Actions

Work Header

Dos mentiras y una verdad

Summary:

—Sigo sin entender cuál era nuestra relación —dice un día. Están colgando la ropa que habían lavado.

¿Cómo se supone que tiene que responder? Estoy enamorado de ti, pero nunca te lo dije y no sé si quiera decirte ahora porque eso volvería todo raro.

—Te diré dos mentiras y una verdad, tú elige la que más te guste.

Armin hace una mueca divertida, pero asiente—, claro, porqué no.

Jean se estira y piensa.

—Estoy enamorado de ti —se esfuerza demasiado porque le salga despreocupado—, somos mejores amigos, y… soy el siguiente en heredar tu titán.

Toma una sábana del cesto y la sacude. Armin tiene una camiseta en las manos y la sostiene con fuerza.

—Estás enamorado de mí —dice después de un momento. La sábana de Jean se desliza de sus dedos hacia el pasto.

No quiere mirarlo. Suelta una carcajada fingida y lo mira con una mueca.

—¡Claro que no!

—¿No? —Armin ríe—, pero estás rojo.

—Rojo de la risa —miente.

Notes:

qué onda

jearmin viejo, del 21, pero corregido y subido acá jaja

se menciona que capaz hay algo entre eremika y connie sasha y niccolo, pero no es relevante. es una seudo advertencia ahre

síganme en tuiter

disfruten

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No puede evitar echarse la culpa. 

Todos habían repetido que no lo era, hasta Levi, pero no puede evitar pensar lo contrario. Es su compañero, se supone que tienen que cuidarse. 

No había sido una caída muy fea, el problema fue que se había golpeado la cabeza. Cuando llegó a su lado y lo revisó, la sangre fue lo primero que notó, brillando y contrastando con su cabello dorado. 

Lo subió a su caballo y lo llevó al centro de la formación para dar aviso. La respuesta fue dar la señal de regreso a todos. Eso también se suma a la culpa de Jean.

Su viaje de regreso fue acompañado por la ansiedad y miradas urgentes a Armin, reposando dormido en el carro a su lado. Su ansiedad siguió presente cuando llegaron y después de que se llevaran al otro a la enfermería.

Se calma un poquito cuando le dicen que está fuera de peligro y que ya despertó, pero vuelve a dispararse cuando Mikasa lo detiene antes de que ingrese a la habitación de Armin.

—Hay algo que tienes que saber antes de verlo —dice ella. Tiene las manos levantadas, un vano intento en frenar a Jean, pero él solo la rodea e ignora, abriendo la puerta.

Armin está sentado en la cama. Tiene un vendaje alrededor de la cabeza y una expresión confundida mientras mira a Eren, que suspira cansado mientras se sujeta la frente.

—Estás despierto —suspira Jean y siente que sus hombros se relajan al fin.

—Uh, sí, recién desperté —sonríe el otro y estira su mano—. Soy Armin.

—Te dije que dejes de hacer eso —regaña Eren exasperado.

—¿Qué? Es cortesía —frunce el ceño.

Jean se acerca desconcertado, esperando el remate de la broma. Armin sigue con su mano estirada.

—Uh, ¿Jean? —La estrecha inseguro y Eren golpea sus manos.

—Au —se queja Armin, resguardando su mano.

—¡No alientes esto, Jean! —jadea el otro, apuntándolo con un dedo.

—Cierra la boca, Jeager —devuelve y golpea su mano también—. ¿Qué está pasando?

—¡No sabemos! —exclama Eren en una voz relativamente moderada. Mikasa entra a la habitación, entornando los ojos.

—Te dije que dejaras de gritar.

—¡No estoy gritando!

—Sí lo estás —dicen Jean y Armin al mismo tiempo, y el último sigue—, el golpe provocó que pierda un poco de memoria.

—¿Un poco?

—Debería recordar todo en unos días —concluye.

—¿Cómo es posible que tú, que perdiste la memoria, sepas qué te sucede y no los demás?

—Es Armin —dicen Eren y Mikasa a la vez.

—Soy Armin —sonríe, pero no es suficiente para tranquilizar a Jean.

 

Una semana pasa y Armin no recupera sus recuerdos. Recuerda hasta que había perdido su hogar en Shiganshina, pero después de eso, todo se vuelve borroso. Eren y Mikasa son los primeros en ser recordados (Mikasa primero) (“¡Pero soy tu mejor amigo!”). El resto demora más, seguro porque se haberse conocido años después de eso.

