Work Text:
Era extraño.
Las sensaciones, los sentimientos, las emociones que tenía cuando estaba a su lado… no era lo mismo que cuando estaba con Ruka, el mayor y líder de todos, ni tampoco cuando era obligado a jugar a las princesas con Azuki.
No. Estar con Kiyotake era diferente. Era distinto.
Pero exactamente, ¿qué era lo que lo diferenciaba de los demás?
- ¿Que vas a poner en la cápsula? – preguntaba, abriendo sus ojos enormes y brillo destellante.
Reo tuvo que echar una mirada a su alrededor para recordar exactamente donde estaban y lo que se encontraban haciendo.
-Yo… yo pondré un… una carta… - dijo un poco atropellado, sin saber exactamente por qué su voz había sonado así de temblorosa o las razones por las que sentía sus mejillas arder.
El sol del verano, seguramente se trataba de eso.
- ¿Y tú? - preguntó esta vez a su amigo, quien parecía bastante indeciso mientras miraba sus juguetes y algunas cosas que hace unas horas habían recolectado en el bosque.
-No lo sé. Si dejo mi automóvil de juguete, creo que puedo extrañarlo cuando termine el campamento y tengamos que regresar a casa. - la mirada en Kiyotake era de genuina preocupación, debatiendo mentalmente si realmente valía la pena desprenderse de uno de sus juguetes.
Reo no pudo evitar soltar una risotada ante tal honestidad de su amigo. Y en respuesta, el ojivoleta solo infló ambas mejillas mientras fruncia el ceño. Aquel puchero infantil solo hizo reír aun mas a Reo mientras se revolcaba sobre el pasto mientras sujetaba su estómago.
Si, definitivamente estar con Kiyotake era distinto a todo lo demás.
Y le gustaba que fuese así.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
- ¡…eo! ¡Reo! - la voz de su amigo pronunciando su nombre al fin lo hizo despertar. Sintió su espalda crujir mientras se estiraba después de aquella pequeña siesta que había tomado sobre su pupitre. - Tienes suerte de que Akechi-sensei no se haya percatado de que estabas dormido
-Saku-niisan es demasiado permisivo. Dudo que me hubiera regañado en serio aun si me hubiese visto. - fue su respuesta mientras soltaba un lánguido bostezo y trataba de despejar la pereza que aún permanecía en su cuerpo. Kiyotake suspiró resignado y parecía querer volver a decir algo, sin embargo, un extraño sonido hizo que ambos se giraran hacia uno de los asientos de enfrente.
Ahí estaba, su querida amiga de la infancia que también era su compañera de clases en el instituto Sakuragaoka. Pero aquello no había resultado ser un grito, un dialogo, ni mucho menos una risa suave como las que ella solía soltar.
Fue un llanto.
Sus amigas de inmediato parecieron preocupadas y la rodearon, preguntándole sobre las razones de sus repentinas lágrimas.
Kiyotake también parecía dispuesto a acercarse a la pelirrosada, no obstante, la mano de Reo sobre sus hombros lo hizo detenerse antes de dar el primer paso. El rubio negó con su cabeza y, pasando su brazo sobre el hombro de su amigo, ambos salieron en silencio del aula de clases, dejando el bullicio detrás de ellos.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-¿Que le habrá pasado? - preguntaba el más bajito, aun con tono preocupado y a pesar de tener el brazo de su amigo aun sobre él mientras caminaban, trataba de girar su cabeza hacia atrás, aun si era claro que ya llevaban mas de la mitad del camino de regreso a casa recorrido.
Reo no respondió nada, solo entrecerró sus ojos mientras se formaba alguna idea difusa dentro de su mente de lo que probablemente había entristecido a Azuki.
No conocía todos los detalles, pero si su instinto no lo engañaba (y sabia que no, era un gran observador), seguramente Azuki lloraba a causa de sentimientos no correspondidos que tenía hacia Ruka. Ella siempre parecía haberle guardado un cariño muy especial al mayor de todos ellos, no era descabellado pensar que tal vez esos sentimientos que estuvo guardando tan recelosamente habría al fin desbordado de su pecho.
Pero todo se complicaría si sus deducciones siguientes fuesen a resultar correctas.
