Chapter Text
El departamento de Minho estaba decorado por globos verdes y rosados atados a las sillas, serpentinas colgando en algunos rincones y una mesa con comida improvisada en el centro: bocadillos, refrescos, pastel suficiente para los invitados y un par de cajas de pizza cortesía de alguien que no pudo asistir.
El timbre sonó y al poco rato, la puerta se abrió dejando ver al pelinegro con una sonrisa tímida, sosteniendo una bolsa de regalo, arrancando la sonrisa al cumpleañero.
—¡Felix, ya llegaste!—Exclamó haciéndose a un lado para dejarlo pasar.
En cuanto cruzó la puerta, el ruido lo envolvió por las carcajadas, conversaciones superpuestas y la leve melodía que Minho había puesto.
—Hyung, esto parece más una fiesta que una reunión tranquila.—Dijo riendo Felix, mirando alrededor.
—Esta vez no hice temática de terror, pensé en ti.
Felix estuvo a punto de responder, pero unos brazos lo envolvieron por detrás y una risa familiar le llenó los oídos.
—¡Gemelo! ¡Por fin llegas!
El menor giró su cabeza y se encontró con Jisung, el novio de Minho, que sonreía con esa chispa traviesa en los ojos. Aunque sólo llevaban unos meses juntos, Felix ya se había acostumbrado a verlo siempre pegado a su hermano, como si fueran dos piezas imposibles de separar.
—Lino, me llevo a Felix un rato.—Le avisó al mayor quién sólo asintió con una sonrisa.
Se dirigieron hacia la mesa y Felix dejó el regalo sobre la mesa. Desde allí, notó a un grupo que conversaba animadamente en la esquina del salón.
—Pensé que los colores serían neutros, pero parece que Minho eligió precisamente de ustedes.
—Intenté convencerlo que fuera de sus colores favoritos, pero… Bueno, no pude detenerlo, se veía feliz y quería complacerlo.
—Me alegro de verdad, son tal para cual.
De pronto, una silueta entró en su campo de visión. Felix desvió la mirada y reconoció enseguida a su primo Bang Chan, que estaba presentando a un par de amigos. Uno de ellos atrapó la atención de Felix. No era por su ropa, sino por la forma en que sonreía, amplia, segura, con esos ojos que parecían reír antes incluso que sus labios.
—Vaya.—Susurró Jisung, pillándolo al instante.—Parece que alguien captó tu atención.
—¿De qué hablas? No es nada de eso…
—Ajá…—Sonrió burlón antes de gritar.—¡Minho! ¡¿No vas a presentar a tus amigos a tu querido hermano?!
Felix abrió los ojos como platos y negó desesperado, pero ya era tarde. Minho lo arrastraba hacia el grupo con una sonrisa.
—Venga, te presentaré a unos amigos, hace poco los conocí gracias a Chan.
Felix ni siquiera tuvo tiempo de acomodarse el cabello antes de quedar frente a frente con el chico que le llamó la atención, a su lado estaba el mayor de los presentes.
—¡Felix!—Exclamó Chan con emoción, abrazándolo.—Venga, te presento a mi amigo, Seo Changbin. —Le palmeó el hombro al mencionado.—Es un buen amigo mío, lo traje para que socialice un poco.
—Hola…—Saludó Felix, algo torpe, extendiendo la mano.
Changbin la estrechó con firmeza, inclinando ligeramente la cabeza.
—Encantado. ¿Eres el querido hermano de Minho y el primo de Chan? He escuchado mucho de ti.
—¿De mí?—Preguntó, sorprendido.
—Claro, eres importante para ambos.—Señaló a los aludidos, que sólo se encogieron de hombros.
—Es verdad. Antes de conocerte, Minho ya me hablaba de ti.—Intervinó Jisung mientras Minho lo rodeaba con el brazo.
El ambiente se volvió ligero de inmediato. Felix notó que Changbin tenía un sentido del humor sencillo pero contagioso; cada comentario suyo arrancaba sonrisas, no sólo de él, sino de todos alrededor.
La noche avanzó con juegos improvisados, uno de adivinar canciones que Jisung siempre ganaba, y bromas de mal gusto que Minho intentaba sofocar sin éxito. Felix se descubrió buscando la mirada de Changbin más de una vez y cada vez que sus ojos se encontraban, ambos sonreían como si compartieran un secreto.
En algún momento, mientras todos estaban ocupados con el pastel, Changbin se acercó con un vaso en la mano.
—Oye.—Comenzó un poco nervioso.—¿Puedo pedir tu número?
El menor parpadeó, sorprendido.
—¿Mi número?
—Sí, digo, me caíste bien… Y sería genial seguir hablando contigo. Tal vez salir algún día. Si quieres, claro.—Dijo Changbin rascándose la nuca.
El corazón de Felix dio un vuelco extraño. Había conocido a otras personas antes, pero nunca alguien que le provocará esa mezcla de nervios y emoción tan rápido.
—Claro.—Respondió mientras sacaba su teléfono.