Jean no puede soportarlo. Si ya de por sí es difícil acercarse a un Armin que lo conoce, uno que no es cien veces peor.

—No termino de entender la relación que nosotros teníamos —dice Armin, sentándose a su lado en la mesa de la cocina. El resto están ocupados en sus quehaceres, mientras que el de ellos es cocinar esa noche.

—Éramos– somos amigos —dice casi con dolor.

—Todos dicen eso, pero… —Jean lo mira. Él se encoge de hombros y sus ojos se entornan—. Es como una corazonada, ¿entiendes? Siento que había algo más.

Jean siente su corazón palpitar más rápido. ¿Algo más? Nunca había hablado con Armin de eso , pero ahora que lo piensa, no es tan descabellado que él se hubiera dado cuenta de sus sentimientos. 

Mierda, es posible que se hubiera dado cuenta incluso antes que él mismo.

—¿Algo… como qué?

Armin se encoge de hombros otra vez.

—Algo —concluye. Se acerca a la caja de vegetales—. ¿Qué harás de cenar? 

Eso– ¿eso fue un cambio de tema? Este Armin sabe más de lo que dice.

—No sé, ¿qué te gustaría comer?

Que diga a mí, que diga a mí, que diga

—A ti —murmura.

Jean gira veloz a mirarlo, moviendo la silla con él.

—¿Disculpa?

Bucatini —Armin se vuelve al otro, sonriendo- Jean conoce esa sonrisa, es la que siempre utiliza cuando está jodiendo a los demás, diciendo hechos que todos están seguros de que son falsos, pero que ninguno tiene el conocimiento (o inteligencia) suficiente para refutarlo.

—¿Qué es eso? —decide ignorar la sonrisa porque no tiene una puta idea de cómo actuar.

—No lo sé, creo que pasta. Sasha me contó que Niccolo se lo preparó y que era delicioso.

Jean se levanta de su lugar y se acerca a la alacena. No hay nada de pasta entre las reservas.

—¿Qué tal sopa? —solo hay vegetales—, seguro que mi sopa es cien- no, mil veces mejor que la de Niccolo.

Armin resopla una risita—, claro, suena bien.

Comienzan a pelar y cortar la verdura.

Jean se considera a sí mismo alguien bastante racional y centrado, tal vez un poco pesimista. No es para nada delirante. Entonces, no es su imaginación que Armin esté cerca suyo. Como, muy cerca. Vamos, sus codos se chocaban. 

¿Tiene que decirle que se aleje? No quiere hacerlo, a pesar de ser seguridad básica en la cocina. 

No quiere que se aleje.

—¿No estás un poco cerca? —pregunta Armin, codeándolo a propósito. Ah, el descaro.

—Yo estaba aquí antes, tú te acercaste —replica él, mirándolo de reojo.

—Yo estaba aquí antes, sacando la verdura.

Armin lo mira entornando sus ojos, frunciendo su nariz y sonriendo. ¿Y se supone que Jean no tiene que besarlo? Qué mundo cruel.

—Ah, tienes razón —asiente Jean, decidido a jugar de la misma forma. Levanta las manos, da un paso atrás y se deleita con la sonrisa desapareciendo del rostro ajeno—. Diviértete haciendo la cena, entonces.

—¿Tú qué harás?

—Me sentaré aquí —se sienta en la silla y cruza una pierna sobre la otra—, a juzgarte.

Armin jadea, más divertido que indignado, con su tonta sonrisa regresando.

—Bien.

—Bien —devuelve Jean, conteniendo la risa.

Bien —repite él y regresa a la verdura despreocupado—. ¿Qué tan difícil puede ser?

Entonces, Jean ríe, porque al parecer sí sabe algo que el nuevo Armin no.

—¿Qué? —cuestiona, apenas contagiado por la risa.

—Tú no cocinas —dice negando apenas, divertido de antemano por el desastre que hará—. La última vez que fue tu tarea, evaporaste el agua para la sopa.

Ve en su rostro que quiere negarlo, pero no tiene argumento.

—Dejaste todo en el fuego y como una hora después, Connie dijo ¿no sienten olor a quemado? —agrega y Armin comienza a enrojecer. Se tapa el rostro, amortiguando risitas y Jean apoya su mejilla en su mano, observándolo—, entonces, gritaste ¡mi sopa! y corriste aquí.