“Kiyotake… seguramente él también…” pensó sintiendo un dolor intensificarse en el centro de su pecho, al imaginar una pequeña, casi ínfima posibilidad… de que su amigo también estuviese enamorado de Mochizuki Azuki.
-Tal vez deberíamos regresar…- susurro el pequeño Setoguchi aun tratando de mirar a sus espaldas, pero el brazo de Reo se cerró aun mas sobre sus hombros, haciendo que ahora lo intentara ver a la cara ante el acercamiento inusual de sus cuerpos.
Los ojos de Reo se ocultaban con magnificencia debajo de su largo flequillo rubio.
- ¿Reo? ¿Estás bien? - preguntó ahora preocupándose por su amigo.
Reo tuvo que ocultar una pequeña risita triste que nacía de su garganta.
“Siempre tan ingenuo, preocupándose por los demás”.
-Solo continuemos caminando. Tengo que enseñarte unas cosas nuevas que compré para la cámara. - dijo, encontrando cualquier excusa para arrastrarlo hacia su casa, donde usualmente solían ir después de clases hasta que el cielo terminara de oscurecer por completo.
Aun sin entender del todo, Kiyotake solo asintió ligeramente, antes de dar por ultima vez un vistazo mas hacia sus espaldas.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
- ¿¡La encontraste?!- preguntaba con fuerza Setoguchi menor a algunos metros de distancia. Alzando la voz y tratando de hacerse escuchar entre el sonido del agua que corría bajo sus cuerpos y sin tener que erguir por completo su espalda. Metía sus manos a la fría agua buscando entre las roquitas algún objeto brillante.
-No la vamos a encontrar, ríndete. - respondía exhausto Reo mientras se estiraba. Alcanzó a escuchar un quejido de su amigo ante su evidente poca cooperación.
Ambos se encontraban con los pies descalzos en aquel ancho arrollo. La corriente no era fuerte ni profunda, pero estaba claro que encontrar una pequeña llave de metal sería prácticamente imposible a menos de que se atorara entre las piedras. Posibilidad por la que apostaba fuertemente Kiyotake.
- ¿Y ya me vas a decir de que rayos es esa maldita llave? - preguntó Reo al ver que ni su pesimismo ni molestia eran suficientes para que su amigo dejara de buscar dando cuidadosos pasos explorando con sus manos y ojos por debajo de la cristalina agua.
-Ya te lo dije. - respondió cansado. Como si ya lo hubiese explicado mil veces antes. - ¡Es la llave de nuestra cápsula de tiempo!
Reo ladeó la cabeza, fingiendo no comprender.
Fingiendo que el recuerdo de guardar una carta demasiado reveladora en esa caja que enterraron en algún lugar de una montaña no estaba dentro de sus memorias.
Fingiendo que no se sentía aliviado al saber que con la pérdida de esa llave probablemente nunca recuperarían las cosas de aquella capsula.
Fingiendo que de esa manera podría ocultar para siempre los extraños sentimientos que siempre brotaban cuando estaba al lado de Kiyotake.
Fingiendo, así como lo había estado haciendo durante toda su vida.
- ¿Y cómo sabes que está aquí, en primer lugar? - preguntó mientras le prestaba más atención al movimiento del agua que realmente estar dispuesto a buscar cualquier cosa dentro de ese rio.
-Azuki la tiró aquí. No estoy seguro qué pasa con ella últimamente, pero creo que no era su verdadera intensión tirarla. - El chico casi se resbala mientras examinaba con sus manos entre las rocas, creyó haber visto algo brillante pero solo se trataba del reflejo del sol atardeciendo sobre el agua.
La mención de la pelirrosada solo provocó una incomodidad en el pecho de Reo. Frunció el ceño y desvió la mirada. Estaba dispuesto a tratar de convencer a su amigo para que se rindieran en la tonta búsqueda, sin embargo, un grito eufórico a sus espaldas lo sorprendió, haciéndole dar un pequeño tropiezo.
- ¡La encontré! ¡¡La encontré!!- gritaba emocionado su amigo. Alzaba la llave con sus dos manos, como si de un trofeo se tratase mientras daba algunos brinquitos alegres.
Sus ojos índigos brillaban con gran intensidad ante la luz rojiza del sol que poco a poco trataba de ocultarse en el horizonte.