Intercambiaron números y Changbin le envió un mensaje de prueba con un simple “para que no me olvides”. Felix soltó una risa, guardando el celular en el bolsillo como si escondiera un tesoro recién adquirido.
Al final de la noche, cuando todos comenzaban a despedirse, Felix junto a su hermano y Jisung acompañaron a los invitados hasta la puerta. Changbin se despidió levantando la mano en un gesto casual.
—Nos vemos, Felix.
—Nos vemos.—Respondió, sintiendo una calidez extraña en el pecho.
Se alejó junto Chan quién le prometió al menor de los presentes que lo volvería a ver durante sus vacaciones en Corea. Felix decidió quedarse a dormir en el departamento de su hermano.
Jisung y Minho lo miraron de reojo con sonrisas cómplices.
—Al parecer alguien quedó flechado, ¿Eh?—Canturreó Jisung.
Felix se encogió los hombros pero no pudo evitar que una sonrisa se dibujará en su rostro. Algo en aquella noche le decía que no sería un encuentro cualquiera.
*-*-*-*
A la mañana siguiente del cumpleaños, lo primero que hizo Felix al despertarse fue tomar su celular. Había un mensaje corto y directo.
“¿Café hoy? Prometo no comer todos los postres si eso significa que aceptarás”
Felix sonrió sin querer. Había dormido poco, con la sensación nueva de estar al borde de algo que todavía no sabía nombrar. Le respondió con un sí, asegurándose de recordarle a Changbin que cumpliera su promesa.
Se vieron en una cafetería pequeña de la esquina, de esas donde el barista, sin darse cuenta, dibujaba corazoncitos en los capuchinos. Changbin llegó con un outfit casual de tonos neutros que contrastaba con los colores pastel que llevaba Felix.
—Pensé que no vendrías.—Dijo, dejando su celular sobre la mesa.
—Bueno, me invitaste y me agradas ¿Por qué no?—Sonrió.—Además, el barista dibuja corazones y me pareció una indirecta demasiado clara de lo que buscas entre nosotros.
—Me descubriste.—Alzó las cejas, descarado.—Porque me llamaste la atención.
El menor negó con la cabeza divertido ante su franqueza. La conversación fluyó sola, hablaron de música, de anécdotas que terminaron en carcajadas, de pequeñas cosas que parecían importantes en ese momento.
—¿Qué te gusta hacer cuando no estás ayudando a Minho en las clases de baile?—Preguntó Changbin, bebiendo un sorbo de su capuchino.
—Cocinar, me gusta tanto que apliqué a la academia para sacar licencia… También me gusta fotografiar paisajes cuando creo que vale la pena.
—¿Puedo ser tu catador? Prometo ser honesto.—Le guiño un ojo sacando una risa al otro.
—No tengo problema, si te intoxicas, no me hago responsable.
—Me gusta eso. Moriría por ti.
El pecoso sonrió con la mirada baja. Le gustaba cómo Changbin bromeaba, sabía coquetear sin forzar nada, sin traspasar límites, dejando que las cosas simplemente sucedieran. Y eso, más de lo que admitía, le gustaba mucho.
*-*-*-*
Las semanas siguientes se llenaron de citas. Ramen a medianoche con los palillos chocando, una mala película que abandonaron a la mitad para caminar bajo luces anaranjadas de la ciudad, playlists compartidas y besos que parecían decir: vamos paso a paso . A veces, Felix se quedaba viendo el perfil de Changbin cuando él no se daba cuenta, había una calma en su expresión cuando lo escuchaba, como si todo lo que Felix decía importara.
Una noche, de camino a casa de Felix, Changbin se detuvo frente a un paso de peatones y soltó.
—Me gustas y quiero estar contigo como tu novio.
Felix lo miró. La ciudad seguía siendo bulliciosa pero ambos sólo estaban esperando que su relación diera el siguiente paso.
—Sí, estoy de acuerdo. Seamos novios, entonces.—Respondió con una sonrisa.
Changbin dejó escapar un suspiro nervioso y sonrió antes de acercarse al menor para posar sus labios sobre los ajenos. Ese era el primer beso como pareja oficial.
*-*-*-*
La vida, mientras tanto, seguía haciendo lo suyo. Un sábado, Chan decidió que era momento de pasar tiempo con su primo favorito y fue a recoger a Felix. Había decidido quedarse en Corea para trabajar y lo llevó con él a recoger unas compras para su departamento.
—¿Y Changbin?—Preguntó Chan mientras manipulaba el volante.—¿Cómo van? Me enteré que ahora son pareja.
—Todo bien, me hace reír.—Respondió Felix, mirando por la ventana.—Es un buen chico, atento y no tengo nada de qué quejarme.
—Eso suena bien.—Asintió.—Si te trata bien, ya está aprobado. Aunque sea mi amigo, igual lo voy a interrogar.
—Por supuesto que sí.—Rodó los ojos.—¿Puedes fingir ser normal por cinco minutos?
—Tres, puedo prometer tres.—Dijo serio.
