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Esa mañana Ayrton se levantó distinto. Era sábado, el día previo al viaje a Mendoza, pero la ansiedad le recorría el cuerpo como nunca.
— ¿Vos decís que va a decir que sí? — le preguntó a Palacios mientras caminaban hacia el gimnasio, con las manos hundidas en el buzo.
— Y si no lo intentas es medio dudoso saberlo — sonrió de costado el chileno, divertido — jamás te vi tan nervioso para invitar a alguien a cenar.
— No si es vergüenza o nervios o es miedo a que me diga que no y quedar como un pelotudo — se sinceró Ayrton, rascándose la nuca.
— Tenés todo el finde para preguntarle encima comparten pieza, tienen buena onda —dijo Palacios con un suspiro — seguramente te diga que sí varias veces lo enganchamos con Williams mirándote…
Ayrton bajó la mirada, con una media sonrisa que no podía disimular.
— Dejate de joder — murmuró Ayrton, aunque por dentro sabía que algo de razón había en lo que decía su compañero.
— Mirá, hermano, peor es no intentarlo te la pasás mirándolo como si fuera el último vaso de agua en el desierto, si no lo hacés vos, capaz lo hace otro — soltó Palacios dándole un codazo en las costillas
— ¡Callate, boludo! — largó Ayrton, entre risas nerviosas.
— ¿Entonces? ¿Vas a seguir con la novela en tu cabeza o vas a mover ficha con Alan? —remarcó Palacios, arqueando las cejas
— Capaz hoy a la noche me animo pero si me manda al carajo, vos te hacés cargo — murmuró Ayrton suspirando, como si quisiera tomar coraje de lo que acababa de decir
— Listo, trato hecho — rió el chileno — yo me hago cargo de reírme de vos si te dice que no.
Ayrton lo miró serio y después soltó una carcajada, aunque la presión seguía apretándole el pecho pero esa noche podía ser decisiva.
La mañana avanzó rápido y al rato ya estaban todos en la cancha, el aire fresco de Ezeiza ayudaba a despejar, aunque Ayrton seguía con la cabeza en otra cosa. El profe los hizo arrancar con los trabajos físicos, piques cortos y circuitos de fuerza.
— ¡Vamos, vamos, que en Mendoza nos van a querer comer vivos! — gritaba desde un costado.
— Mirá que si no corrés con ganas, Alan se va a dar cuenta que es por él, eh — soltó Palacios mientras corría al lado de Ayrton, quien no paraba de joderlo en voz baja
— Te juro que te mato, chileno — murmuró entre dientes, aunque con una sonrisa torcida que le costaba ocultar.
Después de los ejercicios, hicieron fútbol reducido, Ayrton trataba de concentrarse, pero cada vez que Alan recibía la pelota cerca suyo, lo seguía con la mirada un segundo más de lo normal pero nadie parecía notarlo, salvo Palacios, que se divertía con la situación.
El entrenamiento terminó con elongación y una charla corta del técnico, al salir rumbo al vestuario, Ayrton se tiró agua en la cara como si necesitara bajarse el calor que no era solo físico.
Por la tarde, el plantel se reunió en el aeropuerto, la rutina de viaje ya era conocida risas, auriculares, mates que pasaban de mano en mano, Ayrton caminaba con su bolso colgado al hombro, y justo detrás suyo venía Alan, charlando con Belmonte y Williams.
En el avión, le había tocado la ventana. Alan, casualidad o no, terminó en el asiento de al lado. Ayrton tragó saliva, Palacios, desde unas filas más atrás, lo miraba con una sonrisa cómplice y levantó el pulgar.
El vuelo a Mendoza transcurrió entre cabeceadas y charlas cortas, cuando aterrizaron, los recibió el aire seco y fresco de la cordillera entre risas y comentarios, subieron al micro que los llevaba al hotel. Ayrton miraba por la ventana, pero en su cabeza seguía sonando la misma pregunta:
¿Y si hoy a la noche me animo a invitarlo?
El micro los dejó en la puerta del hotel al atardecer entre chistes y cargadas, fueron subiendo con sus bolsos hasta las habitaciones, Ayrton caminaba con Alan al lado, el corazón latiendo más fuerte de lo que quería admitir.
Al entrar a la pieza, lo primero que hicieron fue tirar las mochilas sobre las camas, la rutina era siempre la misma Alan ponía música baja desde el celular mientras se acomodaba, y Ayrton se iba directo al baño a lavarse la cara.
— ¿Cansado? — preguntó Alan, tirándose de espaldas en la cama.
— Un poco el viaje me mató — contestó Ayrton desde el baño, secándose con una toalla.
Se acomodaron un rato en silencio, Alan con auriculares, desplazando canciones; Ayrton acostado en la otra cama, mirando el techo con las manos detrás de la cabeza la tensión le recorría el cuerpo tenía la frase lista, la pregunta ensayada mil veces, pero la lengua no le respondía.
— ¿Bajamos a cenar? — preguntó Alan de repente, interrumpiendo sus pensamientos.
— Sí, dale — respondió rápido, casi aliviado.
