Chapter Text
~La vida antes de él ~
El día en que la vida de Lan Wangji cambia por completo empieza como cualquier otro.
En la mañana, se despierta a las 5am como es costumbre, con el cantar de los pájaros y los sonidos del bosque colándose entre sus sueños, y la luz del sol que se filtra por las cortinas de su ventana entibiando su rostro. La naturaleza marca siempre así el inicio de sus días calmados a finales de verano.
Como es costumbre, se dirige a lavarse la cara y realiza una rápida rutina para el cuidado de su piel, no utiliza muchos productos pero de igual manera lo hace de forma minuciosa, teniendo en cuenta como pasa los días bajo el sol y expuesto a la tierra.
Como es costumbre, después de eso se dirige a la cocina, toma el gaiwan que su tío le regaló hace algunos años y vierte agua caliente sobre algunas hierbas. El día de hoy se decide por té de flor de jazmín, producto de sus propios cultivos y herbajes. Coloca la tapa sobre el recipiente y deja que se asiente.
Mientras tanto, se dirige a su habitación y medita por 15 minutos junto a la ventana que da al bosque, como hace cada día.
Luego de desayunar se coloca sus botas y cruza el jardín trasero en silencio mientras el aire frío de la mañana le pega en la cara y la tierra se hunde suavemente bajo sus pasos con su peculiar sonido húmedo. Llega a la puerta del invernadero y se adentra al lugar que cuida y protege como si de un templo se tratara.
Lo primero que hace ahí es dirigirse al termohigrómetro y verifica la humedad y la temperatura del lugar, revisa de forma individual cada planta con mirada meticulosa pero rápida, ya perfeccionada con los años. Toma en sus manos las orquídeas, helechos y demás, inspeccionándolos no sin delicadeza.
Habla muy poco, pero a veces murmura palabras suaves a algunas de las plantas que parecen responder mejor con ello, cosas como: "Demasiada sombra aquí, déjame moverte al sol de allá" o "No has crecido mucho, no hay problema, el ritmo lento es igual de bueno".
En el proceso toma su cuaderno de notas de campo, anotando la fecha y luego el crecimiento y los cambios en todas ellas, y a veces, como pasa en persona, también puede añadir pequeñas notas a los pies de la página o en los márgenes "El primer retoño, bien hecho", o "Estás ansiosa por crecer" al lado de uno de sus bosquejos.
Al finalizar revisa su horario, hoy es día de clasificar, así que se dirige a su laboratorio: un espacio casero bien ordenado en el que realiza, desde estudios hasta infusiones y bálsamos medicinales. En una esquina hay todo un librero repleto de ejemplares de tapa dura y aspecto viejo. Hay un archivador, fólderes y libretas clasificadas con etiqueta conforme su fecha y propósito. Lan Wangji se coloca frente a su mesa de trabajo y se dispone a limpiar muestras para luego depositar unas con cuidado en el área de secado, y otras bajo su microscopio.
Después del almuerzo (un cuenco de sopa de calabaza y jugo natural), se dirige a su estudio, donde hay más libros y más libretas. También ahí guarda las cintas que graba en sus expediciones al bosque, los álbumes y los casetes llenos de las fotografías que ha sumado de la flora y la fauna que habitan en los alrededores de su hogar. En silencio, escoge un libro de textos antiguos de medicina tradicional, este está escrito en latín, así que empieza a traducir diligentemente en su cuaderno personal, anotando con caligrafía pulcra todo lo que le asombra y admira.
Sus días son así, tazas de té, libros con páginas amarillentas, herramientas de trabajo, comidas caseras, registros y olor a tinta, sus plantas de estudio y sus cultivos, caminatas en el bosque, animales silvestres, manzanilla en las noches y poemas antes de dormir; antes de que el mundo se vuelva sólo bosque y oscuridad.
Puede no admitirlo nunca en voz alta a sus allegados, pero también hay ocasiones en las que esa noche se tiñe de soledad y melancolía...es algo con lo que ha aprendido a lidiar con el paso de los años, integrándolo como un precio a pagar por la vida que prefiere ante el bullicio y la prisa de la ciudad.
