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Había hecho todo para salvarlo. Para salvarlos.
Suwa sabía que su “yo futuro” no era completamente feliz y es que eso era obvio, solo era cuestión de repasar lo que escribía para entender que vivir con eternos remordimientos jamás iba a ser algo normal. Sentado en su escritorio como estaba veía las fotos que habían sido enviadas del futuro sintiendo un nudo en el estómago… Estaba… ¿casado con Naho? ¿Se supone que eso lo hizo feliz? ¿Realmente? Y si eran felices por qué ambos se tomaron el tiempo de escribir punto por punto de lo que pasó en la etapa de su vida hace diez años… Escribir de Kakeru… “para salvar a Kakeru” No… Era para tratar de aliviar un poco su propia carga, después de todo el Kakeru de la realidad de donde venían esas cartas ya había muerto…
Muerto.
Tragó duro. Los minutos seguían pasando… La víspera del año nuevo no iba a detenerse y el seguía allí sentado poniendo excusas ridículas para no tener que salir con el resto. ¿Pero qué se suponía que deba hacer? Según la carta es el momento en que iba a consolar a Naho y se le declaraba. Declarársele… Eso… ¿Por qué no se sentía del todo correcto? Era porque sentía que se estaba metiendo en medio de ella y Kakeru ¿verdad? Solo debía ser eso.
La foto del futuro… Naho, él y un pequeño bebé… Por qué… ¿por qué verla no le hacía feliz? ¿Qué estaría pensando su yo futuro al meterse con una chica que claramente estaba dolida por la perdida de un primer amor? Quizá para ellos había pasado suficiente tiempo… El niño se veía pequeño. Pero para él era su realidad y su ahora. Las cosas que pasaban ahora pesaban más que una maldita carta prometiéndole un futuro feliz ¿no? Es decir. Quién diablos envía su “futuro feliz” a otro sabiendo que lo que quieres hacer es cambiar esa realidad.
Terminó agitado, todo era tan confuso.
—Maldición “yo futuro”… Si querías hacer algo por qué no solo lo hiciste y ya… Mandarme a mí tus pesares no te salvará. Aunque supongo que eso ya lo sabes —las yemas de sus dedos frotaron la superficie de la carta justo donde estaba el rostro de su avejentado ser—. Y lograste lo que querías al final…
¿Y eso era lo que él también quería?
Se suponía que sí… Sin embargo en todo ese tiempo leyendo esas cartas y esforzándose por ayudar a Kakeru más de lo que su otro yo… Había logrado al fin entender mejor los sentimientos de él. Lo vio llorar… lo vio reír abiertamente a su lado. El momento en que había tenido que abrazarlo para que dejara de culparse por todo e incluso desde que estuvo casi diez minutos tomando su mano para suplicarle que se uniera al equipo de fútbol… Todo eso habían sido cosas que si bien leyó que debía hacer, no había esperado entender bien sino hasta hacerlo. Suwa veía los ojos de Kakeru iluminarse cada vez que terminaba aceptando algo que claramente quería pero declinaba por sus propias razones depresivas. Y claro, también brillaban cuando estaba con Naho… Sabía que ella también era feliz así. La carta decía que claramente ellos dos eran felices juntos pero que él… era él quien se había contenido en apoyarlos.
Por Naho… ¿verdad? Por ambos… O es que…
Que fastidio, era realmente fastidioso no entender del todo lo que estaba pasando. Pero impulsado por estos sentires de frustración Suwa tomó su abrigó y tal como fue escrito se dirigió a las afueras del templo justo a donde sabía que Naho estaría llorando porque había tenido una confrontación con Kakeru.
Justo a tiempo… la encontró llorando y temblando, aunque no fuese de frío, bajo su grueso abrigo. La tomó de los hombros prometiéndole que todo estaría bien… Y, era el momento de abrazarla y declararse. ¿Cómo se supone que hiciera eso? Era mejor animarla a que fuera por quien ella quería… Eso debía hacer…
Eso debía hacer. Sí.
—Tranquila… Naho. Yo… me aseguraré de que todo esté bien.
