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Las primeras horas de la mañana parecen ser las más mansas para los profesores. En realidad, los estudiantes odian madrugar. Algunos suelen trasnocharse y no dormir lo adecuado, por lo que muchos están en estado zombie durante las primeras horas de la jornada. No muchas risas, el alboroto inexistente, sin necesidad de llamarle la atención a nadie.
Pero todo cambia después del recreo. Los estudiantes salen de sus aulas, mueven las piernas, caminan alrededor del colegio, algunos corren, se activan, desayunan y regresan a clase llenos de energía. Allí empieza a florecer la muchedumbre de jóvenes que no saben cómo comportarse.
En un salón, todos volvían a clase después del recreo. Jihyo, la representante del salón, debe estar en la puerta hasta el arribo del profesor. Todos los días ella ve y escucha los intercambios que tienen sus compañeros al entrar a clases, por lo que está enterada de mucho sin querer.
La situación que se presentó justo en la puerta del salón no era novedad. Otra vez un par de chicos molestos de un grado inferior le hacían comentarios pesados a Myoui Mina, una de sus compañeras. Pero hoy fue diferente, se estaban pasando demasiado de la raya. Mina nunca necesitó que la defendieran pero, no supo si fue por apoyar a una compañera de su salón o si fue porque la chica le gustaba desde el año anterior que, rápidamente se vio involucrada en una discusión acalorada con esos chicos, atrayendo espectadores de su propio salón. No hubieran habido represalias de no ser porque su profesora llegó justo cuando la situación llegó al contacto físico. Los menores emprendieron la huída apenas notaron la figura de autoridad cerca de la escena, mientras Jihyo y Mina les gritaban palabrotas sin percatarse del arribo de su profesora.
La profesora ni siquiera las dejó entrar a clase, fueron mandadas directo a la oficina del coordinador.
En otro salón pero en el mismo grado, Dahyun y Chaeyoung echaban chisme cuando debían estar realizando la actividad que dejó el profesor. Todo hubiera ido bien si no fuera porque se encontraban a un puesto de distancia del profesor, que se levantó ese día de mal humor y estaba irritado al ver a los estudiantes restarle importancia a su clase y preferir hacer cualquier cosa antes que trabajar en la actividad.
Toda la atención del profesor se fue a ellas cuando Dahyun le dijo "la palabra con Z" a Chaeyoung. Las chicas no se ayudaron en su situación, hablaban como si estuvieran solas en una burbuja, cada vez alzando más la voz, hasta que fue evidente que había una discusión entre ellas.
—¿Yo una zorra? No fui yo la puta que dijo un día que le encantaba Momo y al otro estaba tragadísima de Sana —insultó de vuelta.
—Además de zorra eres ¡sorda! Nunca dije que me gustara Momo, dije que me gustaba su amiga, ¡no ella! Por esa falta de comprensión es que nunca logras acercarte a Tzuyu.
El profesor llevó los ojos a la mencionada, que estaba a tres filas de distancia, absorta en su mundo intentando comer en secreto un sandwich que trajo del recreo.
Con ambas palmas de las manos el profesor azotó el escritorio y se puso de pie, llamando la atención de todos los estudiantes.
—¡Kim! ¡Son! —las mencionadas palidecieron— ¡¿Esa es la forma de tratarse entre amigas?! ¡¿Llamarse putas y zorras?! —el cuchicheo y las risitas no tardaron en aparecer por todo el salón. Las dos chicas se pusieron rojas por el señalamiento, avergonzadas.
—Profe, es como amigas, no lo decíamos en serio... —intentó defenderse Dahyun.
—¡Deben respetarse! ¡Tratense como quieren que las traten! —el profesor ya estaba rojo del enojo— Tras de no hacer nada en mi clase, se hablan de esa manera... ¡A coordinación!
—¡Pero profe..! —intentó Chaeyoung, pero el señor no le prestó atención, ya tenía en la mira a alguien más.
—¡Chou! —la atención de la clase pasó a la nombrada, que quedó a medio masticar con las mejillas abultadas— Tras de llegar tarde y perderte mi explicación, ¡en vez de desatrasarte te pones a comer! ¡Acompañas a Son y a Kim a coordinación!
Una vez el profesor terminó de hablar, Tzuyu terminó de tragar el bocado que había quedado en su boca.
Faltan tres horas de clase para que los estudiantes sean libres, tres horas restantes para demostrar que sí pueden comportarse; algo que Jeongyeon y Nayeon no logran hacer.
Las chicas estaban en un grado superior, en último año. Desde hace un rato ya, Nayeon estaba animando a Jeongyeon para que invitara a salir a Momo, en medio de burlas y risas escándalosas. El profesor ya le había llamado la atención tres veces a Nayeon por interrumpir y distraer a sus compañeros de la explicación del profesor con esas risas y burlas en un volumen para nada bajo.
Jeongyeon finalmente tuvo los ánimos suficientes para invitar a Momo a salir, de una forma para nada convencional. Escribió en una bola de papel "Hola Momo :)" y la lanzó a la otra punta del salón.
Ambas chicas estaban en una esquina del salón, en los últimos puestos de una fila; Momo estaba en el lado opuesto, en la fila que queda adelante del escritorio del profesor, a dos asientos de él. La bola voló por todo el salón, todos sus compañeros fueron testigos del intercambio por medio de esa bola de papel. El primer tiro llegó directo al puesto de Momo, que la miró en modo de pregunta. Nayeon felicitó a Jeongyeon por tan excelente tiro. Observaron a la chica desenvolver la bola, leer el mensaje y escribir de vuelta; cerciorándose de que el profesor no la viera, lanzó la bola a donde ellas. Abrieron con ansias el papel. "Hola ? Jeongyeon".
Así fueron intercambiando mensajes. El profesor dejó una actividad así que se sentó en el escritorio, haciendo que Momo fuera aún más cautelosa al momento de hacer sus tiros.
"Estás libre hoy ? ;)"
"? Sí, por ?"
"Quieres salir esta tarde?"
Pero el brazo de Jeongyeon empezó a fallar, tirando la bola en dirección equivocada y cayéndole al pupitre a otros compañeros.
Esa vez el papel se tardó un poco en llegar porque la chica se demoró más en responder. La ansiedad creció en ambas: Nayeon y Jeongyeon.
"Salir cómo y con quién?"
"Una cita. Sólo tú y yo"
Esa vez, cuando lanzó la bola, cayó directo en la cabeza de Sana, quien se enderezó de inmediato pues, hace un rato ya estaba cabeceando por el sueño. Hubo una bruma de risillas por todo el salón, algunos intentando aguantar la risa por la escena, que fue callado de inmediato por el profesor, que con la mirada escaneó el salón en sospecha, ya identificando algunas personas que actuaban raro. Por fortuna, Sana era amiga de Momo y estaba dos puestos atrás de ella; se le pudo pedir el papel fácilmente.
El mensaje que les llegó después fue diferente: "Creí que eras novia de Nayeon ?"
Escribieron juntas la respuesta y Nayeon se ofreció a tirar la bola (más bien, le arrebató la bola de las manos), alegando que Jeongyeon tenía una muy mala puntería. Im se puso de pie y tiró la bola con todas sus fuerzas, tanto que Jeongyeon no alcanzó a detenerla por lo exagerada que fue, y porque ni siquiera se cercioró de que el profesor no la estuviera viendo. La bola llegó directo y con fuerza a la cabeza calva del profesor, quien observaba los movimientos de Im desde el milisegundo que la estudiante se puso de pie. El salón estalló en fuertes, agudas y escandalosas risas, en contraste con Jeongyeon, Momo y Nayeon que sintieron sus cuerpos enfriarse. Al profesor, con el paso de los segundos, se le puso toda la cabeza roja de la ira. Pero para tortura de las involucradas, primero inspeccionó la bola que rebotó en él.
Analizó el papel, la información, la situación, las involucradas y, dejando salir su ira, se puso manos a la obra. Momo, Nayeon y Jeongyeon fueron enviadas a coordinación en medio de humillantes gritos del profesor que incluso pusieron a Minatozaki Sana derecha en su puesto.
Dos horas faltan para salir de allí.
Sana se da ánimos, ya falta poco para salir, para culminar la jornada en aquel lugar de tortura. Estuvo hasta las cuatro de la mañana viendo la serie con la que llevaba una semana obsesionada, y luego se levantó a las seis de la mañana para alistarse e ir al colegio. Mencionar lo poco que durmió está de más. Las primeras horas estuvo activa, pero ahora, con el sol poniéndose alto y el calor incrementando, no pudo evitar el cabeceo que empezó hace un par de horas.
Una vez terminó la actividad en clase –después de que su amiga, Momo, se metiera en problemas–, su cabeza clavó directo a la mesa del pupitre, cayendo inerte. Ni siquiera se dio cuenta cuando sonó el tiembre que indicaba el cambio de clase, ni cuando su profesora de física apareció en el salón. Se perdió toda la explicación de la profesora y también la actividad que dejó para desarrollar allí mismo en una hoja. La clase ya se estaba acabando y la profesora empezó a recoger el desarrollo de la actividad por puestos. Apenas había pasado el quinto alumno y ya se había encontrado un problema con una.