Como es costumbre, el boticario se acuesta sin expectativas, sin ansias de lo que el futuro pudiera presentar de improviso.
Mañana será igual, y para Lan Wangji eso es paz.
~ El llamado de algo más grande ~
Algo curioso que ocurre con las últimas veces es que rara vez se reconocen a tiempo.
Suelen pasar desapercibidas hasta que ya es muy tarde y no hay mucho por hacer.
Lan Wangji tampoco sabe, no se imagina.
Como el último día en que se fue a la cama bajo esa paz y cotidianeidad, fue el día de ayer, y el día de mañana eso será solo una cosa más del pasado que no puede alcanzar.
Más o menos a las cinco de la tarde Lan Wangji revisa una gaveta en la cocina y nota que el tarro de moras que necesita para la tarta que planea hornear está vacío. Dirige su mirada a la ventana, sopesando la idea de salir en busca de algunas. Estos días está oscureciendo más temprano por lo que si quiere salir con los últimos rayos del sol deberá apresurarse.
Sin darle más vueltas al asunto, toma una canasta de mimbre y dentro deposita una servilleta, tijeras de podar y un par de guantes.
Justo antes de salir se inclina para tomar su abrigo y ahí, dentro del mueble, a un lado, está la escopeta que su hermano trajo e insistió con preocupación honesta que guardara.
Lan Wangji la observa por unos segundos. Nunca la ha utilizado, conoce bien el bosque y es consciente de sus peligros por lo que no suele salir tarde.
Está a punto de cerrar la puerta del armario, pero al último momento vuelve y toma el arma. Realmente no es que siquiera piense usarla a menos que sea absolutamente necesario. Y, si es honesto consigo mismo, es probable que aunque ese fuera el caso, no sería capaz de halar el gatillo.
No, su cuestionamiento se debe más a que, en estas situaciones, el recuerdo de su hermano preocupado, o la voz de su tío en el teléfono siempre despidiéndose con un "Ten cuidado ahí fuera" hacen que sienta culpa sino la lleva consigo.
Así que la toma y sujeta la correa a su espalda, luego se adentra en el bosque, su segundo hogar.
Conoce bien el camino hacia el lago que está a una media hora andando y unos quince minutos en bicicleta. Después de todo, fue él mismo quien hizo el sendero poco después de su llegada, hace varios años.
Cuando está más o menos cerca, se percata de la familia de pájaros carpinteros que está reunida en la rama de un árbol. Lan Wangji se detiene y de su bolso saca una cámara con la intención de tomar unas cuantas fotos.
Los enfoca en silencio, busca un buen ángulo y espera el momento perfecto. Justo entonces, las aves parecen escuchar o sentir algo que él no, porque todas giran la cabeza al mismo tiempo en la misma dirección, ¡Ahí! El momento perfecto que estaba esperando. Lan Wangji presiona el obturador pero jamás alcanza a tomar la fotografía, justo en ese mismo instante varias cosas suceden en el transcurso de segundos.
Lo primero que Lan Wangji registra es el sonido del viento silbando con fuerza, y poco después se produce el impacto. Un estruendo ensordecedor. El cielo se ilumina de un color rojo brillante por un momento para luego llenarse de humo del mismo color, los pájaros ya se han ido revoloteando sin que Lan Wangji siquiera lo note.
Su primer instinto es correr de regreso a su hogar y llamar a emergencias. En la distancia, oculto entre los árboles, parece haberse estrellado...¿un avión? ¿Es eso lo que era?
Entonces escucha un quejido de dolor proveniente de la misma dirección, y antes de que su cerebro lo registre sus pies ya se están moviendo, llevándolo en dirección contraria a su hogar, a su invernadero, a lo que es seguro.
Con cada paso, se aleja más y más de todo lo que conoce.
~Finalmente, la colisión de dos almas solitarias ~
Luego de lo que parece una eternidad, finalmente llega a un claro.