—¿Estaba buena? —pregunta tentativo, mirándolo por entre sus dedos.

—Era una mierda —concluye Jean con una risa—, fue tan malo, que el capitán te vetó de la cocina y te hizo lavar la olla hasta que su cara quedara reflejada.

Armin sigue riendo, su cabeza hacia atrás y sus manos en su estómago. A Jean no le molestaría permanecer así por el resto de su vida.

 

—Jean, ¿puedo preguntarte algo?

Baja su libro y lo mira. Armin está arrodillado junto a su cama y tiene sus manos tímidas apoyadas en su colchón, debajo de su rostro.

—Dime.

—¿Qué hay con… todos? —frunce la nariz, no tan seguro de su pregunta.

—Tendrás que ser más específico —devuelve, pasando un brazo bajo su cabeza para observarlo mejor.

—Pues, creo que me perdí algo entre Shiganshina y ahora, porque Eren y Mikasa… —no encuentra las palabras para describirlo.

—Ohh, sí —asiente Jean y se encoge de hombros—, nadie sabe bien qué pasa ahí, así que fingimos que no nos damos cuenta.

Armin hace una mueca pero asiente.

—¿Y qué hay de Sasha, Connie y Niccolo? Creí que había algo entre ella y Connie, pero cuando la veo con Niccolo…

Jean se sienta en la cama.

—¡Yo también lo noté! —susurra—. Quería preguntarte, uh, antes , pero bueno.

—¿Yo sabía?

—No lo sé, pero siempre parecías saber todo —ríe Jean—. Eres muy observador.

Armin sonríe tímido. Baja apenas la cabeza y desliza un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Gracias.

Es– ¿está sonrojado?

—Por nada —responde a la vez que voltea al techo, riendo con un poquito de vergüenza. Hay un segundo de silencio donde Jean regresa a mirarlo. Armin mira al costado, sus mejillas siguen rosadas y eso le encanta casi tanto como el hecho de haberlo provocado. Sonríe e inclina la cabeza al costado, buscando sus ojos—, también eres muy inteligente, nos salvaste a todos muchas veces, desde el día uno.

—Basta —dice avergonzado, esquivándolo.

—¿Qué otras hazañas tienes…? —murmura, buscando su mirada otra vez—, haces planes en diez segundos… Eres bueno manipulando a la gente.

Ahora sí lo mira, pero tiene una mueca.

—No, no, es bueno —Jean ríe—. Ah, eres un titán.

—Ay, Jean, exageras.

—Literalmente.

Armin lo mira riendo y Jean asiente. Su sonrisa se borra.

—Espera, ¿qué?

—Uy, ¿nadie te dijo? —ríe otra vez.

—¿¡Soy un titán!? —jadea, levantándose de un salto.

—¿¡Titanes!? —Eren entra por la puerta de golpe y mira a los dos—. ¿¡Dónde hay titanes!?

Se lleva la mano a la boca y Jean se endereza veloz.

—¿¡Qué mierda haces!? ¡No hay titanes! —Eren deja caer sus manos a sus costados y suspiró molesto—. ¿Nadie le dijo Armin sobre los titanes? ¿Sobre todo lo que pasó después de que cayó Shiganshina?

—Eren y Mikasa me dijeron que logramos recuperar la muralla, pero no me dieron muchos detalles…

Jean mira a Eren frunciendo el ceño y él se cruza de brazos.

—¿Qué? Es una historia demasiado larga, además, lo recordará eventualmente.

Él suspira, se pasa una mano por el rostro, y luego comienza a narrar todos los sucesos de los últimos seis años.

 

Debe admitir que no es tan malo que Armin hubiera perdido la memoria. Como Jean es el único dispuesto a explicarle todo claramente y en el momento, el otro se le pega todo el tiempo. Es una victoria para él.

Dos semanas pasan desde el incidente y ya nadie le pregunta si recuperó su memoria o no. Todo parece volver a la normalidad. Armin sigue siendo él mismo, tal vez con algunas preguntas extras, pero entiende todo de inmediato.

—Sigo sin entender cuál era nuestra relación —dice un día. Están colgando la ropa que habían lavado.