—Minatozaki —la movió suave con el marcador que tenía en la mano; la estudiante sólo acomodó la cabeza en el pupitre.— Minatozaki —esta vez presionó más fuerte, logrando que abriera los ojos: rojos, de lo profundo que durmió.
Sana se enderezó, intentando situarse en el espacio que estaba. ¿Cuánto durmió? Se estiró y bostezó, iba a volver a recostarse para seguir durmiendo hasta que vio la figura de su profesora de física sonriéndole, al frente de su puesto.
—¿Ya terminó la actividad? —preguntó amable.
Sana se removió, aclaró su garganta. ¿De qué actividad hablaba?
Pero asintió, improvisando. —Ya voy a terminar profe —dijo, abriendo el cuaderno sobre el que durmió. "Historia" se leyó en la primera página del cuaderno. Ups, ese no era física.
Se inclinó a su maletín para buscar el cuaderno de física pero la profesora detuvo sus movimientos.
—No importa Sana, ve a coordinación.
Estaba en problemas. —Profe–
—Nada. Es la tercera vez seguida que te duermes en mi clase. Ve, ya te alcanzaré —y pasó de largo.
Sana suspiró. No era culpa de su profesora que ella no entendiera física y su mente justo decidiera descansar cuando llegaba dicha clase. Al menos no la mandaron con gritos ni humillaciones, como le pasó a su mejor amiga. La profesora era buena.
*********
Arrastrando los pies, Sana llegó hasta el piso más bajo del edificio. Era increíble que el calor incluso llegara al piso subterráneo.Entró al salón de detención y se llevó una sorpresa al verlo lleno. No sabía que a detención llegaban tantas personas, como mucho pensaba en unas dos o tres. ¿Pero ocho en un solo día? ¿Tanta gente problemática había en su escuela? Pero volvió a sorprenderse cuando se dio cuenta de que se trataba de chicas que reconocía.
Con pasos pesados registró el salón. Su mejor amiga ya está allí, sentada en uno de los puestos del fondo. Cerca de ella están Nayeon y Jeongyeon, cuchicheando entre ellas; parecía que Momo no les prestaba atención cada que intentaban hablarle. Se sorprendió al ver a Jihyo allí; la chica es un grado menor que ella pero es una representante, los representantes no van a detención. Mina, la chica emo que está en el salón de Jihyo también está allí; la conoce por su peculiar aspecto. Tzuyu, también de un grado inferior, comía una galleta de fresa; ella era peculiar por su actuar y sus palabras. Se sorprendió al ver a Dahyun y a su amiga, Chaeyoung, allí. ¿Qué malo habría hecho Dahyun? Si la chica era un suspiro en el corazón. De su amiga no lo dudaba, se veía algo rebelde.
La chica no tardó en notarla, también sorprendida de verla. Sana le alzó una ceja, cuestionando su presencia allí.
Eligió sentarse al lado de Momo, quien parecía requerer compañía con esas dos fastidiándola a un lado suyo. Pero dejó su bolso en el pupitre y se devolvió en sus pasos; primero tenía que saludar a alguien. Caminó hacia los primeros puestos, donde estaban las menores.
—¿El gremlin te hizo portar mal? —Sana se sentó frente a Dahyun. "Gremlin" era Chaeyoung.
La aludida soltó un jadeo, ofendida. —Por ella es que estamos aquí, para nada es un angelito.
Sana alzó las cejas en sorpresa. La menor tenía los cachetes levemente sonrojados.
—No es algo que suelo hacer. —dijo Dahyun.
Sana frunció el ceño. —¿Portarte mal?
La amiga de la chica rió burlesca atrás de ella. Tzuyu miraba la interacción desde la fila vecina, sin dejar de comer la galleta.
—No, me refiero... —carraspeó y rió nerviosa— ¿Y tú? ¿Te portaste mal?
Sana volvió a alzar una ceja, viendo que Chaeyoung miraba a Dahyun con desagrado.
La chica al lado de ellas interrumpió. —No creo que este sea el mejor lugar para mantener una conversación así. —Tzuyu dijo seriamente.
Chaeyoung soltó una carcajada y Sana la miró sin saber qué decir, no pensó que sus palabras se malpensarían.
La puerta se abrió de un azote y la profesora más estricta de la escuela entró por la puerta.
Rápidamente, Sana se escabulló a su puesto, al lado de Momo.
Con pasos sonoros, la señora se acercó al escritorio que había en el frente del salón. Levantó a su vista una hoja.
—Malas palabras, pelea, saboteo de una clase, irrespeto al profesor, trato hostil a la compañera, más malas palabras, comer en clase y, dormirse toda la clase —enumeró las razones que decía la hoja por las cuales estaban esas chicas allí.
Escaneó el salón con los ojos entrecerrados. Todas están quietas, atentas al próximo movimiento de la profesora; incluso Tzuyu guardó su comida.
La profesora se apoyó en el escritorio.
—Hace mucho este salón no estaba tan lleno. —no dejaba de analizarlas— Todas mujeres, qué decepcionante.
Y así comenzó la detención.
La profesora se sentó detrás del escritorio y anunció que tendrían treinta minutos de reflexión, en silencio, y luego se pondrían a hacer otra cosa.
—Mirando hacia adelante Kim —regañó la profesora, justo cuando Sana la atrapó mirándola. Sonrió.
¿Treinta minutoss de reflexión en silencio? Ella podía reflexionar con la cabeza acostada, ¿no?
Veía a algunas hasta con miedo de tragar saliva delante de la profesora, cuando ella ya estaba concentrada en otros papeles que llevó para revisar, sin prestarles atención a las estudiantes. El ambiente es tenso para todas, de seguro ninguna de ellas está reflexionando y sus mentes sólo están concentradas en no hacer ningún movimiento para no molestar a la profesora. Su amiga a su lado le levantó una ceja, regañándola cuando bostezó. ¿Qué quería que hiciera? ¿Media hora? En esa media hora podría dormir.
Sabe que la profesora no se molestaría; ella la dejó seguir durmiendo incómodamente en varias ocasiones y en lugares no convencionales, esta vez seguro tampoco le molestaría. ¿Calor, tensión, sólo dos horas descansada y con una jornada de estudio completada? Todo indica que apenas apoye la cabeza sobre el pupitre, se zambullirá en un sueño profundo. Y lo necesitaba si quería continuar su serie en la noche.
No se lo pensó más cuando volvió a cabecear en medio de su análisis de sólo pros. Apoyó la cabeza, Momo la miró como si estuviera loca, ella le sonrió, cerró los ojos y chao mundo.
Contrario a lo que esperaba, no se zambulló en un sueño profundo para descansar. Apenas la primera escena apareció, supo que eso no era un sueño.
Apareció en el mismo lugar, en detención, con las demás que también estaban allí, aún sentada en el mismo pupitre.
Sentía las sensaciones. Ese era su cuerpo, era ella, lo veía todo en primera persona, como si sí fuera ella quien lo estuviera viviendo.
A veces los sueños la muestran a ella misma en tercera persona, pero esto no era así. Lo veía y sentía todo muy nítido.
¿Qué es este sueño raro? Esa sensación tan real en los sueños nunca la había vivido. ¿Esto es normal?
Lo siente. Sudor frío empapa su frente. Sus pechos y axilas también están cubiertas de sudor. Su corazón va a mil, aunque lo siente desacelerar poco a poco. ¿Qué estuvo haciendo en detención para estar así?
Luego, el resto de sensaciones arribaron. Abrumada, asustada, sorprendida; ¿qué es, exactamente, lo que siente? Su Sana empezó a respirar profundo, intentando calmarse. Esa era una sensación rara, no era ella quien respiraba, era su Sana.
«Su Sana», porque no era ella; ella era Sana. Sabía que la persona en la que estaba también era Sana, pero esa no era ella. Ella era a quién le mostraban lo que pasaba con esta Sana. La Sana que sentía no tenía nada que ver con ella... O eso esperaba. No entendía por qué esa Sana sentía aquello.
Escaneó su alrededor. Momo seguía a su lado, mirándola preocupada; ¿por qué? Jihyo y Mina en otro fila lejana seguían sin dirigirse la palabra. Nayeon y Jeongyeon reían entre ellas nerviosamente. Tzuyu devoraba lo que le faltaba de la galleta; ¿por qué se atrevió a sacar la comida otra vez? ¿Acaso la profesora..? Miró al escritorio y se dio cuenta que la profesora ya no estaba en el salón. Volvió a sus compañeras. Dahyun y Chaeyoung hablaban. La primera se le quedó viendo, le susurró algo a su amiga y se puso de pie, emprendiendo un camino hacia ella.