Ayrton lo siguió por el pasillo, las luces del hotel iluminando el camino, cada paso que daba era un recordatorio de lo cerca que estuvo de invitarlo y de lo fácil que había sido dejarlo pasar.
Palacios, al verlos llegar juntos al comedor, le guiñó un ojo desde la otra punta de la mesa. Ayrton se limitó a sacudir la cabeza con una sonrisa forzada, no era esa noche todavía.
El comedor del hotel estaba lleno de movimiento, bandejas de pasta y pollo circulaban entre los mozos mientras el cuerpo técnico daba indicaciones de nutrición, los jugadores se iban acomodando en distintas mesas, siempre con las mismas risas de previa.
Alan, apenas entraron, recibió un gesto de Brian desde el fondo y se fue directo a sentarse con él, se saludaron con un choque de manos y enseguida se pusieron a hablar de música, como siempre.
Ayrton se quedó parado unos segundos, mirándolo alejarse sintió el vacío en el pecho, como si todo el coraje que había estado juntando durante el día se le hubiera escapado de golpe.
— Eh, ¿qué hacés? — lo llamó Williams, señalando la silla vacía a su lado. Palacios ya estaba sentado ahí, junto con un par más del grupo.
— Voy, voy — dijo Ayrton, y se dejó caer en la silla.
— ¿Y el príncipe? — le preguntó Palacios, con voz socarrona, levantando apenas la ceja en dirección a Alan.
— Fue con Brian — respondió Ayrton, sin muchas ganas de estirar el tema.
— Mirá vos — soltó Williams, mientras servía agua en los vasos.
La mesa se llenó rápido de chistes y anécdotas. Ayrton sonreía, pero cada tanto levantaba la vista. Alan estaba dos mesas más allá, riéndose fuerte de algo que había dicho Brian la complicidad entre ellos lo pinchaba más de lo que hubiese querido admitir.
— Si no apurás, te lo van a soplar, compadre — soltó Palacios, que no perdía detalle, lo miró de reojo y soltó con ironía
Ayrton bufó y clavó la mirada en el plato, revolviendo la pasta con el tenedor. No era la noche para decir nada pero la sensación de estar perdiendo tiempo lo estaba carcomiendo
En cambio, Alan estaba nervioso, hacía tiempo que no se ponía así por querer invitar a alguien a comer, sin saber que del otro lado lo esperaba una propuesta similar.
— ¿Y le preguntaste? — preguntó Zeballos, con una sonrisa curiosa.
— Seguramente ni le pregunto al pedo preguntas, hermano — respondió Belmonte, mirándolo con cierto escepticismo.
— Y capaz que si lo dejan hablar es más fácil — acotó Brian
— Pero parece que se quedó pelotudo mirándolo al negro — murmuró Zeballos en voz baja.
— Si quieren saber todavía no le pregunté nada — musitó Alan, mirando su plato y revolviendo los fideos.
— Pero boludo, ¿a qué tenés miedo? — dijo Zenón — ¿A que Ayrton te diga que no?
— Sí un poco — admitió Alan, bajando la mirada
— Dale, hermano, intentá no perdés nada — lo alentó Brian, dándole un golpecito en el hombro.
— Sí, boludo, al final si no preguntás nunca vas a saber — sumó Belmonte con una sonrisa.
Alan respiró hondo, sintiendo cómo el nerviosismo empezaba a mezclarse con un leve impulso de valentía.
Mientras Alan dudaba, del otro lado Ayrton también estaba incómodo. No era que alguien le fuera a invitar a comer todos los días, y menos a alguien que le gustaba.
— Che, y si le digo — murmuró en voz baja, medio para sí mismo, mientras revolvía distraído un vaso de agua.
— Dale, no pasa nada — lo animó Williams dándole un codazo cómplice — intentá, boludo, no perdés nada.
Ayrton respiró hondo, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco al mismo tiempo, sin saberlo, Alan estaba haciendo lo mismo respirando, juntando valor, intentando que las palabras salieran de su boca antes de que el miedo lo detuviera.
Era curioso cómo los dos, en lugares distintos, compartían el mismo nerviosismo y la misma posibilidad, sin imaginar que del otro lado alguien estaba esperando casi lo mismo.
La cena terminó y, lentamente, todos se dirigieron a sus habitaciones la mayoría estaban agotados del viaje y del entrenamiento de esa mañana, Alan estaba visiblemente nervioso, y Ayrton lo notó, aunque no dijo nada, en cambio, él mismo estaba sumido en cómo plantearle la cena que había pensado.
Al entrar a su habitación, Alan se tiró en la cama y lo observó con curiosidad, negando con la cabeza sin que Ayrton lo notara.
— Bueno me voy a bañar — dijo Ayrton con un leve suspiro — ¿Vos necesitás algo mientras tanto?
Alan lo miró, dudando un segundo, sin saber si aprovechar el momento para hablar o quedarse callado.
— No estoy bien — respondió finalmente, aunque su corazón latía más rápido de lo normal.