¿Cómo se supone que tiene que responder? Estoy enamorado de ti, pero nunca te lo dije y no sé si quiera decirte ahora porque eso volvería todo raro.

—Te diré dos mentiras y una verdad, tú elige la que más te guste.

Armin hace una mueca divertida, pero asiente—, claro, porqué no.

Jean se estira y piensa.

—Estoy enamorado de ti —se esfuerza demasiado porque le salga despreocupado—, somos mejores amigos, y… soy el siguiente en heredar tu titán.

Toma una sábana del cesto y la sacude. Armin tiene una camiseta en las manos y la sostiene con fuerza.

—Estás enamorado de mí —dice después de un momento. La sábana de Jean se desliza de sus dedos hacia el pasto.

No quiere mirarlo. Suelta una carcajada fingida y lo mira con una mueca.

—¡Claro que no!

—¿No? —Armin ríe—, pero estás rojo.

—Rojo de la risa —miente.

—Vamos, estoy casi seguro de que Eren era mi mejor amigo. Bueno, es —explica y después frunce el ceño, sin perder la sonrisa—, y no dejaría que heredes mi titán. Ninguno de ustedes.

—No estoy ena- enamorado de ti —mierda.

Armin vuelve a reír, pero no señala el tropezón en las palabras del otro. Deja el tema.

Acostado en su cama esa noche, Jean vuelve a repetirse que es un imbécil, pero trata de consolarse con que nunca se le dio bien engañar a Armin.

 

El otro deja el tema por un solo día, para su desgracia.

—¿Y desde cuándo estás enamorado de mí? —suelta Armin de la nada. Están barriendo la sala común.

—Ugh, Armin, por favor —ya sabe que es en vano negarlo.

—¿Me dijiste? ¿Qué respondí? —Jean lo ignora—. Oh, bueno, supongo que tendré que preguntarle a Mikasa… O a Eren.

—Eres cruel.

—Estoy seguro de que me lo han dicho.

—Responderé una sola pregunta —concede.

Armin deja de barrer y apoya su mentón en el palo de la escoba, eligiendo su pregunta.

—¿Cómo te diste cuenta?

La pregunta queda en el aire y aunque Jean trata de barrerla fuera de la sala, la mirada fija del otro la mantiene presente. Suspira largo y tendido, algo exagerado, y voltea a él.

—¿De verdad quieres saberlo? —pregunta con dolor y pena. Armin asiente sonriente, como si no lo estuviera torturando.

Jean vuelve a suspirar. Voltea un momento al techo hasta que se le ocurre cómo decirlo.

Deja la escoba a un costado y saca una silla de la mesa. La pone en el medio de la habitación y después pone otra a su lado. 

—Siéntate aquí.

Armin obedece. Jean se para detrás suyo.

—Yo estaba sentado en el comedor, cuando éramos reclutas —comienza—. Estábamos en nuestro último año. 

Armin asiente.

—En verdad, nunca te había prestado mucha atención —se guarda la parte de que le prestaba más atención a Mikasa—, pero esa vez… No sé qué pasó, fue como que todo encajó.

Sonríe apenas, para sí mismo.

—¿Entonces?

—Entonces, te vi y… fue como-

Se calla de golpe y sale de la habitación.

—¿Jean?

—Ya vengo —dice desde lejos.

Armin se reclina en el asiento, curioso. poco después, Jean vuelve con un espejo de cuerpo entero. Él enarca una ceja y Jean ríe. Lo pone en la pared frente a Armin, pero al lado, para que no lo refleje. Luego regresa a su lado.

—Entonces, yo estaba sentado en tu lugar, y tú entraste —camina detrás de Armin, a la altura del espejo. Lo mira por el reflejo—. Entraste hablando con Eren, riendo y– y deslizaste un mechón detrás de tu oreja —dice mientras lo hace en el espejo, después vuelve a pararse detrás de suyo—. Y yo te vi, te miré, y sentí…

Pone sus dedos en su nuca suavemente, como si caminaran.

—Sentí cosquillas ahí —susurra—, y no podía quitar mis ojos de ti. 

Armin siente sus dedos tibios en su nuca y no está seguro de si las cosquillas son por sus dedos o por sus palabras.

—Y después viniste —se aleja veloz de él, va hacia el espejo y regresa, caminando despreocupado—. Y te sentaste.

Se sienta a su lado.

—¿Y después? —pregunta Armin sonriendo.