El corazón de Sana, de ella, no el de la Sana del sueño, empezó a latir. Y es que, Dahyun le parecía hermosa. Se hacía la valiente y a veces la molestaba pero en realidad le atraía.
Dahyun se sentó al frente suyo y la miró con el ceño fruncido. El corazón de su Sana no tardó en latir también, sobre todo nerviosa.
—¿Estás bien? —preguntó Dahyun.
—Esto se siente como un déjà vu.
"Eso es algo que nunca diría" dijo Sana. Y pronto se dio cuenta que escuchaba sus propios pensamientos como si estuviera en una burbuja; resonaban y sólo ella podía escucharse. Eso en definitiva no era un sueño, en un sueño nunca podía separar sus pensamiento ni había una barrera con el personaje.
—¿Quieres que seamos pareja? —volvió a prestar atención a la conversación.
—¿Eh?
Dahyun la miró con las cejas arqueadas.
"¡Dahyun! ¡¿Me escuchas?!" intentó gritar, intentó hacerle saber que estaba encerrada y era otra Sana con la que hablaba, no ella. Pero todo indicó que no la escuchaba, y parecía que su Sana tampoco lo hacía. ¿Nadie sabe que está ahí, encerrada?
La escena transcurría con normalidad, pero ella ya no le prestaba atención.
Intentó mover las piernas, pararse, mover los brazos, incluso intentó girar la cabeza para mirar a Momo y mandarle una mirada de socorro. Pero nada funcionaba, ella no estaba a cargo del cuerpo, no tenía por qué intentar actuar, no estaba allí para accionar, ella sólo debía ver y sentir.
—Bien —Dahyun le dio una sonrisa tímida— ¿Estás segura que estás bien?
—Sí, sí, nada de qué preocuparse.
Y pareció decirlo en serio. La sentía un poco más tranquila, pero la ansiedad seguía allí.
Una negritud la absorbió e interrumpió lo que veía, pero de inmediato fue lanzada a otra escena.
Estaba al frente de una ventana y miraba afuera; el día estaba nublado, oscuro, nada parecido a como estaba ese día de detención.
Tenía un trapo húmedo en la mano, el cual pasaba por la ventana, limpiando. Pero esa era una ventana de la escuela, ¿qué hacía ella limpiando eso? Eso sólo lo veía hacer por los estudiantes en detención... Pausa, ¿estaba ella, en ese momento, en detención?
Su Sana miró por la retina del ojo y notó que alguien la acompañaba, una chica más baja que ella.
Sana no le gustaba, mucho menos estaba enamorada de Dahyun, pero sí le atraía lo suficiente como para darse cuenta que esa figura le pertencía a...
Ella.
Su Sana volvió a enfocar su atención en lo que hacía. Ella, Sana, notó que en su muñeca porta una manilla que nunca en su vida había visto, ella no es de usar manillas. Se trataba de una pulsera de tela amarilla con blanco, una estrella amarilla colgaba de ella.
Y las sensaciones aparecieron. Se siente resignada. El pecho lo siente pegajoso, una sensación que odia; debe tener algo pegado a la camisa de su uniforme. No se siente tranquila, pero sí cansada.
—Sabes que no me gustó lo que hiciste, ¿no? —reconoció de inmediato la voz de ella.
Su Sana suspendió su actividad para enfocar toda su atención en Dahyun. Dahyun tenía su cabello amarrado en una cola de caballo, también tenía un trapo húmedo en su mano, limpiando la ventana. Observó con cuidado la mano deslizándose por la ventana y lo notó: en la muñeca de la chica una manilla amarilla con una estrellita, es la misma que tenía ella. Compartían manillas.
¡¿Ellas comparten manillas?! ¡¿Por qué lo hacían?! ¡¿Qué significa eso?!
—Sé que hubieras preferido que me quedara fuera de eso —habló Sana.
—Fue lo que debiste hacer —Dahyun la miró con dureza.
Uh-oh. ¿Por qué Dahyun parece molesta con ella? ¿Qué hizo esta Sana?
"Dahyun, no te enojes conmigo, yo no sé qué habrá hecho ella. ¡Ella no soy yo!" dijo ridícula, ya sabiendo que no la podían escuchar.
—No se sentía correcto quedarme allí sin hacer nada.
—¿Entonces te metiste para qué? ¿Para demostrar algo? —en comparación con la voz pacible de Sana, Dahyun le hablaba cada vez más cortante.
—No. Me molesté de verdad y actué.
—No necesito que nadie me defienda.
—Lo sé —Sana concedió.
Aburrido. No entiende una palabra de lo que hablan, sería más entretenido si le mostraran la escena por la que Dahyun parecía molesta con ella, pero no. Ellas seguían hablando y ella sólo quería tener algún sueño sin sentido y fluir con él. Esto tampoco tenía sentido, pero aquí era consciente de todo y hacía todo lo contrario a dormise profundamente y descansar. Esto no se sentía como dormirse profundo, esto se sentía como seguir viva y bien despierta, sintiendo lo que sea que le estuvieran mostrando.
Volvió a prestar atención cuando hubo algo que le interesó.
Sana y Dahyun entrelazaron los dedos con los que antes estaban limpiando, de las manos en las que traían la manilla.
—Te quiero dar un abrazo pero sigues apestando a yogurt. —Dahyun ya no le habló feo, parecían haberse arreglado.
Su Sana por fin miró su camisa y se dio cuenta que eso era lo que sentía pegajoso, yogurt en su camisa. ¿Cómo siquiera quitaría esa mancha de su uniforme?
Pero Dahyun se acercó a dejarle un pequeño beso en su mejilla.
Se sintió nerviosa por el gesto.
El corazón de Sana empezó a latir con calidez. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro mientras sus mejillas se calentaban.
"¿Por qué esta Sana se siente tan maricona?" se preguntó una vez sintió la reacción ante el gesto.
Otra vez negritud la absorbió sin motivo alguno, y fue lanzada a otra escena.
Identificó el rostro de Momo. ¡Por fin, un rostro que la tranquilizaba! Otra persona también estaba presente: Mina. ¿Que hace ella allí? Nunca entabló una conversación con la chica. Todas tenían puesto el uniforme del colegio.
"¡Momo, amiga! ¡¿Me escuchas?!". Tenía la esperanza que tal vez su mejor amiga sí la escuchara, ella tiene una conexión diferente con Momo, debía de escucharla.
Pero Sana y Momo seguían hablando, como si ella no estuviera allí.
—Jeongyeon y Nayeon me dijeron que irían a la misma universidad que yo.
¿Universidad? Si apenas estaban empezando último año. Esa semana, su amiga le dijo que no sabía qué quería estudiar, ¿cómo sabría ya a dónde iría?
—Esas dos te seguirán acechando hasta tu tumba —rió Sana.
Momo rió con ella, pero luego se puso seria.
—No las entiendo. No entiendo si le gusto a Nayeon o a Jeongyeon.
—Tal vez le gustes a las dos —habló Mina. Momo le dio una mirada confundida.
Pero Sana desvió su vista a otro lado, y en ella apareció la figura de Kim Dahyun. Allí empezaron las sensaciones.
El cuerpo de Sana funcionó de una manera diferente una vez vio a Dahyun. Con Momo y Mina estaba en modo reposo, ¿pero el sólo ver a esa chica? Nervios en su estómago, en sus manos ansiosas, incluso en su cuero cabelludo. Su corazón bombeó en anticipación, antes de siquiera dirigirse a ella.
Pronto se despidió de las chicas y se acercó a Dahyun. Reconoció aquel parque al que se acercaba, era el que había cerca de la escuela.
Y la alcanzó.
—¡Dubu!
Y Dahyun frenó su paso para mirarla.
¿Dubu? ¿De dónde salió ese apodo?
—Hey.
Sintió a Sana extrañarse, ya al frente de ella.
—¿Hey?
Dahyun se veía nerviosa.
—Quiero hablar contigo.
Sintió su corazón caer con temor y sudor frío recorrerla.
—Claro. ¿De qué?
Dahyun hizo un mohín, señalándole el parque para ir a sentarse.
Estaba cansada, no entendía qué veía pero ya no intentaría salirse, era inútil.
Charlan un poco en un banco del parque. El lugar está desolado y les da algo de privacidad. Pero Sana subía y bajaba su pierna ansiosa.
—¿De qué me querías hablar?
Preguntó, cortando la conversación en seco, pero luego detuvo sus movimientos.
—Esto se siente como un déjà vu.
Es la segunda vez que dice eso; no es propio de ella, es ridículo. Las cosas no suceden dos veces, no se ven dos veces.
Dahyun rió sin gracia.
—Dudo mucho que este momento ya te lo hayas imaginado.
Ese comentario sólo hizo que Sana siguiera con su inquietud por la incertidumbre de lo que Dahyun le fuera a decir.
—Sana, en nada te graduarás.
