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Como se siente?

Summary:

Mira siempre está con Zoey.
Rumi ama pasar tiempo con Mira.
Zoey admira a Rumi.

o

Sus primeros besos.

Notes:

Hola de nuevo!!! Pero ahora en español.
Últimamente he estado traduciendo mis trabajos, pero no pienso dejar de publicar en español, y aquí la prueba.
De todas maneras, esto lo escribí para la politrix week, espero que lo disfruten!!!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

MIRA

Mira siempre está con Zoey. 

Pasan mucho tiempo juntas, no solo en sus vidas como Idol o como cazadoras de demonios. Ellas son amigas, Zoey es probablemente la mejor amiga que Mira ha tenido en toda su vida. Lo cual probablemente no sea mucho porque nunca fue muy de hacerse amiga de los hijos aburridos de los amigos de sus padres, pero el punto es que Zoey es una de las personas más especiales que Mira tiene. 

Hacen noches de películas, van al bathhouse, Zoey le enseña sus letras, ella cocina para su amiga y algunas otras veces duermen juntas. Es como un ritual silencioso, no hay dudas en su amistad, solo están la una para la otra. Buscan el contacto, la mirada, la aprobación de la otra sin pensarlo, solo sucede.

Y todo se intensificó después de los Premios Idol. Esa noche catastrófica que aún da vueltas en su mente; han hablado de eso decenas de veces, abrazadas en el sofá, con Rumi en su habitación, en la cocina, en medio de un entrenamiento, después de la caza de demonios. Es una herida entre las tres, y aunque ha dejado de sangrar, hay un gran camino para que sane por completo. 

O eso es lo que piensa en las largas noches de desvelo. Las noches son reconfortantes, un momento solo para ella. Es un viejo hábito, uno que lleva con ella desde la adolescencia. Su cuerpo se ha acostumbrado a sobrevivir con 6 horas de sueño, incluso cuando Zoey y Rumi la regañan por eso. 

El reloj de su mesa de noche marca las 2 de la mañana, está a punto de apagar todo y por fin dormirse cuando escucha que alguien toca su puerta. No necesita ser adivina para saber quién está al otro lado de la madera. Sólo hay alguien en el mundo que tocaría su puerta a esta hora. 

Con los pies descalzos atraviesa la habitación y abre la puerta. Al otro lado Zoey se aferra a su peluche de tortuga, mientras le da una de esas sonrisas que no llegan a los ojos y Mira puede imaginar la razón por la que está aquí. 

—¿Mala noche? —pregunta Mira. 

—Solo una más del montón —responde Zoey sin pedir permiso para entrar. 

Zoey se acurruca en el lado derecho de la cama con la tortuga entre sus brazos y Mira solo la sigue. Esto ha pasado tantas veces a lo largo de los años que se ha convertido en algo no hablado. Zoey va a ir directo a su cama cada noche que tenga una pesadilla, no se necesita pedir permiso, solo es algo que está escrito en sus huesos. 

Mira se acuesta frente a ella y puede ver los rastros de lágrimas en los ojos de Zoey. Sin dudarlo acerca una de sus manos al rostro de la chica y quita cualquier prueba de que alguna vez lloró, y recibe una suave sonrisa ante ella. 

Zoey es tan bonita que a Mira le duele. Casi se vuelve físico. La respiración se le atora en la garganta, sus labios se curvan en una sonrisa involuntaria que no puede ocultar ni, aunque quisiera —aunque definitivamente no quiere. 

—¿Estás dormida? —pregunta Zoey acercándose a la calidez de la mano de Mira que continúa en su mejilla. 

—Estaba a punto de hacerlo —respondió retirando un mechón de cabello y acomodándolo detrás de la oreja de Zoey. 

—Mira —Se quejó Zoey—. Tienes que dormir más temprano.

—Algún día —responde indiferente, es una batalla que no va a ganar con Zoey tan cerca de ella. Estaba a punto de recuperar su mano y guardarla bajo las cobijas, pero en su lugar la chica frente a ella tomó su mano y entrelazó sus dedos. Eso era diferente. 

—¿Puedo contarte sobre mi sueño? —preguntó Zoey.

—Siempre, Zo.

—En mi sueño te perdía. Ese día… —No necesitaban decir cuál día. Ambos lo sabían— Solo nunca regresabas, nunca llegabas al escenario y me dejó pensando algo. 

—Pero eso no pasó. Estoy aquí para que me molestes cada día del resto de nuestras vidas. O en otras, diría yo —respondió tratando de reconfortar a Zoey. 