Ayrton asintió, se sacó la remera y la tiró sobre la cama antes de caminar hacia el baño. Alan no pudo evitar quedarse mirándolo, siguiendo la línea de su espalda y admirando su figura sin disimulo sin darse cuenta, se mordió el labio inferior, atrapado entre los nervios y la atracción
Ayrton salió del baño unos minutos después, con el cabello húmedo y una toalla atada a la cintura se pasó una mano por el pelo, sacudiéndolo un poco, y al levantar la vista lo encontró con esa mirada fija que Alan no había logrado apartar.
— ¿Se te perdió algo? — preguntó con una media sonrisa, ladeando apenas la cabeza.
Alan tragó saliva, sorprendido, y bajó la mirada de inmediato a su celular
— No nada — balbuceó nervioso, acomodándose en la cama como si buscara una postura más cómoda para disimular.
Ayrton dio un paso hacia él, todavía sosteniendo la toalla con una mano, y arqueó una ceja.
— Mmm parecías bastante concentrado igual — murmuró, con un dejo de ironía
Alan sintió cómo la sangre le subía al rostro, las mejillas encendidas y la garganta seca.
— Te dije que no era nada — replicó, intentando sonar firme, aunque la voz le salió más baja de lo esperado.
— Y entonces porque te pones así de nervioso — sonrió Ayrton
— Uy sos re pesado — soltó alan nervioso — aparte no te estaba mirando
Ayrton soltó una risita y le sostuvo un instante con la mirada, disfrutando de esa incomodidad evidente, y recién entonces se dio la vuelta para buscar el short de su mochila, como si la escena no hubiera significado nada para él.
Alan, en cambio, quedó inmóvil, con el corazón latiendo fuerte, sabiendo que había quedado expuesto más de lo que quería.
Ayrton se rió por lo bajo, negando con la cabeza caminó despacio hasta la cama y dejó la ropa a un costado, inclinándose lo suficiente como para que Alan sintiera el calor de su piel todavía húmeda.
— Entonces voy a tener que creerte aunque no parezca — susurró, sin quitarle los ojos de encima.
La habitación se llenó de un silencio denso, incómodo, en el que ninguno de los dos se atrevía a decir nada más Alan apretó las manos contra las sábanas, intentando controlar la situación, mientras Ayrton, con una media sonrisa apenas visible, se tiraba en su cama y jugaba con el celular.
Ambos buscaban la manera de romper ese silencio incómodo, pero ninguno se animaba.
— Che el martes, después de entrenar… ¿tenés que hacer algo? — preguntó Ayrton, nervioso, rompiendo finalmente el silencio.
Alan tardó unos largos minutos en responder, y eso sólo hacía que Ayrton se pusiera más inquieto, mordiéndose el labio mientras la incertidumbre le comía la cabeza.
— No… no tengo nada que hacer — dijo Alan, mirándolo a los ojos — ¿Por qué?
— Porque te quería invitar a cenar — soltó Ayrton de repente, con un hilo de voz que traicionaba sus nervios.
Alan se quedó en silencio, sorprendido: Ayrton le había quitado el plan de las manos y otra vez tardó en responder, y la ansiedad de Ayrton creció al instante.
— Si no querés no pasa nada — añadió Ayrton, más ansioso que otra cosa.
Alan no pudo evitar soltar una risita, siempre le parecía divertido ver a Ayrton tan nervioso y ansioso, y hacerle esperar un poco era tentador.
— Calmate, boludo — dijo finalmente, sonriéndole, algo nervioso — sí, acepto pero solo si me cocinás algo rico, Bri me dijo que hacías buenas pastas — remató, dejándole una sonrisa que no podía ocultar.
Ayrton se recostó un poco, fingiendo tranquilidad, pero sus ojos brillaban con nerviosismo.
— Qué presión me pusiste — susurró, entre divertido y ansioso, mordiéndose el labio — igual me gusta que digas eso.
Alan bajó la mirada por un instante, como si quisiera escapar del peso de esos ojos que lo estaban estudiando con descaro. El silencio volvió a instalarse, esta vez más denso, más incómodo y, a la vez, más excitante.
Ayrton se incorporó apenas, apoyando el codo sobre la cama y ladeando la cabeza.
— Igual te aclaro que no pienso hacerte cualquier cosa — dijo con una media sonrisa, arrastrando las palabras — si voy a cocinarte, va a ser algo que te deje con ganas de volver.
Alan levantó las cejas, sorprendido por la seguridad repentina en su voz.
— Mirá vos — respondió, intentando sonar tranquilo, aunque el pulso le iba rápido — entonces me vas a tener que sorprender en serio.
Los ojos de Ayrton se cruzaron con los suyos un segundo de más, obligando a Alan a apartar la vista primero. Sintió el calor subirle al rostro, y carraspeó, Ayrton se mordió otra vez el labio, divertido con esa reacción, disfrutando de tenerlo así, incómodo y expuesto.
— Ya vas a ver, Alan — susurró casi en un reto, sin apartar la mirada.
El aire se había tornado en cierto punto tenso pero la tranquilidad de haberlo invitado se instaló en el pecho de Ayrton como una especie de calma, en cambio Alan moría de los nervios y ya quería que sea martes.