Chan y Felix se miraron y estallaron en carcajadas. El camino fue tranquilo hasta que llegaron al centro comercial dónde pasaron por la tienda a recoger los pedidos del mayor. Cuando salieron, se cruzaron con un chico alto, con auriculares colgando del cuello y una sudadera demasiado grande. Este chico se detuvo al ver al pecoso.
—¿Felix?—Preguntó, incrédulo, pero con una sonrisa.
—¡Seungmin!—Exclamó el pecoso, lo abrazó con efusividad.—Pensé que te habías quedado en Estados Unidos.
—Volví hace poco.—Dijo Seungmin y entonces miró a Chan, que se había quedado a un lado, con las manos en los bolsillos y una sonrisa educada.—¿Y él es…?
—Ah, es mi primo.—Felix palmeó al mayor.—Seungmin, te presento a Chan. Chan, Seungmin.
El intercambio de miradas fue breve, pero algo chispeó en el aire, como cuando frotas dos piedras y aparece una primera chispa tímida.
—Encantado.—Dijo Chan, extendiendo la mano.
—Igualmente.—Respondió Seungmin con una sonrisa.
Hablaron un poco, pero suficiente para intercambiar un par de comentarios sobre la nueva cafetería a dos cuadras que Chan y Felix habían quedado en encontrarse con Minho junto a su novio, Jisung. Al despedirse, Seungmin se giró para verlos.
—Como ya estamos en la cafetería, pidan el sándwich de pesto. Y díganle a la barista que no pongan más hielo a sus bebidas.—Bromeó el menor.
—¿Quieres unirte a nosotros?—Preguntó Chan, antes de pensarlo demasiado.
Seungmin dudó por un momento, miró a Felix quién se encogió los hombros.
—Está bien, me quedaré un rato y me voy.
Felix fue testigo de cómo Chan se iluminó y supo que algo iba a ocurrir entre ellos.
Un rato se convirtió en horas. Esa misma noche hubo cena con Minho y Jisung en un restaurante. La mesa se llenó de risas, bromas y felicidad compartida de Jisung y Felix, sobre todo cuando llegaron los postres. Chan y Seungmin terminaron sentados juntos. No de manera planeada, simplemente ocurrió.
—¿Entonces prefieres los perros que los gatos?—Preguntó Chan, fascinado por cada detalle.
—Sí, los gatos son complicados y no me gusta lidiar cuando se vuelven temperamentales. —Respondió Seungmin, con los hombros apoyados en la mesa y su cuerpo un poco inclinado hacia el mayor.—¿Qué hay de ti?
Chan soltó una risa bajita, encantado por la franqueza y la cercanía del menor.
—Pienso lo mismo que tú.
Minho observó la escena y miró a Felix quién asintió con una sonrisa. Se guiñaron como si hablarán en un idioma secreto. Nuestro primo está perdido , decía la mirada del Lee mayor y Felix le devolvió con: Tú también lo estabas cuando apareció Jisung.
*-*-*-*
La relación con Changbin iba tan bien que sus familias ya se conocían. Un día, Felix y Changbin estaban en la cocina del departamento de Minho, vigilando un pastel que subía torcido dentro del horno. Jisung y Minho descansaban en la sala, disfrutando su momento juntos.
—Después de eso, iremos al cine ¿Te parece?—Anunció Changbin, doblando un trapo de cocina como si fuera un mantel.
—¿Y qué película veríamos?—Preguntó Felix.
—La que quieras.
—Está bien, pero… ¿Iremos los cuatro o sólo nosotros?
—Sólo nosotros. Es una cita.
El pecoso sonrió, se acercó y lo abrazó por el cuello. Changbin rodeó su cintura y se inclinó para besarlo. El beso habría sido más profundo si no fuera porque el horno pitó en ese momento, como si aplaudiera.
El pastel salió perfecto y lo compartieron con Minho y Jisung. Aún así, Felix se quedó pensando que Changbin tenía razón, necesitaba más citas sólo para ellos y aquel beso lo había encendido más de lo que esperaba. Estaba lista para entregarse a él.
Esa noche, al salir del cine, Felix recibió un mensaje de su primo.
“Hoy salí con Seungmin. No sé que estoy haciendo, pero quiero seguir viéndolo.”
Felix sonrió ante eso y miró a su novio que esperaba en la cola de una tienda de conveniencia. Sintió algo cálido crecer dentro de sí, algo que finalmente entendió. No sabía cuánto tiempo duraría ni qué forma tomaría, pero no tuvo miedo de intentarlo.
*-*-*-*
El día amaneció con un cielo claro, casi primaveral a pesar de estar aún en la transición del invierno. El aire fresco parecía anunciar nuevos comienzos, como si hasta la ciudad se hubiese puesto de acuerdo en regalarle a Chan y Seungmin un escenario perfecto.
Lo que nadie esperaba era que, tras casi un año de relación, Chan y Seungmin decidieran casarse. En realidad, ya lo estaban, habían firmado un mes atrás. Sólo que ahora querían celebrarlo frente a quienes amaban.