¿Ella? Pero si apenas empezaba el año escolar.
—A mí todavía me falta un año —Dahyun también se veía ansiosa— Perdona por lo directa que seré pero... No sé cuánto tiempo llevamos tonteando, y no saber exactamente qué estamos haciendo me pone ansiosa.
¿Tonteando? ¿Lo que están haciendo? ¿A qué se refería eso?
Pero su Sana si sabía a lo que se refería, porque tragó saliva y la sintió tensarse. Siguió escuchando cautelosamente, con temor a lo que Dahyun fuera a decir.
—Y antes de que te vayas a otro lugar quiero saber tú qué piensas de... esto —con la mano señaló el espacio que había entre las dos— Tú... Me gustas, Sana, y quiero saber cómo me ves tú a mí.
Apenas escuchó esas dos palabras junto a su nombre, los nervios se triplicaron y el corazón latió como loco, tanto que temió que le estuviera dando algo. No eran nervios acompañados de temor, sino de emoción, mucha.
Sana también estaba sorprendida y a la vez avergonzada. Escuchar una versión muy realista de Dahyun decirle eso a su Sana la dejaba sin saber qué pensar. Con expectación, puso toda su atención a lo que pasaría a continuación.
—Dahyun, yo...
Pero fue absorbida de nuevo por la negritud.
"¡¿Qué?! ¡No! ¡Justo cuando se pone interesa-" no alcanzó a decir más, fue cegada por una nueva escena.
Está de pie, al frente de una puerta. Un girasol en su mano. Una pierna se le mueve intranquila. Está nerviosa, no puede dejar la mano quieta. Hay nervios en todo su torso. Pero una vez la puerta se abrió todo fue reemplazado por una envolvente calidez y su corazón queriéndose salir de su pecho.
Dahyun la recibe con unos shorts y una camisa, sonriéndole. Y Sana no supo si el corazón de su Sana latía con pesadez por la vista de la chica, o si era porque la chica la miraba de cierta manera. Los ojos de la menor se iluminaron cuando notó lo que sostenía en la mano.
—Ven —la adentró, jalándola de la camisa.
Escuchó el silencio sepulcral en la casa una vez se cerró la puerta.
—¿Y tus padres?
Dahyun se puso al frente de ella, pasando una uña juguetona por su brazo en el proceso.
—Estaré sola hasta la noche.
Y le ofreció la mano.
Su Sana tragó saliva y adrenalina la recorrió cuando cogió la mano de ella.
Dahyun la llevó casi arrastrando a una habitación. Apenas entraron, Dahyun le puso pestillo a la puerta. Alcanzó detallar un escritorio al frente de la cama y el color de las paredes, hasta que Dahyun estuvo al frente suyo de nuevo, esta vez más cerca de lo normal.
Tanto, que Sana se encontraba nerviosa por esta faceta atrevida de la chica.
—¿Y esta flor?
—Oh, ah —Sana rió nerviosa, estaba tan inmersa en el actuar de ella que se le olvidó dársela— La vi en la calle y me recordó a ti.
Dahyun frunció el ceño. —¿A mí? ¿Por qué?
—Porque es hermosa —dijo distraída, por la cercanía de ella.
A pesar de la respuesta simple, la vio sonrojarse ligeramente.
—¿No es mi novia muy dulce? —dijo con cariño. Se acercó a darle un pico en los labios.
Qué. Novia. "¿Novias?" Eran novias, su Sana no la dejó ir, formalizó con ella. A pesar de no entender qué era lo que vivía o por qué lo sentía, sintió algo de alivio al entender esa parte de lo que le mostraban. Están juntas.
Dahyun tomó el girasol con gentileza y lo puso en el escritorio. En contraste con cómo se abalanzó a sus labios una vez volvió a ella.
Su Sana soltaba suspiros cada tanto y sus manos no se quedaban quietas ni por un segundo.
Ella, Sana, empezó a avergonzarse cuando...
La camisa de Dahyun salió a volar y Sana desplazó sus besos al cuello de la chica mientras la sostenía en sus brazos.
"No, no, no" dijo Sana. "Universo, o el que me esté mostrando esto, por favor, un límite. Esta chica me interesa y no sé si sea correcto verla ya así..."
Apareció tensión en ciertas zonas de su cuerpo. Sentía la excitación que desde hace un rato empezó a crecer. Sentía la necesidad de pasar sus manos por toda la suave espalda de Dahyun, de apretujar el trasero de la misma, de pasar su lengua por todo el cuello de ella.
Pero no sólo eran las ganas; en cada toque podía sentir el cuidado que quería procurar.
Sana bajó por el cuerpo de Dahyun. No tocó los montículos de la menor pero sí siguió su camino. Besos abiertos depositaba en el abdomen. Le encantaba que ella tuviera las manos enredadas en su cabello. Miró hacia arriba: la vista podía hacerle perder el juicio a cualquiera. El brasier que protegía los pechos de Dahyun aún seguía ahí, la mandíbula de ella era lo primero que se observaba, sus ojos cerrados, en su boca una pequeña sonrisa, dejándose sentir lo que Sana le daba...
"Wow" exhaló maravillada.
Y en ese momento la negritud la absorbió con lentitud.
Ni siquiera se quejó porque lo cortaran justo cuando aprendió a apreciar lo que le mostraban, estaba avergonzada precisamente por lo que apreció.
Cuando apareció una nueva escena, todo se sintió muy diferente, nada parecido a los sentires de las anteriores escenas.
Está sentada en una mesa, en lo que supone que es un sitio de comidas. Todavía no distinguía con quiénes estaba cuando Sana tomó un largo trago de un vaso de cerveza.
A su edad, esa cosa le daba asco. Entendió que estaba en una edad diferente cuando bebía de ello como si se tratara de agua.
Una vez devolvió el vaso a la mesa, pudo apreciar a quiénes la acompañaban: Momo y Mina.
—Entonces... ¿Es oficial? ¿Eres novia de ellas? —preguntó Mina.
En el interior, Sana tuvo que echarles un doble vistazo porque, estas no son las Momo y Mina que acostumbraba a ver en la escuela. Quienes tiene al frente son mujeres con las facciones mucho más marcadas, se ven muy maduras en comparación a las caras de bebés que tenían en realidad.
Momo sonrió tímida pero asintió felizmente.
—¡Amiga! ¡Hasta que por fin! —la voz de Sana tampoco era la de ella. Sí, se escuchaba como su voz pero había algo diferente en ella, su tono se escuchaba más balanceado, no como ese chillón que tiene en la actualidad.
—¿Y tú Mina? ¿Qué pasó con esa chica con la que te estabas viendo? —preguntó Momo.
—Nada, la verdad —la voz de ellas también se escuchaban diferente— Ahorita estoy saliendo con alguien y me está gustando, mucho. Iba conmigo en la escuela; se llama Jihyo, ¿la recuerdan?
—Esa chica que se metió en una pelea por ti, ¿no? —preguntó Momo sorprendida.
Mina rió por el recuerdo y asintió.
—¡Qué recuerdos! —exclamó Sana antes de terminar su vaso de cerveza, bajo la atenta mirada de las chicas.
—De hecho, Sana, me parece que Jihyo es amiga de Dahyun. La volvió a ver cuando compartieron varias clases en la universidad, o algo así.
No sabe qué fue, si la información que escuchó o la sola mención de su novia la que hizo que Sana sintiera una punzada en el pecho.
—¿Ah, sí? —respondió Sana, mucho menos efusiva en comparación a sus anteriores intervenciones.
Momo era la que más la conocía, y Momo fue la que preguntó.
—Hablando de Dahyun, ¿qué tal todo? ¿Cómo va su relación?
Sana se encogió de hombros. Sintió de inmediato tristeza invadirla, incluso sus ojos picaron. Su Sana se sentía cansada, impotente, pero sobre todo triste.
¿Qué pasó con los nervios que aparecían con la sola mención de Dahyun?
—Mmm... Todo va normal —le restó importancia al frente de ellas— Mi mamá la adora, su familia me adora, su perro me adora...
—Y ahora que te graduaste hace un tiempo, ¿cuáles son los planes? ¿Te gustaría irte a vivir con ella?
Mina rió ante lo sencillo que lo dijo Momo.
—La verdad que sí —y fue allí que sintió su corazón hundirse en resignación— Pero ella ahorita está algo rara, no sé, está más ocupada con la universidad.
Sus amigas asintieron, comprendiéndola. Pero ella, Sana, dudaba que lo hicieran. Parecían no tener idea de cómo se sentía su Sana en realidad.
—¿Y tú? ¿Acaso no vas a contar cómo ese par de bobas te pidieron el cuadre? —cambió de tema con mucho esfuerzo pero con éxito. Mina rió por cómo lo dijo.
—No les digas así... —le reprochó Momo.
