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Divididos

Summary:

Dos Caras creía que cualquier decisión podía ser resuelta con lanzar una moneda, pero cuando Edward Nygma aparece en sus vidas, por primera vez están divididos

Notes:

Chapter 1: Capitulo I

Chapter Text

La mente de Harvey Dent, como la mayoría de las veces, estaba… dividida.

Siempre lo había estado, pero eran con decisiones pequeñas, decisiones que podían hacerse al azar, con la probabilidad de tu lado.

Como qué comer, con qué ropa vestirte, tomar el camino de la izquierda o de la derecha, si alguien vivía o moría, pero esto iba a algo mucho más, algo que no podía dejarse en las manos del destino. 

Más que sobre algo, era sobre alguien, y ese alguien era Edward Nygma, o como ahora se hacía llamar, el Acertijo. 

Ese hombre de cabello rojo, claramente teñido, por cierto, que vestía con un traje ridículamente verde con signos de interrogación estampados mientras hacía el caos por las calles de Gotham, había tenido la osadía de irrumpir en la santidad de su hogar y pedir que colaboraran juntos. 

Y aunque una parte de Dos Caras no habría dudado en asesinarlo en ese mismo instante, su otra parte más racional le dijo que sería mejor si lo escucharan y así lo hizo. 

Resultó que era brillante, pero eso era lo que más le molestaba, era lo que más hacía que su sangre hirviera. ¡Que aquel ser tan irritantemente soberbio pudiera ser tan… y…! Los adjetivos se le iban de las manos.

Desde que era un niño, él había aparecido; Big Bad Harv era su nombre, y desde entonces habían estado peleando durante décadas por el control, hasta que por fin la ayuda de la moneda los ayudó a tener la paz mental que necesitaban, pero lo que le enfurecía a Harvey era que su único símbolo de paz unificada que lo había sostenido ya no funcionaba.

Porque esto era algo que no podía decidirse con la suerte.

La pregunta era: ¿Amaba a Ed Nygma? ¿Por lo menos sentía un mínimo de atracción, un atisbo de afecto? ¿O todo solo era un asunto de su camaradería por el crimen y por el odio a Batman?

Ese era el conflicto que mantenía a ambos hombres despiertos. 

En una noche en su cama triple, dividida en un lado con mantas de seda y satín color crema y rosados, y del otro con mantas pesadas de lana con patrones geométricos caóticos, tenía a su lado izquierdo a Sugar y a su lado derecho a Spice, dormidas profundamente a ambos lados; ocurrió que estaban sumidos en su larga charla interna.

—¿Por qué estamos hablando sobre este sujeto? —preguntó Big Bad Harv.

—Ese “alguien” tiene un nombre, y estamos hablando sobre él por el mismo motivo por el que hablamos, sobre todo, porque estamos indecisos —replicó Dent.

—Ya habíamos superado esto, maldición, Harvey. ¡No podíamos decidir estar con una sola mujer, así que estamos con las dos! ¿Ahora qué sigue?

—¡No estoy seguro si siento algo por Nygma! No sé si deberíamos matarlo y deshacernos del problema o si-

—Lanza la maldita moneda —le interrumpió—, solo lanza la moneda.

—¡No es algo que se pueda decidir con una moneda! Ese es el problema. 

El resto de la noche transcurrió en silencio.

Los días siguientes fueron incómodos, muy incómodos; parecía que el tiempo se extendía casi hasta el infinito hasta que dejó de tener sentido. 

—Harvey, querido, ¿qué pasa? —preguntó Sugar mientras acariciaba el rostro del lado sano de Harvey, hablándole con cariño—. ¿Está todo bien? No me has mirado en toda la noche, hay algo que te está preocupando, lo sé. 

Harvey desvió la mirada de su novia, lo cual era un tanto difícil considerando que estaba sentada en su regazo. 

—No te preocupes por él, es solo que está —Big Bad Harv tosió— distraído.

—¡No es verdad! —interrumpió Harvey mientras la miraba.

—¿Distraído con qué? —respondió la mujer rubia mientras parpadeaba lentamente.

Antes de que pudiera controlarlo, Big Bad Harv señaló hacia el laboratorio que habían acondicionado en la mansión dividida, un territorio neutral en donde Nygma estaba desarrollando la nueva invención de Nygmatech.