—Sólo… Quizá no te digo lo suficiente lo mucho que te quiero y lo especial que eres para mi… —Las lágrimas se comenzaban a formar en las esquinas de los ojos de Zoey. 

—Lo sé, Zoey, no necesitas decírmelo. Yo lo sé. Ahora lo sé. 

Mira se acercó aún más a Zoey, sus cuerpos estaban separados por el peluche de tortuga. Aun así, incluso en la oscuridad podía ver las pecas de Zoey, el brillo de sus ojos cafés y llenos de algo que Mira no sabe describir, pero en lo que gustosa se podría perder para siempre. Podía ver sus mejillas rosadas y sentir la calidez del cuerpo de su amiga bajo las cobijas, y si Mira bajara solo un poco la mirada podría ver los suaves y rosados labios de Zoey.

—Pero quiero decírtelo, no creo que seas capaz de entender la manera en la que te quiero —susurró Zoey. 

—Hago todo lo que puedo por hacerlo.

Zoey asiente mientras muerde su labio, como si hubiese algo que tiene que decir, pero quiere retenerlo. Mira toma el peluche y lo quita del camino. Ahora no hay ninguna barrera entre ellas, sus cuerpos a un par de centímetros de distancia. Mira cerró los ojos y juntó su frente con la de Zoey. 

—Te quiero, Zo. No sé qué haría sin ti —Zoey exhaló, como si fuese algo que necesitara escuchar—. Y sé que no soy la persona más demostrativa cuando se habla de sentimientos. Pero siempre, y escúchame bien, siempre te querré, incluso cuando no sepa cómo decirlo —Mira movió la mano que aún mantenían unidas hacía su pecho justo en el corazón. 

Zoey se separó ligeramente de ella después de unos segundos. Sus ojos estaban cristalinos y pintados de algo que Mira no descifra que es, pero dios, ella daría lo que fuera por verlo de nuevo. Zoey se acercó a la poca distancia que había entre ellas. 

Su mano desocupada pasó ligeramente sobre su frente, hizo un suave camino por su mejilla, marcando su mandíbula, hasta que su pulgar dio un ligero toque por su labio inferior. 

—Por favor, dime que me detenga —susurró Zoey. Mira pudo pretender que no sabía a lo que se refería, pero no iba a mentir, sabía exactamente lo que pasaba por la mente de Zoey, y solo la Honmoon sabía lo mucho que lo deseaba. 

—No puedo… —respondió en un suspiro. 

—Mira… —comenzó a decir Zoey, pero sus palabras se quedaron atoradas en la garganta cuando Mira rompió con la distancia que quedaba entre ellas. Fue apenas un roce de labios, pero aun así las inundó de una calidez que ninguna había sentido antes. 

Cuando Mira estaba a punto de separarse y disparar centenas de disculpas Zoey volvió a acortar la distancia entre ellas en un beso de verdad, pero no uno desesperado como esas películas americanas que veían juntas, no, este era suave, cálido, sabía a hogar, como algo que tenía que ser. 

Envueltas entre mantas que aún olían a jabón, entre el aroma de cítricos de los productos de higiene de Zoey, la oscuridad de la habitación y el cielo estrellado entrando por la ventana, no pudieron hacer nada más que memorizar cómo se sentía la cercanía de la otra. 

Y durante el resto del tiempo que pasaron despiertas, aquel deseo que Mira había enterrado bajo decenas de mantras sobre la amistad estaba libre. Y Mira beso a Zoey no una vez, lo hizo tantas veces que perdió la cuenta, ella besó a Zoey, y aunque después del amanecer el hechizo parecía roto no lo cambiaría por nada. El saber cuál era el sabor de los labios de Zoey lo valía, una y un millón de veces más. 

 

RUMI

Rumi ama pasar tiempo con Mira. 

Mira tiene esa habilidad de leer a las personas, y lo hace muy bien. Ella siempre sabe qué hacer y qué decir dependiendo de la persona. Rumi ha visto millones de veces a Mira y Zoey acurrucadas en el sofá viendo videos de tortugas y Mira sabe cómo hacer feliz a su maknae; hace preguntas, se burla o hace bromas y mantiene a Zoey hablando. 

Pero cuando están juntas, el silencio es su tercer compañero. 

Desde los Premios Idol hay una nueva tradición entre ellas. Un tiempo solo de ellas dos, aunque siempre invitan a Zoey. Ambas hacen una caminata antes del anochecer, sólo van por la ciudad siempre tomando una ruta diferente. 