Ayrton se levantó de la cama con una parsimonia que solo buscaba incomodar, caminó lento hacia él, cada paso parecía medir el espacio que los separaba, hasta quedar lo suficientemente cerca como para que Alan sintiera el calor de su cuerpo.
— Ya vas a ver, Alan — repitió, esta vez más bajo, inclinándose apenas hacia su oído.
Alan tragó saliva con fuerza, incapaz de sostenerle la mirada mucho más intentó girar la cabeza, pero Ayrton no se lo permitió, apoyando una mano firme contra el respaldo de la cama, arrinconándolo sin tocarlo del todo.
— ¿Qué vas a hacer? — preguntó Alan, con la voz un poco más ronca de lo normal, disimulando mal el temblor en sus palabras.
Ayrton sonrió de medio lado, disfrutando de verlo tan nervioso.
— Eso todavía no lo decidí — murmuró muy cerca de sus labios
El silencio volvió a adueñarse del cuarto, cargado de esa tensión espesa, donde la línea entre la calma y el descontrol parecía más fina que nunca.
Alan no podía apartar los ojos de él, aunque cada segundo lo sentía más cerca, más encima, más insoportable ese cosquilleo en el pecho. Ayrton bajó la mano que tenía apoyada en el respaldo y rozó apenas con sus dedos la mandíbula de Alan, obligándolo a levantar la cara.
— Estás nervioso — susurró con una sonrisa peligrosa, recorriéndole el contorno del rostro como si midiera hasta dónde podía llegar.
Alan respiró hondo, intentando mantener el control, pero el roce leve de Ayrton en su cuello lo desarmó al instante. Sintió cómo la piel se le erizaba, y en un acto reflejo apretó los puños contra las sábanas.
— No es nada — intentó responder, pero la voz le salió más baja de lo que esperaba.
Ayrton inclinó un poco más la cabeza, sus labios quedaron a escasos centímetros de los suyos, tanto que Alan podía sentir el roce tibio de su respiración.
—Ya vas a ver que no podés disimular nada — soltó demasiado ronco el número treinta y dos
Alan ya no podía sostenerle la mirada, pero tampoco encontraba la fuerza para apartarse, en ese momento, Ayrton acortó la distancia de golpe y lo besó, pero no fue cualquier beso fue uno firme, intenso, que le arrancó a Alan un suspiro contenido contra su boca.
El tiempo pareció detenerse, pero duró apenas unos segundos Ayrton se separó rápido, sin darle margen a más, quedándose muy cerca, con los ojos clavados en los de él.
El pecho de Alan subía y bajaba acelerado, todavía procesando lo que había pasado, mientras Ayrton lo observaba con esa media sonrisa que no dejaba lugar a dudas.
El silencio se volvió aún más denso, pero ninguno de los dos parecía dispuesto a moverse, se quedaron mirándose fijo, como si el beso hubiera abierto una puerta que ninguno sabía si debía cerrar o atravesar.
Ayrton ladeó apenas la cabeza, todavía muy cerca, y antes de que Alan pudiera reaccionar, le rozó los labios contra el cuello fue un beso corto, suave, que sin embargo le erizó la piel al instante. Alan cerró los ojos un segundo, apretando la mandíbula para no dejar escapar ningún sonido, pero la sensación lo traicionó: el temblor de su respiración lo delató.
— Sabía que ibas a reaccionar así — susurró Ayrton, casi disfrutando de la incomodidad que provocaba.
Alan iba a responder, todavía con el calor de ese roce en la piel, cuando un golpe seco en la puerta los sobresaltó a los dos.
— ¿Se puede? — se escuchó desde afuera, la voz de Williams rompiendo de lleno el momento.
Ambos se miraron otra vez, esta vez con la adrenalina disparada, sin saber quién iba a dar el primer paso para disimular lo que acababa de pasar.
El golpe en la puerta volvió a sonar, esta vez más fuerte. Ayrton respiró hondo, intentando recuperar la calma, y se apartó de Alan con una última mirada cargada de todo lo que no habían dicho, caminó hasta la puerta y la abrió con aparente tranquilidad.
Del otro lado estaban Williams apoyado contra el marco con sonrisa
— Vamos a jugar a las cartas, ¿quieren venir? — preguntó Williams, levantando las cejas como si nada.
Ayrton giró un poco la cabeza hacia atrás, mirando de reojo a Alan, que seguía sentado en la cama, todavía con el pulso acelerado y la piel ardiendo en el lugar exacto donde había sentido ese beso.
— ¿Qué dicen? — insistió Williams, sin notar la tensión que había en el aire.
El silencio de unos segundos fue casi evidente, hasta que Ayrton se apartó del marco, sonriendo de costado.
— Dame un minuto y vamos — murmuró Ayrton dándole una sonrisa
Alan tragó saliva, sabiendo que no tenía escapatoria iban a tener que bajar, fingir normalidad y jugar a las cartas como si nada hubiera pasado.
— Yo me voy a quedar — murmuró Alan mirándolo — estoy cansado y no tengo ganas sinceramente.
— Dale boludo es un rato y volvemos a la pieza — insistió Ayrton — aparte me quedo sin compañero si no vas.