Jean se reclina, pasa un brazo por el respaldo del asiento ajeno y lo mira.

—¿Quieres la verdad o mi fantasía?

Armin suelta una risa.

—Tu fantasía me intriga.

—En ese caso —Jean se sienta derecho. Pone sus manos sobre sus rodillas y sigue hablando, mirando al frente—. Tú te sentabas, yo sentía mi respiración cortarse y pensaba bueno, es ahora o nunca. Entonces, pongo mi mano sobre la tuya.

Sujeta su mano con suavidad y la posa sobre la propia. 

—Y tú me miras.

Voltea Armin, encontrando sus ojos.

—Yo sonrío y tú soplas por la nariz y ríes, como si supieras lo que yo pienso– lo cual es probable, porque siempre sabes qué pienso, incluso antes que yo.

Armin vuelve a reír, pero regresa veloz a su lugar.

—Entonces, haces eso y de seguro yo me pongo rojo–

—¿Como ahora?

—Claro, como ahora —ríe, mirando al costado un segundo. Se aclara la garganta y vuelve a sus ojos—, y me acerco y tú te acercas y...

Lo tiene a tan pocos centímetros, que se le ocurre que sería una picardía no besarse.

—¿Entonces? —suspira Armin, su aliento chocando contra el rostro del otro.

Jean lo mira a los ojos, mira su boca y se muerde el labio apenas, pero termina reclinándose en su silla, aclarándose la garganta otra vez y pasándose una mano por el cabello, echándolo hacia atrás.

—Y algo así pasaba en mi fantasía.

—¿Y qué pasó en realidad?

Jean hace una mueca—, Eren se sentó a mi lado.

Armin ríe otra vez.

—No termino de entender qué es lo que hay entre ustedes —dice—. ¿Se supone que son enemigos, rivales…?

—Somos amigos —responde, pero no suena correcto—, la mayor parte del tiempo. Era peor antes.

—¿Peor? —cuestiona Armin con una mueca dudosa.

—Uf, sí —ríe él—, peleábamos todo el tiempo, por todo. Admito que yo no era ni la mitad de encantador que soy ahora, pero Eren… Bueno, has visto lo que es Eren.

Armin vuelve a reír, asintiendo. 

 

Esa noche tampoco puede dejar el tema. 

Luego de cenar, les toca lavar los platos. Armin lava, Jean seca. 

Aunque él no diga nada, Jean lo presiente. Lo ve demasiado alegre. 

El resto va desapareciendo de a uno para irse a dormir mientras ellos terminan de ordenar. 

Lo observa de reojo. Armin se mantiene en silencio, probablemente porque todavía no están solos. 

—Creo —dice Connie de repente, haciéndolos saltar porque llevaba un buen rato en silencio— que me iré a dormir.

—¿No te habías ido ya? —pregunta Jean por molestarlo.

—Estaba esperando a que terminaran, pero ya me dio sueño —bosteza.

—Gracias por tu esfuerzo —dice sarcástico, pero el otro lo ignora.

—Aw, de nada, siempre me esfuerzo por ustedes.

Armin resopla una risita y Connie sale de la habitación. Poco después, él termina de lavar. Le estira el último plato al otro y se seca las manos en el delantal que lleva.

—Estás muy silencioso —comenta Jean, girándose a la alacena para guardarlo—, ¿ninguna pregunta nueva?

Se vuelve a Armin y él está delante suyo, como, enfrente suyo. Jean sonríe sin entender y eleva una ceja, dando un paso hacia atrás. Armin da otro paso hacia él.

—¿Pasa algo? —retrocede una vez más.

—¿Por qué te alejas?

—¿Por– por qué te acercas? 

¿Por qué es tan fácil trabarme en mis palabras con Armin?

—¿No me puedo acercar? —levanta una ceja y Jean lo odia casi tanto como lo ama, porque está jugando con él.

—Pues, sí —imita su gesto y se cruza de brazos, fingiendo confianza—, ¿y por qué tanto empeño en acercarte?

—Quiero besarte. 

Lo dice con tanta facilidad. Es injusto que lo haga. Se supone que Armin es el chico tímido y tranquilo, que siempre lee y está con sus amigos. Se supone que Jean es el que tenía que acorralarlo, coquetear con él, hacerlo avergonzarse y sonrojarse. 

