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Radiación α

Summary:

La guía de Jesse de como enamorar al hijo omega de tu jefe sin que te funen (no bórax, no goma, no agua) !!

Notes:

Juro que estoy mentalmente bien. #ProyectoCAS porque creatividad carrea. No me arrepiento de NADA

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Fuerzas e Impulsos

Chapter Text

Era una tarde cálida en el laboratorio 5, el sol que significaba el final del verano entraba por la ventana e iluminaba los verdes asientos. Jesse Franco miraba aburrido a la pantalla de su laptop, poniéndole C a algún alma desafortunada que no recordaba la diferencia entre fuerza cinética y gravitatoria.

La puerta se abrió. Jesse volteó al escuchar el extraño sonido. ¿No tenía sesión de internal hoy, no?

“¿Trabajando como siempre, Jesse? Aún eres joven, deberías relajarte un poco. Es bueno para tus hormonas,” dijo una voz demasiado familiar para Jesse. Simon Porter, el director de la escuela y el jefe de Jesse, entró al aula como si fuera suya, tal vez porque lo era. Jesse estaba acostumbrado a la actitud calmada de Simon, discretamente poniendo los ojos en blanco ante el comentario.

Lo que Jesse no se esperaba era el individuo detrás de la figura opulenta de Simon. Era un hombre– un omega, Jesse pudo identificar por su olor– de edad similar a él, tal vez un poco más joven. Su piel era clara y sus ojos verdes clorofila A. Su dorado cabello era más brillante que la intensidad luminosa de la estrella Sirius. Su mirada estaba llena de curiosidad y su pequeña sonrisa irradiaba con su amable personalidad.

Jesse y el resplandeciente extraño cruzaron miradas y un fuego se prendió dentro del primero. Jesse pensó en desviar su mirada, pero su orgullo como alfa no le permitió dejar de ejercerse dominante ante su presa.

“Jesse.” La fría voz de Simon lo devolvió a la realidad. Sacudió su cabeza y se aclaró la garganta.

“Disculpe…” murmuró Jesse, el sentido de deshonra creciendo rápidamente en su estómago.

“Jesse, te quiero presentar a tu nuevo asistente. Él te estará acompañando por los siguientes meses, ayudándote en y fuera de tus clases.” Simon le dio una palmadita en la espalda al misterioso asistente. Este dio un tímido paso al frente, pero sus ojos se mantuvieron diligentemente en el piso. Cuando hablo, se notaba un acento britanico muy marcado, pero su voz era suave y melodiosa.

“Mi nombre es George. George Porter. Vengo como parte de un proyecto para cambiar la manera de enseñar física. Uhmm, espero que nos llevemos bien, J-Jesse.” Pronunció el nombre como se diría en inglés, pero sonó tan natural saliendo de su boca que Jesse se negó a intentar corregirlo.

Subió su cabeza para nerviosamente mirar directamente a los ojos Jesse y sonrió mostrando sus dientes. Jesse no pudo hacer más que observarlo con sorpresa.

“George Porter... Espera, ¡¿Porter?!” Jesse volteó su cabeza al viejo director, luego de vuelta a George, y de vuelta al director. Escucho como Simon Porter se reía de su confusión.

“Ah sí, olvidé mencionarlo supongo. Georgie es mi hijo, ¡y mi hijo favorito también!” La risa de Simon retumbó en las paredes del aula.

“Padre, soy tu único hijo…” George dijo con un tono derrotado. Parece que esta broma era una constante entre las conversaciones del padre e hijo.

“¿Y qué? ¡Déjame estar orgulloso de mi pequeño Georgie!” Simon sacudió el rubio pelo de su descendencia a modo de juego. George se rió de una manera que hizo al corazón de Jesse saltarse un latido.

“Bueno bueno, los dejaré para que se vayan conociendo. Jesse, ¿ayudalo, ok? No será el mejor físico, ni el mejor profesor pero… tiene el espíritu.” Simon volteó hacia su hijo, cara llena de afecto agridulce al tener que separarse de él. Le dirigió una última dominante mirada a Jesse; una señal de advertencia ante cualquier cosa chistosa que podría intentar Jesse. Este no pudo hacer más que tragar saliva y sonreír nerviosamente.

Los últimos pasos de Simon alejándose por el pasillo crearon un nuevo y muy incómodo silencio. George movía su cabeza, fascinado al ver la cantidad de equipamiento de física que había en el laboratorio. Jesse sonrió, una ocurrencia muy rara, al ver su cara llena de portento.

“Esto… El colegio gasta la mayor cantidad de presupuesto en el equipamiento de física. Las otras ciencias no tienen nada jaja. Bueno, eso es gracias a Simo–” Jesse pauso. Miró a George confundido y volvió a intentar, “a… tu padre. Sí.” Eso Jesse, humíllate en frente del hijo de tu jefe.

George intentó mantener una cara seria, pero no duró mucho viendo la vergüenza en el rostro de Jesse y explotó de risa. Sus manos se movieron para cubrir su boca y lágrimas empezaron a formarse en sus dulces ojos.

“¡¡Sorry sorry, perdón!! Juro que no me estaba riendo de ti solo…” George se encoge de hombros sutilmente, dando una última risa antes de volver a hablar con normalidad. “Puedes llamarlo Simon, ya me acostumbre.”

“Oh, bueno. Supongo entonces… ¿que ya has conocido a otros profesores?” Jesse siguió, tratando de evitar el temido silencio.

“Sí… Algunos… Pero… tú eres al primero al que verdaderamente le hablo.” La cara de George se enrojeció ligeramente ante la última confesión. “No se porque dije eso, jaja…”

Jesse sintió un sentimiento de orgullo y dominancia invadiendo su pecho. Él era el primero… al que está dulce y tímida criatura había hablado… Jesse se pregunto cómo algo tan aparentemente tonto podia afectarlo de esta manera.

“No te preocupes. Bueno, en una nota más… profesional…”

“¡Oh, sí, cierto!” George se rió tiernamente, sonido que provocó en Jesse un brusco inhalo. “El plan es que pueda observar más acerca de cómo funciona un aula de clase normal. Y reforzar mis conocimientos de paso” El tono de George era radiante y lleno de energía como un electrón lejos de su núcleo. Era algo contagioso y fresco en la vida aburrida de Jesse. Tal vez sea por eso que le impactó tanto cuando George cambió a una voz más aterciopelada y vacilante. “Tú… no tienes que preocuparte de nada. Solo da tus clases normales y yo trataré de seguirte el ritmo.” George le dirigió una sonrisa a Jesse.

En ese momento, Jesse hizo una nota mental de ser un poco más generoso al corregir los siguientes exámenes, porque sabía que no podría concentrarse en campos gravitacionales. No cuando un hombre tan bello como George le estuviera sonriendo de esa manera desde el fondo de la clase.

Jesse le devolvió la sonrisa, aunque en su interior sabía que nunca sería tan llena de emoción como la del omega frente a él. “Trata de mantener el ritmo.”

Ambos se rieron como niños debajo de cobijas, escondiendo entre ellos la última galleta con chispas de chocolate en la casa. Y fue en ese momento cuando Jesse supo, que su vida nunca volvería a ser la misma.

Notes:

mentí