Desde temprano, Felix y Changbin se movían entre la gente que preparaba el lugar. La ceremonia sería en un pequeño salón decorado con luces cálidas y flores blancas, nada ostentoso, pero tan íntimo y elegante, justo como la pareja que se casaba. Felix se quedaba mirando a Chan caminar de un lado a otro, nervioso, practicando sus votos en voz baja como si fueran líneas de un guion que temía olvidar.
—Hyung, respira.—Le dijo con una sonrisa divertida, mientras le entregaba una botella de agua.—No vas a rapear los votos, sólo tienes que decir lo que sientes. Además, por si recuerdas, ya estás casado.
Chan soltó una risa nerviosa, bajando la cabeza.
—Eso es diferente. Es como casarme de nuevo con Seungmin pero esta vez frente a ustedes. Tengo miedo de que no me alcance la voz.
Felix lo palmeó en el hombro con cariño, consciente de que estaba a punto de presenciar un momento especial de su primo. Lo conocía demasiado bien, había crecido con él en Australia junto a Minho, eran inseparables. Verlo ahora, casado, lo llenaba de una ternura difícil de explicar.
—Me alegra que al menos lo apoyarás en sus estudios. —Comentó Felix.—No falta mucho ¿No?
—Sí, es verdad.—Miró al pecoso.—Gracias por estar conmigo.
Cuando la música comenzó, el silencio llenó el salón. Seungmin apareció caminando hacia el altar con pasos tranquilos, la expresión serena que siempre lo caracterizaba. No necesitaba grandes gestos para brillar, su sola presencia lo hacía. Chan lo observaba con los ojos vidriosos, como si en ese momento, el corto tiempo de dudas, trabajo duro y soledad hubieran valido la pena sólo para tenerlo frente a él.
La ceremonia se desarrolló con calma. Chan comenzó los votos con la voz quebrada, torpe, pero pronto se transformaron en un torrente sincero que hizo sonreír incluso a Seungmin, quién respondió con palabras cortas pero profundas, como si cada sílaba contuviera un mundo entero. Hubo lágrimas, risas cuando Chan se equivocó en una frase y, finalmente, un beso que arrancó aplausos y ovaciones de todos los presentes.
Felix aplaudía con fuerza, con los ojos húmedos sin notarlo. Miró a Changbin a su lado, que sonreía genuinamente, y no pudo evitar sentir un calor extraño en el pecho. Había algo poderoso en presenciar un amor tan seguro, tan decidido. No era envidia, tampoco urgencia, era la conciencia de que no todos los caminos eran iguales.
Después de la ceremonia vino la fiesta, con música ligera, una pista de baile improvisada y la felicidad flotando en el aire. Felix, con una copa en mano, observó a Chan y Seungmin bailar un vals. Se permitió disfrutar de la escena, grabándola en su memoria como una prueba de que a veces el amor encontraba su hogar.
*-*-*-*
Días después de la boda, Felix y Changbin comenzaron la mudanza al departamento del mayor.
El contraste no podía ser mayor, pasaron del brillo de la fiesta al caos de cajas apiladas, bolsas de ropa, discusiones sobre qué muebles conservar o desechar. El departamento era suficiente para ambos, y la emoción por construir un futuro juntos bastaba para llenar cualquier rincón vacío.
—Este sofá no va a pasar por la puerta.—Dijo Changbin jadeando mientras empujaba con todas sus fuerzas.
—Claro que sí.—Replicó Felix riendo mientras lo ayudaba.—Sólo hay que inclinarlo un poco… ¡Espera! ¡Cuidado!
El mueble terminó encajado de mala manera en el marco, provocando carcajadas que resonaron por todo el pasillo. La mudanza avanzaba a tropiezos, entre cajas abiertas a medias, vinilos que Felix sacaba para escuchar de inmediato y libros que Changbin ordenaba meticulosamente.
Al caer la noche, exhaustos, se dejaron caer en el suelo del salón, rodeados de cajas sin destino. No había lujos ni planes a largo plazo, sólo la satisfacción de estar juntos en ese desorden.
—No pensé que la mudanza fuera difícil…—Murmuró Felix, mirando el techo.
Changbin giró el rostro hacia él, arqueando una ceja.
—¿Y eso es malo?
—No. Al contrario, me parece divertido. Estamos aprendiendo a convivir, a reírnos y supongo que esto es lo que necesitamos ahora.
—Exacto…—Sonrió, extendiendo su mano para entrelazar los dedos con los ajenos.—Esto es lo nuestro.
Y así, entre cajas sin abrir y la certeza de que todavía quedaba un camino largo por recorrer, Felix se permitió cerrar los ojos. Changbin se inclinó para darle un beso. Cada uno tenía su forma de amar y eso bastaba.
*-*-*-*
Un año y medio después, el día comenzó con Minho declarando, muy serio, que nadie debía llorar antes de la ceremonia porque, según él, “las fotos son para siempre”. Al poco tiempo, Jisung ya estaba llorando de risa porque Felix llevó lirios extra con la excusa de que Minho necesitaba más dramatismo en su vida.
El salón era un sueño para la pareja que se casaría. Luces cálidas colgadas como guirnaldas sobre un patio con azulejos, flores rosadas y verdes adornaban cada rincón, y una mesa de postres que Seungmin había vigilado personalmente como un halcón desde la mañana.