El rostro de ella seguía lloroso e intentaba por todos los medios controlarse, sin embargo comenzó a culparse y a acusarse de ser quien sería responsable de su muerte.
Suwa entendía su dolor, y aún así…
—Deja eso.
Ante la sorprendida Naho, Suwa había apretado un poco sus hombros para asegurarse de que le viera bien el rostro.
—Tú no tienes la culpa ni la responsabilidad de lo que otros hagan. Yo… lamento haberte presionado, asumí que realmente eras la única que podría salvarlo y te puse demasiado peso en los hombros… ¿verdad? Los demás también… Así que entiendo que realmente pienses que es todo culpa tuya. Pero no es así.
—Pero las cartas-
—¡Olvida las cartas! ¿Qué saben ellos de nuestra realidad? Las cosas comenzaron a cambiar Naho, es una clara señal de que nuestro futuro no está escrito allí.
Ni el de ella, ni el suyo propio.
Al fin la terminó soltando, dejándola anonadada por el arranque que el siempre entusiasta y suave Suwa también podría tener. Pero en ese momento él había sonreído con tranquilidad volviendo a asegurarle que todo estaría bien, porque él se encargaría de que así fuera.
Naho se quedó parada allí, atónita de que fuera Suwa quien terminara corriendo por la cuesta en busca de Kakeru. Era un sentir extraño… como si algo se hubiera quebrado allí. Suwa… ¿había elegido seguir su propio sentir? Y ella… a ella eso le costaba mucho más. Todo ese tiempo había estado haciendo más de lo que las cartas le decían y pocas veces optando por cambiar las cosas por iniciativa… Fue Suwa quien le había despertado de esa ensoñación sin duda, el día en que notaron que no todo lo que sus “yo futuro” querían evitar, hacía realmente feliz a Kakeru. Kakeru quería correr… y corrieron. Lo hicieron todos juntos.
En tanto, Suwa solo había revisado su teléfono para ver las llamadas perdidas de Azusa por accidente, ya que lo primero que hizo fue comenzar a llamar a Kakeru insistentemente. Éste, al ver aquello, tuvo un atisbo de sorpresa entre sus ojos vacíos… ¿No era Naho? Aunque era probable que fuera Suwa porque quisiera reclamarle por haberla dejado llorando.
Kakeru terminó arrojando el teléfono al suelo, destrozándolo. Ya sabía que Suwa quería a Naho… ¿Por qué diablos no aprovechaba la ocasión y la besaba o algo? Solo quería que lo dejen solo. Aquel sentir dentro de sí se acrecentaba a cada segundo… incluso su entorno ya frío parecía estar mutando en completo gris. Cada paso, cada segundo… como pesaba vivir.
Al final la fatiga le hizo detenerse en un poste de luz, apoyando su cabeza en fútil intento de tratar de calmar su propia respiración. Qué era eso. Agitación… le costaba respirar. Dolía respirar… Casi sentía que se ahogaba. Terminó siendo arrastrado al suelo porque sus piernas flaquearon.
Ah, claro. Estaba llorando.
Dolía… dolía mucho caminar por ese camino solo. Dolía saber que solo estaba lastimando a personas que se preocupaban por él... Amigos... Naho… Suwa… Pero Naho rara vez tenía las palabras adecuadas. Maldición, de hecho siempre había intentado controlar sus reacciones, pero esta vez… ya estaba harto. ¿Por qué siempre debía decir las cosas más inoportunas? Porque… era normal. Ella solo era una muchacha normal… Nada de lo que había dicho estaba mal… era él quien estaba dañado. Roto. Quebrado… Y no soportaba preguntas sencillas o ánimos en esos momentos.
Ahogándose en su propio llanto, Kakeru a penas había escuchado una voz lejana… ¿Era Suwa? Gritaba… gritaba su nombre. Ah vaya… ¿En serio había ido tan lejos solo para ir a regañarlo? A él sí que le gustaba Naho. Él mismo no podría estar tan seguro… Naho era una chica agradable, mucho más agradable que Ueda sin duda, pero había tanto entre ella y él que se sentía como una barrera pesada. Suponía que era él mismo quien hacía esas barreras pero… No quería que se acercaran más. Reír al lado de todos… dolía en lo profundo.