Algunos días hablan sobre cualquier cosa, pero Mira nunca presiona, responde lo justo para llevar la conversación, pero nunca se siente forzado; otras veces, solo caminan en silencio con las palabras justas para saber que están juntas. 

El aire choca con su mejilla, hoy dieron una vuelta a la derecha que las llevó a un parque medio vacío. Mira camina a su izquierda con las manos dentro de las bolsas de su abrigo, la mirada fija hacía el camino a través de los lentes de montura negra y la gorra con un par de aros dorados colgando del borde. 

Están en silencio, de esos cómodos y que solo Mira sabe manejar y que la hacen sentir que no necesita decir nada, ni dar explicaciones; solo seguir adelante. Pasan por un pasillo en medio del parque, seguramente después de atravesarlo darán la vuelta y regresaran, justo a tiempo para la noche de películas reglamentaria, hoy es turno de Zoey de escoger. 

Caminaban en silencio cuando, por culpa de una raíz de un árbol salida, terminó tropezando. Cerró los ojos con fuerza esperando el golpe, pero el impacto nunca llegó; Mira la había tomado por el brazo, jalándola y evitando el golpe. Ambas se vieron un par de segundos antes de soltar una pequeña risa. 

—No puedo creer que seas la misma Rumi que mata demonios y hace conciertos sold out —Mira se burló cuando se aseguró de que estaba bien. 

—Ja, ja. ríete todo lo que quieras, esa es la verdad —respondió Rumi retomando el camino y segundos después escuchó los pasos de Mira detrás de ella. 

—Me agrada más esta Rumi, por cierto —dijo en un comentario casual. Mira no buscaba respuesta, pero aun así hizo que la viera.

Caminaron un par de metros más, las manos de Mira ya no estaban en las bolsas, en realidad sus dedos se rozaban de vez en cuando, era apenas un toque. Y un pensamiento cruzó por su cabeza “¿qué se siente tomar la mano de Mira?” El pensamiento hizo que agitara la cabeza como si eso hiciera que éste huyera de su cabeza. 

—¿Podemos sentarnos un momento? —preguntó la chica a su lado señalando con la cabeza a una banca en medio del tranquilo parque. 

—Claro —respondió. 

Ambas se sentaron, el cielo sobre ellas era de un azul profundo, las estrellas destellaban con fuerza, y la luna estaba sobre ellas más brillante que nunca. Mira estaba despreocupada viendo el horizonte, la ciudad destellaba quizá con más fuerza, las luces de los edificios se hacían notar, casi como el universo en la tierra. 

—¿No es lindo? —preguntó hacía Mira. La chica a su lado le regresó la mirada un par de segundos antes de responder. 

—Sin duda lo es —pero no se sentía como si estuviesen hablando de la misma cosa.

—Mira… —susurró. 

—Mhm… —Mira no dijo nada, pero quizá si hubiese dicho algo se habría acobardado. 

—Gracias… Por todo en realidad, pero en especial por estos momentos.

—No tienes nada que agradecerme, Rumi. Me gusta hacerlo. Amo a Zoey, pero me gustan estos momentos. Solo tú y yo.

Uno de los mechones rosados de Mira se movió de lugar por la brisa que pasaba en el lugar y sin dudarlo un segundo lo quitó pasándolo detrás de su oreja, Mira de inmediato se sonrojo. Y sólo dios sabe lo mucho que Rumi ama ver esta parte de ella. Mira sin esa mirada estoica que tiene para los fans y la cámara, una Mira que puede usar lentes porque no siente la necesidad de ser perfecta y lo que se supone que debe ser, una Mira suave y protectora. Algo que la gente allá afuera, nadie que no sea ni Zoey ni ella, pueden ver. Se siente egoísta por el pensamiento, pero se permite tenerlo. 

Acuna la mejilla de Mira sintiendo la calidez de la piel de la chica, y con su pulgar la acaricia lentamente y siente como Mira se derrite en el toque con los ojos cerrados y la respiración lenta. Parece que el mundo se ha detenido solo para ellas dos.

Mira suelta un suspiro, y es la única señal que necesita. Rumi rompe con la distancia, aunque no fuese mucha. Y entonces el frío deja de existir, no con los labios de Mira sobre los suyos, no con la calidez de las manos de Mira sobre ella, una en el cuello y la otra en su cintura. 

Cuando se separan Mira la ve, lo hace de verdad, lo hace con detenimiento y con su pulgar sigue la forma de sus marcas, desde su frente hasta su mandíbula, el toque de Mira es delicado, pero se siente como si Mira los venerara y en ese momento se cuestiona cómo es que los escondió tanto tiempo si es que Mira los ve como si fuese la cosa más hermosa que ha visto. 

