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“Mark” escuchó su nombre en un murmullo tan bajo que podía confundirse con el viento.
Una niebla bastante espesa bloqueaba su vista. Bajo sus pies, la húmeda tierra amortiguaba sus pasos, hundiendo sus pies apenas unos centímetros. Una ligera brisa despeinaba sus cabellos, haciéndolo temblar ligeramente pese a llevar puesto el suéter de lana que su madre le regaló en navidad. Su nariz picaba con el intenso petricor y las puntas de sus dedos se congelaban por la baja temperatura. Avanzó unos tembloroso pasos, inseguro del terreno aunque sin miedo; reconocía el lugar como aquel que alguna vez visitó hace años. Su voz arañaba por salir aunque sus labios permanecían sellados, y sus ojos poco a poco se acostumbraron a la negrura de su entorno
“Mark, búscame” nuevamente esa voz lo llamó utilizando su idioma natal
Sintiendo una repentina necesidad apretando su pecho, corrió detrás del eco tratando de llegar a su emisor. Corrió sin cesar, golpeándose en el proceso con ramas y vegetación que no lo podían detener. Finalmente, sus piernas cedieron y terminó tropezando con una raíz muerta, cayendo por el precipicio que tanto evitó.
Despertó asustado en su cama, totalmente cubierto de sudor. Su respiración agitada se sumaba a su acelerado corazón haciéndolo sentir que iba a morir en cualquier instante. Trató de calmarse yendo a tomar una ducha, ignorando la sensación de añoranza que apretaba sus entrañas. Se vistió y se dirigió al banco donde trabajaba.
Todo el día tuvo la sensación de estar extrañando algo o alguien, como si hubiera una pieza perdida en su vida. Tan distraído estaba que terminó chocando con un extraño en la calle, tirando el smoothie de sandía que se compró tratando de animarse
“Mierda” murmuró bastante molesto tratando de limpiar su camisa.
Un apresurado ‘lo siento’ fue dicho en respuesta antes de que el extraño se alejara con rapidez de ahí. No fue hasta que levantó la cabeza para buscarlo que algo en su mente conectó los puntos dándose cuenta de que era la misma voz que le habló en sus sueños. Alterado, buscó con la mirada por todas partes viendo a un mar de gente rodeándolo molestos por estorbar en sus caminos. Ligeramente decepcionado, caminó hasta el cesto de basura más cercano tirando el envase ahora vacío.
Siguió su rutina diaria hasta llegar nuevamente a su habitación listo para dormir. Se alistó para dormir, masajeando suavemente sus sienes deseando poder descansar plenamente esa noche.
Al despertar por la mañana, notó con alegría que esa noche no tuvo sueños, por lo que se sentía más descansado y motivado. Inició su rutina como cualquier otro día, olvidando gradualmente el sueño que tuvo aquella noche.
Al cabo de varias semanas, la urgencia por dormir lo invadió repentinamente. Ese día estaba en ventanilla atendiendo a los clientes cuando un sueño arrollador lo golpeó. Le costaba mucho trabajo mantener los ojos abiertos, atiborrandose de cafeína y dulces para mantenerse despierto el resto de la jornada. Ni bien se dió su hora de salida, salió disparado a su casa, donde llegó directo a su cama sumiéndose en un profundo sueño sin siquiera quitarse el uniforme.
“Mark” de nueva cuenta aquella voz lo buscó en su sueño.
El lugar al que había llegado era el mismo que la vez anterior. La misma niebla lo envolvía ahora, sólo que en esa ocasión empezó a dispersarse lentamente mostrándole un sendero entre los gigantescos árboles. Con más confianza que la última vez, avanzó sin prisa por el terreno, deteniéndose a mirar el paisaje detenido en el tiempo que lo rodeaba
“Mark” escuchó por segunda ocasión “Búscame”
Una sensación inexplicable lo recorrió subiendo por su espina dorsal. El sentimiento de familiaridad lo embargó aguando su ojos, como si algo dentro de sí hubiera reconocido al emisor y este fuera algún ser amado que estuvo buscando durante mucho tiempo. Aceleró su andar persiguiendo el fantasma de su nombre
“¿Quién eres?¿Por qué me siento así?” cuestionó apresurado “¿Dónde estás?”
