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Cuando el coche de Hiori desapareció de su vista, Kurona soltó un gran suspiro, como si con eso intentara liberarse también de todo el cansancio que su cuerpo había acumulado durante todo el día.
No es que haya sido algo malo, al contrario, fue un cumpleaños muy bello. El desayuno con sus padres y suegros fue divertido, como siempre. Le encanta descubrir nuevos detalles de similitud entre quienes criaron a su esposo y este mismo. Lo siente como una forma de acercarse a la infancia de la persona que más ama en el mundo y poder guardar eso en el cofre seguro dentro de su corazón.
Por la tarde, no esperaba que sus amigos le tuvieran toda una gran salida preparada en la que no lo soltarían hasta pasadas las 11 de la noche. Entre visitas a restaurantes, horas de risas y diversión en una sala de videojuegos, que alquilaron exclusivamente para celebrar al cumpleañero, un ruidoso brindis en un bar y terminar con otra ronda de bebidas en su departamento, Kurona la pasó bien, claro que sí, y en todo momento su esposo se mantuvo cerca para sostenerlo cuando el drenaje de la batería social lo mareaba; sin embargo, no dejaba de ser un introvertido nato y apenas logró esconder su sonrisa de alivio en la espalda de su marido cuando Ness fue el primero en decir que ya tenía que irse a casa y eso incentivó a que Hiori, Yukimiya y Reo decidan hacer lo mismo.
Kurona está agotadísimo.
También feliz y agradecido por estar rodeado de personas que lo quieren.
Pero, más agotadísimo.
Lo único que necesita ahora es darse una ducha y dormir abrazado al amor de su vida. Solo así podría volver en sí. Solo así su alma podría estar tranquila, de nuevo.
Entonces, después de leer un mensaje de Ness en el que le avisaba que había llegado a salvo a su hogar, Ranze ingresó al edificio y regresó a su propio lugar seguro…
Aunque, al abrir la puerta, extrañamente encontrase el lugar con las luces apagadas.
- ¿Amor, amor? - llamó a su esposo. No podía creer que él hubiera salido tan tarde o que ya esté durmiendo sin esperarlo. No, él no es así
Estuvo a punto de presionar el interruptor a un lado del marco de la puerta, cuando, de repente, muchas luces doradas aparecieron suavemente en el techo y las paredes de la sala, todas con forma de pequeñas estrellas y minis Saturnos, transformando el lugar en algo sorpresivamente lindo y cálido para un Kurona que ya no se sentía capaz de resistir más sorpresas.
Pero, por supuesto, algo así de adorable no podía ser obra de otra persona…
- Amor - Yoichi estaba parado en el centro de la habitación, ya limpia y despejada del desorden producto de la reunión anterior -, creo que te olvidaste de algo.
Ranze jamás estará lo suficientemente cansado como para negarle una sonrisa cargada de amor a su esposo.
Se acercó hacia él. Su hermoso rostro resaltaba aún más con la tenue iluminación de las decoraciones, dándole pinceladas maravillosas de oro a sus ya magníficos y majestuosos ojos azules. Kurona lo admiró en silencio unos segundos. Se admiraron en silencio, mejor dicho, compartiendo sonrisas dulces y tanta paz como solo entre ellos puede existir gracias a su amor puro. Ranze lo hubiera abrazado en ese momento y sentido capaz de dormirse ahí mismo, que Isagi lo cargue en brazos y le de algunos besos antes de rendirse en la cama. Pero, los pensamientos del cumpleañero se vieron interrumpidos cuando su esposo lo tomó de la mano y le colocó con cuidado el anillo de casado en el dedo anular izquierdo.
Ah, es cierto… Se lo había quitado para lavar algunos vasos…
- No me agrada que salgas sin esto… - le dijo casi en un susurro, seguramente un poco avergonzado de aquellos celos inevitables en él, los que Kurona considera lindos - Alguien podría molestarte…
- Estaré bien, bien - sintió un bonito cosquilleo en la piel al momento que Yoichi le dejó un dulce beso en los dedos - Si un día estoy en peligro, solamente correré a tus brazos y nada malo pasará
En realidad, Kurona es perfectamente capaz de defenderse a sí mismo, pero sabe que su esposo adora sentirse en control de todo, incluso de la protección de su amado, y es difícil para él no cederle hasta las más pequeñas decisiones, porque confía bastante en su criterio. Desde elegir el lugar al que se mudaron, hasta las comidas y cómo pasarían juntos el tiempo libre. Hay algo inmensamente hermoso en saber que alguien lo cuida y Ranze no puede evitar sonrojarse al imaginar a Isagi como un caballero luchando contra dragones para rescatar al príncipe de la torre, en este caso, el propio Kurona; y luego ver a este mismo guerrero cocinarle algún antojo especial porque “lo notó un poco decaído”. Jugaría con su trenza si es que Yoichi ahora no le sostuviese ambas manos.