En el centro hay ramas y árboles aplastados debajo de un pequeño cráter formado al impactar, y sobre ellos descansa una especie de nave, un objeto metálico y redondo que debería ser imposible.
Lan wangji, muy a su pesar, carga la escopeta y se acerca lento y tan silencioso como puede. Alrededor de la nave salen chispas disparadas al aire, está medio enterrada, y hay todo un tramo de raíces levantadas detrás de ella, como si la misma tierra la hubiera intentado rechazar.
Mientras más se acerca más se hace presente el olor a cables quemados, ozono y algo más que Lan Wangji no puede identificar realmente.
De repente, una escotilla a uno de los laterales se abre con un estruendo. Instintivamente, Lan Wangji se lleva la escopeta a la altura del hombro, apuntando directamente, y sostiene el gatillo. Del interior cae una figura delgada (¿una criatura?...¿un hombre?) Su cuerpo rueda e impacta bocabajo contra el suelo con un ruido sordo.
Lan Wangji contiene la respiración, sus ojos fijos en el ser que tiene a pocos metros de distancia. Tiene una figura humana...o algo así. Brazos que parecen fuertes, piernas esbeltas y largas. Detiene su mirada en su columna vertebral, parece normal hasta que la observa bien, hay algo inusual, los huesos parecen ligeramente fuera de lugar, una vez que lo nota no puede dejar de verlo.
Entonces la criatura, el hombre, se levanta lentamente con ayuda de sus brazos pero Lan Wangji puede ver el esfuerzo que requiere, sus extremidades tiemblan como hojas otoñales a punto de caer al suelo. Lan Wangji baja el arma lentamente.
Está desnudo.
Claro. Por supuesto que sí.
Desvía la mirada de inmediato al percatarse, sintiendo la punta de los oídos hirviendo. Entonces alcanza a ver una cobija un poco lejos de ahí, atorada en una rama suelta, probablemente salió volando antes de estrellarse.
Un gemido de dolor atrae nuevamente la atención de Lan Wangji, está vez se compromete a ver su rostro.
Y la vista es...honestamente no es algo que se esperaba.
El extraño es hermoso. No hay otra forma de describirlo más que quizá, peligrosamente hermoso. Grandes ojos oscuros como un par de eclipses rodeados de pecas esparcidas como estrellas sobre su rostro suave y lastimado. Su cabello es oscuro como la noche, negro y húmedo, pegado a su cuello y espalda, como si viniera del mar en lugar del cielo.
Como si no pudiera soportarlo más, el hombre se desploma y está vez no intenta ponerse de pie otra vez, es evidente que lucha por no perder la conciencia. Lan Wangji no sabe qué es lo que lo empuja, pero de algún modo sabe que tiene que ayudar. Como si se tratara de curar a algún animal silvestre que está herido, tiene que llevarlo fueradel peligro como ha hecho incontables veces en el pasado.
Corre a tomar la manta, deteniéndose sólo un momento inevitable para examinar su rareza, la tela se siente de algún modo casi líquida pero la textura es parecida a la lana, y una vez que toca sus manos está se calienta como si se adaptara sola y ajustara la diferencia entre la temperatura del ambiente y la temperatura carente en su cuerpo. Aún preguntándose si está soñando, Lan Wangji vuelve y deposita el objeto extraño sobre los hombros del hombre, asegurándose de envolverlo bien en esta.
Entonces escucha algo...él está hablando, o eso intenta. Lan Wangji no puede comprender una sola palabra y no es porque el hombre herido esté murmurando. El idioma, los sonidos, no suena como algo que Lan Wangji haya escuchado nunca.
—No entiendo. ¿Tu nombre? —pregunta Lan Wangji, definitivamente sonando más seguro de lo que se siente. A pesar de que sus manos están temblando, su voz es firme y serena.
El extraño no contesta de inmediato. En su lugar, parpadea lentamente.
—¿...qué es? ¿Es Terra...esto?
La pronunciación dista de ser perfecta, parece un extranjero tratando de recordar las palabras que leyó en algún panfleto para turistas.
