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Hinata Shoyo podría ser muchas cosas, terco, molesto, infantil… molesto.
Y con eso le siguen la determinación, las eternas ganas de ir más allá y no dejar que nadie lo haga menos.
Hinata no vivía en esta tierra, él venía de tierras de sueños y esperanzas, se alimentaba de cada “no puedes” “es imposible”.
Pero nadie sabe que él no es de este mundo, no de los humanos y gente normal, era un ser hecho de fuego y sangre, te embruja con maleficios antiguos, y te hace seguirlo, de mala gana o no.
Hace que no quieras quedarte atrás, así que corres, corres hasta que tus piernas ardan y tiemblan, pero aún así sigues corriendo, te llena de promesas de una derrota y victoria, qué tal una práctica, Dios, hace que todos quieran ir con él.
Y a veces, estás tan concentrado en seguirlo, que no notas cuanto empieza a importarte, inconscientemente, caes en la fuerza magnética, es completamente una fuente de vida y alegría, ver su cabeza pelirroja te asegura un partido lleno de destreza y emoción desbordante.
Es el efecto de Shoyo, y no me di cuenta cuando caí fuerte y duro en él.
Esa tarde el aire estaba lleno de sudor, el olor a veces me dejaba atontado, pero no me importaba si significaba gastar toda esa energía, hacía que mis sentidos se iluminaran como antorchas, mientras que cada movimiento que hacía mi cuerpo siguiendo de cerca a Hinata, me llenaba de cierto placer profundo.
Golpea cada una
Cada pelota que toca, casi nunca pierde su rumbo, mientras que sus pies se elevan de dónde vienen la gente como yo, el decidía llevar consigo las fuerzas de mil soles.
Y es lo que lleva haciendo por minutos y horas, como ahora que no para de rodear a Nishinoya y comentarla sobre su día, un halo casi dorado se unía a su figura, el sol de la tarde uniendo un reflejo nebuloso.
Las gotas de sudor tomaban la forma de diamantes incrustados en su piel, una figura etérea y fugaz.
-Y entonces yo hice ¡FUIIISHH!, y él también hizo ¡KABANN!
-¡Te lo seguro! Parecía que iba a romper todo a su paso, casi sentí que se me debilitaban las piernas.
Las leves risas no paraban de llegar, desde lo lejos podía escuchar cada palabra y tono que usaba, para algunos molestó (Tsukishima), pero con el tiempo no ignorabas cada tontería que saltaba de sus labios.
Estaba fijo en tomar agua y descansar, más o menos, pero seguía pendiente a todo a mi alrededor, lo que no me sorprendió cuando una leve presencia se colocó a mí lado.
Daichi.
Sus ojos se fijaban con diversión ante la conversación animada de Nishinoya y Hinata, mientras que me dedica algunas sonrisas conscientes.
-Solo mirarlo no te asegura que no se esfumara, Tobio.
Sabia que se acercaba, pero no evito que mi cuerpo se tensará.
-No estoy mirando-mentí, mis mejillas empezaban a tornarse calientes-solo es molesto cada que da un grito, es tonto.
-Tan tonto que te gusta.
Esa palabra me hizo chupar un poco de aire, mis costillas se unían con un dolor casi sordo, pero una que había decidido amar.
Era adicto que la forma que Hinata hacía mi cuerpo temblar, como pegándome una descarga eléctrica.
-¿Desde cuándo gustas de él?
Volvió hablar Daichi, esta vez se fijó en mí, me analizaba con fuerza, por un momento pensé que él tenía la respuesta.
-Quizás hace 5 meses…
-No creo que sean solo 5 meses.
Una mirada rápida, estaba algo serio, pero había un destello de picardía en sus ojos.
-...
Nadie sabe cuando, y si es así, que me diga, porque me perdí en una niebla de incertidumbre, además de miedo a que pensara Hinata.
-No creo que debas avergonzarte, es normal observar a la persona que te gusta-iba a decir algo contra eso pero se adelantó-incluso si es hombres o mujer.
Oh, Daichi, ojalá fuera un solo me gusta y ya, la dulce mentira del azúcar que daña dientes.
No cuando cada paso que daba hacia mi parecía hecho por el destino.
Por un momento, pensé en cómo sería que el me atraviese con esos ojos ámbar, reclamando cada pedazo de mi existencia.
Quizás mi mirada fue muy intensa, o simplemente Hinata tenía el don de saber cómo y cuándo llegar a mi, porque sus ojos me voltean a ver.
-¡Tobio, ven!
Una sonrisa llena de dientes es suficiente para pararme y correr directo a él.
¿Qué pensaría Hinata de mí? ¿Vería cuánto quiero que se clavé en mi piel?
El pensamiento, no me molesta, en cambio, me fascina.