Le está robado su rol y eso lo molesta casi tanto como el hecho de que lo haga tan bien.

—¿Besarme? —suelta una risa de eso es ridículo, pero no está seguro de si le salió natural, alterada o fingida—. Lo siento, pero tienes que sacar turno antes.

Armin ríe, largo y sentido, de seguro porque no se esperaba esa respuesta. Jean ríe también, sin dejar de mirarlo, hasta que se da cuenta de lo que dijo. 

¿Por qué mierda no lo besé? Se regaña solo y después se le ocurre que tal vez no es tarde para hacerlo.

Se inclina hacia adelante, sus ojos entrecerrados y sus labios estirados, hasta que la voz de Armin lo congela.

—Eres muy elocuente, ¿sabes? —él abre los ojos después de reír y se encuentra con la expresión de Jean—. Ah– mierda.

Jean se endereza a la vez que Armin se estira hacia él, esquivando sin querer el beso.

Se miran a los ojos, igual de avergonzados y arrepentidos, y rompen en risas.

—¡Hagan silencio, carajo! —se escucha la voz de Levi desde alguna habitación.

—¡Gracias! —exclama Connie exasperado.

Jean se rasca la nuca, de repente nervioso.

—¿Quieres, uh, salir un rato?

—Por favor.

Salen por la puerta trasera de la cocina hacia el campo. Está oscuro, la luna y las estrellas brillan con fuerza, pero Jean sigue sin ver nada.

No lo necesita, porque en el momento que siente las manos de Armin en sus hombros y después cosquillear en su cuello, sabe que solo tiene que inclinarse para encontrar sus labios.

Son suaves y se siente como un idiota por compararlo con su almohada. Armin no es comparación, es cien– mil veces mejor, porque también es cálido y dulce y susurra su nombre y es tan agradable, pero…

—Esto no… —se separa apenas. Frunce el ceño y lo mira con una expresión dolida—, no es lo mismo.

—¿Lo mismo que qué? —pregunta Armin, igual o más decepcionado que él.

—Es- siento- tú-

—Jean —interrumpe y hace una mueca—. Una oración completa.

—No eres tú.

Armin entrecierra sus ojos sin entender.

—Es decir– eres tú, pero tu memoria… siento que es como, no sé, hacer trampa, ¿entiendes?

—No.

—Como, conoces al Jean de los últimos días, no al de siempre.

—Ah- ah… —Armin se pasa una mano por el cabello y lo mira avergonzado—. ¿Y si dijera que ya recuerdo todo?

Él niega—, sé que lo dices por–

—No, yo, ah, de verdad recuerdo todo.

—Espera, ¿qué? —pone un brazo de distancia, escudriñándolo. Armin sonríe con disculpa—. ¿¡Desde cuándo!?

—El otro día, cuando me explicaste todo lo que me había olvidado. Comencé a recordar y el resto cobró sentido–

Jean se pone rojo y frunce el ceño.

—¿¡Me hiciste todas esas preguntas sobre nosotros sabiendo todo!? —jadea con voz aguda.

—¡Es que– te veías muy tierno haciendo todo eso, no pude resistirme! —ya no suena tan arrepentido.

—Creo… —sus manos se deslizan de sus hombros.

—Jean-

—Necesito un momento —dice entrando a la cocina y cerrando la puerta tras de sí, dejando a Armin afuera. 

Respira profundo mientras se sienta en la mesa, procesando que Armin hubiera jugado con él y sus sentimientos durante todos esos días. Bien. Bien. ¿Qué tan enojado debería estar? Pues, es difícil pensar en eso teniendo tan fresco el beso en su cabeza. 

¿Qué mierda hago acá? 

Se levanta de golpe y tal como había entrado, sale.

Armin está parado junto a la puerta, apoyado en la pared. Se gira cuando lo escucha salir y lo mira apologético.

—¿Estás enojado?

No. La verdad es que no.

—Claro, pero lo hablaremos luego.

Se acerca a él otra vez, reanudando el beso anterior. Acaricia sus mejillas y Armin sujeta sus manos. Sus labios saben igual de bien.

Espera que siempre sepan así.

Notes:

gracias por leer!

me reí mucho editando esto, puta si seré graciosa a veces ahre tengo más jearmin en mi perfil y síganme en twt. también estoy comisiones baratas, vayan a ver(?

chau