Negritud volvió a llevársela. Se sintió intranquila, ¿qué pasó con la intensa relación que le mostraron un destello atrás? La tristeza de Sana no se sentía como algo momentáneo, no se sentía como un "Dahyun ahorita está algo rara". Y el clímax de esos sentires tuvo lugar en la siguiente escena.
Su pecho dolía. Sentía su corazón latir con profundidad, lento. Pero no latía por los nervios ni por la adrenalina; el latido es un recuerdo de que está viva, sintiendo en cada segundo el dolor que la invade. Hay un nudo no tan doloroso en su garganta, pero doloroso, a fin de cuentas. Sus mejillas están por completo húmedas y no lograba enfocar del todo su alrededor por las lágrimas acumuladas en los ojos. Su cabeza comenzaba a doler, de seguro porque debió de estar llorando desde hace ya un rato.
—¿Hice algo mal? —preguntó Sana, a pesar de todos los obstáculos que ponía su sentir para que su voz saliera.
Por fin pudo verla: Dahyun a un lado suyo. Tenía los ojos rojos, caían lágrimas por sus mejillas pero rápidamente las secaba. Se notaba que ella también pasaba por un momento difícil.
—No hagas esto más difícil —y a pesar de lo feo que pudo sonar, lo pidió en un ruego.
—No entiendo Dahyun —la chica no la miraba— Estamos enamoradas, ¿qué nos hace falta?
Impotencia era lo que Sana sentía. Angustia, desesperación. Incluso sus manos temblaban por la ansiedad.
Dahyun cerró los ojos, deslizándosele otra lágrima por la mejilla. Tomó una bocanada de aire.
—Yo te amo, Sana —pronunció esas palabras con dolor.
¿Por qué era doloroso? Amar a alguien no debía sentirse así.
—¿Entonces?
—Esto no es sobre nuestra relación —y eso lo dijo con mucho más dolor y dificultad— Necesito un tiempo para mí, no sé, me siento... Entre menos responsabilidades tenga, mejor. Necesito esto.
—¿Responsabilidades? —Sana frunció su ceño, sintió náuseas y un hueco hacerse en su estómago— ¿Acaso soy una carga para ti? ¿Nuestra relación es una carga para ti? ¿Necesitas quitarte lo que tenemos de encima?
Sana se sentía impotente porque no entendía lo que Dahyun le decía, de eso se dio cuenta. Su chica sólo rompió en llanto, esta vez sin intentar disimular las lágrimas, su rostro se puso rojo y su cara se arrugó; y todo en Sana dolió aún más, el hueco en su estómago se expandió.
Volvió a abrazarla la oscuridad. Eso fue intenso, demasiado. Sana lo sentía todo, como si esa piel fuera la suya, como si ese dolor fuera de ella. ¿Qué sucedía? ¿Se estaban... separando? Otro destello apareció.
Lo primero que notó fueron las sensaciones. Cansancio, el ánimo bajo, una capa de tristeza envuelve su ser. Está en un sitio de comidas, al frente suyo sólo Myoui Mina la acompaña. Parece que la reunión ya está finalizando. Mina miraba su teléfono.
—¿Te molesta si Jihyo viene? Vamos a ir las dos a un sitio ahorita.
Sana se encogió de hombros y asintió, al parecer sin verle problema alguno.
Esto es diferente, normalmente no se siente aburrida o triste en situaciones cotidianas, lo normal era que recibiera a la gente con buenos ánimos, pero aquí no sucede lo mismo.
En nada la mujer llegó.
Jihyo saludó con un beso en los labios a Mina. Luego la saludó a ella y se sentó en una silla al frente de ella. El celular de Mina sonó y ella tuvo que salir a contestarlo, dejando solas a las dos mujeres.
—Sana... —Jihyo llamó su atención y con pesadez alzó su mirada— Voy a ser muy egoísta pero la verdad, estoy desesperada.
Sana alzó las cejas, en expectativa a lo que Jihyo le fuera a decir.
—Sabes que soy buena amiga de Dahyun —y apenas escuchó ese nombre se removió incómoda en su asiento. Amargura llenó su boca y la tristeza que solo la envolvía la atravesó, incluso dolor presionó su pecho. Sin embargo, se quedó escuchando a Jihyo— No sé cómo te estés sintiendo con todo esto, supongo que es doloroso pero... Estoy demasiado preocupada por ella, y el problema es que aleja a todos los que se preocupan por ella, está terrible —dijo con angustia.
Supo que Sana no tenía idea de lo que Jihyo hablaba por cómo la nubla de confusión abarcó su mente.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ella?
Sana suspiró, la tristeza volviendo a empañarla.
—Hace poco más de dos meses, creo, después de que me terminó.
Terminaron.
Jihyo pareció entender su resignación, pero ella se veía incluso más angustiada. Negó con la cabeza.
—Su madre me dice que no hace nada, también me dijo que no te llamaba a ti porque sabe que eso sólo la haría enojar más —Jihyo debió notar el rostro confundido de Sana, porque finalmente preguntó:— ¿Acaso no sabes nada de lo que está pasando?
Con un ceño fruncido, negó inquieta. —No entiendo de qué me hablas.
Jihyo primero la miró sin podérselo creer, pero luego suspiró.
—Dahyun está muy mal, sospecho que lo está desde principio de año. Canceló el semestre, renunció al trabajo, luego sólo se la pasó llorando y durmiendo, y antes de eso empezó a alejar a todas las personas que sabía que se preocuparían por ella, comenzando contigo.
Lo último le echó sal a la herida, pero se consternó por lo que escuchó. Por primera vez en ese destello, Sana se acomodó derecha en su asiento, preocupada.
—¿Canceló el semestre? ¿A qué te refieres con que sólo llora y duerme?
—Llora, duerme, no sale de la cama ni de su cuarto, y escasamente come. Su madre difícilmente logra hacerla salir para que tome sol.
Un nuevo dolor apareció en ella, pero no por su ruptura, sino un dolor por lo que escuchaba sobre un ser que amaba.
—¿Qué..? No... No entiendo, ¿qué es lo que le pasa?
—Con lo poco que le ha hablado a su madre, parece ser que le tiene miedo al futuro.
Un momento de silencio pasó y supo que su Sana no entendió por completo a lo que se refería Jihyo, pero su preocupación no mermó.
—Parece que pasó por lo mismo más joven, según me dijo la señora Kim —Jihyo volvió a tomar la palabra—. Sana, te digo esto porque... Ustedes tuvieron muchos años de relación, eso no se desvanece como si nada y estoy segura que sigues siendo especial para ella.
Sana por fin comprendió las intenciones de Jihyo.
—Por favor, intenta acercarte a ella, ayudarla, no sé, no sé qué más hacer —pidió y se excusó—. Yo... Ella prácticamente me echó de su casa y me dijo que no volviera más, me tiene fastidio.
—¿Cómo voy a hacer eso? Estás diciendo que alejó a todos —a pesar de lo dicho, su preocupación seguía presente, incluso apareció el impulso de llamar a Dahyun sólo para preguntarle si podía ir a su casa.
—No sé Sana. Tú siempre encontraste la forma de colarte en ella. Lo único que te pido es que si lograr llegar a ella, no la sueltes, por favor. Tengo miedo de lo que pueda llegar a hacerse.
Y volvió a ser absorbida del destello. No tardó mucho para que una escena más aparaciera.
Sana no lo notaba pero, cada vez estaba más sumergida en los destellos. Pocos pensamientos aparecían en ella y se concentraba más en sentir, como si la piel fuera la de ella. El ser absorbida por la negritud la dejaba momentáneamente en un libro, hasta que volvía a conectar con las sensaciones.
Lo primero que registró fue un ser aferrado a su torso y su camisa húmeda pegada a su pecho. El dolor y la tristeza llegó a ella. Pero no es un dolor ni una tristeza por un sufrimiento personal, es por algo más, por lo que presenciaba. Tiene una gran nube en la garganta, que es la que más le recuerda la presencia de las sensaciones. La nube está cargada por la retención de sus ganas de llorar, de sollozar; debían ser muchas porque su garganta dolía.
La persona aferrada a ella se sacudía, llorando, sollozando, pero calmándose poco a poco con ayuda de las bocanadas de aire que tomaba. Su camisa estaba húmeda por las lágrimas de ella.
Observó el lugar en el que estaba: una cama, un escritorio y, por la posición de las mismas supo que estaba en el cuarto de Dahyun. En la pared al frente suyo notó varias fotos pegadas: dos manos entrelazadas, ambas con una manilla amarilla y una estrella en la mitad; una foto de flores, y abajo de esa había otra donde Dahyun le daba un beso en la mejilla a una sonriente Sana; un par de fotos con su familia, otras con Chaeyoung, Jihyo también estaba en la pared.
