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Las paredes de la casa Potter se estremecieron con el eco de un grito desgarrador, seguido de otro grito femenino. La varita de Bellatrix brilló verde una y otra vez, pero no fue la muerte lo que dejó tras de sí, sino una locura que ningún sanador sabría curar jamás. Lily y James Potter habían recibido el maleficio Cruciatus incontables veces esa noche. Lo único que salvó a su hijo del mismo destino fue el dolor inesperado que atravesó a Bellatrix, quien abandonó el lugar en busca de su amo, dejando en el suelo, aún respirando, con los ojos perdidos en un vacío eterno, a los Potter.
En otro lugar, el silencio posterior al asesinato de Alice y Frank Longbottom era ensordecedor. Voldemort alzó la cabeza, buscando al niño que —según la profecía— sería el único con poder para asesinarlo. Sus ojos rojos brillaban con un deleite perverso mientras se acercaba a la cuna del pequeño Neville.
Voldemort, en su propio complejo de inferioridad, había logrado mentirle a todos y también a sí mismo, fingiendo ser tan sangre pura como lo había sido Salazar Slytherin. Por ello, no concebía la idea de que un mestizo pudiera derrotarlo. Para él, el verdadero peligro era ese niño frente a sus ojos: nacido al caer el séptimo mes, de padres que lo habían desafiado tres veces y, lo más importante, sangre pura.
—Que el mundo sepa —susurró— que ningún poder extraño, amor, ni profecía podrán contra mí.
En la oscuridad, Augusta Longbottom, con el sigilo que la experiencia otorgaba, lanzó una maldición al mismo tiempo que el mago dirigía otra en dirección al niño.
Cuando los hechizos se cruzaron, un pedazo de su alma ya fragmentada se aferró a lo más cercano y lleno de vida que encontró, dejando como única prueba una marca en forma de rayo en el corazón del pequeño.
Esa noche no hubo rayo en el cielo ni cicatriz en la frente de un niño. Augusta jamás contó que ella había atacado al que No- debe-ser- nombrado. Hubo, en cambio, un pequeño Neville llorando en su cuna, mientras su abuela lo alzaba en brazos sin imaginar que su apellido quedaría marcado como el del “salvador”.
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Lejos de allí, en el despacho circular de Hogwarts, Dumbledore golpeó con fuerza la mesa de roble al enterarse de lo que había pasado.
¡No debía ser así! —su voz se quebró entre la furia y la impotencia—. James y Lily… se suponía que eran ellos, su hijo debía ser…
Se interrumpió, cerrando los ojos tras los lentes de media luna. El fuego de la chimenea reflejó en su mirada una sombra calculadora.
Severus, quien nunca había previsto esta reacción del director, intentaba comprender todo sin dejar ver sus propias emociones. Albus le había prometido cuidar a Lily a cambio de su lealtad, sin embargo, había sido el responsable de que descubrieran la ubicación de su hogar. Así mismo, su reacción decía demasiado sobre cuáles eran sus verdaderos planes.
—Muy bien —murmuró, recomponiendo el tono—. Si no es Potter, será Longbottom. El mundo necesita un símbolo, y un niño sangre pura servirá aún mejor para mantener en orden a los revoltosos mortífagos. Puedes irte, Severus.
Giró un pergamino sobre la mesa y trazó nombres y conexiones, como si reorganizara piezas en un tablero de ajedrez.
Mientras Severus salió del despacho, rumbo a ver a una persona que difícilmente aceptaría verlo, sus propios planes y lealtades iban cambiando. De fondo, logró escuchar al director decir aquello que lo convencería de que una reunión con Sirius Black era urgente:
—No importa a quién caiga la carga… mientras la profecía pueda cumplirse a mi manera.
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Días después, tras el derrumbe del Señor Tenebroso, un grupo de mortífagos, los que era probable que salieran mejor librados de aquella situación, aguardaba en la penumbra de Azkaban. El frío calaba hasta los huesos, pero sus voces eran cuchillos afilados.
—El bebé Longbottom logró derrotarlo—escupió uno con desprecio.
—Un sangre pura —replicó otro con ligera satisfacción—. No de los Sagrados Veintiocho, pero al menos mantiene las tradiciones.