“Lo sabrás cuando sea el momento” respondió con sencillez
Sintiendo que su tiempo se terminaba, empezó a trotar tratando de llegar hasta él visualizando una pequeña cabaña de madera en un claro. Algo le decía que ahí se encontraba el hombre de sus sueños, así que corrió como nunca tratando de llegar a la puerta que parecía alejarse a medida que él aceleraba. Finalmente, cuando logró rozar la puerta con sus dedos, el suelo bajo él se abrió tragandolo todo en una espesa oscuridad.
Despertó acelerado con el sentimiento de haber perdido algo pegado a sus huesos. Las ganas de llorar lo invadieron, pero nuevamente las ignoró metiendose a bañar para iniciar su mañana. Tal y como la primera vez, su día fue una pesada jornada nostálgica que parecía decidida a ponerlo en el peor de los humores. Sus ojos tristes miraban la nada frente a él, recordando la masculina voz que lo llamaba cuando dormía.
El siguiente cliente pasó a su ventanilla, extendiendo un papel con una cuenta bancaria y una cifra anotada sin siquiera saludar. Malhumorado por el trato, Mark se limitó a ingresar los datos apenas sorprendiéndose cuando leyó bien la gran cantidad que estaba depositando. Contó el dinero y terminó la transacción, esperando el ticket para dárselo al hombre que esperaba detrás. Cuando por fin se imprimió, se giró para darle el recibo disponiéndose a mirarlo finalmente a la cara cuando la luz se fue. Sorprendido porque era la primera vez que le pasaba estando en ese trabajo, extendió la mano mirando a su compañero de a lado, quien se encogió de hombros igual de desconcertado que él
“Gracias” dijo el cliente rozando apenas sus dedos.
La piel de Mark se erizó reconociendo esa voz, poniéndose de pie para tratar de buscar al dueño de ella. Para su mala suerte, aquel hombre parecía caminar rápido pues no hubo rastros de él más que un billete que dejó olvidado junto a la pluma azul que tenían atada a un cordón. Curioso, tomó el billete notando que eran diez dólares canadienses, algo sumamente extraño porque estaban en Corea del Sur y él era justamente de Canadá
“¿Será una señal?” se preguntó dando un último vistazo antes de sentarse a continuar su trabajo. Guardó el billete en su bolsillo trasero y prosiguió con sus labores.
Salió a la misma hora de siempre siguiendo la misma rutina de siempre. Se fue a dormir deseando soñar otra vez con el hombre, anhelando ver su rostro aquella vez; sin embargo, esa noche estuvo plagada de blanca quietud. Al igual que la siguiente noche, y las demás después de esa durante cinco semanas enteras.
Se había resignado ya cuando la potente necesidad por soñar lo asaltó en su trabajo. Emocionado, resistió el abrumador día llegando directamente a su cama, ignorando la cena y todos sus preparativos usuales para dormir.
“Mark” abrió los ojos dispuesto a encontrar al dueño de sus sueños
Recorrió el familiar camino, sintiendo la niebla aligerarse hasta casi desaparecer. Los grandes árboles, que en un inicio lo intimidaban, ahora le transmitían paz mientras caminaba
“Mark, ya casi me encuentras” informó la voz
Con una explosión de energía, corrió hasta la cabaña, sorteando los obstáculos tales como raíces y ramas que aparecían en el camino. Sabiendo que pronto despertaría, se abalanzó contra la puerta luchando por abrirla. Cuando finalmente lo logró, cayó al vacío inevitable despertando en su cama.
Enfurruñado, inició su día siendo inusualmente agresivo. Sus compañeros lo miraban sin comprender su actitud, dándole su espacio para no irritsdlo más. Sintiéndose molesto y culpable a partes iguales, se arrastró fuera del banco caminando cabizbajo por la ciudad. Paró frente a una tienda de cómics, pensando que quizás un nuevo tomo de Spiderman lo animaría. Se adentró suspirando, leyendo los títulos con pereza cuando un ejemplar en la cima de un estante atrapó su atención. Una edición especial era exhibida ahí, con un precio tan tentador que era imposible de ignorar. Trató de alcanzarlo, pero su estatura no ayudaba y él era demasiado penoso como para pedir ayuda, por lo que se resignó a perder su oportunidad de comprarlo. Con un último suspiro, estaba por marcharse cuando una varonil mano salió de detrás de él alzándose para tomar el cómic, dejándolo en las manos de Mark, quien se había quedado congelado por la adrenalina.