Pero tres fotos de ellas dos le llamaron la atención: en una foto estaba una Sana joven con una bata que indicaba estar recién graduada del colegio, con una Dahyun sonriente y también joven a su lado abrazándola por la cintura; al lado de esa había una foto similar, solo que Dahyun era ahora quien portaba una bata de graduación y Sana la abrazaba desde atrás, ambas seguían manteniendo un rostro joven. Abajo de la foto de graduación de Sana del colegio había una foto similar, sólo que ya no había rastro de las caras de bebés de las fotos de arriba; una Sana con bata de graduación abrazaba desde atrás y depositaba un beso en la cabeza de una Dahyun que mostraba con orgullo el título universitario de Sana. Sin embargo, no había nada al lado de esa foto, y el espacio vacío en la posición de esas fotos era evidente.
—Me siento tan culpable —se escuchó la voz de Dahyun, que era quien se aferraba a ella.
Sana se sorprendió por el sonido de la voz de la mujer. Tuvo que respirar un par de veces para aliviar la nube de su garganta.
—Todos esperan que mejore, que avance, pero siento que siempre tropiezo.
A medida que las palabras salían, el llanto volvía a acrecentar. El pecho se le sacudía con más facilidad por los sollozos. Pudo notar a Dahyun ya cansada por el llanto, pues tomaba bocanadas profundas una vez volvía a sacudirse.
Dahyun se tomaba su tiempo para respirar y volver a hablar inteligiblemente. Y Sana esperaba con paciencia lo que la chica tuviera por decir, pero eso no significaba que el dolor fuera más apacible, al contrario, con cada palabra que salía de la mujer algo en su interior se retorcía en dolor y tristeza.
—Sé que mi madre sólo espera que esté bien, pero los demás tienen expectativas diferentes sobre mí —dijo más calmada— Esperan que cumpla con mis obligaciones, esperan que por fin me gradue. Todos me están esperando y yo lo único que hago es tropezar —y volvió a crecer el llanto.
"Shhh" le hizo Sana cuando pareció que su Dahyun volvería a sacudirse.
—Incluso tú, —y esta vez recibió una caricia por la extensión de su brazo que le dio escalofríos— siento que me sigues esperando y yo dudo mucho que pueda volverte a dar lo que alguna vez te di.
Esta vez su llanto no volvió, pareció más vacía al decir eso. Pero el interior de Sana sí se retorció extrañamente, como si escucharla decir eso no fuera nuevo pero igual siguiera siendo doloroso.
Fue el turno de ella de tomar bocanadas de aire para aliviar esa nube que permanecía en su garganta y así poder hablar.
—Sabes que eso no es cierto —una voz más rasposa salió de ella.
Dahyun no refutó y tampoco volvió a hablar. Su llanto cesó y su pecho se sacudía de vez en cuando con sollozos involuntarios que aún quedaban en su pecho.
—No estoy aquí esperándote, estoy aquí acompañándote —dijo segura.
Y Dahyun pidió otro tipo de abrazo, ya no se aferraba a ella pero quería mantenerse cerca, donde sintiera que la cuidara. Sana se lo concedió.
—Me da miedo, Sana —susurró Dahyun en su cuello— Me da miedo poder salir de esto pero que vuelva otra vez en un futuro.
A pesar del ceño fruncido de Sana, un pequeño alivio recorrió su cuerpo.
Algo que no entendió.
—Y si vuelve, yo, y los que te aman, te seguiremos acompañando.
Y allí acabó el destello.
Lo que siguió fue muy diferente, tanto, que le fue más difícil conectar con lo que le mostraban. Los destellos vinieron y se fueron más rápido. Las sensaciones venían y se iban más rápido.
Un flash la cegó un par de segundos, rápido se dio cuenta de que está en un fotomatón. Siente felicidad y tranquilidad. Fue la primera en mover la cortina para salir y ver el resultado. Cogió la tirilla que ya la estaba esperando y pudo ver cuatro fotos; allí estaban Dahyun, ella y otra mujer mucho mayor que tenía un parecido enorme a la menor.
Las otras dos protagonistas de las fotos llegaron a cada lado suyo a ver las fotos.
La mayor rió avergonzada.
—¡Quedaron muy lindas! —dijo Dahyun en un tono agudo.
—Ahora vayan ustedes dos solas —indicó la mujer mayor.
Sana rápido parpadeó ante la propuesta, evidentemente avergonzada. Tragó saliva cuando Dahyun no se pensó dos veces el jalarla de nuevo al interior del fotomatón.
Estuvo nerviosa en todo momento, dio su mejor esfuerzo para parecer natural y seguir las poses que proponía Dahyun. Pero sus mejillas estallaron en un rojo intenso y su corazón revoloteó cuando para la última foto, sin ser avisada, Dahyun se colgó de su cuello y posó dándole un beso en la mejilla.
El flash golpeó sus ojos sin ella poder disimular su sorpresa.
Fue cambiada a otra escena, una más larga.
Pudo distinguir la casa de Dahyun. La sala está decorada con un cartel gigante que dice "¡Felicidades!" y con bombas negras y doradas que atiborran los alrededores de una mesa. Hay muchas personas en el lugar, el espacio parece pequeño para la cantidad de invitados. Vio a Jihyo y Chaeyoung presentes allí; una Chaeyoung mucho mayor.
Dahyun con un vestido negro interrumpió el escaneo que le hacía a la habitación, al mismo tiempo que le sacó un suspiro. Se ve hermosa y radiante.
—¿Ya te vas? —preguntó con pesar.
Algo vacilante Sana asintió.
—¿Me puedes acompañar antes?
Eso llamó la atención de Sana, que asintió sin pensar más.
Cuando Dahyun se puso al frente suyo después de cerrar la puerta de su habitación, toda la tranquila alegría que sentía fue reemplazada por pequeños nervios. Fue la mirada decidida en sus ojos que la removió, una mirada para y por ella.
—Gracias por acompañarme hoy —lo dijo en un tono bajo, pero el estar solas las dos hizo que su voz resonara en sus oídos.
—Ni loca me lo perdería —respondió fingiendo estar despreocupada.
Pero por más que fingiera, algo siempre está presente en ella cuando está con Dahyun: amor, cariño.
Pero Dahyun quería encaminar la conversación por otro lado.
Con un gesto Dahyun pidió su mano y Sana lo concedió, la menor la agarró con ambas manos. Dahyun se veía un poco nerviosa.
—Estuve pensando los últimos meses... —empezó llamando la atención.
—¿Mmm? —preguntó.
—Quiero volver a salir contigo —le dijo directamente.
Sintió su corazón saltarse un latido para luego aumentar su ritmo cardíaco. No ayudó en nada que Dahyun tuviera la mirada fija en ella, esperando una respuesta.
—Em... No sé Dahyun, —se sintió insegura— sabes que no estuve para ti "esperando" algo...
Pero Dahyun la interrumpió.
—Ya lo sé, estuviste porque me amas. Pero ya me he alejado de ese tiempo, estoy en una página diferente de mi vida. —Dahyun estaba muy decidida, lo supo por cómo Sana tragó saliva— ¿O tu amor era amor de amiga?
—No, es diferente contigo. Siempre lo ha sido —se apresuró en negar, a pesar de que la pregunta sonó como si fuese retórica.
Dahyun asintió, como si tomara sus respuestas como evidencias para su hipótesis. Acercó su cuerpo peligrosamente, haciendo que el corazón se le subiera a la garganta.
—Han pasado casi dos años, ¿qué nos detiene? —Dahyun parpadeó— ¿Acaso sales con alguien más?
Sana giró los ojos casi en automático.
—Otra vez con eso —le reprochó.
—¿Entonces? —Dahyun presionó. Con destellos en sus ojos se acercó más a ella y Sana no tuvo la intención de alejarse— Te preocupas mucho por si en retrospectiva pienso que estuviste "esperando". Me has acompañado por tanto tiempo, ¿no crees que te mereces ser egoísta por una vez y besarme?
Un suspiro tembloroso salió de ella, no supo si por las palabras o por el rostro de Dahyun tan cerca del suyo.
—¿O es que ya no quieres eso? —le dio una opción de salida.
Cambió de escena. Lo que vino le pegó más fuerte.
Las emociones son difíciles de asimilar. ¿Son nervios o es emoción? ¿Es felicidad o nostalgia? ¿Tiene ganas de saltar por todo el lugar o vomitar? No lo distinguía.
Hablando del lugar, eso fue lo que la sorprendió más. Es claro lo que está pasando, pero se siente surreal. Sana miró brevemenre al piso y se encontró vistiendo un vestido blanco que no dejaba ver sus pies; sostiene unas flores blancas con rosa pálido en una de sus manos.
Las sillas y las personas atiborradas a dos lados creaban un pasillo para que ella pudiera caminar hasta...
Se iba a casar.
Sintió una presión a su lado y se giró a mirar. Era Momo. Sentía que en cualquier momento empezaría a llorar. Su mejor amiga la llevaría por el pasillo, lo supo por cómo sostenía su brazo para empezar a caminar por él.
¿Y su madre? ¿Por qué ella no lo haría?
—¿Estás lista? —le preguntó Momo.