Lan Wangji no responde, inusualmente superado por la situación.
El ser levanta la mirada al cielo nocturno y alza una mano débil, como si intentara tocarlo o alcanzarlo y, por un instante. Lan Wangji está seguro de que no ha visto una mirada más triste y desolada que esta. Casi funciona como un portal que le devuelve fijamente la mirada a una parte escondida muy dentro suyo, una parte que se siente profundamente entendida.
Algo dentro suyo siente el fuerte deseo de tomar esa mano entre las suyas y ser capaz de brindar algún tipo de consuelo, aunque no comprende de dónde viene.
—¿Quién eres? —pregunta en su lugar, casi en un susurro, su voz desborda una intriga casi desesperada, por algún motivo no puede apartar la vista.
Ignorándolo, el extraño cierra los ojos con fuerza e intenta incorporarse, pero es demasiado brusco y solo consigue volver a caer hacia adelante.
—Peso de aquí...débil más que donde yo...no puedo...
Es como si buscara las palabras a tientas en la oscuridad, pero solo encontrara fragmentos. Cada oración suena rota, y pronto el chico comienza a desesperarse, sus ojos se ponen brillosos y unas lágrimas como teñidas de azul pálido caen por sus mejillas mientras solloza.
Lan Wangji traga, vacilante, y se arrodilla junto a él con la intención de examinarlo. Justo en ese momento el chico extraño se inclina contra su voluntad y se desploma sobre su regazo. Sus ojos apenas abiertos y su respiración superficial encienden todas las alarmas en Lan Wangji.
Apoya dos dedos sobre el cuello del alien y le entristece la debilidad del pulso, más no le sorprende. Fue una caída dura, y caer desde lo más alto del cosmos para terminar en la tierra húmeda y fría no puede ser fácil para nadie, no importa la especie.
Con preocupación creciente, recorre su mano desde el cuello, pasando por el largo de su brazo extendido y suave, y se detiene en su mano, la misma que el alien había utilizado anteriormente para alcanzar algo que Lan Wangji no pudo ver, y la envuelve con la suya, apretando con delicadeza. Su temperatura es peligrosamente baja, este alien...este chico, está muriendo en sus brazos.
Mantienen el contacto visual aún mientras él lucha por mantener los ojos abiertos por más tiempo, pero a lo último los cierra, y los grandes irises oscuros no vuelven a reaparecer.
No queda mucho tiempo, tiene que moverse.
Lan Wangji no se permite pensar, simplemente lo levanta sin decir palabra. El peso es bastante ligero en sus brazos mientras vuelve sobre sus pasos tan rápido como puede entre los árboles y sus siluetas altas e interminables.
De algún modo el viaje de vuelta se siente mucho más corto.
De reojo, puede ver como los pequeños animales se esconden al verlos pasar, y Lan Wangji lo siente tanto como ellos...la otredad. Es imposible estar cerca de este hombre y no sentir que algo no está bien, siente el peso de alguien que no pertenece a este mundo claro como el rocío.
Cuando finalmente vislumbra su cabaña en la cercanía toma el valor y mira hacia abajo, al rostro etéreo una vez más, parece fruncir el ceño cada pocos minutos, y otra oleada de empatía golpea su pecho. ¿con qué está soñando? ¿Por qué no puede tener paz al menos en la inconsciencia?
¿Qué fue lo que te paso a ti? ¿Y qué te trae?
Llega al porche y se detiene en seco ante el primer escalón.
Por primera vez en años, no ha vuelto a casa solo.
~ Extras! ~
BITÁCORA DE CAMPO – Entrada #01 (nota escrita a mano en una libreta sin usar)
Fecha: 0X.0X.19XX
Hora: 00:37
Ubicación: Cabaña
Evento extraordinario no relacionado con investigación de flora o fauna.
Durante una expedición repentina al bosque en busca de suministros, alrededor de las 5:30pm, me encontré con una estructura metálica entre unos escombros en el bosque, zona norte. Se había estrellado unos minutos atrás, de lo cual también fui testigo principal.