—Sí —respondió Lucius Malfoy con sequedad—, qué ironía: el supuesto “fin de la pureza” vendrá de un heredero puro. Si sabemos manejar nuestras cartas, nuestra posición en la sociedad no se verá afectada.
Las risas cómplices resonaron contra las piedras húmedas, más aterradoras que el ulular de los dementores. No veían en Neville un enemigo, sino un recurso. La farsa estaba servida: apoyar al símbolo del “niño que vivió” solo para mantener su estatus y la vieja estructura.
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En el número 12 de Grimmauld Place, Sirius caminaba de un lado a otro, con el rostro descompuesto por la rabia. Remus, sentado junto al fuego, lo observaba en silencio hasta que el estallido fue inevitable. Severus esperaba una respuesta pronta, porque aún había mucho que contar.
—¡Fue Dumbledore! —gritó Sirius—. Él convenció a James de cambiar al guardián secreto. Sabía lo que Peter era, ¡lo sabía! Y aun así los entregó. Fue una suerte que James le contara a Moody el cambio de planes, si no, todos creerían que el traidor fui yo.
—Como dije, hace meses le comenté que Pettigrew era de las filas de Voldemort. Pensé que estaba usándolo para algo más y por eso no hacía nada… pero supongo que su traición lo beneficiaba de igual forma. — dijo con firmeza Severus.
Remus cerró los ojos. No quiso admitirlo en voz alta, pero las piezas encajaban demasiado bien.
—Nos utilizó —susurró—. Siempre necesitó que Harry creciera sin sus padres, sin raíces… fácil de moldear. Como intentó hacerlo conmigo.
—Pero nos encontraste, Rem, y te cuidamos. Como haremos con Harry.
—Tienen que ser cuidadosos. A diferencia de Voldemort, el director tiene a mucha gente detrás que lo cree un héroe, un ejemplo a seguir. Si él piensa que son un peligro para sus planes, pueden terminar acompañando a Lily y James.
Además… hay más. No solo es lo que les acabo de contar, aunque supongo que saber que el viejo está molesto porque sus mejores amigos siguen vivos ya es bastante. Todo es más complicado. Hay una profecía…
Procedió a contarles sobre la profecía y su participación para que el mago oscuro se enterara de esta. También les reveló que, tras darse cuenta de que Voldemort buscaba a Lily, fue a pedir ayuda a Dumbledore para protegerla.
—Las profecías, como bien dijo el director, pueden acomodarse. Ahora es el hijo de Alice quien carga con el rol de aquel con el poder de derrotar al Señor Oscuro, porque así lo decidió él mismo. Si hubiera tomado otra decisión, sería Harry. Las decisiones importan mucho en esto. Pero pensemos: ¿por qué a Dumbledore le interesa tanto que fuera el hijo de Lily el elegido? Porque habría sido más fácil de aislar,sí, pero de manipular y de usar como soldado también. Sin ti, Sirius,digo Black… que habrías quedado como traidor; sin ti, Remus, marcado como hombre lobo; el niño no habría tenido nada.
Pero ¿qué más? Creo que, al ser Dumbledore quien se habría convertido en su mentor o incluso en una figura paterna, se habría llevado gran parte del crédito. Y siento que aún hay algo más que no sabemos. Hay más en juego. Además… no logré escuchar la profecía entera. Eso, solo el viejo lo sabe.
Debemos cuidar de Harry y cuidarnos de Dumbledore. Al menos hasta saber con certeza cuáles son sus planes… y cómo desmantelarlos.
Hubo un silencio largo, hasta que Sirius se detuvo frente a la cuna donde dormía un pequeño niño de ojos verdes. Su expresión cambió: la ira se transformó en resolución.
—No dejaré que lo controle —dijo, casi en un juramento—. No importa qué papel deba asumir yo, Harry pasará desapercibido. Nunca será su peón.
Remus asintió, con la misma determinación.
—Entonces lo criaremos nosotros. Y cuando llegue el momento… será libre de elegir quién quiere ser.
El bebé respiraba con suavidad, ajeno a las sombras que ya tejían su destino. Afuera, la noche era fría, pero en esa casa, por primera vez en mucho tiempo, hubo un poco de esperanza.