—Hyung, respira.—Dijo el pecoso, ajustando la corbata de Minho en el cuarto de preparación.—Aquí no estás para dirigir a tus estudiantes. No estás en la academia, es tu boda.
Exactamente, Minho y Jisung se casarán.
—Por lo menos allá podía gritar. Aquí no puedo.—Replicó Minho, mirándose en el espejo.
—Ya hablamos de que gritar el nombre de tu futuro esposo no hará que se vean antes del altar.
—Sí, ya entendí…—Soltó un suspiro.—Creo que estoy listo.
Felix lo miró con una ternura que le llenó el pecho. Era el menor, pero aún así, no podía evitar sentirse orgulloso de verlo crecer, enamorarse y ahora casarse con el amor de su vida era un regalo.
La música comenzó suave, como si alguien hubiera abierto una ventana al verano. Jisung entró del brazo de su padre, con esa mezcla suya de nervios y emoción que contagiaba a cualquiera. Minho, lo esperaba quieto, las manos entrelazadas, una calma nueva que sólo Jisung conseguía en él.
—Prometo estar contigo en tus mejores momentos, incluso si se trata del baile.—Empezó Jisung en sus votos.—Prometo escucharte incluso cuando hables con nuestros gatos en lugar de conmigo y prometo elegirte todos los días incluso en los malos.
Minho alzó la mano ajena y depositó un beso en el dorso con delicadeza.
—Prometo no huir de lo que siento.—Fue el turno del mayor.—Prometo cuidarte como lo hago con nuestros bebés. Prometo ser la musa de tus canciones, si me lo permites. Prometo encontrar siempre el camino de vuelta a casa, mientras estés tú.
Un murmullo emocionado recorrió a los invitados. Cuando se dijeron “sí” y se besaron, Minho alzó un puño victorioso que arrancó carcajadas y aplausos. Chan lloró sin pudor, Seungmin le alcanzó un pañuelo como quién ya sabía de memoria cada uno de sus gestos. Felix aplaudía con fuerza y a su lado, Changbin, con una sonrisa ladeada, rodeó su brazo por la cintura del rubio.
La fiesta olía a limón, azúcar y a esa “esencia secreta” que Jisung insistía que había en el pastel, aunque todos sabían que era vainilla. El primer baile empezó con una melodía suave, Minho conducía con sorprendente delicadeza y Jisung, travieso, le pisó el pie a propósito para recordarle que era humano. Minho rió y la sala entera se relajó con ellos.
Felix y Changbin se sumaron después. Bailar no era el fuerte de Changbin, pero compensaba con entusiasmo. En cada giro, Felix alcanzó a ver cómo un invitado mayor preguntaba a Chan y Seungmin por los hijos. Seungmin se tensó pero mantuvo la sonrisa mientras que Chan respondía que el momento llegaría a su tiempo.
Hubo momentos ridículos, por supuesto, el ramo cayó en manos de Chan por accidente y bromeó con casarse de nuevo si Seungmin le daba otra oportunidad. La tía de los Lee pidió trot coreano, Minho se negó y a los pocos minutos ya estaba cantando con ella mientras Jisung grababa la escena para recordarle sus momentos humildes.
Cuando el bullicio bajó un poco y las luces del patio se suavizaron, Felix salió a tomar aire al balcón lateral. La noche era agradable y podía escuchar a lo lejos la risa de Jisung y Minho mientras bailaban vals. Changbin apareció detrás con dos vasos de agua.
—Para el más hermoso que he visto.—Le dijo, ofreciéndole uno.
—Gracias.—Sonrió el menor mientras tomaba un sorbo.—Están hermosos. Todo el día ha sido perfecto.
—Sí.—Respondió mirando hacia adentro con una sonrisa.—Me gusta verlos así, son tal para cual.
Quedaron en silencio por unos segundos. No era incómodo, era ese silencio que llega cuando no hace falta llenar nada. Luego Changbin habló.
—¿Tú te imaginas algo así, algún día?
El rubio tardó en entender y miró a Changbin quién no tenía prisa en la expresión, tampoco exigencia, sólo curiosidad, tal vez un deseo tierno en lo profundo de su ser. Felix bajó la mirada al vaso, a su reflejo tembloroso en el agua.
—No lo sé…—Se sinceró.—O más bien… No está en mis planes la boda, ni hijos. No es que no crea en esto.—Señaló con la mirada a la pista donde Minho y Jisung brillaban.—Es que… No lo veo para mí.
Changbin asintió, no apartó la vista, no se ofendió ni hizo chistes. Sólo asintió.
—Gracias por decirlo así. Yo creo que sí me lo imagino. No ahora.—Sonrió ladinamente.—Hoy apenas pude anudarme la corbata, pero en algún momento… Me gusta la idea de tener una casa llena, no sé, de ruido propio.
Felix sintió una suave opresión en el pecho. No era culpa, era el vértigo de saber que el camino frente a ellos se dividía en alguna parte del mapa, aunque en ese balcón aún fuera de dos.