Y otra vez fue absorbida y echada a otra escena.
La humedad está presente en su piel pero la noche es fresca. Observa la gran ciudad por el balcón, llena de luces. Está en un momento de paz, de tranquilidad, y se siente llena, como si nada más le hiciera falta.
Una presencia atrás suyo la abrazó y puso una mano sobre una de las suyas que se apoyaba en la baranda. Rápido notó un objeto en uno de sus dedos al igual que en el de la otra persona. Cada una portaba un anillo.
—¿Te hubiera gustado más una habitación con vista al mar? —de inmediato reconoció la voz de Dahyun.
Sana tomó un gran suspiro, como queriendo también respirar ese momento.
—El mar se ve oscuro en la noche, me da miedo —confesó.
Dahyun rió atrás suyo.
—Yo tengo suficiente con tener una habitación con vista a mi esposa —y le dio un pequeño beso en su hombro.
Sana se sintió derretir pero al mismo tiempo rió.
—El matrimonio no te quita lo boba y cursi.
—Yo creo que lo fortalece.
Y cambió de destello.
Está en su casa pero... Algo es diferente, tal vez todo. Muchas cosas están situadas diferente, incluso hay nuevos objetos.
—Sana, ¿puedo jugar con los camiones? —un niño pequeño demandó su atención.
—Claro cariño. O si quieres puedes jugar con los bloques de colores.
—No, quiero los camiones —dijo el niño decidido.
Sana se puso de pie para dirigirse a una canasta llena de juguetes, sacó de allí lo que el niño pidió.
—Con tal de que cuando sea grande no diga que le impuse cosas... —susurró para sí misma.
Se agachó a la altura del niño para pasarle los camioncitos de juguete.
—Gracias mami —y sin esperar más se fue a otro lugar de la casa.
Sana se quedó perpleja con su corazón acelerándose, sin ser capaz de moverse de su posición. Emoción llenó su ser.
—¿Mami? —repitió para sí misma.
Otra escena apareció.
El cansancio fue lo primero que la abrazó. Se siente algo débil pero es notable el esfuerzo que hace al estar cumpliendo un papel en ese momento.
La luz tenue y amarilla de una lámpara no le ayudan, pues le dan ganas de seguir durmiendo. Pero allí está, con una bebé entre sus brazos mientras sostiene el biberón del que tomaba con destreza el pequeño ser.
A pesar del cansancio, siempre había tranquilidad y cariño mientras ayudaba a la bebé a alimentarse.
Cuando notó que miraba su cara con esos ojos oscuros fue que una gran sonrisa se explayó por su rostro.
—¿No eres una pequeña muy linda? ¿Mm? —le habló, la bebé la miraba con atención, sin dejar de beber del biberón— No puedo esperar a que duermas ocho horas seguidas y te deje de dar hambre en medio del sueño —le susurró con cariño.
La bebé no despegaba la mirada de ella.
—Y todos te seguiremos dando cariño —continuó— porque serás la niña de esta casa, síp —su tono se mantenía bajo.
Pero de la nada, un poco de tristeza empapó su monólogo.
—Y tu mamá también te dará cariño y amor, mmhm—le devolvía la mirada a la pequeña, como si ella pudiese entenderla— Mucho amor, ella será muy cariñosa contigo, te lo prometo —una pequeña sonrisa se mantenía en su rostro— Sólo hay que darle un poco de tiempo, ¿está bien?
Una vez más, la bebé sólo respondió mirándola con sus grandes ojos.
Volvió a ser absorbida por la oscuridad y se demoró un poco en pasar a lo siguiente. El destello a continuación se sintió demasiado diferente desde el comienzo.
—¡¿Qué son estas horas de llegar?! —su grito incluso la aturdió a sí misma.
Sus sentidos estaban maximizados. La estaba mareando un poco.
Por alguna razón estaba en el baño, en el lavamanos, mirándose al espejo. Parpadeó un par de veces. Estuvo viendo a otras personas crecer en los destellos, sus rostros volviéndose más maduros, pero no se había llegado a ver a ella misma. Ya no estaba nada joven. Claro, seguía siendo guapa, pero era increíble lo marcadas que estaban las líneas de expresión, su rostro era mucho más maduro al que tenía en la actualidad.
¿Actualidad?
Al lado del lavamanos vibró algo. ¿Eso es un teléfono?
En la pantalla que se iluminó se ve un mensaje que Dahyun le envió: "Ya camino a casa con Seoyeon 😎".
Ella cogió el dispositivo para mandar un mensaje de vuelta: "Tu hijo recién acaba de llegar a casa".
Ese dispositio estaba algo caliente. Ni siquiera podía sentir las emociones, sólo sentía el tacto del momento. No podía sentir las emociones de su Sana, pero sí podía sentir las suyas propias, donde estaba confundida y algo mareada. Se sentía extraña con este destello.
¿Qué está pasando?
—¡Seojoon! —volvió a gritar desde el interior del baño, incluso sintió sus cuerdas vocales vibrar.
—Má... —escuchó la voz grave del muchacho— Me demoré porque estaba en detención.
—¿Detención? —repitió extrañada.
¿Detención?
¿Detención?
Detención.
"¡Detención!"
¡Ella estaba en detención! ¡Estaba durmiendo!
—Detención —repitió y se tapó la boca de inmediato, con los ojos bien abiertos viéndose al espejo.
Eso no lo había dicho su Sana, eso lo dijo ELLA.
—Detención —volvió a repetir una vez más, ella. Quiso llorar cuando se dio cuenta de lo que pasaba—. ¿Qué mierda? —dijo con voz temblorosa, asustada.
Se miró las manos, sin podérselo creer. Estaba sintiendo esa piel como si fuera la suya, y era la de ella. Sus pies bien plantados en el suelo, sus rodillas sosteniéndola, su espalda encorvada por el susto, el cabello rozándole la cara.
—¿Má? —la voz del muchacho se escuchó al otro lado de la puerta.
Por la mierda.
—Despierta Sana, despierta —rogó con desespero, cerrando con fuerza los ojos.
Pero abrió los ojos y seguía allí.
—¡Despierta! —y una de sus manos voló con fuerza hacia su rostro.
Una vez sintió el fuerte impacto de la bofetada que se propinó, la oscuridad volvió a llevársela.
Y como si de un ser invasor se tratara, fue expulsada de vuelta a su realidad.
Apenas sintió su cuerpo, suyo, dueña de sus movimientos en medio de la oscuridad, no dudó en incorporarse con susto y abrir los ojos.
Tomó una bocada de aire, como si se hubiera estado ahogando. Sus respiraciones eran profundas y rápidas. Asustada miró a su alrededor, sin poder distinguir nada bien porque el brillo de las luces en el lugar le cegó sus ojos recién abiertos.
Se llevó una mano a la mejilla. Lo último que recuerda es que su mejilla dolió, mucho; ¿pero por qué?
Sintió calor atacarla y se agachó mareada para buscar dentro de su maletín. Su maletín estaba allí, justo debajo de ella, ¿cómo lo adivinó? Si estaba desorientada.
Sacó un cuaderno y con la tapa de este empezó a ventearse, intentando calmarse. Seguía inquieta y asustada, ¿qué había pasado? Volver a su cuerpo se sintió como si alguien hubiera estado inhibiéndola de estar en él.
Está empapada en sudor. Sentía la humedad debajo de sus pechos, en su espalda, en su frente, en su nuca. Su cuello dolía por la mala posición en la que durmió.
—¿Estás bien? —la voz de Momo sonó a su lado.
Giró a mirarla perpleja. ¡Era Momo!
—Momo... —dijo aliviada, y de inmediato sintió su garganta seca— ¿Tienes agua?
Su amiga la miró preocupada y extrañada. Asintió sin despegarle el jojo.
Bebió un largo trago cuando se lo dio. No sólo le refrescó la garganta sino que también sintió que le refrescó el cerebro.
—¿Una pesadilla? —preguntó su amiga, recibiendo su tarro de agua de vuelta.
Sana todavía estaba perpleja con su realidad, pero a la vez se sentía más segura en ella.
—No lo sé, no recuerdo nada.
Está en detención, no sabe por qué pero, algo en lo profundo de ella se sintió aliviada por eso. Respiró profundo, intentando calmarse. El susto ya pasó, está en su cuerpo, ya puede estar tranquila.
Igualmente, Momo seguía mirándola con atención, como advirtiendo sus movimientos sólo por si acaso.
Ya sin la luz molestándole los ojos pudo echar un vistazo a su alrededor.
En la fila a su izquierda están Jihyo y Mina, quienes no se dirigen la palabra ni se miran. Al lado de su amiga están Nayeon y Jeongyeon riendo entre ellas. En los puestos de adelante está Tzuyu, terminando de comer su galleta. Frunció el ceño. De lo que recuerda, antes de quedarse dormida, la chica estaba tan temerosa de la profesora que guardó su dulce. Miró el escritorio de la profesora... Ya no estaba, ¿a dónde se había ido?
