, estudiantes… puede que no me reconozcan, pero seguramente han escuchado de mi trabajo. Una disculpa, estoy algo nervioso, siempre soñé con estar aquí…”
A pesar de los nervios, los ojos del hombre en el escenario brillaban y su sonrisa era de oreja a oreja. Perdió unos segundos mirando de un lado a otro, parecía más asombrado que el público.
Los estudiantes comenzaban a murmurar.
“Ah, m-me presento” El hombre en el escenario respiró profundamente para controlar su expresión y continuó hablando. “Si lo piensan de algún modo, yo no tengo ninguna razón para estar aquí de pié hablando con ustedes. A pesar de que siempre quise ser un héroe… no nací con esa capacidad”
“Nací sin un quirk. Hasta los 6 años de edad mis padres pensaban que sería uno de esos niños con desarrollo tardío, pero después de muchos análisis se determinó que mi quirk jamás llegaría. Nacer sin un quirk no tiene nada de malo, el problema es que mi más grande sueño era el de ser un héroe”
El ritmo cardiaco de Katsuki se elevó a pesar de estar en completo reposo, se aferró con ambas manos a los descansos de la banca.
La gente comenzaba a murmurar y a atar cabos. Todos esos casos habían sido colaboraciones exitosas entre héroes, policías, y la sociedad civil. Sin embargo, había una persona que estaba a cargo de llevar a cabo los análisis de cada una de las estrategias. .
“Cuando tenía 15 años, conocí a mi héroe favorito, y le pregunté si aún sin un quirk podía convertirme en un héroe; su respuesta fue que no. Al principio mi corazón se rompió, no quería nada más que eso. Pero quisiera preguntarles jóvenes estudiantes… ¿Cuál es la misión de los héroes?”
Hubo un largo silencio, ninguno de los estudiantes se atrevía a hablar. Estaban intrigados.
Al fondo, la tímida voz de un chico resonó.
“¿Proteger a las personas?”
El ponente rió y Katsuki sintió como si un escalofrío le recorriera todo el cuerpo. ¿Cómo es posible que la risa de una persona no cambie en más de 6 años?
“Así es. Me di cuenta que no necesitaba renunciar al alma de mi sueño, el cual es, precisamente, proteger a las personas”
La imagen en la pantalla cambió a un icono en forma de diamante. La mitad del público gritó, los jóvenes de primer grado puede que no conocieran esa imagen, pero todos los estudiantes y héroes profesionales que se desempeñaban en el mundo real lo conocían.
Ante todos en el auditorio de la UA se presentaba el héroe sin nombre, un hombre que a lo largo de los últimos 6 años, y desde el anonimato, había sido parte de las mayores investigaciones, operativos e intervenciones heroicas nacional e internacionalmente. El analista de héroes EMERALD.
O como Katsuki lo recordaba; Izuku Midoriya.
“EMERALD. ES EMERALD”
“NO PUEDE SER”
“¿Senpai, quién es…?”
“ES EL MEJOR ANALISTA DE HÉROES EN EL MUNDO”
Katsuki no lo comprendía. Deku, era su apodo de la niñez, graciosamente asignado por Katsuki en su infinita habilidad de lectura al encontrar una forma diferente de leer “Izuku”. Deku, por su inhabilidad general en la vida. Izuku Midoriya vivía en el mismo barrio que él, habían crecido juntos, en la secundaria Katsuki fue uno de sus agresores, de los que le dijeron que renunciara a su sueño de ser un héroe. Una sensación nauseabunda se apoderó del rubio mientras recordaba lo que aquel niño peliverde le hacía sentir.
Katsuki había sido un genio desde joven, bueno para todo, tanto en su quirk como en lo académico siempre era el más eficiente, el mejor promedio. La gente lo adulaba en todos los ámbitos de su vida, y lo trataban como si fuera superior… todos excepto Midoriya. A pesar de que Izuku lo admiraba sin reparos y nunca se guardaba lo increíble que le parecía el rubio, nunca se dejó intimidar por su grandeza y Katsuki no soportaba el hecho de que para Deku pudieran estar al mismo nivel. Solía decir que obtendría un quirk y sería su compañero, y aunque aquello visto desde afuera podía parecer adorable, hacía sentir a Katsuki como si fuera inferior al peliverde. La única forma que encontró el inmaduro Katsuki de mantenerse a flote fue convertir la vida de Deku en un infierno. No soportaba el hecho de que con todo en contra siguiera sin renunciar a su sueño. La única forma en que pudo dejar atrás el tormento que era coexistir con Deku fue entrar a la UA y mudarse a los dormitorios.
De un día para otro, sin saber Katsuki el por qué, Deku se rindió. Dejó de hablar sobre convertirse en héroe y aplicó a la academia de policía.
A partir de entonces perdieron el contacto. Por años, sólo lo veía a lo lejos cuando por alguna razón coincidía que ambos estaban en el mismo lugar, en su antigüo barrio o en alguna venta de mercancía de All might.
Sin importar las razones por las que estaba frente a él, si es que en verdad era ese analista que había ayudado desde el anonimato a tantos héroes o aquello era sólo un teatro no importaba, había un gran problema que no le permitía conectar la realidad de lo que estaba viendo con la realidad en su cabeza;
Izuku Midoriya había muerto.
En el escenario, el hombre se sentó en una silla al extremo izquierdo del escenario.