Esa sonrisa, tan linda, tan honesta…
- Gracias - le dijo con una voz suave y ligeramente ronca, el tipo de tono que, quién lo escucha, de inmediato crea mariposas en su estómago y en el pecho -. Siempre has sido muy considerado conmigo y muy paciente, y nunca te has enfadado por mi… forma de ser
- No tengo por qué - Ranze le respondió con calma y una pequeña sonrisa -. Ya te dije que conmigo no tienes motivo para ocultar nada, nada. Amo muchísimo al verdadero tú
Isagi suspiró. Los hombros caídos que acompañaron a esa acción le confirmaron a Kurona que, nuevamente, le había dado en el clavo a otra inseguridad que había empezado a brotar en la mente de su esposo. Esa mente eternamente activa, eternamente sobre pensante.
- También te amo - Yoichi le dio un ligero apretón en ambas manos, su voz añadiendo emoción tras el efecto de las palabras anteriores -. Te amo demasiado, Ranze. Gracias por todo este tiempo de amigos, de novios, de casados. Cada día que paso contigo es una gran felicidad para mí y en serio quiero que sigamos juntos durante muchos más años para que jamás te falte amor en ningún momento.
- ¿Vas a proponerme matrimonio de nuevo, nuevo? - una risita le siguió a la pregunta de Kurona, aunque las mariposas de su corazón se hayan alborotado felizmente nerviosas dentro de él
- Maso menos - volvió a besarle los dedos, pero esta vez de ambas manos, tierno y solemne, con esa forma en la que solo Isagi le hace sentirse como el hombre más afortunado e importante del mundo - Gracias por darme otro año de tu vida, mi amor, y - el sonido de unas campanadas llenaron de repente el ambiente durante un par de segundos - gracias por nuestro primer feliz aniversario de un año, esposo mío.
Campanadas de la catedral que se encuentra a tan solo una cuadra de donde viven. Campanadas que anuncian la medianoche. Oficialmente es 7 de septiembre.
Oficialmente acaban de cumplir un año de matrimonio.
Oh, vaya, otro movimiento perfectamente calculado de Isagi Yoichi.
De ese hombre de mente caóticamente organizada, de ese hombre que se encargó de conquistarlo con una hermosa constancia de cuidados y atenciones sin invadir su espacio personal, hasta que el mismo Ranze fue quién lo acorraló para acabar con esas sutilezas y dejarlo sin aliento con un profundo beso. Ese hombre que preparó minuciosamente una cita para pedirle ser novios el día del cumpleaños de Kurona y, seis años después, usar el mismo día para proponerle unir sus vidas para siempre, con el único objetivo de que el día del nacimiento de su amado se convierta en el inicio de todas las etapas más importantes de su relación. Una manera de honrarlo, según Isagi, a Kurona y al inmenso amor que siente por él.
Sin embargo, lo único que no consiguió concretar como quería, fue el día que se celebrase su boda. Ranze recuerda ver a Yoichi alterado, haciendo llamadas a cada hora para apresurar los preparativos y después frustrarse porque no iba a lograr que se den el sí el 6 de septiembre, sino al día siguiente.
Pasaron un buen rato abrazados en la cama. Isagi acurrucado en el pecho de Kurona, mientras este le acariciaba el cabello y le decía lo mucho que apreciaba todo su esfuerzo, pero que, sea el día que sea, sería absolutamente especial solo porque se trata de la fecha en la que enlazaría eternamente su vida con la del hombre que más ama y amará hasta que la muerte los separe.
Yoichi se siguió quejando, como no.
Aún así, llegado el 7 de septiembre, el momento preciso en el que se encontraban parados uno frente al otro, trajeados de blanco, sonrisas nerviosas y el sacerdote empezó con la ceremonia; Ranze tuvo una gran revelación en medio de sus ansiosos latidos.