Quería gritar pero no podía hacerlo.
Suwa terminó hallando a Kakeru luego de haber corrido por todo el vecindario, algo que su físico le permitía por supuesto, por eso era él quien tenía que hacerlo. Decirle a Naho que lo busque solo hubiera sido zafarse del asunto pues ella no habría podido dar con él. Y había sido una buena elección, ya que su amigo estaba envolviéndose sobre sí mismo y llorando sin parar. Como era natural Suwa lo abrazó y lo pegó a su pecho. Esto no debería sorprender a Kakeru, pero la verdad cada que pasaba era algo sorprendente para sí y para su cuerpo entero… la fuerza con la que Suwa lo sostenía le hacía sentir necesitado y querido. Era acogedor.
—Aquí estás.
La voz de Suwa era suave y tranquila, como un bálsamo curativo. Kakeru no tenía voz para hablar y su cuerpo tampoco le respondía para moverse, aún así sentía que si quitaban esa calidez de su lado podría morirse ahí mismo.
—Tranquilo, puedes llorar. Nadie va a verte… lo juro.
Kakeru sintió esto como un permiso más que ansiado… aún sin haberlo procesado debidamente las lágrimas se reunieron en sus párpados y entre gemidos agónicos realmente comenzó a llorar… Lloraba como si lo estuvieran asesinando… Muriendo en vida. Suwa solo pudo contener su propio llanto pues sentía el dolor de Kakeru desde lo más profundo de su ser y cuanto más temblaba más lo abrazaba a sí, no quería que sintiera más frío.
En ese momento… teniéndolo así… ¿Su yo del futuro en serio había preferido quedarse abrazando a Naho? ¿Habría otro él que también habría decidido mandar a Naho a buscar a Kakeru? De eso último no podría estar seguro, pero sabía que el pensamiento había invadido su mente por un momento. Dejarla a ella tomar el puesto… Vaya a saber uno si realmente habría llegado a dar con él.
Cuando la voz de Kakeru se fue apagando y solo suave sollozos quedaron escuchándose, la nieve ya había terminado adornando los hombros y parte del cabello de Suwa. El cuerpo de Kakeru estaba protegido, no permitía que ni la nieve ni el aire lo rozara. Suwa pensó que terminaría durmiéndose… pues, su cuerpo se había relajado al fin y toda la tensión se había ido entre sus llantos. De ser así, no le sería difícil cargarlo y llevarlo a su hogar.
—Estoy despierto.
Kakeru levantó la cabeza, sus ojos estaban contorneados por dolorosos arcos rojizos. Suwa dejó sus piernas, ya había intentado levantarlo.
—¡Ah! ¡Perdón, perdón!
Silencio. Y es que realmente no había mucho que decir. Suwa pensó que Kakeru se estaría sintiendo incómodo de su abrazo por lo que comenzó a aflojar el agarre, pero fue Kakeru quien apretó con más fuerza a su contacto.
—Está bien, no voy a dejarte —fue la respuesta honesta de Suwa, una respuesta esporádica.
—¿En serio?
—Lo prometo.
Kakeru levantó la cabeza, poco a poco separando un poco los brazos que habían terminado atrapados en el apretón de Suwa.
—¿En serio?
Claro que lo había escuchado, Kakeru estaba a solo centímetros de Suwa, pero necesitaba saber que no estaba imaginando la situación.
—Lo prometo —repitió Suwa, con la misma tranquilidad y dulzura que lo caracterizaba.
Kakeru sintió que eso era injusto. A él… A Suwa le gustaba Naho. Sabía que todo lo que había estado haciendo era para ayudar a Naho a ser feliz… La estaba ayudando… a ¿salir con él, no? A él también le agradaba Naho, ella era alguien dulce y maternal. Alguien que habría estado feliz de tener cerca por siempre… También se sentía nervioso a su lado. Eso es… lo que las personas decían era gustar de alguien ¿no?