—No quiero que pienses que contigo sería diferente si me obligo.—Buscó las palabras, cuidadoso.—Te amo como estoy y no quiero prometer algo que no deseo.
—Lo sé.—Su voz sonó serena y eso dolió y alivió a la vez.—Y me gusta que seas claro. Sólo… Podemos no resolverlo hoy. Hoy es el día de Minho y Jisung, nosotros estamos bien.
El rubio asintió y Changbin le acarició la mejilla, como si quisiera borrar la tensión que ninguno había notado que estaba ahí. Por un momento todo volvió a ser simple, dos chicos en un balcón, compartiendo un momento íntimo.
—Baila conmigo.—Pidió Changbin.
Volvieron a la pista. Jisung los arrastró a una coreografía absurda que había estado ensayando en secreto con Minho. Chan se unió de inmediato y Seungmin aplaudía desde el borde, divertido, hasta que Jisung lo jaló también.
Felix se rió hasta dolerle el estómago. En ese momento, no había decisiones que tomar, ni rutas separándose. Sólo había luces, música y la certeza de que amaba a su familia desordenada, ruidosa y feliz.
Al despedirse, Minho abrazó a Felix con fuerza.
—Gracias por todo.—Susurró.—Y por no dejarme caer en la locura.
—Para eso soy tu hermanito.—Respondió Felix, dándole un golpecito en la espalda.
Jisung apareció por detrás para abrazarlos a los dos.
—Ahora sí, vayan a casa a dormir.—Ordenó Jisung, con falsa severidad.—Mañana nos veremos en el desayuno antes de la luna de miel.
En el camino al taxi, Changbin entrelazó sus dedos con los de Felix.
—¿Todo bien?
—Sí, estamos bien.—Le sonrió el menor.—Mientras sigamos siendo honestos.
En ese entonces, no lo sabían, pero esa conversación sería la primera marca en el mapa. Pequeña, limpia, una curva dónde, años después, mirarán atrás y entenderán cuándo empezó a dibujarse la diferencia. Esa noche, sin embargo, el amor alcanzó para bailar, reír y llegar juntos a casa.
*-*-*-*
El paso de los años había suavizado muchas cosas en la vida de Felix y Changbin, pero también había vuelto más visibles las grietas silenciosas que hasta entonces habían preferido ignorar. Estaban a punto de cumplir cinco años juntos. Habían atravesado peleas, reconciliaciones, noches de desvelo y mañanas de risa. Para cualquiera, eran una pareja estable, de esas que parecían destinadas a permanecer unidas porque ya habían aprendido a convivir con los defectos del otro.
Changbin lo sabía. Cinco años no eran un juego, era una vida entera comprimida en juventud y aunque no lo decía en voz alta, cada vez que miraba a Chan y a Seungmin, casados, planeando un futuro más sólido y hasta hablando de hijos, le nacía un cosquilleo incómodo en el pecho. Si ellos, que llevaban menos tiempo juntos, ya habían tomado esa decisión, ¿Por qué el no? ¿Por qué no Felix?
Por eso, cuando finalmente se sintió listo, planeó algo sencillo pero cargado de significado. No un evento ostentoso, sino un momento íntimo. Una cena casera en el apartamento que compartían. Velas sobre la mesa, la comida favorita de Felix, un pastel pequeño con decoración torpe que Changbin había intentado preparar por sí mismo.
Felix llegó un poco tarde, agotado tras un día ajetreado en su recién inaugurada cafetería. Al entrar, se sorprendió por la atmósfera.
—¿Qué es todo esto?—Preguntó con una risa nerviosa, colgando su abrigo.
Changbin sonrió, tratando de disimular los nervios.
—Sólo quería celebrar lo nuestro. Cinco años, Lixie.
—Woah, el tiempo pasa rápido. Felices cinco años, cariño.—Se acercó para darle un beso.—Te amo.
—También yo.
La cena transcurrió con charlas suaves, miradas cómplices y silencios cómodos. Changbin, sin embargo, apenas podía comer un par de bocados. Su corazón latía tan fuerte que temía que Felix pudiera escucharlo. Finalmente, cuando apagaron las velas y él se arrodilló frente a su novio, el mundo parecía detenerse.
—Felix.—Dijo con la voz temblorosa pero firme.—No necesito nada más en mi vida si estás tú. Han pasado cinco años y estoy seguro de que quiero pasar los siguientes contigo. ¿Quieres casarte conmigo?
Y entonces mostró un anillo sencillo de plata en una cajita abierta.
El silencio que siguió fue devastador. Felix lo miraba con los ojos grandes, brillantes pero no de emoción sino de incredulidad. Tragó saliva y su sonrisa nerviosa fue la primera señal de que algo no estaba bien.
—Bin… Yo…—Inhaló, buscando las palabras con cuidado.—Yo te amo, de verdad, pero no puedo decirte que sí.
Changbin sintió que el aire se escapaba de su cuerpo.
—¿Qué?
Felix se inclinó, tomó sus manos y las apretó con fuerza, como si eso pudiera amortiguar el golpe.