— En serio, andá vos yo paso esta vez — negó Alan con la cabeza y se recostó un poco más en el respaldo
Ayrton entrecerró los ojos, dándole esa media sonrisa que siempre lo desarmaba.
— No me hagas ir solo, Alan aparte si no, van a empezar a preguntar de más — suplico Ayrton mirándolo fijo
Alan lo sostuvo la mirada, con esa mezcla de fastidio y nervios que lo delataba.
— ¿Y qué querés que diga? ¿Que estoy muerto? — murmuró Alan
— Decí que tenés sueño, que te duele la pierna, lo que sea — contestó Ayrton, acercándose apenas, bajando la voz para que Williams no escuchara desde el pasillo — pero no me dejes solo en esta, ¿sí?
Alan suspiró hondo, sabiendo que en realidad no estaba discutiendo por las cartas, sino por lo que acababa de pasar y aunque no quisiera admitirlo, no podía negarle nada a Ayrton.
— Está bien — cedió al fin, levantándose despacio — pero vos hablás, yo me quedo callado.
Ayrton rió apenas, tocándole el brazo con disimulo.
— Listo, trato hecho — sonrió Costa mirándolo y dándole un beso fugaz
Un segundo después, abrió la puerta del todo, dejando entrar a Williams con una sonrisa que no tenía nada que ver con la que le había dedicado a Alan unos minutos atrás.
— ¿Todo bien entre ustedes? — preguntó, notando el clima raro.
— Sí, sí está todo bien — respondió Ayrton con naturalidad ensayada. Alan solo asintió, guardándose cualquier gesto.
— Dale, vengan, que Brian ya está mezclando las cartas — insistió Williams.
Caminaron juntos por el pasillo hasta la otra pieza, donde Brian estaba sentado en la cama con el mazo en la mano, Belmonte acomodaba unas sillas improvisadas y Palacios se apoyaba en la pared, acomodando su lugar para jugar a Alan todavía le ardía la piel en el lugar de ese beso, pero ahora tenía que sentarse a la mesa y fingir que nada había pasado.
Brian levantó la vista del mazo apenas los vio entrar.
— Por fin, loco, pensé que iban a tardar un siglo — se quejó, barajando con torpeza.
— Tranqui, ya estamos — contestó Ayrton, tirándose de espaldas en la cama con una sonrisa despreocupada.
Belmonte rió mientras acomodaba unas sillas improvisadas alrededor de la mesa baja
— Si perdés, Williams, no me vengas con excusas, ¿eh? — murmuró Toto mirándolo
— ¿Excusas yo? — replicó Williams, indignado — te voy a ganar con la mitad de las cartas en la mano.
— Ni sueñes — metió Palacios desde la otra punta de la cama, tirándole un almohadón a Williams — hoy el que gana soy yo.
Las risas llenaron la pieza enseguida solo que Alan se quedó un poco apartado, sentándose al borde de la cama sin demasiado entusiasmo. Fingía que estaba cansado, pero en realidad la cabeza le seguía girando hacia un solo punto la mirada cómplice de Ayrton, como si lo desafiara a seguir jugando otro juego que nada tenía que ver con las cartas.
— ¿Y vos qué onda, Alan? — preguntó Brian, arqueando una ceja al notar su silencio — ¿Te dormiste antes de empezar?
Alan levantó la vista apenas, encogiéndose de hombros.
— No, no estoy bien arranquen nomas — murmuró Velasco sonriendo
Ayrton lo miró de reojo y sonrió, como si disfrutara de verlo incómodo, aunque enseguida se inclinó hacia el mazo para disimular.
La ronda seguía entre risas y chicanas, hasta que Brian, mientras mezclaba las cartas otra vez, frunció el ceño mirando a Alan.
— Che, ¿y vos? No dijiste ni una palabra en toda la partida ¿Qué te pasa? — solto mirandolo con determinacion
— Sí, loco, parecés un fantasma. ¿Qué onda, te cagó a pedos Russo o qué? — soltó Palacios enseguida con una sonrisa picara
Williams largó la carcajada, señalándole con la carta en la mano.
— Posta, Si perdés sin hablar va a ser muy triste, Alan — murmuró Williams largando carcajada y señalandolo con la carta en la mano
Alan levantó la vista apenas, incómodo por ser el centro de atención.
— Estoy cansado, nada más — murmuró, buscando zafar.
— Cansado dice — rió Palacios — no le creo nada, ¿vos sí, Ayrton?
Ayrton, que estaba apoyado contra la cabecera, apenas se encogió de hombros con una sonrisa tranquila.
—Déjenlo, si dice que está cansado será porque lo está — dijo Ayrton serio
Alan lo miró un segundo, agradecido por la salida, aunque al mismo tiempo sintió que esa complicidad silenciosa lo delataba aún más. El juego siguió, pero él ya sabía que esa noche iba a ser imposible disimular lo que había quedado pendiente entre los dos.
Las rondas se fueron acumulando entre risas, discusiones por las reglas inventadas de Brian y las cargadas de Palacios a Williams el reloj de la mesa de luz marcaba más de la una cuando Toto se desperezó con un bostezo exagerado.