Nervios. Mejillas sonrosadas… Ahora no se encontraba nervioso en lo absoluto, al contrario, Suwa se sentía cálido y seguro. Acogedor. Protector… ¿Es lo que esperaban que él hiciera por Naho? Protegerla… Pero él a penas y podía protegerse a sí mismo. Eso sonaba muy injusto ¿no? Esperar de alguien que también quiere ser protegido, proteger…
Un largo suspiro fue la respuesta de Kakeru. Suwa solo lo vio con algo de curiosidad.
—Recuerdas… ¿el día del evento deportivo?
Suwa fue sorprendido por esa pregunta repentina, terminó asintiendo ante aquel misterio.
—Te lastimaste. Naho estaba curándote… Ella es realmente alguien agradable. Es natural que te guste. Sabes que a mí también… Me gusta que sea tan amable y comedida conmigo.
Pero aún así.
—En el momento en que los vi juntos… yo…
¿El qué? La reacción que tuvo parecía decir más que sus propias palabras, pues cuando Naho se acercó la rechazó cual gato huraño que veía a alguien que le fastidiaba. Había sido involuntario, claramente. No quería lastimarla, pero lo que había hecho le causó… ¿Qué le había causado?
—Te pusiste celoso —atinó a decir Suwa.
Kakeru terminó asintiendo.
—No te preocupes por eso, a Naho le gustas tú, Kakeru.
Suwa lo había dicho con la mejor de las intenciones y aún así esas palabras parecieron chocar frente a la cara de Kakeru como una puerta cerrada. Así que tenía dos opciones: Callar o gritar.
Callar era seguro, todo estaría bien. Suwa jamás sabría nada… nadie jamás lo sabría. Al igual que con Ueda, haría lo que “debía hacer” y saldría con su amiga, que al menos le caía mucho mejor que la muchacha popular de actitud posesiva. Sí… esa era la opción segura. La opción que todo el mundo aceptaba y veía plausible. Era esa. Era esa.
Kakeru terminó asintiendo. Tragando a saliva que la pena y el dolor habían amontonado en su boca.
Suwa parecía complacido con esta respuesta, hasta feliz. Una vez más estaba priorizado sus sentimientos a los de otros. Esto molestaba a Kakeru que, en arranque de ira, terminó zafándose de su agarre por completo.
—Pero ella te gusta a ti. ¿Por qué demonios no se lo dices? ¿Realmente esperas vivir siendo feliz a través de otros? ¡¿Esa es la clase de persona que eres?!
Suwa terminó abriendo los ojos de par en par, el cuerpo de Kakeru había vuelto a tensarse y su mirada había terminado clavada en el suelo. Lo sabía, Kakeru sabía que esas palabras no eran para Suwa. Esas eran palabras dirigidas a sí mismo. A su maldita actitud pasiva ante todo… A decir sí a todo lo que otros querían para con él… Ya lo había hecho con su madre, con sus amigos… con Naho… ¡Claro que notaba que la muchacha estaba enamorada de él! ¿Qué idiota no se daría cuenta? Eso se sentía bien… sentir que alguien te quisiera se sentía bien. Quedarse así, teniendo a alguien que te quiera era suficiente… ¿verdad?
—Kakeru…
La voz de Suwa nuevamente sonó angustiada. Claro, es que había vuelto a llorar.
Querer a alguien que te quiere es realmente sencillo. Tienes cariño asegurado… ¿Pero era lo que realmente quería? Quería esa seguridad y ser amado. Aún si él… no correspondiera por completo. No entendía a Naho, pero le agradaba su compañía. No tendría por qué estar mal… En algún punto llegarían a entenderse ¿no? Los matrimonios eran así, hombres y mujeres que no se entienden… pero que terminan juntos por esa clase de afecto. Probablemente como sus padres… que habían terminado divorciándose. ¿Habrían pasado por una etapa así antes? ¿De pensar que “todo estaría bien” a futuro aunque no se entendieran por completo?
