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ruleta rusa

Summary:

versión/español: En una habitación con escasa iluminación, una persona intenta frenéticamente romper unas esposas. Está frustrado, enojado. Su día no ha sido el mejor; si ignoramos el hecho de que le están apuntando con un arma a la cabeza y que hace poco un caníbal se comió su ojo, aún tendría una deuda lo suficientemente alta como para no estar tranquilo.

English/version:In a dimly lit room, someone frantically tries to break free from a pair of handcuffs. He's frustrated, angry. His day hasn't been the best; if we ignore the fact that a gun is pointed at his head and that a cannibal recently ate his eye, he would still have a debt big enough to keep him from feeling at ease.

esta es una historia para un trabajo pero me gusto y la modifique un poco/This is a story for a project but I liked it and modified it a little.

Notes:

la historia esta originalmente escrita en español y se podar entender mejor en esta versión ya que fue diseñada de este modo.
although it is ao3 and I will also leave an English version

Chapter 1: Ruleta Rusa/español/se aceptan criticas

Chapter Text

En una habitación con escasa iluminación, una persona intenta frenéticamente romper unas esposas. Está frustrado, enojado. Su día no ha sido el mejor; si ignoramos el hecho de que le están apuntando con un arma a la cabeza y que hace poco un caníbal se comió su ojo, aún tendría una deuda lo suficientemente alta como para no estar tranquilo.
Una voz rompe el silencio que se había estado cultivando en esa habitación:
—Podrías dispararle, ¿qué importa si es una bala real o de fogueo? Está esposado, no va a poder jugar hasta su próximo turno —la voz pertenecía a un ludópata.
—¡Tú cállate! —gritó con desesperación el tuerto esposado—. A mí sí me importa mi vida. ¡No es mi culpa que te hayas gastado todo tu dinero en juegos!
—Yo digo que le dispares, ya me está empezando a molestar su voz —le dice el ludópata al hombre armado.
—¿Tú dices? A mí me gusta cómo suplica por su vida, le pone emoción a este juego... Hablando de emoción... —gira su brazo para apuntar al ludópata—. ¿A ti no te importa perder la vida? —La pregunta es directa, simple, y la respuesta también:
—No... Sabes, ya perdí todo. Mi deuda es muy grande. Es un ganar o ganar, y si llego vivo al final, probablemente termine suicidándome.
Un breve silencio se genera en la sala.
—¿Entonces ahora eres un suicida? —dice con confusión el esposado.
—Sí, y tú eres un masoquista —responde con enojo el ahora suicida.
Una pequeña risa se escapa de la boca del hombre armado.
—Tienes más valentía que el resto de los jugadores... y de mis víctimas —dijo mientras presionaba la pistola en la cabeza del suicida.
—¡Hey! Se me olvidaba agradecerte por matar al caníbal, ¿señor asesino? Aún no me queda claro por qué estás aquí —dijo el tuerto, con un poco de duda al final.
El armado deja de apuntar al suicida y se dirige al tuerto con voz relajada. Deja el arma descansar sobre la mesa.
—Eres un raro con suerte —dijo sin convicción el ahora ya desarmado—. Pero tienes razón en algo: soy un asesino... serial, para ser más específico.
—Genial, ahora estoy encerrado con un masoquista y un asesino. Dios, yo solo quería morir —dijo, casi susurrando lo último para sí mismo, el suicida.
—¡¿Qué?! —un grito retumbó en la habitación—. ¡Yo no soy un masoquista! ¿Qué te pasa? —dijo con indignación el tuerto, ahora ya no "masoquista".
—¿Pero por qué estás aquí? Yo debo una deuda, y el suicida ya lo dijo —preguntó con curiosidad el tuerto.
El asesino dudó en responder, pero al final, solo uno iba a salir vivo, y los otros dos ya habían dado sus razones.
—¿Sí saben lo que significa “asesino serial”? —dijo el asesino, remarcando las palabras mientras hacía comillas en el aire—. La policía me busca, y pues aproveché de entrar aquí. Puedo matar gente, y no hay nadie buscándome.
Una pregunta inocente surgió:
—¿Entonces ya no me vas a matar? —pregunta el tuerto, mientras se forma una sonrisa en su rostro.
—Por esta vez, no —el asesino agarra el arma, la observa con determinación—. Revólver calibre 15... No es común, ¿un error de transcripción?
Sujeta el arma fuertemente, pone el dedo en el gatillo y apunta —sorprendentemente— a sí mismo. Al parecer, la pequeña conversación logró desarrollar ciertos sentimientos hacia los otros jugadores.
—Seis balas, cuatro de fogueo y dos reales. Las matemáticas dicen que hay un 66% de probabilidad de que la bala sea de fogueo.
Dicho esto, dispara... Tenía razón: fue una bala de fogueo la que salió.
—Tres de fogueo y dos reales... ¿60% de probabilidad de que la siguiente sea de fogueo?
Vuelve a disparar... y efectivamente, sale otra de fogueo.
Ahora el tuerto pasa.
—No por decisión propia —dijo, interrumpiendo al asesino.
—Y no sería de mi agrado dispararle. Entonces, ¿te disparo o te disparas? ¿Qué dices?
El suicida toma un respiro.
—Está bien, yo me mato. Dame el arma.
—Buen chico —dice el asesino antes de pasarle el arma al suicida.
Y, honrando el apodo que le pusieron, agarra el arma con manos temblorosas, se apunta a sí mismo y...
El silencio se rompe con el sonido de una bala disparándose. El cuerpo del suicida cae desplomado en el suelo.
Una voz suena por el altavoz:
—Las esposas han sido abiertas.
Rápidamente, el asesino agarra el arma y apunta a la cabeza del tuerto sin pensarlo.
—Ahora podré matarte sin sentirme culpable.
—Espera, es mi turno —dice con indignación el tuerto.
—Sí, es verdad. Deja que me dispare primero para dejarlo 50/50.
Redirige la punta del arma a su cabeza... cae al suelo una bala de fogueo.
—Ahora es más justo, ¿no?
Vuelve a apuntar el arma al tuerto. El rostro de este solo muestra una risa nerviosa.
—¿Estás seguro de esto? —dice el apuntado, sin miedo en sus palabras.
Antes de disparar, el asesino dice descaradamente:
—De nada por lo del caníbal.
Dispara. Pero milagrosamente, una bala de fogueo sale, la última.
—Dios... Suertudo de mierda —dice mientras le entrega el arma al susodicho.
Este la agarra con una sonrisa en la cara y apunta a su homicida. Antes de disparar, su asesino le dice:
—Cobarde de mierda. Estás temblando. En todo el juego no has matado a nadie, solo has sobrevivido por suerte. No puedes hacerlo.
Un silencio se genera en la sala. Después de un rato, el tuerto baja el arma.
—Sabes, tienes razón. No he matado a nadie y estoy temblando.
El asesino sonríe ante tal respuesta.
—Pero me insultaste, y eso no lo tolero.
Y antes de que se diera cuenta, una bala sale disparada y atraviesa el cráneo de su víctima antes de que este pudiera hacer algo.
El ahora homicida sin un ojo contempla el cuerpo de su antiguo... ¿amigo? Realmente no se sabe si podría considerarlo como uno. Un suspiro sale de su boca y se permite relajarse.
Pero en su relajación, una voz sale del altavoz:
—Felicidades, ganaste. La puerta ha sido desbloqueada.
Ven a recoger tu premio.