—Te dije antes. No quiero casarme, no quiero tener hijos. No está en mis planes, nunca lo ha estado. Pensé que lo sabía, que lo aceptabas.
El rostro de Changbin se tensó, atrapado entre la tristeza y la frustración.
—Pensé que en algún momento cambiarías de idea, que cuando estuvieras listo..
—No, Bin. No se trata de estar listo.—Interrumpió Felix, con la voz temblorosa.—Se trata de que no es lo que quiero para mi vida. No entiendo por qué no puedes respetarlo.
Las palabras quedaron flotando en el aire, pesadas, imposibles de ignorar. Changbin, dolido, se incorporó lentamente y guardó el anillo que había preparado.
—Chan y Seungmin ya se casaron. Tu hermano también. Los demás avanzan, mi hermana avanza ¿Y yo?—Dijo en un murmullo que buscaba justificarse.
Felix bajó la mirada, mordiéndose el labio. El amor que sentía por él era inmenso pero en ese momento comprendió que no bastaba. Por mucho que lo amará, no podía ofrecerle lo que su novio anhelaba. Esa diferencia no era un simple desacuerdo, era un muro.
Durante semanas, intentaron dejar el tema a un lado. Changbin decía que podían esperar, que no había prisa, que lo importante era el compromiso, pero el vacío se hacía más evidente con cada conversación. Felix lo amaba, sí, pero cada vez se sentía más atrapado entre la culpa y la impotencia.
Finalmente, una noche, después de otra discusión pequeña que terminó con ellos enredados en la cama, desnudos y con lágrimas contenidas, Felix lo dijo en voz alta.
—Changbin, no puedo más. No puedo darte lo que sueñas y no sería justo seguir fingiendo que algún día lo haré.
Changbin se quedó en silencio, con los ojos rojos y la respiración entrecortada.
—Entonces ¿Esto es el final?—Preguntó con la voz rota.
Felix cerró los ojos, conteniendo el temblor de su cuerpo.
—Sí y lo odio, porque te amo, pero no quiero arrastrarte en algo que nunca será suficiente para ti.
La ruptura no fue explosiva, ni llena de gritos. Fue lenta, dolorosa, con más lágrimas que palabras, como si ambos comprendieran que el amor, por sí solo, a veces no alcanza. Y esa certeza dolía más que cualquier pelea.
Esa noche, el apartamento que antes había sido un refugio se convirtió en un espacio vacío, lleno de recuerdos que ya no podían sostenerse en pie.
*-*-*-*
El departamento que Felix había compartido con Changbin parecía ahora un museo de recuerdos rotos. Minho, de pie en la sala, observaba con detenimiento cada rincón antes de comenzar a empacar. No era suyo ese lugar, pero podía sentir el peso de las risas que habían llenado el aire, de las rutinas compartidas y de las discusiones que habían marcado el ritmo de los últimos meses.
Tomó una de las cajas vacías y empezó a guardar los libros de Felix, los discos que siempre acompañaban las tardes y las fotografías que aún quedaban en marcos pequeños. Se detuvo frente a una de ellas: Felix y Changbin en la playa, con el sol de verano golpeándoles el rostro. Felix reía con los ojos cerrados y Changbin lo miraba como si nada más importará. Minho tragó saliva antes de guardarla en silencio.
Changbin estaba sentado en el sofá, hundido entre cojines que ya no olían a Felix. Había pasado la noche en vela, con los ojos rojos y la voz apagada.
—Gracias por venir.—Murmuró apenas audible.
Minho lo miró mientras cargaba la primera caja hacia la puerta. Dudó un momento, y al final se inclinó hacia él.
—Lo siento, Changbin. No pensé que terminaría así.
—Yo tampoco.—La risa de Changbin fue amarga, quebrada.—Yo creí que con el tiempo, él iba a cambiar de idea. Que un día iba a mirarme y decirme que quería lo mismo que yo.
Sus manos se cerraron con fuerza alrededor de sus rodillas. Minho no supo qué responder, porque había verdad en esas palabras, pero también una espera injusta. Sólo asintió, en silencio, antes de salir nuevamente al pasillo con otra caja.
Changbin se quedó mirando la puerta entreabierta, como si en cualquier momento Felix pudiera entrar de nuevo, pero no pasó.
Mientras tanto, en la casa de Jisung y MInho, Felix estaba sentado en el borde de la cama de invitados, observando sus propias manos temblorosas. Había empacado lo esencial en una mochila y ahora esperaba a que Minho regresará con el resto de sus cosas. El vacío en su pecho era extraño, le dolía perder a Changbin, pero en lo más profundo también sentía alivio. Alivio porque ya no tendría que luchar contra una expectativa que nunca iba a cumplir.
Jisung entró despacio a la habitación, con una camiseta ancha que dejaba entrever su barriga incipiente. Llevaba las manos apoyadas en la espalda y sonrió, aunque el cansancio en su rostro lo delataba.
—Hey, Lix ¿Quieres té?—Preguntó con dulzura.
—No.—Negó con la cabeza.—Gracias.
Jisung se sentó a su lado, poniéndole una mano en el hombro.