Que su boda no haya sido el mismo día de su cumpleaños, significa que ya no es algo solo para él, como lo estaba planeando Isagi. Esto es una nueva vida, algo que comienza con los dos en el mismo camino con el mismo destino, es una promesa de continuidad, de lo que sigue después del “inicio”, eso que nadie quiere ver en las historias de amor ficticias porque el drama de la obtención del romance resulta ser mucho más interesante que mantenerlo.
Esto es lo que significa: “Yo te quiero a ti como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida”
Un futuro lleno de amor, de paz, de Yoichi y de Ranze, de estar juntos por siempre…
Y, si bien Kurona no lloró esta noche como lo hizo aquel día durante los votos, ahora que ha pasado un año completo desde su boda, puede jurar que sigue mirando a Isagi con la misma devoción con la que aceptó que está enamorado de este hombre, tan brillante como el Sol…
Y que desea seguir orbitando a su alrededor, por siempre.
- Feliz aniversario, mi amor - un pequeño nudo se le había formado en la garganta. No dolía, pero sí que le pesaba para hablar - Que sean muchos más, más
- Claro que sí - Yoichi le sonrió y acercó despacio sus rostros, cerrando la intimidad del ambiente para que su amado la sienta nada más en el cálido aliento que le roza los labios -. Además, hay otra cosa que quería decirte
Ranze no pudo evitar gruñir levemente cuando Yoichi se separó de él, incluso si fueron unos pocos pasos para llegar al celular abandonado encima de un sofá.
Sin embargo, al reconocer la música que comenzó a sonar y a esparcirse en cada rincón de la sala, las mariposas fueron las que rompieron en un llanto de alegría intenso dentro de su caja torácica, su corazón golpeando al ritmo y su mente mezclando memorias. Por un segundo, Isagi llevaba puesto otra vez el traje blanco y las estrellas doradas se convirtieron en las luces del salón donde compartieron su primer baile como recién casados.
- Wise men say… - Yoichi cantó con el mismo tono suave, como si cada palabra significara una caricia para su esposo - Only fools rush in… But I can't help falling in love with you…
Cierta vez, cuando apenas llevaban seis días de noviazgo, Isagi le confesó que, si no fuera por el consejo de sus amigos, se le hubiese declarado a Kurona el mismo día que quedó flechado de él a la distancia.
Es un tonto, definitvamente. Se ató las manos y se cortó la lengua simbólicamente para no asustarlo y empezar a hablarse como personas normales que, gracias a un milagro, sí tenían amistades en común como para poder verse más seguido.
Isagi Yoichi es impaciente, pero también disciplinado y constante.
Ranze se mantuvo inmóvil, apenas con una mano en el pecho, escuchando el amor en aquel perfecto inglés.
- Shall I stay? - Yoichi extendió una mano hacia su amado, pero la apartó al instante, actuando las palabras de la canción - Would it be a sin… If I can't help falling in love with you?
Kurona parpadeo y esbozó una ligera sonrisa nerviosa. Felizmente, su pronunciación del idioma había mejorado con el tiempo.
- Like a river flows… Surely to the sea - aunque un poco más “simple”, o eso es lo que él siente, Kurona continuó con la parte que también cantó durante la fiesta, gesticulando tímidamente - Darling, so it goes…
Ambos están seguros de que en algún momento se olvidaron de los ensayos previos y nada más dejaron que sus sentimientos los hagan moverse, acercarse.
“Some things are meant to be”
Pronunciando a la vez la frase que describe perfectamente su relación.
- Take my hand… - Isagi tomó la mano izquierda de su esposo y la elevó hasta casi la altura de sus hombros, en donde Kurona colocó la otra mano en uno de ellos
- Take my whole life, too… - Tras decir esto, Ranze sintió los dedos de su marido presionarle la cintura, para pegarlo más a su cuerpo
“For I can't help falling in love with you”
Un año. Tan solo un año.
Pueden jurar que sienten mucho más encima.
Pueden jurar que serán muchos más en adelante.
Kurona Ranze se encontraba cansadísimo luego de un largo día celebrando su cumpleaños.
Sin embargo, cualquier dolor e incomodidad de su cuerpo, desaparece maravillosamente al compartir la vida con su esposo, con el amor hecho hombre, con la persona que eligió para siempre.
Su paz.
Su Sol.
Su todo.
Porque, Isagi Yoichi es el mejor regalo de cumpleaños que el destino le pudo haber dado.