— Bueno, yo me rindo mañana jugamos y quiero llegar con los ojos abiertos — dijo, tirando sus cartas al mazo.
— Coincido — asintió Palacios, estirándose de brazos — si seguimos, Williams va a llorar hasta el vestuario.
— Andá a dormir, payaso — replicó Williams, aunque no pudo contener la risa.
De a poco fueron levantando las cartas y desarmando la improvisada mesa. Brian guardó el mazo mientras se quejaba de que nadie lo había dejado ganar, y Williams se quedó recogiendo los vasos de agua entre chistes.
Ayrton se puso de pie, con un movimiento tranquilo, y miró a Alan.
— ¿Vamos? — preguntó como si nada.
Alan asintió en silencio, siguiendo sus pasos hacia el pasillo el ruido de las carcajadas todavía se escuchaba detrás, pero en cuanto la puerta de la pieza se cerró a sus espaldas, todo volvió a ese silencio cargado que solo ellos dos compartían.
Alan se dejó caer en su cama, apoyando la espalda contra la pared, mientras Ayrton lo observaba desde la suya con una media sonrisa el silencio pesaba distinto ahora, más denso que en la pieza de al lado.
Alan tragó saliva, indeciso unos segundos, hasta que se animó a romperlo.
— ¿Y lo de más temprano? — preguntó, casi en un murmullo — ¿Se va a volver a repetir?
Ayrton arqueó una ceja, sorprendido por la franqueza, y se incorporó un poco en la cama.
— ¿Querés que se repita? — soltó con demasiada calma Ayrton como si supiera la respuesta.
Alan bajó la mirada, incómodo, jugueteando con el borde de la sábana.
— Mejor vamos a dormir — dijo finalmente, intentando cerrar el tema y no dejarse llevar por lo que sentía.
Ayrton sonrió de costado, ese gesto que siempre lo desarmaba, y se recostó de nuevo, dejando que el silencio volviera a llenar la habitación pero la tensión seguía ahí, latente, imposible de ignorar, mientras ambos cerraban los ojos y fingían descansar.
La mañana era tranquila, casi perezosa el desayuno se extendía con mates, tostadas y charlas sobre posiciones, jugadas boludas y quién había dormido peor la charla táctica se mezclaba con risas ligeras, bromas sobre el rival y comentarios sobre la noche del partido, que empezaría recién a las 20:30.
Pero entre Ayrton y Alan había algo distinto, invisible para todos los demás la tensión era casi tangible cada gesto, cada cruce de mirada estaba cargado de significado, aunque el resto del grupo solo veía dos compañeros concentrados en la rutina.
Alan jugueteaba con la bombilla del mate, evitando mirar a Ayrton directamente, pero cada vez que lo hacía sentía un calor incómodo recorrerle la espalda.
Ayrton, por su parte, parecía tranquilo, aunque sus ojos seguían a Alan con una mezcla de desafío y complicidad que solo ellos entendían.
Mientras los compañeros hablaban de tácticas y posiciones, ellos compartían un diálogo silencioso sonrisas breves, miradas rápidas, y la sensación de que lo que había pasado la noche anterior todavía flotaba entre ellos.
Alan suspiró apenas, intentando concentrarse en la charla de Brian sobre la estrategia, pero su mente volvía una y otra vez hacia Ayrton, preguntándose si lo de anoche se repetiría, o si él lograría contener lo que sentía.
Ayrton notó su distracción y esbozó una sonrisa discreta, nadie más la podía leer, pero Alan la sintió como un reto silencioso se inclinó un poco hacia él, sin hablar, solo para dejar claro que estaba ahí, atento a cada gesto.
El desayuno terminó, los mates se vaciaron y la charla táctica concluyó, pero la tensión entre ellos seguía presente, creciendo lentamente, invisible para todos los demás, como un hilo que los unía sin que nadie más lo supiera.
La noche del partido había llegado, y la presión se sentía en el aire, todos sabían que ganar no era una opción, sino una obligación.
El primer tiempo transcurrió tenso, pero Boca logró abrir el marcador con un gol de Paredes, y se fueron al entretiempo con cierta tranquilidad en el segundo tiempo, Alan entró por Merentiel, y sin darse cuenta, una sonrisa se dibujó en el rostro de Ayrton, casi al final, el changuito metió un gol, y en los últimos minutos Alan también convirtió, logrando su ansiado primer gol y la sonrisa de Ayrton se amplió; conocía la emoción que significaba para Alan.
De regreso a Buenos Aires, la victoria de 3 a 0 sobre Independiente Rivadavia aún flotaba en el ambiente, Ayrton aprovechó un momento de calma y se sentó junto a Alan en el avión.
— Felicidades por el gol — susurró Ayrton, mirándolo con una sonrisa cálida.
Palacios y Williams, sentados unos asientos más adelante, no podían ocultar el orgullo mientras observaban la escena.
— Fue más lindo el abrazo que me diste en el vestuario — murmuró Alan, un poco colorado, con la mirada baja pero brillante de emoción.