Al lado de Tzuyu están Dahyun y Chaeyoung y, a pesar de mantener una conversación, Dahyun se le quedó viendo una vez posó su mirada en ella.
Casi de inmediato detuvo los movimientos con su cuaderno.
Dahyun.
¿Soñó con ella? ¿O qué es sensación rara que la inundó, como si le debiera algo a la chica?
Dahyun le susurró algo a su amiga y se puso de pie, empezando a hacer su camino hacia ella. Sana parpadeó una, dos, cuatro veces. Ese momento se le hizo muy familiar, como si ya lo hubiese vivido.
En lo que pensaba, la menor ya había llegado al frente suyo y ahora se sentaba en el puesto delante de ella. La expresión confiada cambió una vez la miró y frunció el ceño.
Se sintió demasiado nerviosa. Ya no sólo era lidiar con su despertar raro, sino también que ahora recordaba su gusto por esa chica que tenía al frente.
—¿Estás bien? —su voz resonó en sus oídos.
—Esto se siente como un déjà vu —exhaló.
Dahyun alzó una ceja pero dejó pasar el comentario.
—¿Reflexionaste sobre tus acciones? —preguntó mofándose.
—Me quedé dormida —respondió sincera.
Dahyun rió pero la miró sorprendida por la "valentía" de la otra al hacer eso con la profesora que da terror.
—¿Quieres que seamos pareja? —preguntó de la nada.
—¿Eh?
Dahyun alzó una ceja, esperando su respuesta.
—¿Para lo de la limpieza? —sugirió.
—¿Qué limpieza?
Dahyun la miró con el ceño fruncido, pero a la vez divertida.
—¿Seguías dormida cuando la profesora dio las instrucciones?
Sana parpadeó sin entender. —¿Instrucciones? ¿De qué?
Dahyun sólo reía, sorprendida por las respuestas de Sana.
—Nos pondrán a hacer limpieza, ¿quieres que barramos juntas los salones del piso dos?
Sana volvió a parpadear. Aquello sonaba como una cita.
—Claro —dijo, en el tono más neutral posible.
—Bien —Dahyun le dio una sonrisa tímida— ¿Estás segura que estás bien?
—Sí, sí, nada de qué preocuparse —dijo algo más calmada. Hablar con su amiga y con Dahyun hizo que sus pies se asentaran mejor sobre la tierra.
Volvió a mirar a su alrededor.
Dahyun, la chica que le parece muy bella. Chaeyoung, el gremlin que vive pegada a la chica que le atrae. Tzuyu –seria, pero de alguna forma graciosa–, no es cercana a ella. Jihyo, destacada por ser muy responsable. Mina, alguien con quien no tiene cercanía alguna pero se destaca por parecer emo. Nayeon y Jeongyeon, vienen en combo y son siempre ruidosas. Momo, su mejor amiga.
Esta es su realidad.
**** [Unas horas más tarde, en el futuro] ****
Sana y Dahyun están juntas en la comodidad de su habitación, en una posición algo rara, pero que funciona para las dos.
Sana está recostada en la cabecera de la cama mientras Dahyun está acostada de forma horizontal, su cabeza está ligeramente elevada por una almohada y sus piernas reposan sobre el regazo de Sana.
La menor miraba con atención sus uñas y las soplaba de vez en cuando, esperando a que se sequen debidamente. Y la mayor miraba con atención a la menor, con varias ideas en su cabeza.
Empezó empinando dos de sus dedos sobre una de las piernas que estaba en su regazo, los empina más abajo de la rodilla de la contraria. Dahyun no le prestaba atención, sólo miraba sus uñas y sonreía. Sana empezó a mover sus dedos, como si de una persona caminando se tratara, escala la rodilla dando pasos graciosamente y baja la velocidad una vez llega al muslo. Detiene el andar de sus dedos cuando llega a mitad del muslo, mira a Dahyun pero ella ni se inmutó cuando reposó la palma de su mano en todo el interior del muslo. Sana resopla al ver que es ignorada. Sin nada que perder, termina por deslizar su mano por el muslo para llegar a la...
Una palmada rápida de Dahyun hace que retire la mano juguetona de inmediato.
Se quejó con un puchero pero se encuentra con los ojos entrecerrados de Dahyun, que con la mirada le da una advertencia juguetona. Mirada que rápidamente vuelve a sus uñas, las cuales vuelve a soplar.
Viendo que Dahyun regresaba a ignorarla, decidió seguir molestando. Con su otra mano vuelve a empinar dos de sus dedos sobre la cadera de su esposa, como si de un muñeco se tratara. Primero observa si está pendiente de sus movimientos pero, todo lo contrario, Dahyun está otra vez mirando con cariño sus uñas, probando verlas desde diferentes ángulos. Con eso, sus dedos empiezan un camino lento de pasos hacia el pecho de su esposa. Una vez está en las costillas, sabiendo que los pasos podían dar cosquillas, decide reposar la palma de su mano en esa zona del cuerpo. Ya estaba muy cerca de su objetivo. Sin percatarse de nada deslizó su mano por aquellos centímetros faltantes para sostener el pe...
Una mano rápida agarró su muñeca y la quitó del lugar con una fuerza que la hizo caer al lado, casi encima de Dahyun.
Cuando levanta el rostro, la ceja alzada de Dahyun está lista para cuestionarla.
—¿Qué haces? —pregunta Dahyun, aún relajada en su posición.
—Tratando de llamar tu atención.
La expresión de Dahyun se suaviza.
—Amor, mis uñas todavía no están secas.
—Las mías sí lo están —responde inteligente, moviendo y bajando repetidamente las cejas, sugestiva.
Dahyun ríe pero con una ligera presión en su pecho le da a entender que vuelva a su lugar.
Hizo caso y se reincorpora para recostarse en la cabecera otra vez, esta vez decidiendo mantener las manos quietas.
—¿Cómo le fue a Seoyeon en su entreno?
—Bien, parece que la convocarán para el próximo torneo.
A Sana se le iluminan los ojos.
—¿Y cómo se siente ella?
—Está emocionada pero tiene miedo de meter la pata.
Sana hizo un puchero. A veces se muere por darle charlas de más a sus hijos sobre cómo la vida pasa y que está bien cometer errores, pero ya sabe que no debe sofocarlos en plena etapa adolescente.
—Seojoon me dijo que te pusiste rara cuando te dijo que estuvo en detención, ¿te enojaste con él?
—Ah, no. Me mareé en ese momento, no sé qué haya sido —desde su lugar, Dahyun alzó una ceja— Me recordó a nuestras épocas. ¿No es increíble que siga existiendo? ¿Detención?
—Mhmm —Dahyun estuvo de acuerdo— Pero al menos no es por cualquier tontería, como lo era antes. Parecía que nos llevaban a detención para compensar la falta de personal de aseo.
—Ah~ Justo hoy estaba recordando esas épocas.
Dahyun sonrió, interesada. —¿Ah, sí?
—Recuerdo que me llevaron a detención varias veces el último año, sólo por dormir —recordó, empezando a navegar en su mente.
—Una vez nos mandaron juntas, ¿recuerdas? —Dahyun también compartió.
Sana la miró con los ojos brillando, claro que lo recuerda, pero le era difícil asimilar todos esos años que ya han pasado. Estaba agradecida con todo.
—Hablando de colegio, ¿recuerdas a Chou Tzuyu? Estaba en mi salón.
Sana entrecierra los ojos, como si de esa forma pudiera recordar mejor. Le basta con una mueca a Dahyun para saber la respuesta de Sana.
—Bueno, Chaeyoung se la volvió a encontrar en el trabajo y por fin tuvo la valentía de invitarla a salir.
Sana se sorprendió por la información.
—¿Trabajan juntas?
—No, llegó a su trabajo como cliente y ella, muy amable, se ofreció a ayudarla.
Sana ríe por cómo lo narra su esposa.
—¿No te sorprende que nuestras amistades y sus parejas se conozcan desde el colegio?
—Tú y yo nos conocemos desde el colegio —aporta, doblando ahora las piernas.
—¿No te sorprende? Llevamos tantos años juntas —dice, recostando su mentón en una de las rodillas de Dahyun.
Pero Dahyun la mira con sospecha y disgusto en la cara. —No me vas a pedir abrir la relación o alguna de esas tonterías, ¿no?
Sana quiere reír por la loca idea de su esposa pero decide continuar con el juego. Empieza a masajear las piernas de ella.
—Desde hace rato te estoy pidiendo que abras otra cosa.
Dahyun la mira incrédula pero ella sólo empieza a depositar besos en lo largo de su muslo. Las risas que ahora suelta su esposa es una de las cosas por las que le encanta seguir viva.
No tardó mucho para que Dahyun atrajera su rostro hacia arriba, para que alcanzara sus labios y empezaran una sesión de besos que quién sabe en dónde lo dejarían terminar.