[Recordatorio: Sugerir estudios auditivos por exposición a estruendo de alta magnitud en próxima visita médica.] ̶[̶N̶o̶ ̶c̶e̶d̶e̶r̶.̶ ̶I̶n̶s̶i̶s̶t̶i̶r̶]̶
No pude investigar la nave a profundidad debido a un asunto que ameritaba mi atención total e inmediata: Un ser de aspecto humanoide gravemente herido . ̶D̶e̶ ̶a̶p̶a̶r̶i̶e̶n̶c̶i̶a̶ ̶e̶t̶é̶r̶e̶a̶. Edad desconocida. Ojos negros, aunque parecen tener un aro morado alrededor del iris, es discreto pero indudable. Textura dérmica extremadamente suave al tacto al momento del examen, casi anómala. Temperatura corporal inferior al promedio humano. El patrón respiratorio puede variar, alcanzando intervalos de hasta 20 segundos entre respiraciones, desconozco si es normal en su especie o debido a su estado delicado. Ritmo cardíaco es débil, pero constante.
No portaba armas visibles. No intentó atacarme. Parecía asustado. Y̶ ̶t̶r̶i̶s̶t̶e̶.̶
Lo he traído a casa y dejado descansar en mi cama. Todavía desconozco las posibles consecuencias. Me he estado preguntando por qué lo hice, pero aun no tengo una respuesta satisfactoria, más que no podía dejarlo allí.
Me he quedado a su lado desde entonces, observándole dormir con objeto de vigilar su estabilidad. Hay algo frágil en él, más allá de sus heridas físicas. ̶M̶e̶ ̶r̶e̶c̶u̶e̶r̶d̶a̶ ̶a̶ ̶u̶n̶a̶ ̶f̶l̶o̶r̶ ̶e̶n̶ ̶e̶l̶ ̶c̶l̶i̶m̶a̶ ̶i̶n̶c̶o̶r̶r̶e̶c̶t̶o̶
No he informado a nadie. Aún no sé si debo pero hay algo que me lo impide, quizá lo mejor sea guardar este secreto por un tiempo. No es una hipótesis científica, sólo una corazonada honesta.
Mañana intentaré descubrir más, aunque basándome en los hechos de hoy, las probabilidades de comunicación son bajas. Aú̶n̶ ̶a̶s̶í̶,̶ ̶d̶e̶ ̶f̶o̶r̶m̶a̶ ̶i̶n̶e̶x̶p̶l̶i̶c̶a̶b̶l̶e̶, ̶s̶e̶ ̶s̶i̶e̶n̶t̶e̶ ̶c̶o̶m̶o̶ ̶s̶i̶ ̶u̶n̶a̶ ̶p̶a̶r̶t̶e̶ ̶d̶e̶ ̶m̶í̶ ̶y̶a̶ ̶e̶s̶t̶u̶v̶i̶e̶r̶a̶ ̶e̶s̶c̶u̶c̶h̶a̶n̶d̶o̶ y en̶t̶e̶n̶d̶i̶e̶n̶d̶o̶.̶
Fin de la nota.
Entrada de Emergencia
Cápsula 03: sujeto a bordo > Wei Wuxian
Estado crítico. Iniciando protocolo de emergencia. Impacto aproximado de 45 segundos. Activando escudos de amortiguación internos.
LECTURA NUEVA: DESESTABILIZACIÓN PRODUCIDA DEBIDO A MOTOR IZQUIERDO PERDIDO. ATMÓSFERA DESCONOCIDA. TRADUCTOR BIOLÓGICO INCORPORADO COMPROMETIDO. MÓDULO DE LENGUAJE INTERPLANETARIO COMPROMETIDO. BASE DE DATOS PLANETARIA INCOMPLETA.
[Ininteligible. Pitidos de emergencia y fugas de gas]
ERROR01141 COLISIÓN INMINENTE.
[La transmisión se corta abruptamente]
Fin del registro. (Fragmentos de audio recuperados de la caja negra, parcialmente restaurada por Lan wangji, después de una de las exploraciones al lugar de los hechos.)