—Sé que duele, pero no tenías por qué cargar con algo que no querías.
Felix cerró los ojos, aguantando las lágrimas.
—Yo lo amaba, Ji. Lo sigo amando, pero no podía darle lo que quería. No sería justo.
Jisung lo abrazó, con el cuidado de alguien que ya no podía moverse con tanta agilidad.
—Entonces hiciste lo correcto. A veces amar también significa dejar ir.
Felix se quebró en silencio contra su hombro, con la culpa atravesándole el pecho como dagas. La idea de que Changbin estuviera solo en ese momento lo atormentaba, pero también sabía que quedarse habría sido peor.
Horas más tarde, cuando Minho regresó con las cajas junto a Chan, ambos encontraron a Felix dormido, exhausto, con las mejillas aún húmedas. Jisung lo cubrió con una manta, lanzando una mirada a su esposo que lo decía todo. Había dolor en ambas partes y nada iba a borrarse fácilmente.
En el otro extremo de la ciudad, Changbin permanecía solo en el departamento vacío. La luz entraba por la ventana iluminando un espacio que ahora parecía demasiado grande, demasiado silencioso.
Él también lloró, hundido en el sofá, abrazando el recuerdo de lo que alguna vez creyó eterno.
*-*-*-*
El aeropuerto estaba repleto, un eco constante de maletas arrastrándose, anuncios por altavoz y voces que se mezclaban en un murmullo abrumador. Entre la multitud, Felix se sentía como una sombra más, avanzando con lentitud, cargando no sólo su equipaje de mano, sino también el peso invisible de una vida que acababa de dejar atrás.
Minho había insistido en acompañarlo hasta la puerta de embarque. No hablaba demasiado, como si entendiera que no existían palabras capaces para suavizar lo que Felix llevaba dentro. En cambio, se limitaba a caminar a su lado, a ponerle una mano firme en el hombro cuando lo veía más decaído, a recordarle con gestos que él no estaba solo.
—Mira, Lixie.—Dijo al entregarle el pase de abordaje.—Te conseguí un asiento VIP. Vas a ir cómodo, con espacio para tus piernas y sin que nadie te moleste demasiado.
Felix bajó la mirada al boleto y efectivamente era de la clase VIP, en el lado de la ventana. Tragó saliva, notando como la voz de su hermano mayor se quebraba apenas al decirlo.
—Gracias, hyung.—Susurró, abrazándolo con fuerza. No quería llorar otra vez, no ahí, no frente a todos, pero aún así, el nudo en su garganta lo traicionó.
Minho lo sostuvo un momento más, como si quisiera grabar esa sensación antes de dejarlo ir. Después, con un suspiro largo, acarició suavemente la nuca de su hermano y lo soltó.
—Nos vemos pronto, ¿De acuerdo? París no está tan lejos. Recuerda, no tienes que cargar con todo tú solo.
Felix asintió, aunque en el fondo no estaba seguro de creerlo. Caminó hacia la entrada del avión, respirando hondo como si cruzar esa puerta significará empezar otra vida.
Ya sentado en su asiento de ventanilla, intentó concentrarse en el cielo gris que se filtraba por la pequeña ventana ovalada. Sin embargo, sus ojos estaban hinchados, rojos por tanto llorar. Cada vez que parpadeaba, la imagen de Changbin aparecía con su mirada rota, la forma en que se quedó en el departamento vacío, el sonido ahogado de sus disculpas que ya no servían de nada. Felix apretó los puños, sintiendo la culpa recordarle el pecho como un latido irregular.
El murmullo de los pasajeros abordando lo sacó de sus pensamientos. Levantó la vista justo cuando alguien alto, con una gabardina beige y el cabello cayendo en mechones delicados, se detuvo frente a su asiento. El chico revisaba los números sobre los compartimientos con una expresión de confusión adorable, casi infantil, hasta que bajó la mirada hacia Felix.
Hubo un momento de silencio incómodo. Felix, con los ojos húmedos, se sintió desnudo, como si aquel extraño pudiera leerle el alma. El desconocido se mordió el labio inferior, rebuscó algo en el bolsillo y, sin pensarlo demasiado, se lo extendió.
Un chocolate.
—Ese es mi asiento.—Dijo en voz baja, con un tono que a Felix le resultó dulce y musical.—Pero es todo lo que puedo ofrecer.
La frase, absurda y torpe, rompió la tensión. Felix parpadeó, sorprendido primero, y luego, sin poder evitarlo, sonrió. Por primera vez en meses, sonrió de verdad. Aquello no borraba el dolor, ni la herida recién abierta, pero sí era como una pequeña chispa encendida en medio de la oscuridad.
El chico levantó las cejas, como si no esperara que funcionará y le devolvió una sonrisa tímida.
Felix tomó el chocolate entre sus dedos temblorosos. Sintió cómo el avión empezaba a cerrar puertas, cómo el murmullo de fondo se volvía más lejano, pero nada de eso importaba. Por primera vez, se permitió pensar que tal vez, sólo tal vez, su historia no había terminado.
El cielo lo esperaba, y con él, un futuro que todavía no conocía.