Ayrton le regaló una sonrisa y siguió en su mundo, no sabía que una sonrisa podía cambiarle tanto la noche.
Ese lunes aprovecho el dia libre para pasarlo tranquilo en su casa y pensando que iba a cocinarle a Alan al dia siguiente no iba a negarlo que le daba algo de nervios hacer eso, no sabía si era porque le gustaba o simplemente era porque quería que le saliera todo perfecto pero jamas sintio eso con sus anteriores citas, es mas sabia que eran para una sola noche y listo, pero Alan era su excepción a los nervios porque siempre le pareció un chico lindo y atento a todo, lo que había empezado como una amistad terminó en el generando algo que quizá del otro lado no era mutuo
— Creo que no falta nada — murmuró Ayrton tirándose en el sillon
Pero Alan ese lunes si que estaba nervioso, porque significaba muchas cosas esa "cita" del martes, siempre le pareció un chico lindo Ayrton pero jamás pensó que iba a sentir algo por él e iba a tener que conformarse con la amistad que tenían que era demasiado sólida y en cierto punto le daba un poco de miedo de perder esa amistad que tenía con si llegara a pasar algo entre ellos dos pero esta vez decidió confiar en él y dejarse llevar por ese cariño que le tenía
El martes había llegado, pero el dia no acompañaba a las emociones de los otros dos, pero decían que la lluvia traía cosas buenas, en eso se sostenía Ayrton
La tarde en el predio fue en el gimnasio ya que por la lluvia no podían hacer en el campo de juego, pero las miradas y algún roce entre Ayrton y Alan no podía faltar. En el vestuario fue donde por fin cruzaron aunque sea dos palabras
— Te parece que vaya a eso de las 20 — preguntó Alan casi en un susurro
— Si obvio — soltó el mas grande dándole una sonrisa — te espero
Sin más Ayrton tomó sus cosas y le dejo un beso en el cachete, haciendo que Alan se sonroje
— No me quiero imaginar si te como la boca — murmuró Ayrton yéndose
Alan sintió sus mejillas arder y una sonrisa se le dibujó automáticamente, si estaba hasta las pelotas y no quería admitirlo
— Te tiene enamorado el negro che — dijo Belmonte cerca de el y Alan lo fulmino con la mirada
— Que decis pelotudo — dijo Alan mirándolo serio
— Verdades Velasco puras y exclusivas verdades — dijo Toto sonriéndole — no esta mal aparte quedan lindos
Alan le revoleó la toalla y quedo mirándolo, quizás en cierto punto tenía razón, Ayrton lo tenía enamorado desde que llegó pero lo ocultaba muy bien ya que eran muy cercanos e incluso cuando concentraban dormían en la misma habitación
— Disfruta esta noche y que todo fluya si tiene que ser será y sino bueno la experiencia de estar con él — sonrió Belmonte palmeando el hombro — lo que si despues quiero el chisme completo que te pones re pesado cuando hablas de Ayrton
Alan soltó una risita y agarró sus cosas, miro su celular y todavía tenía un rato largo para la cita con el susodicho, pero quien le quitaba todo ese sentimiento que tenía. Cuando llegó a su casa se tiró en el sillón como venía, estaba demasiado sonriente por ser una cita
En cambio Ayrton estaba demasiado nervioso, nada lo relajaba pero no sabía el porque en realidad si, pero no lo quería admitir, cuando llegó a su casa fue recibido por Coco, su única compañía desde que hace unos meses, era la perrita que lo escuchaba hablar una y otra vez de la misma persona y hoy no iba a ser la excepción
Afuera llovía pero en la casa de ambos el aire estaba cargado de nervios y un poco de ansiedad porque todo saliera tal como ellos dos pensaban
Ayrton decidió ya dejar casi todo listo antes de irse a bañar, y cambiarse, era seguido por Coco por toda la casa aunque en cierto punto lo ponia feliz ser seguido por una cachorra que siempre lo escuchaba
— Hoy te portas bien enana — dijo Ayrton una vez salido del baño — nada de ladrar o molestar a Alan
Coco solto un ladrido indignada como si entendendiera lo que dijo su dueño, Ayrton solto una risita y se empezo a cambiar, sensillo un jogging negro y una remera combinandole, nada del otro mundo queria ser el como siempre lo era
Sabía que Alan era muy puntual, porque siempre que se juntaban a tomar mates llegaba antes o en punto; lo mismo pasaba en los entrenamientos, en los que solía ser de los primeros en llegar, el timbre lo sacó de sus pensamientos, acompañado por el ladrido de Coco que se adelantó corriendo hasta la puerta al abrir, Ayrton se encontró con Alan, que traía una sonrisa tranquila y el pelo apenas húmedo por la lluvia.
Fue recibido primero por Coco, que lo saludó con efusividad, moviendo la cola y reclamando un par de caricias antes de irse, satisfecha, a acomodarse en la cama de Ayrton sin protestar.
— Cómo se nota que hace mucho no nos vemos ya sos padre — bromeó Alan, observándolo con complicidad.
— Tampoco seas exagerado, hace tres meses la tengo, y la veías por fotos — murmuró Ayrton, sonriendo y dándole un beso en la mejilla.