—Ohhh —Sugar canturreó—, ya veo lo que sucede aquí.

—¡No le hagas caso, es mentira! —replicó Harvey mientras la miraba—. ¡No le hagas caso a este sujeto!

Spice dio un vistazo hacia la puerta; una sonrisa pícara estaba en sus labios ante la realización. 

—Creo que ya sabemos lo que pasa aquí, estás interesado en él, ¿no? Él, bueno, dejemos de jugar, vas a ir a levantarte en este momento y a decirle…

—Que nuestro hombre quiere hacerlo con el señor Nygma —Sugar le susurró al oído, mientras reía. 

Harvey se levantó, con una expresión de horror, casi tirando a Sugar de sus rodillas, si no fuera porque se levantó grácilmente y dio unos pasos hacia atrás, sin poder evitar compartir una mirada con Spice. 

—¡No, no, no, es mentira, es la peor mentira que he escuchado! No diré nada porque no siento nada y este es el fin de estos asuntos. Ahora, si me disculpan, iré a ver cómo está mi proyecto en el que acabo de invertir la mitad de mi fortuna. ¡Y no porque quiera ver a… ¡Edward, en ningún otro sentido!

Y sin decir más, se marchó; ambas mujeres simplemente levantaron los hombros, como diciendo para sus adentros: “¡Hombres! ¿Quién los entiende?”

Entró al laboratorio lleno de tubos y cableado eléctrico por doquier. 

Los diagramas y planos tapizaban las paredes, y ante una mesa de trabajo estaba él, el gran y autoproclamado Ed Nygma. 

Estaba trabajando mientras murmuraba para sí mismo, mientras daba risas de pura felicidad mientras soldaba el nuevo invento en el que estaba trabajando: el Nygmatech, los lentes de control mental que absorbían los pensamientos y lo transmitían a él. 

Harvey se quedó de pie mirándole en confusión; a pesar de su estado, muy apropiado para un científico loco, más que para un villano de punta, Edward parecía tan diferente ahora.

Después de todo, tenía que tomar una buena pinta para la gala que se aproximaba. 

Incluso con el cabello castaño y sin el traje estampado, seguía siendo el mismo; había algo tan extraño en él que hacía que Dos Caras no pudiera quitarle los ojos de encima. 

Vistiendo con una camisa hawaiana con diseños de signos de interrogación teñidos y pantalones oscuros, parecía casi ordinario, y Harvey no entendía por qué simplemente no podía dejar de verlo, casi admirarlo, al admirar cómo es que seguía trabajando, soldando cables y uniendo otros tantos, sin siquiera notar su presencia, estando enfrascado en un invento de su propio genio. 

—Miren, miren nada más quién está enamorado —canturreó Big Bad Harv en su mente—, parece que ya tienes la respuesta a tu dilema, no puedes matarlo. 

Harvey solo sacudió su cabeza y se acercó al lado de Edward, carraspeando para llamar su atención. Al ver que no funcionaba, le tocó el hombro con suavidad, ante lo cual Edward se sobresaltó y apagó el soldador.

—¿Qué es lo que quieres…? —Edward preguntó mientras una expresión de ira casi asesina se mostró en su rostro, hasta que se giró, dándose cuenta de quién era quien le había interrumpido.

—¡Oh, son ustedes chicos! Estaba trabajando en algo.

—Puedo verlo —Harvey respondió mientras una sonrisa no pudo evitar cruzar por sus labios—. Estaba hablando con las chicas y, bueno, quise ver si mis veintidós millones de dólares estaban bien invertidos.

 

—No solo están bien invertidos, ¡no vas a poder conseguir a una persona en la faz de la tierra que pueda fabricar una milésima parte de lo que yo he hecho!

—Más te vale, amigo —pronunció Big Bad Harv mientras lo tomaba del rostro—, porque si no lo haces, alguien va a estar muy, muy enfadado contigo y créeme —le susurró al oído—, no voy a ser yo. 

Ed cerró los ojos al contacto y estaba a punto de hablar cuando Harvey retomó el control, tomó en cuenta la posición en la que estaban y dio unos pasos atrás. 

Notó que Edward tenía el rostro ligeramente sonrosado, y al poco tiempo notó que el suyo empezaba a calentársele. 

—Entiendo —carraspeó por un momento—. Espero verlo funcionar pronto. 