Con delicadeza Mira la toma del mentón y la acerca. Sus labios besan su sien, bajan a su pómulo donde besa de nuevo, después en su mejilla y Rumi se da cuenta que Mira está besando sus marcas, suaves, tentativos y aun así dejan su piel ardiendo donde sea que sus labios la toca. Y como una cereza en el pastel, incluso cuando no hay marcas en ese lugar, Mira besa sus labios. Apenas un roce, pero hace que Rumi cierre los ojos y se deje caer en la sensación de Mira. 

Cuando regresaron a casa lo hicieron con las manos unidas. Nunca volvieron a dar esa vuelta a la derecha, nunca hablaron de eso, ni ese día, ni nunca. Era casi como un secreto, no de esos que ocultas porque temes las consecuencias de ser descubierto, era un secreto porque el momento era tan preciado que no merecía ser contaminado. Y solo las estrellas en el cielo, las luces de Seúl bajo ellas y aquella banca del parque vacío eran los testigos. 

 

ZOEY

Zoey admira a Rumi. 

Zoey siempre ve lo mejor de todos, o eso es lo que siempre le dicen. Y quizá es cierto, pero ella en serio admira a Rumi. Desde que la conoce siente esa sensación en el pecho. Y cuando se hicieron cercanas eso sólo aumentó. Porque no solo conocía a la Rumi para los medios, conocía a Rumi de verdad. 

Y cuando todos los muros se cayeron en los Premios Idol la admiro aún más, claro después de llorar las tres hechas una bola de extremidades y lágrimas en el sofá. 

Ahora Rumi es más abierta, más cercana, más Rumi de lo que Zoey podía pensar. Comparten más tiempo juntas y si Zoey de por sí ya podía mencionar más de 50 cosas de Rumi la lista se ha hecho aún más grande. Desde ese día Zoey comenzó a escribir una libreta para sus chicas. Una para Rumi y otra para Mira, ambas llenas de datos, detalles, anécdotas sobre sus chicas. 

Y aunque ama a Mira, porque claro que lo hace, su favorita es la de Rumi. 

Y justo ese día Zoey estaba más ansiosa por llegar a casa y escribir una cosa más: las marcas de Rumi reflejan la luz de los reflectores. 

Había sido una presentación a sus fans más enérgicos y entregados, algo no muy grande, solo un pequeño adelanto de lo que podían esperar en su comeback. Aun así, fue espectacular, la Honmoon gritó de felicidad, lo pudo sentir en su piel.

—Eso fue increíble —dio saltitos al regresar al backstage lista para retirar el maquillaje corrido y sudor de su rostro. 

—Lo sé ¿Sintieron la Honmoon? —le siguió Rumi dejando caer la chaqueta a un lado. 

—Fue genial, pero estoy exhausta, después de tres meses olvide lo cansado que es —dijo Mira recargándose en el marco de la puerta—. Iré a hablar con Bobby y las bailarinas de apoyo sobre algunos detalles que quiero cambiar en una de las coreografías. No tardó. 

—¿Cómo le decimos que es la que menos descansó? —murmuró hacía Rumi una vez que el último mechón de cabello rosa desapareció por el pasillo y Rumi río. 

—Creo que extrañaba bailar —dijo Rumi sentándose frente al espejo y mojando una almohadilla de algodón con desmaquillante y presionando ligeramente sobre su párpado un par de segundos.

—Yo no, y es tan exigente —respondió con un gemido teatral y sentándose en el tocador en lugar de la silla para balancear sus piernas. 

—¿No te vas a desmaquillar? —preguntó Rumi acercando el desmaquillante y el algodón hacía ella.

—Tengo flojera, lo haré en casa —respondió tomando una almohadilla solo para jugar. 

—Deberías hacerlo, te sentirás mejor —Rumi terminó de quitar el glitter y el delineado de ambos ojos.

—Sé que me haría sentir mejor —dijo en lugar de seguir el consejo de su líder. 

—¿Qué? —preguntó Rumi quien ahora quitaba con delicadeza la base sobre su piel. 

—Deshacer mi peinado.

—Es lindo.

—Nunca dije que no lo fuera, pero a la estilista le quedó muy apretado y siento como mi piel se estira. 

—Y después deberías desmaquillarte —sugirió de nuevo. 

—¿Por qué no le dices lo mismo a Mira? —respondió en un tono fingido de berrinche mientras retiraba los adornos y los pasadores de su cabello. 