Ya eran pasadas las 21:00 pm, la lluvia golpeaba suave contra los ventanales y el departamento se sentía más cálido de lo habitual. Coco dormía hecha un bollito en la cama, mientras ellos dos se movían por la cocina.
Alan lo observaba con una media sonrisa, apoyado contra la mesada.
— Bueno ¿y qué me vas a cocinar? — preguntó arqueando una ceja, con ese tono que mezclaba curiosidad y desafío.
— Ah, mirá vos venís de invitado y encima te hacés el exigente — respondió Ayrton, remangándose el buzo.
— No es exigencia, es expectativa quiero ver si valió la pena venir con lluvia — retrucó Alan, dejando que la complicidad quedará flotando en el aire.
— Bueno, algo rápido y rico pero no te quejes si termino manchando la cocina — bromeó Ayrton, mientras buscaba los ingredientes.
— Me gustan los desafíos — contestó Alan, arqueando una ceja, divertido.
Ayrton buscó harina y huevos y empezó a armar la masa para pastas sobre la mesada, Alan lo miraba desde la silla con una sonrisa incrédula.
— ¿Me estás jodiendo? ¿Vas a hacer pastas caseras? — preguntó, con los ojos abiertos.
— ¿Qué pensabas? ¿Que iba a abrir un paquete y ya está? — contestó Ayrton, amasando con fuerza.
— Wow…ñ esto se pone serio entonces —dijo Alan, apoyándose en la mesada y observando cada movimiento — tendré que probar un poco, ¿no?
— Ni se te ocurra, que después me quejo de tu desastre en la cocina — respondió Ayrton, con un gesto divertido, mientras seguía amasando.
Alan se acercó, intentando ayudar, pero Ayrton lo empujó con suavidad.
— No vos solo molestas, mejor poné música — dijo sonriéndole
Alan obedeció y puso una lista tranquila el aroma del ajo, la albahaca y la salsa empezó a llenar la cocina. Finalmente Ayrton sirvió los platos humeantes en la mesa.
— Listo, no esperes un restaurante cinco estrellas, pero te va a gustar — dijo Ayrton.
— Bueno oficialmente confirmó que esto califica como cena de primera cita — murmuró Alan probando un bocado y levantando la vista
— No arranques de nuevo — respondió Ayrton, negando con la cabeza pero sonriendo.
Cuando terminaron, Alan se reclinó en la silla con un suspiro satisfecho.
— Te juro que si me cocines así siempre, vengo todos los días — soltó con un dejo de picardía
— Olvidate, esto es edición limitada — contestó Ayrton, recogiendo los platos.
Alan se acercó para alcanzarle las copas vacías y, sin querer, sus manos rozaron las de él.
— ¿Vamos al sillón? — propuso Ayrton.
— Dale —asintió Alan, acomodándose el buzo.
El living estaba en penumbras, iluminado solo por la lámpara de pie. Coco levantó la cabeza desde la cama, los miró pasar y volvió a acomodarse.
Ayrton se dejó caer en el sillón primero, con un suspiro, mientras Alan se sentaba a su lado, no demasiado lejos pero tampoco con un espacio exagerado.
El ambiente se sentía distinto, más íntimo, como si la cena hubiera sido solo el pretexto para llegar a ese momento.
— La verdad, no estuvo nada mal para ser nuestra primera cita — soltó Alan mirándolo de reojo y con media sonrisa.
— No empezés otra vez — rió Ayrton, sacudiendo la cabeza — te felicito por el gol de ayer — dijo de golpe.
— ¿Lo viste? — soltó Alan levantado la vista demasiado sorprendido
— Obvio que lo vi, si estaba en el banco, boludo — respondió Ayrton, recordando la ovación de la gente — lo metiste y parecía que se venía abajo la cancha.
— Fue lindo más que nada porque necesitábamos ganar — sonrió Alan con cierto orgullo pero también con pudor
Ayrton lo miró un segundo más de lo normal, y sin decir nada, se inclinó y lo abrazó con fuerza, Alan se sorprendió, pero enseguida apoyó la cabeza contra su hombro, cerrando los ojos por un momento.
— Así también se festejan los goles — murmuró Ayrton, medio en broma, medio en serio.
El silencio se volvió cálido, cómodo. Alan levantó la vista despacio, encontrándose con sus ojos a pocos centímetros, y buscó sus labios con suavidad el beso comenzó tímido, pero pronto se volvió más seguro y dulce, cargado de ternura y necesidad.
Ayrton sonrió contra su boca y, con una mano en su espalda, la otra bajó hasta la cintura de Alan, atrayéndolo hacia él, Alan soltó una risa entrecortada cuando Ayrton lo levantó y lo sentó a upa suyo, acomodándose contra su pecho.
Alan rodeó su cuello con los brazos, apoyando la frente contra la de Ayrton.
— Así festejás los goles, ¿no? — bromeó en voz baja.
— No, así festejó tenerte cerca — susurró Ayrton antes de volver a besarlo, despacio, disfrutando de la cercanía y la calma del momento.