“Deja de hacerlo…”, pensó con cierto dolor el rubio, embelesado por aquella imagen que le parecía tan reconfortante y a la vez dañina para su corazón, que latía desbocado al punto de parecer retumbar junto con todo su cuerpo.
Mordió sus labios y posó su mano en el pecho, justo para sentir sus propios latidos, presintiendo que, de otra forma y en cualquier momento, su corazón saldría disparado de su pecho.
Kiyotake volteó a verle mostrándole en lo alto la llave mientras le sonreía.
- ¡Te dije que la encontraríamos! - el joven dio grandes zancadas. Eufórico por la situación, trató de acercarse a su amigo de la infancia, pero olvidando tener el debido cuidado, aun embriagado por la emoción, terminó resbalando poco antes de alcanzarlo, sintiendo como su cuerpo caía hacia atrás.
Reo, en un reflejo, lo tomó de la mano, pero al ser el terreno tan inestable en lugar de poder equilibrarlo nuevamente, ambos cayeron sobre las aguas del río, salpicando hacia los lados con la fuerte caía.
-Auch… ¿estás bien, Reo? - preguntaba adolorido Setoguchi, oprimiendo con fuerza la llave en su mano para que no se le escapara nuevamente por la corriente del rio.
Al levantar la vista, notó como Reo había caído de frente, justo sobre él y teniendo que mantener sus brazos apoyados a su propio costado mientras estaba arrodillado con sus piernas entrelazadas en las suyas.
Para Kiyotake aquello pareció realmente divertido, recordando tal vez algunos momentos de sus infancias compartidas, donde las caídas y los accidentes similares solían ser más usuales.
Al contrario, Reo no podía evitar sentir el sonrojo colorear sus mejillas. Sus ojos completamente abiertos no perdían ningún detalle de las expresiones faciales del otro, quien pretendía tratar de ahogar sus pequeñas risitas.
Sus uniformes ahora mojados y fríos se pegaban a sus cuerpos mientras el agua helada continuaba corriendo debajo de ellos.
De ser posible, le gustaría que se quedaran así, los dos juntos, sin las tonterías del amor no correspondido de Azuki o la indiferencia de Ruka. Solo Kiyotake y él.
Sin barreras de 10 centímetros.
Sin soluciones para celos.
Ni tampoco ensayos de confesiones de amor.
El cuerpo de Kiyotake se tensó, olvidando las risas y la diversión cuando notó como el rostro de Reo se acercaba con lentitud hasta el suyo. Trató de hacerse hacia atrás, pero, estando con su amigo prácticamente sobre él, era básicamente imposible.
Hasta que sucedió.
Los labios de Serizawa se posaron con cierto temblor y nerviosismo sobre los de Kiyotake, quien hasta contuvo lo respiración mientras trataba de entender lo que estaba sucediendo.
No hubo mayor movimiento. Reo nunca trató de profundizarlo, pero tampoco hacía algún además para retirarse. El contacto era cálido y torpe, y contradictoriamente también algo frio debido al agua del río.
El beso duró solo algunos segundos, pero que bien parecieron varias eternidades desde el punto de vista de los adolescentes.
Cuando al fin se separaron, ambos tenían el rostro enrojecido. Tratando de preguntar o cuestionar lo que había hecho su amigo, Kiyotake volvió a estremecerse cuando Reo, en lugar de apartarse, dejó caer su cabeza hasta chocar sobre su hombro, ocultando su rostro entre sus cabellos mojados.
-Olvídalo solo… solo no preguntes nada.
El otro chico, sin saber nada más que hacer, terminó dando un leve asentimiento mientras alzaba la vista hacia el cielo. Los naranjas del cielo se convertían en una gama de purpuras y azules mucho más oscuros.
Las primeras estrellas tintineaban dando la bienvenida a la oscuridad de la noche.
Acercó su mano contraria a sus labios, recordando el recién contacto y sintiendo nuevamente la ansiedad recorrer toda su espina dorsal.
Notó que aun mantenía apresada la llave entre sus dedos. Y por alguna razón, trató de recordar qué es lo que podrían haber resguardado en aquella caja atrapada en el tiempo. La caja que enterraron en alguna montaña de la que no podía ni recordar su ubicación exacta debido a la corta edad que tenían cuando fueron.
“¿Que habrá guardado Reo?”, no pudo evitar preguntarse, perdido en el brillo opaco de la pequeña llave.