“Ten” escuchó esa inconfundible voz detrás de él
Tardó unos segundos en reaccionar, volteando rápidamente para ver la nada misma a su alrededor. Nuevamente, había perdido la oportunidad de verlo.
Contrariado, regresó a casa dedicándose a leer su cómic, ignorando lo más posible la decepción por no poder ver al hombre misterioso.
Ahora, esperó paciente por el siguiente sueño. En su día a día, prestaba especial atención a su entorno tratando de escuchar con detenimiento, buscando su timbre en las conversaciones ajenas. Pasando varias semanas, Mark recibió con los brazos abiertos la pesadez del sueño, feliz por poder entrar a ese lugar donde la familiar voz lo esperaba.
Esta vez, no esperó a ser llamado. Corrió directamente a la cabaña, logrando entrar a la primera. Abrió la puerta con cuidado, notando en primera instancia lo amplio del lugar debido, en parte, a la falta de muebles y objetos, siendo únicamente una gran mampara blanca. Detrás de ella, la sombra apenas distinguible de un hombre alto de espaldas a Mark esperaba pacientemente
“Me encontraste” felicitó la voz “Ahora, búscame en el mundo de la vigilia; atrapame bajo la luz del sol”
“¿Pero cómo lo haré? ¡No sé nada de ti! ¿Cómo podría yo saber que eres tú si no conozco ni siquiera tu rostro?” preguntó ligeramente molesto aunque bastante preocupado
“Ya lo has hecho” respondió con simpleza. Por su tono, podía adivinarse una amplia sonrisa en esos misterios labios “Ya nos hemos encontrado en ambos mundos, sólo que habías estado demasiado ciego para verme”
“No recuerdo…” se detuvo de golpe recordando el smoothie de sandía, el dólar canadiense y el cómic de Spiderman “No puede ser. Todas esas veces, ¿Eras tú?” incluso antes de recibir respuesta, sabía que sí lo era.
Se sintió tan tonto por haber desperdiciado tanto tiempo pudiendo haberlo visto desde la primera ocasión. Una suave, pero varonil risa que erizó su piel lo cortó
“Búscame, Mark” finalizó sumiendo todo bajo una oscuridad total.
Ese día se levantó totalmente motivado. Se arregló con su mejor ropa, poniéndose ese perfume especial de sándalo que sólo usaba en fiestas importantes. Salió de su casa dejando que su intuición dirigiera sus pasos, caminando durante un par de horas hasta llegar a las afueras de la ciudad. Específicamente, a la entrada de un bosque que era idéntico al de sus sueños. Siguiendo el camino que tan familiar le era, recorrió el lugar tomándose su tiempo para llenarse con la naturaleza. Su corazón latió acelerado cuando llegó a la cabaña, mirando una pequeña y nueva placa sobre la puerta:
Dream lab
Leyó sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo. Con una respiración honda, abrió la puerta mirando varias máquinas y papeles por todas partes. Tomografías, exámenes médicos, historiales clínicos, descripciones, mapas y dibujos llenaban las paredes con historias esperando ser contadas. Se adentró más leyendo algunas hojas, reconociendo los sueños que alguna vez tuvo hacía años. Un movimiento detrás de una mampara al fondo de la cabaña llamó su atención, dejando los papeles que anteriormente había tomado en segundo plano para prestar total atención a lo que estaba pasando.
Un hombre alto y de porte elegante emergió enfundado en una bata blanca. Tan inmerso estaba en la tablet que sostenía que no notó la presencia de Mark, quien lo miraba embelesado sabiendo todo sobre él sin haberlo visto nunca antes. Carraspeó ligeramente llamando su atención, siendo recibido con una gran sonrisa satisfecha
“¡Mark! Me alegra que por fin hayas llegado. Te estuve esperando”
“Yo también te estuve esperando, Johnny”