—¡Kakeru!
Suwa ahora lo había tomado por lo hombros, sacudiéndolo, poco a poco levantándolo del suelo al fin y poniéndolo sobre sus propios pies.
—Si no me dices que estás pensando no puedo ayudarte.
—No estoy esperando que me ayudes.
—¡Pero quiero hacerlo!
Como era de esperar, Kakeru rechazo su contacto apartándose y cerrando su espacio nuevamente.
—¡No te he pedido que lo hagas! ¡Ya déjame en paz! ¡Eres una molestia!
El grito fue duro y Kakeru estaba a punto de alejarse. Eso era todo. O eso habría sido suficiente para volver a dejar a Naho llorando en una esquina otra vez. Pero Kakeru debió recordar que no estaba hablando con Naho, pues solo sintió la fuerza de Suwa empujarlo contra una pared, reteniéndolo de irse.
La nieve caía a ambos lados… los copos eran cada vez más gruesos.
La voz de Suwa fue grave y lenta.
—No… No te dejaré. Acabo de prometértelo. Y además…
El rostro de ambos terminó a pocos centímetros de distancia, Kakeru podía sentir la respiración de Suwa, tan cálida como él, rozarle la nariz.
—Esto no es solo por ti, Kakeru. Ni siquiera por Naho… Estoy aquí porque quiero estar. Quería venir a verte.
A Kakeru se le cortó la respiración en el momento en que el rostro de Suwa comenzó a acercarse aún más, poco a poco sintiendo como su pecho se calentaba más en el proceso.
—Porque no solo le gustas a Naho… Sabes…
Cuando ambos labios se rozaron estaban claramente duros y fríos, tanto tiempo en la intemperie incluso habían hecho de los de Suwa algo rasposos. Aún así… ese primer beso se había sentido para Kakeru como un aliento de vida: cálido y dulce. Suwa se sentía así… tan… tan… Acogedor.
Como un hogar.
Pero sus labios habían comenzado a temblar y Kakeru notó que Suwa no tenía la menor idea de qué más hacer ahora. Sería que… ¿había quedado expuesto en un típico arranque suyo? Claro… Él, a diferencia de sí mismo, tenía problemas para controlar su propia efusividad en ciertas situaciones. Incluso su rostro estaba más rojo que una tarde brillante y al separarse no dijo una sola palabra, sus ojos cayeron al suelo como si estuviera avergonzado de lo que acababa de hacer.
Vaya actitud la suya. Era en realidad muy tierno de ver.
Cuando las risas de Kakeru se escucharon Suwa levantó la mirada al instante, notando que las mejillas de Kakeru estaban igual de sonrojada que las propias y aún así estaba riendo con soltura. Era un alivio…
“¿Qué fue eso?”. Parecían decir sus ojos, como si esperara que Suwa pudiera aclararle el por qué un beso lo había vuelto a hacer querer llorar.
Suwa solo pudo tapar parte de su cara, aún en vergüenza.
—No te rías…
—Perdón, perdón…
Claramente Kakeru no podía parar pero su sonrisa era preciosa de admirar. Suwa sintió un poco de compasión por su propio “yo de otra dimensión”, como sería mejor decirle, pues… no tenía ya esa sonrisa en su vida.
Al final volvió a abrazarlo a su pecho, Kakeru tanto riendo como llorando era más que acogido allí.
“¿Qué crees que deberíamos decirle al resto?”. ¿En serio se lo preguntaba? Si Kakeru no sabía, él tampoco. El silente acuerdo entre todos de apoyar la relación de Naho había sido roto por el mismo Suwa, y eso que había sido él quien había empezado con la idea.
—La verdad.
Y no es como que Suwa hubiese estado intentando ocultar algo a sabiendas, sus sentimientos solo habían aflorado en medio del desarrollo de todos esos muchos eventos. Tanto igual que los de Kakeru…
—La verdad… —repitió Kakeru.
—La verdad —asintió Suwa.
—Eso está bien, entonces.
“Porque realmente… realmente me gustas”.