“Han pasado muchos años desde que comencé a colaborar de manera anónima con la asociación de héroes. Hace poco, decidí que rompería el anonimato, y qué mejor manera que hacerlo aquí en la UA. Ahora, déjenme contarles, cómo un civil sin quirk como yo puede ayudar a los héroes.”
La madre de Katsuki había sido amiga de la mamá de Midoriya. Durante la ceremonia de graduación de la academia de policía, hubo un atentado en el cual murieron más de 30 personas y otras 16 fueron declaradas como desaparecidas, entre ellos, Inko e Izuku Midoriya. Mitsuki Bakugo buscó a su amiga por meses, sin respuesta. La familia Bakugo estaba pasando por un momento doloroso también, así que su búsqueda terminó muy pronto. Katsuki no supo cómo sentirse en aquel momento, “Deku” no era ni de lejos su amigo, más bien fue su víctima durante varios años. Pero igualmente, había sido impactante como una presencia que a veces era insignificante y otras más molesta que una piedra en el zapato, de repente se esfumaba.
Si, Katsuki no sabía cómo sentirse en aquel entonces, pero ahora…
Ahora tenía que salir inmediatamente.
Una ola de aplausos fue su oportunidad. Se puso de pie y caminó hacia la puerta más cercana, la custodiada por Red Riot.
“¿Eh, Bakugo? Lo siento, la puerta no puede abrirse hasta que…”
“MUÉVETE”
El tono de Katsuki fue tan terminante que Kirishima no tuvo más opción que hacerse a un lado.
Una vez fuera del auditorio, Katsuki corrió al baño más cercano, se inclinó sobre el excusado y vomitó todo lo que había en su estómago. Se sentía agotado, el vómito parecía llevarse toda su energía, estaba mareado y sus músculos parecían quedarse sin fuerzas.
Izuku Midoriya está muerto.
Katsuki estaba ebrio cuando sucedió.
Katsuki siguió ebrio por meses.
La puerta del baño se abrió.
“¿Dynamight? ¿Estás bien?”
Ingenium. Él custodiaba el auditorio desde el exterior.
Ingenium. Un héroe conocido por colaborar continuamente con la policía.
La rabia le devolvió la fuerza a Katsuki y se puso de pie. Caminó hacia Ingenium y lo empujó contra la pared.
“Oye tu, malnacido… si mal no recuerdo, has trabajado con Emerald en el pasado”
Iida, quien no llevaba casco en ese momento, hizo una mueca de confusión.
“¿Emerald es el invitado secreto?”
Así que ni siquiera los encargados de la seguridad del evento lo sabían.
“Responde”
“Así es” A pesar de su actitud, el héroe sabía que Bakugo no le haría daño, sólo su forma de comunicarse es así. “Durante la preparatoria, desde mi primer interinato”
“¿Lo llegaste a ver? Tengo entendido que no comenzó siendo totalmente anónimo”
Una gota de sudor bajó por el costado del rostro de Iida.
“¿Por qué lo preguntas?”
Eso era un sí.
“¿Emerald es Izuku Midoriya?”
Una microexpresión de sorpresa apareció tan rápido como se fue del rostro de Iida. Recuperó su expresión normal.
“No”
“Maldito bastardo”
Katsuki podía ver a través de su mentira. Ingenium sabía quién era Emerald, y por años, había sabido que estaba con vida. ¿Cuántos otros de sus ex compañeros habían colaborado con el analista? ¿Creati, Shoto, Uravity? Eran los primeros en los que podía pensar, pero incluso él había recibido informes y seguido estrategias confabuladas por el tipo. Por un momento su visión se puso en blanco y tuvo que volver hacia el cubículo del baño para vomitar de nuevo.
Bueno, ahí van escapándose por el retrete, tres años de terapia.
“Dynamight, necesitas que traiga un doctor?”
“No, largo…”
“¿Estás seguro? Te ves bastante mal…”
“DIJE QUE LARGO”
A Ingenium no lo intimidaba en lo más mínimo, pero la rareza de la escena lo incomodaba bastante. Decidió hacerle caso, dándole su espacio y saliendo del baño.
Bakugo se recargó contra la pared del cubículo, era asqueroso estar sentado en el piso del baño pero sentía que sus piernas no le responderían. Podía escuchar a lo lejos el eco de la voz de Midoriya, los aplausos, y el murmullo de las voces de los estudiantes cuando hacían una pregunta o hablaban de las cosas que estaban viendo en el escenario, pero no entendía nada.
Estuvo sentado en el piso hasta que la luz se volvió completamente artificial, hasta que el silencio llenó el espacio, hasta que unos pasos temerosos entraron al sanitario y lo encontraron en la misma posición en la que había estado por los últimos 35 minutos.
“Hey…” Kirishima seguía con su traje de héroe. “¿Estás bien?”
Bakugo tardó en responder. No soportaba la expresión de preocupación en el rostro de su amigo. A pesar de que sabía que era sincero, y que podía confiar su vida en él, dejarse encontrar en una posición vulnerable le molestaba de sobremanera.
“Si. Todo está perfecto”
Tras otro minuto de silencio, Bakugo comenzó a reír.
“Sólo creo que estoy comenzando a ver fantasmas”
“... quieres hablar al respecto?”
“No.”
Kirishima suspiró y se puso en cuclillas, ofreciéndole una mano al rubio. Después de tantos años a su lado, sabía que presionar no lo llevaría a ningún lado. Bakugo aceptó su ayuda y se puso de pie.
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