Y diciendo esto, se retiró saliendo de allí lo más rápido que sus piernas le permitieron.

La gala había terminado.

Después de que el intento de asesinar a Batman encendiendo el salón de fiestas en una explosión no funcionó, Edward y Harvey volvieron al escondite con los datos que el Nygmatech había recogido. 

Edward estaba en el laboratorio absorbiendo todos los conocimientos e información de la mente de los asistentes hasta que llegó al archivo de Bruce Wayne. Podía sentir la presencia de Dos Caras a su lado, pero no podía pensar en nada más que en la anticipación de lo que estaría a punto de ver. 

—¡Quién sabrá cuántos secretos oculte Bruce Wayne! Piénsalo, Harvey, ¡tantas fiestas, tantos tormentos, tantas vergüenzas, tantas orgías! Tantas cosas que podríamos usar en contra de él al alcance de mis manos, de nuestras manos; esto es la mina del oro del chantaje. 

Y entonces la imagen que vio no fue nada de eso. 

Sino algo mucho mejor. 

La imagen de Bruce Wayne colocándose la armadura del temible Batman frente a un espejo, las imágenes en primera persona de criminales siendo derribados como si fueran piezas de dominó.

 ¡Las imágenes del mismísimo Batman peleando contra el propio Dos Caras estaban allí! Edward se retiró el dispositivo y miró a su compañero.

—¿Qué pasa, qué sucede, Edward? —preguntó Harvey en confusión.

—Parece que le haremos una visita a Bruce Wayne —anunció Edward antes de empezar a reír mientras lo tomaba del rostro—. Bruce Wayne… Bruce Wayne es-

—¿Qué es, de qué hablas? —¡Habla ahora! —¡Habla o juro que te disparo! 

Big Bad Harv gritó, mientras sacaba de su traje el revólver doble que siempre traía, y lo empuñó en su mano, listo para disparar. 

Edward solamente pudo reír de nuevo, mientras le miraba con ojos desorbitados. 

—Bruce Wayne. —Es Batman —Edward dijo con un hilo de voz. 

—¡Déjame ver eso! —Dos Caras demandó mientras le quitaba los lentes de las manos, queriendo comprobarlo por sí mismo. 

Fueron unos instantes de silencio absoluto, hasta que Edward le quitó los lentes. Harvey cerró sus ojos por un momento, procesando, como si le hubieran arrojado un balde de agua fría, el conocimiento sobre que su amigo, o al menos, amigo en el pasado, era el mismo con el que se había enfrentado cada noche. 

Entonces, compartiendo una mirada, ambos empezaron a reír al mismo tiempo, sin saber por qué. Harvey bajó el arma, teniendo la mano temblorosa, y antes de que pudiera hacer algo más, Edward se lanzó a besarlo en los labios mientras se sujetaba de las solapas de su traje. 

Fue un beso, que duró solo unos momentos, y los sacudió como si fuera una explosión; los labios divididos entre suaves y agrietados se unieron con los finos de Nygma, finos, suaves y ligeramente con sabor a humectante y a demasiado café. 

Dos Caras se separó del beso inhalando profundamente, y los ojos de Edward se encontraron con los suyos. 

—¿Qué, que fue eso? —le interrogó. 

Era una pregunta bastante obvia en opinión de Edward, casi tonta, aunque sinceramente había comenzado a plantearse si sucedió debido a la emoción del momento, o por algo más. 

—¿Un beso?

Hubo algunos segundos de disputa interna, antes de que Harvey comenzara a reír.

—Hazlo otra vez —le ordenó mientras lo sujetaba de los hombros.

—El placer será mío, señor Dent.

Una sonrisa estaba plantada en los labios de Edward, una sonrisa que le recorría el rostro; sentía que podía estallar de felicidad: primero el triunfo de su invento, luego descubrir lo que cada criminal de Gotham, y prensa por igual, deseaban saber, y ahora esto. 

—Supongo que una sesión de tiempos a solas no interferirá con nuestra visita al señor Wayne. ¿O sí? —le preguntó Dos Caras antes de que Ed pudiera besarlo otra vez.

—No lo creo —replicó Nygma con una sonrisa.

Mientras cerraban la puerta del laboratorio entre risas, mientras se echaban los brazos al cuello del otro.