—Porque si alguien tiene una rutina de 40 pasos para el cuidado de la piel, es ella —Zoey asiente de acuerdo con esa declaración. Ella podría escribir una canción completa mientras Mira completa su rutina de skincare. 

—Se atoró —anuncia cuando una de las ligas para cabello con las que se peina se enredó con su cabello y tirar de ella solo lo empeora. 

—Déjame ayudarte —Rumi se levantó de su silla para acomodarse entre las piernas de Zoey y con cuidado de no lastimar a Zoey comenzó a retirar los mechones de cabello hasta dejar caer su cabello negro-azulado. Y sin pedírselo Rumi comenzó con el otro lado de su cabeza. 

Zoey podía sentir la delicadeza con la que Rumi la despeinaba, poco a poco y con cuidado quitó cada accesorio hasta que su cabello cayó libremente por sus hombros hasta la mitad de su espalda. Rumi paso lentamente sus dedos por su cabello y acomodo tiernamente su fleco. 

—Listo —anunció Rumi llevando su cabello a su espalda—. Deberías llevarlo suelto más seguido —sugirió revolviendo un mechón sobre su dedo. 

—Pero son mi marca personal —respondió haciendo referencia a su peinado.

—Estoy segura de que a los fans les encantaría —dijo Rumi continuando con la conversación, pero sin romper la cercanía.

Zoey vio como Rumi mojaba otro algodón con desmaquillante y con ligereza y suavidad lo paso por su piel, una de sus manos en su barbilla para mover ligeramente el ángulo dependiendo de qué zona estuviese limpiando. Rumi aún tenía un ligero olor a lavanda, algunos mechones de su trenza estaban sueltos y enmarcan su rostro. 

Se sintió mareada por un segundo, la cercanía, el aroma, el calor, aún la adrenalina del espectáculo corriendo por sus venas. Todo cayendo ante ella en un torrente, pero aún Rumi entre sus piernas pasando el desmaquillante como si fuese una rutina, como si fuese normal. 

Y puede que para su amiga lo sea. Pero en realidad está poniendo el mundo cabeza arriba, siendo consciente que solo bastaría que se acercara, solo un poco, para tener los labios de Rumi rozando los suyos. 

Rumi cambió de almohadilla y pasó con suavidad por su barbilla, apenas tocando sus labios con sobras de su brillo de labios rosa, ahora desvanecido y cuarteado. Aun así, Rumi pasó su pulgar por su labio inferior y Zoey tuvo que contener el suspiro pesado que amenazaba con salir, pero la mano de Rumi no se movió. 

Tenía miedo de mirar hacia arriba, hacia los ojos de Rumi. Empezó con el collar a juego que tiene con Mira, luego vio el nuevo set de uñas que tiene puesto, siguió el camino hacía sus brazos llenos de marcas resplandecientes e iridiscentes, lo que sin querer la llevó a sus labios ligeramente abiertos y terminó en sus ojos.

La mirada de Rumi estaba sobre ella, pero no sobre toda ella, más bien centrados en sus labios y sin pensarlo, casi por reflejo, los abrió. Rumi puso ambas manos sobre el tocador a los lados de sus caderas, terminando aún más cerca, y ella puso sus brazos sobre los hombros de su amiga entrelazándolos detrás de su cuello. 

Pasaron un par de segundos viéndose en silencio, sus suspiros colisionando, compartiendo el mismo aire y el mismo espacio. Todo hasta que la tensión fue suficiente y ambas buscaron los labios de la otra con desesperación y anhelo. El primero fue lento, tentativo, casi imperceptible, incluso un poco torpe. 

Pero eso solo fue el inicio, cuando Rumi puso sus manos sobre su cintura y la distancia entre sus cuerpos fue inexistente la duda del primero dejó de existir y había una nueva necesidad de sentir la calidez y suavidad de los labios de la otra. 

Zoey se sumió en el momento, no le importaba nada, absolutamente nada, no importaba quién entraba o las veía, porque ese momento, valía la pena. 

Y esa noche, cuando estuvo sola en su habitación, con aún la sensación de los labios de Rumi sobre los suyos, tuvo dos cosas más que agregar a su cuaderno. 

Rumi besa extremadamente bien, creo que podría besarme para siempre y estaría feliz con eso.

 

 

Notes:

Espero que les haya gustado, pueden dejar un comentario, kudo o alguna sugerencia, eso realmente me motiva.
Nos vemos pronto con otro fanfic super gay (probablemente también poliamoroso)